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  1. #61
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    08 ene, 07
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    Predeterminado

    Cameron ha hecho eso que en el Reino Unido llaman un punt, una apuesta temeraria contra la casa de juegos que lo puede hacer (políticamente) millonario o arruinarlo para siempre. Como todo apostante, al primer ministro británico lo tiene todo bastante calculado.

    Logra en lo inmediato cuatro cosas. Uno: la unidad de su partido, dividido desde los años finales de Thatcher. Dos: descolocar a los laboristas que en 1975 organizaron un referéndum sobre la permanencia en la Comunidad Económica Europea. Tres: conectar con un sentimiento popular favorable a la consulta por la decepción ante la falta de reanimación económica. Y cuatro: poner la pelota en la cancha de la UE.

    Es cierto que de aquí a 2017 se puede diluir mucho lo que Cameron ha conseguido en lo inmediato. Pero él sabe bien que sólo en este contexto de crisis tendrá la fuerza para doblar la mano de Alemania y Francia. El riesgo de esperar dos años más era que para entonces una Europa económicamente resurrecta estuviera mucho menos dispuesta a negociar con Londres. Hoy, digan lo que digan, y teniendo en cuenta que Holanda y Suecia han reaccionado haciendo toda clase de guiños a Cameron, Berlín y París no pueden darse el lujo de rechazar alguna forma de negociación con él.

    ¿Qué negociación? No está claro. El Tratado de Lisboa tardó una década en cobrar forma, de manera que una renegociación a fondo de los tratados vigentes para satisfacer al Reino Unido, que pretende impedir que la Eurozona limite su posición en el mercado único y sustraerse a la normativa comunitaria en varios temas, es difícil de concebir. En cambio, no son tan inconcebibles algunas concesiones a Londres disimuladas para evitar una seguidilla de solicitudes similares y una Europa a la carta.

    Varios países temen que sin el Reino Unido la UE se aparte del modelo liberal. Puede incluso que dentro de las propuestas que harán en mayo los alemanes en aras de una mayor integración habrá elementos de salvaguarda del mercado único para los que no están en la Eurozona como los que pretende Londres. Si es así, sin quererlo Cameron habrá ayudado a Merkel a contrarrestar la dimensión francesa intervencionista. Si la apuesta de Cameron sale mal y el Reino Unido acaba yéndose, tanto Europa como el Reino Unido perderán mucho. Si sale bien, Europa puede ganar a costa de Bruselas .

    Álvaro Vargas Llosa, en El Mundo

  2. #62
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    08 ene, 07
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    Predeterminado Otro 'tijeretazo' para cuadrar los Presupuestos

    Van Rompuy recorta 15.000 millones más para contentar a Berlín y Londres

    El presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, propondrá hoy a los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea un recorte adicional de entre 15.000 y 20.000 millones para tratar de acercar posturas en la difícil negociación de los presupuestos comunitarios de los próximos siete años. Ésta será la propuesta de base que presentará el moderador de la cumbre para retomar las negociaciones que se interrumpieron el pasado mes de noviembre. La mayor parte de estos recortes adicionales, unos 10.000 millones, se concentrarán en la partida de inversión en infraestructuras, telecomunicaciones y energía, según detallaron ayer fuentes conocedoras de los encuentros bilaterales que está ha mantenido Van Rompuy con los estados miembros en las últimas semanas.

    Además, habrá nuevas rebajas en los epígrafes del presupuesto comunitario relativos a «seguridad y ciudadanía», «política exterior» y «Administración». Éste último es uno de los más polémicos, porque dentro de esta partida se encuentran los salarios y pensiones de los funcionarios europeos, que han sido duramente atacados por el primer ministro británico, David Cameron, la canciller alemana, Angela Merkel, y otros representantes de países que defienden un recorte mayor.

    La propuesta existente hasta ahora planteaba una rebaja de 80.000 millones respecto al planteamiento inicial de la Comisión Europea. Con el recorte adicional que saldrá de esta cumbre, el presupuesto para los próximos siete años será de en torno a un billón de euros o incluso algo inferior. Hasta ahora los apartados que más recortes han sufrido en el borrador que maneja el presidente del Consejo son los relativos a crecimiento e innovación -especialmente en infraestructuras, como la del Corredor del Mediterráneo- , política exterior y seguridad y ciudadanía.

