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  1. #1
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    12 abr, 09
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    Predeterminado Las cosas no son lo que parecen

    Totalitarismos...

    A principios de siglo, los amos del sistema financiero echaron a rodar dos sistemas políticos. Uno en el bloque sovietico, otro en el mundo "libre". Uno consistia en poner un policia en cada esquina y el otro consistia en colocar una televisión en cada casa. Ganó la "Libertad".

    "Nadie es más esclavo que el que se tiene por libre sin serlo."
    Johann Wolfgang Goethe

    Agarrense que vienen curvas...

  2. #2
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    08 ene, 07
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    Predeterminado No es lo que parece el orden público, sin ir más lejos

    Alergia a la policía
    Los violentos jugaron al gato y al ratón mientras quisieron, con una policía maniatada y acorralada

    Enrique Figueredo titulaba su crónica de ayer con una frase cargada de significado: "Los Mossos no tiraron una sola bola de goma el 29-S", decía el periodista hablando de la actuación policial ante los graves disturbios el día de la huelga general. Y a partir de aquí relataba los apuros de los Mossos durante ocho horas de violencia, a menudo acorralados, obligados a activar su botón de emergencia y enviando mensajes preocupantes. "Oímos algunas comunicaciones muy angustiosas de compañeros que pedían que se les sacara de allí", afirma un policía de servicio aquel día. A pesar de que Interior considera "un éxito" el despliegue policial, la mayoría de los mossos no están de acuerdo, y lo resumen con una frase alarmante: "Se mascó la tragedia en varios momentos". Para añadir que una actuación policial que necesita tantas horas para desalojar a un grupo de violentos callejeros no se puede considerar exitosa, como no lo es el hecho de que la violencia no acabó cuando la policía quiso, sino cuando se cansaron los vándalos. Es decir, fueron ellos los que jugaron al gato y al ratón con una policía maniatada, fueron ellos los que se entretuvieron jugando a acorralar a los Mossos mientras robaban, quemaban y destrozaban material urbano, y fueron ellos los que decidieron cuándo se acababa la diversión.

    Ciertamente, si esto es "éxito policial", ¿qué debe de ser el fracaso? Lo cual nos dice unas cuantas cosas, y todas conocidas, de la mentalidad que continúa instalada en la conselleria más decisiva del Gobierno catalán. La fundamental es que no se entiende el carácter represivo de una policía. Por supuesto, estamos hablando de un cuerpo policial regido por leyes democráticas, pero entre los muchos verbos que conjugan la seguridad de un Estado de derecho, existe el verbo reprimir. Y sin él, esto es una broma. Permitir que los violentos dominen la calle, impongan su juego y alarguen la agonía hasta que se harten, todo para impedir que algún pijoprogre se ponga nervioso porque ha visto una porra, es de una supina irresponsabilidad. Cuando no, que también, de un considerable infantilismo. ¿Qué habría pasado si hubiéramos tenido policías heridos? "Va en el cargo", nos dirían algunos sabios de la izquierda auténtica, cuyo cuerpo del siglo XXI no impide haber dejado el cerebro anclado en las manis contra los grises del siglo XX. Si la patria es la adolescencia, estos se han vuelto unos patriotas extraordinarios. Al final lo que queda es la imagen de una policía que, para sobrevivir, necesita autoodiarse y negar su propio carácter policial. Algo así como hermanitas de la caridad con uniforme. Y así es enviada a guardar el sueño de los ciudadanos, desnuda de su propia condición, para que los niñatos violentos se diviertan en las calles de la ciudad. Es un desaguisado, un esperpento. Pero es lo que hay, hasta que santas elecciones lo remedien...

