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  1. #21
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    Predeterminado No es obligatoria

    Cita Iniciado por Sostiene Ver Mensaje
    Yo lo que pido es que desaparezca la asignatura de religión de las escuelas, el que quiera catequesis que vaya a su parroquia o a su mezquita, etc. si quiere.
    Además, quien tiene que decidir qué moral se le enseña a los niños son sus padres no el gobierno.

    El lugar es una cuestión de idoneidad no sólo material sino también temporal.

  2. #22

    Predeterminado

    Cita Iniciado por agente t Ver Mensaje
    Además, quien tiene que decidir qué moral se le enseña a los niños son sus padres no el gobierno.

    El lugar es una cuestión de idoneidad no sólo material sino también temporal.
    La escuela no es el lugar idóneo para adoctrinar religiosamente a los menores de edad, al contrario, creo que es el peor sitio: un dogma de fe, es un dogma de fe y el conocimiento y las actitudes positivas para la convivencia son otra cosa bien distinta.

    La catequesis en horario extraescolar, please.

  3. #23
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    Predeterminado El Estado es el no apropiado para adoctrinar

    Cita Iniciado por Sostiene Ver Mensaje
    La escuela no es el lugar idóneo para adoctrinar religiosamente a los menores de edad, al contrario, creo que es el peor sitio: un dogma de fe, es un dogma de fe y el conocimiento y las actitudes positivas para la convivencia son otra cosa bien distinta.

    La catequesis en horario extraescolar, please.
    La cuestión estaría más bien en la financiación de esa enseñanza siendo la localización de la actividad cosa secundaria. Lo fundamental es que no sea obligatoria y existan diversas opciones que han de señalar los padres, auténticos titulares del derecho.

  4. #24

    Predeterminado

    Los padres lo único que pueden elegir son las actividades extraescolares, menudo cacao si ahora los padres pueden meter la cuchara en los planes de estudio, estos tienen que venir determinados desde los poderes públicos (me refiero al Ministerio de educación español). No soy anticatólico pero es que enseñar Religión me parece como enseñar algo similar a una idiología. Nuestros hijos serán más libres contra menos se les adoctrine en la ESCUELA. Los dogmas de fe si se quieren imponer en la familia, ok, ¿pero en la escuela?

  5. #25
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    Predeterminado Diferimos en la concepción del papel del Estado en al enseñanza

    Para mí debe limitarse a reglar las que podríamos denominar materias comunes: lengua, matemáticas y Ciencias Naturales, y ello con el único fin de garantizar un lenguaje común que permita tener una convivencia viable a la sociedad, pero a partir de ahí la titularidad de la enseñanza de los menores debe estar radicada en aquellos que más y mejor interés tienen en ello: sus padres o tutores, y en la práctica en quienes ellos confíen la educación de los sometidos a su patria potestad.

  6. #26
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    Predeterminado Zapaterismo para rato

    Con medidas como la ley de eutanasia o la ley de igualdad de trato, el PSOE profundiza en el nuevo socialismo radical con vocación totalitaria. No nos engañemos. Esto no es cosa de ZP, sino del PSOE y, en general, de toda la izquierda occidental. Si antes el control de la economía era el medio indirecto para conseguir el nuevo hombre, ahora intentan conseguirlo tomando el control de todo lo demás. Marx, al fin y al cabo, era un gradualista moderado al lado de estos artistas del decreto ley.

    Y ante este ataque a la libertad individual, ¿cómo es que no se desencadena una revuelta social? Es fácil de entender. Esta izquierda es la consecuencia lógica de lo que la mayoría de la gente cree ahora mismo, incluida la que se considera de derechas. Si pensamos que no somos distintos al nacer y que todo es producto de la educación; si nos empeñamos en creer (¡desde hace tres siglos!) que en la próxima década ya no habrá recursos para todos; si pensamos que es legítimo que las mayorías sacrifiquen individuos por el bien común; si pensamos que los "valores" son arbitrarios y personales y los "hechos", incontestables; si asumimos que todo esto no son prejuicios, sino verdades científicas... entonces no nos podemos oponer al aborto, a la liquidación de ancianos y a una exquisita representación paritaria en todos los ámbitos; no nos podemos oponer al feminismo y a la promoción de la homosexualidad o de cualquier medida anti-natalista.