    A pesar de ser una de las más polémicas, la partida de Administración apenas ha sufrido hasta ahora un recorte (Van Rompuy sólo ha propuesto reducirlo en un 0,8%, frente al 15% de inversión en crecimiento). De ahí que se dé prácticamente por seguro que los funcionarios europeos y otros eurócratas salgan de esta cumbre con unas condiciones laborales peores. De otro modo los Veintisiete corren el riesgo de encontrarse con el veto de Cameron.

    España acude a esta reunión mejor de como llegó a la pasada cumbre de noviembre. El nuevo documento que se comenzará a debatir propone una serie de mejoras para España, especialmente en fondos de cohesión y en Agricultura. En concreto, plantea un fondo específico de 2.750 millones de euros, mejora de 300 a 500 euros las subvenciones por parado en las regiones con menor desarrollo económico y eleva hasta el 60% las ayudas mínimas que recibirán las regiones en transición, en comparación con los fondos que recibieron en el anterior periodo.

    «España va a luchar por mejorar su saldo y por tener un reparto equitativo de ingresos y saldos. Asumo que no vamos a empeorar», reconocía ayer una fuente diplomática.

    Además, Van Rompuy ha anunciado que presentará un fondo específico dotado con varios miles de millones de euros para ayudar a los países con mayor desempleo juvenil, por lo que España será uno de los que más dinero reciba de este proyecto.

    Javier G. Gallego, en El Mundo

  3. #63
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    08 ene, 07
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    Predeterminado Bruselas podrá vetar los presupuestos

    Angela Merkel rechaza devaluar el euro aunque lastre a los países en crisis

    La crisis económica que golpea desde hace cuatro años al Viejo Continente dejó en evidencia las redes de seguridad que la Unión Europea había diseñado para proteger las finanzas públicas de sus Estados miembros. Francia y Alemania abrieron en 2003 la puerta al descontrol presupuestario que años más tarde se ha traducido en déficits disparados, deuda pública por las nubes y unos paliativos a base de austeridad cuya eficacia está más que cuestionada.

    En los últimos dos años la Comisión Europea ha ido dotándose de cada vez más poder para evitar que vuelva a suceder algo así. Ese refuerzo al control presupuestario que tendrá Bruselas dio ayer un importante paso al aprobarse dos nuevas reglas que entrarán en vigor el próximo año. El acuerdo logrado entre el Parlamento Europeo y los Estados miembros otorgará al Ejecutivo comunitario la capacidad para vigilar los presupuestos de los Estados miembros y reclamar cambios antes de que se aprueben en los respectivos parlamentos nacionales.

    Los socios deberán remitir a Bruselas un borrador de las cuentas públicas antes del 15 de octubre y la Comisión elaborará un dictamen de conformidad o, si lo cree necesario, pedirá modificaciones a modo preventivo. Además, con las nuevas reglas aprobadas ayer el Ejecutivo europeo podrá reforzar la vigilancia sobre un Estado miembro -enviando incluso una misión de control- y tendrá el poder para obligar a los países a pedir el rescate si están atravesando fuertes problemas.

    Para lograr el acuerdo, el Parlamento Europeo ha incluido una cláusula que obliga a la Comisión a pedir un informe a expertos independientes sobre la viabilidad de crear un fondo de amortización de deuda y una agencia que emita euroletras. El objetivo, defiende la Eurocámara, es dar una mayor cohesión económica y monetaria a la zona euro y protegerla de factores que pueden agravar la crisis o traer una nueva, como una apreciación excesiva del euro.

    Los países del euro han mostrado divisiones sobre si es conveniente devaluar la moneda para asegurar mayor competitividad en la salida de la crisis, pero la canciller alemana no va a defender una intervención en el tipo de cambio. Merkel admitió ayer que un euro fuerte puede «lastrar» los esfuerzos de países en crisis para mejorar su competitividad, pero defendió los tipos de cambio marcados por el mercado y no por intervenciones políticas. El Gobierno alemán está convencido de la inconveniencia de una guerra de divisas y se sitúa en la línea del BCE.


