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    Predeterminado La Economia Cubana

    La tentación de Adán por un bisté

    Reinaldo Cosano Alén, Lux Info Press

    LA HABANA, Cuba - (www.cubanet.org) - Como en Cuba no se cultiva la manzana, hay razones para creer que de haber vivido Adán y Eva en Cuba, Adán hubiera sido tentado por Eva a pecar, no con una jugosa manzana coloradita con mucha vitamina C, sino con un apetitoso bisté.

    Conclusión fácil de entender, ya que por la mundanal tentación de aspirar a comer un trozo de carne de res, miles de cubanos han ido a parar a prisión desde el apocalíptico año 1959.

    Datos aportados por el Ministerio de la Agricultura corroboran la tesis: el 76 por ciento de los delitos que se cometen en el campo corresponde al hurto y sacrificio ilegal de ganado mayor. Delito severamente castigado con penas que oscilan entre dos y dieciocho años de prisión, de acuerdo a agravantes, como puede ser el sacrificio de un semental, principalmente comprado en el exterior a un elevado precio; o que el hecho sea tomado como sabotaje a la economía.

    Con la intención de aumentar rápidamente la masa ganadera, el gobierno cubano impuso una severa ley en el año 1962, aún vigente, prohibiendo el sacrificio de ganado mayor, con la única excepción del destinado a los mataderos estatales.

    Orestes Medina Guerra, de 37 años, residente en el barrio Justiz, Habana del Este, fue sancionado a tres años y seis meses de privación de libertad por sacrificar una res de su propiedad sin fines especulativos, para el consumo familiar. En este caso no hubo hurto, sólo sacrificio ilegal. Estos delitos económicos, en lo que se refiere a sanción, están casi equiparados a los relacionados con la droga. Aunque la sanción impuesta a este ciudadano expiró en 1995, Medina Guerra no encuentra trabajo en ninguna entidad estatal debido a "tan pésimos antecedentes penales".

    Datos no oficiales cifran la masa ganadera cubana entre los dos y medio y tres millones de cabezas. Ciertamente, la peor sequía de todos los tiempos en Cuba, unida al mal manejo de la ganadería y la agricultura han contribuido al decrecimiento ganadero, cuyos rigores alimentarios lo sufre la población cubana, que supera los 11 millones de habitantes.

    Según datos agropecuarios de 1958, Cuba disponía de seis y medio millones de cabezas de ganado para una población de seis millones de habitantes. Informe referido sólo al ganado vacuno. Había suficiente carne, lácteos y cueros para el consumo nacional, y aún para la exportación. Cuba importaba grandes cantidades de tasajo de Uruguay y Argentina, que se distribuía fundamentalmente en las zonas rurales donde no llegaba la electricidad, ya que se trata de una carne que no requiere refrigeración.

    Cuba alcanzó preeminencia en la ganadería desde las primeras décadas de la colonización española, ya que en el país se crearon mataderos y saladeros de carne de res y cerdo -también ahumadores para el tasajo- destinados al aprovisionamiento de los navíos españoles que navegaban por el continente.

    Desde hace algunos años el gobierno está introduciendo en la Isla el búfalo procedente de Vietnam, ya que resulta más resistente a las inclemencias del tiempo (aunque tiene que criarse en pantanos) y a las enfermedades. Pero también, por su condición salvaje, es más fiero, y por lo tanto más difícil de ser sacrificado por los cuatreros.

    La máxima aspiración gastronómica del cubano es degustar un bisté, sin importar el parentesco zoológico: vaca, asno, búfalo, camello, cocodrilo o tortuga marina, más conocida como caguama, como exquisitos sustitutos de la carne roja. Otra opción es adquirir alguna porción de carne de res en las tiendas dolarizadas a precios elevadísimos.

    La carne de res llega transfigurada ocasionalmente a las carnicerías para su venta a la población por cuotas bajo la especificación comercial de "picadillo de res texturizado con soya", que consiste en porciones de carne mezcladas con abundante frijol de soya triturado -que requiere mucha cocción-, y en ocasiones se le adiciona harina trigo. Este picadillo, ni en sabor, olor, textura y color tiene que ver nada con la carne de res.

    Un chiste popular asegura que mientras en Europa y otras regiones la gente se preocupa por la enfermedad de las "vacas locas", en Cuba los cubanos están locos por la vaca.

    Paradójicamente, cuando más carne se necesita se aparece Raúl Hernández Luaces, alias "Pica Pica", de 75 años, ganadero del municipio San Juan y Martínez, Pinar del Río, con sus famosas vacas enanas con altura máxima de 70 centímetros, que pueden criarse en patios o parcelas pequeñas, y son mansas como mascotas, resistentes como el ganado cebú, comedoras de pastos naturales, y pueden producir entre cinco y seis litros de leche, pero poca carne.

    Aunque ciertamente no hubo promesa alguna del gobierno, y por lo tanto no puede hablarse de promesa incumplida, se creó la expectativa en la población de que el bisté de res legalmente adquirido, después de cuatro décadas retornaría a la mesa del cubano.

    La esperanza llegó con la presencia en La Habana, en junio del pasado año, de 12 empresas exportadores de la provincia argentina de Entre Ríos, que entre sus rubros exportables incluía carne vacuna y bovina. Se firmarían convenios con vigencia de tres años, prorrogables automáticamente, según despacho de la agencia EFE de julio de 2005. Pero, ¿dónde está la carne?

    La realidad es, dice mi carnicero, que ya ni recuerda cuándo fue la última vez que vendió carne de res. Tampoco puede adivinar si la volverá a vender ni cuándo. Triste conclusión.

    Mientras, el pobre Adán sigue a la espera del retorno al paraíso terrenal para degustar un buen bisté frito que Eva está adobando. El pueblo cubano también espera, mientras las promesas van y vienen, y el tiempo, inexorablemente, pasa.

