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  1. #31
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    08 ene, 07
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    Predeterminado Merkel pide «justicia generacional»

    Denuncia que las diferencias entre contratos en España condenan a los jóvenes al paro

    Angela Merkel dio ayer varias pistas concretas sobre la reforma laboral que Alemania desearía en España. En una charla informal en el Europaforum, que se celebraba en la sede del Ministerio alemán de Exteriores, la canciller evitó la expresión contrato único y prefirió referirse a la necesidad de «justicia generacional».

    Cuando le preguntaron por el elevado paro juvenil en España y por la denominada generación perdida, Merkel dijo que «por supuesto» le preocupa el paro juvenil, que le preocupa «inmensamente», pero lo que ven los expertos alemanes es que «hay una legislación muy rígida para los trabajadores de más edad y otra muy flexible para los jóvenes». Según Merkel, esa diferencia «significa que, cada vez que la economía no marcha tan bien, los jóvenes se van al paro y los padres tienen más fácil mantener su empleo. Aquí tenemos que hablar de justicia generacional».

    La canciller mencionó el nuevo fondo de 6.000 millones acordado con Francia y señaló, además, que Alemania «puede aportar su experiencia tras la reunificación» con medidas que saben «efectivas». «Tenemos que aumentar la movilidad… Los jóvenes de mi distrito en el Este se tuvieron que ir a trabajar a Baviera o a Baden Württenberg. Es doloroso, pero sin eso hoy tendría en mi pueblo un paro juvenil del 30%», advirtió Merkel. «Tenemos que ayudar a llegar allí donde hay puestos de trabajo, con idiomas, formación…», consejos tras los cuales señaló un plazo esperanzador si se sigue su receta: «Y así, quizá en un par de años veamos retroceder esas cifras de paro juvenil». Invitó también a reducir la burocracia, facilitar la creación de empresas y preguntarnos cómo ser más atractivos para los inversores extranjeros.

    También propuso su fórmula para España el ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, que dijo que el país «ha sufrido una muy severa crisis inmobiliaria, innumerables empleos se han perdido en la construcción y muchos eran de jóvenes sin cualificación para los que es difícil encontrar otro trabajo». «Por eso», dijo, «debemos dirigir los esfuerzos a cualificar a esos jóvenes. Y además, rápidamente». Schäuble alegó la lentitud de Bruselas para justificar que Alemania opta ya por programas bilaterales negociados con Madrid. «España ha dado grandes pasos y no puede seguir años esperando resultados», dijo.

    Rosalía Sánchez, en El Mundo

  2. #32
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    Predeterminado El desequilibrio

    El gran desequilibrio español se llama desempleo. No hay otro. El presidente del Gobierno puede seguir desgranando los indicadores optimistas que le pasan sus técnicos, pero mientras no se le vea adoptar medidas para atacar el paro, los españoles seguirán indiferentes ante el redescubierto superávit comercial, la baja inflación o el descenso de la prima de riesgo.

    No falta quien consuela a Mariano Rajoy diciéndole que no es verdad que haya 6.200.000 desempleados, que si fuera así España ardería por las cuatro esquinas. Un comentario frívolo y hasta cobarde. Frívolo porque si no hay seis millones, hay cuatro o cinco millones. Pero incluso los 1,8 millones de 2007, cuando alcanzamos la máxima tasa de ocupación reciente, son demasiados y revelan graves disfunciones. Y cobarde, porque tranquiliza conciencias haciéndonos comprensivos cómplices de la picaresca de la economía sumergida. Casi deberíamos agradecer que exista, dicen.

    El Gobierno no puede ni debe crear empleos. Por eso resulta incomprensible que Cristóbal Montoro lamente la destrucción de 300.000 empleos públicos que se crearon injustificadamente desde el comienzo de la crisis. Pero el Ejecutivo sí puede crear un entorno favorable al empleo. Y debe resolver la tensión entre el Estado de Bienestar y el crecimiento que atenaza la recuperación. Puede, por ejemplo, actuar sobre la prestación de desempleo que se ha transformado en un subsidio a la economía sumergida que evade impuestos ante las narices de Hacienda. «Si pagas a la gente por no trabajar, no te puedes sorprender de que no trabajen», decía Arthur Laffer en este diario en 2012. La práctica desaparición de las políticas activas, que permitían combatir el fraude en el desempleo, y la incompetencia del Servicio Público de Empleo, son resortes del Gobierno.

