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  1. #101
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    08 ene, 07
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    Predeterminado Monti le gana la partida a Rajoy

    España e Italia, los dos eslabones más débiles del euro, compiten cada día en unos mercados secos para poder financiarse. Pero a diferencia del verano pasado, Madrid ahora se ve obligada a pagar mucho más. ¿Qué ha ocurrido?

    ¿Tiene más credibilidad ahora el Gobierno de Monti?
    Mario Monti es una figura muy respetada en la UE. Por su pasado como comisario, por su currículo y porque encabeza un Ejecutivo tecnocrático al que se le presupone mayor voluntad y margen de maniobra para poner en marcha las reformas necesarias. Y el propio Monti ha sido el que ha encabezado los principales roadshows por Europa, América y Asia para captar inversores, mientras que en España ese papel ha estado más repartido. En cambio, aunque Rajoy llegó con buenas credenciales, en Bruselas todavía escuece el anunció unilateral (y las formas) de que no cumpliríamos el objetivo de déficit del 6%, y nadie cree que de verdad se pueda llegar al 3% en los plazos estipulados. Además, se piensa que si bien las reformas aplicadas van en la buena dirección, son tímidas y que todavía se puede hacer mucho más. Monti ha hecho olvidar a Berlusconi en Bruselas, pero Rajoy no se ha conseguido disociar de algunos aspectos negativos de Zapatero.

    ¿Qué diferencias hay entre la deuda española y la italiana?
    El coste de financiación para el Tesoro español es superior al del italiano, y eso pese a que la deuda pública italiana es mucho mayor. Aunque Luis de Guindos adelantó en abril que la deuda aumentará hasta el 78% del PIB en 2012, el rescate del sector financiero, todavía por concretar, podría llevar la cifra por encima del 90%. En 2011, la deuda italiana superó el 120% del PIB. Una cifra que el pasado verano llevó a la intervención del BCE en los mercados secundarios con compras masivas de bonos periféricos. En 1980, el nivel de deuda era del 55%. Y en 2007, justo antes de la crisis, del 103,6%. En España, en 2007, y tras caer durante casi una década, ascendía apenas al 36% del PIB.

    ¿Por qué paga España más?
    Aunque el endeudamiento público sea menor, los expertos creen que los fundamentales de la economía italiana, así como su capacidad industrial y exportadora, son superiores. Y que lejos de mejorar, la situación española no deja de enfangarse. Paul Marson, jefe de inversión de Lombard Odier, recalcaba que el país transalpino era uno de los pocos que, pese a la recesión generalizada, contaba con superávit primario (sin intereses de la deuda).

    ¿Qué asusta a los mercados?
    Lo que los mercados expresan ahora mismo son las dudas respecto a España y su capacidad de hacer frente a sus compromisos. La situación italiana es mala, con una prima de 467 puntos básicos y con la rentabilidad del bono a 10 años por encima del 6%. Y la tensión en Grecia no ayuda. Pero la gran diferencia es la incertidumbre sobre la solvencia del sistema financiero español. Los inversores, que en los últimos meses han reducido notablemente su exposición a la deuda soberana española, no parecen confiar en que el préstamo de hasta 100.000 millones de euros sea suficiente. O mejor dicho, no creen que el hecho de que se vaya a transformar deuda privada en deuda pública, sin que el riesgo se distribuya entre los socios comunitarios, sea una buena idea. Los bancos italianos han sufrido mucho, pero no están expuestos al ladrillo de forma abrumadora como aquí.

    ¿Qué más diferencias están penalizando a España?
    El endeudamiento español es elevadísimo. La deuda privada de los sectores no financieros supera el 210% del PIB (en Italia apenas supone el 125%) , y el total del país es más del 300%. Además, el déficit español el pasado ejercicio fue del 8,9% (un 4,5 ó 5% estructural), mientras que el italiano fue del 3,9%, disminuyendo desde el 4,6% de 2010. El hecho de contar con unas cuentas públicas saneadas hace más factible, a ojos de los inversores y de las instituciones, lograr el objetivo de equilibrio presupuestario en 2013, tal y como exige, allí también, la Constitución.

    ¿Son las únicas razones?
    No, todavía hay más diferencias más. Por ejemplo, que España, es el país con más paro de toda la UE. La tasa en abril llegaba al 24,4% en España, mientras que era de un 10,2% en Italia, una décima por debajo de la media de la Unión. La diferencia en el desempleo juvenil es igualmente significativa: un 50% en España por un poco más del 32% en Italia para los menores de 25 años. Los costes para el erario público, en forma de subsidios y de falta de ingresos, penalizan de cara al exterior. Así como la delicada situación de las CCAA, uno de los principales focos de inquietud de cara a la imprescindible consolidación fiscal.

