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  1. #31

    Predeterminado

    http://es.wikipedia.org/wiki/Neoliberal
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  2. #32
    Fecha de Ingreso
    08 ene, 07
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    Predeterminado Precisemos

    el “neoliberalismo”, es utilizado para asimilar
    el liberalismo —a veces despectivamente, a veces con cierta pretensión
    científica— con políticas, ideas o gobiernos que, en realidad, no tienen
    nada que ver con él.
    (...)
    el “neoliberalismo” técnicamente
    no es un mito, sino una figura retórica por la cual se busca pervertir
    el sentido original del concepto y asimilar nuestras ideas a otras ajenas, con
    el propósito de desacreditarlas en el mercado político.
    (...)
    el “neoliberalismo” ha evocado cinco conceptos: el liberalismo
    después de la teoría subjetiva del valor, el pseudoliberalismo o
    socialismo encubierto, una nueva escuela liberal, el liberalismo despojado
    de anticlericalismo y una estrategia de mercadeo político.
    (...)
    el “neoliberalismo” es utilizado para caracterizar cualquier
    propuesta, política o gobierno que, alejándose del socialismo más
    convencional, propenda al equilibrio presupuestal, combata la inflación,
    privatice empresas estatales y, en general, reduzca la intervención estatal
    en la economía.
    (...)
    Independientemente del juicio que pueda merecernos cada política
    en particular y de la evaluación que merezca cada gobierno en cuestión,
    está muy claro que el liberalismo es algo mucho más complejo que la
    adopción de medidas gubernativas en particular, máxime sin son incompletas
    y contradictorias.
    (...)
    En Latinoamérica, si bien durante los años noventa se regresó a la
    austeridad fiscal de los cincuenta, esto no puede considerarse inherente y
    exclusivo del liberalismo económico. Si bien se privatizó, se hizo con
    monopolios legales, soslayando por completo la importancia de la competencia
    en el desarrollo de los mercados. Si bien se permitió la inversión
    extranjera, se hizo como en la China comunista, a la que ningún alucinado
    podría tildar de liberal o neoliberal. En general, aunque se daba la impresión de que se reducía la intervención estatal, el gasto público como fracción
    del producto interno se mantenía igual o inclusive aumentaba. Es el
    caso del Perú, mi país, donde hoy el tamaño del Estado es mayor que
    cuando empezaron las mal llamadas reformas “neoliberales”. Paradójicamente,
    el viejo capitalismo mercantilista fue presentado como si fuera un
    inexistente “neoliberalismo” por los enemigos de la libertad.

    Y sigue: El mito del neoliberalismo. Enrique Ghersi

  3. #33
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    08 ene, 07
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    Predeterminado Seguro médico no significa atención médica

    Al igual que odio relatarles malas noticias pero he de hacerlo, también es mi deber divulgar hechos impactantes: atención médica sólo significa atención médica. Ni más ni menos. Esto podría no parecerles algo muy novedoso, pero contradice por completo lo que se está difundiendo por todos aquellos que defienden una "atención médica universal" en la medida en que muchos estadounidenses carecen de seguro médico.

    Seguro médico no significa atención médida. De hecho, ni siquiera sanidad es lo mismo que atención médida. Los países con sanidad universal no tienen una atención médica mejor que Estados Unidos.

    El meollo de la cuestión radica en la asistencia médica. Pero la retórica y los lemas giran en torno al seguro médico. Mucha gente que se podría permitir un seguro médico elige no tenerlo porque sabe que la atención médica de urgencias es gratuita, disponga de seguro o no.

    Esto es especialmente cierto en el caso de los más jóvenes, que no se preocupan demasiado por los problemas médicos que van surgiendo conforme van madurando; saben que siempre pueden recibir atención por una pierna rota o un ataque de asma en una sala de urgencias. Esto puede no ser una decisión demasiado inteligente, pero al fin y al cabo es su decisión y no hay motivo para que el resto de la sociedad se lo prohíba por el hecho de considerarlas cuestionables.

