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  1. #1
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    10 oct, 08
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    Predeterminado época de desaceleración económica y desempleo

    Sabes en época de desaceleración económica y desempleo, Tecnoforex pensó en ti; presenta un negocio en red (Multinivel); dando las garantías necesarias y la transparencia que ustedes necesitan.
    Es por eso que Tecnoforex anuncio la apertura del nivel 1 de su sistema multinivel Tecnoforex, pero a la vez está por cerrar su nivel 0 y los usuarios que quieran inscribirse en dicho nivel podrán hacerlo con o sin referidos y con un monto mínimo de $100, en cuanto cierre el nivel 0 los usuarios que no lograron inscribirse y quieran hacerlo en el nivel 1 tendrán que buscar un afiliado para que se escriba como referido, ya que no podrán hacerlo si no cuentan con uno, y también tendrán que pagar el monto de $100, el nivel 0 cerrara el día lunes 13 de este mes.
    http://mlm.tecnoforex.com/users/index

  2. #2
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    10 oct, 08
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    Predeterminado por que es rentable?

    y por que me garantiza usted que tecnoforex es algo rentable ?

  3. #3
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    06 dic, 07
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    Predeterminado

    Lo que queda claro es que resulta rentable para vosotros.

  4. #4
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    08 ene, 07
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    Predeterminado Mala época pero, no, la culpa no es del euro

    Ahora que arrecian las críticas contra la moneda única europea, hasta el punto de que se la eleva a responsable última de la crisis económica, conviene no dejarse engañar por los verdaderos responsables del entuerto, que andan como locos buscando víctimas propiciatorias.

    No voy a defender el euro porque sea una divisa que me agrade, al fin y al cabo se trata de dinero fiduciario de curso forzoso, una aberración que debería resultar inaceptable para todo liberal y buen economista. No: si voy a defender al euro es porque se le critica por dificultar políticas inflacionistas de las que acaban siempre hundiendo las economías que las implementan. En otras palabras: si voy a defender al euro es porque quienes lo critican pretenden sustituirlo por algo mucho peor.

    Para empezar, deberíamos ser moderadamente escépticos con la afirmación de que si España o Grecia no hubiesen entrado en la moneda única habrían recibido menos crédito externo, con lo que quizá hubieran padecido una burbuja inmobiliaria de menor entidad y ahora no tendrían déficits públicos tan abultados. Los casos de Islandia, Hungría y Letonia demuestran que las expansiones crediticias tienden a extenderse a todos los países que demandan crédito, por lo que durante un tiempo resulta poco relevante el riesgo de cambio (cuando todos los sistemas bancarios inflan su crédito, el valor de las respectivas divisas puede parecer falsamente estable). Es muy probable que, aun estando España fuera de la moneda única, sus bancos se hubiesen endeudado en euros para conceder hipotecas a bajísimos tipos de interés en pesetas, o, más simple, que hubiesen concedido directamente hipotecas multidivisas en euros.

    Pero no querría centrar la discusión en si a España o a Grecia les habría ido mejor a principios de la década si hubiesen estado fuera del euro. Mi intención es responder a todos aquellos que apuntan a que la crisis europea se ve agravada por el hecho de la existencia de una moneda común gestionada por un banco central (cada vez menos) independiente y que implica un sistema de tipos de cambio fijos entre países.

    ¿Realmente resultan estas condiciones monetarias tan catastróficas para la recuperación?

    No. De hecho, ese marco institucional facilita el cálculo económico, la iniciativa empresarial y, sobre todo, el ahorro a largo plazo. Cuando el valor del dinero es más o menos estable, los agentes económicos pueden concentrar sus esfuerzos, no en protegerse contra el envilecimiento de la moneda, sino en, por ejemplo, servir más eficientemente a los consumidores. Entonces, ¿cuáles son los problemas que conlleva el euro, en opinión de sus críticos? Sólo uno: que no se puede emplear la inflación monetaria como mecanismo rápido y sencillón para solucionar los problemas particulares de cada economía.

