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  1. #11
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    Predeterminado Perla

    Carlos Carnicero tritura a Enric Sopena: "Su historia es la de un perro de presa"

    El despido de Carlos Carnicero del diario digital que edita Sopena, ha motivado un durísimo artículo en el que retrata a un periodista servil

    Libertad Digital

    En el blog de Carlos Carnicero nos encontramos este martes con un demoledor retrato de Enric Sopena, tan real que hasta resulta un poco cruel. Todo empieza con el reciente despido de Carlos Carnicero como columnista del diario digital que dirige Sopena.

    Lo primero que revela Carnicero es que la estrella de La Noria le pidió "en una carta apócrifa" que se fuera de ese periódico. "Le contesté que sólo me iría si me echaba, y le sugería que acumulase coraje para hacerlo. "Le ha costado un año tomar la decisión y durante este año ha tratado de que me cansara del desprecio con el que trataba mis artículos, colocándolos incluso detrás de artículos publicados el día anterior. Ni caso. Soy un viejo resistente", comenta Carnicero.

    De Sopena dice "es el símbolo de los tiempos que nos han tocado vivir". El siguente párrafo no tiene desperdicio:

    Su historia, la de Sopena, es la de un perro de presa. Primero fervoroso miembro del Opus Dei. Si alguien tiene curiosidad, que ponga en Google "Enric Sopena+Opus Dei". Sus fervorosas crónicas sobre Monseñor Escrivá de Balaguer dan cuenta de que su formación en la sumisión al mando natural de cada época tiene raíces en una organización católica especializada en la incondicionalidad al líder. En todas sus épocas profesionales ha sido igual. Lleva en la sangre la madera perfecta de un mercenario.

    Carnicero va machacando línea a línea al que era su jefe en el periódico digital: "Su naturaleza es la subordinación a quien le da de comer. No importa el papelazo que hace en La Noria. Le pagan bien. Y él no tiene pudor en convertir su periódico en altavoz del programa. Autobombo como ampliación de la exaltación de los propios". El periodista acusa directamente a Miguel Barroso de estar detrás de su despido:

    Una vez más se demuestra que la censura la ejercen los que le reconocen una utilidad. Miguel Barroso, a quien he denunciado en todas sus prácticas obscenas, está detrás de esta medida. Preparando la ascensión de su mujer, Carme Chacón, a la cúpula del PSOE y a la candidatura a la presidencia del Gobierno. Limpiando territorio. Quienes quieran bucear en la hemeroteca que miren el papelazo que le tocó hacer a Sopena después de que yo publicara un artículo sobre los manejos de Barroso y él se viera en la obligación de hacer un panegírico al día siguiente. La servidumbre no admite excepciones.

    Por último, le da la puntilla con cierta saña:

    Siento un enorme desprecio por Sopena por lo que significa de demostración de que los comisarios políticos todavía tienen vigencia. A él seguro que no le cuesta conciliar el sueño, porque desde su época del Opus Dei está acostumbrado a compatibilizar su conciencia con sus intereses.

    Pero lo que está claro es que Sopena no es el problema ni yo la víctima. Sopena es el síntoma de la esclavitud intelectual que sigue dando réditos y yo soy un electrón libre que le ha amargado la vida por lo menos desde hace más de un año. El tiempo que ha necesitado para reunir coraje para despedirme. ¡Enhorabuena, campeón¡ Al final has reunido coraje para echarme y seguro que hay quien te lo vaya a agradecer.

  2. #12
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    Predeterminado ¿Me pone cuarto y mitad de Apocalipsis?

    El terremoto de Japón nos ha enseñado muchas cosas, algunas realmente hermosas como la abnegación y nobleza de los nipones; otras importantes, como la extremadamente elevada seguridad que a día de hoy nos ofrece la energía nuclear; y, por último, también unas pocas más bien desagradables como los niveles de miseria moral y desvergüenza a los que pueden llegar las clases política y periodística en Occidente.

    Y es que durante la pasada semana hemos asistido a un espectáculo de manipulación y amoralidad como en muy pocas ocasiones se ha visto, pero además lo hemos hecho sentados a la mesa con muchos miles de muertos, otros tantos desaparecidos y centenares de miles de personas que han perdido sus bienes, sus casas o a sus seres queridos.

    Pero nosotros no podíamos ocuparnos de ellos, estábamos muy ocupados esperando que nos sirvieran un cuarto y mitad de Apocalipsis que nos permitiera conseguir más clics, vender más periódicos, perder menos votos, justificar políticas demagógicas o favorecer soterradamente intereses muy poco puros.

    El mecanismo de acción –reacción– manipulación ha funcionado con una siniestra eficacia: los periódicos se hacían eco de rumores sin confirmar, exageraban los datos reales y nos vendían "ponderados" análisis de lobbistas; acto seguido y basándose en esos "hechos" los políticos anunciaban medidas demagógicas o hacían declaraciones deplorables que los periódicos reproducían dándoles la categoría de acontecimiento.

    El Apocalipsis estaba servido... por gentileza de su periódico de cabecera.