    JAVIER G. GALLEGO y ROSALÍA SÁNCHEZ, en El Mundo

  4. #64
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    08 ene, 07
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    Predeterminado Bruselas: no hay alternativa a los ajustes

    Dice que una vía distinta a la consolidación fiscal tendría «consecuencias peores»

    No es casualidad que la Comisión Europea hiciera público ayer un documento de autodefensa contra las críticas que ha recibido por la gestión de la crisis. Al fin y al cabo la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno que comienza hoy abrirá un nuevo debate ideológico sobre la estrategia económica que está llevando a cabo la UE y ofrecerá otra oportunidad a Italia, Francia y España para pedir más flexibilidad a Bruselas.

    «No es una elección tan simplista como austeridad o crecimiento. Si fuera así, todos elegirían crecimiento», señalaban ayer fuentes europeas, que insisten en que todos los estados miembros respaldan la política económica de la Comisión, contra la que se han revelado importantes economistas e incluso el Fondo Monetario Internacional (FMI).

    Bruselas sostiene que «no es una llamada dogmática a la austeridad a toda costa, sino una búsqueda del equilibrio entre la implementación de ajustes creíbles, mantener la flexibilidad contra posibles shocks y manejar las limitaciones institucionales». Uno de los mitos que la Comisión trata de desmontar es la creencia de que el mercado reacciona de forma «irracional» y ello lleva a imponer ajustes. «Los diferenciales no están completamente desvinculados de factores objetivos», señalan los autores del texto, Marco Buti y Nicolas Carnot, que sostienen que la mera percepción de que se están haciendo los deberes ha ayudado a reducir los costes de la deuda.

    La Comisión concede al FMI que «hay razones para esperar mayores multiplicadores fiscales [efectos de los ajustes sobre la economía] en un momento de débil actividad económica y escaso apoyo en la política monetaria», pero insiste en que «no llevar a cabo esa política de consolidación fiscal podría tener consecuencias aún peores».

    El texto sirve también para reforzar la creencia en que Bruselas concederá más tiempo a España para reducir el déficit. «La Comisión ha tomado la iniciativa para aumentar el plazo concedido a los países para corregir sus déficits». Y añaden que esperan que en el futuro se siga teniendo más en cuenta el ajuste en términos estructurales, sin tener en cuenta los componentes del déficit vinculados a la mala coyuntura económica.

    Javier G. Gallego, en El Mundo

  5. #65
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    08 ene, 07
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    Predeterminado La presión de Merkel apunta ahora a Francia

    El partido de la canciller alemana quiere que Hollande aumente la jornada laboral y retrase la edad de jubilación

    La severidad con que Alemania ha tratado el caso de Chipre tiene un componente de aviso a los franceses, su verdadera preocupación. El Gobierno de Angela Merkel acaba de advertir a París que debe cumplir con sus compromisos de consolidación fiscal para este año, que le obligan a limitar su déficit presupuestario al 3% del PIB.

    La semana pasada, el presidente francés, François Hollande, anunció que el déficit público de su país ascenderá este año hasta el 3,7% y la reacción del ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble, ha sido decir que «en Europa las reglas son así y Francia las conoce tanto como nosotros». Schäuble se ha negado a hacer en público «sugerencias» al Gobierno francés, pero ha recordado que «es importante que Francia cumpla con el pacto de estabilidad y crecimiento», implantar el «camino de la consolidación fiscal» y «comprometerse con las reformas estructurales para fomentar la competitividad», precisó.

    Bastante más explícito que Schäuble, que se debe a la corrección política que exige su cargo, se ha mostrado su compañero de partido, Michael Fuchs, vicepresidente del grupo de la Unión Cristiano Demócrata (CDU) en el Bundestag, que ha pedido reformas muy concretas. «Los franceses deben modificar el tiempo de trabajo (...), siguen en las 35 horas semanales, así las cosas no pueden funcionar cuando se trabajan 42 horas en Suiza y 40 en Alemania», ha dicho en una entrevista en la radio pública alemana Deutschlandfunk.

    «Sobre las jubilaciones, los franceses están totalmente equivocados. No se puede ir a la jubilación con 60 años. No se puede funcionar así», advirtió, señalando que Francia tiene temas pendientes que los socios del sur ya han ido abordando. «Desgraciadamente, Francia es ahora el niño problemático en la zona euro, ya que otros países han hecho sus deberes de forma más intensiva, como España y también Italia, bajo el Gobierno de Monti. Los franceses creen que se pueden librar y no será así», añadió.

