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  1. #1
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    17 feb, 08
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    Predeterminado La Separacion de la Basura, de Xavier Sala i Martín en La Vanguardia

    [quote]La Separacion de la Basura, de Xavier Sala i Martín en La Vanguardia

    Enero 17th, 2008


    Hace unas semanas se produjo en China una curiosa epidemia de enfermedades de transmisión sexual. Curiosa, porque la causa no fue, como cabría esperar, el desenfreno carnal sino unas gomas de cabello. Si, si. Unas gomas de cabello que, al parecer, habían sido hechas con… (por favor no se rían): ¡condones reciclados!
    Y es que el último grito en moda medioambientalista pide que compremos papel reciclado, que pongan cánones a la bolsas de plástico del supermercado, que usemos botellas de cristal y, ¿cómo no?, que separemos las basuras en contenedores de colores.
    La idea del reciclaje no es nueva. Nuestros antepasados lo hacían porque al ser tanta la escasez en la que vivían, valía la pena reutilizarlo casi todo. Durante los dos últimos siglos los costes de producción se han reducido mucho. Para muchos productos, eso ha significado que sea más barato tirarlos una vez utilizados que lavarlos, reciclarlos y volverlos a usar. Paralelamente a este progreso tecnológico han aparecido unos grupos de presión a los que les disgusta que la gente tenga la libertad de desechar lo que le plazca y eso ha hecho que, desde el punto de vista del reciclaje, los productos del mundo se dividan hoy en cuatro grupos.
    Primero están los bienes que reciclamos voluntariamente: las cuberterías de acero inoxidable, los platos de duralex (no los de papel), o la ropa son ejemplos de bienes que todos preferimos lavar y reutilizar. Fíjense que para que la gente recicle este tipo de productos no hacen falta ni regulaciones, ni cánones, ni propaganda institucional.
    En el otro extremo están los productos que nadie quiere reciclar como el papel higiénico. En este grupo también hay bienes que nuestros abuelos reciclaban y nosotros, al tener alternativas mejores, no como los pañales de los bebés o las compresas femeninas (que antiguamente eran de tela y se reutilizaban tras un lavado).
    El tercer grupo de bienes son los que no se reciclarían si no fuera por el marketing medioambiental. Perdón. No es marketing. Son “campañas de sensibilización”. En este grupo está el papel: durante el “día de la tierra” los maestros llevan a los niños de excursión a la montaña y, tras plantar un bonito árbol, les explican que cada vez que pintan un folio, están matando a una criatura tan preciosa como la que acaban de plantar. Independientemente de los daños psicológicos que sufren los pobres chavales cada vez que hacen los deberes, nadie les explica que el papel proviene de árboles plantados expresamente para ser transformados en papel. Reciclar papel para salvar a los árboles tiene tanto sentido como reciclar pan para salvar al trigo o reciclar boniatos para salvar… a otros boniatos.
    En cualquier caso, para los árboles (que no para los pobres boniatos) la propaganda tiene tanto éxito que alguna gente está dispuesta a pagar por un papel de ínfima calidad lo que hace que algunas empresas tengan incentivos a reciclarlo.
    El cuarto y más problemático grupo incluye aquellos bienes que no se reciclan voluntariamente ni siquiera después de “campañas de sensibilización” pero a los que los medioambientalistas no renuncian. Aunque últimamente está creciendo la popularidad del canon a las bolsas de plástico, el producto estrella aquí todavía es la basura: esa basura que debe separarse en preciosos contenedores de colores. Dado que los ciudadanos normales no separarían la basura por iniciativa propia porque el coste de hacerlo es demasiado alto y el beneficio nadie sabe dónde está, los activistas recurren al estado para que nos obligue bajo amenaza de multas y sanciones. Además, crean un cuerpo de vigilantes de bazofias para perseguir a quien utilice el contenedor equivocado, obligan a las empresas a llevar “contabilidades de residuos” y aparecen consultores (que, lógicamente, son los propios medioambientalistas) que cobran por asesorarnos sobre cómo cumplir con el reglamento.
    A pesar de su popularidad, nadie ha demostrado que los costes de separación de basuras (que incluyen las molestias que sufrimos los ciudadanos, el espacio que ocupan tantos containers en casas de 50 m2 y los gastos de recogida selectiva de residuos) sean inferiores a los beneficios sociales asociados a algún tipo de misteriosa externalidad que nadie ha conseguido medir. De hecho, hay evidencia de que la separación en casa es ineficiente hasta el punto que cada vez son más los ayuntamientos y empresas de recogida que deciden separar los desechos ellos mismos, un fenómeno que en Estados Unidos se llama “single stream recycling”. La empresa texana Waste Management, encargada de recoger la basura de 20 millones de familias, hace tiempo que se ha pasado al “single stream”, a pesar de que este método les obligue a pagar unos costes de separación que en el sistema tradicional asumen los ciudadanos en casa.
    Antes de que el establishment de la corrección política me condene a la pira purificadora, déjenme clarificar que no estoy sugiriendo que la gente no tenga derecho a reciclar. La gente tiene derecho a practicar los rituales que crean que mejor les acercan a sus dioses, sean éstos cristianos, musulmanes, paganos o medioambientales. Lo que es inaceptable es que alguna de estas religiones nos obligue a los infieles a participar en sus liturgias simplemente porque no creemos en ellas. Garantizar nuestra libertad manteniendo la separación entre estado e iglesia (y eso incluye a la iglesia medioambientalista) es mucho más importante para nuestro bienestar que la separación de la basura.
    Xavier Sala i Martín. Catedràtic de Columbia University y Professor Visitant de la Universitat Pompeu Fabra.
    © Xavier Sala-i-Martín, 2008
    [quote]