    Si usted no cree que los burócratas del gobierno pueden tomar decisiones cuestibles, entonces es que no se ha relacionado con muchos burócratas. Una cosa es tratar con los burócratas del Departamento de Tráfico cuando tiene tiempo y salud y otra muy distinta pelearse con los burócratas de un hospital cuando está tendido en una camilla sangrando o padeciendo un dolor extremo.

    Las personas que depositan su fe en la "sanidad universal" demuestran un escaso interés en averiguar qué significa realmente esa fórmula en aquellos países donde ya existe, por ejemplo Gran Bretaña, Suecia o Canadá.

    Para empezar, "sanidad universal" en estos países se equipara con meses de listas de espera para someterse a una operación a la que los estadounidenses tienen acceso en cuestión de semanas o incluso de días. También significa tener a su alcance sólo un pequeño porcentaje de las pruebas de resonancia que están disponibles en Estados Unidos. En Suecia se traduce no sólo en que los burócratas deciden qué medicinas va usted a pagar y cuáles no, sino en que se le impide adquirir medicinas más caras que las que oficiales, incluso con su propio dinero. Eso violaría "la igualdad", su mantra mágico.

    Aquellos que piensan en términos de eslóganes en lugar de intentando comprender la realidad, exageran enormemente el dato de que algunos países con sanidad pública tienen una esperanza de vida superior a la de los Estados Unidos. Es entonces cuando hay que recordar la diferencia básica entre sanidad y atención médica. Atención médica es lo que el médico puede hacer por usted; sanidad incluye lo que sólo usted puede hacer (la dieta, el ejercicio y otros hábitos saludables).

    Si un médico llega al lugar de un accidente y encuentra a un individuo al borde de la muerte a causa de sobredosis o de una puñalada en el corazón, puede que no tenga mucho más que hacer salvo levantar el cadáver.

    En los problemas que tienen un tratamiento más largo (la obesidad, alcoholismo, colesterol, tabaquismo...), los médicos le pueden decir qué hacer, pero si usted no sigue sus consejos, no se producirá ninguna mejoría.

    Los estadounidenses tienden a estar más obesos, consumir más drogas y ser más violentos que otras poblaciones del planeta. Nada de esto va a cambiar con la "sanidad universal" porque no se ve influido por la atención médica.

    En lo que respecta a los problemas en los que sí supone una gran diferencia la atención médica (las estadísticas de curación de cáncer, por ejemplo), los estadounidenses ocupan posiciones mucho mejores a las del resto de países.

    Nadie que compare la atención médica de este país con la de los restantes querrá cambiar de modelo. Pero aquellos a los que la realidad les resbala, no dudarán en ayudar a destruir la mejor atención médica del mundo al preferir un discurso político con nefastas consecuencias sociales y económicas.

  4. #34
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    08 ene, 07
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    Predeterminado Otro aspecto de la cuestión

    ¿Por qué se desatan las alarmas en torno a la sanidad estadounidense? El motivo más citado es su elevado y disparatado costo. Pero eso no es totalmente cierto. Si en el pasado no gastábamos tanto en procedimientos médicos punteros o en los medicamentos más caros es simplemente porque no existían.
    (...)
    Igual que la sanidad, las casas y los coches resultaban más baratos cuando carecían de todas las prestaciones actuales. También la sanidad es más barata en otros países que carecen de la alta tecnología de la que gozamos nosotros.

    Por ejemplo, en Estados Unidos se realizan cuatro veces más resonancias magnéticas per cápita que en Gran Bretaña o Canadá, donde padecen sistemas públicos de salud. Del mismo modo, también se llevan a cabo el doble de tomografías per cápita que en Canada y cuatro veces más que en Gran Bretaña.
    (...)
    http://www.libertaddigital.com/opini...e-obama-50116/

  5. #35
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    08 ene, 07
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    Predeterminado Caro y forzoso

    (...)
    Se han derrochado billones de dólares en programas gubernamentales de salud ("Medicare" o "Medicaid", por ejemplo) que no han dado los resultados esperados y que están ya en bancarrota por negligencia de los distintos gobiernos.

