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  1. #1
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    Predeterminado El Pensamiento Martian II

    El 28 de enero del 2013 ha de celebrarse el 160 aniversario del nacimiento del apóstol José Martí. Sus ideas han sido siempre la inspiración de todos los cubanos donde quiera que se encuentren.

    Aprovecho la ocasión para reabrir este tema done se expondrá sus pensamientos con respecto al socialismo, la Patria, la política, el exilio, la religión, sus poesías, etc. De todo habló y escribió este original exiliado político y profundo pensador.

    El tema anterior, con un total de más de 11,800 visitas ha sido removido del foro, por lo que estoy dando inicio a este nuevo tema. Espero lo disfruten, y que tenga tanto éxito como el primero.

    Saludos,

    Sandokan.

  2. #2
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    Predeterminado

    José Martí en Miami

    Por Rafael Coutin
    La Voz de Cuba Libre

    Me lo encontré en un cafetín de la Pequeña Habana. Iba de guayabera y blue jeans que le quedaba mejor que el traje de tres piezas ya pasado de moda. Se habi¬a rasurado el bigote según me dijo, porque habi¬a notado que casi todos los castristas lo usan. Hasta cambiar su peinado, ya que estaba casi calvo, prefería rasurarse y así¬ se veía mas juvenil.

    Le dije: "Apóstol, por que no va a hablarnos al Versailles o a La Carreta de la 40?, Â nuestro pueblo exiliado esta sediento y necesitado de su palabra!

    Paya lo intenta hijo mi¬o! - me dijo frustrado - cuando trate hablarles de la unidad, me preguntaron en que año habi¬a venido de Cuba, les dije que era recién llegado entonces me dieron la espalda y me dijeron que me faltaba aun mucho por aprender...

    Luego uno de los presentes me pregunto si habi¬a sido disidente o si hab¬a sufrido las prisiones de Castro. Obviamente tuve que negarlo, entonces me preguntaron mi profesión - periodista, poeta y escritor les dije.

    Tu tienes que haber sido comunista!, y gracias a un policí¬a que estaba tomando café, no resulte agredido fí¬sicamente.

    Así que, decidí¬ caminar por las calles de Miami, a ver si encontraba a algún grupo de exiliados que quisiera hablar de Cuba. Pero todo el mundo esta apurado, dicen que no tienen tiempo, que tienen muchos problemas, por cierto tu me puedes decir; ¿que cosa son los ˜billes que parecen atormentar a esta gente?

    Maestro, ¿y no fue a la Torre de la Libertad?- le pregunte.

    Si, y me encontré personas que solamente hablan ingles y están muy interesados en sus negocios. También fui al Club San Carlos y me encontré una reunión de homosexuales y lesbianas, así¬ que estoy pensando en regresar a Santa Ifigenia, pero ahí¬ esta mi problema!. Cada vez que le pregunto a alguien sobre que debo hacer para viajar a Santiago de Cuba, me dice:

    ¡Que cosa mas grande!, al año y un dí¬a, y ya quiere ir a llevarle dólares a Castro!

    Maestro, le dije. - Permí¬tame llevarlo a mi casa - allᬠtengo dos hijos que les gustaría escuchar de sus Versos Sencillos, del Ismaelillo y de la Edad de Oro.

    Búscalo en mis libros, hijo.¡Yo tengo que volver a Cuba!

  3. #3
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    Martí, un poeta con dos patrias: Cuba y la noche

    Juan Domingo Argüelles
    El Universal.
    Martes 28 de enero de 2003

    Hoy, 28 de enero, se cumplen exactamente 150 años del nacimiento de José Martí (1853-1895), el máximo prócer cubano y uno de los hombres más puros, además de espléndido escritor ("supremo varón literario", lo llamó Alfonso Reyes), que ha dado la lengua española.

    Pocos elogios tan bien puestos como el que le destinó Guillermo Cabrera Infante: "Cuando muchos escritores escriben abriendo, cuando mucho sólo una ventana y algunos entornando una puerta, Martí escribió abriendo puertas de par en par. Un escritor muere cuando mueren sus palabras y la palabra de Martí, su voz que ha durado más de cien años, estará siempre viva porque Martí escribía de viva voz. Martí no es sólo la literatura cubana, es su fundación que es nuestra tradición".