    Piensen en un país con problemas de competitividad exterior. Sus industrias menos competitivas deberían reorganizarse para reducir los precios o para ofrecer productos más valiosos. La solución de los inflacionistas es más simple: depreciar el tipo de cambio de la divisa nacional, para que todos los precios bajen automáticamente. Poco les importa que la depreciación pueda llevar a industrias competitivas a dejar de serlo (pensemos, por ejemplo, en una que importe la mayor parte de sus factores productivos), o que se esté impagando de facto parte de las deudas exteriores del país y, por tanto, generando un agujero en los balances de los acreedores. En lugar de favorecer la readaptación de la economía eliminando las trabas y los apoyos políticos distorsionadores, alaban la depreciación como la solución ideal.

    Veamos otro ejemplo, derivado del anterior: si para ganar competitividad en el extranjero es necesario reducir los salarios, por ser éstos muy inflexibles a la baja, más vale inflar el valor de la moneda, lo que supondría una reducción de aquéllos en términos reales. De nuevo, parece que lo mismo les da que con tal medida pierdan poder adquisitivo no sólo los salarios, sino todas las otras rentas que no se ajusten con la inflación; o que la inflación perjudique especialmente a las industrias punteras que más han invertido en capital (dado que el aumento de precios incrementa desproporcionadamente la rentabilidad de las compañías menos capitalintensivas, como supo ver Hayek); o que los trabajadores puedan perfectamente esterilizar el efecto de la inflación si negocian al alza sus salarios (así las cosas, sólo perderían los individuos o grupos menos organizados, como los inversores de renta fija, esto es, buena parte de los ahorradores de un país). En lugar de defender que el mercado laboral se reforme de arriba abajo (eliminando los privilegios sindicales que existan) para ganar flexibilidad, les resulta más fácil inflar el valor de la moneda.

    Para terminar, otro caso de sobras conocido: si el coste de la deuda pública de los países más manirrotos se dispara porque ningún inversor quiere prestarles dinero ante el dramático estado de sus cuentas públicas, la solución es... ¿adivinan? Sí: la inflación. Es el banco central quien tiene que monetizar deuda para financiar los déficits presupuestarios del Gobierno con un ahorro que no posee y a tipos de interés artificialmente bajos. Por lo visto, a nadie se le ocurre que los Estados deficitarios deban ajustar sus cuentas antes de seguir gastando y despilfarrando lo que no tienen; es mejor que un banco central títere les siga financiando las juergas. Muy bien, pero entonces no nos quejemos cuando pierdan todo incentivo para ser austeros y se aficionen a financiarse a costa del valor de la moneda.

    En definitiva, ¿puede decirse que el euro es el responsable de la crisis actual? De ninguna manera: el problema está en unos gobiernos que prefieren recurrir a la inflación antes que al reajuste de sus economías. Una completa huida hacia adelante que sólo sirve para erosionar el capital y el crédito de esos países –sólo hay que ver cómo se encontraban antes de entrar en el euro las economías que, como Grecia, Portugal, Italia o España, más jugueteaban con sus divisas– y retrasar las reestructuraciones duras, largas, complejas e imprescindibles de la economía.

    Si se puede decir que el euro ha fracasado es porque los PIGS (Portugal, Irlanda, Grecia y España) deberían haberse comportado como alemanes, pero en ningún momento se han mostrado dispuestos a ello. Sus gobiernos no querían dejar de gastar ni hacer las reformas estructurales necesarias, de manera que ha sido Alemania la que se ha tenido que encerdar para rescatar a los cerdos. Y, claro, culpar al euro o a Alemania del estado de aquéllos es como culpar a las salas libres de humo de provocar cáncer porque la gente sigue entrando en ellas con el cigarro en la boca y contagia a los fumadores pasivos; o sea, y parafraseando a Mafalda, el acabóse del terminóse.


