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  1. #81
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    08 ene, 07
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    Predeterminado Cómo empieza el final

    Occidente está en crisis y el mundo que estaba creándose a su imagen y semejanza es un sueño que se aleja a velocidad de vértigo. Pero ese orden multipolar que tantos preconizan, lejos de segregar un mundo más igualitario y estable, va a producir uno más dividido, lleno de rivalidades, fricciones y conflictos. Prepárense para lo que nos espera.

    Dicen que las crisis están cargadas de oportunidades. Quizá sea cierto, pero si la tesis de Rachman es acertada, las oportunidades que se puedan presentar no favorecerán a Occidente, sino a sus rivales y enemigos.

    El poder está en relación con la capacidad militar, el dinamismo económico, la demografía, el territorio y, tal vez lo más relevante, la voluntad política. Pues bien, en todas y cada una de estas cuestiones los países dominantes desde el final de la Segunda Guerra Mundial, esto es, las democracias liberales, están siendo retados por potencias emergentes de signo bien distinto: unas simpatizan con el orden liberal, pero otras, las más, conforman un auténtico eje autoritario con una visión del mundo, la política, la economía, la sociedad, muy alejada de la nuestra.

    Durante décadas el enfrentamiento por antonomasia fue el que oponía el Este al Oeste, el totalitarismo a la libertad, la economía planificada al libre mercado. Con la caída del Muro de Berlín (1989) y la posterior desaparición de la URSS se abrió una era de inusitado optimismo. A las promesas de un mundo que había llegado al final de la Historia (Fukuyama) se sumaron en poco tiempo las inagotables posibilidades que ofrecían las nuevas tecnologías, particularmente las relacionadas con la informática e internet. El mundo se abría a la libertad al tiempo que se adentraba en una revolución tecnológica que, a su vez, aceleraría todos los aspectos de la globalización. La muerte del comunismo trajo igualmente la muerte del tiempo y la distancia, que diría la periodista del Economist Frances Cairncross.

    En los 90, Estados Unidos se desembarazaba simultáneamente del síndrome de Vietnam –con su fulminante victoria sobre Sadam Husein, a quien expulsó de Kuwait en 25 días– y del déficit presupuestario de los años de Reagan. Europa se ampliaba hacia el Este y se planteaba el reto del mercado único, la moneda común y una unión política más estrecha. En esos años, Rusia se mostraba tan cooperativa que se pensó en abrirle las puertas de la OTAN. Fue un tiempo en que las bases militares pasaban a convertirse en campos de golf y todo el mundo se aprestaba a cobrarse los llamados "dividendos de la paz". Fueron, recuerda aquí Gideon Rachman, los años del optimismo.

    Pero el nuevo orden mundial augurado por Bush padre duraría poco, si es que en verdad llegó a existir. El optimismo acabaría convirtiéndose en pesadumbre, desconcierto, pesimismo, incluso desesperación: poca gente piensa hoy que nuestros hijos vivirán mejor que nuestra generación. Son pocos y además están equivocados.

    ¿Cómo ha sido posible tan brusco cambio? Esta es la pregunta subyacente en estas páginas. Gideon Rachman, editorialista de The Economist y luego del Financial Times, se deja tentar, como todos sus compañeros de profesión, por el recurso fácil de culpar de mucho de lo malo que nos aflige a George W. Bush y, por supuesto, a la guerra de Irak, que considera fue un error estratégico, pero está lo suficientemente viajado como para buscar de igual manera otras explicaciones, que trascienden con mucho las políticas neoconservadoras y son las que, en realidad, elucidan los cambios profundos, geoestratégicos, aquí abordados.

    Posiblemente muchos analistas, de tener que escoger una fecha distintiva del declive de Occidente, escogerían el 11 de septiembre de 2001, el día en que una insurgencia global fundamentalista se atrevió con la única superpotencia del planeta... y en el propio territorio de ésta. Pero Rachman no va por esos derroteros, y de hecho sostiene que, luego del 11-S, América cambió menos de lo que parece. La Guerra contra el Terror no mermaría la legitimidad ni la capacidad de actuación de Estados Unidos, pero el fiasco de Irak sí, pues ahí quedarían de manifiesto ante todo el mundo los límites prácticos del poder americano. El Afganistán en que anda enfangado la OTAN añadiría esa sensación fatalista de victoria imposible.