    LUX INFO-PRESS
    Agencia Cubana Independiente de Información y Prensa
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    Cuba en los Objetivos y Metas del Milenio (III)

    Oscar Espinosa Chepe

    LA HABANA, Cuba, - (www.cubanet.org) - Entre las informaciones aportadas por el gobierno cubano para presentar los supuestos logros en la consecución de la Meta 1 de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) está haber reducido de forma impactante la tasa de desempleo al 1.9% en 2004; 2.2% para las mujeres y 1.7% para los hombres.

    En algunas provincias se indican tasas de desocupación más bajas: Sancti Spíritus 0.8%, Las Tunas 1%, Pinar del Río 1.1% y Ciego de Avila 1.4%. El porcentaje de desempleo declarado clasifica a Cuba en una situación de pleno empleo, posiblemente única en el mundo. Una noticia que, de ser verídica, podría servir para los cubanos de orgullo además de felicidad y confianza en el futuro.

    Desafortunadamente, estos índices son poco compatibles con la realidad. Un simple examen ocular en las ciudades, pueblos y áreas rurales arroja de inmediato por doquier personas en edad laboral, mujeres y hombres, haciendo cualquier cosa menos trabajar.

    En los campos pueden constatarse interminables extensiones de tierra sin cultivar, llenas de maleza, a causa fundamentalmente de la carencia de motivación e interés laboral, debido en gran parte a salarios miserables, insuficientes para vivir y pagados en la moneda nacional inservible para adquirir artículos imprescindibles en las tiendas de venta por divisas. Fenómeno también existente en las zonas urbanas por idénticas razones.

    Paralelamente, si se efectúan comparaciones de estas sorprendentemente bajas tasas de desocupación, surgen muchas interrogantes y dudas. En 1989, año anterior al comienzo de la crisis llamada eufemísticamente "período especial", cuando todavía estaban vigentes las subvenciones de la Unión Soviética y otras naciones de Europa del Este, el PIB per cápita fue de 1,852 pesos, a precios constantes de 1981, y había una tasa de desempleo del 7.9% (CEPAL).

    Con la pérdida de esas subvenciones, la economía y demás aspectos de la sociedad cubana fueron afectados por una profunda crisis, de la cual el país no se ha recuperado. Hasta el año 2000, cuando todavía existían cifras estadísticas oficiales que permitían realizar comparaciones, el PIB per cápita estaba un 20.3% por debajo del nivel de 1989.

    Según estimados realizados sobre la base de datos oficiales (parciales) y de CEPAL, concluimos, conservadoramente, que al término de 2004, después de 15 años de período especial, el PIB per cápita estaba en un entorno del 5% por debajo de lo obtenido en 1989. Fuentes muy serias afirman que ese porcentaje negativo es aún más elevado (7.2%).

    En estas condiciones, resulta poco creíble que sin alcanzar las cotas productivas por habitante precrisis haya podido aminorarse la tasa de desempleo de 1989 (7.9%), llevándola en 2004 al 1.9%.

    Conocido es que la industria azucarera, que fuera la más importante del país, ha cerrado en los últimos dos años una parte considerable de sus instalaciones, por haberse considerado irrentables, destinando las tierras de las plantaciones de caña a otras producciones. En esta actividad llegaron a laborar directa o indirectamente más de 400 mil trabajadores, de los cuales aproximadamente la cuarta parte fue afectada por la mencionada medida, proporción que aumentará con el cierre, recién anunciado, de otros ingenios.

    Algunos trabajadores azucareros han sido reubicados en diferentes centros de trabajo, y a otros se les paga un estipendio para que estudien; una decisión humana, pero que en modo alguno los califica para estar comprendidos dentro de la población ocupada laboralmente. Asimismo, decenas de miles de jóvenes en edad laboral desempleados han sido enviados a cursos -pagándoseles también subsidios- sin que tampoco metodológicamente constituyan un segmento de la población laboralmente ocupada. Estos ejemplos confirman la falta de sustentabilidad de la tasa de desempleo del 1.9% en 2004 publicitada por el gobierno.

    Adicionalmente, existen otro aspecto negativo referente a la ocupación laboral en Cuba, oficialmente no reconocido. Se trata del desempleo encubierto, o sea, de la contratación de trabajadores por encima de los requerimientos reales de los centros de producción y servicios, factor que, agregado al desempleo abierto, brinda tasas de desocupación equivalentes muy elevadas.

    En sus estudios, CEPAL, partiendo del nivel de productividad logrado en Cuba en 1989, determinó una tasa de desocupación equivalente del 25.1% en 1998. En nuestra opinión, si para los cálculos de CEPAL se hubiera tomado la población ocupada laboralmente en vez de la población económicamente activa (PEA), la mencionada tasa hubiera sido del 30%, y hubieran sido innecesarios económicamente para la producción y los servicios 1.4 millones de trabajadores en 1998, partiendo de la productividad de 1989.

    Ahora bien, si los estimados se hubieran efectuado con referencia a la escala de productividad de un país de desarrollo medio, digamos Chile -en ningún momento una exageración, si tomamos en cuenta el relevante potencial técnico-cultural del trabajador cubano, probado en sociedades tan competitivas como la de Estados Unidos- la tasa de desocupación equivalente podría ser superior al 50%. Esto quiere decir que con menos de la mitad de la población económicamente activa cubana podrían haberse alcanzado los resultados productivos de 1998. Un verdadero récord olímpico en materia de ineficiente utilización económica de la fuerza de trabajo.

    Los datos estadísticos en Cuba escasean, sobre todo en los últimos tiempos. De todas formas, los indicadores sobre el empleo no deben haber variado significativamente desde 1998, si tomamos en consideración que el lamentable panorama económico-social se mantiene sin cambios sustanciales. Por el contrario, la crisis se refuerza con la recentralización y otras medidas altamente negativas para el desarrollo y la productividad del país.