  2. #2
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    Predeterminado

    El más importante medio ambiente a preservar es el de la salud mental, amenazada por el credo ecoalarmista.

    Ciertamente el caso del papel reciclado es de libro: se sustrae al público de la evidencia de que el papel proviene de una fuente inagotable y periódicamente renovada, los árboles, y de que en el proceso de obtención del nuevo tipo de papel, de ínfima calidad, como bien nos recuerda Sala, se usan productos y se consume energía que incrementan la contaminación, algo que no hacen los árboles, la fuente del papel sin marchamo ecologista.

  3. #3
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    Predeterminado Xavier Sala i Martín tiene poco de liberal

    Anonadado me he quedado con algunas de las propuestas lanzadas por el economista catalán Xavier Sala i Martín para hacer frente a la crisis de deuda europea.

    El profesor, que dice ser liberal, ha elaborado una detallada lista de 25 medidas para combatir los cuatro problemas básicos que aquejan a Europa: 1) sistema financiero, 2) deuda y déficit públicos, 3) falta de crecimiento y 4) el posible divorcio de Grecia. Sin embargo, curiosamente, algunas de sus ideas en poco o nada se diferencian de las defendidas por los socialdemócratas y socialistas europeos, con lo que, en realidad, lejos de contribuir a la salida de la presente, su materialización sentaría las bases de una crisis similar en el futuro.

    A continuación analizaremos algunas de estas propuestas.

    Sistema financiero
    "El sistema financiero europeo debe ser auténticamente europeo: con un Banco Central Europeo y una moneda europea no es suficiente. Es necesaria una regulación común, un fondo de garantía común, un supervisor común y un recapitalizador común", defiende Sala i Martín. En concreto, aboga por crear una institución supervisora europea permanente que sustituya al "desacreditado" Banco de España en las tareas de supervisión.

    Vaya, curiosa propuesta, como si la mera creación de un nuevo órgano burocrático de ámbito comunitario fuera suficiente para corregir los problemas estructurales derivados de la regulación y la supervisión bancarias, en manos del Estado. Una simple transferencia de competencias no cambiará absolutamente nada. Ni el BCE ni la autoridad bancaria europea (EBA) podrían garantizar que no se produjese una crisis similar en el futuro. No en vano fue la política monetaria de Trichet lo que sentó las bases de la burbuja inmobiliaria en España, mientras que los famosos stress test aplicados a las grandes entidades europeas acabaron resultando un absoluto fiasco pese a la supervisión comunitaria.

    Sala i Martín parece, pues, ignorar la raíz de las crisis financieras: la expansión del crédito bancario sin necesidad de respaldo real (ahorro), resultado de la reserva fraccionaria; la laxa política monetaria que propiciaron el BCE y la FED, manteniendo los tipos de interés muy bajos durante excesivo tiempo, origen de la burbuja inmobiliaria en EEUU, Irlanda o España; el descalce de plazos estructural que padece el sistema financiero internacional, que lo aboca a un riesgo constante de insolvencia. Ninguno de estos tres problemas ha sido ni será corregido por las autoridades monetarias y reguladoras, sean éstas españolas, europeas o estadounidenses.

    Por otro lado, el economista defiende crear un Fondo de Rescate Europeo para los bancos, así como un Fondo de Garantía de Depósitos comunitario. ¿Y? ¿Es que acaso existe alguna diferencia entre la socialización de pérdidas a escala nacional y la socialización de pérdidas a escala internacional? La inmoralidad y la ineficacia son idénticas en uno y otro caso. Sin embargo, el rescate privado de la banca, sin necesidad de que el sufrido contribuyente aporte un solo euro, no es una opción –o al menos una aspiración realista y defendible– para el catalán. Me refiero, por supuesto, a la posibilidad de transformar deuda bancaria en acciones; a obligar a los acreedores de las entidades insolventes a convertirse en los nuevos propietarios de las mismas, con las consiguientes pérdidas para los actuales accionistas (bail-in frente a bail-out).

    En cuanto al Fondo de Garantía Europeo, Sala i Martín parece ignorar la diferencia esencial entre un depósito (préstamo del cliente al banco) y una cuenta corriente a la vista, que, en la práctica, también supone hoy en día un préstamo al banco gracias a la reserva fraccionaria, lo cual es claramente ilegal (el cliente debería pagar si lo que quiere es que el banco guarde su dinero sin usarlo para conceder créditos). La corrección jurídica de este último punto haría innecesario garantizar los depósitos, ya que éstos no serían prestados –el banco se haría cargo de la guarda y custodia de ellos–.

