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  1. #51
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    08 ene, 07
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    Predeterminado Placer y realidad

    Hay que buscar una síntesis entre el puritanismo de Berlín y la fiesta de París.

    Es conocido que el padre del psicoanálisis oponía el principio de realidad al principio del placer. Aunque nuestra tendencia natural es levantarnos tarde, comer lo que nos apetezca, beber hasta embriagarnos y gozar de cuerpos bien torneados hasta la extenuación, una existencia de este tipo no nos conduce precisamente a la productividad, al conocimiento y al progreso.

    Por tanto, hemos aprendido, en contra de nuestros instintos, a valernos de la razón, y madrugamos, estudiamos, trabajamos y ahorramos en pos de metas materiales y espirituales que nos eleven sobre el plano de la caza, recolección y fornicación. El políticamente extinto ZP era un decidido partidario del principio de placer. Pasar de curso sin dar golpe, faltar a las citas internacionales si uno está cansado, dar a los terroristas lo que quieran para que no nos maten, pagar a los secuestradores para que nos devuelvan los rehenes, ceder a las pretensiones nacionalistas para ser simpático, gastar sin freno para que la gente nos quiera y nos vote, suprimir vidas en su inicio y en su final si nos estorban y, en general, multiplicar los derechos y eliminar los deberes.

    Este planteamiento disparatado duró nada menos que siete años apoyado en su arranque en las burbujas inmobiliaria y financiera y en las arcas rebosantes que había dejado el Gobierno anterior, hasta que, como era de esperar, nos precipitó a la ruina. La verdad es que la inmersión en un mundo imaginario de fantasías hedonistas resulta muy atrayente porque el autoengaño evita muchas preocupaciones. Así, las crisis económicas no nos afectan, las reformas estructurales pueden esperar, el Estado de las autonomías es un éxito y los créditos blandos de la Eurozona a los bancos insolventes no son un rescate. El problema es que el principio de realidad es implacable y en último término siempre derrota al principio del placer.

    En la Europa de hoy, aquejada de falta de competitividad y prisionera de su sistema de bienestar, el principio de realidad lo encarna Angela Merkel y el principio del placer, François Hollande. Por supuesto, se puede intentar la búsqueda de una síntesis soportable entre la severidad puritana de Berlín y la fiesta trepidante de París, pero parece que no están los tiempos para demasiadas componendas que nos ahorren esfuerzo y sacrificio. En España también nos debatimos entre la dulce molicie y la dura obligación, representadas muy dignamente en el seno del Partido Popular por Pedro Arriola y Esperanza Aguirre respectivamente y por Carme Chacón y no se sabe todavía quién en las huestes socialistas, pero, por desgracia, ha llegado el momento de elegir y se trata de una decisión que no admite demora.

    Alejo Vidal-Quadras, en La Gaceta.es

  2. #52
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    Predeterminado Europa se juega su futuro en 48 horas

    Nunca es bueno esperar demasiado de las cumbres europeas. Suelen decepcionar.
    Sin embargo, a diferencia de otras, lo que está en juego entre hoy y mañana es tan importante que ningún país se puede permitir el lujo de un fracaso.


    El posible acuerdo se ha venido gestando durante semanas, aunque el acelerón final tuvo lugar en París, donde los ministros de Economía de los cuatro grandes de la UE (Alemania, Francia, Italia y España) acudieron acompañados de los asesores económicos de los presidentes y jefes de gobierno, lo que dio a la reunión del martes un carácter especial.

    Sobre la mesa estaba la cuestión fundamental: Merkel sólo cederá a poner en marcha mecanismos de ayuda para relajar el coste de la deuda si sus socios aceptan en paralelo una sustancial cesión de soberanía.

    Esa cuestión tiene un doble frente: la unión bancaria y la unión fiscal. Sobre la primera se ha avanzado mucho. Los grandes países están de acuerdo en la creación de un supervisor europeo y de un fondo de garantía, dependientes del BCE, que ponga en marcha una regulación común para la banca en la zona euro.

    Ahora bien, la cesión de soberanía implica que los países admitan que una autoridad europea pueda no sólo supervisar, sino rechazar un presupuesto aprobado por un parlamento nacional, tal y como plantea el borrador elaborado por Van Rompuy (presidente del Consejo); Durão Barroso (presidente de la Comisión); Draghi (presidente del BCE), y Juncker (presidente del Eurogrupo). Ese documento ha recibido el visto bueno de España e Italia. Sin embargo, para Hollande es demasiado ambicioso y supone ceder en exceso ante Merkel.