    La fecha que elige nuestro autor es mucho más reciente, y tiene que ver con otro tipo de desastre. Para él, el principio del fin de Occidente hay que datarlo en septiembre de 2008, concretamente en el día en que quebró Lehman Brothers y se precipitó la actual crisis económica. En Irak, Estados Unidos y sus aliados se equivocaron y sufrieron las consecuencias, pero con la crisis a los occidentales se les quebró su principal herramienta de poder: su economía, su modelo económico. Con el capitalismo cowboy americano y el socialdemócrata de Europa colapsaron también los principios que habían regido el mundo libre desde los años 40.

    En todo caso, The Zero-Sum World no es un ensayo más sobre la crisis y sus implicaciones sobre el reparto del poder mundial. Se trata más bien de un retrato impresionista y lúcido del estado del mundo y de las tendencias que se apuntan para un futuro no muy lejano. No hay zona o país relevante que quede al margen, y las conclusiones siguen lógicamente a lo expuesto en el planteamiento y el desarrollo, a saber: nos encaminamos a un escenario en que va a primar la rivalidad sobre la cooperación, en un marco de proteccionismo y nacionalismo no declarado y de competencia estratégica entre naciones, particularmente entre Estados Unidos y China, que hará casi imposible abordar los asuntos globales de forma constructiva. El mundo que viene será más pobre, fragmentario, tensionado y proclive a las fricciones de todo tipo. Un mundo donde primarán los juegos de suma cero, en los que las ganancias de unos se producen siempre a expensas de otros.

    ¿Podría evitarse, estamos a tiempo de cambiar de rumbo? Tal vez con mucha voluntad y decisión política... Lástima que también estemos en una era de líderes "descafeinados y lights", como le gusta decir a Aznar. Si además son malos dirigiendo y gestionando, como el inefable Zapatero, sólo cabe esperar lo peor. Si leen este libro, sabrán por qué.

    GIDEON RACHMAN: THE ZERO-SUM WORLD. Simon & Schuster (Nueva York), 2011, 336 páginas.

    Reseña de Rafael Bardají, en LD

  2. #82
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    08 ene, 07
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    Predeterminado El IV Reich

    Al final de la Guerra Franco-Prusiana, poco antes de que viera la luz el II Reich, Disraeli, jefe de la oposición al Gobierno de Gladstone, dijo en la Cámara de los Comunes: "Esta guerra representa la revolución alemana, un acontecimiento político más importante que la revolución francesa (...). Ni un solo principio, de los que hasta ahora ha servido para distinguir nuestras relaciones exteriores,(...) sigue siendo válido (...). El equilibrio de poder ha sido completamente destruido y el país que más sufre y más siente los efectos de esta guerra es Inglaterra". Luego, el Reino Unido tuvo que librar dos guerras mundiales para evitar que el II y el III Reich respectivamente dominaran el continente europeo.

    La terrible derrota de 1945, la ocupación, la división de 1948 y la necesidad de expiar los muchos pecados cometidos durante la época nazi obligaron a Alemania a renunciar a toda Weltpolitik, la política de proyección mundial que soñara Guillermo II.

    Ahora, superada la derrota, acabada la ocupación y reunificado el país, Alemania vuelve a ser el país más poderoso de Europa porque todos los demás, pigs o no, apenas tienen fuerza para sostenerse en pie.
    Ya no es sólo que los sospechosos habituales, los países del sur, estén en bancarrota, es que a Gran Bretaña le falta poco para estarlo y Francia ve cómo su sistema financiero tiembla como un bavarois.

    Para bien o para mal, Berlín tiene la oportunidad de comprarse el continente porque son los únicos con dinero para pagarlo y porque el precio al que se lo ofrecen es escandalosamente barato. Si no terminan de hacerlo es porque ni ellos mismos están seguros de que les convenga. Ahora, si deciden quedarse con él por las cuatro perras que les estamos pidiendo, no habrá nadie para impedírselo. A Gran Bretaña le gustaría hacerlo, pero no tiene peso para oponerse eficazmente. Francia vive la ficción de que es una aliada de Alemania y hará como que se reparte con ella el poder. Los Estados Unidos podrían, si quisieran, evitarlo, pero no tienen ganas de emplearse. Total, que Merkel tiene al alcance de la mano lograr sin pegar un tiro lo que ni Guillermo II ni Hitler fueron capaces de conseguir desencadenado sendas guerras mundiales. Para hacer de Europa un Deutsch kontinent, a la canciller le falta sólo el respaldo de su pueblo que, aterrado por sus propios fantasmas, rehuye ese destino.

    Y estar dominados por los teutones podría no ser tan malo si no fuera porque Berlín depende por completo de Moscú en materia de energía. Menos mal que los germanos se tienen a sí mismos más miedo del que les tenemos nosotros y no están por la labor de lanzarse a la aventura de un IV Reich. Pero, como se decidan a hacerlo, por sí solos o porque se vean empujados desde el Kremlin, ya podemos ir ensayando el paso de la oca. Nos vamos a enterar.