    Los periodistas españoles se han aplicado a esta tarea con una diligencia que no suelen exhibir para luchar por la libertad o defender a las víctimas, ya sean de una catástrofe natural, ya de un atentado terrorista, ya –y sobre todo– de alguna "guerrilla" comunistoide. Todos los trucos de la manipulación se han usado de forma grosera: los análisis de "expertos" interesados, la información exagerada o directamente manipulada, los rumores vendidos como hechos, incluso las mentiras flagrantes en no pocas ocasiones...

    Hemos visto, por poner sólo uno ejemplo de muchos, cómo las informaciones sobre Fukushima se presentaban en las ediciones de "prestigiosas" cabeceras "de referencia" acompañadas de terribles imágenes de destrucción... ¡de otras zonas de Japón que nada tenían que ver con la central!

    Los políticos se han subido a la gigantesca ola de demagogia con alegría de surferos, demostrando que no hay convicción que resista el miedo a perder apoyos, que no hay altura intelectual y moral para enfrentarse a una cuestión difícil dando las oportunas explicaciones, que no hay mentira con la que no se esté dispuesto a transigir con tal de no parecer antipático... Demostrando, en suma, que en lugar de líderes tenemos en el poder a simples lectores de encuestas.

    Abro un paréntesis para decir que, para mi enorme sorpresa, el Gobierno español ha tenido en este caso y por primera vez en siete años la posición racional y mesurada que debería exigírsele en todo lo demás. Vivir para ver.

    Pero incluso entre los que sabían lo que estaba ocurriendo ha habido miedo por defender la verdad ante el descomunal tamaño de la bola de nieve de la mentira, empresas que han prohibido a sus expertos explicarse en los medios, temor a significarse demasiado, evidentes esfuerzos por pasar silbando ante la cuestión.

    Así que muy pocos periodistas, poquísimos medios y cuatro locos de Twitter, nos hemos enfrentado en una descomunal inferioridad de condiciones a la mentira globalizada.

    Éramos pocos, sí, pero teníamos razón: es miércoles, estamos vivos y el Apocalipsis no ha llegado ni a Fukushima ni al resto del mundo... Quizá sí a algunas conciencias, aunque sinceramente no tengo muchas esperanzas.

    Por Carmelo Jordá, redactor jefe de Libertad Digital.

  3. #13
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    Predeterminado Los 40 millones de jefes de Ana Pastor

    No pude seguir en directo la entrevista que hizo Ana Pastor a Mahmud Ahmadineyad, pero, según lo que he podido ver de la misma en internet y lo que me cuentan quienes la vieron completa, la periodista estuvo impecable: preguntó lo que tenía que preguntar, no se dejó avasallar por el tirano iraní e incluso le molestó con cuestiones que pocas veces ha tenido que responder. No me sorprendió, aunque eso no le quita mérito.

    En los últimos años, son habituales en los medios españoles las entrevistas a la carta, pero Pastor lleva tiempo demostrando que es posible para un periodista molestar a un político con cuestiones incómodas, y hasta reprenderle si no responde a lo que se le pregunta. Pastor, encima, lo hace desde una televisión pública, algo de lo que se enorgullece.

    Un par de días después de volver de Irán, Pastor acudió a Buenafuente; esta vez sí pude ver en vivo las respuestas que daba cuando se le preguntaba por su trabajo:

    [Quiero] ofrecer una televisión pública de calidad. La entrevista [a Ahmadineyad] es un símbolo de esta televisión pública en la que creo y de la que estoy orgullosa de formar parte. A mí nadie me dice cómo tengo que hacer las entrevistas.

    En un momento dado, Andreu le dice que la visita a Teherán puede que sea la mejor campaña de marketing de RTVE: "Dices, hombre, ya que tenemos una tele pública, que trabaje gente buena, ya que la pagamos". La respuesta de Ana no tuvo desperdicio:

    Sí, eso es verdad, nuestros jefes son los cuarenta y pico millones de españoles que espero que crean, y lo sé, en este modelo, que pienso que tiene que perdurar.

    Es una pena que el cómico catalán no sea tan buen entrevistador como Pastor, porque de esas palabras pudo sacar muchas cuestiones que no deberían haber quedado en el aire.

    Es fácil para un liberal criticar un servicio público de mala calidad, pero todo se vuelve más complicado cuando lo que te ponen enfrente es un funcionario que hace bien su trabajo. En realidad, esto parte de un equívoco habitual en la literatura anti-Estado. Como no nos gusta el modelo, usamos los ejemplos negativos como si no hubiera otros. De esta manera, satirizamos al funcionario, criticamos la ineficiencia del burócrata o nos cebamos con el político en abstracto, como si todos los que trabajan para el Estado fueran malvados, inútiles o perezosos.

    La realidad nos desmiente a poco que abramos los ojos. Tengo numerosos familiares y amigos que trabajan, de una u otra forma, para el Estado, y la inmensa mayoría son amables, inteligentes e industriosos. De hecho, no sólo mis conocidos cumplen estas características: en la mayoría de las ocasiones que he tenido que acudir a solucionar un problema a la Administración, me he encontrado con funcionarios cordiales, deseosos de ayudarme y competentes.

    El problema no es de personas, es de modelo.

