El programa nuclear
Si la esperanza diplomática occidental era que un nuevo líder en Teherán, más pragmático y moderado, sería más sensible a la presión internacional y estaría mejor dispuestos a negociar el fin del programa atómico a cambio de contrapartidas, con la consolidación de Ahmadinejad y la facción dura que representa, esa esperanza se ha desvanecido por completo.
De hecho, puede afirmarse que a pesar de todos los problemas políticos tras las elecciones presidenciales en Irán, no ya el programa, sino su avance, se ha visto inalterado.
Que Irán sigue persiguiendo activamente una bomba atómica no es ya ningún secreto. Por ejemplo, a pesar de que la inteligencia norteamericana diera su golpe de efecto contra Bush con su célebre Estimate de finales de 2007 en el que se afirmaba que Irán había detenido su programa nuclear militar, el director de inteligencia nombrado por Obama, el almirante Blair, reconocía el pasado febrero en su comparecencia ante el senado americano que Irán había detenido en 2003 el diseño de la cabeza nuclear, pero que seguía bien activa en la porción de obtener material fisible y en el diseño de los vehículos portadores, es decir, los misiles balísticos.
Otro ejemplo: el siempre moderado director de la Agencia de la energía atómica de Viena, el egipcio Mohamed el Baradei, declaraba en una entrevista este pasado mes de junio que era su creencia que Irán quería la tecnología de enriquecimiento de uranio para ser capaz de tener armas atómicas.
El último informe de la agencia de Viena al servicio de la ONU, de junio de este año 2009, resulta tan claro como preocupante: De febrero a junio, las autoridades iraníes han aumentado el número de centrifugadoras en su planta de Natanz en un 30%, pasando de 5.400 a algo más de 7.000, de la cuales plenamente operativas 5.000.
En noviembre de 2008, Irán contaba con un stock declarado de 425 kilogramos de uranio de bajo grado de enriquecimiento. Con las recientes incorporaciones de centrifugadoras y su mayor eficiencia productiva, se calcula que en Natanz se pueden estar produciendo en estos momentos unos 7 kilos del mismo uranio de bajo grado al mes, cifra que seguirá incrementándose a medida que se emplean más centrifugadoras.
Para fabricar su primera bomba, los ingenieros iraníes necesitan entre 20 y 25 kilos de uranio enriquecido al 90%. Y también sabemos científicamente que para lograr esa cantidad de uranio enriquecido a nivel militar, los iraníes deben producir antes 664 kilogramos de uranio de bajo enriquecimiento que someter a nuevos procesos de centrifugados hasta alcanzar el grado necesario para una bomba. Todos los expertos estiman que esa cantidad la tendrá Irán antes de que acabe este año 2009 o enero de 2010 a más tardar. Desde ese momento, y una vez que se tome la decisión de pasar a la fase de enriquecimiento de grado militar, Natanz tardaría un mínimo de dos meses y un máximo de un año en elevar el uranio de bajo enriquecimiento a de grado militar, dependiendo de cuántas centrifugadoras pusiera para esta tarea. La Universidad de Wisconsin estima que si Irán quisiera, podría lograrlo en tan sólo mes y medio.
Sólo consideraciones de índole política por parte de los dirigentes iraníes podrían alterar el calendario científico-técnico justamente descrito. Y habida cuenta del endurecimiento de la actual elite en el poder, no parece prudente pensar que vayan a abandonar su ambición atómica voluntariamente. Conviene recordar que el programa atómico iraní, tanto en su vertiente abierta como en la clandestina, ha gozado de un alto grado de consenso y apoyo de todas las facciones del régimen. Por ejemplo, el actual líder moderado Mousavi es el responsable de las adquisiciones ilegales a la red del científico paquistaní A. Q. Khan y aunque el aclamado por Occidente Jatamí intentó ejercer un mayor control sobre el programa nuclear, bajo su mandato no hizo sino acelerar sus aspectos militares. Jamenei está convencido de que la bomba es el mejor instrumento de influencia islámica con el que puede soñar Irán y la gente como Ahmadinejad lo ve como la herramienta necesaria para poder cumplir sus sueños revolucionarios y expansionistas.
Ahora bien, si la CIA tenía razón y en 2003 Irán detuvo temporalmente su programa nuclear por temor a una intervención armada norteamericana, cuyas tropas estaban entrando en Irak victoriosas, ese miedo a lo que puedan imponer ahora los americanos es mucho más bajo, si no inexistente del todo.




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