    © El Cato

    Por Juan Ramón Rallo, en LD

  5. #5
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    28 ene, 07
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    Predeterminado

    Efectivamente, el Euro es percibido por los políticos europeos como un gran escollo para poder dedicarse a una de sus ocupaciones favoritas: imprimir dinero, devaluar la moneda, financiarse con la inflación y comprar votos. Digamos que en Sudamérica estas prácticas comunes se han extendido poco a poco a la vieja Uropa... Y ahora el discursete en boga es que las monedas comunes a varios países como el euro "limitan la soberanía de los estados en cuanto al manejo de la política monetaria y cambiaria". Lo que en español sencillo quiere decir: no nos dejan devaluar, no nos permiten recortar el valor del trabajo de la gente y estafar a los contribuyentes.
    INDIVIDUALISMO Y VIRTUD

  6. #6
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    08 ene, 07
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    Predeterminado Distorsiones históricas y la crisis

    El historiador sueco Johan Norberg describe en Financial Fiasco cómo la política monetaria y de vivienda, las regulaciones y las innovaciones financieras que resultaron de ésta, se combinaron para formar la "tormenta perfecta". Pero lo más interesante del libro es que el autor considera que la reacción a la crisis en EEUU se debe a una distorsión histórica: que Herbert Hoover, el presidente que estaba en el poder cuando la depresión estalló en 1929 era un dogmático de libre mercado y que Franklin D. Roosevelt (FDR) se trataba de un presidente pragmático que intervino en la economía y la sacó de la depresión.

    Sin embargo, dice Norberg, el que puede ser justamente calificado como un presidente de libre mercado era Warren Harding, quien sacó al país de la depresión de 1921. Aunque Harding era proteccionista, en lo demás solía oponerse a la intervención estatal en la economía. Su respuesta a la crisis fue reducir los impuestos, disminuir el gasto federal en un 50% durante dos años, y permitir que los salarios caigan y que las empresas compitan entre ellas. Para 1922, la economía creció a 6% y el número de desempleados cayó de 4,9 millones a 2,8 millones. La depresión se acabó en poco menos de un año.

    Pero cuando estalló la crisis de 1929, el presidente Hoover creía en un Estado más intervencionista. Fue durante su administración cuando se implementaron los altos aranceles de la ley Smoot-Hawley causando que la depresión afectara al resto del mundo. También "aumentó el gasto público, lanzó un programa federal de obras públicas y empezó a subsidiar el sector agrícola que él había destruido cuando inició la guerra comercial", asevera Norberg. Hoover intervino para prohibir que los salarios cayeran, catapultando la tasa de desempleo a casi 25%.

    En la campaña electoral de 1932, su opositor FDR lo acusó de ser un despilfarrador que aumentaba impuestos, un proteccionista y un centralista. No obstante, el hombre que se había quejado de que "el gobierno cuesta mucho" en 1932 triplicó el gasto federal incluso antes de la Segunda Guerra Mundial. Norberg concede que muchos de los programas creados en su administración "redujeron considerablemente el sufrimiento de la gente durante la crisis" mientras que "otros proyectos, en cambio, causaron un daño inmediato". Un ejemplo de estos últimos fue la idea de aumentar los precios de los alimentos para aliviar a los agricultores. Para lograr precios altos, el gobierno de FDR destruyó grandes cantidades de tierra agrícola, cultivos y carne. El resultado fue más hambre y más desempleo entre los trabajadores agrícolas.

    Norberg dice que un mito similar se está formando acerca de G.W. Bush a pesar de que durante sus dos administraciones se crearon 78.000 páginas de regulaciones federales al año. Además, Clinton redujo en 969 los burócratas federales, Bush los aumentó en 91.196. Durante la presidencia de Bush, el gasto público aumentó a un paso más acelerado que con cualquier otro presidente desde Lyndon B. Johnson. Finalmente, aprobó el primer paquete de rescate para Wall Street. Obama simplemente parece estar continuando su dirección intervencionista.

    © El Cato
    Por Gabriela Calderón, columnista ecuatoriana y editora de la web en español del Cato Institute.