    El Apóstol , como se le conoce, vivió 42 años de los cuales destinó una buena parte a luchar por la independencia de su país. Contradictoriamente, paradójicamente, un hombre tan machadianamente bueno tomó las armas y dijo: "Dos patrias tengo yo, Cuba y la noche". Y en su guerrilla heroica había una especie de cristianismo original, de auténtico sacrificio que lo llevó al fatal 19 de mayo de 1895 en la sabana de Dos Ríos, en Cuba, en un encuentro contra las tropas españolas.

    En ese fatídico año de 1895, apenas luego de cumplir 42 años, abandona Nueva York, su lugar de exilio, y parte hacia Montecristi, en Santo Domingo, con rumbo a sus dos patrias: Cuba y la noche, a las cuales llegará en los primeros días de abril. El 15 de ese mes escribirá: "En Cuba libre les escribo, al romper el Sol del 15 de abril, en una vega de los montes de Baracoa... Hasta hoy no me he sentido hombre. He vivido avergonzado y arrastrando la cadena de mi patria toda mi vida".

    El padre del Ismaelillo, de los Versos libres y de los Versos sencillos, el autor y editor de La edad de oro , es algo más que un escritor; es, sobre todo, un símbolo de la bondad, la honestidad y la honradez del ser humano.

    No es exagerado decir que, al igual que uno de sus personajes inolvidables (La Niña de Guatemala), José Martí murió de amor, y es esa muerte y esa vida las que han alentado a lo largo de más de un siglo no sólo a los cubanos (pero sobre todo a ellos) en su búsqueda de patria y libertad. La voz de Martí es la voz de los exiliados; es la voz del destierro: Yo quiero salir del mundo/ por la puerta natural:/ en un carro de hojas verdes/ a morir me han de llevar./ No me pongan en lo oscuro/ a morir como un traidor/ Yo soy bueno, y como bueno/ moriré de cara al Sol.

    Ninguna de las páginas en prosa y en verso de los cuatro números de La edad de oro (1889) ha perdido su intensidad pese al tiempo transcurrido sobre ellas. Martí escribió sobre muchas cosas. Sus versos son inolvidables, pero también lo son sus valoraciones y sus ensayos sobre la realidad política y cultural de Hispanoamérica y el Caribe. Su obra de divulgación abarcó otras culturas, especialmente la inglesa, y admiró y difundió a Oscar Wilde, Ralph Waldo Emerson, Walt Whitman y Edgar Allan Poe, entre otros, e hizo luz sobre sus vidas y sus escritos. De pocos escritores podríamos enaltecer su generosidad sin miramientos. En el caso de José Martí, el sincero desprendimiento es un atributo natural.

  4. #4
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    Fragnmento de la carta de José Martí a Máximo Gomes, del 20 de octubre de 1884

    "Es abominable el que se vale de una gran idea para servir a sus esperanzas
    personales de gloria o de poder, aunque por ellas exponga la vida. El dar la
    vida solo constituye un derecho cuando se la da desinteresadamente".

  5. #5
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    Increíble la vigencia de Martí. Tal parece que escribiera recientemente esta poesía, pues le viene como anillo al dedo a nuestros problemas actuales. El enemigo común es la dictadura castrista, y hacia ésta deben dirigirse todas nuestras andanadas, y no contra nuestros hermanos cubanos por el simple hecho de tener ideas diferentes con respecto a como se ha derrocar la tiranía.

    A Néstor Ponce de León

    21 de octubre de 1889

    A mi señor Néstor Ponce de León:

    Viene a decirme Capriles
    Que alguien dijo en Broadway
    Que en mi discurso exclamé:
    "¡Los anexionistas viles!"

    ¡Bien, y con mucha razón
    Me mandó usted el recado
    De tenerme preparado
    El espinudo bastón!

    Miente como un zascandil
    El que diga que me oyó
    Por no pensar como yo
    Llamar a un cubano "vil".

    Viles se puede llamar
    A los que al lucir el sol
    Del Diez, con el español
    Fueron, temblando, a formar.

    Los que al hombro los fusiles,
    Negra el alma y blanco el traje,
    Ayudaron al ultraje
    De su patria -ésos son viles.

