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  1. #51
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    Predeterminado Reformar el Impuesto de Sociedades

    ¿Tiene alguna lógica que el tipo medio efectivo que pagan los hogares españoles a Hacienda sea de un 11,5% de su renta y el de las empresas sea apenas el 9,9% de sus beneficios? ¿Guarda relación con el esfuerzo equitativo que pide el Gobierno que el tipo medio de un gran banco sea sólo del 7%?

    Que el Impuesto de Sociedades (IS) oscila entre el 20% para ciertas pymes y el 30% para grandes empresas es una pura formalidad. El tipo medio de éstas se halla por debajo del polémico 12,5% que aplica Irlanda y que tanto irrita a Francia y Alemania.

    Entre 2007 y 2010 se han dejado de percibir más de 40.000 millones. La caída es casi del 63% y, por mucho que hayan sufrido las cuentas de resultados, no parece estar en línea con el desplome del PIB real. Por eso hay que buscar explicaciones en otra parte y el Gobierno socialista no es ajeno a ellas.

    En cuanto a tributación, es bueno para una economía de libre mercado que los impuestos sean bajos, pero sobre todo parejos. Esto no significa que el responsable de Hacienda se instale en el laissez-faire si la ley tiene agujeros o que se deje seducir por lobbys que buscan su beneficio propio.

    En el informe de la Agencia Tributaria de 2010 ya se apuntaba que la reforma del impuesto de 2007 había provocado una «rebaja particularmente intensa del tipo efectivo». Entonces, el tipo general se bajó del 35% al 30% en dos años. Sin embargo, el tipo efectivo se hundió más gracias a la maraña de deducciones que favoreció que las empresas tunearan sus bases imponibles.

    Una segunda decisión sobre el impuesto -el establecimiento de la libertad de amortización para todo tipo de empresas sin requisito de mantenimiento del empleo-, dio la puntilla al tributo. Este incentivo lo concedió el Gobierno de Zapatero después de una de sus famosas cumbres empresariales en las que buscaba respaldo para sus políticas. Nunca se oyó a nadie en el PSOE alzar una voz crítica contra esta insólita decisión.

    Así, ya no sólo se peinaron las bases imponibles, sino que se condicionó toda la política de inversión de las empresas. El resultado es que el actual esquema de incentivos del impuesto hace que sea mucho más rentable fiscalmente invertir en el extranjero que en España, aunque el negocio intrínseco sea más beneficioso en nuestro país. Contra un disparo en el pie, no hay ganancia de competitividad que valga.

    Como han denunciado los técnicos de Hacienda esto genera efectos perversos: primero, a las empresas les conviene concentrar su endeudamiento en España (porque es más rentable y pueden deducirse los gastos financieros); en segundo lugar, se estimula la creación de empleo en el extranjero y no en nuestro país, y, por último, el impuesto se ha desestructurado y ahora es casi inútil.

    La cuestión es muy grave respecto al endeudamiento. Ayer Wolfgang Münchau volvía a llamar la atención en el Financial Times sobre el problema que es la deuda privada de España: un 227,3% del PIB. No es raro que así sea si además hay tributos que estimulan el fenómeno. Es paradójico que las mismas multinacionales nacidas aquí que dicen que «su problema es España», no tengan ningún problema en radicar sus deudas en nuestro país. Es urgente que Montoro y su equipo se pongan manos a la obra y rehagan este impuesto racionalmente.

    john.muller@elmundo.es

  2. #52
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    Predeterminado Ultimatum de Londres a la UE: reforma o declive

    El ministro de Finanzas, George Osborne, culpa al «status quo» en Bruselas de la crisis y exige amplias reformas para evitar la salida británica de la unión

    El ministro de Finanzas británico, George Osborne, ha elevado el tono de la retórica euroescéptica con un alarmista ultimátum a sus socios en la Unión Europea: “la reforma o el declive”. En su opinión, “el mayor riesgo económico en Europa no proviene de quienes exigen reformas y renegociar” el modelo de integración en el continente, sino que reside precisamente “en el fracaso a la hora de reformar”. “Es el status quo el que condena a los ciudadanos europeos a la actual crisis económica y al declive permanente”, ha advertido.

    El titular de Finanzas ha recordado que, mientras el crecimiento en Europa se ha detenido en los últimos seis años, el PIB de la India ha crecido en un tercio y el de China un 70%. En los próximos 15 años, el peso de Europa en la economía global se reducirá a la mitad”. Para evitarlo, Osborne considera que Europa debe abordar su pérdida de competitividad mediante una ambiciosa agenda de reformas económicas y constitucionales en el ámbito comercial, financiero y de los servicios que adecuen la “agotada” arquitectura de la UE al siglo XXI. “No se equivoquen, Europa se está quedando atrás”, ha dicho.