    Pablo Rodríguez Suanzes, en El Mundo

  2. #102
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    08 ene, 07
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    Predeterminado Acumulación de renuncias

    El documento elaborado por Herman Van Rompuy para esta cumbre europea ha suscitado unánimes elogios. Hacia una auténtica Unión Económica y Monetaria es, aparentemente, lo que la gran mayoría de los países de la Eurozona quieren. Y el diseño ofrecido por el alto funcionario belga avanza sobre cuatro objetivos indiscutibles: una unión bancaria, una integración fiscal, una unión económica y un marco democrático que legitime y envuelva todo esto.

    Esto, para el medio plazo, es un gran planteamiento. Pero hay asuntos mucho más acuciantes sobre la mesa. Para Italia y España, por ejemplo, la fluctuación de sus primas de riesgo -del coste de su financiación- se ha vuelto intolerable. En el caso español la situación se ha agudizado porque no se ha conseguido desvincular el riesgo bancario del soberano pese al eurocrédito de 100.000 millones. En el italiano, porque los vencimientos de la deuda italiana son descomunales y porque se ha acentuado la debilidad política de Mario Monti, contra cuyo Gobierno conspira más gente en Italia de lo que parece razonable.

    Los tres caballeros (Monti, Rajoy y Hollande) no dejan de repetir que esta cumbre es decisiva para salvar al euro. Pero Merkel se ha encastillado y no se sabe si es una posición negociadora genuina o que no percibe la gravedad de la situación. Por eso, Rajoy y Monti jugaron fuerte anoche y bloquearon el pacto por el crecimiento (con el que Berlín pretendía dar una baza a Hollande) si no se les ofrece una solución para la sostenibilidad de la deuda. Monti ya había anunciado que no se levantaría de la mesa de no existir una alternativa para frenar la prima de riesgo.

    Los dirigentes alemanes sólo han cedido en el pasado en situaciones extremas. Y normalmente lo han hecho cambiando medidas de corto plazo por compromisos sustanciales en el medio y largo plazo. Así, poco a poco, se ha ido generando un escenario donde muchos países han aceptado ceder partes importantes de su soberanía económica a cambio de soluciones urgentes, como fueron los rescates de Grecia, Irlanda y Portugal.

    Esto ha ido consolidando en la opinión pública la impresión de que el actual proceso de definición de la gobernanza económica europea no es más que la acumulación de renuncias por parte de mandatarios de países periféricos del euro que se ven desbordados por coyunturas económicas que no consiguen dominar y donde los que tienen la sartén por el mango son los alemanes. Anoche, Italia y España plantearon un pulso como no se recordaba en mucho tiempo. Quizás porque la situación de ambos países es límite.

    john.muller@elmundo.es

  3. #103
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    08 ene, 07
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    Predeterminado El abismo salvó otra vez a Europa

    La batalla europea se ha saldado con un nuevo impulso al euro. La ruptura de la moneda única, como acertadamente apuntó el presidente de la AEB, Miguel Martín, no sólo era posible, sino «probable». Pues bien, esa angustia que producía un escenario de colapso del proyecto europeo, más justificada que nunca, se alivió en la madrugada del viernes gracias a un órdago conjunto de Mariano Rajoy y Mario Monti, interesadamente escoltados por François Hollande.
    Como siempre, detrás de las escaramuzas europeas hay una batalla de poder. Merkel vio en la crisis de la deuda de España y de Italia una oportunidad para avanzar en la unión bancaria y fiscal. Lo que significaba una cesión de soberanía sin precedentes en la historia de la Unión Europea.

    En resumidas cuentas: Merkel estaba dispuesta a ayudar sólo si se daba ese paso importante, que, por su peso específico, daría a Alemania una capacidad sustancial para dictar la política económica de la zona euro. Ese paso, a su vez, le permitiría vender internamente como un triunfo los acuerdos logrados en el Consejo Europeo y calmar, de paso, a sus díscolos socios liberales.
    El problema para dar ese paso no eran ni Italia ni España. Rajoy, a sabiendas de lo que estaba en juego, se había adelantado días antes al señalar que su propuesta para Europa se concretaba en avanzar en la unión bancaria y fiscal. Algo agradable a los oídos de Merkel.