    Vil viene bien, y no menos,
    Al que por la paga vil,
    Mata el ánimo viril
    Entre los cubanos buenos.

    Pero el que duda -¡yo no!
    ¡Yo no dudo!- que su tierra
    Puede después de la guerra
    Vivir con paz y con pro;

    Al que comparte la fe
    -La fe que yo no comparto-
    En el cariño del parto,
    Que pudo ser y no fue;

    Al que piensa -¡yo no pienso
    Así!- que, en tanto desdén,
    Es dable un inmenso bien
    Sin un sacrificio inmenso;

    Al que, por odio a la guerra,
    Prefiera -¡yo no prefiero!-
    El comerciante extranjero
    A la virtud de su tierra;

    Ese, ¡quién sabe si arguya
    En vano! ¡si en la mar fía!
    Pero si su tierra es mía,
    También es mi tierra suya.

    Y puede, de igual derecho,
    En brazos de otro soñarla,
    Como sueño en conquistarla
    Mano a mano y pecho a pecho.

    ¡Qué dijera yo de aquel
    De opinión diversa, si
    Me llamara vil a mí
    Por no opinar como él!

    No hiero al mismo español,
    de quien la sangre heredé.
    ¿Y fratricida heriré
    A mi hermano en pena y sol?

    A mis hermanos en pena
    No los he de llamar viles:
    Los viles son los reptiles
    Que viven de fama ajena.

    Todo esto es muy simple, todo
    Es que nos daban por muertos
    El Diez, y al vernos despiertos
    Cierran el paso con lodo.

    ¡Pero quisiera ver yo
    Frente a frente al zascandil
    Que dice que llamo vil
    A mi hermano y que me oyó!

    Donde no nos puedan ver
    Diré a mi hermano sincero:
    "¿Quieres en lecho extranjero
    A tu patria, a tu mujer?"

    Pero enfrente del tirano
    Y del extranjero enfrente,
    Al que lo injurie: "¡Deténte!"
    Le he de gritar: "¡Es mi hermano!"

    En la patria de mi amor
    Quisiera yo ver nacer
    El pueblo que puede ser,
    Sin odios y sin color.

    Quisiera, en el juego franco
    Del pensamiento sin tasa,
    Ver fabricando la casa
    Rico y pobre, negro y blanco.

    Y cuando todas las manos
    Son pocas para el afán,
    ¡Oh, patria, las usarán
    En herirse los hermanos!

    Algo en el alma decide,
    En su cólera indignada,
    Que es más vil que el que degrada
    A un pueblo, el que lo divide.

    ¿Quién con injurias convence?
    ¿Quién con epítetos labra?
    Vence el amor. La palabra
    Sólo cuando justa, vence.

    Si es uno el honor, los modos
    Varios se habrán de juntar:
    ¡Con todos se ha de fundar,
    Para el bienestar de todos!

    Su
    Martí

  6. #6
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    Predeterminado

    Completa vindicación de los estudiantes fusilados en Cuba en 1871

    Asesinados por la milicia.- Se llevará a cabo en New York una
    suscripción para erigirles un monumento.

    Por José Martí
    The New York Herald
    Nueva York/9 de abril de 1887

    La ciudad de la Habana ha sido en estos últimos días escenario de
    memorables acontecimientos. La Lucha, el emprendedor periódico
    habanero al que tanto crédito se debe por hacerle justicia a los
    cubanos, publica un relato de los dramáticos incidentes que han
    llevado a vindicar la inocencia de los ocho estudiantes de medicina
    que fueron oficialmente asesinados hace dieciséis años.

    Estos ocho estudiantes, de dieciséis a veintiún años de edad,
    después de una farsa judicial, celebrada bajo la presión de las
    turbas, fueron muertos en medio de frenéticos aplausos y otros
    treinta y uno fueron enviados a Presidio por el supuesto crimen de
    haber profanado el sepulcro de Gonzalo Castañón, un periodista mal
    aconsejado que, a consecuencia de una disputa con partidarios de los
    revolucionarios, fue muerto en Key West algunos meses antes. La
    bóveda no mostraba la más ligera huella de profanación, y una raya
    hecha mucho antes en el cristal que cubre las ofrendas florales fue
    todo lo que pudo ser atribuído a una mano irrespetuosa, si no
    hubiera estado cubierta por el moho el día de los hechos.

