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  1. #1
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    14 ene, 07
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    Predeterminado demos vs. reps

    Acabo de recibir el siguiente chiste desde USA:


    I recently asked my friend's little girl what she wanted to be when she grows up. She said she wanted to be President some day. Both of her parents, liberal Democrats, were standing there, so I asked her, 'If you were President what would be the first thing you would do?'

    She replied, 'I'd give food and houses to all the homeless people.'

    Her parents beamed.

    'Wow...what a worthy goal.' I told her, 'But you don't have to wait
    until you're President to do that. You can come over to my house and mow
    the lawn, pull weeds, and sweep my yard, and I'll pay you $50. Then I'll
    take you over to the grocery store where the homeless guy hangs out, and
    you can give him the $50 to use toward food and a new house.'

    She thought that over for a few seconds, then she looked me straight in
    the eye and asked, 'Why doesn't the homeless guy come over and do the
    work, and you can just pay him the $50?'

    I said, 'Welcome to the Republican Party.'

    Her parents still aren't speaking to me.

  2. #2
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    19 feb, 09
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    Predeterminado They aren't so different

    No creo que de hecho sean tan diferentes los dos grandes partidos USA.
    Desde nuestro prisma. Quizá si lo sean algunos de sus elementos personales, pero como partidos, ambos resultan ser mas o menos de derechas.
    Tampoco lo son actualmente el PP y el PSOE , ahora partenaires, con la particularidad de que la confusión Izquierda/Derecha es monumental por aquí.

  3. #3
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    08 ene, 07
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    Predeterminado

    Cita Iniciado por Citizen Ver Mensaje
    No creo que de hecho sean tan diferentes los dos grandes partidos USA.
    Desde nuestro prisma. Quizá si lo sean algunos de sus elementos personales, pero como partidos, ambos resultan ser mas o menos de derechas.
    Tampoco lo son actualmente el PP y el PSOE , ahora partenaires, con la particularidad de que la confusión Izquierda/Derecha es monumental por aquí.
    El partido Demócrata está demasiado escorado a la izquierda para seguir considerándolo de derecha o de centroderecha.

  4. #4
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    08 ene, 07
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    Predeterminado Por mero cálculo electoral

    Cita Iniciado por agente t Ver Mensaje
    El partido Demócrata está demasiado escorado a la izquierda para seguir considerándolo de derecha o de centroderecha.
    Aunque no las tienen todas consigo y desde las propias filas demócratas ponen palos en las ruedas del Obamacare.

  5. #5
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    19 feb, 09
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    Predeterminado Hay movilizacónes contra Obama.

    Cita Iniciado por agente t Ver Mensaje
    Aunque no las tienen todas consigo y desde las propias filas demócratas ponen palos en las ruedas del Obamacare.
    Parece que los medios apenas lo han refñejado, pero el 18/9/09 ha habido una sonora manifestación popular en Washington DC.
    ¿Porqué será?

  6. #6
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    08 ene, 07
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    Predeterminado Obama El falso profeta

    En EEUU llevamos ya casi tres años conociendo las obras y los frutos de un falso profeta y peor presidente. Obama está ya bajo sospecha de incompetencia. Su fracaso se ha intensificado en estos pasados meses. Primero, con el lío del techo de la deuda; segundo, anteponiendo sus lujosas vacaciones al caos laboral; y tercero, con los datos de creación cero de empleo en agosto. Ángel Martín ha acertado al probar documental y objetivamente cómo EEUU sigue estancado económicamente. El mes de septiembre va peor y el otoño pinta ya caliente con algún columnista como Steve Chapman, del Chicago Tribune, pidiéndole ya abiertamente a Obama que no se presente a la reelección y deje vía libre a Hillary Clinton.

