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  1. #21
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    08 ene, 07
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    Predeterminado Lanzacohetes

    Cuando se notan los muros de la nación otra vez desmoronados hablo con Cayo Lara, llano y accesible, con la aureola cervantina del agricultor de Argamasilla. Le pregunto si hay una alternativa a la corrupción y la quiebra y él contesta: «Defender la democracia para que no sea tutelada, controlada y robada por los poderes financieros, causantes de la catástrofe, es hoy un acto revolucionario. Lo único que se puede hacer es organizar un muro de contención e idear un nuevo proceso constituyente». Le pregunto si ve bien el ajetreo de Julio Anguita ofreciéndose como cabecera de los republicanos y los indignados. «Julio sigue con su compromiso intacto en este momento de secuestro de la democracia».

    ¿Qué puede decir la izquierda ante este colapso, esta quiebra histórica? Quizá inventar un lenguaje. El primer deber de un político de izquierdas es devolver su dignidad al lenguaje. Al fin y al cabo pensamos con palabras y la izquierda no las ha renovado. Hoy su discurso -y no me refiero al de Cayo- suena arcaico, chusco. Una de las cosas más fascinantes de la Comuna de París fue aquella asamblea de zapateros en la que acordaron abstenerse de blasfemar, de injuriar y de hacer demagogia. Ya intuyeron lo que después ideó un dirigente de los bolcheviques: el lenguaje insultante, las falsas promesas y el populismo constituyen un legado de la esclavitud.

    A los lanzacohetes caseros en Asturias, los antidisturbios en las cuencas y la huelga general minera a punto de estallar les falta la letra y la canción de los lanzacohetes dialécticos, un discurso alternativo a la total hegemonía de la derecha europea ante el colapso del euro; lo peor son los hatajos, la demagogia y las injurias.

    Otro dirigente de IU me comenta que lo que está pasando es que el cerdo capitalista ha seguido hocicando y zampando hasta que le han estallado las costuras del estómago. No le quise recordar que las analogías de animales son peligrosas, sobre todo desde el Discurso de Posen, donde se proclamó la «solución final» contra los «cerdos judíos». Mi amigo me hubiera replicado diciendo que siempre usaron las metáforas de animales para urdir sus reflexiones: el topo, el águila, la culebra, el león, el zorro, la oveja, el pulpo.

    PIGS fue un acrónimo utilizado por un periódico inglés -no alemán- para designar a los países del Mediterráneo -incluida Irlanda- para burlarse de los cerdos que llegaron a volar y luego cayeron de golpe. Digo que no fueron los alemanes porque hubiera sido demasié, volver a repetir la metáfora del animal impuro usada desde la Edad Media contra los judíos por los predicadores, como puede comprobarse en los capiteles de los templos.

    Raúl del Pozo, en El Mundo

  2. #22
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    08 ene, 07
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    Predeterminado Andrea y su linchamiento

    Andrea Fabra no estuvo fina el otro día en el Congreso, pero la izquierda suele despreciar a la derecha de un modo mucho más agresivo e insistente. «Que se jodan» no es lo que uno espera que diga una dama, ni la expresión más adecuada para usar en sede parlamentaria.

    Pero el profundo desprecio con que en España la izquierda suele tratar a la derecha va mucho más allá de una expresión desafortunada. No sólo en política, también en lo mediático, en lo social y hasta en lo personal: en todos los ámbitos.

    La izquierda trata a la derecha como si ésta tuviera un déficit democrático, cuando en realidad la derecha renunció al franquismo e hizo la Transición a la democracia; y, en cambio, gran parte de la izquierda sigue siendo comunista, de pensamiento o de sentimiento.

    La izquierda española llegó a la extrema inmundicia de culpar a un presidente democráticamente elegido, y que legítimamente había decidido intervenir en una guerra, de los peores atentados terroristas que este país ha sufrido jamás. Desde entonces, no pocos españoles odian más a Aznar que a Bin Laden. El PSOE, con Alfredo en la sombra, exprimió el dolor de familias destrozadas, tomó las calles, asaltó las sedes del Partido Popular y vulneró la jornada de reflexión, adulterando así ni más ni menos que unas elecciones generales.

    Todavía el domingo, un grupo de funcionarios indignados quería manifestarse en Génova, frente a la sede del Partido Popular. ¿Alguien ha visto alguna vez la menor manifestación en Ferraz? ¿Qué grupo de militantes del PP ha atacado alguna vez alguna sede del PSOE? ¿Quién juega sucio? ¿Quién tendría que disculparse?