    SÓLO LOS CUBANOS SON CULPABLES

    Los españoles que había entre los estudiantes fueron puestos en
    libertad. Uno de los estudiantes fusilados ni siquiera estaba en el
    cementerio en la fecha de la alegada profanación. Tan solo Federico
    Capdevila, un noble oficial del ejército, encargado de la defensa de
    los estudiantes, tuvo el coraje de pronunciar en el juicio unas
    pocas y valientes palabras, por las que escasamente escapó de pagar
    con su vida a manos de la turba, poco dispuesta a aceptar algo que
    no fuera un final sangriento.

    El general Crespo, que estaba a la cabeza del gobierno y que firmó
    la sentencia de muerte estando convencido de la infamia, ha dicho
    que "para hallar una comparación apropiada a las proposiciones que
    le hicieron algunos de los dirigentes de los amotinados sería
    necesario retroceder a los días más negros de la Revolución
    Francesa". Son, ciertamente, las palabras del General las que usamos
    aquí. Miles de hombres armados llenaban las calles día y noche,
    rodeaban la prisión, colmaban los corredores del palacio de
    gobierno, gritaban continuamente pidiendo la muerte de los
    estudiantes y lograron que el gobierno cediera a sus demandas
    encubierto por un juicio en consejo de guerra que celebró sus
    sesiones amenazado por las bayonetas de los quebrantadores de la
    ley.

    El hijo de uno de los más impetuosos de entre estos, un muchacho de
    dieciséis años, que había cogido una flor en el jardín del
    cementerio, fue el primero escogido para ser fusilado, y ello, por
    añadidura, con los mismos rifles a cuya compra su acaudalado padre
    había contribuido generosamente. Cuatro de sus condiscípulos que
    habían estado jugando con una carretilla, le siguieron
    inmediatamente. Se ha dicho que el indigno tribunal se había
    comprometido con las turbas a dar muerte a ocho de los prisioneros y
    que las otras tres víctimas requeridas fueron escogidas mediante
    sorteo. Los infelices muchachos encararon la muerte valientemente-ni
    una rodilla flaqueó. Unos recibieron las balas en la cabeza, otros
    en el corazón. "Los ocho cadáveres", dice La Lucha en una patética
    descripción del hecho, "fueron enterrados, sin un nombre, una cruz o
    una lápida, cuatro de Sur a Norte, cuatro de Norte a Sur". La Lucha
    ha publicado los retratos de los infelices jóvenes.

    UN TESTIMONIO POPULAR

    La justicia tiene sus modos y mediante el valor de Fermín Valdés
    Domínguez, uno de los estudiantes supervivientes que fue enviado a
    prisión, la inocencia de sus amigos ha sido demostrada tan completa
    y notablemente que el asunto constituye hoy el tema de conversación
    de la isla. Una colecta para erigir un monumento se está llevando a
    cabo rápidamente por españoles y cubanos, por igual, en Cuba, en
    España y en New York. La moderación de los cubanos ante la
    provocación le ha conferido dignidad a su pena, y un acto de pública
    contrición por parte de aquellos que son ahora considerados como
    cómplices del crimen, sería una ofrenda apropiada a los que murieron
    injustamente a sus manos y, al propio tiempo, un acto que no podría
    dejar de conducir a un mejor entendimiento de las dos secciones
    hostiles en que la guerra por la independencia dejó dividida a la
    isla.

    CARA A CARA

    Fue una escena dramática aquella en que Valdés Domínguez,
    indiferente al peligro que su acción podía acarrearle, avanzó,
    trémulo de emoción, hacia el féretro de Castañón, cuyo hijo,
    acompañado por sus amigos, hacía extraer de su bóveda temporal para
    ser trasladado a su definitivo lugar de reposo en España y,
    levantando su mano sobre el sarcófago intacto, conjuró solemnemente
    al hijo, un joven de veinte años, a que declarara que los restos de
    su padre no habían sido profanados por los estudiantes. El hijo de
    Castañón declaró públicamente que ninguna mano impía había tocado
    los restos de su padre. Al propio Domínguez le fue permitido abrir
    el sarcófago en que yacía el hombre que causó, esta vez
    inconscientemente, tantas muertes.