    Las espadas están en alto, pero, en todo caso, y aunque no se llegue a un acuerdo cerrado sobre ese asunto, los negociadores se conformarían con un pacto sobre la unión financiera y un compromiso para avanzar en la unión fiscal.

    Si eso se produce, España e Italia podrían salir de la Cumbre con un acuerdo para que el Mede inyectara liquidez y redujera el enorme coste de la deuda que hoy soportan.

    Ese sería, sin duda, un éxito que no sólo aliviaría las tensiones sobre la deuda soberana de los dos países, sino que disiparía las dudas sobre el futuro del euro. Porque eso es lo que se ventila entre hoy y mañana.

    España e Italia han contado en este sprint final hacia la Cumbre más importante de la UE de los últimos años con la colaboración del ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble, que ha suavizado las posiciones de Merkel, muy presionada por sus socios liberales.

    La clave del éxito de la Cumbre está, según un miembro del equipo negociador, «en que nadie querrá asumir la responsabilidad del fracaso».

    Casimiro García-Abadillo, en El Mundo

  3. #53
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    Predeterminado Eurocumbre

    El Banco Central del Reich

    Nos cuentan que este 29 de junio han ocurrido asombrosas maravillas en Bruselas. Hollande ha abandonado a Merkel y ha hecho frente común con los parias del Sur de Europa. La canciller alemana se ha quedado sola y, frente al plantón de italianos y españoles, no ha tenido otro remedio que ceder a sus exigencias. Rajoy gana. Merkel pierde. Es lo que dicen los periódicos. Es lo que dice el Gobierno. Y es lo que dice Rubalcaba. No me lo creo. No me creo que Hollande tenga los mismos intereses que España e Italia. No me creo que Merkel se haya dejado vencer. No me creo que españoles e italianos, que competimos por hacernos con unos mismos fondos, insuficientes para atender a las necesidades de ambos, seamos aliados en eso o en cualquier otra cosa. No me creo que Monti, a quien Merkel colocó en el Quirinal, haya traicionado ahora a su mentora. Y mucho menos que estuviera dispuesto a dimitir. No me creo una palabra.

    Lo que han hecho Monti y Merkel es montar una comedieta fingiéndose enfrentados el uno con el otro para sacarle a Hollande lo que ningún francés hubiera cedido nunca, el control de los bancos franceses. ¿Tiene sentido que Merkel ceda ante la amenaza italo-española de boicotear el plan de Hollande? Alemania hubiera estado encantada de que ese plan se fuera al garete. El país germano no necesita políticas de crecimiento. Quien las necesita son Francia, España e Italia. A la canciller le interesaba aparentar que el organismo supervisor de la banca europea salía a pesar suyo porque buena parte de los dirigentes alemanes no quieren que sus cajas dependan de ningún organismo europeo y menos si éste está bajo control de Berlín. Quieren que lo sigan haciendo de los länder (debe de ser que golfos los hay en todas partes). Por eso, se ha disimulado que lo acordado lo ha sido a pesar de Merkel. Si la premier alemana hubiese de verdad querido romper la alianza italo-española le habría bastado ofrecer unas cuantas migajas a cualquiera de los dos países y Rajoy o Monti se hubieran apresurado a traicionar al otro a cambio de unos pocos miles de millones de euros. No lo hizo porque no quiso hacerlo.

    A nosotros, españoles e italianos, nos da igual quien supervise nuestros bancos si a cambio de ceder soberanía nos dan seis meses más de vida en forma de miles de millones de euros de deuda adquirida en el mercado. Y a Merkel le da igual pagar las facturas de estos meses si al final ha de hacerse con el control de la banca europea. El que pierde en todo esto es quien dice Rubalcaba que ha ganado, Françoise Hollande. A cambio de esos 120.000 millones, que sólo una parte irán a parar a Francia, ha cedido la soberanía sobre sus entidades bancarias. Cuando nuestros vecinos se den cuenta, van a creer que su presidente ha trasladado la capital a Vichy. No, si cuando Rubalcaba aplaude...


    Emilio Campmany, en LD

  4. #54
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    Predeterminado Por qué se hunde Europa

    La Unión Europea mira con envidia a Estados Unidos. Washington tiene un dólar fuerte (comparado con el euro), no afronta tentaciones separatistas y el Gobierno federal mantiene su autoridad en los cincuenta estados de la Unión. Hay crisis en Estados Unidos, pero menor: el desempleo está por debajo del nueve por ciento y, aunque débilmente, la economía crece.