    Ana dice que sus jefes son "los cuarenta y pico millones de españoles", pero ella misma sabe que eso no es verdad. Sus jefes son los burócratas nombrados a dedo por el Gobierno para dirigir RTVE. Si ella quiere conservar su trabajo, deberá convencerles a ellos, y no a los telespectadores, de que lo merece.

    Cuando afirmó que sabe que los españoles creen en "esta televisión pública", yo le hubiera repreguntado: "¿Y cómo lo sabes? ¿Les has preguntado a todos? ¿Les has pedido su dinero, uno a uno, para costearla?".

    RTVE cuesta unos 1.200 millones de euros al año. Sale a unos 70 euros al año por hogar, aproximadamente. No parece una cantidad desaforada. Puede que haya muchos españoles dispuestos a desembolsarla a cambio de ver las entrevistas de Pastor y las series sin anuncios. Puede que a una gran mayoría nos guste Pastor como entrevistadora: incluso aunque sepamos que no comparte nuestras ideas políticas, nos agrada cómo realiza su trabajo. Seguramente, esa estima del público le garantizaría un puesto en otras muchas cadenas, y allí lo haría igual de bien: la diferencia estaría en los incentivos que encontraría en uno y otro lugar.

    En cualquier trabajo, el objetivo es mantener el puesto, ascender si es posible y ganar más dinero si se tercia. En la empresa privada, para lograrlo, uno tiene que convencer al cliente (o al jefe) de que su labor merece la pena. Eso no elimina a los inútiles, que pululan también por los pasillos de las grandes compañías, pero les hace más difícil avanzar. Cada departamento debe estar enfocado a este objetivo. Puede que en un momento determinado haya un jefe poco preparado o un trabajador incapaz, pero la propia dinámica del negocio los sacará a la luz: de no hacerlo, la propia compañía lo acabará pagando. Es decir: en una empresa hay ineficiencias, errores y fallos cada día, pero los incentivos de todos los que trabajan en ella contribuyen a minimizarlos.

    En la empresa pública, en cambio, la decisión final no está en el público, sino en el burócrata. Es éste quien tiene en sus manos el control del dinero y de los trabajadores. No quiere esto decir que el político sea malo per se, ni que el funcionario vaya a someterse a aquél por completo y a olvidar al ciudadano. Lo que significa es que el que decide dónde se gasta el dinero, cómo se organiza una oficina o quién ocupa una vacante tiene como prioridad satisfacer al político y no al público. Esto crea incentivos perversos y provoca que, de media, haya más ineficiencia y derroche en el sector público que en el privado.

    De la misma manera, una película, una obra de teatro o un programa de televisión subvencionados no tienen por qué ser malos: simplemente, no se sabe, porque quien paga (el contribuyente) no decide ni obtiene beneficio económico alguno (el dinero va para los artistas, los productores, los políticos...). Por eso, RTVE llegó a acumular hasta 7.500 millones de euros de deuda, cantidad que habría llevado a la quiebra a casi cualquier otro grupo de comunicación.

    Ana Pastor dice que los cuarenta millones de españoles somos sus jefes. No se lo cree ni ella, pero desde ese pequeño puesto de honor que me concede me gustaría decirle:

    Gracias por tu entrevista a Ahmadineyad, fue un gran trabajo. Eso sí, la próxima vez, deja que sea yo el que decida si quiero pagar (una pequeña parte de) tu billete de avión, tu hotel, tu equipo técnico y tu sueldo. Estaría encantado de hacerlo.

    Por Domingo Soriano, en LD
    © Instituto Juan de Mariana

  4. #14
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    Predeterminado Regulación de las campañas electorales

    Disparos contra la libertad

    Imponer a la televisión y la radio privadas las obligaciones de los medios públicos es un grave error

    El dislate ya se ha cometido. La Junta Electoral Central acaba de fabricar el corsé encargado por la reforma de la ley orgánica del régimen electoral general(LOREG) y que se va a aplicar en las elecciones municipales y autonómicas del 22 de mayo.

    La nueva norma exige a las televisiones privadas los principios de proporcionalidad y de neutralidad informativa en los debates y entrevistas electorales así como en la información relativa a la campaña que decidan realizar durante el periodo electoral.

    Es la primera vez que el legislador recorta la actividad informativa de los medios de comunicación que no son de titularidad pública, condicionando su capacidad de decisión. Una intromisión equivocada y grave, muy grave.

    Primero, porque el amplio consenso parlamentario que se alcanzó en la redacción de la reforma de la LOREG fue un acto gremialista de los partidos celosos ahora por controlar los espacios informativos también de las televisiones privadas. Las Cortes españolas se han plegado al privilegio de la clase política, que cree obtener mediante esa imposición un beneficio electoral. Y se equivoca. Porque limitar la profesionalidad de los medios de comunicación desmerece directamente la credibilidad de los mensajes y provoca animadversión para sus contenidos.

    Pero hay un segundo argumento que además desmantela jurídicamente esta reforma. Nadie les ha advertido de que desde la aprobación de la ley general de la comunicación audiovisual, hace poco más de un año, la normativa audiovisual española ha cambiado radicalmente. Cinco años antes, el Parlament de Catalunya había tomado una decisión similar. Hasta esta ley, todos los operadores de radio y de televisión eran considerados gestores de servicio público porque recibían una concesión de servicio público. En cambio, con esta ley ya no; el servicio público se limita a los operadores públicos. Los privados ya no reciben concesiones, sino que sus títulos habilitantes son las licencias.