    Puede actuar, también, sobre las cotizaciones sociales, auténtico impuesto al trabajo. ¿No le llama la atención al Gobierno que cada vez que quiere estimular el emprendimiento deba acudir a rebajar, eximir o bonificar las cotizaciones? Son un lastre, pese a lo que digan los sindicatos que aconsejan ¡subirlas! Rajoy debería plantearse en serio la posibilidad de que el Estado de Bienestar deje de ser una carga para la economía española y pase a ser un elemento dinamizador que tire de ella. Eso lo puede conseguir si se plantea sistemas de capitalización. Una reforma bien planteada pondría a España a la vanguardia de Europa y resolvería problemas estructurales, como nuestra baja tasa de ahorro (sobre todo público). Pero eso no lo va a encontrar en el Pacto de Toledo que es una mera componenda política.

    «Acabe con el castigo a las clases medias», clamaba el ex presidente Aznar desde la pantalla de plasma que le arrebató temporalmente a Rajoy el martes. No sólo una atinada reforma fiscal contentaría a la clase media, también una política creadora de empleo. Saber que hay seis millones de españoles cruzados de brazos socava moralmente al país. Lenin decía que la mejor forma de hundir un país era corromper su moneda. Lo segundo –como lo demostró Weimar– es mantener postrados a sus trabajadores.

    john.muller@elmundo.es

  3. #33
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    Predeterminado Economistas

    Admiro a los economistas. Muchas veces se les critica por no habernos advertido de lo grave que sería esta crisis, se hacen bromas diciendo que su disciplina no pasa de ser una ciencia forense (porque sólo aciertan post mortem), pero envidio su capacidad de análisis, su extendida fe en el empirismo y reconozco que, pese a todo lo que se dice, el hombre está en el centro de sus preocupaciones.

    El empleo siempre ha despertado el interés preferente de los economistas. Cuando la esclavitud fue abolida en las Indias Occidentales, el intelectual Thomas Carlyle defendió que se reintrodujera para los negros la obligatoriedad de trabajar en las plantaciones frente a los economistas que abogaban porque la oferta y la demanda regularan el mercado. Carlyle les acusó de ser los promotores de una «ciencia funesta» (dismal science).

    En aquella época, el mercado del trabajo se presumía perfecto. Si alguien estaba en el paro era por una decisión individual: no quería trabajar o era víctima del «paro friccional», el que se producía mientras cambiaba de empleo. En la colección de The Economist del siglo XIX se hacen juicios de intenciones sobre los desempleados que de haber llegado al gran público habrían desencadenado una o dos revoluciones. Keynes le dio una nueva dignidad a los parados al sostener que podían existir por distorsiones económicas que eran más frecuentes de lo que se creía. Deficiencias en la demanda, según el gran economista inglés.

    Hablo con Juan José Dolado, uno de los máximos expertos españoles en el mercado laboral. Le llamo para informarme del salario mínimo, pero las cifras de paro secuestran nuestra atención. La dualidad del mercado entre temporales e indefinidos, que Dolado llama «el muro», es el hecho más relevante. El 92,5% de los nuevos contratos son temporales. La dualidad, en vez de remitir, se agudiza. El contrato único con indemnización creciente, que Dolado promovió en 2010 con aquellos otros 99 economistas que firmaron un manifiesto patrocinado por Fedea, es a su juicio la solución para acabar con esta situación.

    «Somos prisioneros del fenómeno de path dependence, de dependencia del statu quo». En castellano diríamos «seguir por el carril». Dolado se refiere a que nuestro mercado laboral está prisionero de la herencia de la dictadura, donde había trabajo garantizado para todos aunque con bajos salarios. Con la democracia subieron los salarios y un grupo, bien defendido por los sindicatos, logró mantenerse como indefinido, mientras los nuevos –las mujeres y los jóvenes– quedaron prisioneros de la temporalidad. Luego están los empresarios, muchas veces refractarios a invertir en formación de la mano de obra.