    Pilar Rahola, hoy en La Vanguardia


  3. #3
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    08 ene, 07
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    Predeterminado Un sindicato de Mossos denuncia que los okupas desalojados en Barcelona dejan trampas

    Han hallado puertas electrificadas, agujeros en el suelo o cubos de gasolina. También encontraron guías de acogida en inglés para extranjeros


    Barcelona. (EUROPA PRESS).- El sindicato de Mossos SME-CC.OO. denuncia que los okupas'ponen "trampas mortales" a los antidisturbios en los desalojos, que en algunos casos han acabado lesionando a agentes, y ha difundido imágenes que muestran algunas de sus técnicas.

    Según ha informado este viernes este sindicato de los Mossos d'Esquadra, los radicales tapan los agujeros del suelo con alfombras para que los agentes caigan a la planta inferior y electrifican las puertas con cables que van desde el contador hasta el pomo de la puerta.

    También colocan trampas con gasolina en puertas y ventanas bien tapiadas, para que cuando los agentes usan una radial para abrirlas, la gasolina en contacto con las chispas provoquen un incendio.

    Según el sindicato, han hallado en los desalojos numerosos manuales 'okupas', uno de ellos con el título 'Manual de los disturbios', en los que se explica cómo frenar el avance policial con el lanzamiento de piedras, adoquines, escombros y botellas, cruzar barricadas, lanzar cócteles molotov -se explica cómo fabricarlo- y quemar vehículos.

    En este manual también se recomienda usar la capucha para evitar ser identificado por la policía y se dan detalles de las estrategias policiales. Desde el SME-CC.OO. piden que se termine la "impunidad contra los antisistema", y lamentan que los juicios siempre acaben con pequeñas multas, también por agresiones a agentes.

    Además, reclaman a la Consejería de Interior que se persone en todos los juicios en que haya policías heridos y daños materiales, y que en el caso de que haya algún antidisturbio denunciado y multado, sea el departamento quien asuma este coste.

    Hoy en La Vanguardia

  4. #4
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    08 ene, 07
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    Predeterminado Huelga general e impunidad

    De los delitos y las penas

    En 1764 Cesare Bonesana, marqués de Beccaria, publicó una obra señera, titulada De los delitos y de las penas, en la que sentó las bases de los futuros estudios sobre la proporcionalidad de los castigos. También reflexionaba Beccaria sobre el sentido de la reclusión y sobre la importancia de que, al dejar de serlo, el preso estuviera dispuesto a vivir conforme a las leyes.

    En el capítulo XLI, Beccaria llega a la conclusión de que el fin de toda buena legislación no ha de ser castigar los delitos, sino evitarlos, y que lo ideal sería que no hiciera falta penalización alguna. Una manera consiste en interesar a la ciudadanía más en la observancia de las leyes que en su corrupción. Otro método es el de recompensar la virtud, al objeto de que el individuo cumpla con la ley no sólo para evitar el castigo, también para ser premiado. Pero, por encima de todo, para Beccaria, seguidor de John Locke, Montesquieu, Claude Helvetius y Étienne Condillac, lo mejor era apostar por la educación.

    Siglos después, Gary Becker, premio Nobel de Economía en 1992 por sus contribuciones a la microeconomía en materia de comportamientos y relaciones humanos, dedicó parte de sus investigaciones a analizar la racionalidad del comportamiento delictivo (v., por ejemplo, sus Essays in the Economics of Crime and Punishment). A juicio de Becker, es necesario hacer un análisis coste-beneficio no solamente desde el punto de vista del legislador, también desde el del delincuente. Becker apuntaba que los delincuentes, a la hora de infringir la ley, tienen en cuenta circunstancias como la probabilidad de que sean capturados, la severidad o lenidad de los castigos y las ganancias –no sólo monetarias, también en términos de prestigio– que pueden obtener.