    El objetivo subyacente en la Unión Europea, aun cuando no se decía a las claras, era crear un gran Estado federal compuesto por la treintena de países del Viejo Continente.

    ¿Qué es Europa? La pregunta se la hicieron cuando se discutía la absorción de los países provenientes del desaparecido mundillo comunista. Para responderla, en 1993 se establecieron los Criterios de Copenhague: podían formar parte de la Unión Europea las sociedades que creyeran en las libertades democráticas y en el respeto por los Derechos Humanos, en el mercado y la propiedad privada para organizar la economía, y que estuvieran dispuestas a cumplir sus obligaciones con la institución.

    La Unión Europea no era una cuestión religiosa ni cultural. Se trataba de una organización supranacional fundada en creencias jurídicas, a la que se podía concurrir vestido de cualquier manera, con cualquier color de piel, hablando cualquier lengua y rezando o no rezando a cualquier dios.

    En principio, parecía un hermoso proyecto que ponía fin a los fanatismos y sectarismos que durante milenios ensangrentaron el Viejo Mundo. Pero se cometió un error: los padres de la gran patria trataron de unificar y homogeneizar todos los retazos del gran rompecabezas. Como el modelo ideal era Estados Unidos, la nación más exitosa de la historia contemporánea, y ésta era bastante uniforme, prevaleció la ingenua tendencia de tratar de imitarla.

    Así surgieron los fondos de cohesión. ¿Qué era eso? Eran transferencias sustanciales de los países más ricos de la Unión Europea hacia los más pobres. No se discutía por qué, en general, el norte de Europa, con Alemania, Holanda y los países escandinavos, era más productivo que el sur –fundamentalmente Portugal, España y Grecia–, sino la evidente diferencia de renta per cápita entre los ciudadanos de ambas regiones.

    Prevalecía, pues, un espíritu redistributivo e igualitarista. Esa parecía ser la actitud justa. Aunque las sociedades no trabajaran del mismo modo y tuvieran, por lo tanto, tejidos empresariales diferentes; aunque no condujeran los asuntos públicos con el mismo grado de honradez y eficiencia, se suponía que la responsabilidad de los más poderosos era conseguir que la calidad de vida en todo el espacio europeo tuviera un perfil uniforme.

    De alguna manera, esa demanda es lo que hoy está destruyendo Europa. ¿Por qué? Porque los ciudadanos de los países más ricos están dispuestos a castigar en las urnas a los políticos que continúen transfiriendo recursos a las naciones que hoy están en crisis. Se sienten engañados y estafados.

    La señora Merkel no es una despiadada gobernante alemana que se niega a echar una mano a los griegos o a los españoles. Es un funcionario electo que tiene que tener en cuenta la opinión mayoritaria de sus conciudadanos, y estos están hartos de los comportamientos irresponsables de unos Gobiernos que gastan mucho más de lo que recaudan, y de unos sistemas financieros privados que, en defensa de sus propios intereses, tomaron decisiones equivocadas que los han llevado a la ruina.

    El error no ha estado en albergar en la Unión Europea países muy distintos, sino en intentar igualar los resultados. El error ha estado en tratar de dotar de una moneda común a sociedades que producen, consumen y administran de formas diferentes.

    Estados Unidos es una entidad muy distinta a la Unión Europea, y era una ingenuidad tratar de copiar ese modelo. Aquellas trece colonias originales desovadas por Inglaterra al otro lado del Atlántico, pese a sus diferencias, compartían el ADN esencial británico y habían hecho causa común con Londres hasta poco antes de la Guerra de Independencia (1776). Esa experiencia no era transferible a Europa.

    Para salvar el proyecto de la Unión Europea, enormemente valioso en mil aspectos, hay que olvidarse de las fantasías federales unitarias. El único destino posible es el de una confederación muy laxa de Estados desiguales en la que convivan sociedades distintas (y que por tanto obtendrán resultados diferentes). Cada transferencia que se hace desde la Europa próspera a la Europa en crisis no contribuye a salvar el proyecto común, sino a hundirlo. Esa es la paradoja.


    elblogdemontaner.com

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  5. #55
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    08 ene, 07
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    Predeterminado ¿Dinero para comprar deuda?

    El Parlamento alemán difundió el pasado miércoles el borrador del Acuerdo de Asistencia Financiera en el que se especifican los principales elementos del contrato entre el Fondo de rescate (EFSF, por sus siglas en inglés) y el Reino de España. En él se dice textualmente que «la cantidad no usada [para la recapitalización de la banca] podrá ser usada bajo otro tipo de asistencia para el Estado beneficiario».