    Es una gran innovación. Por fin se supera la tradicional etapa de la privatización del servicio público para acceder a una verdadera y decidida liberalización del sector de la comunicación audiovisual. La nueva normativa considera a los operadores privados de radio y de televisión una emanación directa de las libertades de expresión, de información y de empresa que la Constitución expresamente reconoce y protege. Ellos son los sujetos naturales para el ejercicio de estas libertades, mientras los operadores públicos no son una necesidad constitucional. Su existencia no es obligatoria, como no es obligatorio que haya prensa escrita en manos del sector público. Aserto que no impide que el poder político tenga todo el legítimo derecho a crear sus propios medios de comunicación si considera que la oferta privada es insuficiente, parcial o poco educativa. Ahora bien, en caso de que se creen esos medios públicos, la Constitución les impone unas obligaciones que no deben cumplir los privados. Les exige, textualmente, en su artículo 20.3 que garanticen el acceso a dichos medios de los grupos sociales y políticos significativos, respetando el pluralismo de la sociedad y de las diversas lenguas de España. Es lo que técnicamente se denomina pluralismo interno. Si con los medios de titularidad pública se ha cuestionado, con razón, la fórmula de los bloques electorales, ¿qué decir en el caso de la información ofrecida por los medios privados? Aquí el legislador se ha saltado la Constitución.

    Porque el operador privado audiovisual está obligado constitucionalmente solo a la veracidad informativa y a respetar en sus expresiones los derechos al honor, a la intimidad y a la propia imagen y a la protección de la infancia, como lo está la prensa escrita, pero su línea editorial le diferencia del operador público y no le obliga a ser neutral. El operador público debe respetar en toda su programación siempre el pluralismo de la sociedad a la que se dirige. El privado, no; es libre para promover cualquier expresión y para informar sobre cualquier hecho, siempre desde la veracidad, sin necesidad de buscar en ningún caso la proporcionalidad. Ni ser neutral. El único límite que tendrá su libertad de información será la veracidad. No la pluralidad.

    En los bares del antiguo Oeste acostumbraba a verse sobre el piano un cartel que decía: No disparen al pianista, con el propósito de que este no fuera víctima de las balas en las refriegas de los clientes. Los diputados que han legislado esta reforma quieren impedir que sus reyertas electorales se valoren periodísticamente, para que se diluyan mediante la proporcionalidad de un cronómetro. Han aplicado los criterios de la propaganda política a la profesión periodística. Han disparado contra la libertad en plenas posaderas de las televisiones privadas. Han disparado contra el derecho constitucional a comunicar libremente información, negando a los ciudadanos su derecho también constitucional a recibir libremente información veraz.

    Por Jaume Serrats Ollé en El Periódico de Catalunya

  5. #15
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    Predeterminado Entre la demagogia y la complacencia

    Entre mis prioridades no está la de emplear mi tiempo viendo la televisión, y el poco que le dedico nunca es para recibir arsénico en forma de noticias de las cadenas progubernamentales. Sus contenidos deberían estar clasificados para evitar la corrupción de menores, en la mayoría de los casos. Sin embargo, vaya usted a saber por qué me ha dado por ver cómo cuenta la cadena de Roures el éxito de la CIA en la eliminación de Ben Laden, porque ya barruntaba que estos tíos no iban a ser muy partidarios.

    Efectivamente, los chicos de Roures están en contra de todo lo que significa Occidente y sus bases culturales. Así, lejos de alegrarse de la desaparición de uno de los mayores asesinos contemporáneos, se limitan a preguntarse quién será el sustituto del yemení en el imaginario de enemigos de los americanos. En una noticia titulada "el nuevo Satán", desarrollan un ejercicio de demagogia que no se le habría ocurrido a nadie con la sindéresis mínima. Tras apuntar a Al Zawahiri como posible sucesor de Ben Laden, sienten que nadie que luche contra occidente, y especialmente contra Israel, puede adolecer de una causa justa. Para estos progres cualquier ataque a Israel está justificado, piensan que el pueblo hebreo siempre es merecedor de lo peor.

    Piensan como el prosoviético Nasser, que en la Asamblea de la República Arabe Unida reunida en 1960, señalaba: "El peligro de Israel consiste en la existencia misma de Israel como es al presente y lo que representa", a lo que añadiría en 1965: "no entraremos en Palestina con su suelo cubierto de arena, entraremos con su suelo empapado en sangre". Así, estos progres de diseño imputan a la frustración que supuso que Israel no se dejase machacar por Egipto, Siria, Jordania, Líbano e Irak, en la guerra de los seis días, el que Zawahiri haya sido hasta ahora el número dos de Al Qaeda.