    Aquel fatal acuerdo sobre el techo de la deuda, tan elogiado por Obama, implicó la creación de un llamado "supercomité" encargado de recortar gastos gubernamentales. Tan nefasta idea de crear un grupo de doce miembros con tremendo poder para dictar los detalles de dicha reducción está resultando un caos, pues contradice el carácter representativo de esta democracia norteamericana al silenciar la opinión de los más de quinientos miembros del Congreso, así como de los más de doscientos comités y subcomités encargados de decidir legislativamente en el Congreso. Obama sigue politizando ahora una nueva ley de empleo que exige otros 447 millones de dólares más para un nuevo paquete de "estímulo", así como un billón y medio de dólares en nuevos impuestos.

    Junto al caos laboral y económico, estos días ha saltado también el escándalo de la intervención de la administración Obama en una pequeña empresa de guitarras en Tennessee. Por segunda vez desde 2009, varios agentes federales entraron con armas automáticas en un pequeño negocio de guitarras en Tennessee. El gobierno de Obama considera que dicho negocio realizó uso inapropiado de madera extranjera violando una ley de 1900 diseñada para prohibir materiales exportados ilegalmente de otros países. El negocio, llamado Guitarras Gibson, asegura que tiene documentos que prueban que la madera usada, procedente de Madagascar e India, es legal y que el problema radica en que no les han dado la oportunidad de defenderse en el juzgado ya que el gobierno de Obama no ha presentado cargos.

    Otro escándalo reciente tiene que ver con Solyndra, la empresa con base en California de paneles fotovoltaicos que Obama puso como ejemplo del futuro económico de EEUU. Tras otro discurso del falso profeta hace poco más de un año en aquella misma empresa, han salido ya datos que prueban cómo la empresa estaba muy bien conectada políticamente con Obama. Tras recibir un préstamo federal de 535 millones de dólares, Solyndra se declaró hace tres semanas en bancarrota despidiendo a más de mil trabajadores. La Oficina de Auditoría del Gobierno Federal ha encontrado ya favoritismo en la concesión de ese préstamo y el FBI está investigando el caso pues uno de los mayores inversionistas de la compañía, el multimillonario George Kayser, fue también uno de los mayores donantes del candidato Obama en 2008.

    Estos escándalos, unidos al del paso y venta de armas ilegalmente a México por parte de la Administración Obama en la llamada operación "Fast and Furious" y al que acaba de saltar conocido como "Light Squared" -con presiones de la Casa Blanca a un general del ejército para favorecer a una compañía- no han hecho más que empezar a ver la luz pública y llegan en un clima general entre los ciudadanos que otorgan los peores números de aprobación popular a Obama. El falso profeta está resultando ya tóxico también para su partido, tanto que en este mismo mes de septiembre el Partido Demócrata ha perdido ya dos elecciones especiales en sendos distritos en Nevada y Nueva York, en este último caso en un distrito que había estado en posesión del Partido Demócrata durante los últimos noventa años y que ahora ha pasado a manos del GOP. Obama llegó a la campaña de 2008 vestido de oveja. Por sus frutos ya lo conocemos.

    Por Alberto Acereda, catedrático universitario en Estados Unidos y director de The Americano. En LD.

  7. #7
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    08 ene, 07
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    Predeterminado Un conservador salvó a Obama

    La Justicia estadounidense añadió ayer una monumental ironía a una historia rica en ironías jurídicas: John Roberts, un juez conservador nombrado por George W. Bush, que para colmo preside el Tribunal Supremo, rompió ayer el empate votando a favor de la constitucionalidad de la reforma sanitaria de Obama. Los anales colocarán a Roberts junto a Earl Warren, Harry Blackmun y David Souter, jueces supremos nombrados por presidentes conservadores -Eisenhower, Nixon y Bush padre- que en su día asestaron golpes a la derecha.