    Por su parte, Monti no sólo carecía de margen de maniobra para oponerse a ese diktat, sino que él forma parte y es el fruto más genuino de esa política.

    El problema para que las tesis de Merkel se impusieran sin oposición, por tanto, no provenía de los países necesitados de ayuda, sino de Francia, segunda potencia de la UE, orgullosa de su soberanía nacional y presidida por un socialdemócrata deseoso de marcar un nuevo rumbo en Europa.
    Ese obstáculo al acuerdo se palpó abiertamente en la reunión de ministros de Economía y asesores económicos de los presidentes y jefes de Estado que tuvo lugar en París en la noche del miércoles y que reunió a las cuatro grandes potencias: Alemania, Francia, Italia y España.

    Allí se vio claramente que Wolfgang Schäuble estaba dispuesto a ceder en peticiones clave para los países afectados por la crisis de la deuda soberana. Los representantes españoles, de hecho, regresaron a Madrid con la sensación de que Alemania cedería en dos cosas a las que Merkel había dicho explícitamente «no»: la capitalización directa de los bancos a través del Fondo de Estabilidad Financiera o del Mede y la eliminación de la cláusula que da al mecanismo permanente prioridad en el cobro de la deuda.
    La incógnita era si la oposición mostrada esa noche por Moscovici, el ministro de Finanzas francés, a la unión fiscal, que suponía el establecimiento de una autoridad europea con capacidad para vetar los presupuestos nacionales, era una posición táctica o era un principio irrenunciable marcado directamente por Hollande.

    De hecho, se pensó que, como el presidente francés ya había logrado imponer el plan de crecimiento con un fondo de 120.000 millones de euros (bien es verdad que con la mayoría del dinero recolectado de otras partidas no gastadas o cubierto con créditos del BEI), podría estar dispuesto a ceder algo en la unión fiscal, aunque sólo fuera como una propuesta a desarrollar con plazos alejados en el tiempo.

    Sin embargo, la cumbre europea que comenzó el jueves por la tarde en Bruselas demostró que ni Hollande estaba dispuesto a entrar en el juego de la cesión de soberanía, ni Merkel iba a dar a España e Italia lo que querían sin obtener el triunfo político que la canciller pretendía llevarse a Berlín, casi con la misma seguridad con la que su selección de fútbol esperaba ganar este año la Eurocopa.
    Pero Monti es perro viejo en las intrigas de Bruselas. Así que, antes de que se diera el visto bueno al plan de crecimiento que Hollande ya tenía en el bolsillo, vetó junto a Rajoy el acuerdo. Y fue aún más lejos al amenazar con su dimisión. Lo cual era como decirle a Merkel: «Si yo, que he sido una creación tuya, muero, tu también morirás conmigo».
    Es decir, que la canciller tenía que hacer frente no sólo a un bloqueo que hubiera abocado al euro a una casi segura ruptura, sino a una crisis política sin precedentes en Italia.
    Fue entonces cuando Hollande apretó el acelerador y se puso del lado de los necesitados. No sólo para lograr desbloquear la propuesta que le permite vender el resultado de la cumbre como éxito de sus políticas, sino porque ese movimiento le proporciona un capacidad de maniobra que Sarkozy había perdido. Curiosa y paradójicamente, el líder socialista francés se convertía así en defensor de la causa de dos conservadores empedernidos como son Monti y Rajoy.
    La habilidad del presidente español en este trascendental lance ha consistido en acertar con las alianzas. Rajoy era consciente, desde la reunión del Eurogrupo en la que se concedió a España el crédito de 100.000 millones para sanear a la banca, de dos cosas fundamentales: que los problemas de Italia y de España eran muy similares y que, por tanto, había que negociar codo con codo; y, en segundo lugar, que Schäuble nunca iba a jugar a la ruptura del euro y que, al final, en los momentos difíciles siempre se podría contar con él como un aliado más.

    En el fondo, no lo olvidemos, Alemania ha dado un paso fundamental en sus aspiraciones al lograr el pacto para crear un supervisor europeo dependiente del BCE.

    Aunque ésa es una batalla que dará todavía mucho que hablar. No sólo por la oposición frontal del Reino Unido, sino porque muchos países querrán mantener el control sobre sus bancos no sistémicos e incluso porque los bancos regionales alemanes se niegan a aceptar un control que no sea el del propio lander.

