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  1. #91
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    08 ene, 07
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    Predeterminado Isidoro de Antillón: un liberal de raíz popular

    Quienes se pregunten por la nación española y por la causa liberal habrán de tropezarse necesariamente con el nombre antiguo y sonoro de este aragonés.

    Entre las figuras trágicas del liberalismo español, rico sólo en desventuras, pocas tan maltratadas como la de Antillón. Dueño de un talento multiforme y extraordinario, honrado a carta cabal, defensor de la libertad individual y de la dignidad de España hasta el punto de entregar su vida por ambas, el odio de los serviles viejos y nuevos, la ignorancia institucional y la incuria intelectual lo tienen hoy arrumbado en el olvido. Sin embargo, quienes se pregunten por la nación española y por la causa liberal habrán de tropezarse necesariamente con el nombre antiguo y sonoro de este aragonés de pro al que todo se le puso siempre en contra, pero que nunca se rindió.

    Nació en una casa de labradores de buen pasar en el pueblo turolense de Santa Eulalia del Campo, entonces Santa Eulalia de Jiloca, el 15 de mayo de 1778. Era tan pequeño, tan frágil y enfermizo pero tan esforzado en cuanto emprendía que los suyos andaban siempre preocupados por su salud.

    A los once años aprendió a leer y escribir en latín en Mora de Rubielos y en 1791 estudió Filosofía en el seminario de Teruel, donde espantó a los buenos curas defendiendo nada menos que la libertad de pensamiento. Tan defensor de su fe cristiana como de la libertad y la igualdad de los hombres, tuvo alguna inclinación adolescente al estado eclesiástico, pero su padre se lo quitó de la cabeza.

    Estudió luego en Zaragoza, Huesca y Valencia, desde donde mientras leía a Adam Smith pedía a su familia, más pobre que tacaña, calcetines y algo de la conserva del cerdo, porque pasaba mucha hambre. Tanta era su penuria que acabó seduciendo a una prima suya, en cuya casa se alojaba, para tener mejores alimentos y algún dinero de bolsillo. La prima fingió quedarse embarazada y Antillón tuvo que huir de Valencia aprisa y corriendo.

    Doctorado en Derecho Civil y Canónico, había leído también con provecho a Locke, Rousseau y Montesquieu. Pero su pasión por la Verdad y la Naturaleza, en él unidas, le llevó a hacerse geógrafo. Con diecisiete años publicó su primer trabajo: un estudio, pueblo por pueblo, árbol por árbol, planta por planta, de la Comunidad de Albarracín, la hermosa serranía que domina las huertas de Cella (“Celfa la del Canal”, en el Poema de Mio Cid) y Santa Eulalia. El adolescente esmirriado contó tan bien su tierra que en Zaragoza y Madrid pronto se hicieron lenguas de su talento. Otro turolense de Villar del Saz, Agustín Larrea, presidente de la Sociedad Económica Zaragozana de Amigos del País, le apoyó durante toda su breve y asendereada vida.

    Después hizo el estudio de Teruel, y en años sucesivos los mapas de toda España, Portugal y las Américas. Pero la variedad de sus obras geográficas hace difícil su censo completo. Destacan los Elementos de geografía (1800), Lecciones de geografía astronómica, natural y política (1804-1806), el Atlas español (1807) y los Elementos de la geografía natural, astronómica y política de España y Portugal, que se publicaron póstumos, en 1824. Realizó estudios monográficos, como el de Manzanera, recopilaciones jurídicas sobre Derecho Aragonés y sobre los fueros de Teruel y Albarracín, e incluso, un estudio sobre los Amantes de Teruel. Avecindado en Madrid, se casó con una joven viuda asturiana, como su mentor y admirado Jovellanos, llamada Josefa Piles Celín de Rubines, Pepina, con la que tuvo una hija, Carmen. Tras la Geografía se dedicó a la Astronomía, estudió Física, Química y Matemáticas, atento siempre a exponer sus saberes en los periódicos y en las aulas. Le preocupaba tanto la educación que ya en su primer libro, junto a las hierbas y árboles de la sierra, consignaba en qué pueblos había escuela de niñas y dónde faltaba.