    La derecha, sobre todo la política, solo mantiene diferencias de grado con la izquierda, porque en el fondo está de acuerdo, aunque ello le cause repugnancia. Por eso, la ausencia de argumentos contra la izquierda no es táctica, es una realidad. Todo lo que hace la derecha es meter la cabeza bajo el ala e ilusionarse con que son cosas de ZP. Pero todo esto es un desastre; no porque los principios sean falsos, que lo son, sino porque sus consecuencias van contra las más elementales reglas de supervivencia: impedir directamente –o indirectamente, con medidas de igualdad– que existan nuevas generaciones por una supuesta falta de recursos futura es hacer como las culturas precolombinas cuando sacrificaban a sus jóvenes para suplicar a los dioses una buena cosecha al año siguiente.

    No es extraño que los fanáticos se dediquen a atacar por todos los medios a disciplinas como la psicología evolucionistay a los diversos mecanismos de innovación –como la libre competencia– que desenmascaran o hacen irrelevantes esas creencias –en muchos casos atávicas– que buscan el retorno al mundo estático y totalitario de la tribu.

    Por Alberto Gómez Corona, físico y creador de varios blogs sobre evolucionismo, como La nueva Ilustración evolucionista, Psicología evolucionista y Darwinismo Conservador.
    En LD

  7. #27
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    08 ene, 07
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    Predeterminado Crisis política y económica: España en la encrucijada

    El colapso de los regímenes socialistas autoritarios europeos puso de manifiesto la inviabilidad del relato marxista. La izquierda fue perdiendo tanto sus raíces ideológicas como su clientela objetiva –el proletariado–, viéndose obligada a admitir que finalmente había sido el capitalismo, y no el marxismo, el que había redimido a la clase trabajadora.

    Muy al contrario, la derecha ha afianzado su discurso democrático, abandonando su carga de autoritarismo, y asumiendo los valores de la libertad y de la solidaridad. No en vano, las derechas totalitarias europeas, nacidas como respuesta a la izquierda totalitaria, perdieron definitivamente el poder con la II Guerra Mundial.

    En España, sus homólogas fueron desactivadas por la dictadura franquista, carente de cualquier ideología que no fuera la del autoritarismo personalista. Desgraciadamente, no ocurrió lo mismo con la izquierda totalitaria europea, que mantuvo el poder en el bloque comunista hasta hace solamente dos décadas. A partir de entonces, la izquierda totalitaria se ha convertido en residual y ha sido definitivamente equiparada con la derecha totalitaria.

    No obstante, hay que reseñar la flagrante anomalía de que en España se mantenga un último reducto de la izquierda totalitaria nacionalista, pretendiendo alumbrar su proyecto político por la fuerza del terror criminal. Tras la I Guerra Mundial, la izquierda democrática, carente de un nuevo discurso, se ha limitado a sobrevivir tratando de adaptarse al capitalismo y al pensamiento postmoderno. Esa acomodación ha tenido un alto coste, ya que ha obligado a la socialdemocracia a doblegarse ante las diferentes oligarquías que, como tales, constituyen los auténticos bastiones del conservadurismo.

    En España se ha configurado un frente contrario al libre mercado, fruto de la connivencia entre la ideología estatista, que se traduce siempre en intervencionismo, y la oligarquía económica que tiende naturalmente a la formación de oligopolios. Esa alianza se ha constituido en un lastre insuperable para la competitividad de la economía española, ya que mantiene sometidos a una inflación estructural a los mercados de bienes y servicios básicos.

    Las pymes españolas soportan sobreprecios en los costes de instalación y producción, así como un mercado de trabajo ineficiente y unos costes salariales indiciados a la inflación. No es de extrañar que estatismo y oligarquía formen piña ante el modelo liberal, al que procuran mantener relegado en todos los ámbitos. Esa conjunción es la causa profunda de la grave crisis que amenaza con desplazarnos a los arrabales del mundo desarrollado.

