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  1. #11
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    08 ene, 07
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    Predeterminado Elementos

    El sistema eléctrico español no dista demasiado de cualquier mercado de otro tipo de productos, como pueden ser hortalizas, ordenadores o vehículos. Los protagonistas del mercado son similares, hay alguien que produce un bien y alguien que lo consume. Entre medias hay alguien que lo transporta y alguien que lo distribuye. El sistema eléctrico, sin embargo, tiene ciertas peculiaridades que lo diferencian debido a las características del producto que se vende. Los kWh no son un producto almacenable, no son siquiera un producto perecedero con una duración de unos pocos días. Ha de existir un equilibrio continuo de tal modo que la electricidad que se produce sea la misma que se consume, en todo momento.

    En este artículo trataremos de analizar quiénes son los protagonistas del sistema eléctrico español, recurriendo para ello a la Ley 54/1997 que lo regula. En ella se definen los actores que participan en el mismo y se establecen sus cometidos. Veamos quiénes son.

    Productores: tienen la función de generar energía eléctrica, ya sea para su consumo propio o para terceros, así como la de construir, operar y mantener las centrales de producción. Es decir, son los dueños de las centrales eléctricas, los que producen los kWh.

    La Ley dice: "la producción de energía eléctrica se desarrolla en un régimen de libre competencia en el mercado de producción de energía eléctrica". Esta sentencia es, en sí misma, delirante. ¿Cómo puede una actividad desarrollarse en libre competencia cuando hay otras leyes que nos dicen qué kWh tenemos que comprar, cuándo y a qué precio? ¿Acaso es eso un mercado libre? Tampoco es cierto que exista libre competencia en la instalación de tecnologías de generación de electricidad. El Gobierno, a base de talonario público, manipula las decisiones empresariales porque todos sabemos que es mucho más rentable instalar tecnologías subvencionadas. Todos sabemos que las renovables tienen, por ley, preferencia de despacho y que las centrales de gas funcionan muchas menos horas de las que funcionarían en un mercado libre. ¿Es esto libre competencia? No hablemos ya de si una eléctrica quisiera instalar una nueva central nuclear en España. ¿Qué haría el Gobierno actual entonces? ¿Le otorgaría los permisos? ¿De verdad es esto un mercado libre?

    Operador del mercado: el mercado eléctrico merece un artículo exclusivo y se lo dedicaremos en las próximas semanas. Por el momento traten de imaginarse el mercado mayorista de electricidad como una lonja, donde los distintos productores ofrecen sus kWh a diferentes precios según el origen de los mismos. El operador del mercado es el que gestiona el sistema de ofertas de compra y venta de energía en el mercado diario. Esta gestión recae en una empresa llamada OMEL.

    Operador del sistema: el equilibrio continuo exigido entre producción y consumo de electricidad hace que la producción eléctrica tenga que estar supervisada. El operador del sistema se encarga de garantizar la continuidad y seguridad del suministro eléctrico y la correcta coordinación entre producción y transporte. La operación del sistema recae en Red Eléctrica de España. Merece la pena mencionar que, en un mercado libre, son los precios los que actúan como transmisores de la información. Atendiendo a la demanda de un producto y a la procedencia de esa demanda, un empresario tomará las decisiones que más le convengan. No sucede así en el sistema eléctrico, donde la demanda es instantánea y ha de ser cubierta. Si yo presiono el interruptor de la luz en mi casa, la bombilla se tiene que encender. No hay tiempo para analizar el mercado, no se puede reunir el consejo de administración de una empresa y decidir que va a aumentar la producción porque la demanda ha aumentado en una cierta zona. Es un mercado instantáneo, hay que vigilar la producción en función de la demanda y tener centrales de reserva listas para proporcionar electricidad en caso de que sea necesario. Por eso es imprescindible un operador del sistema. La información de los precios y la demanda es aplicable a largo plazo, pero en el día a día el sistema tiene que ser gestionado.