    El joven Castañón confirmó en una carta digna su declaración. Todos
    los interesados dieron permiso a Valdés Domínguez para recuperar, si
    ello fuera posible, los restos de los estudiantes del apartado lugar
    en que habían sido enterrados y, después de trabajar incesantemente
    durante dos días con sus propias manos, ayudado por un amigo y por
    los negros sepultureros, descubrió al fin todo lo que quedaba en la
    tierra de sus amigos muertos-ocho esqueletos tendidos uno junto a
    otro, los cráneos y las costillas quebradas por los proyectiles del
    pelotón de fusilamiento. Una corbata de seda, algunos botones de
    cuello y unas hebillas de plata fue todo lo que pudo encontrar para
    identificar las víctimas de este crimen histórico.

    Estas patéticas escenas y su influencia en los asuntos del país
    ocupan actualmente la atención pública en la isla de Cuba. La
    alegría de los cubanos por esta vindicación triunfante de los
    estudiantes no ha sido ensombrecida por ningún exceso de su parte o
    por alguna irreverencia de aquellos que en días más oscuros fueron
    los autores del nefando hecho. Palabras de paz son pronunciadas
    sobre los restos de quienes cayeron víctimas de las furias de la
    guerra, y el justo reconocimiento de la inculpabilidad de los
    inocentes es probable que contribuya más al bien general que el
    mismo castigo de los culpables.

  7. #7
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    Martí y Los Derechos Humanos

    "Si en las cosas de mi patria me fuera dado preferir un bien a todos los demás, un bien fundamental que de todos los del país fuera base y principio, y sin el que los demás bienes serían falaces e inseguros, ese sería el bien que yo prefiriera: yo quiero que la ley primera de nuestra república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre.”

    “Limpiar queremos la tierra adorada... para que impere, no sólo la virtud que nosotros le llevemos, si -no la virtud que se ahoga en ella. Ni de nombre de partido, ni de equivocaciones pasajeras aunque parezcan durables, ni de la diferencia de nuestras ideas corrientes nos guiamos, sino de un amor, que tiembla y que vela, por los que de buena fe, y con la misma pasión nuestra por el bien de los hombres, padecen y aspiran, con ansias de hijo preso, en la tierra adorada. Nuevo queremos el carácter, y laborioso queremos al criollo, y la vida burocrática tenémosla por peligro y azote, y bregaremos por poner la tierra abierta, con el trabajo inmediato y diverso, a la vida natural, que es en la república la única garantía del derecho del hombre y de la independencia del país.”

    “Me parece que me matan un hijo cada vez que privan a un hombre del derecho de pensar.”

    “De los derechos y opiniones de sus hijos todos está hecho un pueblo, y no de los derechos y opiniones de una clase sola de sus hijos.”

    “El pleno goce individual de los derechos legítimos del hombre, sólo pueden mermarse con la desidia o exceso de los que los ejerciten.”

  8. #8
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    Martí y la Reconciliación

    “Desde sus raíces se ha de construir la Patria con formas viables, y de sí propias nacidas, de modo que un gobierno sin realidad ni sanción no la conduzca a las parcialidades o a la tiranía.”

    “Yo amo con pasión la dignidad humana... Yo aborrezco la elocuencia inútil... fue que un pueblo, en que el exceso de odio ha hecho más viva que en pueblo alguno la necesidad del amor, entiende y proclama que por el amor, sincero y continuo, han de resolverse, y si no, no se han de resolver, los problemas que ha anudado el odio.”

    “Aquí hemos aprendido a amar aquella patria sincera donde podrían vivir en paz los mismos que nos oprimen, si aprenden a respetar los derechos que sus hijos hayan sabido conquistar; donde podrán vivir en amor los esclavos azotados y los que los azotaron.”

  9. #9
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    Martí y la Democracia

    Manifiesto del Partido Revolucionario Cubano publicado en “Patria” el 27 de Mayo de 1893.