    Variadas son las consecuencias del desempleo abierto y del enorme empleo superfluo, por la insistencia de mantener un sistema inhibidor del progreso nacional: ineficiencia productiva, desorganización laboral, altos costos, falta de incentivos y motivaciones y, sobre todo, salarios y pensiones insuficientes para vivir.

    Esta información ha sido transmitida por teléfono, ya que el gobierno de Cuba controla el acceso a Internet.
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    Un salto al vacío - Parte 1

    ELÍAS AMOR BRAVO, Valencia
    miércoles 28 de diciembre de 2005

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    Ministro dice que la economía cubana creció un 11,8% en 2005 22/12/2005

    La CEPAL no incluirá a la Isla en sus proyecciones económicas para este año y 2006 15/12/2005

    La Comisión Económica para América Latina y el Caribe, CEPAL, acaba de publicar en diciembre su balance preliminar de las economías de la región; un documento que, como viene siendo habitual, realiza un análisis del estado y evolución de las principales magnitudes macroeconómicas de los países, y obtiene una serie de conclusiones con respecto a la eficacia de las políticas en acción.

    En el caso de Cuba, dicho análisis se ha visto limitado a menudo por la escasez de datos estadísticos fiables que permitan realizar una valoración objetiva y comparable con el resto de la zona. Pero si a la calidad de las informaciones disponibles se añaden los numerosos capítulos económicos sobre los que La Habana no facilita información, siquiera mínima para realizar un simple contraste de tendencia, la situación no puede ser más desalentadora. Este año, además, la polémica se ha acrecentado tras la nota en la que la CEPAL explica por qué la cifra de crecimiento económico de 2005 estimada por las autoridades cubanas no puede incorporarse a su Informe.

    Sostiene el régimen castrista que el crecimiento de la economía cubana en 2005 ha sido ¡del 11,8%! La CEPAL se mantiene al margen de esta cifra y señala textualmente: “Los datos sobre crecimiento del producto incluidos en esta nota son cifras proporcionadas por el gobierno de Cuba, que consideró para su cálculo, una elevada exportación de servicios sociales a varios países, en especial a la República Bolivariana de Venezuela. La CEPAL está evaluando este cálculo de acuerdo a la metodología empleada por las Naciones Unidas, proceso que todavía no ha concluido, por lo que la CEPAL todavía no cuenta con cifras propias. Además, Cuba ha comenzado a aplicar una nueva valoración de los servicios sociales, que también se está analizando” (página 179 del Informe citado).

    Además de cuestionarlos, la CEPAL se opone a dar por válidos y oficiales los datos ofrecidos por el régimen. Al margen de consideraciones técnicas —que no son en absoluto irrelevantes—, se ha llegado a un punto sin retorno en relación con la economía cubana que no admite justificación alguna. Se trata de un grave escándalo que se venía fraguando y que supondrá daños mucho más serios de los que se admiten.

    Los datos relativos a la economía de un país reflejan no sólo su situación en términos macroeconómicos, sino que definen el grado de adecuación de las políticas económicas a la estructura productiva; en definitiva, suponen un referente para los agentes económicos y sociales internacionales y para su toma de decisiones. Esa información —basada en metodologías concretas definidas a nivel internacional, desarrolladas por organismos especializados que cuentan con el apoyo de una mayoría de países— sirve para orientar la credibilidad internacional de las naciones y, por tanto, su posición en la economía mundial.

    Cuando un gobierno —y en este caso el régimen castrista lo hace de forma deliberada—, no aplica los procedimientos establecidos por las organizaciones internacionales, no sólo está poniendo en duda su credibilidad, sino que deja en entredicho la labor de los profesionales de la economía que, en el caso de Cuba, desempeñan día a día sus tareas con no pocas dificultades.

    En un mundo cada vez más globalizado e interdependiente, en el que las decisiones de los agentes económicos se tienen que basar en una información transparente y objetiva, emprender una vía en solitario, alejada de los procedimientos establecidos, supone cargar a la economía con elevados costes en términos de imagen y credibilidad internacional, además de sentar un mal precedente para el futuro.

    Por ahora, las consecuencias no se han hecho esperar. La CEPAL ha hecho muy bien al no citar el dato ofrecido por el régimen cubano, y en señalar de forma expresa, con una nota al pie de página, la discrepancia con las cifras.

    En este tramo final del castrismo se están adoptando decisiones graves y comprometedoras para el futuro del país, precisamente en un momento en que Cuba necesita integrarse en las corrientes internacionales de comercio y participar activamente en el desarrollo turístico del Caribe. Durante el año que ahora finaliza, las decisiones de limitar la actuación de las empresas, sobre todo las más pequeñas; la persecución a los profesionales por cuenta propia; y la progresiva centralización de la política monetaria, han venido creando un espacio para la incertidumbre que no alienta el entorno estable y adecuado que se necesita para el desarrollo de la actividad productiva. Jugar con los datos estadísticos es un salto al vacío. Por mucho que se analicen los datos y se intente dar una explicación a lo sucedido, el mal ya está hecho. Y la herida, por cierto, no va a cicatrizar fácilmente.

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    Un salto al vacío - Parte 2 final

    El crecimiento económico en Cuba en 2005


    Cierto es que el régimen cubano ha obtenido beneficio de sus relaciones con Venezuela en términos de unas compras de crudo más barato. Cierto es que el castrismo ha enviado a Venezuela a profesionales de los servicios sociales (médicos, educadores, deportistas) que se configuran como ese nuevo aparato pseudoestatal que financia el gobierno de Caracas. Pero la posición crítica de CEPAL tiene que ver con dos aspectos que el régimen de Castro aplica en las estadísticas, sin tener en cuenta las convenciones y estándares internacionales.