    Transportista: tiene la función de transportar energía eléctrica, así como construir, mantener y maniobrar las instalaciones de transporte. Las redes de transporte son, en general, aquellas que tienen una tensión superior a 220.000 voltios. Para que nos entendamos, son las líneas de alta tensión. La legislación establece un único transportista, cuya figura recae también en Red Eléctrica de España. Las redes de trasporte constituyen un monopolio natural, por tanto, la legislación establece que cualquiera puede utilizar las redes de transporte pagando un peaje establecido por el Gobierno. El caso sería similar a las líneas de teléfono, que pueden ser utilizadas por cualquier otra empresa de telecomunicaciones previo pago de una tarifa mensual.

    Distribuidores: tienen la función de distribuir energía eléctrica, así como construir, mantener y operar las instalaciones de distribución destinadas a situar la energía en los puntos de consumo. Como norma general, las instalaciones de distribución son aquellas que tienen una tensión inferior a 220.000 voltios y, al igual que en el transporte, esta actividad constituye un monopolio natural. Del mismo modo, por tanto, las instalaciones de distribución pueden ser utilizadas mediante pago de un peaje.

    Comercializadores: son aquellas sociedades mercantiles que, accediendo a las redes de transporte o distribución, adquieren energía para su venta a los consumidores. Son, para entendernos, los que nos venden la electricidad en nuestras casas. Para nosotros son las cabezas visibles del sistema eléctrico, con los que interactuamos.

    Consumidores: son las personas físicas o jurídicas que compran la energía para su propio consumo. Es decir, todos nosotros.

    La mejor forma de comprender el papel que cada uno juega en el sistema eléctrico puede que sea con una analogía. Imagine que yo planto patatas en una huerta de Asturias y usted compra mis patatas en un supermercado de Madrid. Está claro que yo soy el productor y usted es el consumidor, pero ¿qué sucede entre medias? Yo cosecho mis patatas y las llevo a un mercado mayorista de Asturias donde las subasto al mejor postor. Hay una autoridad que vigila la validez de las subastas, sería el operador del mercado, OMEL. Alguien me las compra y se las da a un transportista (Red Eléctrica) que las sube en un camión con destino Madrid. Para ello, el camión tiene derecho a circular por la autopista A-66 (línea de alta tensión), pero tiene que pagar los peajes de la misma. Cuando las patatas llegan a mercamadrid, un distribuidor las compra y las lleva al supermercado de mi barrio. El supermercado sería el comercializador, el vendedor último de las patatas, donde los consumidores finales compran. En esta analogía falta la figura del operador del sistema (Red Eléctrica) que, como hemos mencionado, no tiene demasiado sentido en otros mercados libres.

    Lo más importante es comprender que, en el sistema eléctrico, hay actividades que están reguladas por ser un monopolio natural (transporte y distribución). No tiene sentido que cada empresa que venda electricidad tenga sus propias líneas de alta tensión, al igual que no tiene sentido que cada empresa de transporte por camión tenga sus propias carreteras. Hay otras actividades, en cambio, que están liberalizadas (producción y comercialización), si bien es cierto que la producción está intervenida de facto como mencioné más arriba. En próximos artículos veremos el funcionamiento del mercado eléctrico y cómo surge el déficit de tarifa al tener que repartir un dinero finito entre todos los actores del mercado.

    Manuel Fernández Ordóñez, doctor en física nuclear, en LD.

  2. #12
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    08 ene, 07
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    Predeterminado El mercado eléctrico

    El mercado eléctrico español es, en realidad, un conjunto complejo de varios mercados con características muy diferentes. Así, tenemos mercados a plazo de contratos bilaterales con entrega física, mercados a plazo financieros, las subastas CESUR, el mercado diario o los mercados intradiarios. El bien comerciado en todos ellos es el mismo, los MWh. Sin embargo, la forma de comerciarlos diverge en cada mercado radicando aquí, precisamente, la complejidad que entraña la comprensión del conjunto del mercado eléctrico.