    ¿Podrá usarse parte del préstamo europeo para la banca para comprar deuda española?
    El documento establece claramente que el objetivo de esta asistencia -por un importe de hasta 100.000 millones de euros- es la recapitalización de la banca. Por tanto, el acuerdo que firmará hoy el Eurogrupo no contempla otra ayuda distinta bajo las condiciones pactadas.

    ¿Qué pasará con el dinero sobrante?
    Lo novedoso es que el texto señala que las cantidades que no sean usadas para recapitalizar a los bancos y cajas podrán ser destinadas a otro uso que ayude a España a reducir sus costes de financiación.

    ¿Qué tipos de usos?
    Las modalidades que señala el documento son las siguientes: línea preventiva de crédito; protección parcial de las emisiones de deuda del Tesoro; compras de bonos en el mercado secundario; compras en el mercado primario (subastas del Tesoro); rescate total a España.

    ¿Qué tiene que suceder para que se utilice el dinero en alguna de estas modalidades?
    En la práctica supondría iniciar de nuevo el proceso de petición de ayuda. El Gobierno debería solicitarlo oficialmente al Eurogrupo; la Comisión Europea y el BCE podrían añadir nuevas condiciones a España (en función de cuál sea la ayuda solicitada) y el grupo de trabajo del Eurogrupo debería dar su visto bueno.

    ¿Entonces, qué tiene eso de novedoso?
    En este documento se menciona la posibilidad de que España podría necesitar otro tipo de ayuda más allá de la del sistema financiero. Fuentes comunitarias señalan que llegado este caso, el actual Acuerdo de Asistencia Financiera, que fija todos los detalles técnicos del contrato, serviría para cualquier otra ayuda.

    ¿A cuánto ascendería esta ayuda?
    La cantidad del préstamo depende de muchos factores. En primer lugar del tipo de ayuda que pueda hipotéticamente solicitarse (no es lo mismo una línea de crédito que un programa de compra de deuda). Además, la cantidad no la fija el Estado que pide la asistencia, sino el Eurogrupo junto con la Comisión y el BCE tras analizar con detalle la situación.

    ¿Qué más datos aporta este documento?
    Por primera vez hay una mención directa a la recapitalización directa de la banca española después del acuerdo alcanzado en la Cumbre Europea de finales del pasado mes de junio. También se fijan los casos en los que se consideraría que España ha impagado la deuda o aquellos en los que el EFSF se reserva el derecho a no desembolsar la ayuda. Además, señala que el precio del préstamo consta de un tipo base más cuatro comisiones distintas (una de «compromiso», dos de servicio y otra que sirve como aval).


    J.G. Gallego, en El Mundo

  6. #56
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    Predeterminado El ascendiente de Karlsruhe

    A estas alturas, se ha convertido prácticamente en un lugar común apuntar a la falta de unión política como causa de la crisis de Europa. Tarde o temprano, habrá que tomar una decisión sobre si los países europeos están dispuestos a ceder una parte suficiente de su soberanía como para conceder a la unión económica la oportunidad de funcionar. La clave de esta cuestión radica en Alemania. Alemania fue el motivo que desencadenó en origen la formación de la Unión Europea. No deja de ser irónico que un plan diseñado para contener la hegemonía alemana se haya vuelto cautivo de esa misma hegemonía. Todos los caminos siguen llevándonos una vez más a Berlín.

    Alemania está gobernada por dos instituciones que ejercen una influencia casi incuestionable sobre su economía y su política: el Bundesbank y el Tribunal Constitucional. El Tribunal Constitucional tiene su sede en la ciudad de Karlsruhe, lejos de Berlín, y goza de un respeto especial en el seno de la sociedad alemana. Al término de la Segunda Guerra Mundial y durante la formación de la República Federal de Alemania en 1949, la preservación del orden y la Justicia en un país asolado moral y físicamente tenía una importancia incalculable.

    El Tribunal Constitucional se encargó de mantener esos valores y ha conservado ese papel (y el respeto que conlleva) hasta el día de hoy. En asuntos tan importantes como el papel de Alemania en Europa y la Unión Europea, el Tribunal Constitucional tiene la última palabra; no la canciller Merkel ni el Bundesbank. Es teniendo presente ese papel como hay que entender sin género de dudas sus decisiones respecto del punto al que puede llegar exactamente Alemania en la formación de una unión política.