    Según varias fuentes de la CDU, Berlín se prepara para librar la última y más importante batalla por el euro, la que librará contra el Gobierno de Hollande para imponer la austeridad en la otra gran economía europea. En las conversaciones fuera de micrófono al respecto, los altos funcionarios de Finanzas dejan entrever que la gran seguridad con la que Alemania plantea sus exigencias se basa en que no está pidiendo nada que este país no haya hecho ya.

    Las previsiones para 2014 son que el nuevo endeudamiento neto caerá a 6.400 millones y el déficit estructural alemán quedaría eliminado por completo. El éxito en la reducción de déficit, sin embargo, no se debe tanto al recorte adicional de los gastos, relativamente estables en 300.000 millones desde 2010, sino a los ingresos fiscales, vinculados a un sólido crecimiento y un desempleo en mínimos récord.

    Rosalía Sánchez, en El Mundo

  6. #66
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    08 ene, 07
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    Predeterminado El extintor de Mario Draghi

    El gravísimo error cometido por los ministros de Economía y Finanzas de la Eurozona en la madrugada del sábado va camino de situarnos en una de las peores tormentas monetarias del euro. Que varias de las personas más preparadas y poderosas del continente avalaran la incautación de parte de los ahorros depositados en la banca chipriota ya no deja la más mínima duda de que la crisis no es sólo económica, sino algo peor.

    Los ministros se proveyeron de una cobertura jurídica que parecía impecable. No se trata, según los abogados, de una quita o exacción, sino de una medida de carácter fiscal: un impuesto o derrama aplicable una sola vez. Pero hasta el blindaje jurídico más sólido se derrite cuando la opinión pública empieza a descubrir la verdadera dimensión de lo decidido: una confiscación indiscriminada. La ministra austriaca Maria Fekter no titubeó en admitir que se habían equivocado.

    El debate sobre si la medida fue iniciativa chipriota, europea o del FMI ya tiene poco interés. Si fue europea, mala cosa. Pero si fue chipriota, esos mismos ministros europeos que estaban en la mesa de negociaciones debieron advertir a sus colegas de la isla mediterránea que estaban cruzando una línea roja que iba a traer consigo la desestabilización de la moneda única. Cuando se remataron los acuerdos ya no estaba presente el presidente del BCE, Mario Draghi, quien había delegado en su segundo, Jörg Asmussen. Pero cualquiera de los dos tiene la experiencia suficiente como para imaginar que lo que ocurrió ayer en los mercados iba a suceder con toda seguridad.

    Sobre todo para Draghi, la situación debió ser muy inquietante. La decisión chipriota va dirigida contra la línea de flotación de su plan de estabilización del euro que tan trabajosamente puso en marcha tras el verano de 2012. Primero fue su medido sermón de las siete palabras donde advirtió que haría lo que fuera necesario para salvar al euro y después la creación de las Outright Monetary Transactions (OMT) para satisfacer las necesidades de los países que pidieran rescate.

    Las OMT han sido comparadas con un extintor. El problema, como lo describía un alto funcionario español, es que el extintor está tras un grueso cristal que hay que romper para usarlo. Ese cristal son las condiciones que la Troika pondría al país que pidiera rescate. El Gobierno de Rajoy ha jugado con la idea de que puede utilizar el extintor en cualquier momento para apagar una prima de riesgo disparada, pero nadie sabe cómo de grueso es el cristal que habría que romper.

    Lo peor es que en su última conferencia de prensa, el representante de Bloomberg asedió a Draghi con preguntas sobre si ya tiene resueltos los problemas jurídicos que planteaban las OMT. Y no quedó rotundamente claro que esto sea así. Muchos analistas comentaron que, a lo mejor, el extintor de Draghi apenas es una pintada en una pared y no un extintor real. En eso han venido los chipriotas que le han prendido fuego al euro a la vista y paciencia de unos ministros que no les quitaron las cerillas a tiempo y les han permitido alegremente que desestabilizaran la moneda, lo cual al menos debería ser considerado negligencia o delito.

    John Müller, en El Mundo

  7. #67
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    08 ene, 07
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    Predeterminado Cuatro modelos para 5 rescates

    Jeroen Dijsselbloem reveló ayer lo que era un secreto a voces: que Chipre es un experimento, la creación de un paradigma, el cuarto que crea la Eurozona para lidiar con sus miembros en problemas.