    Desde Alfonso Guerra hasta Leire Pajín, los socialistas se han dedicado sistemáticamente a insultar a la derecha, a intentar echarla del tablero y a imponer su pensamiento único. A los que no nos hemos doblegado a su manera de ver el mundo nos han perseguido y atacado de modos tan abyectos que dejan en nada la expresión puntual e inadecuada de Andrea Fabra.

    El brazo mediático de esta izquierda no tiene ningún reparo en sustituir la información por la propaganda, y el linchamiento es su característica. Todo se atreven a pisotearlo: tu intimidad, tus conversaciones privadas y, por supuesto, la verdad. En el periódico más leído de la izquierda tienen a un tipo dedicado en exclusiva a insultar cada día a los columnistas y a los periódicos que no son de su misma ideología. La obsesión es enfermiza y la bajeza, su estilo.

    Lo que se ha dicho y escrito sobre Fabra desde su incidente en el Congreso es muchísimo más zafio, vulgar, bochornoso e impresentable que las tres palabras que ella pronunció, aunque estuvieran fuera de lugar. The ghost of Dirty Dick is still in search of Little Nell.

    Pero como semejante basura ha sido evacuada por políticos, opinadores, artistas, blogueros o tuiteros de izquierda, y lo han hecho contra una diputada del PP, se ha considerado un ejercicio de libertad de expresión y de justicia social, cuando en realidad, un linchamiento de todos contra uno tendría que escandalizarnos e indignarnos mucho más que cualquier error de ocasional incontinencia.

    Tanto socialistas como comunistas -valga la redundancia- basan su estrategia electoral en criminalizar a la derecha, en insultarla, en agredirla de todos los modos imaginables. Desde hace 10 años, este odio ha sido también su único contenido programático.


    Salvador Sostres, en El Mundo

  3. #23
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    08 ene, 07
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    Predeterminado Otra vez, ley del embudo progresista

    Tras una semana, los bienpensantes progres ya tienen nueva muñequita vudú para clavar sus alfileres: adiós Julio Somoano, hola Andrea Fabra. Su ya célebre frase a la bancada socialista (que dice que no, que iba dirigida a los desempleados), «que se jodan», captada sin sonido por una cámara de TV -pronto aprenderán los diputados a hablar como los futbolistas, con la mano ante la boca-, ha provocado descalificaciones tremendas. Amenaza a la democracia, que dimita, que la lapiden en la plaza pública.

    Antonio Lucas, en estas mismas páginas, se explayaba sobre la oprobiosa condición del padre de la diputada -descalificación genealógica, muy de la Inquisición y de subsiguientes totalitarismos-, y la tildaba de mentirosa, afirmando que de verdad insultaba a los parados: «Ella afirma que entonó el '¡Que se jodan!' para irritar a la bancada del PSOE. Pero esta falsa disculpa no puede ser más catastrófica. Con ese matonismo de glosa sintética no se debe ocupar sitio en las Cortes, ni cobrar de la hucha del Estado».

    Algunas reacciones han sido más templadas: un pequeño editorial de EL MUNDO le reprochaba con razón su mala educación y pedía que fuese «multada», y Salvador Sostres ha denunciado aquí su linchamiento. También Hermann Tertsch, de ABC, recordaba en Twitter: «Si el '¡Que se jodan!' lo dice -lo decía mucho- el viejo Labordeta al PP después de perder éste una votación, le dan un premio de campechanía».

    Pequeña corrección a Tertsch: lo que proclamó -no a su bancada, sino a voces- el querido poeta-profesor-cantante («entrañable y cascarrabias», para La Nueva España) fue: «Les fastidia que vengamos aquí a poder hablar las gentes que hemos estado torturados por la dictadura. Eso es lo que les jode a ustedes, coño, y es verdad, joder. ¡A la mierda!».

    Nadie pidió el destierro ni la flagelación para Labordeta, ni para Alfonso Guerra cuando lanzaba a Adolfo Suárez aquello de «perfecto inculto procedente de las cloacas del franquismo», y «tahúr del Misisipí con chaleco floreado». Ni para Magdalena Álvarez cuando, fuera de sede parlamentaria, soltó el ominoso «o tumbada en la vía o colgada en la catenaria» sobre el sitio que Esperanza Aguirre debía ocupar en la estación de Metro de la T-4.

