Día tras día, el comisario europeo Joaquín Almunia ha comenzado a marcar las condiciones del eurocrédito destinado a rescatar a la banca española. El martes dijo que el tipo de interés que se aplicará a los préstamos a las entidades rondará el 8,5%, una tasa casi prohibitiva que hará que éstas se lo piensen mucho antes de acudir al dinero público para resolver sus problemas.
Ayer añadió que si hay bancos cuyo cierre resulte más rentable que su saneamiento, deberán ser liquidados, siempre que no se trate de organizaciones sistémicas, como es el caso de Bankia, que está en vías de nacionalización. Y precisó que, según las intenciones de las autoridades españolas, una de las tres entidades actualmente nacionalizadas (Novagalicia Banco, Catalunya Banc y Banco de Valencia) «está encaminada a la liquidación».
El secretario de Estado de Economía, Fernando Jiménez Latorre, desmintió que el Gobierno español tenga esa intención y dijo que la liquidación «no es una hipótesis probable». Otro portavoz gubernamental salió más tarde para recalcar enfáticamente lo mismo.
No se entiende el empeño del Gobierno por desvirtuar una de las soluciones más lógicas posibles para el sector financiero. Lo único que justifica la intervención del Estado para rescatar al sector financiero en vez de salvar a otros sectores de la economía es el carácter sistémico de algunas entidades. Pero no todas lo son. ¿Por qué ha de salvarse a Novagalicia Banco y no a cualquier factoría, comercio o empresa que haya cerrado en Vigo o Pontevedra?
O el Ministerio de Economía asume de antemano que todos los bancos son sistémicos (que no lo son) o está evitando aplicar las soluciones que señala el mercado que suelen ser las más eficaces y baratas para el contribuyente.
Que Novagalicia Banco, Catalunya Banc y Banco de Valencia sean los tres bancos que tras todo el proceso de fusiones han quedado en manos del Estado es un indicador que no se puede despreciar. La selección natural y sus propios errores, filias y fobias, las han conducido a esa situación. Por tamaño y por la gravedad de los problemas que arrastra, Banco de Valencia, con 12.000 millones de euros en depósitos, podría ser perfectamente objeto de liquidación. La entidad quedó devastada por la actuación de Domingo Parra y Aurelio Izquierdo. En Valencia se cuentan historias truculentas de la etapa de Parra y, en el informe que el Frob ha remitido a la Audiencia Nacional, el organismo ha apreciado indicios de delito en la actuación de los gestores.
Pero el Gobierno no debería negarse a estudiar la factibilidad de liquidar Novagalicia y Catalunya Banc. Sería una mínima concesión al libre mercado en un sector extremadamente regulado y, a veces, chapuceramente intervenido.
john.muller@elmundo.es




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