    A la UE no le falta creatividad. Ha bregado de manera distinta las dificultades de cada miembro. Desde mayo de 2010 a Grecia se la ha rescatado dos veces, pero conviene recordar que ahí el problema fue el inviable Estado griego que gastaba/repartía más de lo razonable. Fue Grecia la que arruinó a sus bancos y no al revés. Y eso tuvo su eco más tarde en Chipre.

    Lo ocurrido en Irlanda en noviembre de 2010 fue diferente. La garantía dada por el Gobierno a los seis grandes bancos del país que habían hinchado una burbuja inmobiliaria, provocó la ruina del Estado. Al acometer un bail-out (rescate de la banca privada con dinero público), el Gobierno irlandés se quedó sin fuerzas y se arruinó.

    Portugal, en cambio, fue igual que Grecia. Otro Estado que gastaba lo que no tenía, mal gestionado y poco transparente. Pasó por la caja de la UE en mayo de 2011.

    Después vino España que inicialmente aplicó un bail-out a sus antiguas cajas de ahorros, quebradas por su politizada gestión y ahora reconvertidas en bancos. Sin embargo, tal cómo se vio la semana pasada, había ahí un bail-in (rescate vía achatarramiento del capital de los accionistas, acreedores e inversionistas) encubierto que sólo ahora se visualiza con la quita de las preferentes. Sorprende que esta quita en España suscite menos escándalo que la de Chipre. Sobre todo porque se ha llegado a ella después de que Guindos hiciera tabla rasa con la política de apaciguamiento del sector financiero que, es verdad, tan pocos resultados estaba dando. Sin ese cambio radical en mayo de 2012 no habría inversores como los que acudieron a la salida a Bolsa de Bankia en julio de 2011 que me parecen el paradigma del ciudadano estafado legalmente. Con todo, el Estado español no ha quebrado pese a sus numerosos achaques.

    Chipre es un caso nuevo en la UE. Un Estado que se ha quedado sin oxígeno por culpa de su banca que se arruinó por comprar deuda griega. Es decir, la banca chipriota, arruinada por el Estado griego, ha quebrado al Estado chipriota. Una mezcla perfecta del caso griego e irlandés. Se habla de bail-in en Chipre porque los depositantes de más de 100.000 euros perderán parte de sus ahorros. Sin embargo, faltan detalles para determinar si los que deberían verse afectados antes que los depositantes, es decir los accionistas y acreedores, han puesto su parte o no.

    john.muller@elmundo.es

  8. #68
    Fecha de Ingreso
    08 ene, 07
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    Predeterminado Alemania

    Está de moda denostar a Alemania y hacer culpable a Merkel de todo lo malo que pasa en Europa. Es fácil buscar un sustento a esta germanofobia en la historia. Ahí tenemos a Arminio derrotando a las legiones de Varo en Teutoburgo, a Lutero apostasiando del Papa o a Hitler y su locura genocida.

    Hay quien sostiene sin recato que todo lo que nos viene de Alemania es nefasto. Pero olvidan que Bach y Beethoven eran alemanes, al igual que Durero, Kant, Goethe y Mann. Como devoto lector de los filósofos que ha dado esa tierra, siento agradecimiento a su poderosa facilidad de abstracción.

    Es cierto que los alemanes tienen una notable incapacidad para reírse de sí mismos, cosa en la que aquí somos maestros, pero su pasión por la búsqueda de lo absoluto me parece fascinante. Alemania representa la única cultura occidental que todavía cree en los valores y que incluso intenta ponerlos en práctica. La belleza, el espíritu, la razón, el destino son ideales a los que los alemanes sienten apego. Tanto que intentan imponérselos, a veces por la fuerza, a una Europa que se siente empachada por tanta abstracción y que desprecia lo que no sea puramente tangible.

    Los alemanes miran al cielo y nosotros miramos a la tierra. Ellos son luteranos y nosotros católicos. A ellos les gusta la ópera y el drama y nosotros disfrutamos con el sainete y la zarzuela. Por eso, nos podremos apreciar y respetar, pero jamás entendernos.
    El problema de la UE no es el euro sino las profundas diferencias culturales y sociales de sus miembros. En este sentido, Alemania es una nación que ha preservado una identidad que es difícilmente compatible no ya con la de los países latinos, sino también con el frío empirismo británico o la racionalidad burguesa de Francia.