    El euro salió vivo de Bruselas, pero aún le quedan muchos obstáculos por salvar.
    Siga a Casimiro García-Abadillo en Twitter: garcía_abadillo

    casimiro.g.abadillo@elmundo.es

  4. #104
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    08 ene, 07
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    Predeterminado Firmeza frente a la rebelión

    Andalucía y Cataluña no parecen querer entender que la crisis fiscal española es a las autonomías lo que la caída del muro de Berlín a los países del telón de acero. La crisis ha puesto de manifiesto que el modelo, tal y como está concebido, ya no es sostenible en términos financieros. Dicho de otra forma, el dinero se ha acabado y ya no se puede seguir financiando las políticas nacionalistas, la intervención del sector público autonómico en todas las esferas de la vida de la región, las políticas para llenar artificialmente la función pública autonómica de efectivos afines al partido o a los sindicatos y demás excesos en materia de gasto cometidos por los gobiernos regionales, en especial por los de la Generalidad y la Junta de Andalucía.

    Solo hay dinero para financiar los servicios públicos esenciales y punto. Por ello, la rebelión de ambas comunidades contra el Gobierno de la Nación, como consecuencia de su negativa a querer asumir los ajustes presupuestarios que éste, en buena lógica, quiere imponer a todas las autonomías para salir de una vez por todas de la crisis, no va a ir a ninguna parte.

    Por supuesto, los andaluces no quieren asumir las consecuencias del ajuste, que significa el despido de cientos de personas contratadas a dedo solo por razones ideológicas o de proximidad a los gobernantes andaluces, de la misma forma que los catalanes no quieren poner fin a unas políticas de corte nacionalista que ya no pueden financiar. En el caso de Andalucía, además, esta región quiere jugar nuevamente el papel de oposición frontal al Gobierno nacional del PP, como ya hizo en tiempos de Aznar.

    Pero de lo que no se dan cuenta, o no se quieren dar cuenta, es de que el Ejecutivo nacional tiene la sartén por el mango. Ambas comunidades están en quiebra y necesitan de la ayuda del fondo de liquidez autonómico para poder pagar sus facturas. Si no quieren asumir los objetivos en materia de déficit que propone el Gobierno de la Nación, éste no tiene más que cerrar el grifo y se acabó, porque nadie en los mercados va a querer adquirir deuda pública catalana o andaluza.

    Y eso es lo que debe hacer el Ejecutivo.

    Cuando España se juega lo que se está jugando en estos momentos, el Gobierno de Rajoy no puede admitir la menor deslealtad institucional porque entonces desaparecería la poca confianza que todavía hay en la economía española y ésta se vería irremisiblemente abocada a la quiebra. Andaluces y catalanes, por tanto, deben comprender que, les guste o no, ellos no pueden tener objetivos fiscales diferentes de los del Gobierno nacional, porque esos objetivos son los que hay que cumplir para evitar la quiebra del país y para que la Unión Europea continúe ayudándonos a eludir semejante posibilidad. Aquí no caben excepciones, porque si se hacen con Cataluña y Andalucía, las demás autonomías van a pedir el mismo trato, con lo cual estaríamos abocados a la catástrofe económica como país.

    El Gobierno, por ello, no solo debe negar el acceso al fondo de liquidez a quien rechace los objetivos de déficit que marque, es que debe proceder a la intervención de dicha autonomía con todas las consecuencias, porque lo que nos jugamos es mucho. Después, el que quiera, que haga todo el victimismo que le plazca.

    Emilio J. González, en LD

  5. #105
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    08 ene, 07
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    Predeterminado Oxígeno para Rajoy

    La decisión del BCE de establecer un mecanismo reglado para la compra de deuda de los «países periféricos», fundamentalmente España e Italia, desató ayer la alegría de los mercados. La prima de riesgo bajó a 449 puntos y el Ibex ganó un 4,9%.

    Esto ya lo hemos visto otras veces (por ejemplo, tras el último Consejo Europeo o tras el acuerdo para facilitar un crédito de 100.000 millones a la banca), así que no conviene echar las campanas al vuelo.
    Sin duda, lo más importante de ayer es que tanto Merkel, en su encuentro con Rajoy, como Draghi, tras la reunión del BCE, reafirmaron que el euro es un proyecto «irreversible». Es decir, que despejaron las dudas, cada vez más extendidas, de que la Unión Europea podía romperse en favor de una Europa a dos velocidades.
    Esa seguridad, así como el establecimiento por parte del BCE del sistema para rebajar el coste de financiación de España y de Italia, relajará un tiempo la tensión en los mercados.
    Lo que acordó ayer el consejo del BCE (con la relevante oposición del presidente del Bundesbank, Jens Weidmann) es que la compra de deuda, con plazos de hasta tres años, en el mercado secundario se hará siempre tras la petición formal del país que lo necesite al Fondo de Rescate o al Mede de un rescate, que exigirá «estrictas condiciones».