    El pasado 29 de septiembre, los sindicatos mayoritarios se sumaron a la huelga general convocada por los sindicatos europeos. Apenas hubo seguimiento. Para quienes vivimos en Madrid, la huelga fue menos dañina que una nevada. Pero en otros sitios, como en Barcelona, la huelga sirvió de excusa para el vandalismo. En la Ciudad Condal, los Mossos d’Esquadra detuvieron a 43 personas, de los que 34 tenían antecedentes por desórdenes, daños y actos de desobediencia; los servicios de asistencia tuvieron que atender a 81 personas, 49 de ellas mossos; el edificio del Banco Español de Crédito de la Plaza de Cataluña fue ocupado y destinado a cuartel general de las hordas vandálicas, hasta que fue desalojado por las fuerzas de seguridad.

    Pues bien. De esos 43 detenidos, a fecha 5 de octubre sólo 10 habían declarado ante el juez, y sólo dos habían ingresado en prisión. El resto estaba en libertad, a la espera de ser llamados a declarar. Pero puesto que la mayoría son extranjeros residentes en España, es posible que sigan su tournée Erasmus-borroka y... si te he visto, no me acuerdo.

    ¿Qué mensajes lanza a los ciudadanos la justicia española? En primer lugar, que las fuerzas de seguridad no pueden defenderles siempre. A veces, la corrección política es más importante que cualquier otra cosa, incluso que la protección de la gente (y de sus propiedades). En segundo lugar, que los vándalos pueden sacar provecho de los acontecimientos políticos: en esas ocasiones, todo vale, y los compañeros y las compañeras les van a apoyar, aunque lo único que pretendan sea montar bulla o hacerse con unos pantalones vaqueros. Por último, pero no en último lugar, que la administración de justicia es tan incompetente que, incluso aunque los pillen, los vándalos prácticamente pueden contar con que sus fechorías quedarán impunes.

    Solamente me queda añadir que quienes defienden un Estado mínimo (y para qué hablar de los que abogan por un Estado obeso) pretenden que las funciones del Estado sean la administración de justicia y la protección de la población.

    Saquen las consecuencias.

    María Blanco


    © Instituto Juan de Mariana

  5. #5
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    08 ene, 07
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    Predeterminado Crisis de ley y autoridad

    Pregunta del millón: los propietarios del mayor burdel de Europa, que se abrirá en La Jonquera, ¿han escogido nuestro territorio porque hace sol, les encanta el pan con tomate o son lectores voraces de Mercè Rodoreda? Es decir, pudiendo escoger países con un nivel de vida más alto, cuya capacidad de dispendio con lo más depravado de lo erótico-festivo podría ser más considerable, ¿por qué han venido al sur de Europa, en una zona trinchada por las hipotecas y el paro, a montar su negocio más importante? Respuesta del millón: porque aquí encuentran una atmósfera más favorable que en ningún otro lugar. Es decir, para una inversión que no quiere que su perverso negocio sufra sobresaltos, es evidente que nuestro país se acerca al paraíso. Primero, porque existe más complacencia con la prostitución –es decir, menos mirada crítica sobre la maldad del fenómeno– que en el resto del continente, quizás por aquello de que tantos años de dictadura han creado una sociedad que confunde la libertad con el Far West. Segundo, porque fruto de ese estado de ánimo buenista, tenemos leyes tan tolerantes que se han convertido en un coladero para las mafias y el tráfico de personas. Y tercero, porque la obsesión de parecer más progres que nadie nos ha llevado a no debatir en serio uno de los tráficos de carne humana más denigrantes que existen. Y si algo intuyen los mercaderes de dicha carne, es dónde existen los vientos favorables. ¿Qué pasa pues?: que faltos de leyes claras, estamos gravemente faltos de autoridad.

    Pregunta del millón: ¿los antisistema de toda Europa vienen a Barcelona a montarse sus performances porque es una ciudad bonita, les gusta la clara dicción del alcalde Hereu o son apasionados del bicing? Es decir, pudiendo ir a quemar coches, romper cristales y machacar el mobiliario urbano en cualquier ciudad más contaminada por el malvado capitalismo, ¿por qué han convertido nuestra capital en la capitalidad de su peculiar gincana violenta? Pues será por lo mismo del negocio de la prostitución. Porque en temas de orden y ley, este país tiene un lío mental de narices. Y así, faltos de leyes claras, estamos gravemente faltos de autoridad.

