Las últimas revueltas en Lhasa, protagonizadas por miembros de la organización independentista Tibetan Youth Congress, y la subsiguiente represión de las autoridades chinas han suscitado un gran número de comentarios en Occidente. Dejando al margen a los partidarios del comunismo chino y a los que acusan al Dalai Lama de ser un agente de la CIA (es cierto que en el pasado aceptó fondos tanto de Washington como de Taiwán), llaman la atención los que proponen una solución mediante la aplicación del modelo "dos sistemas, un país", es decir, el sistema vigente en lugares como Hong Kong y Macao.
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