  7. #7
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    08 ene, 07
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    Predeterminado Época de falta de créditos

    Denuncian que 8 de cada 10 solicitudes de créditos ICO son denegadas

    La Confederación de Trabajadores Autónomos de Catalunya alerta que las negativas llegan prácticamente al 100% cuando se trata de proyectos emprendedores

    Barcelona. (EUROPA PRESS).- La Confederación de Trabajadores Autónomos de Catalunya, CTAC-UGT de Catalunya, ha alertado de que 8 de cada 10 solicitudes de créditos ICO son denegadas, según ha informado en un comunicado.

    El sindicato también ha destacado que las negativas llegan prácticamente al 100% si el autónomo es del sector de la construcción o cuando se trata de financiar nuevos proyectos emprendedores. En este sentido, CTAC-UGT ha recordado que aunque las entidades financieras sólo asumen el 50% del riesgo de la operación, acaban por no formalizarla en la mayoría de los casos.

    Otro aspecto que ha apuntado el sindicato es el endurecimiento de los requisitos y avales que se tienen que presentar "hasta el punto que el ICO empieza a ser más exigente que las propias entidades financieras", por lo que según CTAC-UGT para cubrir operaciones de 20.000 y 40.000 euros el autónomo tiene que avalar con todo su patrimonio personal.

    Por todo ello, el sindicato ha pedido una política integral para el emprendedor, impulso de los créditos ICO para los autónomos, la limitación de la responsabilidad patrimonial y la simplificación de los trámites burocráticos a la hora de crear nuevos negocios.

    Hoy en La Vanguardia

  8. #8
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    08 ene, 07
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    Predeterminado 2011: ¿Inflación o deflación?

    Aunque la inflación repunta levemente con respecto a 2009, lo hace por culpa de las materias primas. El resto de la economía sigue fría y deflacionista. El año próximo, si no ocurre una catástrofe, seguirá así.

    FERNANDO DÍAZ VILLANUEVA-LD
    Tras más de dos años de crisis la inflación no termina de dispararse a pesar de las políticas monetarias abiertamente expansivas que han adoptado los principales bancos centrales. El BCE y, especialmente, la FED llevan desde que empezó la crisis tratando –en vano– de reanimar el cadáver inyectando ingentes cantidades de dinero en el sistema. Pero el cadáver, como era de prever, no resucita.

    Todo ese dinero de nueva creación ha sido introducido mediante artimañas tales como la compra masiva de deuda soberana, las ventanillas de descuento para los bancos o tipos de interés negativos. Parte de ese dinero ha entrado en la economía vía gasto público a través de rescates y planes de estímulo como los que Obama lleva a cabo en Estados Unidos con desastrosas consecuencias. El Gobierno español, ayuno de la socorrida herramienta monetaria, ha tratado de "estimular" la economía mediante endeudamiento en el exterior con los resultados por todos conocidos.

    Lo que persiguen los Gobiernos es volver a los "buenos tiempos" de elevadas recaudaciones fiscales aunque sea a costa de generar una inflación galopante que, desde el punto de vista de un político moroso (como es el caso de los nuestros) no sería tan dramática ya que cancelaría deudas a toda velocidad.

    Por fortuna, el dinero extra que ha obtenido la banca para, en muchos casos, sobrevivir no ha terminado en el mercado. Esto ha sido –y sigue siendo– así tanto porque los bancos no quieren prestar, como porque los agentes económicos (individuos y empresas) no quieren pedir prestado. Tras la burbuja financiera e inmobiliaria que hemos padecido, lo último en lo que piensa el ciudadano medio (o la empresa media) es en endeudarse más aún de lo que ya está.

    Los bancos, por su parte, se lo piensan mucho más antes de conceder un crédito y, además, enfrentan nuevas regulaciones. Los buenos balances de los bancos y su exceso de reservas se deben precisamente a eso. La banca exhibe ahora la prudencia que debiera haber exhibido en los años locos, cuando prestaba alegremente sin preocuparse siquiera de los colaterales. Ahora los bancos están recuperando parte de lo que habían prestado y, al no conceder créditos nuevos, se está destruyendo dinero. Esto compensa las inconscientes expansiones de la banca central. Por eso los políticos están tan enfadados. El mercado, es decir, la suma de individuos pensantes y actuantes, no les obedecen, hacen sus propios cálculos y van a lo suyo.