    Antillón tuvo siempre un interés especial por la cuestión de la esclavitud. Ya en 1802 hizo un discurso en la Academia de Derecho sobre la abolición de la esclavitud de los negros, que desarrolló en un libro después. Pero en su camino de geógrafo, astrónomo, químico, físico, matemático y moralista se cruzó la política en forma de Napoleón. Apenas empezó la guerra de la Independencia se lanzó a organizar la Junta de Defensa de Teruel. Publicó entonces uno de los primeros panfletos, género del que se haría devoto: ¿Qué es lo que más importa a la España?Discurso de un miembro del populacho.

    Desde 1808 su actividad es frenética y sólo la benemérita investigación de José María de Jaime Lorén, que ha rescatado su correspondencia y gran parte de su obra dispersa, permite hacerse una idea de su continua producción política y jurídica, casi siempre a través del naciente periodismo liberal. Huyó de los franceses que lo buscaban en Madrid disfrazado de arriero. Estuvo en los Sitios de Zaragoza, fue elegido como representante de Aragón (1809 y 1813) en las Cortes de Cádiz, de las que fue soberbio orador, compitiendo con el divino Argüelles.

    Fue asiduo en Sevilla de la tertulia de lord Holland, con Jovellanos, Capmany, Quintana o Blanco White. Colaboró con Quintana en la fundación del Semanario Patriótico, primer periódico político español, y sucedió a Capmany como director de la Gaceta del Gobierno.

    Desde Cádiz lo mandaron a Mallorca, feudo del conservadurismo clerical. Fundó allí un periódico, la Aurora Patriótica Mallorquina, e hizo frente a los numerosos serviles de la Isla, encabezados por el llamado Mastín Seráfico, padre Strauch, que con Traggia y otros lo difamaron hasta la extenuación.

    Proclamada la Constitución, una noche de 1813 trataron de asesinarlo en la Isla del León. Descalabrado y dado por muerto, consiguió reponerse y volvió a las Cortes, entre las ovaciones de los diputados, para defender un dictamen sobre Educación. A él se debe la abolición de castigos físicos en escuelas y cárceles.

    Defendía “que los reyes son sólo los jefes de gobierno, pero que la soberanía reside en la nación o en el pueblo. La naturaleza no ha formado esclavos y señores, reyes ni vasallos: esto es obra de la fuerza y de las instituciones de los hombres…”. Cuando Fernando VII abolió la Pepa y reinstauró el despotismo, en la primera lista de perseguidos estaba Antillón. Lo prendieron en Mora y lo pasearon moribundo por Teruel y Santa Eulalia, donde falleció el 3 de julio de 1814, en la cama en que había nacido. Años después, los orangutanes de la reacción profanaron su tumba y echaron sus cenizas a una hoguera. Las últimas palabras que escribió a su madre fueron: “A treinta y seis años muero miserable y perseguido, muero abandonado por la naturaleza y oprimido por el dolor; pero consolado con mis principios.”

    por Federico Jiménez Losantos, en LD

  2. #92
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    08 ene, 07
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    Predeterminado El corralito que viene o por qué Aguirre tiene razón

    Los economistas están consiguiendo que incluso una noción tan popular e inteligible como la de "corralito" se convierta en un arcano, en un es no es, en una de tantas cosas que no se entiende de las medidas económicas de este Gobierno que ganó las elecciones con un programa liberal y que hasta ahora no ha aplicado más que medidas socialistas para gestionar la ruina heredada del PSOE. Dicen que ilegalizar el pago en metálico por más de 2.500 euros "no es técnicamente un corralito", que supone impedir que los impositores puedan sacar su dinero de los bancos. Menos mal que no soy economista para refugiarme en los conceptos técnicos. Menos mal que no tengo en gran concepto las "technicalities" de los expertos y, por supuesto, puedo decir lo que está a la vista: que la medida anunciada ayer por Rajoy es el primer paso que nos lleva hacia el corralito argentino.