    Es evidente que, para estos indocumentados de la izquierda progre, la propia existencia de un bastión de democracia en Oriente Medio, como es Israel, constituye una provocación en toda regla, y dicha provocación es argumento suficiente para justificar cualquier ataque a la población civil israelí. Aunque gracias a Dios, no todos pensamos igual. No estamos dispuestos a admitir que las agresiones ilegítimas a occidente sean consecuencia de la opulencia del primer mundo. En muchas ocasiones, el tercer mundo lo es, a causa de sus propios gobernantes. Basta con ver las imágenes de los territorios entregados por Israel a la Autoridad Palestina, para comprobar cómo en el vergel que recibieron han restaurado el desierto. Somos muchos los que nos alegramos de la desaparición de Ben Laden, porque le pese a quién le pese, todavía quedan países en los cuales los atentados a la libertad, a los derechos fundamentales, ni son justificados, ni amparados, sino perseguidos.

    Juan Morote, en LD

  6. #16
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    Predeterminado Movimiento 15-M .Los indignados

    Por no leer, ni siquiera han leído al tal Hessel. Indignaos, apenas treinta tristes folios a doble espacio. Acaso demasiada letra para la generación mejor formada –dicen– de la historia de España. Ni a Hessel, ni a Marx, ni a Bakunin, ni a Trotsky, ni a nadie. Y se nota. Lo peor es que se nota. Tal vez sea eso lo más deprimente. Porque basta echarles una ojeada somera a las que pretenden sus "propuestas" a fin de dar con el genuino autor intelectual: la tele. Ni una sola idea original, por quimérica o descabellada que se antojase. Pero, eso sí, todos los tópicos, lugares comunes y perogrulladas aprendidos en los púlpitos digitales.

    Todos, sin excepción. Desde la prohibición de los rescates bancarios permitiendo la quiebra del sistema financiero, fantasía suicida tan cara a los charlistas del género apocalíptico, hasta la manida reducción de los asesores en las administraciones, otro clásico de los arbitristas mediáticos. Amén, naturalmente, del alegre llamamiento a incrementar el gasto "social" y a bajar el sueldo a los políticos, irrenunciables mantras de cualquier demagogo audiovisual que se precie. Una abigarrada sopa de ganso, vaya. Y es que puestos a ocupar la calle, uno esperaría que, al menos, los indignados cargasen con El Manifiesto Comunista en la mochila; subrayado en rojo, a ser posible. Pero resulta que a lo sumo llevan el Teleprograma.

    Qué le vamos a hacer, se nos han amotinado los hijos del zapping, monarcas absolutos del mando a distancia. De ahí esa esquizoide menestra de querencias contradictorias, reflejo de la soberana empanada mental que arrastran sus redactores. Por lo demás, igual que ellos se han hecho en la televisión, la televisión los ha hecho a ellos. La televisión, magnificando su ruidosa nada, que no ese juguete, Twitter creo que le llaman. En fin, mayo del sesenta y ocho se acabó justo el día que comenzaban las vacaciones de verano. Al punto, los papás dejaron de remitir el preceptivo talón mensual a París. Así las cosas, a los insobornables revolucionarios de La Sorbona, súbitamente insolventes, no les quedó más remedio que volver a casa. Y algo parecido ocurrirá aquí. Cuando emitan el próximo capítulo de Física o Química, no queda un alma en la Puerta del Sol. Y si no, al tiempo.

    Por José García Domínguez, uno de los autores del blog Heterodoxias.net. En LD

  7. #17
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    Predeterminado Caza de brujas televisiva

    En todas las sociedades se crean ámbitos de puritanismo, porque pocas cosas satisfacen más a las masas que el placer de sojuzgar lo que, más o menos secretamente, admiran o envidian. En la España reciente, el papel otrora reservado a las comadres de patio o de zaguán se ha otorgado a esas televisiones que, so capa de informar, se dedican a un espectáculo abyecto y grosero que consiste en la caza y captura de algún personaje popular hasta desollarlo vivo. No tendrían el éxito que tienen estos programas si no existiese una audiencia ávida de consumir ese género de espectáculos, tan siniestro como indigno, y si no hubiese una sociedad que premia estúpidamente la fama, especialmente la fama sin motivo alguno. No es verdad que tengamos las generaciones mejor preparadas de nuestra historia, según la mentira que propagó Felipe González y que ha sido tontamente repetida por tantos; por el contrario, lo que tenemos es una gran masa de personas sin apenas instrucción, sin el menor adarme de exigencia intelectual, que devoran esa televisión basura para engrosar las cuentas de resultados de personajes que explotan sin ninguna clase de miramientos las miserias morales de una sociedad extraviada, insensible y tonta.

    Esas televisiones explotan con total desvergüenza un espacio concedido bajo la capa de servicio público por los Gobiernos socialistas que, en teoría, tan preocupados están con la instrucción pública y la cultura, pero que, en la práctica, prefieren entenderse con quienes exprimen las más necias pasiones, mientras recogen el voto, cada vez menor a Dios gracias, de quienes se alimentan con la carroña que les proporciona la televisión basura en manos del amigo italiano y sus imitadores nacionales, que se ocupan con enorme pericia de que crezca el número de seguidores de esta bazofia y de que no decrezca el ánimo de esas gentes adiestradas en los principios de la envidia, la maledicencia, el matonismo y la bronca aparatosa, las tácticas argumentales que tan buenos servicios han venido prestando a los intereses electorales de la izquierda española. Es desolador comprobar cómo en esas plazas catódicas se juega con la misma demagogia y moralina que algunos pretenden defender en las plazas acampadas que se creen revolucionarias, pero exhiben la misma incapacidad para entender nada e idéntica buena disposición a dejarse explotar por los supuestos defensores de los débiles, que con una mano les azuzan y con otra les entretienen y controlan.