    A partir del año 2000, en el que la derecha consigue gobernar con mayoría absoluta, el socialismo español cobra completa consciencia de su fragilidad ideológica y clientelar. Ese escenario le orienta a considerar la conquista del poder como su único norte. Con ese objetivo adopta en 2002, y desarrolla hasta la actualidad, una estrategia de alarmantes perfiles totalitarios y reaccionarios:

    ·Crear un gran aparato de propaganda para disfrazar un proyecto obsoleto, como si fuera progresista y de futuro, llevando al extremo los postulados del llamado "pensamiento débil".
    ·Diseñar e implementar una vasta operación de ingeniería social de profundo calado destinada, en último término, a sustituir los derechos prepolíticos de la persona, por aquellos que, en cada momento, dicten el poder político y oligárquico.
    ·Coartar la libertad de expresión, controlando los medios de comunicación mediante la creación de barreras "administrativas".
    ·Instrumentalizar las instituciones del Estado, de forma que los intereses partidistas prevalezcan sobre los generales.
    ·Desvirtuar nuestro ordenamiento constitucional, forzando una nueva generación de Estatutos autonómicos que lo desbaratan, y lo encauzan hacia un modelo confederal.
    ·Explotar los antiguos reductos clientelares, fomentando la agitación para obtener los pingües réditos del enfrentamiento social.
    ·Promover la exclusión de la derecha del campo democrático, oficializada en el "Pacto del Tinell".
    ·Facilitar el acceso de la izquierda totalitaria nacionalista, "ergo" violenta, a las instituciones democráticas; consagrando así la rentabilidad del uso de la violencia.
    ·Alinearse con el frente nacionalista, engrosando sus privilegios regionales a cambio de apoyo político.
    ·Someter la economía de mercado al estatismo intervencionista, lo que al ser una contradicción en sus términos, acaba siempre socavando el desarrollo económico.

    La aplicación de esa estrategia de poder durante siete años ha provocado importantes daños en la estructura social, institucional, política y económica de España. A lo largo de los últimos tres años, la crisis económica ha hecho notorios esos daños, poniendo en evidencia lo pernicioso de esa estrategia.

    Una vez más, se corrobora la experiencia histórica de que toda opción política orientada a obtener y mantener el poder a toda costa, resulta nefasta para los intereses de libertad, justicia y progreso de la ciudadanía.

    Tras deteriorar nuestro marco de convivencia, el socialismo español ha sido incapaz de afrontar la crisis de un paradigma económico generado desde las oligarquías y, paradójicamente, asumido como propio por las izquierdas; quienes continúan demandando más de lo mismo.

    Solo en clave de poder es posible entender que el socialismo hiciera suyo un patrón de crecimiento económico cuyas señas de identidad son: la especulación, la inflación, la creciente desigualdad en el reparto de riqueza y, su corolario, el desempleo galopante.

    Esa incapacidad, derivada de la aceptación de ese patrón, le ha llevado al extremo de negar la evidencia de la crisis económica, y de no tomar medidas para combatirla hasta mayo 2010, forzado por las presiones internacionales.

    La sociedad española ha asistido angustiada a un triste espectáculo político- económico, de falseamiento continuo de la realidad y de carencia de un verdadero programa anticrisis.

    Es ineludible transformar una economía sustentada en el endeudamiento para el consumo y la inversión de escaso valor añadido, la del "ladrillo", en otra en la que el ahorro se destine a la inversión productiva.

    Dentro de la Europa de la moneda única y de la competitividad, esa auténtica metamorfosis pasa necesariamente por una drástica reducción de precios y salarios, equivalente a las históricas devaluaciones de la peseta.

    Una crisis de tan profundo alcance no puede abordarse desde la retórica partidista excluyente, ni mediante la pretendida magia de las "recetas" económicas coyunturales, aplicadas tarde, mal y nunca.

    Paradojas de la Historia: esos clamorosos errores en su estrategia de poder pueden acabar expulsando del campo de juego político al socialismo español. En el siglo XXI, la izquierda debe afrontar plenamente el reto de las libertades y de los valores democráticos en todos los ámbitos, actuando como necesario factor de equilibrio en el histórico proceso de globalización, que va a constituirse en la seña de identidad de nuestro próximo futuro.

    La salud democrática de España, y su regeneración institucional y económica, exigen como condición previa esa transformación radical del socialismo español. Para afrontar con éxito esos trascendentales retos, es imprescindible que la izquierda y la derecha políticas, puestas al servicio de la sociedad española, contraigan un amplio y duradero compromiso de Estado.

