Una sociedad Anarquista dentro de una sociedad Minarquista: el modelo de la dona.
R.T. Long es un filósofo del Mises Institute, igual que David Gordon y Hoppe -remarco filósofos porque son filósofos de carrera.
En parte la idea ya ha sido discutida aquí: No se debe buscar cambiar a toda la nación, sino concentrar esfuerzos en un territorio específico.
Una Nación, Dos Sistemas: el Modelo-Dona Por Roderick T. Long
Una Nación Libre: Persuadiendo a los Estatistas
La idea de formar una nueva nación libertaria es atractiva por dos razones: primero, porque es una alternativa a la persuasión; segundo, como una herramienta de persuasión.
Comencemos por considerar la nueva nación como una alternativa a la persuasión. Como libertarios, hemos tratado de persuadir a nuestros vecinos y conciudadanos de que elijan la libertad durante los últimos 350 años. (Tomo como referencia del inicio del movimiento libertario a los Levellers (Niveladores) ingleses en la década de 1640). Sin embargo, parece que a nuestros vecinos no les gusta la idea de libertad que les ofrecemos. Defendemos la responsabilidad personal –sólo para que la derecha acabe llamándonos nihilistas morales. Atacamos el privilegio corporativo –sólo para que la izquierda nos llame apologistas del Gran Capital. Rechazamos el inicio de la fuerza -y ambas partes nos llaman extremistas militantes.
Frustrados y tristes, muchos libertarios se sienten predispuestos a decir: “Ya basta. Nos rendimos. Ustedes ganan. Hermanos y hermanas, hemos luchado por su libertad por muchos años, y a cambio sólo hemos recibido insultos, incomprensión e indiferencia. Está bien. Sea como ustedes quieren. Si no quieren libertad, si insisten en hundirse cada vez más rápido en los pantanos del estatismo, los dejaremos en paz de una vez por todas. Son libres de caminar alegremente hacia su propia esclavitud sin que los molestemos. Pero no nos arrastren con ustedes. Vayan por su camino y dejen que nosotros vayamos por el nuestro. Sólo déjennos una miserable porción de tierra, en el pantano o el desierto, en la selva o en la tundra, donde podamos vivir en la libertad que nosotros, al menos, sí valoramos. Hagan con sus vidas lo que les dé su gana. Cambien sus derechos de nacimiento por cadenas, si ésa es su voluntad. Besen la bota de los militares e inclínense ante las coronas de oro. Pero dejen ir a nuestra gente”.
Lo atractivo de una “patria libertaria” es que ofrecería un lugar seguro y pacífico a quienes se han cansado de tratar de persuadir a sus conciudadanos de aceptar el ideal libertario. Para muchos libertarios, las probabilidades de convencer al gobierno de algún país tercermundista de arrendar una porción de su territorio a un consorcio de constructores de la nación libertaria, aunque pocas, parecen ser más que las probabilidades de convencer al 51% del electorado de sus naciones para que voten por los libertarios (o comenzar una desobediencia civil masiva, o lo que sea necesario para hacer realidad el nuevo régimen libertario). Para aquellos libertarios que han perdido la esperanza en la persuasión, el movimiento de la nación libre ofrece una nueva esperanza.
Pero, ¿qué hay de los libertarios que no han perdido la esperanza en la persuasión? ¿Tienen alguna razón para participar en el movimiento pro nación libre? Después de todo, pocos libertarios estarían contentos de conseguir la libertad sólo para ellos, a sabiendas de que el resto de la raza humana se condena a sí misma a la penuria y servidumbre. ¿No es muy pronto para abandonar la esperanza de ganar mediante la persuasión, de alcanzar libertad, seguridad y prosperidad, no sólo para los libertarios, sino para nuestros conciudadanos también?
Como libertarios, todos hemos sentido de vez en cuando la frustración expresada en el “Ya basta” que mencioné antes. Todavía insistimos en la tarea de persuasión. Por ejemplo, los escritores y voceros de la Free Nation Fundation, a pesar de su compromiso con la idea de un nuevo país, también se involucran en un activismo libertario más tradicional, a través de la educación, la política electoral o ambas. La mayoría no hemos abandonado el sueño de la libertad para todos.
Pero, si no hemos abandonado el proyecto de libertad en nuestros propios países, ¿por qué perseguir lo que algunos llaman la idea “zionista-libertaria” de una nueva nación?
Una respuesta, como dice Rich Hammer, es que no debemos poner todos los huevos en la canasta de la persuasión:
“Pareciera que estamos empleando quizá un 80% de nuestra energía tratando de convencer a la mayoría de nuestros vecinos de que rechacen el estatismo. Y me parece que vamos perdiendo. Muchos libertarios responden a esta amenaza con una estrategia obvia: aumentar la energía invertida en la batalla hasta un 90 ó 99%. ¿Pero qué va a pasar si incluso este incremento no logra contener la avalancha estatista? … ¿Es sabio emplear el último 20% de nuestra energía en eso? …Tal vez deberíamos invertir una fracción en construir un refugio.”
(Richard Hammer, "Let the Wookiee Win," Formulations, Vol. I, No. 2 (Winter 1993-94).)




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