    Obama, como Nancy Pelosi, cacarea también que existen 47 millones de personas en Estados Unidos sin seguro médico. Sus loros mediáticos lo repiten sin explicar que casi 17 millones de esas personas sin seguro médico optan voluntariamente por no tenerlo a pesar de ser personas en familias cuyo ingreso anual sobrepasa los 50.000 dólares; otros 19 millones de esas personas sin seguro son jóvenes entre 18 y 34 años con buena salud y que también optan por no gastar dinero en un seguro médico; finalmente, los otros 11 millones sin seguro no son ciudadanos de los Estados Unidos.

    Existen varios estudios y encuestas que han venido mostrando hasta hoy que la mayoría de los norteamericanos prefieren la libertad de mercado y que están satisfechos con su seguro de salud, con la calidad y trato que reciben por lo que pagan y con la posibilidad de elegir libremente su seguro.
    (...)

    http://www.libertaddigital.com/opini...sidente-50164/

  6. #36

    Predeterminado Cheque Médico.

    No hay nada gratis. La cuestión es si un servicio lo debe pagar cada uno lo que consume o debe ser pagado entre todos.

    Mi opinión es que el sistema de seguros médicos debería ser como el cheque escolar. Todos pagaríamos un porcentaje de nuestros ingresos y recibiríamos un cheque que solo podrá usarse para pagarnos el seguro médico.
    Los que más ingresen pagarán una cantidad mayor que la que reciben. Los que menos ingresen, e incluso los que no ingresen, recibirán una cantidad mayor que lo que han pagado. Las empresas pagarán el seguro médico de accidentes o enfermedades laborales. Los particulares están obligados a pagar un seguro médico obligatorio para sí y para sus familiares dependientes.
    Como se paga un porcentaje de la renta y todos reciben el mismo importe, es una forma sencilla de ayudar a los más desfavorecidos.
    En cuanto a la cobertura, el seguro médico obligatorio debería cubrir enfermedades y accidentes comunes, embarazo y pediatría, dentista y óptica, pero no los gastos que no sean necesarios para la salud, como cirugía estética, cambio de sexo, abortos por causas no justificadas médicamente, etc. Eso que cada uno pague lo que consuma.

    Por último, la sanidad pública no debería existir. Todas las empresas públicas, sean del sector que sean, perjudican y encarecen los servicios que ofrecen las empresas privadas en ese mismo sector.
    Un ejemplo, hay hospitales públicos pero no hay clínicas veterinarias públicas. Una resonancia magnética de un perro se puede hacer en muchas clínicas privadas, sin listas de espera y a un precio relativamente asequible. Hacer una resonancia magnética a un paciente es muchísimo más difícil y caro.

    Elimina la sanidad pública y pocos años después la sanidad privada acabará dando un servicio mejor, más competitivo, económico y eficiente.

  7. #37
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    08 ene, 07
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    Predeterminado

    ¿Qué pasó con el plan sanitario Obamacare? Pues que la retórica se topó con la realidad. Tanto cuando era candidato como cuando ha alcanzado la presidecia, el maestro de la retórica supo crear un mundo en el que él ofrecería el paraíso: una mayor cobertura a un menor precio.

    Pero no se puede seguir engañando a la gente una vez llega la hora de legislar. Cuando transformas tus fantasías en palabras y cifras, la Oficina Presupuestaria del Congreso entra en escena y anuncia que el emperador en realidad está desnudo.

    El presidente Obama justificó la necesidad de reforma sanitaria con la afirmación de que el enorme volumen de gasto médico está destruyendo nuestra economía. Eso es cierto. Pero parece que ahora descubrimos –¡sorpresa!– que la cobertura universal incrementa el gasto. Los planes sanitarios de los congresistas demócratas, afirmó la Oficina Presupuestaria, elevan el gasto por encima del billón de dólares.

    Como reacción, el presidente dio marcha atrás en sus posiciones con un anuncio de que cualquier ley que él aprobara no supondría un gasto adicional. Pero aquí no ha hecho otra cosa que cometer un error clásico: si la reforma sanitaria es urgente porque hay que reducir los gastos que están socavando nuestras cuentas públicas, mantener el nivel de gastos nos deja, por definición, en la misma situación que Obama afirma que es insostenible.