    -¿Cuánto tardaremos en resolver este problema del mercado laboral?– le pregunto.
    -En 1994, aunque después se cambió la forma de medir el paro, teníamos un desempleo del 21% o 22% y convergimos en el 8% en 12 años. Entonces, la entrada en el euro nos motivó para hacer grandes sacrificios. Ahora eso no existe, nos estamos defendiendo para no bajar a la segunda división– dice mientras encaja las cifras en su razonamiento. «Bueno –añade– la demografía juega a nuestro favor. En poco tiempo las personas en edad de trabajar se convertirán en un bien escaso. Calculo que tardaremos una década en resolver este problema».

    john.muller@elmundo.es

  4. #34
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    Predeterminado El efecto histéresis

    Gracias al efecto histéresis sería posible reconstruir el disco duro del ordenador de Bárcenas aunque haya sido borrado y se haya grabado encima. En física, la histéresis es la propiedad de algunos materiales de retener ciertas cualidades aunque haya desaparecido el estímulo que las originó. Ocurre con metales que, al ser magnetizados, mantienen su imantación aunque se haya retirado la fuente de magnetismo. Así, aunque se borre o vuelva a grabar en un disco duro, siempre se puede recuperar parte de lo ya registrado con el equipo adecuado.

    En economía también existe el efecto histéresis. Se aplica al desempleo y se refiere al paro que es fruto de un mal funcionamiento del mercado laboral y que no puede atribuirse a la situación general de la economía. Es decir, si hay una recesión, el desempleo aumenta, pero cuando los malos tiempos pasan, los empleos destruidos deberían recuperarse. Pero no ocurre así debido al efecto histéresis. No hay que olvidar que aunque se le llame mercado, el del trabajo es, debido a la tradición española, un área superregulada de la economía, moldeada por los intereses de sindicatos, políticos y abogados laboralistas más que por las leyes de la economía.

    Así, el efecto histéresis se debe a rigideces del mercado laboral introducidas por los reguladores, como un elevado coste del despido, los salarios mínimos o los beneficios sociales obligatorios (vacaciones, horarios, etc.). Salarios y beneficios suelen crecer en épocas de bonanza. Como los beneficios son generales, disfrutan de ellos tanto los trabajadores productivos como los menos productivos. Pero cuando viene una crisis, las empresas se dan cuenta de que no pueden mantenerlos y comienzan a despedir, primero a los más jóvenes porque es más barato, y después a los demás. Si no quiebran, las empresas se ajustan y se acostumbran a producir con menos personal. La histéresis consiste en que aunque mejore su situación, las empresas no volverán a contratar a los despedidos.

    Una de las rigideces más notables del mercado español se dio entre 2008 y el último trimestre de 2011. La economía entró en crisis, se destruía empleo a mansalva, pero los salarios continuaron subiendo por efecto de los convenios vigentes y la indexación de la economía. Este contrasentido subsistió hasta el primer trimestre de 2012 cuando se introdujo la reforma laboral y la patronal y sindicatos firmaron un pacto de rentas. Según un recuadro del Servicio de Estudios del BBVA recogido en su revista Situación España de mayo pasado, estas dos decisiones permitieron una moderación de los salarios que salvó de la destrucción 60.000 empleos a corto plazo. O sea, la tasa de paro habría sido 0,6 puntos porcentuales más elevada de no haberse registrado dicha contención salarial. A medio y largo plazo, se salvarán 300.000 empleos.

    «Si el mercado laboral español hubiese contado con unas instituciones laborales más adecuadas al inicio de la crisis, se podría haber evitado la destrucción de un millón de empleos en el largo plazo, de manera que la tasa de desempleo sería 6 puntos inferior», sostiene el estudio.

    john.muller@elmundo.es

  5. #35
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    Predeterminado No hay paro

    Los datos del paro son un fraude, tal como los convenios colectivos son una estafa al trabajador competente y los comités de empresa, un atraco con intimidación y violencia al empresario.