    La historia política de España está llena de salidas de pata de banco. Nadie reprochó a Dolores Ibárruri su supuesta amenaza de muerte a José Calvo Sotelo cuando 40 años más tarde presidió la mesa de edad del Parlamento. No enloquezcamos ahora.

    Víctor de La Serna, en El Mundo

  4. #24
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    08 ene, 07
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    Predeterminado Nuestro dinero

    Artistas y promotores culturales se quejan amargamente de que les hayan subido el IVA de las entradas del cine y de los espectáculos. Tan de izquierdas que casi todos son y lo que llegan a enfadarse cuando los impuestos les afectan a ellos. ¿En qué quedamos, camaradas? No sé por qué motivo estos tipos tienen tan interiorizado que lo suyo no ha de someterse a las leyes del mercado.

    Del mismo modo, no sé quiénes se han creído que son para negarme la libertad de gastarme mi dinero como me dé la gana, para creer que pueden obligarme a que les pague, vía subvención directa o indirecta, su trabajo, me interese o no me interese. Las ayudas públicas que tanto el cine como el teatro reciben adulteran la libre competencia y niegan a los ciudadanos el derecho real de elegir cómo gastarse su dinero.

    Un actor no es más importante que un cocinero, ni salir a cenar es menos cultural que ir al teatro. La cultura es una actividad económica como otra cualquiera y el trato especial que los artistas exigen por estar dando un supuesto servicio fundamental al pueblo llano es un engaño más de la izquierda para enriquecerse y vivir del cuento.

    El mundillo cultural español está acostumbrado a hacer películas que mediante toda clase de subvenciones ya han ganado dinero antes de estrenarse; y a que teatros públicos asuman descomunales pérdidas generadas por la programación de obras que nadie va a ver y que ya se sabía de entrada que serían deficitarias, pero que igualmente se contrataron con el pretexto de que hay que educar al público. Hay que ser realmente arrogante. Hay que tener una jeta como un piano.

    El cine, el teatro y la música tienen que pasar por el aro como pasamos todos; y artistas y promotores culturales tienen que competir aceptando el precio de las cosas como hombres, y no quejándose de todo y por todo como señoritas aficionadas. Los españoles somos suficientemente adultos y estamos suficientemente educados para decidir libremente qué hacemos con nuestro tiempo libre. Ya decidiremos nosotros qué espectáculos merecen nuestro dinero. A estos chicos que tantas lecciones quieren darnos les conviene una cura de humildad. Que compitan en igualdad de condiciones -tan igualitaristas que se proclaman- y se mantengan con el dinero que sean capaces de ganar honradamente. Y si no les llega, que se dediquen a otra cosa.

    El Estado lleva demasiados años subvencionando a fracasados y a mediocres con el insultante argumento de que en el fondo son unos genios y nosotros no les entendemos.

    A los de la ceja, a los del «¡No a la guerra!», a los que tanto hablan de solidaridad sin que nadie vaya nunca a reclamársela, les digo: Se os ha acabado la fiesta, y me alegro. Me alegro muchísimo. De ahora en adelante sabréis lo que se siente cuando trabajas y te va la vida en ello. Después de tanto discursillo socialista, tendréis la ocasión de serlo de verdad, notando la atrocidad y los estragos que los impuestos excesivos causan. Me gustará ver cómo levantáis el puño ante la platea medio vacía.

    Después de tanto reivindicar política social, ahora tendréis la enorme satisfacción de saber que la podremos pagar con el IVA de vuestras entradas. Después de tanto exigir a los ricos que den su dinero a los pobres, ahora podréis demostrar vuestras convicciones donando el vuestro, porque lo que es el mío no lo volveréis a tocar.

    Salvador Sostres, en El Mundo

  5. #25
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    Predeterminado Insumisión sanitaria

    Los buenos samaritanos

    Leo que algunas asociaciones promueven una "objeción de conciencia" a la norma que restringe la asistencia sanitaria a los sin papeles, que hay en marcha una campaña de firmas para declararse insumiso y que los adheridos a ella proclaman que seguirán atendiendo a las personas que queden fuere de la cobertura.

