El cóctel más amargo para la economía española es el 'Dry market', el mercado seco de la financiación exterior. Sobre todo porque sigue siendo agitado y no mezclado.
«Los mercados han desaparecido y tenemos un problema», dijo ayer Javier Aríztegui, subgobernador del Banco de España en una comisión del Congreso que no se sabe por qué los parlamentarios exigieron que se desarrollara a puerta cerrada.
A Aríztegui parece preocuparle más la liquidez que la solvencia de las cajas de ahorros (él comparecía en su calidad de presidente del Frob, el órgano que debe costear la reestructuración del sector) y no le falta razón. Apenas unas horas antes, un banquero de los grandes utilizaba casi las mismas palabras de Aríztegui: «Los mercados se secaron para España la primera semana de mayo».
Los grandes bancos creen que pueden aguantar entre 12 y 20 meses en situación de sequía financiera
Y la sequía fue para todos. Para los bancos y para las empresas. La razón de este súbito cierre fue el famoso riesgo país. Mi interlocutor cree que la pérdida de credibilidad provocada por la famosa rectificación de Elena Salgado sobre el retraso de la edad de las pensiones fue crucial. Desde ese momento, cada conversación con inversionistas se convirtió en un calvario en el que había que dedicar media hora a convencer a los extranjeros de que España honraría sus compromisos.
La primera semana de mayo el flujo de dinero privado hacia España se cortó. Precisamente el Banco Central Europeo estaba discutiendo en aquellos días cómo iba a retirar las medidas extraordinarias de liquidez en vigor desde comienzos de 2009 cuando el mercado interbancario se vio estrangulado, al igual que sucedió en 2008 tras la quiebra de Lehman Brothers.
De esa experiencia, la banca española aprendió que debe contar con un 'plan B'. Ahora, los grandes bancos pueden resistir hasta 20 meses en el mejor de los casos en situación de estrés financiero. La mayoría de las entidades pueden aguantar con sus propios recursos hasta 12 meses con el interbancario seco. El escenario no es el mismo en las cajas de ahorros, donde su capacidad de captar recursos es limitada.
Ahora el BCE ha vuelto a abrir el grifo y en mayo los bancos españoles se llevaron el 16,5% del dinero prestado, 85.618 millones.
¿Cuánto tiempo se prolongará esta situación? Nadie lo sabe a ciencia cierta. La banca griega lleva un año sin recibir dinero. Francia teme que lo ocurrido en España se contagie a sus entidades. Y quien dice Francia dice el Reino Unido.
Como ya ocurrió en 2008, la falta de liquidez provocará que se arrase el tejido empresarial, un aumento de la destrucción de empleo y un empeoramiento de los indicadores. No sería raro que este mes de sequía monetaria que llevamos viviendo tenga además un severo impacto fiscal. Los bancos, de momento, se dedican a cuidar el dinero, a prestar sólo los recursos que captan de sus clientes, y esas cantidades no permiten alegrías. Ni siquiera a pensar en 'brotes verdes'. Al Tesoro quizás le baste con pagar un 40% más para financiarse, como ocurrió ayer, pero el problema está en la economía real.
john.muller@elmundo.es
Publicado el Miércoles, 16 de junio de 2010




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