    Tales datos, siempre escandalosos, incluyen a jóvenes que no han buscado trabajo y que continúan estudiando o sin hacer nada -lo que en buena parte de los casos es exactamente lo mismo-; además de a una gran cantidad de personas que rechazan los trabajos que se les ofrecen y otros tantos que no mueven un dedo para encontrar nada.

    Lo peor de la crisis es lo blandengues que nos ha pillado, lo reblandecidos y estúpidos que nos dejó el anterior ciclo de abundancia. Hoy a muchos les da miedo trabajar. No es que haya paro, es que hay pánico. Pánico a tenerse que esforzar, pánico a arremangarse, terror a afrontar el propio destino, vértigo a levantarse como un hombre.

    Faltan, por ejemplo, camareros. Faltan buenos camareros. Un buen camarero, en Barcelona, puede cobrar de sueldo de partida entre 30.000 y 35.000 euros al año, y hay más oferta que demanda. Pero muchos de los que engordan fraudulentamente las listas del paro ni se acercan a este tipo de trabajo porque servir lo encuentran humillante. Dejando de lado que un buen servicio tendría que ser considerado una categoría artística, ¿quién te crees que eres para encontrar humillante un trabajo? ¿En qué atalaya crees estar? Lo peor de la crisis es que hay muchos españoles que consideran más humillante el noble arte de servir que estar en el paro y que los demás todo tengan que pagártelo.


    En España se puede trabajar si tienes ganas de hacerlo, si estás decidido a competir, si lo primero que preguntas cuando te hacen la entrevista no es el salario o el horario, si entiendes que tu deber no es hacer unas horas sino realizar con competencia y rigor la tarea que te han encomendado, y si entiendes que tu retribución no puede establecerla un absurdo convenio colectivo que todo lo iguala sino que sólo puede ser una parte del beneficio que contribuyas a generar.

    De este modo, y sólo de este modo, irás poco a poco prosperando y descubriendo qué es «lo tuyo». El dinero llega sólo si en lugar de pensar en él te desvives por hacer lo que hagas muy bien. No necesitarás saber ningún horario si te comprometes sinceramente con tu trabajo y entiendes que quien te paga el salario y los derechos es tu patrón y no el sindicato; y que la única conquista social tangible y real son las empresas y los empresarios que crean riqueza y puestos de trabajo.

    Salvador Sostres, en El Mundo

  6. #36
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    Predeterminado El empresario eres tú

    A pesar de que la recuperación económica va haciendo su camino, persiste el grave problema del paro y sólo el 9% de los últimos contratos son fijos. Contratar sigue siendo en España un acto de fe, un salto al vacío. Hasta un matrimonio resulta menos oneroso para el macho que contratar a un obrero para el empresario. No puede ser que cada contrato sea una soga en el cuello del patrón, una amenaza del Estado que a nadie beneficia salvo a la cruel maquinaria.

    Tendría que haber sólo dos tipos de contrato: el de prueba, durante un año; y el definitivo, con la única condición de un preaviso de seis meses en caso de despido o el abono de tal cantidad si se quiere proceder inmediatamente. Para que sea fácil contratar, tiene que ser fácil despedir. Tu seguridad laboral no te la puede dar un contrato sino hacer bien tu trabajo. La precariedad laboral es un concepto moral, y no sindical. Nada hay más precario que el dinero de los demás, camarada.

    El empresario no es una nebulosa fantasmagórica. Es un hombre como tú, con su angustia y su vértigo, las fuerzas que le quedan y el dinero contado. El empresario eres tú, con tu alma asustada. Y a nadie se le puede pedir que firme su propia sentencia de muerte con contratos imposibles que van a rematarte si las cosas te van mal. Con la misma naturalidad que tendríamos que poder contratar cuando necesitamos a personas que hagan un trabajo, tendríamos que poder despedir cuando este trabajo ya no es necesario. El mercado laboral sería así mucho más competitivo, y por lo tanto más rico y más estable. El intervencionismo atroz que hoy nos atenaza sólo conduce al paro. Ahí están los datos.