    Las propuestas demócratas son aún peores: dado que ellas sí que pretenden elevar el gasto, para evitar que el déficit aumente se tendrá que subir impuestos. No se trata sólo de que sea una medida demente lastrar a una economía deprimida con un incremento del impuesto sobre la renta que cae como una losa sobre las empresas y los inversores; el problema es que, además, la reforma sanitaria acaba acaparando una fuente de recaudación que podría haberse utilizado para eliminar el lúgubre déficit presupuestario estructural que sí supone una enorme amenaza para la economía y el dólar.

    Estas contradicciones tan evidentes son el motivo de que los planes sanitarios demócratas se estén derrumbando bajo su propio peso. Es Max Baucus, el secretario demócrata del Comité de Financiación del Senado, quien decía que Obama era de poca ayuda porque descartaba gravar el seguro laboral para financiar esta cobertura pública ampliada. Por su parte, los demócratas conservadores de la Cámara se sobresaltaron hace unas semanas ante el astronómico coste de la reforma.

    El presidente está, por consiguiente, algo impaciente por convertir este tema en un enfrentamiento entre "demócratas progresistas" y "republicanos reaccionarios". Así, aprovechó los comentarios que había realizado el senador republicano Jim DeMint sobre que parar el plan sanitario supondría un duro golpe a su presidencia, para protestar, de manera muy artificial, de que "este plan no tiene nada que ver conmigo. Tampoco tiene nada que ver con la política".

    Lo tiene todo que ver con él. La sanidad es su reforma insignia. Y sabe que si no la saca adelante, perderá la misma magia que lo condujo a la presidencia y que lo ha mantenido inmune durante los seis primeros meses. Por este motivo, las tragaderas de Obama están siendo bastante amplias. ¿Cobertura universal? Puede que no. ¿Subida de impuestos a la clase media? Bueno, tal vez, pero sólo si no soporta "todo" el peso de la misma. Dado que él no tiene nada que ver con la reforma, está muy predispuesto a aprobar cualquier cosa mientras lleve el epígrafe de "reforma de la sanidad".

    ¿Qué no tiene nada que ver con la política? ¿Entonces cómo es que, por poner el ejemplo más claro, en este grandioso debate de la sanidad no escuchemos ni una palabra acerca de las peores fuentes de derroche de la medicina estadounidense: el gasto demencial y las primas arbitrarias que suponen las demandas por negligencia?

    Cuando un neurocirujano tiene que pagar 200.000 dólares al año en concepto de seguro por negligencia antes de encender siquiera la luz de su consulta o contratar a su auxiliar, ¿quién cree que va a pagar ese coste? Pues los pacientes en forma de minutas médicas más elevadas.

    Pero el mayor derroche se da en el coste encubierto de la medicina defensiva: exámenes y pruebas que los médicos solicitan sin ningún otro motivo que protegerse de posibles demandas. Todo médico conoce, igual que yo lo conocía cuando ejercía hace años, la magnitud de gasto innecesario en el que se incurre no por motivos médicos sino judiciales.

    La reforma del sistema jurídico permitiría ahorrar miles de millones de dólares. Pero aun así no aparece por ninguna parte en las propuestas de ley demócratas. Y Obama no dijo "estaba boca es mía" sobre este asunto a lo largo de la hora que duró su rueda de prensa sobre sanidad. ¿Por qué? No supone ningún misterio. Los demócratas dependen como parásitos de las colosales donaciones que realizan los picapleitos.

    ¿No nos prometió Obama una nueva política que antepusiera a la gente sobre los grupos de presión? Claro. Y ahora promete una atención médica ampliada, independiente del puesto de trabajo y de calidad superior... ¡a un menor precio! Lo único que no ha prometido hasta ahora ha sido extirpar la maldad del carácter humano. Esa ley se presentará la próxima semana.

  8. #38
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    08 ene, 07
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    Predeterminado Datos vs. demagogia

    El presidente de EEUU, Barack Obama, al igual que los defensores de la sanidad pública insisten en que es necesario reforma el sistema sanitario estadounidense, ya que 45 millones de personas carecen de seguro médico (el 15% de la población). Se trata de un argumento muy extendido, incluso, entre los políticos españoles, tal y como esgrimía la pasada semana la secretaria de Organización del PSOE, Leire Pajín.