    La gran Prusia esta condenada a ser admirada o temida, pero nunca amada y comprendida porque su pasión por lo absoluto resulta molesta en una Europa en la que todo se negocia. El gran malentendido que nos domina es la creencia de que los alemanes son interesados y que sólo buscan el dinero. No es así. Su pecado es que quieren imponer unos ideales que a los demás nos dejan indiferentes porque tenemos muy claro que la Europa en la que vivimos es la de los mercaderes. Eso no lo entienden los compatriotas de Merkel, cuya alma luterana aspira a imponer la virtud en un continente en el que lo único que nos une es una Champions en la que el Sturm und Drang que encarna el Bayern pugna con el poderío económico de los equipos españoles.

    El ser en sí para sí hegeliano nos resulta incomprensible a los amantes del ajo.


    Pedro G. Cuartango, en El Mundo

  9. #69
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    08 ene, 07
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    Predeterminado «No quiero una Europa de la que sólo nos lleguen recortes», le dice el italiano Letta

    Merkel fija el empleo como nuevo objetivo

    Merkel superó ayer la encasquillada confrontación entre la tesis basada en la consolidación y la antítesis basada en el crecimiento, reseteando el enfoque de la crisis hacia la lucha contra el paro. Seguramente inspirada por las últimas cifras de paro en España, que preocupan enormemente en la Cancillería de Berlín, señaló: «Debemos entender que el auténtico objetivo no es la reducción del déficit y tampoco el crecimiento del PIB. El auténtico objetivo es el empleo». A modo de reflexión en voz alta, anotó además que «naturalmente, la política fiscal no lo es todo».

    Merkel hablaba sobre empleo en Europa con la autoridad que otorga el dato de paro alemán publicado ayer, un 6,9%. En abril de 2013 hay en Alemania 78.000 parados menos que en abril de 2012. El paro queda en 2,9 millones en un país con una población de 82 millones y el problema del mercado laboral alemán es que no encuentra trabajadores cualificados para cubrir los 1,2 millones de puestos que demandarán sus empresas en los próximos 10 años.

    Al tiempo que daba otra vuelta de tuerca al proyecto europeo, la canciller alemana se tomó la molestia de exponerlo al completo al recién llegado y repasó desde el principio el diccionario de la crisis con Enrico Letta. Apenas investido primer ministro italiano, acudió a Berlín a presentarse ante ella con unas reivindicaciones de crecimiento que solo fueron aceptadas con matices y precisiones. «No quiero una Europa de la que sólo nos lleguen recortes. Yo quiero una Europa tan comprometida con el crecimiento económico como lo está con la austeridad», acababa de decir Letta, cuando Merkel quiso corregir su terminología. «Consolidación fiscal», precisó la canciller. «Ese es el concepto: consolidación fiscal. Es interesante que en Alemania nadie usa la expresión austeridad. Antes de la crisis, de hecho, ni habíamos oído esa palabra. Nosotros lo llamamos consolidación fiscal y es un objetivo perfectamente compatible con el crecimiento».

    Siguiendo con la acotación terminológica de la crisis, Merkel se empleó a fondo en la definición del término crecimiento y desarrolló una explicación didáctica. «Naturalmente, gobernamos para la gente y la gente quiere trabajar, por eso debemos hacer mucho más por el empleo y por el crecimiento, pero crecimiento no supone necesariamente crecer a base de más gasto del Estado, sino que implica que las empresas, grandes y pequeñas, con más acceso al crédito, con un mercado laboral más favorable, con inversiones, apoyándose en mejores universidades y proyectos de investigación, creen más actividad económica y puestos de trabajo», dijo, insistiendo en que consolidación y crecimiento son en su opinión dos términos más cómplices que contradictorios.

    Letta sin más datos que presentar que su firme voluntad de «utilizar toda nuestra fuerza en el Parlamento para continuar con el curso de las reformas», se limitó a advertir a Merkel que su discurso puede terminar siendo contraproducente. «Si a los ciudadanos les llegan sólo consecuencias negativas de Europa, no conseguimos hacerles llegar una perspectiva de futuro, entonces crecerá el sentimiento antieuropeo y solo habremos logrado lo contrario de lo que nos proponíamos», dijo.