    En dos sentencias clave de finales de los años noventa, el Tribunal Constitucional estableció los principios fundamentales que deben tenerse en cuenta en detrimento de las perspectivas de una verdadera Unión Europea y de una solución duradera a la crisis financiera de Europa. Retrospectivamente consideradas, esas resoluciones contienen los gérmenes de la crisis de deuda de Europa y de los obstáculos para su resolución. El primero de estos fallos se produjo en 1998, cuando el Tribunal Constitucional consideró que la condición previa a la conformidad de Alemania a transferir la responsabilidad de la política monetaria al Banco Central Europeo en el marco del Tratado de Maastricht era que el tratado contribuyera a la estabilidad de la nueva moneda, el euro. Si el tratado (y la unión económica resultante) se revelara incapaz de promover esa estabilidad monetaria, Alemania podría verse obligada a abandonarlo. Correspondería entonces al Tribunal Constitucional el derecho de ordenar el abandono del euro.

    En 1999, el Tribunal Constitucional adoptó una resolución aún más importante, conocida como la [resolución] Karlsruhe-Lisboa-Urteil. En esta sentencia, el Tribunal se las
    reservó efectivamente el derecho a determinar qué poderes caían dentro del ámbito de
    autoridades de la Unión Europea y cuáles debían ser retenidos por el Estado alemán. Así, todos los derechos que no se encomendaran expresamente a la Unión Europea por el Parlamento nacional alemán seguirían manteniéndose dentro de las competencias de Alemania.
    En particular, el Tribunal Constitucional alemán se reservó aquellas áreas que afectaran a «la formación política de las condiciones económicas, culturales y sociales de vida». Bajo esta expresión quedaban amparadas «áreas que conforman las condiciones de vida de los ciudadanos, en particular, el espacio privado de su propia responsabilidad y la seguridad política y social», así como «la administración de la justicia penal, el monopolio de la policía y el del ejército, el uso de la fuerza, la configuración de las condiciones de vida a través de la política social y las decisiones importantes sobre cuestiones culturales como los sistemas escolar y educativo, las disposiciones reguladoras de los medios de comunicación social y las relaciones con las comunidades religiosas». Más importante aún es que la lista de poderes que no pueden cederse al ámbito europeo incluía «decisiones fiscales fundamentales sobre los ingresos y gastos». Con esta sola frase, el Tribunal Constitucional estableció un bloqueo prácticamente insuperable a la integración fiscal europea.

    Es en el contexto de estas sentencias del Tribunal Constitucional alemán en el que deben valorarse las perspectivas de la Unión Europea. La pugna constante entre las exigencias de Alemania por ejercer su control sobre la política económica europea y las necesidades individuales de las 17 naciones miembros de la Unión Europea será imposible de resolver a menos que se dé satisfacción a las condiciones del Tribunal Constitucional de Alemania. La primera de esas pautas es que la Unión Europea debe contribuir a la estabilidad del euro. El valor del euro, sin embargo, es probable que se deprecie muchísimo más frente al dólar norteamericano y otras monedas de referencia como parte de los ajustes necesarios para reactivar el crecimiento económico europeo. Está por ver a qué grado de depreciación se va a llegar y si se cumplirán entonces las exigencias de estabilidad monetaria.

    La segunda de esas pautas es que Alemania no va a renunciar al control de su propia economía, algo que puede ser difícil de lograr si al país se le exige que transfiera cientos de miles de millones de euros para apoyar las economías de otras naciones más débiles. A diferencia de los políticos, que son capaces de conseguir que una palabra signifique prácticamente cualquier cosa, los jueces del Tribunal Constitucional de Alemania no son tan flexibles. Aunque son humanos y, por tanto, no son inmunes a las influencias políticas, parecen guiarse por un estricto conjunto de principios a los que es poco probable que renuncien.

    Es posible que el Bundesbank esté preocupado por los 727.000 millones de euros que efectivamente lleva prestados a los bancos centrales de las naciones hermanas débiles de Europa a través del programa TARGET2 (que, por cierto, hay quienes creen que es lo único que mantiene a Alemania dentro de la UE), pero eso no es lo que preocupa al Tribunal Constitucional. Si la Unión Europea ha de sobrevivir, su única probabilidad de
    conseguirlo habrá de ser de conformidad con las condiciones de Alemania.
    Mientras los miembros de la UE no acepten esa realidad, lo más probable es que los avances hacia una solución de la crisis europea de deuda se produzcan sólo muy lentamente y a trancas y barrancas.