    Pregunta del millón: ¿el salafismo más radical de toda Europa ha recalado en nuestro país porque adora la chanfaina catalana, idolatra a la Moreneta o está enamorado de la sardana? Es decir, pudiendo invertir sus esfuerzos en cualquier otro territorio con más tradición musulmana, ¿por qué han convertido a Catalunya en la capital europea del extremismo islámico? Pues nuevamente será porque somos tan acogedores que parecemos un osito de peluche. Y si algo intuyen los fundamentalistas, es la debilidad. Y así, faltos de leyes claras, estamos gravemente faltos de autoridad. "La ley sólo rige a los bárbaros", dijo alguien. Y si no hay, la ley no los rige, entonces, ¿quién lo hace?

    Pilar Rahola, hoy en La Vanguardia digital

  6. #6
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    Predeterminado Anticatólicos, más que descreídos, cobardes

    Existe una vasta separación entre el que libremente no cree, respetando las libres creencias de los demás, y el que no cree, haciendo también uso de su libertad pero con evidente desagrado hacia los que libremente sí creen y arremetiendo con saña contra éstos a base de insultos y vejaciones.

    A nadie se le debería imponer una fe o creencia, al menos eso ocurre con el cristianismo. Suele ser también habitual en estos individuos tan "tolerantes" un lenguaje que aspira a ser burlón, aunque tan sólo se queda en vulgar y grosero. Da la impresión de que piensan que recreándose con todo tipo de barbaridades –dichas al peso, parece ser la medida en estos casos– consiguen ser graciosos, a lo mejor, ¡ilusos!, acaban creyéndose ingeniosos. Pero lo que destilan es tan sólo resentimiento, odio, aparte de zafiedad.

    Podría uno llegar a preguntarse: ¿por qué les molesta tanto la libertad en los demás? ¿Por qué se empeñan tanto en imponer su falta de creencias? Sin embargo, esa falta de creencias es más aparente que real, porque a poco que se detenga uno a pensar en sus "razones" se dará cuenta de que lo que a estos tipos les molesta –más exacto sería decir "les revienta"– no es la religión en sí, sino una sola religión: la cristiana, y particularmente, la católica. No se trata por tanto de una reacción natural de quien profesa el ateísmo, sino de quien profesa el anticatolicismo. No se entiende de otro modo tanta inquina y, a la vez, tanta despreocupación, apuntando con bala sin temor alguno a sufrir represalias, como si estuvieran en una especie de "barra libre" de improperios, careciendo, entre otras cosas, del mínimo de educación que debería autoexigirse cualquier periodista en honor a su profesión.

    Ahí precisamente está el quid de la cuestión: no temen represalias. De otro modo no tendría explicación por ejemplo que se atrevan a tachar de homófoba a la Iglesia Católica –que exclusivamente se dirige a quienes libremente deciden comulgar con su Fe–, sin escatimar contra ella todo tipo de ofensas y omitiendo por otro lado mencionar a otras religiones en donde también se prohíben expresamente las prácticas homosexuales. ¿Se atrevería a hacer lo mismo con otras religiones? No lo creo. Por eso mismo, a los de esta calaña, el traje que más les ajusta es la cobardía.