    Si los poderes públicos asumen sus responsabilidades, se está a tiempo de conseguir que nuestras diferencias políticas, sociales y culturales sumen en un proyecto común para situar a España en el núcleo europeo. De lo contrario, el populismo y el caciquismo acabarían deshaciendo la nación española, arrojándola a la cuneta de la Historia

    José B. Amengual Soria, en LD

  8. #28
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    Predeterminado Es la ideología, estúpido

    A Reagan le preguntaron si no le preocupaba el tamaño del déficit. "No, está lo suficientemente crecidito como para ocuparse de sí mismo". A diferencia de Obama, quejica y aleccionador, logró con buen humor y políticas generadoras de crecimiento y empleo 18 incrementos del techo de la deuda por representantes demócratas.

    Incluyendo la ausencia de esta gracia sobre la menor importancia de la deuda cuando hay políticas de crecimiento que hacen que un país pueda permitírsela, Obama ha actuado como el anti-Reagan. Este consideraba que las palabras más preocupantes que podían decirse en inglés eran: "soy del Gobierno y estoy aquí para ayudarle". Cada vez que Obama ha aparecido en la tele estos días –demasiadas– ha actualizado el aforismo.

    El problema no es la deuda, sino la ideología. Existe un significativo y políticamente potente sector de la población cuyos intereses están alineados con los del Estado y que busca promocionar la dependencia de asignaciones presupuestarias públicas. No importa que el crecimiento escaso dificulte esa distribución a largo plazo. Así que combate las políticas que promueven el crecimiento económico mediante la acción privada, presionando a favor de más intervención pública. Hoy eso se resume en más deuda, y en amenazar con el Apocalipsis si no se autoriza.

    Nada sucederá el 2 de agosto, fecha difundida por la Casa Blanca como el no va más de su posibilidad de pago. Estados Unidos tiene una capacidad de liquidez mayor a la de ningún otro operador económico conocido. Podría revocar el apunte contable que hace que dos años de financiación en forma de bonos los vigile la Reserva Federal en lugar del Tesoro, o emitir moneda y llamarlo "facilidad cuantitativa", que es como le dice Bernanke a inundar el mercado de miles de millones de dólares. Ni Estados Unidos va a quebrar, ni va a dejar de prestar sus servicios públicos, ni, aún menos, de retribuir a sus inversores en deuda. Sólo se trata del inaplazable debate de un país democrático sobre su política económica en que se enfrentan dos visiones sobre el peso del Estado: la que considera que EEUU ha de ser un país europeo paternalista más, como prefiere Obama, o la defensora de la libertad y responsabilidad personal.

    Que en este contexto Obama confiese públicamente que siente la tentación de hacer las cosas por su cuenta, sin pasar por el Congreso, es ilustrativo. ¿Le molesta el Estado de derecho o la separación de poderes?

    La Cámara de Representantes todavía puede aprobar un texto que permita aumentar el techo, reducir gastos, y poner en marcha un comité de reducción del déficit. O puede votarse otro plan, más complicado, defendido por los demócratas del Senado, más asumible para Obama, aunque sin subir impuestos, con los que está obsesionado. De lo que no cabe duda es de la prodigiosa clarividencia de Reagan: "El Estado es como un bebé. Un canal alimenticio con gran apetito por un lado, y ningún sentido de la responsabilidad por el otro".

    GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.En LD

  9. #29
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    Predeterminado Recortes con tinte andaluz

    Del «sería un disparate estratosférico» subir impuestos, a aplicar una de las mayores subidas fiscales que se recuerdan. ¿Qué ha ocurrido para pasar en unos días de la primera afirmación, esgrimida por Mariano Rajoy antes de las elecciones, a aplicar una subida de hasta siete puntos en el IRPF?

    Dos factores parecen ser los integrantes de semejante cambio. El primero, ajeno al actual Gobierno: la herencia de un agujero tan grande, como negado en la estadística oficial, de más de 20.000 millones que se sumará al déficit admitido de 65.000 millones para demostrar que el plan de control del gasto prometido por el anterior Gobierno no era sino otra mentira. O, lo que es lo mismo, que estamos a años luz de cumplir con las exigencias de Bruselas y de esos inversores que nos prestan uno de cada dos euros que gastamos. Un problema de tintes dramáticos que pone en duda nuestra credibilidad y nuestra posibilidad de refinanciar en este 2012 los 300.000 millones en vencimientos a los que nos enfrentamos.