    El torero José Ortega Cano ha sido la última víctima conocida de esta sangrienta caza de brujas. Su accidente de automóvil puede verse como la caída de alguien que huye despavorido de una persecución sañuda y grosera, que se lleva a cabo, eso sí, pretendiendo criticar los vicios y carencias que adornan a esos jueces de la horca mucho más que a sus víctimas. A Ortega Cano se le ha negado en una audiencia pública cualquiera de los más elementales derechos que se reconocen jurídicamente hasta a los criminales confesos; él ha cometido, seguramente, el error de tratar de defenderse en esos medios en los que no cabe ninguna decencia y ha terminado destrozado. Es un escarnio que estos linchamientos se lleven a cabo en nombre de la libertad. Nunca la hipocresía y la necedad habían tenido tantos medios a su servicio, ni jamás la maledicencia y la envidia habían sido bautizadas con mantones tan pretenciosos. Es algo en lo que habrá que pensar, porque se le está administrando a la sociedad española un veneno lento, pero letal, bajo capa de servicio público.

    Editorial de La Gaceta

  8. #18
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    Predeterminado Triunfo de la libertad de expresión

    Decía Jefferson: “Prefiero una prensa sin Gobierno que un Gobierno sin prensa”, pero no hace falta recurrir a un aserto tan audaz para defender uno de los pilares de la democracia, cuando resulta amenazado por la arbitrariedad del poder. El Artículo 14 de la Constitución incluye entre los derechos que hacen a todos los españoles iguales a la Ley, y por los que nadie puede ser discriminado, el derecho a la libertad de opinión, que el Artículo 20 del mismo texto desarrolla pormenorizadamente. En tan sólidos anclajes se apoya la Audiencia Nacional para dar la razón a Intereconomía en su legítima crítica al Día del Orgullo Gay y quitársela a Industria con una multa a todas luces desproporcionada y carente de fundamento constitucional.

    Teníamos de nuestra parte la Constitución y la libertad de expresión, desde ayer también tenemos a la Justicia. La sala de lo contencioso-administrativo de la Audiencia Nacional deja las cosas en su sitio al declarar nula de pleno derecho la sanción de 100.000 euros que Industria impuso a Intereconomía por la emisión de un spot promocional que cuestionaba el Día del Orgullo Gay subvencionado con fondos públicos. La iniciativa, absolutamente insólita y con una multa exorbitada jamás vista, respondió a la denuncia formulada por un miembro del Consejo Audiovisual de Andalucía (CAC). Alegaba el ministerio de Miguel Sebastián que el anuncio de Intereconomía podía atentar contra la dignidad de un colectivo de personas por su orientación sexual. No era el caso y así lo ha visto la Audiencia Nacional. Porque la crítica del anuncio se ceñía a un preciso acto festivo que no resulta ser representativo de la totalidad de los homosexuales, sino de un grupo de personas, dife*rente del anterior, que incluso estaba enfrentado con otros en lo que se refiere a la celebración del Día del Orgullo Gay.

    La argumentación de la sentencia gravita sobre la libertad de opinión. Sostiene la Audiencia que “no toda crítica o percepción negativa entraña por sí sola discriminación” y añade que de aceptar tal cosa, como pretendían erróneamente el CAC e Industria, “los contenidos de la libertad de expresión y, como parte de ella, el derecho a la crítica, quedarían reducidos hasta su virtual desaparición”. Se remite la Audiencia al artículo 14 de la Carta Magna para subrayar que la libertad de expresión es “uno de los derechos nucleares y dotados de mayor protección por su valor para la conformación de una opinión pública plural y, con ella, el pluralismo, la democracia y la libertad”. Es importante subrayar que la sentencia coincide con el fiscal de la Audiencia Nacional, que deja en evidencia la iniciativa de Industria al señalar que actuaciones así nos llevarían a “una sociedad dirigida y falta de libertad”.

    Nos alegramos doblemente de que la Audiencia haya recordado la doctrina sobre el carácter prioritario de la libertad de opinión, porque eso es lo que argumentó editorialmente LA GACETA cuando Industria anunció la sanción contra Intereconomía, en julio de 2010. “El respeto a las personas y a su libertad –decíamos– son valores de derecho natural positivados en nuestra Constitución, que con toda razón prohíbe la discriminación por nacimiento, raza, sexo, religión u opinión. Precisamente en ejercicio de la libertad de opinión, es legítimo y necesario para la democracia la crítica político-social que, dentro del respeto a las personas, pueda poner en entredicho sus actos, defendiendo otros valores como más adecuados al bien común. Al analizar la multa impuesta a Intereconomía por Industria por una campaña publicitaria en defensa de la familia, cabe recordar que en España no construimos una democracia para tener una policía del pensamiento”.