    El empresario eres tú. Piénsalo la próxima vez que te cruces con un sindicato, la próxima vez que creas que los problemas tienen una solución mágica o que detrás de cada empresa no hay un hombre con tus mismos miedos y esperanzas.

    No intentes cargarle lo que tú no podrías soportar porque no va a funcionar. Un año de prueba y seis meses de indemnización. Que sea fácil despedir y que sea fácil contratar. Que sea evidente que sólo la calidad de tu trabajo va a salvarte y que las únicas redes son tus manos. El empresario eres tú. Nota cómo empiezas a temblar.

    Salvador Sostres, en El Mundo

  7. #37
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    Predeterminado "Nadie acepta un trabajo si tiene por delante dos años de prestaciones"

    El Círculo de Empresarios propone rebajar el salario mínimo a personas sin formación

    Se trata de "sacar a los nini (jóvenes que ni estudian ni trabajan) del limbo en el que viven"

    Apuesta por aproximar el coste del despido a la media europea, que está en 18 días


    La presidenta del Círculo de Empresarios, Mónica Oriol, ha planteado rebajar el Salario Mínimo Interprofesional (SMI) a las personas que no tienen formación y ha justificado esta petición en que "hay que dar trato desigual a formación desigual".

    En un desayuno informativo organizado en el Club internacional de Prensa, Oriol ha dicho que se trata de "sacar a los nini (jóvenes que ni estudian ni trabajan) del limbo en el que viven" pero además ha apostado por "una segunda reforma laboral" que aproxime el coste del despido a la media europea, que está en 18 días por año trabajado.

    En este sentido, Oriol ha lamentado que la reforma laboral de 2012 haya bajado el coste sólo de 45 a 33 días ya que una vez que se hace una reforma se debería haber apostado por "colocar a España a la cabeza, no seguir dejándola a la cola de Europa".

    Sobre el salario mínimo, Oriol ha abogado por que "sólo se aplique a partir de que se tenga cualificación o se haya hecho formación dual".

    En este sentido ha propuesto que se permita a las empresas "coger a chavales sin cualificación, que hagan formación dual, con un salario inferior al marcado, hasta que produzcan lo que cobran".

    Oriol ha criticado el actual sistema de protección al desempleo y ha asegurado que en España "nadie acepta un trabajo si tiene por delante dos años de prestaciones".

    En su opinión, el sistema "en lugar de estimular va en contra de la motivación" y ha recordado que actualmente hay un millón de personas "con cero cualificación" y un salario mínimo "y te obligan a pagarles aunque no valgan para nada".

    Por ello ha insistido en que "a gente diferente le tienes que dar un trato diferente. No se puede homogeneizar un mercado que no es homogéneo".

    Oriol ha criticado el actual marco regulatorio al que ha responsabilizado de la muerte de muchas empresas en España.

    La presidenta del Círculo ha puesto de ejemplo que si una empresa hace un contrato indefinido y se queda sin demanda, "está obligada a pagar encima 33 días al trabajador", es decir, "que le va mal y tiene que meter la mano en la caja y sacar dinero para indemnizar".

    Por ello, ha apostado por "menos número de contratos de trabajo, más flexibilidad y aproximar el coste del despido a la media de Europa" pero también un marco regulador más favorable al crecimiento de las empresas.

    La presidenta del Círculo de Empresarios también ha denunciado que España sea hoy un país "que no permite que florezcan las iniciativas y que pone pegas para todo" y aquí se ha referido a la lentitud en la concesión de licencias.

    Oriol ha señalado que "en la medida en que se esté dando a funcionarios o burócratas poder arbitrario sobre la concesión de licencias, se está dando el poder de que te tengan que hacer el favor".

    Ha comentado que "un país que funciona por favores es un país susceptible de convertirse en corrupto".

    Oriol también ha dicho que "una política lenta en leyes y con leyes redactadas de mala calidad", da lugar a "un sistema sobrerregulado con una justicia interpretativa, que genera muchas incertidumbres y abre a puerta a la corrupción".

    EFE/El Mundo

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