    No es el objeto de este artículo explicar las peculiaridades de todos ellos. Nos centraremos en el funcionamiento y la formación de precios en los mercados mayoristas diarios e intradiarios. En éstos se establecen, mediante un proceso de casación de ofertas, las ventas de energía eléctrica con entrega física para el día siguiente. Es decir, la energía tiene que ser producida y entregada, no es un mercado financiero donde no hay intercambios físicos. Este mercado está gestionado, según recoge la Ley 54/1997, por el operador del mercado, una empresa privada llamada OMEL.

    Tomemos un día cualquiera, nuestro día D, por ejemplo mañana sábado 15 de octubre. El mercado en el cual se venden MWh para entregar el sábado comienza, en realidad, el viernes, el día D-1. Todo aquel productor que quiera vender sus MWh el día D ha de presentar sus ofertas a OMEL antes de las 10:00 de la mañana del día D-1. Hay una particularidad importante, las ofertas que se presentan se hacen hora a hora, el productor tiene que decir: "ofrezco 150 MWh a 40 €/MWh entre las 15:00 y las 16:00 de la tarde". De este modo, aunque todos los MWh son iguales, los precios de cada hora del día serán, por norma general, diferentes. Es, a todas luces, como si hubiera 24 mercados distintos, uno para cada hora.

    Los demandantes de electricidad operan del mismo modo. Presentan sus ofertas de compra a OMEL para cada hora del día siguiente y éste, tras estudiar ofertas, demandas y comprobar las restricciones técnicas que pueda haber, genera las curvas de oferta y demanda. El punto donde ambas se crucen determina el precio del MWh para esa hora del día D. El mercado eléctrico español es marginalista, esto quiere decir que a todos los productores se les paga el mismo precio por su electricidad, independientemente del precio al que ofertaron. El precio que reciben es el de la última oferta casada. Existen otros modelos de mercado, como el "pay-as-bid" donde el productor recibiría el precio que ofertó. La teoría económica, sin embargo, establece que el precio final resultante de ambos mercados sería muy similar.

    Es natural que, desde que se presentaron las ofertas antes de las 10 de la mañana del día D-1, puedan surgir problemas que impidan que un cierto productor cumpla con los compromisos de su oferta. Es posible que su central sufra una avería y no pueda producir, puede haber un problema en la línea de alta tensión que deje una central incomunicada, puede que el viento deje de soplar y un campo eólico no produzca la cantidad que había estimado, etc. Para paliar estos problemas existen los mercados intradiarios. Son seis nuevas subastas que están espaciadas a lo largo del día D (la primera de ellas tiene lugar a las 9 de la noche del día D-1) que sirven para corregir desajustes en las casaciones.

    ¿En qué orden entran los productores al mercado? Primero entran aquellos que ofertan los precios más bajos (de hecho ofertan a 0 €/MWh). Estos productores son los que tienen bajos costes variables en su producción (nucleares e hidráulicas fluyentes) o aquellos que por ley tienen que ofertar a cero (los productores del régimen especial). ¿Por qué ofertan la energía gratis? Porque sus costes de oportunidad son muy bajos y les interesa producir, al precio que sea. Al ser el mercado eléctrico español marginalista, a todos se les pagará un precio que será, casi siempre, mayor que cero. Seguidamente entran aquellas centrales con costes superiores (carbón y ciclos combinados más eficientes). Siguen las centrales aún más costosas (carbón y ciclos combinados menos eficientes). Por último, entrarían las centrales de punta (fuel-oil) o las hidráulicas regulables. Estas últimas compran energía en horas baratas para bombear el agua de nuevo hacia arriba en sus presas para, en el futuro, soltar el agua y producir electricidad en aquellas horas donde los MWh son muy caros.