    También propone introducir un impuesto sobre la deuda bancaria para penalizar a las entidades más apalancadas y desincentivar los endeudamientos excesivos. Nuevamente, Sala i Martín se centra en combatir los efectos y no la causa, que no es otra que el descalce de plazos: las entidades se endeudan a corto y prestan a largo, cayendo así en una iliquidez permanente que hace imprescindible contar con un prestamista de última instancia, el banco central.

    Deuda pública y déficit
    En este ámbito, Sala i Martín defiende la unión fiscal europea y la creación de eurobonos (deuda común europea); incluso que el BCE compre directamente deuda periférica para reducir la prima de riesgo de los países en problemas. ¡Grave error! La unión fiscal significa, ni más ni menos, que homogeneizar la presión tributaria en toda Europa; es decir, que el reducido Impuesto de Sociedades irlandés sea como el que padecen las empresas alemanas y francesas, o que el IVA español se equipare al portugués –más alto–. Se habla de unión fiscal cuando, en realidad, se trata de subir aún más los impuestos que soportan los europeos, y ello sin contar que tal monstruosidad borraría de un plumazo la sana competencia tributaria en el Viejo Continente.

    En tal caso, y puesto que Sala i Martin apuesta por un superestado supranacional, el voto con los pies de los contribuyentes se traduciría no en la emigración a otro país comunitario, sino a otro continente.

    En cuanto a los eurobonos, esa aberración jurídica que tan denodadamente defienden ahora Francia, España, Italia o Portugal (los díscolos de la UE), supondrían trasponer el nefasto sistema de financiación autonómica a la UE. Sobran los comentarios al respecto, se resumen en una frase: que paguen los contribuyentes del norte los excesos cometidos por los países del sur. Por lo que hace a que el BCE compre deuda al estilo de la FED, en última instancia socavaría al propio euro, ya que el balance del emisor se llenaría de activos tóxicos (deuda periférica). Además, el hecho de que la prima de riesgo esté alta es bueno para los países en problemas, ya que obliga a sus políticos a hacer reformas y ajustes para corregir sus deterioradas finanzas.

    Sala i Martín propone posponer los objetivos de déficit público uno o dos años, tal y como defienden Rubalcaba, Cayo Lara y Rajoy, muy liberales todos ellos. Olvida el economista que retrasar el imperioso ajuste fiscal implica dificultar la recuperación económica. Los países bálticos recortaron de forma drástica el gasto público en 2008 y 2009; hoy son los únicos países europeos que crecen.

    Crecimiento
    Para fomentar el crecimiento, Sala i Martín defiende aplicar reformas estructurales –nada que objetar–, pero asimismo apuesta por reducir aún más los tipos de interés en la Zona Euro (del 1 al 0,25%), que Alemania y los países del centro sufran una inflación alta para así fomentar las exportaciones de la periferia y que el Banco Europeo de Inversiones financie, con dinero público, más infraestructuras en los países problemáticos. Medidas todas ellas propias del monetarismo más obsoleto y del keynesianismo más contraproducente. En primer lugar, bajar tipos no ha solventado ni solventará nada; de hecho, desincentiva el desapalancamiento de los agentes y retrasa la recuperación. En segundo lugar, la clave no es crear inflación artificial en el centro, sino liquidar las malas inversiones, fomentar el ahorro y flexibilizar las economías del sur para cambiar sus estructuras productivas y volver a generar riqueza cuanto antes. El problema, señor Martín, no es de demanda sino de oferta.

    Grecia
    Por último, el economista catalán dice que el BCE y los líderes de la Eurozona deben garantizar que por la puerta del euro solo salga Grecia, y hacer todo lo posible para evitar "ataques especulativos" contra España, Portugal e Italia. Es decir, la Eurozona debe "garantizar" que pondrá el dinero que sea necesario.

    Una vez más, discrepo. Mucho me temo que, si no hace los deberes, España, tarde o temprano, también saldrá. No hay posibilidad de evitar tal salida, que, por otro lado, es una decisión unilateral de cada país, ya que no existen mecanismos de expulsión. Y ello con independencia de que se ponga ahora más o menos dinero.

    Para terminar, una nota al pie: los mercados no "atacan", se defienden, señor Martín. Su exposición de 25 puntos la firmaría cualquier socialdemócrata europeo, lo cual me hace pensar que su supuesto liberalismo es mucho más endeble de lo que pensaba. Toda una desilusión.

    Manuel Llamas, en LD

    © Instituto Juan de Mariana

  4. #4
    Fecha de Ingreso
    14 ene, 07
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    Predeterminado

    Sala i Martin es un tipico sociata de los "avanzados" los que evitan pronunciar el termino "rojo" pero les gusta el termino "liberal". Algunos amigos mios sociatas son fervientes antiecolojetas (normalmente porque en un momento dado los ecologistas les perjudicaron en sus carreras ;-)).

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