    Emilio Campmany, en LD

  3. #83
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    Predeterminado Quiero ser inglés

    Cameron ha estado magnífico, extraordinario. Yo de mayor quiero ser inglés y poder huir de esta Europa cobarde y agotada, que siempre hace el ridículo, que nunca da la talla. Tenemos todos en la memoria más reciente qué ha sido de nosotros cada vez que una Alemania fuerte ha querido liderarnos; y con la misma precisión recordamos también el papelón colaboracionista de Francia: la Resistencia es un mito y dos días después de la invasión la mayoría de los famosos citoyens iban levantando el brazo. ¡Qué vergüenza, qué asco! ¿Éstos son los que tienen que salvarnos? Yo de mayor quiero ser inglés, como Thatcher, como Cameron.

    El Reino Unido ha conocido esplendores y tiempos de sangre, sudor y lágrimas. Pero por duro que haya sido el reto siempre han podido superarlo, porque siempre han sido los únicos propietarios de su destino, porque su futuro ha estado siempre en sus manos. Europa no es de fiar: que se lo pregunten a bosnios y croatas, que sólo dejaron de ser brutalmente asesinados cuando Estados Unidos decidió intervenir ante la cínica y cobarde pasividad de la UE. Que se lo pregunten también a Israel: que le pregunten por Alemania y por el tradicional antisemitismo francés, no tan visible pero igual de repugnante.

    El único aliado razonable es Estados Unidos, que nos ha salvado siempre de todos los desastres que nosotros mismos nos hemos ocasionado. David Cameron hace muy bien de no variar la inteligente estrategia británica de protegerse de Europa y de acercarse a América. El presidente Aznar tuvo la valiosa y muy sensata idea de hacer lo mismo, buscando la complicidad de Bush y de Tony Blair, pero luego vino Zapatero y con su total estupidez se cargó el proyecto.

    Europa agoniza ahogándose en su propia descomposición y Cameron ha salvado a su país apartándolo de nuestro total naufragio. Puede que no sean momentos especialmente brillantes para el Reino Unido y que su recuperación sea larga, dura y difícil. Pero los británicos están acostumbrados a sufrir para ganar, y hasta ahora han ganado siempre porque nunca han renunciado a ellos mismos. God save the Queen.

    Salvador Sostres, en El Mundo

  4. #84
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    Predeterminado Los réditos del apaciguamiento

    "Que le pregunten a Osama bin Laden... si yo practico el apaciguamiento", dijo Barack Obama el 8 de diciembre de 2011

    Estoy de acuerdo. Barack Obama no apaciguó a Osama bin Laden. Lo mató. Y por ordenar la incursión y correr el riesgo, Obama merece el mérito. Mérito en concepto de decisión y de valor político.

    Sin embargo, el caso Bin Laden no fue ninguna prueba legislativa. Ninguna persona seria de ninguna de las formaciones llegó a sugerir nunca negociaciones o concesiones. Obama manifestó decisión, pero renunciar a una opción que no existe no dice nada de la solidez de la política exterior de uno. Eso vale para cuando hay opciones a elegir.

    Y en esto la historia es diferente. Vea las dos iniciativas principales de Obama en política exterior, hacia Rusia y hacia Irán.

    La administración llegó al poder decidida a estrechar las relaciones con Rusia. Se llamaba "relanzamiento", un antídoto a la "peligrosa deriva" (fórmula del vicepresidente Biden) de las relaciones durante los años Bush.

    En realidad, la frialdad de Bush hacia Rusia se fundamentaba en ciertas realidades desagradables: el desmantelamiento sistemático de la democracia por parte del Kremlin; su agresión descarada a Georgia; su iniciativa de volver a crear una esfera rusa de influencia sobre los vecinos; y su apoyo, desde Siria a Venezuela, a los regímenes más ostentosamente antiamericanos del mundo.

    Liberado de tan inconvenientes realidades, Obama procedió con su "relanzamiento". La decisión enseña fue la cancelación súbita de un sistema de defensa balística estadounidense de asentamiento polaco y checo opuesto vigorosamente por Moscú.

    La cancelación minaba profundamente la posición de dos aliados muy proamericanos que se habían alineado con Washington tanto frente a las amenazas rusas como al malestar popular. Obama no sólo los dejó al pairo. Demostró al mundo que la independencia de los estados de Centroeuropa duramente ganada sólo es parcial y tentativa
    . Con las bendiciones norteamericanas, sus decisiones presuntamente soberanas estaban sujetas al veto ruso.

