El exilio histórico cubano fenece ante el paso del tiempo. Múltiples enemigos se ha granjeado por diferentes causas a lo largo de 48 años de desaciertos y también, por qué no decirlo, de una soberbia antipropaganda desarrollada por los círculos pseudo intelectuales allegados al régimen cubano.

El cambio generacional y las novísimas características particulares de la reciente emigración han hecho leña del árbol caído. Y el descrédito, en algunas ocasiones más injusto de lo que debería, ha colocado la lápida a aquellos que se autodenominan "luchadores anticastristas". Posada Carriles en la cárcel y Jorge Mas Canosa fallecido han sido hechos puntuales marcadores de un destino incierto para el viejo exilio.

No es mi propósito juzgar sino sólo reflejar una visión que a todas luces se impone paulatinamente.

Muchisimos agentes y proselitistas pagados por el gobierno cubano también han caído en el descrédito antes mencionado, pues a falta de un verdadero enemigo a quien deslegitimizar enfocan ahora sus cañones, de manera torpe y desenfrenada, contra todo aquel que reniegue de la dictadura de La Habana. Y es que en esta contienda todos pierden.

No está lejos el día en que el resto del mundo, agobiado por problemas propios, pueda observar el acontecer político cubano con mesura o interés, según sea el caso, y se percate del modus operandis de los propagandististas pagados por La Habana y deje de creer en sus actuales falacias. Ello irá de la mano con lo que se suscite en Cuba. Y los dinosaurios que van quedando, más del otro lado que de éste, se extinguirán de manera irreversible.