    Naturalmente, la iniciativa se presenta como una rebelión ética y una cuestión de pura humanidad. Qué habría más inhumano, sostienen, que negarle consulta y atención médica a quienquiera las necesite, tenga o no los documentos requeridos. Qué importan los papeles, si se trata de seres humanos y más de seres humanos dolientes, abatidos por la enfermedad. Así las cosas, los partidarios de esa "desobediencia civil" tienen ya asegurado un trato de héroes, de ciudadanos ejemplares, de activistas solidarios, por lo menos en el espejito mágico de los medios de comunicación.

    Las sociedades postmaterialistas son muy sensibles a los buenos sentimientos y premian a quienes los ostentan, a pesar de que la ostentación es señal de que algo falla de raíz. En este caso, sin duda. Porque el altruismo con el dinero ajeno, con el del contribuyente, que es el que piensan practicar los "insumisos" mencionados, no es altruismo ni es heroico ni ejemplar. ¡Así cualquiera!

    Mérito tendría que un grupo de médicos y profesionales sanitarios decidiera atender a los sin papeles por su cuenta, en consultas independientes y ajenas a las de la sanidad pública, asumiendo ellos mismos, por razones humanitarias, el coste de esa atención. De hecho, no sería una práctica tan extraña y anómala. Incluso una sociedad civil débil como la española ha sido capaz de articular un tejido asistencial que suple o complementa al del Estado. Los abajofirmantes referidos, en cambio, desean ejercer de buenos samaritanos pasándoles la factura al resto de los españoles y eso, me temo, ya no resulta tan conmovedor.

    La secularización transformó la vieja caridad cristiana en la moderna solidaridad, y con ella apareció un ejército laico de virtuosos profesionales: los que hacen exhibición de virtud y gozan con la ilusión de su superioridad moral. Sospecho que, más allá de las prosaicas motivaciones políticas, que las habrá, estos "objetores" desean demostrar -y demostrarse- tal superioridad. Quien quiere ayudar desinteresadamente a gente necesitada lo hace de forma discreta y sin publicidad. Y no pretende, desde luego, que pague el Estao.

    Cristina Losada, en LD

  6. #26
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    Predeterminado El agujero y el agua

    El diputado de Izquierda Unida y alcalde de Marinaleda, Sánchez Gordillo, ha atracado algunos supermercados con el pretexto de expropiarles los productos básicos en tiempos de crisis. Siempre sucede lo mismo con la izquierda en general y sobre todo con los comunistas. Primero arruinan la economía con sus teorías demenciales, y cuando ya han arrasado con todo le dan la culpa a la derecha, a los bancos y a los empresarios y así nos asaltan y siembran el caos.

    Saquear supermercados no es una solución, es un delito. La solución es la libertad y la economía de mercado. Que los culpables del desastre se presenten como salvadores con todavía más barbarie es de un cinismo insoportable.

    Un hombre conduce su coche por un camino entre campos de trigo y embarranca en un agujero de fango y agua. Al poco rato llega un campesino con su tractor, y se ofrece a remolcarle advirtiéndole de entrada que «es el coche número treinta que tengo que rescatar hoy y cada día estamos igual, así que si no le importa voy a tener que cobrarle 20 euros». El hombre del coche le pregunta: «Y con tanto ajetreo, ¿cuándo puede trabajar sus campos? ¿Por la noche?». Y el campesino responde: «No, no, por la noche lleno el agujero de agua».

    La izquierda ha estado llenando desde hace muchos años nuestro agujero de agua y ahora quiere expropiarnos el coche acusándonos de conducir mal. La izquierda nos ha sumido en esta crisis y ahora quiere controlar el racionamiento, que es la única política económica con la que se siente cómoda, porque cuando tales circunstancias llegan ven su sueño realizado de habernos destruido nuestra vida libre y de llegar a controlar hasta lo que nos llevamos a la boca.

    Todos los socialismos han acabado con colas de gente hambrienta frente a supermercados vacíos. El primer paso fue arruinarlos con su locura igualitaria. Han sido muchos años de socialdemocracia, de subsidios, de bajas fraudulentas por enfermedades inventadas y de jueces sindicalistas que declaraban improcedente cada despido que se les presentaba. Han sido muchos años de minuciosamente llenar el agujero por la noche para podernos culpar de lo que, más que una crisis, ha sido un fraude.

    Muchos años de ahondar el agujero y de sembrar el caos para justificar su asalto definitivo a la propiedad privada.