    Esta concesión de peso, junto a un tratado balístico de reducción New START mucho más beneficioso para Rusia que para América, se suponía que iba a aliviar tensiones en las relaciones entre Estados Unidos y Rusia, a mitigar la oposición rusa a la defensa balística y a contar con su asistencia a la hora de detener el programa nuclear de Irán.

    ¿Cómo está saliendo ese "relanzamiento", transcurridos tres años? Los usos vuelven a estar a la gresca con la defensa balística. Están denunciando la versión sucedánea de Obama. Amenazan no sólo con poner sus miradas sobre cualquier defensa balística norteamericana radicada en suelo europeo, sino también con instalar proyectiles ofensivos en Kaliningrado. Amenazan además con abandonar el tratado START, que la administración había presentado a bombo y platillo como un gran logro de la política exterior.

    En cuanto a la ayuda a Irán, Moscú nos ha puesto obstáculos a cada oportunidad, debilitando o bloqueando una resolución tras otra. Y ahora, cuando hasta la Agencia Internacional de la Energía Atómica ha dado fe de las ambiciones nucleares de Irán, Rusia anuncia que se opondrá a cualquier sanción nueva.

    Por último, sumando desprecio a la sencilla ofensa, Vladimir Putin respondía a las manifestaciones anti-gobierno desatando un crudo ataque de corte soviético a América como la potencia secreta tras las manifestaciones. Putin acusaba personalmente a la secretaria de Estado Hillary Clinton de enviar "una señal" que activaría a espías infiltrados y demás agentes de la América imperial.

    Así son los réditos del apaciguamiento. Dan por buenas las simples "derivas".

    Aún peor ha sido el alabado "diálogo" de Obama con Irán. Inició su presidencia reconociendo de forma apologética la implicación norteamericana en un golpe de estado que tuvo lugar hace más de 50 años. A continuación ofrecía negociaciones bilaterales que, como era de esperar, fracasaron miserablemente. Lo más atroz, adoptaba una escrupulosa y escandalosa neutralidad durante la revolución popular de 2009, una oportunidad caída del cielo –ya perdida– de relevo del régimen.

    Obama imaginó que su don de gentes y su sensibilidad exquisita hacia el islam persuadirían a los mulás de renunciar a su programa armamentístico. Sorprendentemente, ellos se resistieron a sus encantos eligiendo, en su lugar, convertirse en potencia nuclear. Las negociaciones no sirvieron sino para dar legitimidad al régimen en su momento de máxima vulnerabilidad y de salvajismo.

    A cambio de sus esfuerzos, Obama se granjeó (a) la letal asistencia iraní continuada a las guerrillas que asesinan efectivos estadounidenses en Irak y Afganistán, (b) una conspiración para asesinar al embajador saudí volando por los aires un restaurante de Washington, (c) el anuncio esta misma semana por parte de un parlamentario de maniobras navales iraníes destinadas a cerrar el Estrecho de Ormuz, y (d) el indudable acceso chino y ruso a un vehículo estadounidense no tripulado para replicar y responder a sus secretos tecnológicos.

    ¿Cómo respondió Obama a eso?

    El lunes, solicitaba educadamente que le devolvieran el vehículo.

    El martes, con desprecio similar al de Putin, Irán exigía que mejor que Obama se disculpase. "Obama suplica a Irán que le devuelva su aparato de juguete", difundía la agencia semioficial FARS.

    Apenas unas horas antes, la secretaria Clinton había vuelto a afirmar una vez más que "queremos ver dialogar a los iraníes... no renunciamos a ello".

    Benditos los que ofrecen la otra mejilla. ¿Pero esta gente no se cansa nunca?

    Charles Krauthammer, en LD
    © The Washington Post Writers Group

  5. #85
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    08 ene, 07
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    Predeterminado ¿Demasiado tarde?

    Todo indica que la decisión rusa y china de bloquear la resolución del Consejo de Seguridad que hubiera abierto las puertas a una intervención internacional en Siria fue más decisiva de lo que se pensaba.

    Con el espacio que le dio el bloqueo, Bashar Asad logró tres cosas: posicionar las baterías antiaéreas de fabricación rusa, de tal modo que imponer una zona de exclusión aérea, según acaba de decirlo nada menos que James Mattis, el jefe del Comando Central norteamericano, resulte demasiado costoso para estadounidenses y europeos; limpiar Homs, como acaban de comprobarlo la enviada de ONU, la Cruz Roja y la Media Luna Roja siria, de toda resistencia y, ahora, estar a punto de lograr lo mismo en Daraa, donde nació el levantamiento hace un año. Por último, evitar que los resistentes logren controlar un solo bolsón del territorio donde Estados Unidos y Europa puedan eventualmente soltar ayuda y armas, como hicieron en la Cirenaica libia contra Gadafi.