    ¿Por qué? Pues porque el "corralito" es, fundamentalmente, un ataque a la propiedad y, por ende, a la libertad. El mecanismo peronista, puesto en marcha nada menos que tres veces en veinte años, es justo eso: un atentado contra la propiedad privada que usa los bancos como cárceles de ocasión. Se impide a los ciudadanos sacar el dinero de los bancos, porque se sospecha que no lo usarán como quiere el Gobierno que lo usen. ¿Y quién es el Gobierno para decidir si se paga en metálico, en cheque al portador, en cheques nominales o en transferencia bancaria? ¿No le basta con esquilmarnos a impuestos? ¿No es suficiente que el Gobierno, todos los gobiernos, las cuatro administraciones (local, provincial, autonómica y central) incumplan los compromisos nacionales e internacionales en materia de déficit? ¿Es que además de pagar la ruina a que nos ha llevado la casta política, hemos de utilizar el poco dinero que no nos quitan, léase roban, como le parezca al Gobierno manirroto, al ruinoso Ayuntamiento, a la pródiga Diputación o a la despilfarradora Comunidad Autónoma?

    Pues esto es lo que, con la excusa de luchar contra el "fraude fiscal" o la "evasión de capitales" ha presentado, sin anuncio ni debate previo, el Gobierno del PP a un interlocutor muy adecuado: el comunista Cayo Lara. Pero vamos a ver, señores políticos, doctos economistas, miembros del Comando Rubalcaba y de la Brigada del Aplauso: ¿alguien va a invertir en un país del que no se pueda llevar el capital invertido como y cuando quiera? No es que no se deba, es que además no se puede. Pero la libre circulación de capitales es la base secular de la prosperidad y tiene en el respeto a la propiedad privada su piedra angular. Sin ese sagrado respeto a la propiedad, ni hay libertad ni puede haber prosperidad. Y la última medida del Gobierno será técnicamente lo que sea, pero realmente es la primera barda de lo que popularmente llamamos corralito; o sea, corral. Porque como a bestias o bestezuelas nos trata un poder incapaz de recortar sus infinitas prebendas y de respetar el contrato que firmó con sus electores hace muy pocos meses.

    En ese camino del Gobierno hacia el peronismo a través del peperonismo, el único discurso liberal que se deja oír es el de Esperanza Aguirre, que ha pedido, tras constatar el fracaso en la integración de los separatistas catalanes y vascos en el Estado de las Autonomías, una revisión a fondo de ese tinglado que ha roto la nación y ha hundido el Estado. ¡Y dice Rajoy que revisar ese fracasado y ruinoso engendro "ni se contempla"! O sea, que sí se contempla y se ejecuta una subida brutal del IRPF y del impuesto de sociedades, se priva a la gente de gastar el dinero que guarda en el banco pero no puede siquiera "contemplarse" la reforma de las taifas autonómicas, de las absurdas Diputaciones, o de los infinitos Ayuntamientos. Montoro –o sea, Rajoy– y De Guindos –Rajoy, o sea– nos atracan, pero el Presidente nos prohíbe llamar a la policía de la inteligencia y a la experiencia histórica de un Gobierno de un país al que llamábamos España y de un partido al que llamábamos popular. Aguirre ha dicho que "no es monedita de oro" (para contentar a todos) pero que dice lo que piensa. Y muchos pensamos que es la única que utiliza la cabeza para pensar y no para esconderla bajo el ala de la contabilidad de la Señorita Pepis, que a este paso no va a poder contar más que lo que adeudamos. Aunque, eso sí, con entrañable acento porteño.

    Federico Jiménez Losantos, en LD

  3. #93
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    Predeterminado Es la libertad, estúpido

    Hay quien dice que Clinton ganó unas elecciones imposibles gracias a su famoso eslogan «Es la economía, estúpido», aunque yo creo que el estúpido al que se refería, que era Bush padre, las perdió cuando subió los impuestos tras protagonizar en televisión otro eslogan famosísimo: «Lean mis labios: no más impuestos». Aquella extravagante sociedad se toma muy mal que le mientan y hasta castiga a los políticos que lo hacen. No siempre ni a todos, claro: por ejemplo, a Clinton le perdonó que sostuviera que una felación no era sexo porque no había penetración, y si ésta la perpetraba él con un habano, tampoco, porque no era la humana parte anatómica diseñada para ese fin. Dicen que a Nixon lo echaron por las mentiras del Watergate, pero eran naderías al lado de las clintonadas. Si Nixon hubiera sido progre jamás habría caído y si Clinton hubiera sido republicano habría perdido la Casa Blanca, Hillary y el gato Socks. Ahora que es vegano y delgadito se habrá pasado al sexo tántrico.