    Por Marta Pérez-Cameselle García, doctora en Economía y miembro del Centro Diego de Covarrubias. En LD

  7. #7
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    08 ene, 07
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    Predeterminado No son de los nuestros

    No son de los nuestros. Y no porque algunos vengan de fuera, como bien sabemos en esta Barcelona que se ha convertido en el imán de todos los violentos de Europa. No son de los nuestros aunque sean nuestro hijo o el sobrino o el hijo del vecino saludado. Estas cabezas huecas que aprovechan la celebración de una gran fiesta ciudadana después de una mágica noche deportiva, con el fin de romper todo lo que se encuentran por el camino –mientras perpetúan los rituales del pequeño salvaje–, estos simplones, no son de los nuestros. Forman parte de nuestra sociedad, llevan nuestros apellidos y han sido educados en nuestras escuelas, pero han roto con las reglas básicas de la sociedad civilizada. Es posible que esta violencia concreta, que, aparte de destruir patrimonio privado y público, ha enviado a diversas personas al ambulatorio, sea la consecuencia última de una derrota mal digerida o la derivada de una victoria también mal digerida. Es igual. Es igual si vienen del norte o del sur, si laten con los colores del Barça o respiran los fluidos de la central lechera.

    Es igual, porque no son deporte, ni fiesta, ni celebración, no forman parte del juego social, son los habitantes de la jungla, cuya incontinencia violenta ensucia, fiesta tras fiesta, la alegría ciudadana.

    Diría que ya es suficiente, que estamos hartos de levantarnos con la misma noticia todos los días después del gran día, que no puede ser que esta gentuza secuestre el titular de nuestra victoria. Pero también es cierto que no existe el riesgo cero, que la policía puede llegar a ser muy eficaz, pero no puede impedirlo todo, y que allí donde haya un grupo de personas convertido en una masa de imbéciles sin cerebro, siempre habrá problemas. Es de rigor aplaudir, además, el cambio de rumbo de la Conselleria d’Interior, que no sufre el síndrome adolescente del amor por los antisistema de otras épocas y es contundente con los operativos contra la violencia. Finalmente, hemos aprendido que una carga policial es una acción a favor de la libertad, y no contra ella. Pero aun así, es imposible evitar que, entre miles de ciudadanos que invaden las calles para mostrar su alegría, surjan unas decenas de provocadores. Y sólo hace falta un pequeño grupo que quiera ejercer la violencia para que esta aparezca.

    Sobra decir que ahora debemos esperar que la justicia sea contundente, que paguen cada uno de los fragmentos de vidrio que han roto y que indemnicen a cada una de las personas que han herido. Pero, sobre todo, lo que es especialmente importante es que noten nuestro profundo menosprecio, el rechazo de la sociedad civilizada delante de los bárbaros. Lo señala Nietzsche cuando habla del hombre-masa, tan absorbido por la tribu que deja de ser individuo. Y eso son, hombres-masa, sin ninguna otra lógica que el instinto primario que los moviliza y la cobardía que los define.

    Pilar Rahola, en La Vanguardia

  8. #8
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    08 ene, 07
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    Predeterminado La hora del libro

    El mismo día en que el Parlament vivía un episodio vergonzoso, con un grupo de energúmenos violentando a los diputados, en el Ateneu se hacía un humilde y significativo acto. El Gremi de Llibreters otorgaba sus premios anuales, y el acto se convertía en un bonito homenaje al universo del libro. Los premiados eran la escritora Blanca Busquets, con una delicada historia entre una bisabuela y su biznieta titulada La nevada del cuco, el sorprendente David Vann con su inquietante Sukwamm island y el ilustrador Peter Schössow, con Mi primer coche era rojo. También fueron reconocidos algunos de los libreros más emblemáticos, entre otros, la famosa Jaimes o la librería Hernàndez, que ya suma más de 50 años de apertura, es decir, de pura resistencia. Y así, mientras en la calle se imponía la lógica de la irracionalidad, en el Ateneu se erigía un silente homenaje a la solitaria e irreverente costumbre de leer libros. En el pregón que tuve el honor de hacer, recordé el poema de Joan Margarit que asegura que la libertad es una librería y, de la mano de estos artífices de la libertad que son los libreros, los libros fueron los amos del acto, de la sala y del alma de los allí reunidos. Pero fuera de la tranquila bonhomía del Ateneu, la calle hervía llena de violencia y vacía de palabras, y la insólita coincidencia de ambas realidades se convertía en una sugerente metáfora de lo que estaba pasando.