    En los últimos años se está produciendo un fenómeno interesante en el mercado eléctrico. La alta penetración de energías renovables en el sistema hace que, en ciertas horas del año (pocas, pero hay alguna) toda la demanda eléctrica de España se puede abastecer con las centrales nucleares, hidráulicas y energía eólica. En ese caso, a esas horas, la electricidad es gratis puesto que todos estos productores ofertan a precio cero en el mercado. Los primeros porque sus costes variables son muy bajos, los segundos porque así los obliga la legislación. Este hecho ha sido utilizado por algunos para argumentar que las energías renovables disminuyen el precio de la electricidad, pero no es más que una verdad a medias.

    Es obvio que, al entrar a precio cero, contribuyen a reducir el precio del MWh en el mercado porque expulsan a productores marginales con ofertas a mayor precio. Sin embargo, falta la otra mitad de la historia, y es que estas tecnologías reciben subvenciones que van directamente a engordar el déficit de tarifa. Porque, aunque el régimen especial oferta en el mercado a cero, no sólo se les paga el precio marginal del mercado, sino además una prima que tiene, por si fuera poco, un suelo. En 2010, el precio medio en el mercado fue de 45,7 €/MWh, mientras que el precio que se pagó a la eólica fue de 76,8 €/MWh. Incluso en esas pocas horas del año 2010 en las que el MWh tuvo coste cero, la eólica recibió 77 €/MWh mientras que las nucleares recibían 0 €/MWh... y luego van acusando a otras tecnologías de tener windfall profits.

    De hecho, según esa argumentación, al existir cada año una mayor penetración de renovables del régimen especial en el sistema eléctrico, el precio del MWh en el mercado debería ser cada vez menor, ceteris paribus. Si la producción del régimen especial aumentó un 13% en 2010 con respecto a 2009 ¿por qué el precio del mercado en 2010 fue un 10% más caro que en 2009? Siguiendo su argumentación debería suceder al contrario, el precio debería haber bajado. Este año, con más renovables que nunca, el precio del mercado no ha bajado ningún mes de 55 €/MWh cuando en 2010 estuvo en torno a 45 €/MWh, ¿cómo se explica esto? ¿O cómo se explica que, prácticamente con la misma producción del régimen especial en septiembre del año pasado y de éste, el precio del MWh haya subido un 17%? Y eso sin contar las primas, que no se tienen en cuenta en la formación de precios en el mercado. Tal vez nos estemos perdiendo algo o tal vez, una vez más, entre prima y prima va a resultar que los primos somos nosotros.

    Por Manuel Fernández Ordóñez, doctor en física nuclear. En LD

  3. #13
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    08 ene, 07
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    Predeterminado ¿Volverán las oscuras nucleares...?

    Una de las causas de la penosa situación en la que nos encontramos recae, sin duda, en el profundo relativismo que nos asola. La ausencia de un marco absoluto propicia que cada observador vea las cosas según su propio prisma y carezca, además, de la "fórmula" para poder cambiar de un sistema de referencia a otro (que ya fue dada por Galileo, por cierto). Si a esto unimos una buena dosis de wishful thinking, la receta se convierte en desastrosa. El wishful thinking consiste en comportarse acorde a cómo crees que debería ser el mundo, actúas según tus deseos, pero obvias por completo la realidad que te rodea. Así, si yo creo que la gente debe ser eficiente y ahorrar energía, propondré que los problemas energéticos del mundo pueden arreglarse mediante la eficiencia y el ahorro porque en mi mundo ideal así sería. La realidad es que nadie ahorra y la eficiencia es muy compleja y cara. Pero me da igual, yo lo creo, es mi wishful thinking y actuaré en consecuencia. Esta forma de pensar es especialmente destructora cuando se traslada al ecologismo (que no ecología) radical y se mezcla con su mantra "piensa global, actúa local". Como creen que las renovables son la solución, proponen un mundo 100% renovable y, además, lo "demuestran" con números y estudios. Luego resulta que el mundo va por otro sitio y la culpa es de los malvados humanos ególatras y derrochadores que no se adhieren a la causa común y deben ser reeducados. Eso en el mejor de los casos, porque puede que se encuentre usted con un Malthusiano que le sugiera, directamente, que en la Tierra somos muchos y usted sobra (curiosamente ellos no sobran nunca).

