España e Italia, los dos eslabones más débiles del euro, compiten cada día en unos mercados secos para poder financiarse. Pero a diferencia del verano pasado, Madrid ahora se ve obligada a pagar mucho más. ¿Qué ha ocurrido?
¿Tiene más credibilidad ahora el Gobierno de Monti?
Mario Monti es una figura muy respetada en la UE. Por su pasado como comisario, por su currículo y porque encabeza un Ejecutivo tecnocrático al que se le presupone mayor voluntad y margen de maniobra para poner en marcha las reformas necesarias. Y el propio Monti ha sido el que ha encabezado los principales roadshows por Europa, América y Asia para captar inversores, mientras que en España ese papel ha estado más repartido. En cambio, aunque Rajoy llegó con buenas credenciales, en Bruselas todavía escuece el anunció unilateral (y las formas) de que no cumpliríamos el objetivo de déficit del 6%, y nadie cree que de verdad se pueda llegar al 3% en los plazos estipulados. Además, se piensa que si bien las reformas aplicadas van en la buena dirección, son tímidas y que todavía se puede hacer mucho más. Monti ha hecho olvidar a Berlusconi en Bruselas, pero Rajoy no se ha conseguido disociar de algunos aspectos negativos de Zapatero.
¿Qué diferencias hay entre la deuda española y la italiana?
El coste de financiación para el Tesoro español es superior al del italiano, y eso pese a que la deuda pública italiana es mucho mayor. Aunque Luis de Guindos adelantó en abril que la deuda aumentará hasta el 78% del PIB en 2012, el rescate del sector financiero, todavía por concretar, podría llevar la cifra por encima del 90%. En 2011, la deuda italiana superó el 120% del PIB. Una cifra que el pasado verano llevó a la intervención del BCE en los mercados secundarios con compras masivas de bonos periféricos. En 1980, el nivel de deuda era del 55%. Y en 2007, justo antes de la crisis, del 103,6%. En España, en 2007, y tras caer durante casi una década, ascendía apenas al 36% del PIB.
¿Por qué paga España más?
Aunque el endeudamiento público sea menor, los expertos creen que los fundamentales de la economía italiana, así como su capacidad industrial y exportadora, son superiores. Y que lejos de mejorar, la situación española no deja de enfangarse. Paul Marson, jefe de inversión de Lombard Odier, recalcaba que el país transalpino era uno de los pocos que, pese a la recesión generalizada, contaba con superávit primario (sin intereses de la deuda).
¿Qué asusta a los mercados?
Lo que los mercados expresan ahora mismo son las dudas respecto a España y su capacidad de hacer frente a sus compromisos. La situación italiana es mala, con una prima de 467 puntos básicos y con la rentabilidad del bono a 10 años por encima del 6%. Y la tensión en Grecia no ayuda. Pero la gran diferencia es la incertidumbre sobre la solvencia del sistema financiero español. Los inversores, que en los últimos meses han reducido notablemente su exposición a la deuda soberana española, no parecen confiar en que el préstamo de hasta 100.000 millones de euros sea suficiente. O mejor dicho, no creen que el hecho de que se vaya a transformar deuda privada en deuda pública, sin que el riesgo se distribuya entre los socios comunitarios, sea una buena idea. Los bancos italianos han sufrido mucho, pero no están expuestos al ladrillo de forma abrumadora como aquí.
¿Qué más diferencias están penalizando a España?
El endeudamiento español es elevadísimo. La deuda privada de los sectores no financieros supera el 210% del PIB (en Italia apenas supone el 125%) , y el total del país es más del 300%. Además, el déficit español el pasado ejercicio fue del 8,9% (un 4,5 ó 5% estructural), mientras que el italiano fue del 3,9%, disminuyendo desde el 4,6% de 2010. El hecho de contar con unas cuentas públicas saneadas hace más factible, a ojos de los inversores y de las instituciones, lograr el objetivo de equilibrio presupuestario en 2013, tal y como exige, allí también, la Constitución.
¿Son las únicas razones?
No, todavía hay más diferencias más. Por ejemplo, que España, es el país con más paro de toda la UE. La tasa en abril llegaba al 24,4% en España, mientras que era de un 10,2% en Italia, una décima por debajo de la media de la Unión. La diferencia en el desempleo juvenil es igualmente significativa: un 50% en España por un poco más del 32% en Italia para los menores de 25 años. Los costes para el erario público, en forma de subsidios y de falta de ingresos, penalizan de cara al exterior. Así como la delicada situación de las CCAA, uno de los principales focos de inquietud de cara a la imprescindible consolidación fiscal.
Pablo Rodríguez Suanzes, en El Mundo




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