    En todo caso, Clinton, hijo de alcohólico y con la típica tendencia a mentir de los niños que padecen ese drama, acertó con «Es la economía, estúpido», porque allí se toman muy en serio el dinero que se lleva el Fisco y discuten hasta el último céntimo. Y porque hay una parte importante de aquel extraño país que valora mucho la libertad individual, es decir, la libertad. En Europa es el Estado -es decir, los políticos- el único ente que parece tener derecho a la libertad máxima, que es privarnos de libertad. Ahora bien, sin libertad económica dentro de un Estado de Derecho no hay prosperidad, y si el poder priva a la economía del oxígeno que necesita el mercado, que es la libertad, al hecho moral de esclavizarnos añade el hecho material de empobrecernos. No digo que capitalistas y empresarios adoren la libertad, porque lo que buscan es el beneficio; si es en monopolio, mejor. Digo que la mejor forma conocida de asignación de recursos en cualquier sociedad es la de la economía de mercado. Y eso exige libertad y ganas de tenerla. Casi nadie ha criticado la ocurrencia del Gobierno, que tras amnistiar fiscalmente a los criminales con un pequeño gravamen del 10% anuncia la prohibición de usar más de 2.500 euros en metálico. No evitará el fraude fiscal que el propio Gobierno premia, pero aun si lo hiciera habría que oponerse, porque es nuestro dinero. Y nuestra libertad, so bobo.

    Federico Jiménez Losantos en El Mundo

  4. #94
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    Predeterminado Miedo y democracia

    Gracias, nuevamente, a mi amigo Antonio Salazar he leído un artículo de Antonio Morales Méndez, alcalde grancanario de Agüimes, titulado "Miedo y democracia", que además está amablemente dedicado al propio Salazar y a mí, "aunque no les guste". Pero a mí me ha gustado el artículo, que merece atención y comentario.

    El señor Morales Méndez recupera una antigua y atinada noción política: el poder del miedo. Es algo muy cierto: desde siempre los poderosos han procurado atemorizar a la población para así someterla con más facilidad. Por eso, el liberalismo, en su lucha para evitar que la coacción política quebrante los derechos y las libertades de los ciudadanos, insiste en que no hay tener miedo a una sociedad de mujeres y hombres libres, mientras que, por el contrario, el socialismo de todos los partidos siempre ha aterrorizado al pueblo augurándole toda clase de catástrofes si éste preserva para sí sus derechos y libertades.

    Lo asombroso de don Antonio Morales es que asegura que el miedo lo provoca el liberalismo con el objetivo de destruir el Estado y la democracia. Esto es muy llamativo, porque cada vez hay más Estados democráticos en el planeta y esos Estados en todo el mundo no hacen más que crecer, como se ve en cuatro dimensiones fundamentales de su acción: los impuestos, los gastos, la deuda y las regulaciones de todo tipo. ¿Dónde está mirando don Antonio?

    Mi conjetura es que don Antonio está mirando la realidad de modo parcial. Por ejemplo, mistifica la intervención política y habla de educación y sanidad públicas, pero no dice ni una palabra de sus costes; vamos, habla como si fueran gratis, como si el Estado pudiera aumentar esos gastos sin límite y sin consecuencias negativas para nadie; también se refiere a los derechos laborales como si fueran una pura bendición del poder, y no como un daño que ese mismo poder perpetra contra los trabajadores pretendiendo ayudarlos, como se ha visto tantas veces en España con la tremenda tasa de paro que han logrado nuestros políticos tras tantas pretendidas "conquistas sociales". Da la sensación de que los males que padecemos, desde el desempleo hasta las crisis bancarias, desde los bajos salarios hasta las magras pensiones, provienen según el señor Morales Méndez, de la retirada de la intervención pública, y no de su profundización.