    Salvador Sostres, en El Mundo

  7. #27
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    08 ene, 07
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    Predeterminado Delectus est socialismus

    No, señora Cospedal. No sería bueno para España que el PSOE recuperase el rumbo. Comprendo que lo haya dicho, pues así lo exige la doctrina de que no hay democracia sin oposición (yo la prefiero homogénea), pero mucho mejor sería que el socialismo -ese pudridero de la libertad y semillero de la pobreza definido por Nietzsche como la moral de los esclavos- desapareciese de la faz del mundo. Sólo desgracias nos ha traído su existencia, fuera cual fuese el disfraz de quita y pon que para seguir en la trepa iba su hipocresía adoptando. Doble fue siempre su rostro: amable y razonable cuando su nombre se escribía con ese de socialismo o patibulario y revolucionario cuando cambiaba su inicial por la ce del comunismo, hijos gemelos ambos de un mismo padre barbudo. Ocúpese la medicina de ese partido enfermo internándolo en un psiquiátrico para que le curen el desdoblamiento de personalidad o, de no conseguirlo, lo incapaciten. Su caso recuerda al de Jekyll y Hyde: doctor aplicado entre las probetas del hemiciclo y licántropo cuando se va de soflama y oriflama por la jungla de las calles. ¿Doble rostro? Sí, y a veces cuádruple: españolista en Andalucía, catalanista en Cataluña, federalista en Ferraz y europeísta en Bruselas. ¿De verdad sería malo que el PSOE desapareciera? ¡Pero si tenemos a Rosa Díez! ¿Qué sucedió en Europa cuando el muro de Berlín se redujo a cascotes? ¡Protesto!, exclamará la Valenciano. Admitida la protesta, dirá Garzón. No importa. Prosiga el letrado. ¿Qué sucedió en Italia cuando el PSI, gracias a Craxi, hizo mutis por el Foro Palatino? ¿O en Grecia, cuando el Pasok, que tanto cacareaba, se quedó como el gallo de Morón? El PSOE, tras el ensayo general de Asturias, trajo a España una guerra cuyas heridas aún supuran y, después de Franco, la corrupción del felipismo y el desguace económico, geográfico y moral de Zetaparo. Nada tenemos que agradecerle. Si se va por el sumidero del remolino que lo ahoga, y todo augura que así va a ser (¡ojalá siga Rubalcaba, aunque Griñán tampoco esté mal!), bendito sea Dios. O sea: Felipe (Bonodixit). En Cataluña ya limosnean. Sus diputados tendrán que retratarse en taquilla antes de entonar el canto del cisne. Lo de socialismus es latín macarrónico. Neologismo, no, porque ya es arcaísmo. No seré yo quien rescate éste ni quien lleve rosas en el puño a la tumba de Pablo Iglesias.

    Fernando Sánchez Dragó, en El Mundo

  8. #28
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    08 ene, 07
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    Predeterminado ¿Dónde está la izquierda en Cataluña?

    Cuando en 1963 el responsable de la célula del PSUC (Partit Socialista Unificat de Catalunya) en que yo militaba nos ordenó manifestarnos en la Plaza de Catalunya de Barcelona el 11 de septiembre, en homenaje al Conseller Casanovas, a pesar de mi corta edad supe que aquella era una estrategia equivocada. ¿Por qué teníamos los comunistas que arriesgarnos a la detención, la tortura y la prisión –como nos sucedió a tantos– por homenajear a un representante de la más rancia aristocracia que únicamente pretendía mantener su viejo poder en el nuevo Estado moderno que se advenía? ¿Qué significado tenía defender los privilegios y los bienes de un boyardo como el Casanovas, que ni siquiera había muerto en la supuesta heroica defensa de la ciudad? ¿Qué interés tenía para los ideales de socialismo e igualdad de los trabajadores los planes económicos y sociales de la aristocracia catalana de 1714 que se aliaba con el más reaccionario de los pretendientes de la corona española?

    Tales preguntas no merecieron respuesta por parte de mis responsables partidarios y sí la fulminante admonición de que las directrices del partido no se discutían. De aquellos polvos vienen estos lodos. Preso el PSUC de la presión de los nacionalistas, que entonces eran un puñado de burgueses que conspiraban en Bruselas para que las condiciones de entrada en el Mercado Común les fueran favorables y a los que Carrillo y López Raimundo adulaban en la forma más servil, los militantes de base comunistas fuimos apaleados, detenidos, juzgados y encarcelados cada año por participar en aquella minúscula manifestación de la Diada de Catalunya, que tenía más policías que manifestantes y en la que jamás vi ni a Jordi Pujol ni a Heribert Barrera ni a ninguno de los que se muestran ahora tan agresivamente separatistas.