    Es decir, no habrá en ningún caso compra de deuda sin rescate. Y, aunque nunca será un rescate como el de Grecia, Portugal o Irlanda, conllevará duras condiciones macroeconómicas, ligadas al cumplimiento del déficit público.
    Con el acuerdo del BCE y las palabras de apoyo de Merkel a las reformas emprendidas, Rajoy gana tiempo.

    El presidente del Gobierno confía en que el efecto combinado de la disipación de las dudas sobre el euro y el cumplimiento de sus planes le evite tener que pedir ayuda al BCE y, por tanto, la humillación de reclamar formalmente el rescate.

    Los datos de ejecución presupuestaria hasta el mes de julio ponen las cosas muy difíciles al Gobierno y convierten en una tarea casi imposible el cumplimiento del objetivo del 6,3% de déficit para este año. Pero esa será la vara por la que nos van a medir los mercados.

    Si la subida del IVA da el resultado previsto, se controlan los gastos de las autonomías y se frena la destrucción de empleo, las cuentas públicas podrían mejorar de aquí a final de año. La jugada de Rajoy consiste en utilizar el balón de oxígeno que le ha proporcionado el BCE para que los ajustes comiencen a dar frutos. Sólo en ese escenario se podría evitar un rescate.

    Pero si el Gobierno no logra dominar el caballo desbocado del déficit, Rajoy habrá logrado retrasar los sacrificios que implicará la solicitud formal de la ayuda, al menos, hasta después de la doble cita electoral del 21 de octubre en Galicia y el País Vasco.

    La pelota, como dijo la canciller alemana, está en el tejado español. El Gobierno ya no podrá culpar a otros de sus errores.

    Casimiro García-Abadillo, en El Mundo

  6. #106
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    08 ene, 07
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    Predeterminado ¿Esta especulación sí que nos gusta?

    Desde que el pasado 26 de julio Draghi anunció que haría "todo lo necesario" para salvar la Eurozona, la prima de riesgo española ha caído más de 200 puntos; una reducción que se ha vuelto más acusada desde este jueves, cuando el presidente del monopolio europeo sobre la emisión de dinero formalizó las condiciones del rescate a la economía española: que Rajoy suscriba un Memorándum de Entendimiento dirigido a solucionar los crecientes problemas de solvencia de nuestra economía.

    Si la prima ha caído 200 puntos en mes y medio no es ni por Rajoy, ni por Zapatero ni por Rubalcaba, sino por Draghi. Mas, en puridad, Draghi todavía no ha hecho nada: sólo insinuó (hasta este jueves) o avanzó (a partir del jueves) lo que tiene pensado hacer en caso de que nuestro Gobierno pida el rescate. Pero nuestro Gobierno todavía no lo ha solicitado, de modo que apenas asistimos a una acumulación de rumores, suposiciones, creencias y apuestas sobre nuestro futuro que ni mucho menos tendría por qué llegar a materializarse en abundantes monetizaciones de deuda por parte del BCE. Esto es, apenas asistimos ante un torrente de especulaciones sobre nuestro futuro, torrente que, justamente, está provocando una reducción tan intensa de los tipos de interés de nuestra deuda.

    ¡La especulación! Sí, esa malévola actividad realizada por pérfidos señores con cuernos (los especuladores) que hasta hace unos días demonizábamos, o incluso proponíamos proscribir, pero que ahora recibimos entusiasmados como la bendición que nos permitirá seguir extendiendo nuestro insostenible endeudamiento durante unos meses o años más. Veremos cuánto tarda en fastidiarse está nueva bacanal burbujística, pero merece la pena constatar ese hipócrita doble discurso que caracteriza como buena la especulación que nos beneficia y como mala aquella que nos perjudica. Miope discurso que confunde las ganancias personales a corto plazo con la adecuada coordinación económica y social a largo plazo. Para los propietarios de viviendas o de acciones de Terra, los movimientos especulativos sobre los inmuebles o sobre los valores eran buenos, pese a que promovieran una pésima asignación de capital.

