Hoy LA GACETA reproduce íntegros los informes policiales que, junto con las revelaciones publicadas en días anteriores por nuestro propio periódico, tanto han agitado las aguas de la campaña electoral catalana. Se trata de la investigación sobre la financiación de Convergència Democràtica de Catalunya, el caso Palau y otros extremos conectados con la presunta red de corrupción institucional creada por el nacionalismo catalán. Esto que publicamos no es exactamente una exclusiva. Sin embargo, sólo LA GACETA lo va a publicar en su integridad. ¿Por qué? Porque es un documento excepcional. Y porque creemos imprescindible que hoy, en el día de unas elecciones autonómicas que el presidente de la Generalitat ha querido convertir en un plebiscito por la independencia, todos los catalanes puedan tener en su mano toda la información.
‘Cultura de la mordida’
La historia de este informe es muy significativa. Fue presentado a la Fiscalía de Barcelona por el comisario jefe de la Unidad de Asuntos Internos y el anterior jefe de la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) y actual jefe del Centro de Inteligencia contra el Crimen Organizado (CICO). La respuesta de los fiscales fue que “el juez no estaba por la labor de seguir” y que “en época de precampaña lo veía poco factible”, según el Sindicato Unificado de Policía. El juez en cuestión es el del Juzgado de Instrucción número 30 de Barcelona, Pijuan, cuyas conexiones con la Generalitat han sido puestas al descubierto por LA GACETA. Sin entrar en la atribución de eventuales delitos, todo esto pone de manifiesto que en Cataluña existe una red de intereses políticos, económicos y judiciales (añádanse los mediáticos) que convierte a esa comunidad en un lugar donde el Estado de Derecho propiamente no existe. Las revelaciones policiales afectan de una manera contundente al proceso separatista puesto en marcha por Artur Mas. Por así decirlo, vienen a señalar cuánto hay de impostura y de intereses creados en una deriva política que compromete insensatamente al conjunto de los catalanes y a todos los demás españoles. A fecha de hoy, ya es imposible saber dónde acaba el proyecto político separatista y dónde empiezan los intereses económicos y personales de la oligarquía nacionalista. A los ciudadanos catalanes se los usa como escudos humanos para proteger la inmunidad personal de un político en apuros y de una casta política que ha tomado Cataluña por su feudo particular.
Pero, a decir verdad, todo lo que está saliendo a la luz estos días no compromete sólo a los nacionalistas catalanes, sino que afecta al conjunto de la clase política española, pasada y presente, y a su red de intereses financieros y mediáticos. El protagonista de los informes que hoy publica LA GACETA es el nacionalismo catalán, pero en sus páginas aparecen también, como actores no exactamente secundarios, personajes vinculados tanto al Partido Popular como al Partido Socialista. Hasta el punto de que bien puede hablarse de toda una cultura de la mordida –valga la expresión– como seña de identidad de la partitocracia española. En detrimento de cualquier democracia decente.
Responsabilidad ciudadana
Aquí es preciso hacerse algunas preguntas cuya respuesta va mucho más allá de los delirios mesiánicos de Artur Mas. Por ejemplo: ¿por qué el Ministerio del Interior, que sin duda había de tener conocimiento de estos informes, no los ha hecho públicos antes? Y no nos referimos sólo al equipo de don Jorge Fernández, actual ministro, sino también a sus predecesores socialistas, pues la investigación abarca fechas muy anteriores. Más preguntas: ¿por qué el Partido Popular y el Partido Socialista han renunciado a hacer uso de estas informaciones en la campaña electoral catalana? Y sin abandonar el mismo turbio mundo de la cultura de la mordida, ¿por qué la opinión pública española ha dejado de tener noticias acerca de dos casos de gran envergadura como los asuntos Gürtel y Campeón?
Siempre hay hipócritas dispuestos a defender que estas cosas deben ocultarse a la opinión pública para no dañar la credibilidad de nuestra democracia. Eso es intolerable. Precisamente por la credibilidad de nuestra democracia es absolutamente imprescindible dar a conocer los abusos de la clase política, de cualquier signo, que convierten la soberanía nacional en una especie de inagotable cofre del tesoro siempre dispuesto a ofrecer sus mejores primicias al mandamás de turno. Aquí defendemos con plena convicción un sistema de libertades personales que permita elegir sin trabas a nuestros gobernantes en un marco de escrupuloso respeto a la ley. Ese es el modelo de democracia que queremos. Pero lo que tenemos todavía está lejos del modelo. Por eso es preciso denunciar sin tregua los abusos.
En el caso concreto de Cataluña, donde hoy se vota en unas elecciones que ya no son sólo autonómicas, los ciudadanos deben ser conscientes de cuánto se están jugando. Deben ser capaces de sobreponerse a la agitación sentimental del nacionalismo y saber a quién entregan su confianza. La clase política nacionalista no encarna sólo un insensato proyecto separatista que arruinaría a los catalanes y quebraría al conjunto de España, sino que representa también los peores vicios de un sistema de partidos donde los políticos se creen con derecho a hacer mangas y capirotes de la Ley. Quien lo siga dudando, que lea el informe que hoy publica LA GACETA. Un documento de valor excepcional.




Citar