    MICHAEL LEWITT, en El Mundo

  7. #57
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    08 ene, 07
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    Predeterminado Por treinta monedas de plata

    Mariano Rajoy lleva varias semanas implorando a Bruselas un rescate total de la economía española por la puerta de atrás. El presidente del Gobierno está presionando para que se mutualicen de un modo u otro las deudas de todos los europeos: mediante una nueva ronda de monetización de deuda por parte del Banco Central Europeo, la emisión de eurobonos o la constitución de una unión bancaria europea.

    ¿Cuál es el objetivo? Que el contribuyente alemán pague nuestros pasivos. Desplumados los españoles, tras la salvaje subida del IRPF y del Impuesto de Sociedades –y está al caer la del IVA–, Rajoy apunta a los teutones como próximos paganos del sobredimensionado Estado español.

    De momento, Merkel se ha resistido, en parte, a ceder la hacienda de sus ciudadanos para fines tan espurios: si bien ha aceptado la creación de dos fondos de rescate y una más que pródiga monetización de deuda por parte del BCE, la canciller alemana todavía se opone a una socialización permanente de las deudas. Todavía.

    No olvidemos que Merkel es, al fin y a la postre, una política más, que desde luego está interesada en acaparar todo el poder posible a costa del sector privado. Si hasta la fecha no ha utilizado el dinero del contribuyente alemán para comprar Grecia, España o Portugal es sólo por la fiera oposición de sus votantes. Pero tras las próximas elecciones alemanas, las gane o las pierda ante un SPD aún más socialdemócrata, no es improbable que se den pasos hacia una mayor "integración política" europea. De hecho, el Consejo Europeo de los próximos días 28 y 29 bien podríamos tener por consecuencia un nuevo impulso hacia la mutualización de los pasivos europeos.

    Al fin y al cabo, los políticos alemanes tienen el dinero que los manirrotos mandatarios periféricos necesitan, y éstos tienen un poder sobre sus territorios que cualquier gobernante, también los del norte de Europa, ambiciona. De ahí que haya espacio para un acuerdo que beneficie a unos y otros: dinero a cambio de soberanía.

    Rajoy, desde luego, está entusiasmado con ello. Antes que recortar el gasto y meterse en líos, el presidente del Gobierno está dispuesto a ceder soberanía a los mandatarios extranjeros. No otra cosa supondrían los eurobonos: socialización de deudas a cambio de una mayor centralización del poder en Bruselas. Doble infamia, pues, la de Rajoy: negarse en redondo a meter en cintura el sobredimensionado Estado español e hincar la rodilla y rendir pleitesía a todo aquel que venga con una chequera a tapar las desvergüenzas de nuestra casta política.

    No se trata tanto del etéreo concepto de soberanía nacional: lo realmente preocupante es, por un lado, la creciente centralización del poder en instancias monopolísticas cada vez más alejadas del ciudadano y, por otro, el cercenamiento de la sana competencia fiscal, con el lacerante resultado de una mayor carga tributaria sobre todos los ciudadanos europeos.

    En definitiva, cada paso que damos hacia esquemas de socialización de deuda, por mucho que sea celebrado con alborozo por políticos, periodistas y economistas de cámara, nos aleja más de la libertad económica y política. Tengámoslo claro: cuanto más presiona Rajoy a Merkel, más aprieta la soga en torno a nuestro cuello. Al menos, no lo celebremos como corderos camino del matadero.


    juanramonrallo.com
    twitter.com/juanrallo
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  8. #58
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    08 ene, 07
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    Predeterminado Alemania plantea más obstáculos al fondo de rescate

    Una demanda ante el Constitucional puede retrasar la activación del Mede

    El fondo de rescate europeo (Mede) tropezó ayer con un nuevo obstáculo, la demanda presentada ante el Tribunal Constitucional alemán por un grupo de ciudadanos alemanes encabezados por el profesor Markus Kerber; un economista con larga carrera en la banca de inversión, que anteriormente fue asesor del Ministerio de Finanzas de Berlín y que ahora es directivo de la patronal alemana de la industria (BDI).

    Aunque los términos concretos de la demanda no se conocen, resulta sorprendente porque en una entrevista concedida al diario Handelsbaltt a principios de julio Kerber se mostraba totalmente de acuerdo con la política de rescates de Merkel y decía que «el Gobierno federal sigue fiel a la filosofía: ninguna ayuda sin condiciones en forma de reformas estructurales».