    Lo mismo acaece ahora, cuando el BCE da más cuerda a un Gobierno manirroto para que continúe gastando muchísimo más de lo que ingresa. Si los problemas fundamentales de nuestra economía –que no son de falta de liquidez, sino de solvencia– no se solucionan –para lo que necesitamos de austeridad pública y de liberalización privada–, Draghi sólo estará dándonos cuerda para la horca.

    Al final, sucede que la especulación sólo será buena en tanto anticipe correctamente el futuro y sólo será mala en tanto se equivoque. Por fortuna, los especuladores, como grupo, ganarán cuando acierten y perderán notablemente cuando se equivoquen. Con este anuncio de monetización ilimitada de deuda, el BCE sólo ha alentado una masiva especulación alcista sobre nuestra deuda. ¿Es una especulación en la dirección adecuada? Si Rajoy persiste en su torcida política a favor del Hiperestado y la microsociedad, si no da un giro copernicano a su desastrosa gestión, entonces podemos asegurar que no, que el BCE sólo está impulsando una mala especulación distorsionadora que agravará muy intensamente nuestra crisis. ¿Y va Rajoy a rectificar? ¿Por qué motivo debería hacerlo? ¿Por el Memorándum de Entendimiento que le obligarán a suscribir? ¿Ese mismo que firmó Grecia?

    Juan Ramón Rallo, en LibertadDigital.com

  7. #107
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    08 ene, 07
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    Predeterminado Deuda perpetua

    En su libro This time is different, Reinhart y Rogoff demostraron que una deuda pública por encima del 90% del PIB es una pesadilla para el crecimiento económico. En España lo hemos comprobado en los Presupuestos de 2013, donde los intereses de nuestra deuda (38.000 millones) ya equivalen a dos veces la recaudación prevista por el Impuesto de Sociedades (19.000 millones).

    Hay seis países de la Eurozona cuya deuda pública superará el 100% de su PIB en 2013 según las estimaciones de la OCDE: Bélgica. Francia, Grecia, Irlanda, Italia y Portugal. De hecho, el promedio de deuda pública del euro será del 99,9% y se prevé que España cruce la fatídica línea del 90% durante este curso.

    Pero es en Grecia donde la deuda pública -que alcanzará el 173% de su PIB en 2013- es una verdadera amenaza. Las tensiones de los últimos días se deben al enfrentamiento entre el FMI y el Eurogrupo sobre una eventual quita. El FMI aboga por un perdón, mientras los países del euro no lo ven tan claro. La tesis del organismo internacional era previsible, entre otras cosas porque Rogoff y Reinhart han trabajado durante años en el FMI (sobre todo ésta última) y es con su base de datos con la que elaboraron el libro.

    Una posibilidad que quizás vuelva a considerarse es que Grecia declare toda o parte de su deuda como perpetua. Esto no ha sido raro en el pasado. España y otros países lo han hecho en varias ocasiones en su historia. Se trata de pagar sólo los intereses sin amortizar el capital principal. Las famosas obligaciones preferentes emitidas por bancos, cajas y grandes empresas españolas son una forma bien conocida de deuda perpetua.

    Las posibilidades técnicas en torno a esta idea son enormes. Se puede convertir en perpetua todo o parte de la deuda griega. Esta podría quedar en manos de los Estados prestamistas o del BCE. Lo importante es que Grecia pueda liberar recursos suficientes para estabilizar su economía, aunque probablemente tenga que pagar intereses más altos.

    Recientemente Juan Ignacio Crespo proponía en este periódico un sistema que beneficiaría a los países que alcanzaran sus objetivos de déficit con el fin de que no incrementaran el peso de su deuda pública. Los países cumplidores emitirían deuda perpetua con un interés simbólico que sería adquirida por el BCE. Esto les daría un respiro durante unos años en los que sólo tendrían que preocuparse de refinanciar los vencimientos de la deuda anterior.
    El gran problema europeo sigue siendo su excesivo endeudamiento, asociado en unos casos al déficit fiscal. Resulta increíble que desde que empezó la crisis, una de las zonas con más bienestar del planeta siga drenando recursos de regiones menos favorecidas para cubrir sus errores.

    john.muller@elmundo.es

  8. #108
    Fecha de Ingreso
    08 ene, 07
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    Predeterminado La bomba de tiempo