    Se cae la patria a pedazos. Fatigado el espíritu, y sin salida visible a tanta angustia, llega el cubano, sólo en su vergüenza, o satisfecho en la contemplación de su virtud inactiva, a oír indiferente el clamor de su alma propia... la Isla desvalida parece a punto de abandonar su porvenir a la revuelta sin concierto o a las tinieblas de la nada.

    Por eso, si queremos ser de los que “aman y construyen” debemos escuchar el clamor del alma propia y del alma de la nación que sufre. Que la fatiga del espíritu no nos desanime que la angustia no conduzca al abandono del porvenir. Y mucho menos nos paralice ante la más leve probabilidad de abandonarnos “a la revuelta sin concierto o a las tinieblas de la nada.


    En lo único en que España nos muestra su superioridad es en su aptitud para dominarnos; aunque ésta no depende tanto de que nos sea de veras superior, cuanto de aquella ley natural que ordena el reposo como descanso de la fatiga y preparación para ella. Y en otra cosa está su superioridad patente, y es en la habilidad con que, distrayéndonos de nuestro verdadero interés con libertades nominales, fomenta con éxito visible la debilidad y la desunión... y permite al vicio toda la soltura que niega al derecho y corrompiéndonos con la delación, la miseria y el trato íntimo con una población de empleados jugadores y criminales consentidos, de modo que ya no es posible pensar en las ciudades que debieran ser nuestro orgullo, sin que nos vele el rostro la vergüenza... y en nuestro propio suelo nos hace contraer los vicios de la política, como medio eficaz de que jamás recobremos la virilidad necesaria para ejercitar de nuevo sus virtudes.

    Si al desmoronarse, como valla floja que es, la política de represa, no tenía el agua rota cauce por donde echar la nueva pujanza, vana habría sido la labor sutil, por pobreza incurable de los materiales de trabajo, o por desidia o incapacidad de los trabajadores.

    Franca y posible, la revolución tiene hoy la fuerza de todos los hombres previsores del señorío útil y da la mano cultivada, de generales y abogados, de tabaqueros y guajiros, de médicos y comerciantes, de amos y de libertos. Triunfará con esa alma, y perecerá sin ella. Esa esperanza, justa y serena es el alma de la revolución. Con equidad para todos los derechos, con piedad para todas las ofensas, con vigilancia contra todas las zapas, con fidelidad al alma rebelde y esperanzada que la inspira, la revolución no tiene enemigos... Conocemos el terreno en que andamos. Nos sacarán a salvo por él la lealtad a la patria que en nosotros ha puesto su esperanza de libertad y de orden, -y la indulgencia vigilante para los que han demostrado ser incapaces de dar a la rebelión de su patria energía y orden. Sea nuestro lema: libertad sin ira.

    Con ese cuidado escrupuloso vivimos; todos esos problemas conocemos; nos ocupamos firmemente, no en llevar a nuestra tierra invasiones ciegas, ni capitanías militares, ni arrogancias de partido vencedor, sino en amasar la levadura de república que hará falta mañana, que tal vez hará falta muy pronto, a un país cuya independencia parece inmediata, pero que está compuesto de elementos tan varios, tan suspicaces, de amalgama tan difícil, que los choques que ya se vislumbran... sólo pueden evitarse con el exquisito tacto político que viene de la majestad del desinterés y de la soberanía del amor.

    El Partido Revolucionario Cubano no se propone perpetuar en la República Cubana, con formas nuevas o con alteraciones más aparentes que esenciales, el espíritu autoritario y la composición burocrática de la colonia, sino fundar en el ejercicio franco y cordial de las capacidades legítimas del hombre, un pueblo nuevo y de sincera democracia, capaz de vencer, por el orden del trabajo real y el equilibrio de las nuevas fuerzas sociales, los peligros de la libertad repentina en una sociedad compuesta para la esclavitud.