    Todo esto se verá reforzado -involuntariamente- en los próximos días. Tanto la iniciativa de paz de los chinos como la visita que realiza en estos días Kofi Annan, enviado de la ONU, ayudarán a Asad a consolidar un status quo ideal para él: la resistencia ha quedado reducida a la impotencia, la población está aterrorizada, el abastecimiento de armas rusas ha mayormente concluido y el régimen vuelve a parecer fuerte. Todo lo que sea negociar un alto el fuego y dialogar de cara a un futuro de convivencia viene como anillo al dedo precisamente a Asad más que a los derrotados. A Asad lo único que realmente importa es preservar el poder. Resuelto eso, hará los gestos que se le pidan sabiendo que una vez que los visitantes se marchen las cosas seguirán más o menos igual.

    El triunfo, a estas alturas, no es sólo el de Asad. Es también el de Irán, que le ha suministrado armas y personal militar por el puerto de Tartus, en el Mediterráneo, olímpicamente. Y el de Rusia, que controla esa base naval en la costa siria desde los años 70. Para el Moscú poscomunista, es la primera victoria importante contra las democracias liberales de Occidente si no contamos la invasión exitosa a Osetia del Sur en 2008, que aquéllas condenaron pero no pudieron revertir.

    Para China, la situación también es ideal. Aunque su contribución al desastre no es pequeño, ha desviado hacia Rusia el peso de la responsabilidad en el soporte internacional a las masacres sistemáticas de Asad en Siria -el vídeo de Channel 4, en Londres, con las ejecuciones realizadas en el Hospital Militar de Homs es espeluznante-. Y, al mismo tiempo, ha frenado el avance de la influencia estadounidense en Oriente Próximo, donde, a partir de la Primavera Árabe, Washington parecía imparable.

    Álvaro Vargas Llosa, en El Mundo

  6. #86
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    08 ene, 07
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    Predeterminado Cinco razones para quedarse en Afganistán

    La elección de François Hollande como presidente de la República de Francia ha abierto el debate de nuevo. A la Casa Blanca se le aparece de nuevo el fantasma de una abrupta retirada como la de Zapatero en Irak.

    ¿Debe España permanecer en Afganistán hasta el final de 2014 con la actual misión? ¿Debe comprometerse más allá de 2014, incluso hasta 2024 (con entrenamiento) como EE.UU. ha firmado recientemente con el Gobierno afgano?

    He aquí 5 razones para permanecer en Afganistán (con EE.UU. del demócrata Obama) antes de que la demagogia empiece a imperar en el Congreso de los Diputados cuando Hollande anuncie una pseudoretirada o retirada a lo Zapatero de sus 3.000 hombres, si finalmente cumple su promesa (cosa que dudo).

    ¿Y España? El ministro Pedro Morenés sigue el mantra marcado por la OTAN en la misión ISAF: "In together, out together".

    Vaya por delante que razones hay de peso también para la retirada: corrupción afgana, crisis económica en Europa, el tiempo del lado del talibán que solo espera su oportunidad, el caos paquistaní sin atisbo de resolución, España debe centrar sus esfuerzos de seguridad en el Mediterráneo y zona del Sahel, etc.

    Pero entre la vía Hollande y la vía Obama, hay diferencias de peso y de lealtad para el resto de aliados. Por ello hay razones para permanecer aún en AFGANISTÁN, con un plan de retirada, que garantice la seguridad del repliegue inicial, con dos años y medio por delante y luego asistir a las fuerzas afganas, si así se cree conveniente:

    1. El aliado: EE.UU. y la OTAN. Afganistán es la guerra del siglo XXI de EE.UU. Comenzó tras el 11-S y diez años después aún se libra. Las misiones en el exterior son monedas de cambio para fraguar alianzas estratégicas. Si EE.UU. tiene que ofrecer algo a España (e imaginamos que es mucho)... hay que arrimar el hombro donde se nos requiere. Como aliados leales, pero no por ello seguidistas, sino defendiendo nuestros intereses estratégicos. Además, España es un país OTAN, "Juntos entramos, juntos salimos". Pertecener a este club implica responsabilidades.

    2. El tiempo: solo 2 años más de ISAF y después... lo que se pacte en Chicago. A la misión actual de la OTAN (ISAF) le queda dos años y medio. Periodo en el cual habrá un repliegue progresivo de los 1.480 militares españoles. ¿Qué sentido tiene adelantar abruptamente los plazos? Solo serviría para generar desconfianza una vez más. España gastó esa bala en Irak (da igual que sea demócrata o republicano, el inquilino de la Casa Blanca siempre apunta la matrícula).