    Sin embargo, un desglose de la población sin seguro médico echa por tierra algunos mitos acerca del modelo sanitario estadounidense. Así, tal y como explica Albert Esplugas en su blog, si se somete a examen esa cifra, "la situación es mucho menos grave de lo que parece":

    1. Una cuarta parte de los no-asegurados son inmigrantes sin nacionalidad estadounidense. Los hispanos son los que están menos asegurados. Como dice Tyler Cowen, ofrecer sanidad pública a estos inmigrantes (muchos de ellos recientes) podría conllevar crecientes presiones fiscales para limitar la inmigración, lo que repercutiría negativamente en la salud de otros potenciales inmigrantes. Por otro lado, muchos inmigrantes prefieren enviar remesas a sus familiares en el extranjero (con más problemas de salud) que contratar un seguro médico en EEUU.

    2. Una fracción importante de los no-asegurados sólo carece de seguro médico una parte del año (mientras está sin trabajo). De acuerdo con la Oficina Presupuestaria del Congreso (CBO), los que carecen de seguro durante todo el año oscilan entre los 21 y 31 millones de personas.

    3. Unos 15 millones de no-asegurados cuentan con unos ingresos superiores a los 50.000 dólares al año. Es decir, pueden contratar perfectamente un seguro médico, pero eligen voluntariamente no hacerlo. De hecho, el grupo de no-asegurados que más está aumentando en los últimos años percibe unos ingresos superiores a los 75.000 dólares anuales.

    4. Tan sólo 686.000 personas mayores de 65 años no están cubiertas por un seguro médico.

    5. Además, 18 millones tienen entre 18 y 34 años, una edad en la que es poco probable enfermar y que explicaría por qué muchos de ellos eligen no contratar un seguro médico. De hecho, numerosos no-asegurados son estudiantes universitarios y, por lo tanto, dependen de sus padres o están cubiertos por las pólizas de sus padres.

    6. Un 25% de los no-asegurados (unos 11,2 millones) puede acceder a los programas estatales existentes como Medicaid o el State Children's Health Insurance Plan, pero no se ha suscrito.

    7. Por último, los que no están asegurados durante todo el año reciben, sin embargo, abundantes servicios médicos. En concreto, cerca de la mitad de atención sanitaria en valor monetario que los que sí están asegurados (unos 35.000 millones de dólares en 2001).

    Además, como última alternativa cualquier persona, asegurada o no, puede acudir a una sala de emergencia y pedir asistencia, frente al mito de que en EEUU los no-asegurados mueren a la puerta de los hospitales, tal y como argumentaba Pajín.

    http://www.libertaddigital.com/econo...uu-1276368544/

    Cabe añadir que existe el programa Medicare que sirve para prestar atención a muchos de los no asegurados.

  9. #39
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    08 ene, 07
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    Predeterminado Más datos

    A la mayoría de los españoles les asombra que pueda haber quien se oponga a la iniciativa del presidente Barack Obama, y se imagina a los estadounidenses como un pueblo de egoístas insolidarios que no se preocupan por la suerte de sus conciudadanos enfermos, dejados a su suerte sin cobertura médica estatal. Se aprovecha entonces para hablar de un capitalismo salvaje, de un darwinismo social que deja en la cuneta a los más débiles. Porque, ¿quién en su sano juicio se puede oponer a dar asistencia médica a los más desfavorecidos? En buena lógica, quienes se oponen a los planes de Obama, conservadores la mayoría para más inri, no pueden sino ser unos crueles egoístas.

    Esta imagen, tan extendida, se fundamenta, a mi parecer, en el desconocimiento y en el prejuicio. Vayamos por partes.