    En primer lugar, se hace referencia a un "nuevo sistema de valoración de los servicios sociales". En principio, esto no parece desacertado. Durante décadas, el régimen cubano entregó gratis, en aras de una solidaridad mal entendida, patentes de investigación, diseños biotecnológicos en la lucha contra plagas y enfermedades tropicales y otros avances conseguidos por los investigadores y tecnólogos de la Isla que posteriormente se aplicaban con éxito en la producción de caña de azúcar en Brasil o de plátanos en Honduras y El Salvador. Mientras existieron las subvenciones soviéticas, el impacto de estas decisiones no se cuestionó, puesto que los fondos para financiar la continuidad del proceso de investigación se encontraban garantizados. Con el período especial, sin embargo, la situación cambia.

    El que ahora el régimen pretende fijar un precio a los servicios que presta (operaciones en los hospitales cubanos, tratamientos sanitarios, inventos y procesos tecnológicos, asesoramiento en sentido amplio) no es mala idea. Cuba, por su capital humano, podría ser una potencia en ingresos por servicios tecnológicos a nivel continental, pero las cosas deben hacerse bien, y las normas de contabilidad nacional para valorar estos servicios tienen unas reglas que se deben respetar.

    En segundo lugar, estamos ante un problema de concepto. El destino del valor del trabajo de los profesionales cubanos en el exterior es la balanza de servicios, que es un concepto derivado de la balanza por cuenta corriente, nunca de la comercial. La balanza de servicios incorpora precisamente el saldo entre el ingreso por los factores en el exterior, y el pago por los servicios a factores extranjeros en suelo nacional. Dado que en Cuba este último concepto adquiere una cierta importancia, debido a las inversiones extranjeras y al modelo de relación del régimen cubano con las joint ventures, el saldo final debe ser estudiado con detalle, pues quizás no sea tan elevado como apuntan las autoridades.

    Además, el tirón que las rentas de factores en el exterior tienen sobre la economía de un país se produce sólo de forma indirecta, a partir del efecto de las remesas enviadas a las familias. Si se tiene en cuenta que existen en Cuba múltiples controles monetarios para acceder al control de esos ingresos, que terminan destinándose a productos procedentes del exterior (como el trigo y la carne que se compra al contado a Estados Unidos, por ejemplo) la situación no admite dudas. El cálculo hecho por las autoridades cubanas debe revisarse a tenor de lo expuesto. El comercio se refiere al intercambio de productos, automóviles, petróleo, alimentos, etc, así como a conceptos relacionados con los servicios. Cada uno en su sitio correspondiente. No se pueden mezclar alegremente conceptos que tienen un tratamiento distinto. Cierto es que las exportaciones de mercancías suponen un fuerte tirón a la oferta nacional: el país es competitivo, sus productos son atractivos en los mercados mundiales y por ello tienen demanda. Pero no parece que este sea el caso de la economía cubana. Con la única excepción del turismo, cuyas entradas se sitúan en 2,3 millones de viajeros (un crecimiento modesto si se compara con otras zonas del Caribe) no parece que níquel, tabaco o azúcar (en reconversión) produzcan atractivo alguno en los mercados mundiales.

    A tenor de estas consideraciones, habrá que revisar en profundidad esa tasa de crecimiento del 11,8% proporcionada por el régimen cubano para 2005. Ni se han producido cambios en la estructura productiva nacional que justifiquen el crecimiento, ni se puede aceptar que las rentas de los factores en el exterior se alineen con las exportaciones de bienes y servicios. En cualquier caso, los ingresos que obtiene Cuba con los servicios sociales en Venezuela se equilibran con las compras de crudo realizadas, y de esto no se habla en ningún sitio. Si se acepta que Cuba ha obtenido ingresos de enviar decenas de miles de profesionales a Venezuela, también hay que aceptar que las compras de crudo venezolano tienen su precio.

    Por otra parte, tiempo habrá de profundizar con detalle en el Informe de CEPAL; lo cierto es que hay otros datos que son más preocupantes en el horizonte de la economía cubana (inflación, descontrol monetario, insuficiente producción eléctrica, escaso poder de compra de los salarios, estancamiento del turismo y de las exportaciones de níquel) y todos ellos no significan precisamente una mejora de las condiciones de vida de los cubanos.

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    CUBA CRISIS DE ENERGIA ELECTRICA

    Por Manuel Cereijo
    Revista Guaracabuya,

    Cuba esta en el medio de la peor crisis electro energética de su historia. Cuba cuenta con 10 plantas eléctricas con una capacidad instalada de 3,500 Megavatios. Estas plantas tienen 46 unidades de generación. Sin embargo, debido a varias causas, que explicaremos mas adelante, la capacidad real de generación es de 1,200 Megavatios. Todas estas plantas utilizan petróleo como combustible.

    La demanda de energía eléctrica en Cuba, en 1989 era de 2,500 Megavatios. A finales del 2005, la demanda había bajado a 950 Megavatios debido al gran número de industrias paralizadas, así como a una baja en el consumo agrícola y domestico.

    ¿Porque el sistema electro energético no funcionan a cabalidad en Cuba? Hay varias causas. Antes que nada, de las 10 plantas de generación, cinco de ellas datan de antes de 1959, con un tiempo de servicio promedio de 65 años. El tiempo promedio de servicio de una planta eléctrica, con un mantenimiento adecuado es de 35 años.

    Sin embargo, el factor principal es la rotura de las plantas en Cuba debido al uso indebido de Petróleo Cubano como combustible. Cuba produce actualmente alrededor de 1.5 millones de toneladas de petróleo al año. El petróleo cubano contiene un alto nivel de azufre, entre un 10% y un 13%. Este alto nivel de azufre, hace que no se deba usar como combustible de generación eléctrica, debido a que las altas temperaturas de las calderas de combustión, convierten este azufre en ácido sulfúrico, el cual corroe las calderas, haciéndolas inservibles, así como destruye otras componentes del sistema de generación, como cilindros, turbinas, etc.

    El otro factor que afecta el sistema energético de Cuba es el pobre sistema de transmisión y distribución eléctrica. Desde los 1970s no se han instalados nuevos sistemas, y el mantenimiento ha sido poco adecuado. Esto produce actualmente una perdida de entre 15% y 20% de la energía generada.