    Tomemos como ejemplo el caso alemán. El ecologismo germano vivía plenamente convencido de que un apagón nuclear podría ser compensando, sin ningún género de duda, con energías renovables. Muchos nos hemos desgañitado, hemos gritado, nos han salido ampollas en los dedos de teclear que eso era rotundamente falso. Que estaban confundiendo deseos y realidad. Se nos quiso convencer, además, de que el cierre de las centrales no aumentaría las importaciones de electricidad ni supondría un aumento en el precio de la misma. Esto, sinceramente, ya dejaba atrás incluso la categoría de wishful thinking para entrar en la de auténtica memez. Al menos, cuando mis hijos me pregunten qué hice yo cuando quisieron cerrar las centrales nucleares podré decir que hice algo, que al menos protesté, aunque fuera ladrarle a la luna.

    Han pasado ya casi ocho meses desde que Alemania cerrara ocho de sus reactores nucleares. ¿La realidad? El precio de la electricidad se ha incrementado y Alemania ha pasado de ser netamente exportadora a netamente importadora de electricidad, especialmente de electricidad nuclear proveniente de Francia. Hasta aquí únicamente problemas económicos, algo que a los del wishful thinking medioambiental les suele traer sin cuidado por tratarse de sucio dinero capitalista. En un escenario de crisis financiera, crisis de deuda y estancamiento en el crecimiento, al resto de la población no nos da igual que se siga destruyendo empleo por la subida en los precios de la electricidad y el desequilibrio en la balanza de pagos.

    Sin embargo, los miembros con más raciocinio en el seno de ciertos movimientos ya se están empezando a dar cuenta del espectacular error de cálculo que han cometido. Algunos representantes verdes ya están comenzando a alzar la voz para denunciar que Alemania incrementará en 25 millones de toneladas sus emisiones de CO2 este año. La realidad es que los reactores que se han desconectado están en la zona más industrializada de Alemania, que deberá construir un número no despreciable de centrales de gas o carbón para compensar el cierre, según el antiguo comisario para el clima de la German Physical Society. ¿De verdad pensaban que lo iban a hacer con renovables? Wishful thinking.

    Se argumenta con asiduidad que las centrales nucleares son un enemigo para el desarrollo de las energías renovables. Las nucleares y las renovables, en realidad, deben caminar juntas para resolver el problema de las emisiones de gases de efecto invernadero. Si el problema real que hay que combatir es el cambio climático, la energía nuclear es una parte muy importante de la solución, indispensable e insustituible, de hecho. Sin embargo, muchas veces parece que el problema no es el cambio climático, sino la energía nuclear, ¿no lo creen?

    Algunos ambientólogos alemanes pensarán "yo no pedía el cierre de las nucleares para esto", "si cerrar las nucleares implica emitir más CO2 cada año, no quiero que se cierren". Demasiado tarde, muchas veces dejarse arrastrar por el wishful thinking de otros es un proceso irreversible. ¿Volverán los verdes alemanes a pedir la reapertura de sus reactores nucleares? Si el problema es el cambio climático, deberían hacerlo. Pero a mí, últimamente, me tienen despistado. ¿No será que les preocupa más su victoria moral histórica contra el átomo que el cambio climático?

    Por Manuel Fernández Ordóñez, doctor en física nuclear. En LD

  4. #14
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    Predeterminado ¿Recortes sociales? Sí, para poner renovables

    El precio final de la electricidad que pagamos los consumidores en España está compuesto por varios tramos: el precio de los kWh, el precio de los peajes por uso de las redes y unos impuestos nada despreciables. En la serie de artículos dedicados al sistema eléctrico que publicamos aquí explicamos que los peajes de acceso están fijados por el Gobierno e incluyen una variedad excelsa de costes, muchos de los cuales son superfluos para el suministro eléctrico, como pueden ser las subvenciones al carbón nacional, la moratoria nuclear o las subvenciones a las energías renovables.