    Una ilustración de esta curiosa asimetría a la hora de ver las cosas es que don Antonio, así como cree que nuestros males derivan de un supuesto liberalismo, que es pura ficción, no alude a una realidad importante, del mismo modo en que no lo hace su admirada Naomi Klein en La doctrina del shock. Se apresura don Antonio a seguir a Klein en su demonización de Milton Friedman, y no se detiene un minuto a subrayar que para esta autora el malo es Pinochet, no Fidel Castro: para ella el comunismo fue apenas "un cuento de hadas", y lo realmente terrible del comunismo no fueron los millones de trabajadores asesinados bajo su férula sino... ¡lo que vino después!

    Carlos Rodríguez Braun, en LD

  5. #95
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    Predeterminado Derechos de Bardem

    La actriz Pilar Bardem se presentó esta semana en un acto de apoyo a los mineros que llegaron a manifestarse a Madrid procedentes de Asturias y León. Y declaró: "Quiero a los mineros como quiero a cualquier ciudadano que defienda sus derechos".

    Es una excelente ilustración de una paradoja fundamental del progresismo. En efecto, ¿cómo es posible que Pilar Bardem quiera a cualquier ciudadano que defienda sus derechos, y no a cualquier ciudadano que los tenga?

    Imaginemos una persona que es asaltada, golpeada o violada, pero que opta por no resistirse, quizá porque piensa que no vale la pena o incluso porque puede empeorar su situación. ¿Es que la señora Bardem no sentiría aprecio por ella? ¿Es que no querría a una mujer violada si esa mujer no defiende su derecho a su integridad física y moral?

    Esto es obviamente un disparate. Todos tenemos derecho a no ser violados, independientemente de la defensa que hagamos de ese derecho.

    Asimismo, el derecho a no ser violados comporta el respeto a nuestra dignidad y nuestra libertad sin menoscabar en absoluto la dignidad y la libertad de los demás. En cambio, lo que los mineros reivindican es el derecho a quebrantar el derecho de los demás al fruto de su trabajo, porque exigen que los políticos arrebaten a los ciudadanos unas sumas de dinero que los ciudadanos libremente con seguridad no entregarían a los mineros.

    La lógica de la acción colectiva, que diría Olson, lleva a que determinados grupos de presión poco numerosos pero muy organizados utilicen diversos grados de violencia para conseguir que los políticos les ayuden a expensas de los contribuyentes o los consumidores, dos grupos muy numerosos pero poco organizados, que no defienden sus derechos en las calles. Pero los tienen, y Pilar Bardem podría apreciarlos. Después de todo, ellos probablemente han pagado con su dinero, a la fuerza, sus películas.

    Carlos Rodríguez Braun, en LD

  6. #96
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    Predeterminado El liberalismo y la duda

    Escribe Raymond Aron en sus Memorias una frase que se me ha quedado grabada: «Yo nunca he justificado lo injustificable apelando a la razón dialéctica». La historia está llena de ejemplos contrarios, de dictadores y líderes mesiánicos que justifican sus crímenes en nombre de la razón de Estado. Pero Aron se refería a los intelectuales franceses que cerraban los ojos ante los horrores del estalinismo, lo que provocó su expulsión de la izquierda bien pensante. Sartre creía que su compañero de estudios era un reaccionario y la derecha, en cambio, que era un traidor por su defensa de la independencia de Argelia y su posición crítica con el gaullismo.

    Aron siempre estuvo solo. Nadie le ofreció cargos públicos, ni fue amigo de los ministros, ni tuvo simpatías entre los empresarios, ni perteneció a ningún movimiento cívico porque era demasiado independiente. Lo que más me ha atraído siempre de la obra de Aron, nacido en el seno de una acomodada familia judía y combatiente desde Londres contra el nazismo, es la perfecta coherencia entre su vida y su obra. Subraya en sus Memorias que para él pensar, escribir y vivir son la misma cosa. Y siempre fue coherente con ese principio.