    Sorprende la parsimonia de Mario Draghi para sostener la bomba de tiempo en que se ha convertido la moneda única. Ayer ni se inmutó con las diversas preguntas sobre los diferenciales de la prima de riesgo. A Draghi, que el coste de un mero aval bancario en Madrid sea igual al de un crédito en Berlín (2,5%) no le inmuta. Más aún, dijo que el mero anuncio de que el BCE intervendrá si un país pide oficialmente rescate, había hecho bajar las primas más de 200 puntos básicos. Esa es la cifra mágica a partir de la cual el diferencial del coste de financiación provoca «una distorsión inaceptable en la competencia en los mercados monetarios», como le han dicho sus técnicos. Es decir, que él está conforme y tranquilo con lo hecho.

    Pero no se puede ocultar que hay problemas con la transmisión de la política monetaria a todos los rincones del euro y no todos se deben al riesgo político que plantean los diferentes gobiernos. Hay distorsiones que van a tener consecuencias que ahora mismo no somos capaces de prever, porque el euro es una zona monetaria en construcción. Draghi, de hecho, sólo ha suprimido los temores sobre la irreversibilidad del euro.

    La situación de España es el tercer o cuarto problema del euro. Mucho antes están Grecia, Portugal e Irlanda. Aún no sabemos cómo se va a evitar que una economía muerta, como la griega, acabe necrosando parte o la totalidad de la moneda única.

    Y en Alemania, tierra de gente ahorradora, se están comportando como unos irresponsables latinos. Su Gobierno se financia generosamente con tipos de interés negativos, tal como pasaba en España entre 2002 y 2006 cuando durante 49 meses tuvimos tipos negativos debido a que nuestra inflación superaba los tipos oficiales.

    Este fenómeno subvierte creencias muy queridas por los alemanes, como que es bueno y positivo ahorrar. Desconozco si la prensa germana le ha informado a su público que en estas condiciones, guardar el dinero en el banco no es seguro, que lo que tienen que hacer es correr a su entidad a pedir créditos, porque al final los tipos negativos significan que te pagan por pedir prestado. Como nos sucedió a nosotros, los tipos de interés acabarán teniendo efectos perversos en la economía alemana porque se trata de un incentivo equivocado.

    Algo no debe estar funcionando correctamente dentro de la Eurozona si se permite un arbitraje tan elemental como que alguien pueda ir a Alemania a pedir un crédito barato para adquirir unos bienes que están bajando de precio en España o Italia. Un arbitraje que sólo puede verse entorpecido por normas comerciales, ya que supuestamente en la UE hay irrestricta libertad de movimiento de capitales y personas.

    john.muller@elmundo.es

  9. #109
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    08 ene, 07
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    Predeterminado El fin de un sueño

    Chipre ha cruzado una línea roja: más allá de ella está el abismo y ese abismo engullirá Europa. Se veía venir y, por fin, ha sucedido. Una mancha de chapapote se extiende desde el Egeo hasta el Atlántico. En ella nos ahogaremos todos.

    No escuchen a los políticos. Una de dos: o mienten a sabiendas de que lo hacen, o son unos incompetentes a los que deberíamos dar boleta como lo hacen con sus subalternos los jefazos de Mad men. Cojan sus cosas, métanlas en una caja de cartón y salgan por esa puerta. Conque en la Unión Europea nunca tendríamos un corralito, ¿eh? Pues aquí lo tienen. ¡Y si sólo fuera eso! Robar, desde que el mundo es mundo, consiste en apropiarse de lo ajeno. Cientos de miles de chipriotas (o de rusos… ¡Qué más da!) trabajan a lo largo de sus vidas, meten los ahorros en un banco que se los garantiza, el Estado también lo hace, es dinero legal, por él han pagado los impuestos pertinentes, son en su mayor parte depósitos que generan determinados intereses, éstos también pasan por las taquillas del fisco…

    Y de pronto, porque así lo deciden los carteristas de Bruselas y los peristas del gobierno local, irrumpen pistola en mano los leguleyos de esas dos bandas delictivas y arramblan con un buen pellizco del patrimonio ajeno para gastárselo en lo que les da la gana: cochazos, sobresueldos, asesores, cacerías, amiguismos, bullipolleces, subvenciones, corrupciones, vacaciones, intervenciones militares, aeropuertos de Almodóvar, autonomías, gollerías… ¡Oh, la razón de Estado entendida como patente de corso! ¿Corralito, dije? Pues dije mal, porque tendría que haber dicho doble o triple imposición, confiscación y atraco con alevosía: la de hacerlo en fin de semana para que los legítimos propietarios del botín no se percaten del robo hasta el lunes, cuando ya sea demasiado tarde para atrapar a los ladrones.