    En este sentido, la campaña de Intereconomía buscaba incidir, ante todo, en el contraste entre la hiperprotección política que ha recibido el lobby gay, pese a no ostentar representación ninguna de la pluralidad de personas homosexuales, y el detrimento de las políticas en pro de la familia, célula básica del tejido social. La multa, por tanto, mostraba un encarnizamiento que iba contra un fundamento de la democracia: el hecho de la libertad de expresión y no la censura debe prevalecer. Con la sentencia de la Audiencia Nacional, la Justicia nos ha dado la razón.

  9. #19
    Fecha de Ingreso
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    Predeterminado

    Ya sabemos de qué se ríen

    Que el Grupo Prisa se permita editar el diario El País o Roures y Juan Abelló el diario Público, es como si un pirómano publicara un manual sobre extinción de incendios o Rockefeller explicara en Harlem cómo llegar a fin de mes con un sueldo de 500 dólares. Tienen tal desparpajo estos chicos de la llamada izquierda que logran engañar a muchos durante mucho tiempo. El espectáculo de estos días de nuestro compañero Wyoming –nos perdonarán que lo de “gran” lo reservemos para los buenos actores o cómicos– mofándose de unos colegas que deciden apoyarse en su audiencia para buscar una fórmula mixta de venta/financiación de su producto televisivo, sorprende por su desfachatez.

    Nos explicamos:

    Las cadenas de televisión privadas viven de la publicidad.

    El precio de la publicidad en televisión que pagan los anunciantes lo marca la audiencia de esas cadenas: el número de espectadores que las sigue en un horario dado.

    La medición de ese número de espectadores, en España, la hace una sola empresa en régimen de monopolio, por tanto, sin posibilidad de contrastar los datos que ofrece.

    Esta empresa de medición de audiencias se llama SOFRES.

    SOFRES tiene como accionista al holding publicitario mundial WPP, que cotiza en la Bolsa de Londres y cuyo presidente es Sir Martin Sorrell.

    WPP es también accionista de agencias de publicidad multinacionales (Dentsu Young & Rubicam, Ogilvy & Mather, J. Walter Thompson, Grey, entre otras); agencias de publicidad españolas (Sra. Rushmore, SCPF, Tapsa, Bassat, entre otras); agencias de relaciones públicas (Burson Marsteller); centrales de medios (Cia MediaEdge, The Media Innovation Co., MediaCom, Kantar Media, entre otras); y, dato muy signifi cativo, WPP es accionista de Mediapro-La Sexta.

    Por tanto, quien mide las audiencias es juez y parte: controla enormes volúmenes de la publicidad mundial a través de sus centrales de medios, controla los mensajes a través de sus agencias de publicidad, controla contenidos y es parte de una cadena –La Sexta– y controla la medición a través de SOFRES –Kantar Media–.

    El hombre que gestó desde el Gobierno de Zapatero la operación Mediapro-La Sexta es Miguel Barroso, marido de Carmen Chacón. Actualmente, es presidente de Young & Rubicam en España –agencia del grupo WPP, como hemos visto–.

    Dato curioso: con excepción de la campaña electoral del PP –gestionada por un grupo rival de WPP, Interpublic, a través de una filial española, la agencia de publicidad Draft/FCB–, las campañas del PSOE –agencia: Sra. Rushmore–, del PSC –agencia: SCPF– y de Convergència i Unió –agencia: Vinizius, Young & Rubicam– han sido realizadas por el Grupo WPP.

    SOFRES dispone de 4.625 audímetros en toda España, una cantidad claramente insufi ciente para medir con rigor lo que ven los 44.002.730 millones de espectadores potenciales de las cadenas de televisión, en 16.909.342 hogares en el territorio nacional.

    Se desconoce cómo se aplican los criterios sociodemográficos para la renovación periódica de dichos audímetros en los hogares donde están instalados. Para perjudicar en la medición a una cadena determinada, SOFRES sólo tendría que retirar los audímetros de ciertos hogares donde se sigue esa cadena e instalarlos en otros, aprovechando el proceso periódico de renovación. Para favorecer a una cadena, se haría la misma operación al revés.

    SOFRES puede medir la caída de audiencia que se produce durante los cortes de publicidad en los programas, pero no puede medir si los espectadores presentes durante el corte ven los anuncios o no. Para medir la verdadera eficacia de un anuncio publicitario habría que ponerlo a la misma hora en todas las cadenas y valorar la respuesta directa de los espectadores (vía telefónica, por ejemplo).

    Ante un panorama de monopolio de facto por parte de WPP, nuestra iniciativa no sólo pone en riesgo su statu quo, sino que abre nuevas vías de financiación para las cadenas independientes en este país.

    parte del Editorial de La Gaceta

  10. #20
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    08 ene, 07
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    Predeterminado ¡Lea prensa de izquierda, ahora un 80% más ‘reality-free’!

    Los argumentos de la izquierda no son necesariamente malos, sólo inaplicables a este mundo. A las grandes empresas les gusta tan poco el libre mercado como al último de los ‘indignados’. Los del 15-M ponen a caer de un burro a los políticos a los que quieren dar mucho más poder del que ya tienen.