    El mundo tiene dos campos: todos los que aborrecen la libertad, porque solo la quieren para si, están en uno; los que aman la libertad, y la quieren para todos, están en otro

  10. #10
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    UN DIARIO QUE DURA MAS DE CIEN AÑOS - Parte 1

    Prólogo de Guillermo Cabrera Infante
    Al DIARIO de José Martí
    Carta de Cuba

    El 28 de enero de 1939, mi maestro de tercer grado me mandó a buscar un libro a la biblioteca municipal. Salí de la escuela y recorrí corriendo las tres cuadras hasta mi destino. Llovía una llovizna fina que apenas mojaba. El libro que me dieron, no me prestaron, tenía una cubierta de colores vivos: el mismo libro estaba vivo. Me lo metí bajo la camisa y regresé corriendo a la escuela. En el al aula, se lo entregué a mi maestro, al que todos llamaban en el pueblo Ramonín. Todos menos nosotros los alumnos, que lo llamábamos maestro. Ramonín tomó el libro con su mano izquierda, lo pasó de mano y con su mano derecha me lo devolvió. Es decir, me lo entregó.
    Es para ti. Como premio a la excelencia.

    Era la primera vez que me daban un premio y mi sorpresa y mi timidez me impidieron dar las gracias. Cogí el libro, mi libro, y fui a sentarme en mi pupitre, no en medio de los aplausos, sino de un silencio embarazador. El libro, mi premio, La edad de oro, estaba escrito por José Martí. Ese día era el de su natalicio.

    La edad de oro es una compilación de los cuatro números de una revista que Martí había escrito y editado “para los niños de América”. (Yo era uno de esos niños de América, pero no lo sabía entonces). Acaricié el libro de lomo liso, lustroso, y empecé a leerlo. Todavía no he terminado, ni creo que terminaré nunca. Quiero decir, darlo por terminado, porque es un libro vivo. Era una compilación de cuentos –decir de hadas es decir de hados- y versos, escritos para niños o traducidos. Pero había una narración titulada “Tres héroes”, que comenzaba con una frase que me persigue todavía, unas veces en forma de cita, otras en forma de parodia. He aquí la cita: “Cuentan que un viajero llegó un día a Caracas, al anochecer, y sin sacudirse el polvo del camino, no preguntó dónde se comía ni se dormía, sino cómo se iba a la estatua de Bolívar”. Cito de memoria, porque me aprendí la cita de memoria, no por motivos patrióticos, sino por la figura del extraño viajero en tierra extraña, en una aventura política. Ahora, más de medio siglo después, sé que ese pasajero nunca detiene su andar, porque la tierra que habita no está en la geografía, sino en la historia. Pero es un desterrado sin tierra histórica, un exiliado. Al niño que leía La edad de oro, le habría parecido un destino fantástico, como si la historia fuera una novela de, digamos, Jules Verne.

    Los poemas, los versos dispersos de Martí, su poesía toda, podrían pertenecer a una antología cubana hecha en el siglo pasado que vuelve como el viajero que huye. Toda mi vida después de esos nueve años, desde antes, ha estado envuelta entre las páginas de Martí. Su figura histórica, distorsionada por tirios y troyanos (y la referencia a Troya que hace el refrán es exacta), sino por el hombre que Unamuno llamó “nada menos que todo un hombre”, y por su escritura, que es toda una literatura. Pero Martí, ya lo sé, plantea más problemas que problemas resuelve.

    Voces de muerte (no sólo cerca del Guadalquivir sino del Tajo y más abajo) declaran muerto a Martí. Dicen que nadie lee a Martí en España, que bien pudo escribir en sánscrito, porque la suya es una lengua muerta. No sé a quiénes de sus contemporáneos se lee en España, pero ciertamente no a Unamuno (que nació sólo once años después de Martí) ni al más joven y ya viejo Ortega y Gasset, y que es el más fácil y feliz de los filósofos. Ortega opinó también de casi todo, y Unamuno escribió el ensayo Del sentimiento trágico de la vida en los hombres, pero no dijo nada de la tragedia en las mujeres. No se puede culpar a Martí ni de frivolidad de salonnier ni de machismo. Al contrario, Gabriela Mistral, que debía saber lo que dice, dijo que Martí era un hombre flor que tuvo la desgracia de nacer, vivir y morir, sobre todo morir, entre hombres máuser, que fue el fusil más letal.