    3. La seguridad internacional: "España se defiende aquí y allí", que dijera el ministro Pedro Morenés en su primera visita a las tropas el pasado mes de enero. Desde Afganistán se fraguó el 11-S, se impulsó Al Qaida, se hizo fuerte Bin Laden... nunca más tiene que suceder. Para ello es vital la misión de inteligencia y vigilancia y de entrenamiento de las fuerzas afganas post-2014.

    4. Los afganos: "No nos abandonéis". Ok, ok. La democracia a la Occidental es imposible en Afganistán. IMPOSIBLE acercarse si quiera a baremos del siglo XIX. No obstante, se han hecho progresos en la población -educación y mujeres fundamentalmente- que merecen ser conservados. Al menos, cuanto más tiempo perduren mejor, aunque solo sea por la memoria de los militares fallecidos en la misión: 98 en el caso español, el último el sargento Moya Espejo, 2.996 en total internacional.


    5. El problema regional. El problema de siglos de Afganistán es también el de Pakistán, la India, Irán, China... una región epicentro de la proliferación nuclear hoy día. Dejar abandonado Afganistán implica también dejar un vacío regional que no interesa a Occidente.

    Mencionadas las cinco razones -repetir quiero que igualmente hay argumentos en contra de peso-, la comunidad internacional deberá buscar en la próxima Cumbre de Chicago de la OTAN una solución intermedia para que al menos en Afganistán no vuelvan a producirse las condiciones que propiciaron el fenómeno Al Qaida (por la parte que nos toca), no arrojar a los afganos de nuevo a la suerte del Mulá Omar y que todo ello salga lo más barato posible.

    Esteban Villarejo, en ABC.es

  7. #87
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    Predeterminado Bashar Asad, el día después de la caída

    La caída del presidente sirio, Bashar Asad, tendría un efecto geopolítico mucho mayor que la del tunecino Ben Ali, el egipcio Hosni Mubarak y el libio Muamar Gadafi, y que la salida pactada del yemení, Abdula Saleh.

    En los primeros dos casos, no se trataba de enemigos activos de Israel, Estados Unidos y Europa; además, las recientes victorias islamistas en las urnas se han dado bajo el signo de cierta moderación y no suponen una alteración de las relaciones externas.

    En el caso de Libia, había dejado de ser el enemigo hacía un buen rato y las recientes elecciones las han ganado los liberales. En cuanto a Saleh, era una fuente de problemas pero a escala muy focalizada. Lo de Siria, en cambio, sería la caída de una pieza clave del ajedrez antiisraelí y antioccidental en Oriente Próximo.

    Aunque Damasco no ha atacado directamente a Israel desde 1973, jugó un papel determinante en la guerra civil libanesa y fue el vehículo mediante el cual Irán potenció a Hizbulá y a Hamas. Hamas tenía un buró político de primer nivel en Damasco y Hizbulá se hizo fuerte en el sur del Líbano gracias a que Siria, aliada de Teherán, convirtió su frontera en la cadena de abastecimiento de Nasrala.

    Para Irán, Hamas y Hizbulá la caída del régimen de Bashar Asad sería, pues, un golpe contundente. Con Hizbulá y Hamas debilitados, Irán tendrá menos fuerza en su zona de influencia. La resistencia iraní acaso recobraría bríos por efecto contagio.

    También Rusia recibiría un golpe macizo. Vladimir Putin ha tratado de evitar que siga creciendo, en el tumulto de la Primavera Árabe, la influencia de Estados Unidos y la Unión Europea en Oriente Próximo y el Norte de África. Ya se sentía rodeado por la expansión de la OTAN; desde el inicio de la recomposición árabe, se siente francamente aislado.

    Siria era uno de los elementos de equilibrio contra la reciente preponderancia de las democracias occidentales. Sin Asad, a quien Putin acaba de proteger otra vez al vetar una condena en la ONU, el aislamiento internacional de Moscú sería flagrante.

    Sobre el papel, otro beneficiario inmediato sería Arabia Saudí, némesis de Damasco y Teherán. Pero la cuestionada fórmula de Riad -autoritarismo, islamismo y alianza con Washington- perderá legitimidad en un escenario en el que su razón de ser, o sea servir de contrapeso a Irán y sus aliados, se debilite.