    Hay, lógicamente, mucha gente que no está endeudada, que no cometió irresponsabilidades crediticias durante la burbuja y que ahora puede permitirse el lujo de gastar e invertir. Pero, puestos ante el panorama actual, no están demasiado incentivados para consumir. Unos porque pretenden consolidar sus reservas por si las cosas empeoran, otros porque aspiran a comprar más barato. En definitiva, el dinero es reacio a moverse. La gente no lo repudia, como sucede en las hiperinflaciones, sino que lo almacena en sus cuentas de ahorro en espera de mejores oportunidades de inversión.

    La situación no es buena, pero es bastante mejor que una escalada inflacionista de imprevisibles consecuencias. Las aguas van, poco a poco, volviendo a su cauce tras la riada de dinero barato que inundó los mercados durante buena parte de la pasada década. A no ser que suceda algo imprevisto y catastrófico o que Bernanke y Trichet acuerden arrojar billetes desde helicópteros, el escenario deflacionista promete mantenerse, como mínimo, un año más.

    Teniendo esto en cuenta es fácil saber qué sectores de la economía crecerán y cuáles se hundirán un poco más. Los más cercanos al consumo, especialmente al consumo suntuario tipo viajes, irán hacia abajo. Y no es una predicción, es un hecho. La parcela del IPC más ha descendido en noviembre ha sido la de viajes organizados, con un 5,1% de descenso, la segunda la de hoteles y alojamientos con un 4,9%. Visto esto, los inversores que esperen un retorno rápido de la inversión deberían huir como alma que lleva el diablo de aerolíneas y cadenas hoteleras, o, si pretenden apalancarse, comprar ahora a precio de chiste y esperar a que amaine dentro de unos años. A fin de cuentas, más tarde o más temprano volveremos a irnos de vacaciones.

    Otros productos terminados como los automóviles, la electrónica de consumo o, directamente, el millón y medio de casas vacías que hay en España seguirán bajando. Hay exceso de todos ellos y los aficionados a cambiarse de coche cada dos años ya no lo son tanto aunque puedan permitírselo. Ahí están las matriculaciones como prueba, que se han despeñado bastante más que el PIB.

    Entonces, ¿qué va a subir de precio? Probablemente las materias primas, punto de la cadena de producción más alejado del consumo y refugio de valor ante la devaluación continua de las monedas por parte de los bancos centrales. No es casualidad que toda la inversión se focalice ahí cuando hace unos años se focalizaba en las promociones inmobiliarias y la compra de suelo. Sencillo de entender. Es allí donde está el dinero, y el dinero está allí por la simple razón de que el mundo, nos guste o no, demanda más hierro y menos casas, más petróleo y menos automóviles.

  9. #9
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    08 ene, 07
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    Predeterminado Previsión de los expertos: 2011 inflación, oro por las nubes y planes de austeridad

    La crisis se endurece. Llegó el momento de pagar la factura de los excesos monetarios y sociales de los gobiernos.

    FERNANDO DÍAZ VILLANUEVA-LD

    La economía no es la quiromancia. Hacer previsiones en esta materia, aunque sea a corto plazo, es una de las actividades más arriesgadas que existen, al menos desde el punto de vista intelectual. Son demasiados los factores que concurren en el complejísimo orden de la economía mundial como para pretender saber a ciencia cierta lo que va a pasar en el lapso de un año.

    Lo que sí se pueden "adivinar" son las tendencias tomando como punto de partida la situación actual. Hace tres años, por ejemplo, nadie –ni las agencias de calificación– podía imaginar que Lehman Brothers fuese a presentar la quiebra en septiembre, pero los bien informados sabían que la crisis inmobiliaria se iba a llevar por delante o a poner en serios apuros a más de un banco de inversión.

    Partiendo del estado actual de las cosas y de los derroteros que han tomado los principales indicadores, los expertos ya se han pronunciado. 2011 será un año marcado por la inflación, la escalada en el precio del oro y las materias primas, el desempleo y los planes de austeridad. Eso en los países occidentales, en los mercados asiáticos como China e India la cosa irá por otro lado.