    Cuando muchos escritores escriben abriendo, cuando mucho, sólo una ventana, y algunos entornando una puerta, Martí escribió abriendo puertas de par en par. Un escritor muere cuando mueren sus palabras, y la palabra de Martí, su voz que ha durado más de cien años, estará siempre viva, porque Martí escribía de viva voz. Martí no es sólo la literatura cubana, es su fundación que es nuestra tradición. Toda tradición contiene su traición. Judas -¿habrá que recordarlo fuera de Semana Santa?- empezó siendo un fiel seguidor de Jesús. Martí, presentado a los cubanos como “nuestro apóstol”, ha tenido a sus apóstatas, precisamente entre aquéllos que decían –y dicen- seguirlo fielmente. Pero no he venido aquí a anotar a los traidores, sino a elogiar a José Martí.

    Martí no es un fantasma propicio que se convoca alrededor de una mesa redonda, pero su voz todavía nos habla. No de ultratumba, sino de sus páginas. Martí vivió toda su vida adulta en el exilio y, sin embargo, es el más cubano de los cubanos. Su martirio fue una forma de fracaso. Pero su instrumento político más eficaz, aparte de su suicidio, es el discurso político, del que es uno de los grandes maestros del idioma, sino el más grande. Muchos de sus discursos, se ve, estaban escritos, pero otros fueron recogidos al ser pronunciados, transcritos por sus fieles. Pero donde mejor se muestra el genio de Martí es, más que en sus versos, en sus artículos, en inglés y en español, publicados en Nueva York y en Buenos Aires, especialmente para La Nación, diario argentino que era entonces el más prestigioso de América hispana.

    Martí escribió páginas espléndidas sobre los héroes del folklore político americano. Su viñeta sobre la rendición de los confederados es un documento histórico, pero sobre todo es una pieza literaria: “El 9 de abril: en Appomatox, río estrecho; en el pueblo, cinco casas: un Juzgado, un taller de carrero, una pulpería, una casa de ladrillos, una taberna; del pueblo al río, un terrenillo y en él, un manzanar, que daba buena sombra; a un lado del camino, donde un negro tiene ahora una cabaña, descansaba Grant”, que es el retrato del general vencedor. Ahora llega el general vencido: “Venía el General Lee, despacio sobre un caballo rosillo, vestido de Coronel Confederado, a la cabeza de su Estado Mayor… ya lleva la bandera de los estados sin fortuna caída sobre su corazón”.

    Martí escribe también sobre ilustres visitantes, como Oscar Wilde, en una crónica magistral, relata: “Llegó un hombre joven y fornido… que tiene los ojos azules… y lleva corbata azul, sin ver que no está bien en las corbatas el color que está bien en los ojos. Son nuestros tiempos de corbata negra”. ¿Quién lo diría? ¡Martí preocupado por la moda masculina! Pero no hay que asombrarse. ¡Este hombre habló de todo: de moda, de boxeo, de base-ball! Entre su inmensa diversidad, aparece un artículo sorprendente, aún en sus sorpresas, titulado “El gimnasio en la casa”. Dice Martí: “En estos tiempos de ansiedad de espíritu, urge fortalecer el cuerpo”. ¿No es verdad que es inaudito?

    Martí, como periodista, escribió de todo, hasta declararse amante de los animales y amigo de las sociedades protectoras de perros, gatos y caballos. Sus crónicas llamadas Escenas norteamericanas relatan las vidas trágicas del oeste, como la del bandido Jesse James; también cuenta la larga vida feliz de Buffalo Bill, que comienza con un amplio panel pop, un siglo antes de que surgiera el pop art:

    “Buffalo Bill”, escribe, “se ve ahora escrito en colosales letras de colores, en todas las esquinas, cercados de madera, postes de anuncios y muros muertos de Nueva York”.

    ¿Quién escribía así entonces? En esas crónicas hay juicios literarios tempranos sobre Walt Whitman, y lo compara con Poe, al decir de Hojas de yerba: “Es mucho más hermoso, extraño y profundo que “El cuervo”. El poeta trae al féretro un gajo de lilas”. También hace el elogio de una novelista popular, Louisa May Alcott, la autora del clamoroso best-seller Mujercitas, al que la noria del cine ha vuelto a poner de moda. Martí llegó a escribir para sus lectores sudamericanos sobre cómo se hace un libro, desde la página escrita a mano hasta su reproducción por la imprenta y su impresión última, explicando todos los términos de la técnica del oficio.

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