    Dos cosas podrían prevenir en el corto plazo estos potenciales logros tras la caída de Asad: una prolongada guerra civil ante la posibilidad de que los alauíes armen una resistencia armada contra los suníes y, tal vez, la decisión desesperada de Asad de usar armas químicas. Israel, al que el Pentágono ha contactado para hablar de esto, podría entonces neutralizar los depósitos químicos sirios. Ello probablemente crearía tensiones en el frente anti Asad, especialmente entre los occidentales y la Liga Árabe.

    Cuesta trabajo, sin embargo, creer, por los antecedentes en otros países árabes, que los aliados del dictador constituyan una resistencia duradera si Asad es derrocado.

    ÁLVARO VARGAS LLOSA, en El Mundo

  8. #88
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    Predeterminado Nuevo curso, nueva Directiva

    España comienza el curso político estrenando la Directiva de Defensa Nacional sancionada por el presidente del Gobierno el pasado mes de julio. La Directiva, de corte claramente realista y serio –en contraste con las anteriores–, ha puesto sobre la mesa una serie de aspectos que hasta ahora habían pasado inadvertidos.

    El primer cambio sustancial tiene que ver con la ruptura estratégica que se está produciendo, en términos tanto globales como nacionales. La pérdida de peso político de Europa, el retraimiento americano, el peligro de proliferación nuclear o el auge de nuevas potencias muestran un siglo XXI sustancialmente diferente al XX. En términos españoles, la inestabilidad en Oriente Medio y en el norte de África, con la impredecible deriva de la primavera árabe, presenta amenazas y riesgos hasta hace poco impensables. Este escenario obliga a cambiar la aproximación optimista y despreocupada de los últimos años en términos de seguridad, que permitían hablar de la amenaza pintoresca del cambio climático o de las relaciones civilizacionales.

    El segundo cambio tiene que ver con la seguridad española y común. El tradicional entramado de seguridad colectiva, heredero de la Guerra Fría, presenta grietas importantes que ni los más optimistas pueden disimular. El terremoto económico en la Zona Euro afecta a las relaciones entre países y resquebraja la confianza en la UE, que ya ha mostrado su incapacidad para construir una política exterior común. En cuanto a la OTAN, verdadero músculo defensivo occidental, sale tambaleándose de Libia y Afganistán. Por lo que hace a la ONU, la crisis siria la ha colocado en una situación de tremendo descrédito.

    Todo esto obliga a España a repensar sus instrumentos de seguridad y defensa, en términos más propios que nunca. La renacionalización de la defensa es un hecho en los países de nuestro entorno, y España debe adaptarse a las graves amenazas y riesgos presentes en las proximidades de sus fronteras. Se acabó la posibilidad de ser irresponsables y buenistas.

    La alerta ante los cambios registrados a nuestro alrededor y los problemas que afectan a la seguridad colectiva son las grandes aportaciones de la Directiva. Aportaciones que han causado la divertida e histérica reacción del socialista López Garrido, anclado en un discurso buenista y multilateralista que pertenece cada vez más al pasado y que resulta anquilosador. El PSOE sigue en el discurso ideológico que terminó plasmado en la desgraciada Estrategia de Seguridad de Solana, que a los pocos meses de ser formulada ya mostraba su inutilidad práctica.

    El siguiente paso en el nuevo ciclo será la Directiva de Política de Defensa, que previsiblemente concretará las consecuencias que este enorme cambio estratégico tendrá para las Fuerzas Armadas. La importante reorganización que éstas habrán de experimentar es también producto de la situación económica, que en los próximos años implicará restricciones en Defensa en todos los países occidentales. Así las cosas, en los próximos años las Fuerzas Armadas han de llevar a cabo cambios de envergadura tanto en términos de estructura como de tamaño y doctrina.

    De ahí que los ojos estén puestos en el Jemad y en los nuevos jefes de los ejércitos, que deben ser capaces de romper con la tradicional inercia, sacar a las Fuerzas Armadas de su lánguida decadencia y convertirlas en herramientas solventes y apropiadas para el nuevo escenario, según reclama la nueva Directiva.

    GEES, en LD (Grupo de Estudios Estratégicos)

  9. #89
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    08 ene, 07
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    Predeterminado La tormenta perfecta

    El tímido gesto de la UE –levantar en la teoría mas no en la práctica el embargo de armas a Siria– entusiasmó a quienes creen que armar a los rebeldes para contrarrestar su desventaja frente a los aviones y tanques de Asad es la forma de romper el statu quo. Pero Rusia y Hizbulá nos han devuelto a la realidad.