    Existen cuatro refinerías de petróleo en Cuba, localizadas en Cabaiguán, Cienfuegos, La Habana, y Santiago de Cuba, con una capacidad nominal de refinación de 11 millones de toneladas de crudo por año, aunque la capacidad real, debido a roturas y falta de piezas, es de unos siete millones de toneladas al año.

    Existe un oleoducto de Matanzas a Cienfuegos, de 187 Kms. de largo, y diámetro de 530 milímetros. Este oleoducto está conectado a la refinería de Cienfuegos, la más moderna de Cuba. Varios países han rehusado operar esta refinería por lo costoso de su operación, dada la anticuada tecnología soviética de esta planta.

    El otro combustible usado para generar electricidad es el gas natural. El más limpio y eficiente de todos. Pero un país tiene que tener gas natural, o importarlo. Cuba no tiene gas natural. Al ser Cuba una Isla, tendría que importarlo por mar. Esto involucra un proceso tecnológico muy costoso, y además, las plantas de generación actuales en Cuba tendrían que modificarse para pasar de petróleo a gas natural.

    Los aproximadamente 100,000 barriles de petróleos diarios que Venezuela envía a Cuba, a un costo ínfimo, representan un 70% del petróleo actualmente consumido por Cuba al año... Entre los barriles recibidos de Venezuela, y la producción domestica, Cuba tiene unos 105,000 barriles diarios de petróleo, y la industria eléctrica cubana necesita aproximadamente unos 65,000 barriles diarios para cumplir con su capacidad actual instalada de generación.

    La solución que esta tomando el gobierno cubano es la de instalar plantas portátiles de generación, de 2Megavatios, usando Diesel. Esta solución es descabellada, y muy costosa, ya que estas plantas no están construidas para operar en forma continúa, tendrían que ser instaladas más de 1000, y los sistemas de transmisión tendrán las mismas pérdidas actuales. La solución óptima es la renovación total del sistema-generación, transmisión, y distribución- a un costo de $1,5000 millones de dólares.

    Al pueblo de Cuba le espera en los próximos meses, debido a la irresponsabilidad del gobierno, una crisis económica muy grave, ya que la electricidad es la infraestructura más necesaria para un país, y la solución presente no resolverá este problema.

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    LA MAGIA ECONOMICA DE FIDEL CASTRO

    Por Jorge A. Sanguinetty
    Opinión, El Diario Exterior, España

    Fidel Castro acaba de anunciar que el Producto Interno Bruto (PIB) de Cuba creció en más de un once por ciento este año y pronosticó que crecería en un diez por ciento en 2006. El PIB es la medida de lo que produce una nación en un período dado y es el indicador más utilizado para saber cómo se comporta una economía. El PIB es la suma del consumo, la inversión, el gasto gubernamental y la diferencia de las exportaciones y las importaciones de un país. En un año dado este indicador mide el volumen de los nuevos recursos disponibles en una economía.

    Las cifras anunciadas por Castro corresponderían a una economía pujante. El dictador incluso alardeó de que el crecimiento de este año había sido mayor que el de China y que además representaba un récord para Cuba. De hecho, tales cifras son impresionantes y se pudiera concluir que la economía cubana está funcionando muy bien si las mismas fueran ciertas. Yo dudo que lo sean y paso a explicar por qué.

    Primero que nada debo señalar que el PIB era estimado por el Departamento de Investigaciones Económicas del Banco Nacional de Cuba, función que fue cancelada por Ernesto Guevara a comienzos de 1960. Lo que motivó tan drástica medida fue que dicho departamento hizo un estimado del PIB para el año anterior, el primero de la gestión revolucionaria, que indicó un crecimiento de sólo un uno por ciento para ese año, tasa que resultó inadmisible para Guevara y por lo tanto no publicable. De ahí en adelante y aunque parezca insólito, no hubo un verdadero sistema de cuentas nacionales.

    Desde entonces, nunca hubo muestras de que el país hubiera desarrollado un sistema respetable de cuentas nacionales que pudiera medir el PIB y sus componentes con un mínimo de confianza. Era claro que Castro no estaba interesado en que sus funcionarios conocieran el verdadero estado de la economía cubana. Después de todo el desarrollo económico del país no era parte de su programa de gobierno.

    Por otra parte, cuando las cuentas nacionales se toman en serio, los estimados no se dan antes del fin de un año, mucho menos por los jefes de gobierno. Cuando esto sucede y cuando encima de todo el gobierno es de carácter totalitario o dictatorial como el cubano, ningún observador profesional de las economías del mundo va a tomar las cifras en serio. La tasa de crecimiento anunciada por Castro carece además de una explicación de los métodos de estimación y de los documentos que permitirían una evaluación independiente del grado de confianza de las cifras.

    Pero Castro no se limita a una pantomima estadística para este año, si no que la proyecta para el que viene. Cuando supe del pronóstico de crecimiento de un diez por ciento no pude evitar preguntarme en broma qué clase de modelo macro-econométrico habrían utilizado los economistas del régimen para producir esa cifra y cuáles habrían sido las hipótesis de trabajo del pronóstico. Generalmente, estos pronósticos se explican al público para darle a las cifras, al igual que a los estimados corrientes, cierto nivel de confianza. Nótese que tanto para el estimado de 2005 como para el pronóstico de 2006, Castro sólo da la tasa de crecimiento sin mencionar el volumen total del PIB al que se refiere.

    La razón por la que Castro omite tales cifras la da él mismo en el discurso aunque de manera casi imperceptible. El dictador mencionó casi de paso que este año se había incluido en el cálculo del PIB el valor agregado de una serie de prestaciones sociales que se habían omitido en años anteriores. Independientemente de la validez teórica y metodológica de esa práctica, lo que esto significa es que los componentes de cualesquiera que sean los estimados para 2005 y proyección para 2006, ambos son muy arbitrarios y sugieren que Castro está necesitando cifras optimistas con motivos puramente propagandísticos.