    En primer lugar tenemos la ignorancia acerca de cómo está organizado el sistema sanitario norteamericano. De ser cierto que éste deja en situación de suma precariedad o directamente sin asistencia sanitaria a los más débiles, no se explica cómo las tasas de mortalidad no se han disparado, lo cual sería la consecuencia lógica e inevitable de esa falta de asistencia médica. Y sin embargo, no es así. La mayor parte de los norteamericanos cuenta con cobertura médica, y además de buena calidad, a través de los seguros médicos vinculados a los contratos laborales. Las empresas, que no soportan la carga de la Seguridad Social (por cierto, la propuesta de Joaquín Trigo de mostrar en las hojas de nómina, a efectos informativos, el coste total que para la empresa tiene el trabajador en España se nos antoja muy pedagógica), pueden destinar esos recursos a dar cobertura médica a sus empleados a través del programa que más se adecue a sus necesidades y no a través del café para todos de la Seguridad Social. Con el añadido de que, si uno no está satisfecho, existe una sana competencia entre seguros médicos que facilita el cambio a otro plan.

    Luego están los programas Medicare y Medicaid, que, con todos sus defectos, ya son una Seguridad Social, y además de enorme tamaño. Medicare nace en 1965 de la mano del presidente Lyndon B. Johnson, y es un seguro de salud que da cobertura a todos los mayores de 65 años y a aquellos que cumplen una serie de criterios (minusválidos, necesitados de diálisis, enfermos de esclerosis lateral amiotrófica, etc.). Se calcula que en 2007 más de 43 millones de norteamericanos estaban cubiertos por Medicare. Por su parte, Medicaid, también creado en 1965, está pensado para personas y familias de escasos recursos, y en 2008 se beneficiaron de sus servicios 49 millones de norteamericanos, de los que alrededor de 6,5 millones también eran beneficiarios de Medicare. Por lo tanto, la imagen del anciano o del pobre que se muere ante las puertas de un hospital porque no tiene seguro médico es más mitológica que real en nuestros días. En cualquier caso, si muere, será probablemente por las colas y las listas de espera inherentes a los sistemas sanitarios públicos.

    El caso es que, de una población de 306 millones de habitantes, se calcula que en torno a 45 millones no tienen cobertura médica, un 15% del total. Pero una mirada más al detalle nos revela que esta cifra tampoco es toda la verdad. De las personas sin cobertura médica, 3,5 millones tienen derecho a la misma a través de Medicare o Medicaid pero no se han tomado la molestia de hacer la petición, y lo mismo ocurre con 8 millones de niños cuyos padres tampoco los han dado de alta. Parece evidente que a estos 11,5 millones de norteamericanos les basta con solicitar la cobertura para obtenerla.

    Sigamos. Se calcula que casi 10 millones de estadounidenses están en un periodo entre dos trabajos y su falta de cobertura es temporal, mientras que 12,6 millones son inmigrantes ilegales y, en consecuencia, no tienen cobertura (si bien son atendidos sin más preguntas si acuden a un centro de emergencia). Nos quedan sólo dos grupos de personas sin cobertura: los que pueden permitirse pagar un seguro médico (tienen ingresos superiores a 50.000 dólares al año) pero prefieren no hacerlo, disponer así de mayor renta y, en caso de enfermedad, pagar a un hospital privado, que suman 18 millones, y los 8,5 millones de jóvenes entre 18 y 25 años que piensan que, a su edad, no tiene sentido pagar por un seguro médico. A la luz de estos datos queda claro que, si las personas que tienen derecho a cobertura médica hicieran lo debido para tenerla, los supuestos individuos sin cobertura son jóvenes y no tan jóvenes que han decidido libremente estar en esa situación, al menos durante un periodo de sus vidas. Y que el plan Obama consiste en decirles que no pueden elegir libremente, que él ha decidido que tendrán seguro médico quieran o no, y que, si se decantan por el no, igualmente tendrán que pagar.

    Un estudio del Lewin Group calcula que el plan de Obama, si se implanta plenamente, reducirá el número de los que están sin seguro médico en 26,6 millones, justamente los dos colectivos que antes señalábamos. Eso sí, el otro impacto previsible es que unos 21,6 millones de norteamericanos perderán su seguro sanitario privado el primer año y hasta 88 millones en los siguientes, pues sus empresas ya no podrán pagarlo, al tener que soportar los costes de la nueva y expandida Seguridad Social. Y eso sin contar la carga adicional de impuestos que se prevé para financiar el plan, y que puede acabar de ahogar a miles de empresas que no están pasando, precisamente, por sus momentos más holgados. Y es que se calcula que el coste del Obamacare será de 239.000 millones de dólares durante los primeros diez años, una suma nada despreciable que añadir al ya estratosférico déficit norteamericano. Y que además seguirá creciendo en el tiempo, por mero cálculo demográfico.