    El oro por las nubes

    El oro es, según la mayor parte de expertos, el gran protagonista del año que acabamos de estrenar. Los más optimistas fijan el mínimo en 1.800 dólares la onza, los más pesimistas se van a los 2.500 dólares. La plata, por su parte, hermana pobre del mercado de los metales preciosos, dejará paulatinamente de serlo. Si actualmente se compra la onza a unos 30 dólares podría subir hasta los 45 ó los 50 a finales de año.

    El rally al alza de los metales preciosos se debe a su condición de reserva de valor en unos momentos en los que las principales divisas están muy debilitadas, y al hecho de que tanto el oro como la plata son metales muy demandados por ciertas industrias. Es bueno recordar que sólo una parte del mundo se encuentra en crisis. Otra parte sigue creciendo al 8%. La plata, por ejemplo, es un componente esencial en ciertos sectores como la electrónica, la odontología o la óptica. Los fabricantes añaden un tirón extra a la demanda que se deja (y se dejará) ver en las cotizaciones.

    El dólar mal, el euro peor

    El dólar está desgastado y viene depreciándose desde hace años, pero el euro, su contraparte al otro lado del Atlántico no anda mucho mejor así que bien podría revalorizarse el primero si la crisis de deuda soberana en los países de la eurozona se recrudece. El año, de hecho, ha comenzado con problemas de solvencia en Portugal y España. La quiebra de ambos países, cuyos PIB sumados son superiores al de Brasil, sería un bocado demasiado indigesto para la moneda única.

    Los problemas en la zona euro son, además, acumulativos. Ni Grecia ni Irlanda terminan de levantar cabeza, y tras España y Portugal aguardan pacientemente en la cola países como Bélgica o el gigante italiano.

    Es cierto que Alemania marcha bien, que ha registrado un crecimiento por encima del 3% en 2010 y que genera empleo, pero la locomotora germana no es lo suficientemente potente como para tirar de tantos y tan pesados vagones. Alemania arrastra un oneroso estado del bienestar, su Gobierno está muy endeudado y, para colmo de males, pierde población. En 2010 los fallecimientos superaron holgadamente a los nacimientos y el saldo migratorio positivo no termina de compensar la diferencia. Como resultado, la población en Alemania ha decrecido un 0,1%. La prosperidad económica no se fundamenta nunca sobre demografías envejecidas y menguantes como es el caso de la alemana.

    En el mercado monetario el círculo vicioso bernankiano se mantendrá e, incluso, intensificará. Para mantener los tipos de interés bajos y la economía a flote a la Reserva Federal no le quedará otra opción que seguir monetizando deuda, que luego se empleará en inservibles programas de estímulo patrocinados por Obama. El BCE bastante tendrá con tratar de mantener con vida a su propia moneda tras los embates del enésimo temporal PIIG que acaba de dar comienzo.

    Al polémico presidente de la FED, no obstante, se le va acabando el combustible, y eso es una buena noticia. El descontento popular con el banco central crece en Estados Unidos hasta niveles nunca vistos antes. El responsable de este despertar es Ron Paul, el correoso congresista republicano que ha conseguido colocarse al frente de la comisión que controla la Reserva Federal, la llamada Fed Oversight Panel. El factor Paul habría que tenerlo en cuenta aunque ahí sería entrar ya en el terreno de los adivinos.

    La inevitable inflación

    La irresponsable y alocada política monetaria que la FED ha venido aplicando durante los últimos años se cobrará su inevitable tributo: la inflación. Cada vez más expertos coinciden en que este será el año del repunte de los precios. Los más cautos creen que a finales de año la inflación oficial estará ya en torno al 5% en Estados Unidos, lo que significa que, en términos reales, rondará el doble. Sería la vuelta a los niveles de 2007, pero sin salir de la crisis.