    En realidad no hay indicaciones sólidas que sustenten el optimismo económico de Castro. El sabe que está presentando un cuadro falso de la economía mediante un mejunje estadístico que nadie entiende, un acto de verdadera prestidigitación de estado. Y se burla tanto de los observadores internacionales de la economía cubana, como de los infelices que el tirano piensa que tiene como súbditos permanentes. Es en situaciones como ésta en que Castro se da cuenta del valor que tiene para él tener una población desinformada, ignorante y cautiva que no tiene el beneficio de una opinión disidente.

    Es importante notar también la importancia crítica de las estadísticas económicas y la necesidad de que se produzcan independientemente del gobierno, además de que se puedan divulgar libremente y que los ciudadanos sepan interpretarlas en sus aspectos más elementales. Una democracia moderna que además esté comprometida con una economía capaz de sostener un alto nivel de vida para sus ciudadanos no puede funcionar adecuadamente sin que el público sepa qué está pasando con su economía.

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    De lo sublime a lo ridículo

    Oscar Espinosa Chepe

    LA HABANA, Cuba – (www.cubanet.org) - A los 47 años del triunfo revolucionario, un movimiento que en su momento inspiró a cubanos y extranjeros, oficialmente se ha anunciado un sorprendente crecimiento económico del 11.8% del Producto Interno Bruto (PIB) en 2005, de acuerdo al Informe sobre el Estado de la Economía, presentado por el ministro del ramo ante una sesión de la Asamblea Nacinal del Poder Popular celebrada a fines de diciembre.

    China, Taiwán, Hong Kong, Singapur, Corea del Sur y otras naciones asiáticas, que en las últimas décadas han impactado por el crecimiento económico y el acelerado aumento de sus riquezas, podrían sentir envidia de ese logro cubano… si fuera cierto.

    Lamentablemente, la realidad no compagina con el crecimiento anunciado. Lo que apreciamos quienes vivimos en este pequeño archipiélago y los visitantes extranjeros es precisamente lo contrario a lo que se percibe en un país cuando existe un engrosamiento de tal magnitud en la riqueza nacional.

    Pero los datos ofrecidos por las propias autoridades cubanas confirman las dudas provenientes de nuestros sentidos. En el primer semestre del año, cuando en Cuba la actividad productiva es más dinámica, existió un decrecimiento del 4% en la generación de electricidad, y aunque no se han brindado datos sobre la segunda parte del año, todos sabemos de la abundancia de cortes eléctricos, los conocidos apagones.

    ¿Cómo explicar entonces un crecimiento del 11.8% con la reducción de las disponibilidades de energía eléctrica, elemento básico e indispensable para la materialización de cualquier actividad de producción y servicios? ¿Cómo explicar el incremento del 19% en la metalurgia ferrosa, rama altamente consumidora de fluido eléctrico? Menos comprensible resulta aún la espectacular alza del PIB cuando se sabe que únicamente 12 de las 22 ramas industriales aumentaron, que la producción azucarera disminuyó a la mitad, que la producción de petróleo y gas se aminoró en 3.7% y que la importante producción niquelífera mantiene niveles similares a los del año 2004.

    En cuanto a la producción agropecuaria, se anunció una caída productiva equivalente a 15 millones de quintales de viandas y otros cultivos, se dejaron de producir 77 millones de litros de leche, y se perdieron 57 mil toneladas de frijoles. La sequía tuvo un impacto económico estimado hasta el cierre de 2005 en 1,350 millones de dólares. En la ciudad de La Habana, donde reside el 20% de la población del país y se genera alrededor del 33% del PIB nacional, en el mercado agropecuario hubo, de enero a julio, un descenso en las ventas del 14%. El resto del año, durante meses, muchos de los "agros" estatales permanecieron cerrados por falta de productos.

    A lo anterior se agregan las afectaciones por los huracanes Dennis, Rita y Wilma, los cuales provocaron daños materiales ascendentes a 2,300 millones de pesos, situación muy poco propicia para un crecimiento económico de tal envergadura, cuando además, como apuntamos anteriormente, durante todo el año se manifestó una crisis generalizada del sistema electro-energético nacional.

    El déficit comercial de bienes sí fue un récord, superior al ya alcanzado en 2004 (-3,400 millones de pesos) que pudiera estar en un entorno de 4 mil millones de pesos, con lo que la relación entre las importaciones y las exportaciones podría estar cerca de 4 a 1. Un resultado verdaderamente impresionante, debido al grado de ineficiencia logrado.

    Por su parte, todo parece indicar que el fondo habitacional se redujo en 2005 en términos absolutos por tercer año consecutivo. En el informe presentado a la Asamblea Nacional se nunció la construcción de 39,261 viviendas, cuando sólo por los efectos del huracán Dennis se destruyeron 28,082, sin contar los daños de los otros dos huracanes, otras incidencias nocivas de fenómenos meteorológicos y el tradicional derrumbe de edificaciones por falta de conservación y mantenimiento adecuados.

    La explicación que se da para justificar el casi 12% de crecimiento del PIB está enfocada fundamentalmente en un pretendido engrosamiento de los servicios, en especial los referidos a la salud pública y la educación. Se valora en exceso los contingentes de personal de la salud enviados al exterior, fundamentalmente a Venezuela, sin tener en consideración que el incremento en la exportación de los servicios médicos y los realizados a pacientes extranjeros dentro de las fronteras ha influido negativamente en la asistencia a los cubanos. No son pocas las ciudades y pueblos donde las plantillas de doctores, enfermeras y otro personal paramédico están medianamente cubiertas, lo cual ha provocado el cierre de consultorios o un pronunciado descenso en la calidad de la atención, con lo cual los valores realmente creados hacia el exterior son un factor de disminución de los servicios internos.

