Cuando se notan los muros de la nación otra vez desmoronados hablo con Cayo Lara, llano y accesible, con la aureola cervantina del agricultor de Argamasilla. Le pregunto si hay una alternativa a la corrupción y la quiebra y él contesta: «Defender la democracia para que no sea tutelada, controlada y robada por los poderes financieros, causantes de la catástrofe, es hoy un acto revolucionario. Lo único que se puede hacer es organizar un muro de contención e idear un nuevo proceso constituyente». Le pregunto si ve bien el ajetreo de Julio Anguita ofreciéndose como cabecera de los republicanos y los indignados. «Julio sigue con su compromiso intacto en este momento de secuestro de la democracia».
¿Qué puede decir la izquierda ante este colapso, esta quiebra histórica? Quizá inventar un lenguaje. El primer deber de un político de izquierdas es devolver su dignidad al lenguaje. Al fin y al cabo pensamos con palabras y la izquierda no las ha renovado. Hoy su discurso -y no me refiero al de Cayo- suena arcaico, chusco. Una de las cosas más fascinantes de la Comuna de París fue aquella asamblea de zapateros en la que acordaron abstenerse de blasfemar, de injuriar y de hacer demagogia. Ya intuyeron lo que después ideó un dirigente de los bolcheviques: el lenguaje insultante, las falsas promesas y el populismo constituyen un legado de la esclavitud.
A los lanzacohetes caseros en Asturias, los antidisturbios en las cuencas y la huelga general minera a punto de estallar les falta la letra y la canción de los lanzacohetes dialécticos, un discurso alternativo a la total hegemonía de la derecha europea ante el colapso del euro; lo peor son los hatajos, la demagogia y las injurias.
Otro dirigente de IU me comenta que lo que está pasando es que el cerdo capitalista ha seguido hocicando y zampando hasta que le han estallado las costuras del estómago. No le quise recordar que las analogías de animales son peligrosas, sobre todo desde el Discurso de Posen, donde se proclamó la «solución final» contra los «cerdos judíos». Mi amigo me hubiera replicado diciendo que siempre usaron las metáforas de animales para urdir sus reflexiones: el topo, el águila, la culebra, el león, el zorro, la oveja, el pulpo.
PIGS fue un acrónimo utilizado por un periódico inglés -no alemán- para designar a los países del Mediterráneo -incluida Irlanda- para burlarse de los cerdos que llegaron a volar y luego cayeron de golpe. Digo que no fueron los alemanes porque hubiera sido demasié, volver a repetir la metáfora del animal impuro usada desde la Edad Media contra los judíos por los predicadores, como puede comprobarse en los capiteles de los templos.
Raúl del Pozo, en El Mundo




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