    Aron es junto a Karl Popper e Isaiah Berlin uno de los tres grandes pensadores liberales del siglo XX. Pero contra lo que se cree superficialmente, este liberalismo no era una justificación ideológica del capitalismo ni una legitimación de los excesos del mercado. Lo que Aron y sus colegas propugnaban era un enfoque no dogmático para comprender el mundo. Por eso, los tres reivindican la duda como método y sostienen que antes de llegar a conclusiones hay que examinar los hechos sin prejuicios. No en vano habían sufrido el totalitarismo y sentían un rechazo instintivo a la uniformidad ideológica.

    Liberalismo viene etimológicamente de libertad y precisamente el denominador común de la obra de los tres es la autonomía de la razón y la defensa del librepensamiento en el contexto de lo que Popper denominaba «la sociedad abierta». Podemos todavía aprender mucho de la lectura de sus textos, especialmente de los de Aron, cuyo único error fue anticiparse a los acontecimientos mucho antes de que sucedieran. A Sartre le sucedió al revés: parecía que acertaba cuando en realidad se equivocaba. Y es que sólo el paso del tiempo puede poner a cada uno en su sitio.

    Pedro G. Cuartango, en El Mundo

  7. #97
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    Predeterminado Karl Popper y la fatal arrogancia liberal

    Hace un poco más de 70 años, en febrero de 1943, Karl Popper puso fin a la redacción de la que llegaría a ser una de las obras más célebres del siglo XX: La sociedad abierta y sus enemigos. Fue, como Popper dice en su autobiografía, su “esfuerzo de guerra”, su contribución a la lucha, aún incierta en esos tiempos, contra los totalitarismos –negros, pardos o rojos– que por entonces asolaban el mundo y reducían el ámbito de las sociedades libres a una mínima expresión.

    Desde ese aciago 1943 el mundo ha cambiado notablemente. Los avances del totalitarismo comunista continuaron hasta mediados de los años 70, pero desde entonces la marejada liberticida ha amainado considerablemente. Hoy vivimos en medio de una era de progreso sin parangón, motivada por una expansión de la libertad que no tiene precedentes en la historia de la humanidad. Nunca tantos habían sido tan prósperos como hoy ya que nunca antes la libertad había llegado a tantos seres humanos en tantos ámbitos de sus vidas.

    Un escenario tan promisorio puede, sin embargo, llamar a cometer lo que sería una “fatal arrogancia” de parte de quienes tienen el privilegio de vivir en sociedades cada vez más libres: descuidar la defensa de las ideas de la libertad creyendo que su victoria definitiva está ya asegurada. Un descuido semejante podría tener funestas consecuencias, ya que no hay forma más segura de perder la libertad que dejar de luchar por ella.

    El mejor antídoto contra esta fatal arrogancia liberal es recordar la tesis fundamental de La sociedad abierta y sus enemigos: no hay avances de la libertad sin una reacción liberticida que trata de restablecer el orden necesariamente subvertido por esos avances. Es la voz de la tribu –del instinto gregario y el sometimiento a un orden previo al individuo y su libertad– que se alza frente al reto de vivir vidas más libres y, por ello, inciertas y desafiantes, llenas de posibilidades pero también de una responsabilidad personal indelegable por nuestros aciertos y errores.

    Esa fue la explicación que el gran pensador liberal le dio al trágico enigma de su tiempo: el auge devastador del totalitarismo. Para Popper, el estado natural del ser humano es lo que él llama tribalismo, es decir, el colectivismo o la sociedad cerrada, que no conoce ni reconoce al individuo ni aún menos a la libertad individual. A su juicio, esa libertad es una creación muy reciente de la humanidad, una salida, aún vacilante y traumática, de su estado colectivista original (de su minoría de edad hubiese dicho Kant). Según Popper, nuestra civilización vive todavía la conmoción creada por “la transición de la sociedad tribal o cerrada, con su sometimiento a las fuerzas mágicas, a la sociedad abierta, que pone en libertad las facultades críticas del hombre.