    El triunfo político para Obama -que supera por poco a Romney en los sondeos y aguanta la respiración ante los síntomas de desaceleración económica- es indudable. Había cundido la idea de que los jueces se cargarían la reforma emblemática del Gobierno. Dos terceras partes del país la ven con reticencias y los conservadores, que gastaron casi 250 millones de dólares en anuncios combativos, habían ganado la moral al establishment demócrata en esto. La Casa Blanca parecía resignada a que el Tribunal Supremo, donde muere o sobrevive toda iniciativa política de envergadura en Estados Unidos, descarrilara la campaña del presidente declarando inconstitucional la pieza clave de su gestión. La decisión inyectará, pues, una dosis de moral, dinero y expectativas a una campaña que cojeaba.

    La trascendencia ideológica de lo sucedido es enorme. A diferencia de Europa, en Estados Unidos, país de hondas raíces libertarias, la idea de que el Gobierno obligue a los ciudadanos a comprar un seguro médico ha tenido que esperar más de dos siglos de vida republicana para abrirse paso. No se establecerá un sistema de oferta sanitaria pública a la europea, pero el mandato y la expansión de las subvenciones a ciudadanos de menos recursos supone un giro trascendental en la relación entre Estado y sociedad en la tierra de Jefferson.

    No debe, por eso, subestimarse la reacción que pueda haber en el país profundo contra la decisión del Tribunal. Tres aspectos de la reforma sublevaron a un amplio segmento de estadounidenses y no descarto que, una vez recuperados del puñetazo, los conservadores vuelvan a la carga con nuevo bríos, movilizándose detrás de un Romney que no les excitaba mucho. La idea de ser obligados a comprar un seguro, pagar con sus impuestos una reforma que costará casi un billón de dólares en 10 años y subvencionar a otros 17 millones de personas de bajos recursos, que no son necesariamente pobres, puede acabar siendo dinamita electoral en manos de los que hoy parecen derrotados.

    Álvaro Vargas Llosa, en El Mundo

  8. #8
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    08 ene, 07
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    Predeterminado John Roberts y el Obamacare

    El Obamacare es la mayor apuesta política del 44 presidente de los Estados Unidos. Pensada para transformar la sociedad y agrandar el Estado, necesitaba vadear las aguas del Tribunal Supremo. Lo ha hecho. Pero el tan esperado fallo tiene implicaciones que no son favorables a las tesis de Obama.

    La reforma sanitaria es el gran proyecto demócrata desde el New Deal. Los intentos por socializar la sanidad se venían encontrando con una enconada oposición por parte de los profesionales y de la población en general. Luego esa oposición se fue difuminando, y demócratas y republicanos dieron en favorecer que la mano muerta del Estado gestione la salud de los estadounidenses.

    Junto con las pensiones, la sanidad es el ámbito que permite una mayor expansión del Estado, por la carga burocrática que lleva aparejada y porque posibilita la injerencia en áreas muy íntimas de la persona.

    Dos son los hitos de la sanidad pública norteamericana previos al Obamacare, ambos debidos a Lyndon Johnson: Medicaid, un programa que provee de servicios sanitarios básicos a las personas pobres –categoría en la que se contaría buena parte de la ciudadanía española (de mileuristas para abajo)–, en torno al 15 por ciento de la población, y Medicare, pensado para los mayores de 65 años, con independencia de su nivel de ingresos. Ahora bien, ambos programas, ampliados por presidentes como Richard Nixon o George W. Bush, dejaban un amplio margen al sector privado.

    La reforma de Obama se propone, básicamente, dos objetivos. En primer lugar, cubrir con Medicaid a todos aquellos estadounidenses con un nivel de renta inferior al 138% de la línea de pobreza. Obamacare quería que los estados asumieran tal ampliación, y los amenazaba con retirarles los fondos federales destinados, precisamente, a Medicaid, si se negaban a ello.

    El Tribunal Supremo ha declarado este propósito inconstitucional, por lo que tenía de coerción a los estados.