    Pero hay un segundo factor que sí incumbe al actual Gobierno. Porque tan cierto es que ese agujero estaba oculto, como que era absolutamente previsible. Afirmación tan fácil de corroborar como puede resultar releer los estudios de Freemarket, Funcas o de las agencias de rating, que estimaban el agujero oculto en hasta 24.000 millones. Es decir, que cuando el PP hizo la promesa de no subir impuestos sabía que era más que probable que acabaría incumpliéndola. Y, posiblemente, ni siquiera sea éste el hecho más delicado. Porque, en contra de las indicaciones de tantos economistas que recomendaban subir el IVA en caso de necesitar más ingresos, el primer impuesto que el Gobierno ha subido ha sido el IRPF, el que grava el trabajo de forma progresiva. Y lo ha hecho de forma muy, pero que muy progresiva: elevando desorbitadamente el tipo máximo de todo aquél que sobrepase la renta media. Así, una persona con rentas de 33.000 euros alcanzará un tipo máximo del 40% -4 puntos menos de lo que hasta hace un semana habría pagado con rentas de 120.000 euros- y un trabajador con 53.000 euros llegará a un tipo máximo del 47%, inalcanzable entonces por nadie, ganase lo que ganase, a excepción de quienes sufrían los recargos autonómicos socialistas. Una subida tan exagerada para todo el que gana un poco más de la media -rico, según el argot socialista- que, más que requisitos económicos, parece haber seguido el criterio de evitar el ataque de la izquierda ante las elecciones andaluzas.

    A la vista está que los sustos no han acabado. Esperemos que los siguiente se alejen del olor electoral.

    Carlos Cuesta, en El Mundo

  10. #30
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    Predeterminado 'Poltergeist'

    Recuerdo aquellas viejas viñetas de Forges en las que, con sólo introducir una moneda en una ranura, era posible desahogarse insultando o pateando a un muñeco que representaba a un ministro, o a un subsecretario, en fin, a un político. Estamos en una catarsis parecida. La clase política es despachada con una virulencia genérica. Ya hay políticos profesionales que hablan de los políticos profesionales en tercera persona, como si ellos se negaran a cargar con semejante desprestigio social. De tal forma que, en la escombrera de nuestro tiempo, vamos acercándonos al mismo nihilismo que la Argentina de 2001 concretó con un grito definitivo: «¡Que se vayan todos!», precursor del «No nos representan». Entregados al instinto del escarmiento, en lo que nadie repara es en quién puede venir si se van todos. Cuando son invocados los fantasmas de la antipolítica, puedes encontrarte en manos de personajes de extramuros. Con un nazi repartiendo bofetadas como las de Terence Hill en un debate de la televisión. O con una resurrección de consignas residuales que creíamos sepultadas bajo el Muro de Berlín, descartadas por la lógica evolutiva de la historia. Las plagas totalitarias del siglo XX de repente vuelven a movernos los vasos, como en un poltergeist. A este paso, acabaremos rehabilitando a Tejero, que entró en el Parlamento, para vaciarlo de soberanía, con una suficiencia chulesca en la que muchos atisban ahora una idea de justicia y castigo. La antipolítica, niños jugando con mecheros.

    Esta idea no es contradictoria con el desencanto, ni con el escándalo ante hechos como las pensiones millonarias o la protec-ción endogámica que enterró la investigación política de Bankia. La política contiene los mismos comportamientos oscuros y la misma cantidad de incompetentes que cualquier otra prolongación de la condición humana. Como la propia sociedad, de la cual la clase política es una emanación, un espejo: los políticos no son seres extraterrestres, más malvados o más tontos, que se infiltraron entre nosotros. Regurgitarlos sin más sólo es otra terapia de traslado de la culpa, como la que se hace con la Alemania contemporánea, a la que se relaciona con los nazis de un modo cada vez más desinhibido y grosero («las SS económicas», leí anteayer). Si convertimos la política en un oficio de mierda, en algo por lo que sería preferible pasar por el palanganero de burdel de Degrelle, dejarán de ejercerlo las grandes inteligencias con vocación de servicio público que aún quedan ahí, y de las que depende el porvenir. Cuando eso ocurra, no se me quejen si, al prender el televisor, restallan bofetadas.

    David Gistau, en El Mundo

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