"Educación" es una palabra que abarca un montón de cosas diferentes, desde los conocimientos médicos vitales que salvan vidas hasta las enseñanzas frívolas, pasando por los cursos absolutamente contraproductivos que llenan a los estudiantes de sensaciones de agravio y derecho sin darles ni los conocimientos necesarios para ganarse la vida ni la interpretación realista del mundo imprescindible para un ciudadano de una sociedad libre.

La ausencia de realismo entre personas con educación superior queda patente de muchas formas.

Cuando en la Reserva Natural de Yellowstone veo carteles que advierten a las visitas de no acercarse demasiado a un búfalo, me doy cuenta de que este aviso no es algo que le haga falta ni al granjero analfabeto de otros tiempos. Nadie habría tenido que decirle que no hay que tontear con un animal enorme que pesa literalmente una tonelada y que puede embestir a kilómetros por hora.

Nadie habría tenido que decirle a la hija del granjero analfabeto que no hay que andar por los badenes de las autopistas intentando hacer autostop, como han hecho muchas universitarias con resultados que a veces conducen a su muerte.

Los riesgos a los que una total falta de realismo puede exponer a muchas personas con educación superior son totalmente superados por los peligros de exponerse a una sociedad entera creada por las opiniones del mundo totalmente faltas de realismo promovidas por muchas instituciones educativas.

Es doloroso, por ejemplo, contemplar a un erudito reconocido internacionalmente diciendo que los jóvenes de renta modesta necesitan "trabajo retribuido". Pero se trata de una noción común entre la élite de la educación, con independencia de lo contraproductivas que puedan ser sus consecuencias para la sociedad en general, y para los jóvenes de renta modesta en especial.

¿Qué es un trabajo "retribuido"?

La noción subyacente parece ser que se trata de un trabajo cuyo desarrollo es satisfactorio o se disfruta en sí mismo. Pero si esa fuera la única clase de trabajo que tuviera que hacer la gente, ¿cómo se recoge la basura, se vacían las cuñas de los hospitales o se realizan trabajos incompatibles con la vida?

¿Alguien se imagina que los bomberos disfrutan entrando en casas o edificios ardiendo a rescatar a gente atrapada por las llamas? ¿Que los soldados que van a combatir creen que es divertido?

En el mundo real, muchas cosas se hacen simplemente porque hay que hacerlas, no porque hacerlas provoque un placer inmediato a los que las realizan. Los hay que se enorgullecen con razón de trabajar para mantener a sus familias, tanto si la labor que desempeñan es genial como si no.

Parte de nuestros intelectuales más utópicos lamentan que mucha gente trabaje "sólo por dinero". A ellos no les gusta una sociedad en la que Fulanito fabrica lo que quiere Menganito, simplemente para que Menganito entregue lo que quiere Fulanito, siendo el dinero el mecanismo intermediario que facilita tales intercambios.

Los hay que al parecer preferirían una sociedad en la que las élites que lo saben todo deciden lo que "necesitamos" o "merecemos" cada uno de nosotros. La historia real de las sociedades fundadas en torno a ese principio –historias manchadas a menudo de sangre, o incluso empapadas de ella– reviste escaso interés para los que confunden quimeras con idealismo.

Como mínimo, muchos intelectuales no quieren que los pobres o los jóvenes ocupen empleos "serviles". Pero la gente que retribuye de su bolsillo la labor de alguien, en contraste con la gente que paga con el dinero del contribuyente, no es dada a entregar dinero a menos que haya que hacer por fuerza ese trabajo, tanto si es considerado "servil" por los demás como si no.

La gente que carece de los conocimientos para ocupar los empleos de mayor prestigio puede permanecer ociosa y vivir como parásitos de los demás, o puede ocupar empleos para los que están cualificados ahora mismo, y luego progresar por la escala social a medida que adquieran experiencia. Las personas que están preparando hamburguesas el día de Año Nuevo en los McDonald's no preparan hamburguesas cuando llega Navidad.

Las relativamente contadas estadísticas que se ocupan de seguir a particulares de carne y hueso demuestran que con el tiempo avanzan de forma masiva del margen de rentas bajas a otro más elevado, empezando desde abajo y avanzando a medida que adquieren conocimientos y experiencia.

Decir a los jóvenes que algunos empleos son "serviles" es hacer un mal servicio a ellos y a la sociedad en conjunto. Subvencionarles para que permanezcan ociosos mientras esperan al "trabajo retribuido" es simplemente buscar problemas, tanto a ellos como a los que les rodean.

Thomas Sowell en LD

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