    El problema fundamental es que el Gobierno, al establecer los peajes, no cubre los gastos de todas las partidas que están incluidas en los mismos. De este modo, año tras año, se incurre en un déficit que se obliga a asumir a los productores de electricidad. Al comienzo de cada año, el Gobierno hace unas estimaciones del importe que deben tener los peajes de acceso. Siempre se confunde, siempre los subestima, pero no hace nada para evitarlo porque eso significaría pagar un enorme precio político. Pongamos, como siempre, los datos relevantes en esta discusión. Veamos las predicciones que se hicieron por parte del Gobierno para este año 2011:

    El Gobierno fija unos peajes de acceso que le permitirán recaudar casi 13.000 millones de euros. Con ese dinero tiene que pagar las cuotas con destino específico (el operador del mercado, el operador de la red eléctrica o la moratoria nuclear). Esto le deja unos 11.700 millones de euros netos. Con ese dinero se pagan las subvenciones al régimen especial que el Gobierno ha estimado en 6.000 millones de euros. Esto le dejaría unos 5.700 millones para pagar el resto de cosas que hay que pagar. Sin embargo, el propio Gobierno estima que este resto de cosas le va a costar 9.800 millones de euros, con lo cual aparecen más de 4.100 millones de déficit de tarifa eléctrico.

    La primera cuestión es: ¿por qué el Gobierno tiene la desfachatez de calcular los peajes de acceso de forma incorrecta a propósito? Por motivos electorales. Por "responsabilidad política" decía Montilla (¿se acuerdan de él?) cuando era ministro de Industria. La segunda cuestión es que promulgaron la Ley 14/2010 mediante la cual se establecía un límite al déficit de tarifa en el que se podría incurrir en años posteriores. De este modo, la Ley establecía que en 2011 el déficit de tarifa no podría pasar de 3.000 millones de euros y ellos mismos estiman que va a ser superior a 4.000 (y por supuesto se quedarán cortos por unos miles de millones). Y yo me pregunto ¿no debería al menos cumplir el gobierno las leyes que se inventa? Incumplir una Ley debe ser ilegal (en mi ignorancia jurídica) pero, si a nadie en el Gobierno le va a pasar nada. ¿Por qué debo pagar impuestos para que los tiren por el retrete?

    La Comisión Nacional de la Energía es la encargada de liquidar los peajes de acceso y distribuir las cantidades a quien corresponda. Esto se hace 14 veces al año y, por el momento, la última liquidación pública ha sido la número 8 (es decir, vamos más o menos por la mitad). En esta liquidación ya llevamos un déficit acumulado de casi 3.000 millones y las primas al régimen especial pasan ya de los 5.100 millones, cuando las previsiones para todo el año eran de 6.000. Ya hemos alcanzado el 85% de lo previsto y quedan aún 6 liquidaciones. Eso es hacer bien las previsiones.

    Además, es que ni se molestan en disimular porque si ya en 2010 las primas al régimen especial pasaron de 7.000 millones de euros ¿quién se cree que en 2011, con más energías renovables aún, vayan a bajar hasta los 6.000 millones de euros? Lo lógico es que aumenten, como claramente está pasando. Esto, obviamente, lo saben en el Ministerio y lo sabe el señor Sebastián, pero manipulan los datos a su antojo tratando a los ciudadanos de imbéciles. De hecho, los señores que redactan las liquidaciones de la CNE lo saben de sobra y se curan en salud. Por eso, cuando se refieren a los casi 3.000 millones que llevamos de déficit de tarifa este año, escriben: "No obstante resultan muy poco significativos estos datos ya que, por diversos motivos [...] acontece que, como en el ejercicio 2010, se comienza con un déficit inferior al previsto para sobrepasar el previsto en un 40% a la altura de la liquidación 12, o un 74 % en la 14, dados los últimos cambios normativos." Para que nos entendamos, como este año sigamos con el mismo patrón, el déficit de este año puede sobrepasar la kafkiana cifra de 7.000 millones de euros.