    Es en el contexto de esta gran conmoción causada por la irrupción de la libertad individual donde Popper sitúa el nacimiento del totalitarismo moderno, que no sería sino una respuesta o reacción de una violencia inusitada a esa irrupción, un intento brutal y delirante de restablecer el orden tribal –bajo la forma idealizada de un futuro paraíso terrenal– que la libertad individual necesariamente cuestiona y amenaza. Esto es lo que podríamos llamar la paradoja de la libertad, ya que es su avance lo que desencadena una resaca de opresión nunca vista en la historia de la humanidad.

    La razón de ello no es otra que la fuerza profundamente subversiva de la libertad. La libertad individual no es otra cosa que la libertad de cada uno de nosotros de subvertir todo lo que existe, cuestionar todo aquello en que hemos creído, dejar obsoletas tanto nuestras ideas como nuestras formas de producir y organizarnos. La libertad crea el desorden de la creatividad, del experimento, del cambio, del aventurarse en lo incierto y lo desconocido, del tratar de ser lo que queramos ser y no aquello para lo cual habríamos nacido según la tradición y las imposiciones de un cierto orden social. La libertad es, con otras palabras, la salida del ser humano de lo controlable y predecible, la entrada en la era del cambio incesante; y como tal pesa, cuesta e incluso cansa.

    La importancia de esta tesis en la era de la globalización –que tomada en su conjunto no es más que la irrupción de la libertad a escala planetaria– es evidente: frente a todo este torbellino de libertad y cambio que llamamos globalización debemos esperarnos una fuerte resaca colectivista o tribal, incluso totalitaria. Esto es lo que hoy representa ese amplio espectro de tendencias liberticidas que va desde el ecologismo fundamentalista y el neopopulismo latinoamericano hasta el nacionalismo xenófobo y el islamismo radical. Esta reacción fue lo que no intuyeron muchos liberales ingenuos a propósito de la caída del Muro de Berlín y el hundimiento del Imperio Soviético. Creyeron que habíamos entrado en la recta final de la carrera hacia la libertad, el happy end de la historia sin más complicaciones. Hoy sabemos que las cosas no eran tan simples y que la fatal arrogancia liberal puede jugarnos malas pasadas.

    También en Chile vemos crecer una resaca colectivista después de un largo período de progreso que no conoce paralelos en la historia del país. Surge nuevamente la tentación de abdicar de nuestra responsabilidad personal para que otro –el Estado y las élites que lo dirigen– nos asegure el bienestar y, ojalá, la felicidad. Tal vez se trate de una fatiga natural ante las exigencias a que nos somete aquella libertad que tanto nos ha hecho progresar, pero no por ser natural deja de ser peligrosa. Queremos cada vez más, ya que el progreso mismo ha acrecentado exponencialmente nuestras expectativas, pero muchos parecen no estar dispuestos a emprender el esfuerzo personal que ello requiere. Por ello se buscan soluciones mágicas: entes milagrosos –caudillos o Estados del bienestar dadivosos– que nos den siempre más derechos con menos responsabilidades y riesgos. Pero no está mal recordar que ese es el camino por el que infaliblemente se pierde la libertad y se le cortan las alas al progreso.

    por Mauricio Rojas

  8. #98
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    Predeterminado Por qué se equivoca D. José García Domínguez

    Afirma D José que los "liberales ingenuos (…) aún creen en la existencia de la fantasía antropológica llamada individuo". Añade que "lo que puebla el universo fáctico es la gente". Esto explica, según D. José, que "la mitad de los catalanes" haya "cambiado de patria con la misma facilidad y rapidez con que se puede cambiar de marca de desodorante". Creo que D. José se equivoca. Para explicar por qué lo creo, permítanme recurrir a un ejemplo vinculado al recientemente conmemorado Día Internacional de la Mujer: la atávica práctica de la mutilación genital femenina.

    Esta práctica consiste en la amputación a edades muy tempranas (la mayoría antes de los siete años) de distintos tejidos de los genitales femeninos sin ningún fin médico. Un informe de Unicef publicado a finales de 2012 estima que en el mundo hay unas 125 millones de mujeres mutiladas. La práctica persiste en 29 países, todos ellos africanos salvo Yemen e Irak. En 14 de ellos, más de la mitad de las mujeres han sido mutiladas, y en Somalia, Guinea, Yibuti y Egipto lo han sido más del 90%.