    Obviamente, los motivos que transformaron una protesta ciudadana en una apología de la barbarie son múltiples, y algunos merecen una buena tesis de sociología. Entre otros, habrá que preguntarse por qué los indignados de Sol son mucho más cívicos que los nuestros, y la respuesta arraigará en el problema de una Barcelona que tiene enquistados unos grupos antisistema muy violentos, cuyo comportamiento incívico es bien conocido cada vez que hay algún acto ciudadano multitudinario. Pero, más allá de estas evidencias, creo sinceramente que hemos creado una sociedad muy frívola con hijos hipermimados hasta convertirlos en pequeños emperadores, con un desprecio suicida por el concepto de autoridad y con una educación del todo es fácil y todo es gratis que ahora resulta demoledora. Ni se ha incentivado el esfuerzo como motor de emancipación, ni se ha considerado la cultura como un objetivo social. Y así hemos ido incubando un pensamiento líquido más definido por las consignas que por las ideas y convencido de que todo lo puede exigir con la única razón del grito. Es lo mismo que creer que no hay que pagar por un libro o por una canción, o que el Estado de bienestar es inagotable, porque están seguros de que la gratuidad es revolucionaria. Esta cultura del surfing ha despreciado los libros tanto como ha abrazado las pancartas, y el resultado es el que es: toda una ideología resumida en un tuit. Es decir, puro y asfixiante simplismo.

    Pilar Rahola, en La Vanguardia

  9. #9
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    Predeterminado Orden público, Barcelona y CiU

    ¿Atravesar el desierto, enseña?

    El sábado, las patrullas de la Guardia Urbana de Barcelona empezaron a bajar al metro a buscar carteristas. La imagen sorprende por inaudita. Ver a policías patrullando por los andenes, con sus uniformes de colores negro y amarillo, no era habitual. Y, en cambio, es la forma básica de marcar territorio, igual que la forma de marcar territorio de las bandas de delincuentes es la agresividad y los insultos, gracias a la carta blanca que todavía tienen en esta ciudad que han convertido en su patio de juego.

    Observando las imágenes de los policías patrullando en el metro, la primera pregunta es: ¿cómo es que hasta ahora no les hacían bajar? ¿Cómo es que la situación se había ido degradando hasta el punto de que parecía que Barcelona era suya? Con eso no quiero decir que Barcelona ya no sea suya, porque lo es. La Urbana se ha mantenido demasiado tiempo al margen de lo que pasaba, paralizada por unos políticos cobardes y una opinión pública que consideraba de derechas plantar cara a la delincuencia. Es ese el cojín que ha permitido a los delincuentes hacerse amos de la ciudad. ¿Tan difícil era bajar al metro, por ejemplo? Ahora se ha visto que no, que se podía hacer pero no se hacía. El grado de decadencia al que llegamos con Hereu en la alcaldía y con Saura como conseller de Interior pasará a los anales de la historia. Pocas veces tantas personas con un grado de ineptitud tan elevado han ocupado lugares tan decisivos. Ya veremos qué harán los que mandan ahora. De momento han sacado los uniformes del armario. En el metro, las patrullas de los urbanos se coordinan con los mossos para distribuirse las zonas de vigilancia. También hay agentes de paisano, pero a estos no los identificamos con facilidad, porque parte esencial de su estratagema es que no se les pueda identificar con facilidad. En cambio, la estratagema de los que van uniformados es la contraria: que se les identifique para que la chusma que vive en Barcelona convencida de que esto es la Casa de Tócame Roque empiece a dudarlo.