    Hasta aquí nos hemos limitado a presentar una serie de datos que esperamos ayuden a disminuir el desconocimiento general sobre el tema; ahora abordaremos la cuestión del prejuicio. Y es que el pretendido egoísmo individualista y cruel de tantos norteamericanos contrasta con otros rasgos de su sociedad que dejan estupefacto a más de uno. Por ejemplo, esos crueles individualistas son los que más dinero destinan a obras de caridad, a iniciativas sociales y culturales, a organizaciones no gubernamentales de todo tipo. Curioso, ¿no? Pero además conforman una sociedad envidiada por la vitalidad de su tejido asociativo, desde las comunidades locales, pasando por las vibrantes parroquias, hasta la movilización para algunos temas de calado, como la lucha contra el aborto o la tan manida campaña presidencial de Obama.

    ¿Cómo se entiende que una sociedad tan dinámica y con tanta vida asociativa se muestre tan reacia a aceptar el plan de Obama de tener una Seguridad Social universal a la europea? A lo mejor resulta que la vida asociativa y comunal es tan intensa, precisamente, por las mismas razones que les llevan a luchar contra el Obamacare.

    A lo mejor la intromisión del Estado en la vida de las personas es una tendencia siempre expansiva que acaba por secar la vida asociativa, como ha sucedido en Europa. A lo mejor, el Estado paternalista que elimina la libertad de elección nos va haciendo cada vez más dependientes e infantiles y los norteamericanos, conscientes de este peligro, luchan por ponerle freno. Es lo que, en pocas palabras, expresaba el lema de una campaña contraria al plan Obama, al que acusan de redundar en "menos libertad y más impuestos". Es posible que algo muy valioso y característico la vida norteamericana, origen de mucho de lo que miramos con sana envidia en aquel país, sea una realidad porque el gobierno federal aún no ha asumido por completo áreas como la sanitaria.

    Un último apunte que hace referencia a la financiación con dinero público de abortos. Diecinueve congresistas demócratas han pedido al presidente Obama que firme ley alguna que no excluya explícitamente el aborto de las prestaciones de "cualquier plan de seguro sanitario gubernamental o subsidiado" o que permita que un órgano federal recomiende el aborto "como un servicio por incluir entre las prestaciones médicas".

    Hasta el día de hoy, aún están esperando la respuesta de su presidente, aunque lo cierto es que el primer borrador no contempla esta limitación, por lo que muchos no tienen dudas de que uno de los objetivos de Obama, con su reforma sanitaria, consiste en cubrir con dinero federal el aborto. Un motivo más, si es que fuera necesario, para mirar con recelo este plan al que millones y millones de norteamericanos, compasivos y solidarios (e incluso demócratas), se oponen.

    Por Jorge Soley Climent

  10. #40
    Fecha de Ingreso
    08 ene, 07
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    Predeterminado Resistencia popular

    Para los europeos, con más de un siglo de seguridad social en progresión creciente en manos del Estado, resulta tan difícil de comprender las posiciones americanas como otros rasgos peculiares de su sistema político. Para explicarlo hay que partir de la desconfianza frente a un Estado omnipresente y con poderes cada vez mayores. La defensa histórica de la autonomía individual como freno a ese Leviatán invasor está generalmente considerada como uno de los factores claves del éxito americano. La plena absorción por parte del Estado de un sector económico evaluado en un 18,5% de una economía de casi 14 billones de dólares, representaría un paso gigantesco en esa dirección. La experiencia universal, de la que los americanos son conscientes, es que el paso se salda con aumento de los costes y descenso de la eficacia en las prestaciones.

    http://www.libertaddigital.com/opini...sanidad-51187/

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