    La gran novedad del estudio de Unicef es que pregunta a la población de estos 29 países si está de acuerdo con la práctica de la mutilación. El resultado es que la mayoría, tanto mujeres como hombres, la rechaza. Así, más del 50% de las mujeres se declara en contra de la práctica en 19 de los 29 países. En Yibuti, por ejemplo, el 93% de las mujeres han sido mutiladas, pero el 51% la rechaza. Los hombres también son mayoritariamente contrarios, incluso más de lo que las mujeres creen. Además, en 24 de los 29 países hay distintos tipos de legislación en contra de la referida práctica. Entonces, si la opinión mayoritaria es contraria a la mutilación y la legislación la persigue, ¿por qué continúa?


    La respuesta está en las tablas 6.2 y 6.3 del informe. A la pregunta de qué beneficios trae la mutilación, la mayoría cree que ninguno, pero entre los que sí que le encuentran uno citan en lugar destacado el de la "aceptación social" (al que se suman otras presiones sociales del tipo "mejora las perspectivas de matrimonio" o "es una exigencia religiosa"). Es decir, se sigue mutilando a las mujeres por culpa de la presión social. Individualmente, los habitantes de estos países están generalmente en contra de la mutilación, pero como miembros de un grupo son incapaces de impedirla.

    De hecho, este es precisamente el fin que persigue la mutilación: anular la individualidad de la mujer. Lo hace extirpándole los órganos que producen la sensación individual por antonomasia, la del placer sexual. Y es que las convenciones sociales de estos países exigen que la mujer no actúe motivada por sus placeres u opiniones personales sino como un engranaje del sistema social. Debe ser, ante todo, un miembro del grupo. Además, el aspecto social de la mutilación es tan fuerte que quien toma la decisión de mutilar no es quien lo va a sufrir sino sus padres, tíos, abuelos y jefes; si la decisión de la mutilación fuese individual de las niñas, la práctica habría desaparecido hace tiempo (a quien quiera conocer el testimonio de una mujer que luchó para sobreponerse a la mutilación moral que conlleva la mutilación física, y que logró afirmar su individualidad contra viento y marea, le recomiendo el libro de la senegalesa Khady Koita Mutilada).

    El informe de Unicef pone de relieve que hay un yo individual y un yo social, y sus opiniones no son siempre las mismas. La misma persona puede opinar de manera distinta según se le pregunte en privado o en público; puede oponerse en privado a una práctica y, sin embargo, llevarla a cabo abrumada por el qué dirán público. Y aquí es donde entra en juego la defensa liberal del individuo que critica D. José. Los liberales lo que plantean al poner en valor al individuo es que efectivamente haya una esfera de decisión privada; que la persona pueda juzgar y decidir sobre lo que le interesa individualmente, blindada por así decir de las coacciones sociales del grupo. Esta es la base del derecho a la intimidad y a la libertad de opinión y de expresión. La libertad del individuo se basa en que su pertenencia a un grupo no conlleve su sometimiento a los deseos de dicho grupo.

    Las ideologías nacionalistas, socialistas y tribales (aquellas que repiten el mantra de que "para educar a un niño hace falta un pueblo entero") buscan imponer la opinión del grupo sobre la persona, exaltan la unidad de la gente y abominan de los egoísmos individuales. La ideología liberal busca proteger a la persona de la imposición grupal otorgándole la libertad, tan obvia como revolucionaria, de poder decir, simplemente, "no". Que el liberalismo no siempre consiga sus propósitos no quiere decir ni que sea ingenuo ni que sea utópico ni, sobre todo, que el individuo no exista. Eso, en todo caso, sería lo que sus adversarios querrían que pensásemos. La mayor victoria para las fuerzas separatistas catalanas sería imponer la idea de que la unidad básica de opinión en Cataluña es "la gente" y no el individuo.

    Por último, permítanme despedirme con estos versos de Octavio Paz ("Elegía interrumpida") en recuerdo de las víctimas del 11-M:

    Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.
    La que murió noche tras noche
    y era una larga despedida,
    un tren que nunca parte, su agonía.


    Percival Manglano, en LD

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