    Con su discurso esta mañana en Londres ante una conferencia sobre la reforma de Europa, el gobierno que preside David Cameron sitúa la pelota en el tejado de sus socios comunitarios, en su intento de poner en la mesa las reformas económicas y políticas que ha prometido en casa para satisfacer un electorado deseoso mayoritariamente de cortar amarras con la Unión Europea. Presionado por unas encuestas que muestran una mayoría en favor de que Gran Bretaña abandone la Unión y por el ascenso del partido antieuropeo que dirige el eurodiputado Nigel Farage (UKIP), Cameron ha prometido un referéndum sobre Europa antes de que acabe 2017 si los conservadores mantienen el poder tras las generales previstas en mayo de 2015.

    Y, en ese camino minado, los actuales dirigentes “tories” necesitan arrancar de sus socios en Europa reformas suficientes para poder defender la permanencia en una UE más abierta y liberalizadas, con un mayor papel de los parlamentos nacionales y con menos regulación comunitaria y menos presupuesto “federal”. “No queremos ver un colapso de la UE, como sueñan los más extremistas, pero existe una frustración entre quienes tenemos una idea liberal y comercial de Europa”, explica el diputado “tory” George Freeman. Freeman forma parte junto a un centenar de parlamentarios conservadores del grupo Fresh Start (nuevo comienzo), defensores de un euroescepticismo moderado que defiende la permanencia británica dentro de un UE reformada y aligerada, y organizadores de la conferencia junto al think-tank de orientación conservadora y pro-reforma de la UE Open Europe..

    Pero los sectores más euroescépticos del partido han protagonizado esta misma semana una nueva rebelión contra Cameron, con la firma por otro centenar de diputados conservadores (un tercio del grupo parlamentario) de una carta que exige que los parlamentos nacionales tengan un derecho de veto sobre las leyes adoptadas en la UE, un propósito que el propio ministro de Exteriores, William Hague, ha calificado como “poco realista”.

    Entre las medidas que exige la corriente reformista -en principio mayoritaria todavia- entre los conservadores, de la que forman parte el propio Cameron y el ministro Hague, Osborne ha mencionado el acuerdo de libre comercio con Estados Unidos -criticado por muchos en Francia o Alemania tras el escándalo de las escuchas de la NSA-, la culminación del inconcluso mercado único de los servicios, la extensión del open data para facilitar la economia digital y la colaboración en el ámbito científico y la innovación. Ademas, ha criticado decisiones europeas recientes como la tasa sobre las transacciones financieras y los límites a los bonus de los banqueros, dos medidas que Londres ha denunciado ante el Tribunal de Justicia Europeo de Luxemburgo.

    Doble mayoría

    Pero, más allá de la retórica, el discurso de Osborne pone de manifiesto la necesidad británica de sumar aliados en Europa para cristalizar este impulso reformista en una nueva reforma de los tratados, un apetito constitucional que, por ahora, solo detecta en el nuevo gobierno de coalición alemán y en el primer ministro italiano, Enrico Letta, según los ejemplos enumerados por el propio ministro de Cameron, considerado como el cerebro político del Ejecutivo. Londres quiere insertar en el marco constitucional europeo la llamada doble mayoría en el ámbito financiero, que exige una mayoría de votos de miembros de la zona euro y de países que no estan en el euro con el fin de “garantizar los intereses de los países fuera del euro”.

    El gobierno británico teme que los recientes avances hacia la unión bancaria y fiscal pongan en peligro la primacía de Londres como plaza financiera, con medidas como el intento de la Comisión Europea de que ciertas operaciones en euros solo puedan realizarse dentro de la Eurozona. En cualquier caso, los argumentos en defensa de la necesidad de reformar la UE resuenan ya más allá de las islas británicas, donde países como Holanda, Suecia, Austria y Alemania coinciden con parte del discurso “tory”. Pero entre esa inquietud reformista y la construcción de un consenso suficiente para modificar los tratados existe un abismo de pérdida de legitimidad democrática de la UE que hace que casi todos los gobiernos contemplen la idea de un posible referéndum sobre Europa con horror. Y, sin reformas sustanciales en el continente, Cameron tendrá muy difícil ganar en las islas un referéndum sobre la permanencia en el club.

    Borja Bergareche, en ABC.es

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