    Pero el premio gordo de la reforma era el llamado "mandato individual". Hay una parte de la población norteamericana, en torno al 15%, que no está asegurada. Principalmente, se trata de gente con salarios relativamente bajos que prefiere ahorrarse el coste del seguro y, sobre todo, jóvenes o individuos con buen estado de salud. El mandato individual obliga a los norteamericanos a contratar un seguro médico; si no lo hacen, son sancionados económicamente.

    La Administración Obama, con sus legiones de abogados y sus batallones de publicistas, aseguró que la reforma encajaba en la cláusula de comercio interestatal, que deja amplio margen de maniobra al Gobierno federal. Y negó hasta la extenuación que equivaliera a una subida de impuestos.

    El mandato individual fue recurrido, y la Corte Suprema acaba de pronunciarse al respecto. Lo ha dado por bueno en una votación ajustadísima: cinco votos a cuatro.

    Ha sido una resolución sorprendente, habida cuenta de que el alto tribunal es de mayoría conservadora por primera vez en muchas décadas y de que el voto decisivo ha sido el del presidente del mismo, el liberal-conservador John Roberts.

    ¿Qué ha pasado?

    Es bien sabido que John Roberts admira a otro John que también fue presidente del Supremo: el juez Marshall, que estuvo al frente de la institución de 1801 a 1835. Suya fue la decisión más importante de la historia de la misma: el fallo Marbury vs. Madison.

    John Adams, una chocante combinación de probidad moral y ventajismo político, ordenó que se llenara la judicatura de federalistas, partidarios de otorgar un gran poder al Gobierno central, justo antes de que la presidencia de la nación recayera en Thomas Jefferson. John Marshall era federalista. Era, de hecho, archienemigo de Jefferson. Los nombramientos de Adams fueron denunciados por el secretario de Estado, James Madison. Marshall dio la razón a la Administración Jefferson. Pero además tomó una decisión que sería decisiva para la ampliación del poder central: aprovechó las lagunas que deja la Constitución para declarar al propio Tribunal Supremo intérprete de la norma suprema del Estado.

    John Roberts habría hecho lo mismo. Ha dado por bueno el mandato individual. Pero no ha validado el argumento jurídico de Obama, que buscaba el amparo del artículo de la Constitución que permite al Gobierno federal entender de los asuntos relacionados con el comercio interestatal. No, ha dicho Roberts. Permitir que el Congreso regulara incluso la inacción de la ciudadanía abriría las puertas al domino ilimitado de los poderes públicos sobre ésta.

    El mandato individual, afirma Roberts, es un impuesto. Y como el Gobierno federal tiene amplios poderes para imponer tributos, se trata de una medida que encaja en la Constitución. Con la misma lógica, el Estado podría obligar a cualquier ciudadano a comer brócoli, tan sano, y penalizar a quienes no lo hicieran. Y quien dice el brócoli dice los coches eléctricos, tan ecológicos. Absurdo. Pero constitucional.

    Roberts ha brindado, pues, una victoria pírrica a Obama, y puesto freno a la expansión del Estado. Y devuelto la pelota a la cancha político... en pleno año electoral: ahora Obama aparecerá como un gran recaudador de impuestos, por obra y gracia de su reforma sanitaria.

    Por último, y como tercer aspecto de esta jugada maestra del juez, John Roberts habría salvado al Supremo de la acusación de actuar de modo partidista. Dado el carácter conservador de la institución, la izquierda estaba acumulando acusaciones contra ella. Pues bien, Roberts habría demostrado que actúa con independencia, y reforzado la independencia del alto tribunal.

    Aún no sabemos qué consecuencias tendrá todo esto. La opinión pública cree que el Supremo ha actuado con parcialidad, pero no conservadora sino izquierdista. También los efectos electorales son aún inciertos. Sea como fuere, haber puesto coto al desarrollo de la cláusula del comercio interestatal es importante para la salvaguarda de la libertad de los estadounidenses.

    José Carlos Rodríguez, en LD

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