    Rosalía Sánchez, en El Mundo

  10. #70
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    08 ene, 07
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    Predeterminado Deuda, deuda y más deuda

    UE. La crisis del euro no ha acabado

    Los últimos indicadores avanzan que España saldrá de la recesión este trimestre y que la Zona Euro acaba de entrar nuevamente en terreno positivo, tras la recaída iniciada a mediados de 2011. Los políticos europeos, y especialmente los españoles, se agarran con fuerza a estos datos positivos para pregonar el fin de la crisis y el inicio de la recuperación. Sin embargo, si bien el sector privado nacional muestra claras señales de saneamiento, las finanzas públicas, tanto españolas como periféricas, no han dejado de deteriorarse, añadiendo así nuevos elementos de riesgo a la actual crisis del euro. No en vano, la estabilidad de la moneda única depende, en última instancia, de la solvencia de los Estados que conforman la Unión. De ahí, precisamente, la regla básica por la cual la deuda pública no debería superar el 60% del PIB y el déficit no sobrepasar el 3%.

    El problema es que estos límites están a años luz de cumplirse, a pesar de los rescates soberanos, las quitas y los anunciados pero irreales planes de austeridad de los países más débiles de la Zona Euro. El lento desapalancamiento del sector privado está siendo contrarrestado por un aumento de la deuda pública que carece de precedentes en períodos de paz. Como resultado, la deuda total de las grandes potencias no ha dejado de crecer desde que estalló la crisis. El endeudamiento conjunto de familias, empresas y Gobiernos se ha disparado en 33 billones de dólares desde 2007, casi la mitad del PIB mundial, debido, principalmente, al brutal desequilibrio de las cuentas públicas en los países más ricos. Se ha inflado así una burbuja de deuda soberana cuyo estallido amenaza con nuevas quiebras estatales o elevada inflación, según advierte el Banco Internacional de Pagos, el banco central de los bancos centrales.

    En el caso concreto de la Zona Euro, la deuda pública total supera ya el 92% del PIB (8,75 billones de euros), todo un récord histórico, tras aumentar en casi 400.000 millones en el último año. Y en el listado de Gobiernos más endeudados encontramos, no por casualidad, a los periféricos: Grecia (160,5%), Italia (130,3%), Portugal (127,2%), Irlanda (125,1%), Bélgica (104,5%), Francia (91,9%), España (88,2%) y Chipre (86,9%). En la actualidad, tan sólo cinco de los 17 países que conforman el euro cumplen los criterios del Tratado de Maastricht: Estonia (10%), Luxemburgo (22,4%), Eslovenia (54,5%), Finlandia (54,8%) y Eslovaquia (54,9%). De las grandes potencias europeas, Alemania es la única que está en disposición de reducir su deuda pública en los próximos años, a diferencia de Francia, Italia o España, siempre y cuando no sufra una crisis financiera y acuda al rescate público de su banca.

    A la vista de estos datos, no es de extrañar que algunas firmas de inversión enfríen el incipiente optimismo que rezuman políticos y burócratas de todo pelaje y condición. Es el caso de Bridgewater, que en una de sus últimas notas advierte de que el euro se enfrenta a cinco grandes amenazas en los próximos meses: 1) las nuevas pruebas de estrés a las que serán sometidas las grandes entidades financieras europeas en la primera mitad del próximo año, que podrían deparar algunas desagradables sorpresas; 2) la elevada exposición de la banca periférica a deuda pública de escasa o nula calidad, cuya reestructuración no se descarta; 3) en concreto, la posible aplicación de quitas soberanas en Portugal, al estilo de Grecia, podría extender el miedo entre los inversores a que suceda algo similar en España e Italia, 4) la delicada situación económica y fiscal de Francia y 5) el hecho de que la atención internacional en torno al euro pueda exacerbar las tensiones financieras, tal y como sucedió el pasado verano.


    Por último, a todo ello habría que sumar la siempre incierta variable política. Las cruciales elecciones de Alemania del próximo otoño, el mantenimiento o no de la estabilidad gubernamental en Grecia, Italia y Portugal o el riesgo de que una izquierda aún más radicalizada alcance el poder en España en 2015, tirando por la borda los tímidos avances registrados, son factores a tener muy en cuenta antes de echar las campanas al vuelo irresponsablemente y dar por finalizada una crisis, la del euro, de cuya resolución dependerá en buena medida el futuro de la Unión.

    Manuel Llamas, en LD

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