    El Trasgo, en LA GACETA

    “El principio de realidad” El titular de la columna de Juan Carlos Escudier me dejó parado ayer mientras repasaba la prensa progresista. Más que nada, porque en lo que llevo paseando por la izquierda, lo que más me ha llamado la atención no ha sido la estupidez ni la malicia, que creo sinceramente minoritarias, sino el casi absoluto distanciamiento de la realidad, de cómo funcionan las cosas en el mundo real. Los argumentos de la izquierda no son necesariamente malos, sólo sus premisas, y bien podrían ser perfectamente aplicables a alguno de los universos paralelos que postula la Teoría de Cuerdas. De hecho, el espectro ideológico de la izquierda de moderada a extrema puede clasificarse según contenga más o menos dosis de realidad. Cosas como Izquierda Anticapitalista, por ejemplo, es beatíficamente ‘reality-free’.


    RICOS Y NEOLIBERALES


    Por supuesto, la columna de Escudier no se dirige a ensalzar, sino a denigrar ese “principio de realidad”: “El principio de realidad es un misil en la línea de flotación de las ideologías. Pulveriza otro principio, el de la izquierda transformadora, y limita la acción política a la mecánica burocrática de un jefe de negociado. Si desde la política no se puede cambiar la realidad sino someterse a ella, ¿para qué sirve? ¿No sería mejor elegir a un tecnócrata con buenas calificaciones en Harvard?”. ¿No es perfecto? Y, para dejar claro que la realidad es sólo un estorbo para un pensador de izquierdas, concluye: “La derecha y la izquierda no son caminos que conducen por vericuetos distintos a un mismo destino. Su meta y sus intereses son contrapuestos, como lo son los de los ricos y los pobres”.


    En ‘su’ realidad, los ricos son neoliberales, se supone. Es un axioma extraño en un periódico propiedad de un multimillonario trotskista, pero que se ve también reflejado en la viñeta del mismo diario, de Manel Fontdevila. En ella, tres tipos muy trajeados que s in duda personifican a los misteriosos ‘mercados’ dicen cosas como: “¡Privatizar, privatizar y privatizar!... Y cuando todo esté privatizado, ¡entonces ya no hará falta hacer la Declaración de la Renta!”. Creer que los grandes empresarios son ultraliberales es una broma: les gusta la libre competencia menos que al último de los ‘indignados’, y pululan en torno a los políticos porque se nutren de subvenciones y ayudas.


    EL OTRO DEBATE


    Es como el drama griego. La izquierda quiere gritar: “¡Pobrecitos griegos!”. Y culpar de toda su tragedia a los financieros. Pero los más inteligentes y/o mejor informados entre sus comentaristas advierten que el Estado griego había creado un indecente Patio de Monipodio, endeudando a los griegos de por vida para comprar sus votos. Entonces, ¿quiénes son los ‘malos’? –preocupación obsesiva de la izquierda, ese residuo del maniqueísmo medieval–. La idea de que ambos puedan tener su parte de culpa, la idea de que, a espaldas de la escena retórica de las urnas, Estado y Gran Capital –por emplear la nomenclatura al uso– están a partir un piñón, parece superarles.


    Es esa misma ignorancia de la realidad la que les lleva a atribuir a las algaradas de Sol una representatividad, una seriedad y una relevancia que ni su número ni su evolución justifican en absoluto. Que un diario tan serio y mirado como el de Liberty dedique una de sus cotizadas páginas a “El otro Debate del Estado de la Nación” –con una foto, además, que denuncia lo escasamente multitudinario del evento– sería una broma en circunstancias normales. Saca a sumario, no sabemos si en un arranque de ironía, el hecho de que “Un ponente propuso cambiar el color de los billetes de 500 euros” –“para que quienes tienen maletines repletos se los coman y revienten”–.


    Uno sospecha que si al interfecto le llegara uno de esos míticos maletines, contendría el hambre inmediata y empezaría a pensar que “otro mundo es posible”, pero ya. Debajo, un Benjamín Prado riza el rizo de la perfecta irrealidad con una tribuna, “El sol nunca se pone en la Puerta del Sol” –lástima que no se reunieran en Olavide o Atocha: nos ahorraríamos un sinfín de juegos de palabras–. Es tan verboso que resulta algo difícil de seguir. Podría quedarme en el sumario que destaca el editor: “Qué se puede esperar del Ejército de cínicos que insiste en que abaratar los despidos crea empleo”. Eso no lo cree “un Ejército de cínicos”; eso lo sabe cualquiera, hasta un niño de 7 años si se le explica, por la misma razón que compraremos más de un bien cuanto más barato sea. Otra cosa, don Benjamín, es que sea moral o inmoral, justo o no; pero que funciona así, no hay la menor duda.

    RECETA


    Más incongruencia, miren lo que tiene que decir de los políticos, “esos extraños seres que en mitad de los partidos se cambian su camiseta por la del contrario y le meten un gol a su portero, lo cual queda ampliamente demostrado por el hecho de que sean rivales feroces en unos Parlamentos y aliados en otros, porque en su mundo de demagogias e intereses oscuros lo que es verdad en Madrid es mentira en San Sebastián o en Cáceres”. Con esa descripción, uno pensaría que su receta es menos política, ¿no? Pues al contrario: quiere que este “mundo de demagogia e intereses oscuros” domine mucho más nuestra vida.

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