    No soy amigo del 15-M ni de la doctrina Colau, pero sí lo soy de la defensa propia. Si un caco me asalta por la calle, tengo derecho a largarle un rodillazo en los mismísimos. ¡Échense a la calle los chipriotas, ocupen el Parlamento, defenestren a sus señorías, asalten los bancos, fuercen sus cajas blindadas, tomen la Bastilla y encierren en ella a los garduños! ¡Ah! Y, si todavía están a tiempo, llévense el dinero a su colchón o, legalmente, a cualquier país que no ejerza de plañidera en el funeral de Europa. Las campanas de Bruselas están doblando por usted, amigo. Coja lo suyo y corra.

    Fernando Sánchez Dragó, en El Mundo

  10. #110
    Fecha de Ingreso
    08 ene, 07
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    Predeterminado La culpa es de Merkel

    De esta última crisis del euro, la culpa no es de los chipriotas, es de Angela Merkel y de su Gobierno, y no perdáis tiempo buscando explicaciones.

    La culpa no es de un sector bancario hipertrofiado que llegó a poseer 128.000 millones en activos en un país con un PIB de 17.000 millones, es de Merkel. La culpa no es de unos bancos que aceptaron sin mirar 21.000 millones de oligarcas rusos y otro tanto de millonarios árabes (de difícil justificación) sin hacer preguntas, como advirtió el servicio secreto alemán en noviembre. Ellos practican International Personal Banking y «optimización fiscal» y Merkel, en cambio, es de moral protestante. Ni siquiera la culpa es de los managers que invirtieron el 50% -sí, el 50%- en bonos griegos por patriotismo (Chipre es medio griego) aunque sabían que se arriesgaban a perderlo todo. No, es de Merkel. La culpa no es de Sigmar Gabriel, el simpático líder socialdemócrata alemán, que le cortó toda retirada a la canciller: «No puedo imaginarme al contribuyente alemán salvando a unos bancos chipriotas cuyo modelo de negocio está basado en permitir la evasión fiscal». La culpa entera, claro, es de Merkel. Tampoco es del patético ex presidente chipriota, el comunista Dimitris Christofias, un autócrata formado en el Komsomol soviético (quizá de allí tantas cuentas rusas), que ni siquiera consultaba a sus ministros, al parlamento o al banco central. The Guardian, un diario nada sospechoso de animadversión, le acusó en diciembre de conducir al país «a un lamentable estado». Christofias fue el que se obcecó en mantener en su puerto el barco con explosivos para Hezbolá que estalló en 2011 y voló la única planta eléctrica del país. También respaldó al presidente de uno de los dos grandes bancos, el Marfin Laiki, cuando éste trasladó su sede a Grecia pese a la oposición del banco central. Su última tontería fue no negociar que su banca se integrara con la griega cuando se decidió la famosa quita. Ahí, este genio de la economía, hundió al país. Pero no, la culpa es de Merkel. Tampoco parece que la responsabilidad sea del flamante sucesor, Nicos Anastasiadis, un dirigente débil que juega a eso de «culpar a Europa de lo que tengo que hacer». Anastasiadis se apoya en medias verdades para esquilmar los depósitos de su pueblo en vez de empezar por facturar a los accionistas y acreedores de los bancos. Pero claro, eso supondría acabar con el chollo de sistema financiero que han creado y del que esperan seguir viviendo. Schäuble le recordó ayer que no es idea alemana el atraco a los depositantes. Pero no, la culpa es de Merkel. Y es de Merkel, también, por permitir que el tal Anastadiadis juegue con el prestigio de la zona euro ahora como antes hizo Papandreu. Y porque hace cuatro años no se puso firme y vetó el ingreso de Chipre en la moneda única. Porque se dejó engañar con la certificación de la OCDE de que se cumplían 40 directivas antiblanqueo. Y de paso de ChristineLagarde, del FMI, que la ha apoyado. ¿Os acordáis quien entregó al ministro griego la lista de evasores fiscales, aquélla que se perdió? ¡Qué no sabrá Lagarde de la banca chipriota!

    Pero no, la culpa es de Merkel. Y es mejor que lo sea porque cualquier otra consideración nos deja desnudos ante nuestra propia inopia.

    john.muller@elmundo.es

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