    Hizbulá ya demostró, cuando Israel bombardeó Líbano en 2006, que es un ejército disciplinado, dirigido por un tipo, Nasrala, con una cabeza estratégica temible sobre los hombros. Ahora, sus tropas han permitido a Asad recobrar la iniciativa en varios frentes, empezando por el asedio a Homs, clave para un traslado del Gobierno hacia el norte si Damasco cayese en manos rebeldes, y continuando con la feroz ofensiva en Quseir.

    Rusia, por su parte, se encarga de preparar a Asad para la eventualidad de que se envíe ayuda militar importante desde el exterior a los rebeldes. Los misiles tierra-aire S-300 que le ha entregado no están dirigidos contra ellos, que carecen de aviones, sino contra Israel, que ha atacado objetivos militares dentro de Siria tres veces este año, y contra las democracias occidentales. Putin no va a renunciar al puerto que le cede Siria en el Mediterráneo y al cliente seguro que representa Asad, ni a permitir lo que su paranoia ve como una expansión occidental en Oriente Próximo desde la ocupación de Irak, reforzada por la Primavera Árabe.

    El triunvirato Asad-Nasrala-Putin (con Teherán en la trastienda) se ha anotado un triunfo con la negativa de la oposición siria a participar en la reunión de Ginebra convocada para junio por Washington y Moscú. Una negativa comprensible porque nada permite suponer que se va a discutir allí una salida negociada de Asad y porque lo que ocurre sobre el terreno desmiente el propósito de la reunión. Es lógico que el presidente sirio esté interesado en participar, pues supone ser aceptado como Gobierno.

    El mayor peligro es la estrategia de Asad para involucrar a Israel en el conflicto. La revelación de los enviados especiales de Le Monde acerca del uso de gases que acaso pertenecen a la familia del sarín y el envío de misiles S-300 por parte de Rusia, a pesar de la advertencia que el consejero israelí, Yaakov Admiror, había filtrado a la prensa han creado la tormenta perfecta para que Tel Aviv prepare un nuevo bombardeo a objetivos precisos. Asad cuenta los minutos para que eso ocurra.

    Álvaro Vargas Llosa, en El Mundo

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    Predeterminado El futuro

    Un país relativamente pequeño va a decidir, si le dejan, cuál será el destino de Europa. No, no voy a seguir mareando con Cataluña: de eso ya tienen en abundancia. El país relativamente pequeño que se juega realmente su futuro y en gran medida el de todos, en un invierno que puede ser tan crucial como el de 1989, es Ucrania. Allí está la Historia, con mayúscula, moviendo sus silenciosos engranajes.

    Ucrania debe decidir si mira hacia el oeste, hacia la Unión Europea, o hacia Rusia. Desde nuestro punto de vista, no hay duda: la Unión Europea representa la prosperidad (relativa), el respeto a la ley (relativo, especialmente en algunos lugares) y lo que nosotros consideramos progreso. Al otro lado, el oriental, está la cruda realidad continental, la gigantesca extensión euroasiática, revolucionada por el empuje de China y la comparativa fragilidad (económica, política, climatológica y demográfica) de Rusia.

    ¿Cuál es la apuesta menos arriesgada para los ucranios? No es tan fácil decirlo. Halford J. Mackinder, un historiador determinista victoriano al que Robert Kaplan resucita en su libro La venganza de la geografía, esbozó la teoría del "corazón continental", un territorio indeterminado, en el que podría situarse Ucrania, cuyo control aseguraría el dominio sobre Eurasia. La lógica de Mackinder funcionó durante las dos guerras mundiales y durante la guerra fría, y parece volver a ser válida en el siglo XXI. En Eurasia, está comprobado, se vigila hacia oriente. Portugal mira a España (y no al revés), que a su vez mira a Francia, que a su vez mira a Alemania, que a su vez mira a Rusia. Y Rusia, ahora, observa con mucha atención a China. Con un temor muy fundado: su frontera siberiana está apenas poblada, mientras del lado chino bulle una multitud que ha iniciado ya una invasión económica. ¿Cuál es la obsesión de Rusia, el país más grande del mundo y uno de los menos articulados? La misma que la de cualquier imperio continental, sea grande, como el ruso, o pequeño, como el alemán: expandirse para protegerse, ganar territorios propios o aliados que configuren una frontera geográficamente inexistente. A diferencia de los imperios marítimos, como los de Europa occidental (Alemania es central) o Estados Unidos, que privilegian el comercio, los continentales piensan en términos de territorio. Esa es la razón de que Rusia necesite a Ucrania de su lado. No tanto por las riquezas naturales (Rusia tiene más) como por la seguridad. En Kiev veremos quién se expande, si Europa occidental (el rincón apacible de Eurasia) o Rusia. Aquí, mientras tanto, estamos arreglando el pasado.

    Enric González, en El Mundo

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