    John Williams, el economista al frente de la afamada página Shadow Government Statistics, elabora un índice de precios alternativo al oficial basado en la metodología que el Bureau of Labor Statistics (BLS) de Estados Unidos utilizaba para medir la inflación hasta 1980. Desde entonces, la distancia entre las dos inflaciones no ha hecho más que ensancharse. Desde mediados de los 90 la inflación real viene a ser aproximadamente el doble de la oficial.

    La inflación, que quizá todavía no la veamos en la cesta de la compra, ya está instalada en el mercado de materias primas. Es sólo cuestión de tiempo que esos precios se trasladen a las industrias más cercanas al consumo. Haciendo un repaso por las principales materias primas lo que encontramos es lo siguiente:

    - La tonelada de estaño se vende ya más cara que a mediados de 2008 y a casi ocho veces el precio que tenía a principios de la década.

    - La tonelada de aluminio también anda por las nubes. Aunque lejos aún de los 3.200 dólares que se pagaban por ella en el verano de 2008, su precio aumenta sin descanso y está ya en los 2.500 dólares.

    - El plomo sigue una tendencia parecida. Tras el subidón de 2008 ha retomado el camino alcista y hoy ya se vende a tres veces el precio que tenía en enero de 2009.

    - El zinc, aunque lejos de los máximos registrados entre 2007 y 2008, cotiza cómodamente por encima de los 2.000 dólares la tonelada. En 2002 lo hacía a 725.

    - El cobre es el rey de los metales industriales en cuanto a subidas. Su precio está ya muy por encima del alcanzado en el máximo del ciclo expansivo entre 2005 y 2008.

    Las tensiones inflacionistas no se limitan a los metales que emplea la industria pesada. Las materias primas que emplea la alimentaria no se libran de las subidas en su cotización. El café está en máximos históricos, el maíz se acerca ya a los niveles de 2008, el trigo ha experimentado un alza espectacular desde mediados del año pasado, el cacao está en niveles parecidos a los de finales de 2008 y el azúcar ha pasado de los 6 a los 34 dólares en sólo seis años.

    No se trata sólo de que los chinos o los indios demanden más cobre y azúcar, que lo demandan porque están creciendo, gracias a lo cual su nivel de vida crece cada año, sino al debilitamiento de las principales divisas. El inversor huye de un dólar depreciado para refugiarse en activos que ganan valor como las materias primas.

    Visto lo visto, no es muy arriesgado afirmar que la alimentación subirá de precio este año como lo hizo durante el año 2008. Si, además, se pone el diablo a enredar y se dan malas cosechas en algunos grandes productores, el alza puede ser aún mayor de lo previsto.

    Consecuencia: desempleo y ajustes

    Con la moneda devaluada y los precios en alza todo lo que puede suceder es que el desempleo, lejos de remitir, aumente en los principales mercados. En Estados Unidos ronda el 10%, en España supera el 20%. Para que baje, la economía tiene que terminar de sanearse. Entonces será cuando los inversores volverán a aparecer y con ellos los anhelados puestos de trabajo. No lo harán mientras los gobiernos sigan envileciendo la moneda, gastando más de la cuenta y subiendo los impuestos para financiar sus escandalosos déficit públicos.

    A estas alturas decir que el rey va desnudo ya no es tan políticamente incorrecto como hace tres años. La realidad ha terminado por imponerse, al menos en los países de la eurozona, obligando a los gobiernos a adoptar medidas de ajuste presupuestario. Pero los recortes no van a salir gratis. Episodios de violencia sindical y de extrema izquierda como los que han azotado a Italia, Grecia o Inglaterra se reproducirán allá donde aparezca la tijera.

    En España, mientras gobierne Zapatero es poco probable que los sindicatos muerdan la próvida mano de su amo. Ahora, el siguiente Gobierno, cuando llegue, puede ir preparándose. Rajoy debería abandonar el país de nunca jamás en el que vive y tomar nota de lo que le ha sucedido en la calle a Papandreu (Grecia) Brian Cowen (Irlanda) o David Cameron (Gran Bretaña).

  10. #10

    Predeterminado

    Las perspectivas económicas van a depender de la evolución del precio de las materias primas, sobre todo el petróleo. Si el precio del petróleo se mantiene la recuperación será mas lenta.

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