    Cuando los siglos pasen y los historiadores investiguen y recopilen los desdichados acontecimientos de más de medio siglo de historia española se asombrarán de cómo la izquierda se ha suicidado en España y especialmente en Catalunya. Aquel PSUC que recogió, él solo, 500.000 votos en 1977, hoy no existe y en su lugar veo cómo balbucea patéticamente en televisión un representante de Iniciativa per Catalunya –no puede haber nombre más ambiguo– pidiendo el derecho a decidir.

    ¿A decidir quién? ¿La burguesía catalana que desde 1939 –cuando acudió precipitadamente a Burgos para obtener alguna de las ventajas económicas que se estaban llevando los latifundistas andaluces y los industriales vascos que habían llegado primero– ha sido una aliada del capital español y europeo? ¿Los arribistas de toda laya que en contubernio con las antiguas familias de la oligarquía española y con el apoyo de los jerarcas franquistas se hicieron con los principales negocios del textil, de la construcción, de la pequeña metalurgia, de la química, de la farmacéutica, al terminar la Guerra Civil? Ya sabemos que Cambó, cuando después de su aparente firmeza defendiendo la independencia de Catalunya comenzó a echar cuentas de la pérdida de exportaciones al resto de España –cuestión esta que también debería explicarse– publicó un cobarde panfleto titulado Per la Concordia, y así enseguida que ganó la guerra Franco, la burguesía catalana se echó en sus brazos.

    El engaño con que Artur Mas y compañía, los Pujol, los Millet, los Montull, los Maragall, los Serra, los Roca, –aquí también tenemos apellidos ligados al PSC– están arrastrando a los trabajadores en Catalunya a manifestarse en reclamación de una independencia que únicamente a ellos puede reportarles beneficios –y eso está todavía por ver– es tan patético que, en mi desánimo rayano en la desesperación, me pregunto: ¿Dónde está la izquierda en Catalunya? Sigue, cincuenta años más tarde, manifestándose el 11 de septiembre ante la estatua del boyardo Casanovas, héroe de la patria, y marcando el paso que le ordena la burguesía catalana.

    Porque nadie –excepto, en estas páginas, Vincenç Navarro– ha explicado lo que supone la reclamación de la independencia para los trabajadores y las clases que no son poseedoras de los medios de producción, y por ello no voy a repetir las cifras de la explotación de los obreros y de los beneficios de los burgueses; pero sí añadiré un dato. No solamente en este momento Catalunya tiene una deuda pública de casi 50.000 millones de euros, la más alta de todas las autonomías, producto de los despilfarros, estafas, apropiaciones indebidas y necedades que han cometido todos los políticos que han gobernado el país desde hace 36 años –véase, para empezar, Banca Catalana, Casinos de Catalunya, Escuelas de Formación Profesional, Juegos Olímpicos, Fórum de las Culturas, Palau de la Música– y que han llenado los bolsillos de los implicados y nutrido al principal partido CIU, sino que en caso de independizarse debería hacerse cargo de su parte proporcional de la del Estado español, que dada la riqueza del país es del 18%. Cuestión esta que muy cuidadosamente ocultan los Mas, Pujol y compañía, y que en este momento asciende a la astronómica cifra de 150.000 millones de euros.

    De tal modo, si hoy Catalunya se hiciera secesión de España, tendría sobre sí la losa de 200.000 millones de euros de deuda pública que debería devolver esquilmando los bolsillos de sus trabajadores. (No pensará nadie que el Sr. Mas, que lo primero que ha hecho ha sido eliminar el impuesto de sucesiones y que antes que subir las cargas tributarias a los ricos ha eliminado ambulatorios y escuelas, iba a pagar de su bolsillo y de los de sus socios semejante deuda)

    Pero como dice tan cínica e ingeniosamente Jonathan Swift, dada la natural tendencia de los pueblos a dejarse engañar por sus gobernantes, muchos obreros, estudiantes, mujeres, jubilados, funcionarios, sin bienes y sin trabajo, están uniéndose a las proclamas populistas de los dirigentes de CiU y de ERC, que les aseguran que la independencia de Catalunya les otorgará un futuro preñado de bienestar y de riqueza. Porque ya se sabe que cuando Madrid devuelva todo lo que le roba a Catalunya –y lo tendrá que hacer con los impuestos de los murcianos, los castellanos manchegos, los andaluces, los extremeños, cuya renta per cápita no llega al 75% de la de los catalanes, porque nadie imaginará ni a Mariano Rajoy ni a Emilio Botín pagando de su bolsillo la deuda catalana– lo repartirá entre los trabajadores, que ya se sabe que ésta es la conducta histórica de los burgueses: repartir su dinero entre los pobres.