    En la educación persiste el poco interés de los jóvenes por el magisterio, por lo que se mantiene la política de cubrir las plantillas con maestros emergentes, o sea, mediante la formación improvisada de profesores, con la subsiguiente pérdida de la calidad docente. En la ciudad de La Habana están impartiendo clases en la enseñanza secundaria alrededor de cuatro mil maestros emergentes traídos de otras provincias, en particular las orientales.

    Posiblemente muchos de estos jóvenes, ahora establecidos en la capital, estén imbuidos de cierta vocación educacional, pero también un por ciento de ellos pudieran estar interesados en lograr acceso a la ansiada y prohibida Habana, con muchas más oportunidades para sus lógicas ansias de progreso material y espiritual. Así se crea una situación nada halagüeña para el futuro de la docencia cubana, con profesores formados precipitadamente y, en muchos casos, sin vocación e interés en una profesión tan exigente e importante para el futuro nacional.

    Algunos datos brindados vuelven a sorprender por su falta de seriedad. Ejemplo de ello es el 1.9% de desempleo informado, algo absurdo en un país donde nada más se requiere dar algunos recorridos por las calles en horas laborables para constatar dónde está la población apta para el trabajo y en el cual continúan cerrándose ingenios azucareros, liquidándose la principal industria nacional, empleadora hace unos años -directa o indirectamente- de más de 400 mil trabajadores.
    Cntinua.

  8. #8
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    De lo sublime a lo ridículo

    Sorprenden también los datos referentes al consumo de nutrientes en 2005: 3,356 kilocalorías y 88 gramos de proteína diarios, cifras que representan crecimientos del 14.3 y 12%, respectivamente, en relación con los niveles promedio alcanzados en los últimos años de la década de 1980, cuando los niveles de producción e importación de alimentos eran muy superiores a los actuales. Incluso este año se reconoció oficialmente que "la distribución racionada de alimentos para toda la población a precios subsidiados … garantiza aproximadamente la mitad del consumo de calorías per cápita de los cubanos". (Informe sobre el Cumplimiento de las Metas del Milenio, 2005). Por todo ello resultan dudosos los consumos de nutrientes anunciados. Quizás la explicación radica en el crecimiento de la llegada de turistas, con un total de 2.3 millones en 2005, cifra que posiblemente incluye a las personas que vienen del exterior a recibir tratamiento médico, todas con acceso a alimentos imposibles de adquirir por parte de la mayoría de los nacionales.

    Otro de los incrementos anunciados es el del transporte a un 7.7% en 2005. En realidad, la situación resultó catastrófica por la carencia de este vital servicio, así como debido al aumento de las tarifas de los particulares, en respuesta a la subida de las cotizaciones del combustible a principios del período en un 36% el litro de diesel. En la populosa ciudad de La Habana, donde en 1989 se realizaban 30 mil viajes de ómnibus estatales diarios, con una calidad deficiente, para una transportación diaria de 3.5 millones de personas, en 2005 se redujeron a 550 mil los usuarios, con un peor servicio y precios radicalmente más elevados. Ahora, con la adquisición de ómnibus chinos, quizás pueda observarse alguna mejoría, pero será muy difícil alcanzar rápidamente los niveles de servicio anteriores a la crisis.

    Respecto a la ejecución del presupuesto nacional, se repite y refuerza la nociva tendencia al crecimiento del déficit. Este año el saldo negativo anunciado llega a 1,950 millones de pesos, lo cual representa un crecimiento del 37.4% en relación con el presupuesto ejecutado el año 2004. El "tranquilizador" argumento de que sólo representa el 4.2% del PIB no puede tranquilizar a nadie, debido a que, como se ha expuesto anteriormente, el alza declarada de este indicador carece por completo de sustentabilidad. Por tanto, la relación entre el déficit fiscal y el PIB debe de ser mucho mayor, lo cual debería preocupar a las autoridades por las tensiones financieras que pudieran exacerbarse en el futuro inmediato.

    Desafortunadamente, si algo caracteriza el Informe sobre la Situación de la Economía en 2005, además de sus evidentes contradicciones, es la carencia de datos, incluso significativamente mayor en relación a los siempre pobres resortes de años anteriores. Nada se dice en esta ocasión sobre el estado de la productividad laboral, el alza de los precios al consumidor, los niveles de liquidez acumulada en manos de la población y en cuentas bancarias, la balanza de pagos, ni acerca de otros indicadores necesarios para juzgar debidamente la ejecución económica de un país en un período determinado.

    Ciertamente, en 2005 Cuba recibió un fuerte flujo de recursos financieros y materiales, principalmente a través de los acuerdos logrados con Venezuela, lo cual facilitó la llegada diaria de más de 90 mil barriles de petróleo en condiciones altamente ventajosas. Así, también los ingresos del estado debieron de crecer mediante los gravámenes impuestos en octubre de 2004 a las remesas en dólares y la apreciación unilateral del peso convertible frente a las monedas extranjeras en 2005. A ello se añaden significativas inversiones en la esfera niquelífera procedentes de China y Canadá.

    Referente a Venezuela, considerando que el precio promedio mundial del barril de petróleo fue de 56.4 dólares en 2005, el ingreso bruto para Cuba podría haber sido superior a 1,800 millones de dólares en el año. Teniendo en consideración que la contrapartida cubana consistió principalmente en la prestación de servicios en salud pública y educación, podría concluirse que la operación debió de ser altamente rentable. No obstante, resalta la alta dependencia actual de la economía cubana a las veleidades del precio mundial del petróleo, así como a la estabilidad del actual gobierno venezolano.

    Si algunos de estos factores se deterioraran, las consecuencias para la economía y sociedad cubana en su conjunto serían desastrosas, sobre la base de que Cuba cada vez se afinca menos sobre sus propios pies, mientras la dependencia del exterior se expande.