    Nada ha cambiado desde entonces ni en la política de condiciones de Merkel ni en el acordado fondo de rescate, por lo que resulta difícil explicar la presentación de esta demanda, que se produce sólo unos días después de que haya tomado el relevo en la presidencia del Tribunal Constitucional un hombre que procede del círculo de confianza del ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, al igual que Kerber.

    Esta nueva demanda podría retrasar más la sentencia del Constitucional, que en respuesta a otras dos anteriores demandas, presentadas por minoritarios de izquierda y euroescépticos, se espera para el 12 de septiembre. Esa nueva demora podría acarrear más turbulencias en los mercados porque sin el visto bueno del Constitucional Alemania, el principal contribuyente al fondo, no podrá aportar su parte.

    A pesar de las presiones, el tribunal de Karlsruhe ya aplazó su decisión a mediados de julio, alegando que necesitaba más estudios para deliberar con conocimiento de causa si tanto el Pacto Fiscal europeo como el fondo de rescate suponen la vulneración de la soberanía nacional alemana. La urgencia de la decisión llevó entonces al ministro Schäuble a advertir de los efectos del retraso. «Nos encontramos en una situación inusualmente crítica», indicó Schäuble, aludiendo al peligro de contagio entre países. En la misma línea se manifestó el miembro alemán del comité ejecutivo del BCE, Jörg Asmussen, que aseguró que una sentencia negativa al fondo dejaría a Europa sin instrumento «muy importante» para superar la crisis.

    También los planes de compra de deuda española e italiana por parte del BCE dependen del fondo de rescate, ya que Mario Draghi y Merkel ponen como condición que participe el Mede y para ello debe estar operativo.

    Fuentes cercanas a Karlsruhe señalan que será clave la sentencia del Tribunal Europeo de Luxemburgo sobre la demanda similar presentada por un diputado irlandés y que el TC alemán podría esperar a conocer esa jurisprudencia.

    Rosalía Sánchez, en El Mundo

  9. #59
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    08 ene, 07
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    Predeterminado El nuevo poder alemán

    El sociólogo alemán Ulrich Beck acaba de publicar en español su breve ensayo Una Europa Alemana (Ed. Paidós, 114 pgs.), tres artículos sobre la crisis del continente, cuya tesis central es que «ante la posible quiebra del euro, Alemania, como potencia económica, ha ido a parar a la posición de potencia política europea que toma las decisiones». Los traumas germanos le impiden, y Beck lo admite, usar el término «liderazgo» (en alemán Führung, por aquello del famoso Führer) que sería más apropiado.

    Beck toma una cita de Timothy Garton Ash que recuerda que en 1953, Thomas Mann llamaba a luchar «no por una Europa alemana, sino por una Alemania europea», una imagen que se convirtió en un eslogan hasta el Gobierno de Gerhard Schroeder. La paradoja es que hoy nos encontramos con una variante imprevista: una Alemania europea en una Europa alemana.

    Aunque Beck reconoce que este proceso «no ha sido intención de nadie», su texto arroja la impresión de que ha sido culpa de Angela Merkel, a la que llama Merkiavelli y compara con el Príncipe del famoso autor florentino. El secreto de su éxito sería un «brutal neoliberalismo de puertas afuera», combinado con «un consenso con tintes socialdemócratas de puertas adentro».

    Hay un enorme error de apreciación aquí, impropio de un intelectual de la talla de Beck, porque lo que llama «brutal neoliberalismo» que a su juicio obliga a los países endeudados a recortes abominables, no son más que los criterios del Tratado de Maastricht, firmado en 1992, y que obliga a los gobiernos a mantener inflación, déficit y deuda dentro de parámetros razonables. La creadora de esos baremos no es Merkel ni la Alemania actual que, además, nació saltándoselos. Quizá haya que remontarse al Acta Única de Jacques Delors de 1986 para hallar a los padres de la criatura.

    Así, lo de la Europa alemana y la Alemania europea son conceptos que se van quedando huecos con un repaso crítico. Esta falsificación es fruto del prisma ideológico que aplica Beck. En su texto, el capitalismo siempre va asociado a adjetivos como «brutal» y «destructivo». Al final desnuda su posición proponiendo «un nuevo contrato social para los europeos» que anuncie «el comienzo de una era socialdemócrata a escala transnacional». Curioso, cuando la realidad se desacopla de la ideología, siempre es más fácil reiniciar la sociedad con un nuevo contrato social que quitarse los prejuicios.