    Otra cosa es que los convergentes consigan ir más allá de esa exhibición de uniformes. Ya los conocemos. Rudolphs Giulianis hay pocos en el mundo. Los convergentes estuvieron al frente de la Generalitat durante veintitrés años y demostraron ser muy hábiles con la táctica del capitán Araña: "¡Vamos, levantémonos e id!". No olvidemos que fueron ellos los que, cuando mandaban, en cuanto se acojonaban ante un problema se lavaban las manos y descargaban las responsabilidades en los ciudadanos con su famoso eslogan: "Depèn de tu!". Confiemos que, tras una travesía del desierto que ha durado años –y con los zapatos nuevos de la alcaldía barcelonesa–, hayan aprendido la lección y, ahora, no se caguen a las primeras de cambio y decidan regalarnos a todos un uniforme y una porra mientras nos repiten, una vez más: "Depèn de tu!".

    Quim Monzó, en La Vanguardia (exespañola)

  10. #10
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    Predeterminado Disturbios: Debilidad policial

    Las dos primeras noches de disturbios, en el norte y el sur del Gran Londres, mostraron la insuficiencia del famoso modelo policial británico en materia de orden público. Hasta la noche del miércoles, la policía se enfrentó con porras y escudos a facinerosos armados con palos y cócteles molotov, llevando las de perder. De haber tenido los agentes acceso a material antidisturbios, un mejor entrenamiento y mayor capacidad de decisión, los disturbios hubiesen sido controlados mucho antes. Pero hicieron falta decenas de policías heridos y docenas de incendios y saqueos para comprender el error. Fue sólo cuando Cameron autorizó el uso de todos los instrumentos del Estado de Derecho –desde cañones de agua a policía científica– cuando se recuperó el control de la situación en las calles.

    La tradicional prohibición a la policía británica de usar material antidisturbios –fuera al menos de Irlanda del Norte– y la restricción en armamento, que las autoridades británicas siempre han defendido como muestra de civismo y de respeto a los derechos civiles, impidieron controlar los disturbios mucho antes, forzando además a muchos ciudadanos a formar patrullas ciudadanas para defenderse de los asaltos, con las correspondientes desgracias. Policías menos armados supusieron un caos mayor, así como varios muertos entre los defensores de sus casas. Al menos cuatro perecieron al tratar de paliar por su cuenta la incapacidad policial.

    Es algo parecido a lo sucedido en Noruega, aunque allí la imprudencia tuvo consecuencias más trágicas. Y monstruosas. El pacifismo institucional que afecta al país nórdico, la confianza suicida en la cordura y en el cívico comportamiento de todos y cada uno de sus ciudadanos, y el menosprecio del impacto de la globalización en los comportamientos criminales, se mostró en la falta de reacción de la policía noruega, huérfana de los medios e instrumentos que hubiesen permitido abatir al terrorista bastante antes. Menos armas significaron más muertos. Con total probabilidad, en España, Estados Unidos o Gran Bretaña, la matanza hubiese sido menor.

    En un mundo globalizado, donde uno puede comprar armas en cualquier parte del mundo, fabricar bombas con manuales de internet, y donde la violencia se ha universalizado en espacio y forma, no tiene sentido mantener a las Fuerzas de Seguridad ancladas en el pasado y con suicidas restricciones. Amenazas específicas exigen medidas específicas y prácticas, y no romanticismos o visiones ideologizadas de la seguridad. La política antiterrorista del Reino Unido, a fuerza de dramas y sustos, es una de las mejores del mundo. Pero a la hora de enfrentarse a disturbios protagonizados por británicos de toda condición conscientes de su impunidad, la imprevisión ha sido evidente. Lo mismo que en Noruega unas semanas atrás, donde aún el criminal juega con las autoridades de Oslo, que aún repiten los dogmas progresistas sobre la excepcionalidad nórdica. En ambos casos, se ha constatado que la debilidad del Estado es la fortaleza de sus enemigos, del tipo que sean.

    por GEES, Grupo de Estudios Estratégicos, en LD.

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