    En términos positivos podrían calificarse aspectos del discurso presentado ante la Asamblea Nacional por Francisco Soberón Valdés, presidente del Banco Central de Cuba, quien realizó un análisis realista sobre asuntos medulares de la economía del país al reconocer entre líneas que los principios básicos del socialismo jamás se han respetado. Es el caso de su crítica al sistema de racionamiento, el cual durante casi 44 años ha estado vigente, y que en la práctica en modo alguno ha promovido niveles socialmente justos de distribución, a la vez que ha frenado la adopción de medidas protectoras para los ciudadanos desvalidos.

    Sorprende que después de casi 44 años de aplicarse la llamada Libreta de Racionamiento en Cuba, con sus nefastas consecuencias materiales y espirituales y su promoción de la corrupción, ahora surja una persona que con suficiente claridad exponga un mal de tan larga data. De todas formas, bienvenido un reconocimiento, aunque se haya tardado tanto. Esperemos que no haya que esperar mucho para la puesta en práctica de las medidas rectificadoras adecuadas.

    Como puede observarse, el cuadro que presenta la sociedad cubana resulta desolador. Una revolución que prometía la prosperidad y la felicidad para el pueblo ha terminado en una gran decepción. La transparencia se tornó en manipulación y engaño; la grandeza, en mezquindad; la ilusión, en desesperanza; la soberanía, en dependencia; la revolución, en involución. De lo sublime a lo ridículo.

    Esta información ha sido transmitida por teléfono, ya que el gobierno de Cuba controla el acceso a Internet.
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  9. #9
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    Predeterminado

    Como español me siento avergonzado de la actuación de la mayoría de los diputados del Congreso que han rechazado solicitar al gobierno cubano la liberación de presos políticos:

    http://libertaddigital.com/php3/noti...&seccion=MUN_D

    http://www.cubanet.org/CNews/y07/may07/08o11.htm

  10. #10
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    CUBA, ¿SIN RON?

    Texto César González--Calero
    Corresponsal
    El Universal, México

    LA HABANA.- Si el tabaco y el azúcar son los personajes más importantes de la historia de Cuba, según sentenció el gran ensayista Fernando Ortiz, entonces la isla afronta una disfunción escénica en toda regla. Aunque todavía es mucho más fácil conseguir en La Habana una botella de ron que un saco de papas, la falta de insumos básicos (derivados de la caña de azúcar) para la fabricación del ron cubano puede poner en peligro la exportación de uno de los productos más apreciados del país.

    De momento, la escasez de materia prima para su elaboración ha afectado al suministro del licor en la capital cubana, según reveló recientemente el semanario Trabajadores.

    En enero y febrero, la producción de ron a granel y embotellado en las fábricas de La Habana funcionó a medio gas debido a la insuficiencia de algunos insumos básicos, como el alcohol, el caldo de ron y el aguardiente. El ron que se vende a la población en pesos cubanos (a través de la red de distribución llamada Cadena) es el que más está sufriendo ese desabastecimiento, aunque también se ha resentido el licor que la industria dedica a la venta en las Tiendas Recaudadoras de Divisa (TRD) en pesos convertibles (CUC), la moneda fuerte del país tras la salida de circulación del dólar a finales de 2004. Incluso la exportación de la bebida nacional de Cuba puede verse alterada si no se pone remedio a la crisis. "En enero no vendimos nada a la Cadena y en febrero sólo 2 mil 170 cajas, pero como en este mes no ha entrado ninguno de los insumos necesarios hay peligro de que no podamos exportar lo previsto para marzo", aseguró a finales de febrero a Trabajadores Dora Carbonell, subdirectora de producción de la Empresa de Bebidas y Refrescos (Ember) de la capital cubana.

    Según este semanario, Cuba Ron, la empresa suministradora de insumos como el alcohol, el caldo de ron y el aguardiente, "ha presentado dificultades para la entrega". Los datos aportados por Carbonell son reveladores: En febrero, la fábrica de Cuba Ron en Cárdenas, en la provincia de Matanzas, debió enviar a la capital 120 mil litros de alcohol y 60 mil litros de caldo de ron, pero no cumplió con lo estipulado, debido, según los responsables de esa fábrica, a una "rotura de la caldera".

    Las consecuencias son notables. En enero se pusieron a la venta en la capital cubana 248 mil litros de ron a granel, casi 200 mil litros menos que en el mismo mes del año pasado. Y en las dos primeras semanas de febrero, sólo se comercializaron 75 mil litros, muy lejos de la previsión realizada para todo el mes, que alcanza los 545 mil litros.

    En los establecimientos de la capital cubana que venden en pesos convertibles ha sido perceptible la reducción de botellas de ron en sus anaqueles. "Hay poco ron por dos razones: está llegando menos y la gente está bebiendo más", fue la vehemente explicación ofrecida a este periódico por un empleado de un supermercado habanero.

    En cualquier caso, todavía es pronto para saber cómo afectará esta carencia de materias primas a la exportación de uno de los productos que más se asocia a Cuba y cuya industria saca cada año al mercado 43 millones de cajas (para la exportación y el mercado interno), comercializadas a través de 34 marcas diferentes, según datos del Ministerio de la Industria Alimenticia.

    Azúcar amargo

    El año pasado, la cosecha de caña de azúcar fue la peor en los últimos cien años en Cuba (1.3 millones de toneladas, frente a los más de 8 millones de toneladas recolectadas en los mejores tiempos), después de que la reestructuración del sector emprendida por el presidente Fidel Castro a partir de 2002 llevara al cierre de más de dos tercios de los ingenios azucareros del país.

    Una política que ahora parece ser objeto de un serio replanteamiento por parte del régimen.

    Casualmente, la crisis en la producción del ron menos glamuroso coincide con el lanzamiento por parte de la empresa Havana Club de su selecto Máximo Extra Añejo, un ron que saldrá al mercado al precio de unos mil 600 dólares la botella, es decir, el salario medio de un cubano durante nueve años.

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