    Vicenç Navarro ya nos ha ilustrado en este periódico sobre las cifras de inversión pública en Catalunya, que son más bajas que la media española, enseñándonos con ellas la mezquindad, tacañería y habitual extracción de plusvalía de las clases burguesas en esa comunidad. Es por tanto lamentable que la izquierda en Catalunya no solo no lea la información de Navarro, sino que, un poco instruida en las relaciones del capital y el trabajo que ya hace más de siglo y medio descubrió Carlos Marx, no denuncie rotundamente esta maniobra de los oligarcas, burgueses, boyardos, corruptos y aliados de los políticos españoles, que únicamente quieren seguir acumulando capital, ya sin detraer de sus beneficios ni la mísera cuota que va a parar a los campesinos manchegos y andaluces.

    Resulta lamentable que la izquierda catalana –si es que existe– ignore estos datos, y aún más triste es comprobar los argumentos mezquinos con que los representantes de quienes se llamaron comunistas alientan en los trabajadores catalanes, cada día más pobres –tres millones y medio de ellos no han nacido ni ellos ni sus padres en Catalunya y no tienen el catalán como lengua materna, y para más de medio millón ni siquiera lo es el castellano– la insolidaridad y la tacañería con los trabajadores de los demás países de España, cada día más miserables. “Todo para nosotros”, gritan, “si no pagamos las cuotas que nos exige el Estado español tendremos más para quedarnos en casa nostra”. Y con qué habilidad han hecho desaparecer de la información los escandalosos beneficios y sueldos y bonos y jubilaciones de los directivos de Caixa Catalunya –dirigida muchos años por los Narcís Serra de rancia estirpe– de los de la Caixa, del Banco de Sabadell, de Autopistas, y el robo descarado del Palau de la Música, cuyo principal responsable, Lluís Millet sigue paseándose por Barcelona en compañía de Montull y de sus cómplices, que obtuvo la impunidad pagando las cuotas previstas a CiU, partido que le amparaba.

    ¿Y qué se hizo de la petición de responsabilidades acerca de la gravísima acusación que lanzó nada menos que Pascual Maragall, secretario general del PSC, y entonces nada menos que president de la Generalitat, a Artur Mas, jefe de la oposición, secretario general de CiU, nada menos que en sesión plenaria del Parlament de Catalunya, retransmitida en directo por la televisión y la prensa de todos los países, de que el gobierno de CiU había cobrado el 3% de comisiones de todas las obras, eventos y concesiones que permitió en Catalunya; acusación a la que Mas se limitó a replicar que a partir de aquel momento ya no era amigo de Maragall? ¿Dónde está la responsabilidad de la izquierda catalana que se ha resignado pacíficamente a dejar enterrar en el olvido la corrupción de los más destacados líderes de la derecha que están esquilmando el país, mientras todas sus reclamaciones se dirigen contra los políticos del resto de España para que éstos estrangulen un poco más a sus ciudadanos a fin de pagarle a la burguesía catalana la deuda fiscal?

  9. #29
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    08 ene, 07
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    Predeterminado ¿Dónde está la izquierda en Cataluña? (2)

    Ya no se trata de luchar contra la explotación de clase, de razas y de sexo, por parte de las clases poseedoras. Obreros, emigrantes, mujeres maltratadas, madres sin pensión alimenticia, trabajadoras subempleadas, estudiantes, funcionarios sin trabajo, sin vivienda, sin opciones de futuro, mientras las cincuenta familias burguesas siguen embolsándose los beneficios de la explotación de su pueblo, están llamados a manifestar ardientemente su patriotismo, que como decía sabiamente Samuel Johnson, es el último refugio de los canallas.