    Aunque este tercer artículo es patético, hay reflexiones anteriores de Beck que merecen mucho la pena. Se le ve brillante cuando aplica su famosa Teoría del Riesgo al análisis de la crisis, sobre todo para desvelar las asimetrías entre unos líderes que luchan al mismo tiempo por satisfacer a su electorado nacional y salvar al euro. O cuando concluye que «ésta es la mejor Alemania que jamás hemos tenido». Pero quizá la reflexión más atinada sea sobre «el imperativo de la catástrofe», la forma en que la improvisación de soluciones económicas ha debilitado la institucionalidad europea y en definitiva la democracia.

    John Müller, en El Mundo

  10. #60
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    08 ene, 07
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    Predeterminado Merkel desoye a Rajoy y rechaza impulsar el PIB con más medidas

    Berlín asegura que el crecimiento debe proceder de las reformas estructurales

    Apenas una horas después de publicarse la entrevista concedida por Mariano Rajoy a Financial Times, en la que pedía que las grandes economías europeas promuevan políticas expansivas, el ministro alemán de Economía, Philipp Rösler, se dio por aludido y rechazó ayer tajantemente esa posibilidad. «No va ha haber paquetes de impulso económico», dijo en una rueda de prensa en la que se remitió a los acuerdos forjados ya en Bruselas, como el pacto fiscal que han firmado 25 de los 27 integrantes de la Unión Europea, cuyo objetivo último es «posibilitar el crecimiento».

    El ministro alemán se mantuvo firme en la convicción de que el crecimiento económico que tanto necesitan las economías más afectadas por la crisis en el sur de Europa debe proceder de reformas estructurales que han de seguir ejecutando los gobiernos nacionales para flexibilizar sus mercados de trabajo, reformar los sistemas de pensiones, fomentar la competitividad y promover las privatizaciones. «No creemos en los paquetes económicos financiados por deuda», señaló el político liberal, consciente del destructivo efecto que tendría en las encuestas electorales cualquier declaración que no fuese una negativa tajante a la petición española y con unas elecciones regionales para este próximo fin de semana en el Land de Baja Sajonia en el que su partido, el FDP, podría quedar fuera del Parlamento regional, posibilidad que obligaría a dimitir, posiblemente, al propio Rösler.

    Algo menos tajante se mostró el portavoz del Ejecutivo alemán, Steffen Seibert, quien reconoció que la prioridad del crecimiento es uno de los «temas centrales» en las conversaciones comunitarias de los últimos meses, aunque dejó claro también que «no ayudaría ahora a nadie en Europa» que Alemania aprobase «grandes inversiones que no se puede permitir y que aumentarían aún más la deuda» del país. «Hay que luchar contra los problemas de forma consecuente», aconsejó Seibert.

    Con ambas declaraciones, el Gobierno alemán no solamente desoye la petición de Rajoy, sino que ignora también los consejos de varios prestigiosos institutos económicos alemanes, que están pidiendo a Merkel un giro de estrategia en la lucha contra la crisis y más impulso al crecimiento en los países del sur de Europa, como cortafuegos a una recesión que amenaza con extenderse a la economía alemana y que identifican como la principal amenaza a la que se enfrenta Alemania en estos momentos. Merkel se encuentra a este respecto paralizada, entre la espada de la recesión y la pared de una campaña electoral que no permite margen de maniobra.

    El Ministerio de Economía alemán ha recortado su previsión de crecimiento a causa de que las políticas de austeridad han minado el poder adquisitivo de vecinos y socios, enfriando las exportaciones alemanas, de forma que el PIB crecerá solo un 0,4% en 2013, frente al 0,7% del año anterior. Los pedidos a fábrica cayeron un 1,8% en noviembre lastrados por la débil demanda europea, mientras que las exportaciones se desplomaron un 3,4% ese mismo mes, la mayor caída en más de un año.
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    Repatriación de lingotes.Alemania también anunció ayer una operación de alta seguridad sin precedentes, que durará 8 años y en la que repatriará unos 36.000 millones de dólares en lingotes de oro desde diversos refugios en los que tiene hasta el momento su reserva.Las 374 toneladas de oro alemán que están depositadas en bóvedas en París se trasladarán a las arcas del Bundesbank en Fráncfort con fecha límite en 2020. Serán repatriadas además otras 300 toneladas de oro almacenadas en Nueva York. En total, regresará a casa el 19% de las reservas alemanas de oro, que son las segundas más grandes después de las estadounidenses.
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    Rosalía Sánchez, corresponsal de El Mundo en Berlín

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