    En 1994 publiqué Trabajadores del mundo, ¡rendíos! (Ed. Akal, Madrid) donde premonitoriamente exponía la estrategia del capital para desunir y derrotar a la clase obrera que amenazaba su poderío. Pues bien, ya lo ha conseguido. En vez de la Federación de Trabajadores, en vez de la Unión del Movimiento Feminista, en toda la Península Ibérica, contra el capital, vamos a apoyar a los Mas y Pujol y Maragall, enarbolando la estelada. Como hicieron en 1914 los trabajadores franceses y alemanes acudiendo como zombis al llamamiento de las burguesías europeas para que se mataran entre ellos en beneficio de aquellas. Hoy no se armarán las metralletas, pero sí se están enconando los odios y las iras, las miserias y las ignorancias de los ciudadanos catalanes y del resto de España para ocultar la depredación cada vez mayor a que las oligarquías del país nos están sometiendo. Y esta repetición, siglo tras siglo, de las mismas estrategias para engañar, dominar y esclavizar a los trabajadores, es muy triste.

    No olvidemos que para el Sr. Artur Mas, Catalunya puede ser un Estado con la misma monarquía borbónica que nos invadió en 1714 y que mantuvo Franco a su vera. Y desde la izquierda no se oye reclamación alguna de la República, aunque el PSC, siguiendo su ambigua y atemorizada trayectoria centenaria, al igual hoy que ICV, se pronuncia por la federación sin que nadie explique cómo se puede arbitrar una monarquía federal.

    Y ni siquiera le han explicado a los millones de trabajadores que quieren engañar que si Catalunya se declara independiente por su cuenta no entraría en la Unión Europea y, en consecuencia, no solamente no obtendría beneficio alguno de la separación sino que se encontraría en más precaria situación que la actual.

    Lidia Falcón
    Abogada y escritora. Presidenta del Partido Feminista de España, en Público.es
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    La verdad es la verdad aunque la diga una feminista comunista.

  10. #30
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    08 ene, 07
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    10,113

    Predeterminado Intelectuales

    Han provocado cierta agitación unas palabras del actor Alberto San Juan acerca de un concepto, el de «intelectual de derechas», en el que él detecta un oxímoron. Exactamente como le ocurría con el Pensamiento navarro -o es pensamiento, o es navarro- a Unamuno. Y caramba, así, sin pretenderlo, ya me ha salido solo todo un prócer intelectual que no era de izquierda. Ni ameno, todo hay que decirlo.

    Lo que sorprende es que todavía haya quien ansíe pelearse por el monopolio de la tan degradada etiqueta de intelectual, que, a diferencia de la de médico, no te permite llevar ni una pegatina de aparcamiento libre en el parabrisas. Para defender la civilización, incluso para hacerla, desde Termópilas hasta Omaha Beach, la Historia nos dice que ha resultado mucho más eficaz el pelotón de Infantería de Spengler, al que sí se tiene gran devoción en casa, mientras que los J'accuse zolianos se encomiendan al periodismo en tanto que éste no sea definitivamente domesticado por las subvenciones y los anunciantes, en ese futuro en el que todos saldremos de la crisis convertidos en La Vanguardia.

    Por supuesto que existen inteligencias, pretéritas y contemporáneas, que uno admira. Pero todas se caracterizan por romper ese paradigma reductor, sectario, que es la división única entre izquierda y derecha, la que hace tan previsibles a los que la asumen tal cual.

    Si algo envidio de Alberto San Juan, y de los integrados en una consistencia dogmática como él, es la grata sensación de superioridad que ha de propiciar pertenecer al lado indiscutiblemente bueno. ¡Hasta su oficio es demasiado honroso para concebir siquiera que pueda ejercerlo alguien de derechas! Cuando San Juan dice que se es o intelectual o de derechas, se queda a tan sólo un paso de agregar que el solo hecho de ser de izquierdas ya confiere virtudes intelectuales, además de las morales. Eso, por otra parte, explica la patulea que sale motejada de intelectual en la abajofirmancia profesional.

    Para el actor, al cabo, la izquierda nunca es poder, sino que resulta la propietaria de una actitud resistente vinculada, más que al trabajo mental, al prestigio intelectual. No me queda espacio para explicarle que basta evocar a Curzio Malaparte, a los fascismos que anhelaron vivir peligrosamente, para constatar que ni siquiera la revolución es patrimonio exclusivo de la izquierda.

    David Gistau, en El Mundo

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