    En definitiva, el Gobierno que nos dejará pasado mañana subió el IVA del 16% al 18% para recaudar 5.000 millones en dos años mientras pagará, en esos dos años, muchos más de 10.000 millones en subvenciones al régimen especial. Ese mismo Gobierno bajó en 2010 el sueldo de los policías, bomberos, personal sanitario y el resto de funcionarios para ahorrarse 4.000 millones de euros mientras que regaló 5.300 millones de nuestros bolsillos a las energías renovables. Congeló las pensiones para ahorrarse 1.500 millones de euros mientras pagó 2.800 millones en subvenciones a la energía solar. Quitó el cheque bebé para ahorrarse otros 1.500 millones de euros mientras pagó 2.000 millones en subvenciones a la energía eólica. En definitiva, los mayores recortes sociales que se recuerdan en democracia para ahorrarse apenas 7.000 millones de euros en dos años, mientras regalará una cantidad muy superior a los productores de energías renovables. Podríamos seguir dando números, pero creo que todos hemos captado el concepto. Nada de esto, absolutamente ninguno de esos recortes, hubiera sido necesario si se hubieran rebajado drásticamente las subvenciones a las energías del régimen especial. ¿Se atreverá el próximo Gobierno resultante del 20-N, sea cual sea, a hacer algo al respecto?

    Manuel Fernández Ordóñez es doctor en física nuclear.
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  5. #15
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    08 ene, 07
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    Predeterminado ¡Ay Virgencita! Qué miedito

    Antes de ayer, la central nuclear valenciana de Cofrentes tuvo que reducir su potencia hasta un 80% debido a la detección de una temperatura anormalmente alta en el edificio de turbinas. Sucedió que una pequeña tubería de vapor en la zona de la turbina se había roto y la liberación de vapor caliente había hecho aumentar la temperatura. Tal y como manda el protocolo, la central nuclear notificó inmediatamente al Consejo de Seguridad Nuclear el suceso acontecido y, tras investigarlo, el CSN dictaminó que se trataba de un suceso Nivel 0 en la escala INES de eventos nucleares. Es decir, el evento más bajo en la escala y que no supone riesgo alguno ni para las personas ni el medioambiente. Muchas veces se pierde la perspectiva de que en una central nuclear, al igual que en cualquier otra instalación industrial, tienen lugar acontecimientos que influyen en el normal funcionamiento de la misma pero que no suponen ningún tipo de riesgo. Todo lo que sucede en una central nuclear no es un accidente nuclear, por mucho que algunos intenten que así lo parezca.

    Obviamente, el suceso ha ocupado las portadas digitales de todos los grandes medios nacionales. ¿Por qué? Por lo de siempre. ¿Pasó algo? No, pero eso a quién le importa. ¿Aparece la palabra nuclear en la noticia? Sí, pues adelante con ella, que vende y asusta. Por supuesto, los miedólogos suelen hacer de estos sucesos su leitmotiv puesto que es a lo único a lo que se pueden agarrar. Y en esta ocasión no iba a ser menos. Después de despotricar acerca de lo insegura y peligrosísima que es la energía nuclear, lo enormemente que afecta a la salud de las personas y la obvia tara mental que debemos sufrir aquellos que la defendemos, ahora nos sorprenden con un nuevo argumento. Resulta que ahora las nucleares deben ser cerradas porque impiden el pleno desarrollo de las energías renovables. Y tan anchos, sin despeinarse.

    Pongamos al lector en antecedentes. La legislación actual ha convertido el sistema eléctrico en una zona recreativa de bares de copas. Hay unos cuantos bares que compiten entre sí por poner las copas más baratas mientras que hay otros que abren sólo un par de días a la semana. Ahora bien, cuando éstos deciden abrir, la Ley obliga al resto de bares a cerrar para que los consumidores únicamente puedan beber las copas que ellos ponen y encima a un precio prefijado que es siempre mayor al de los otros bares que compiten entre sí. La legislación les da a las energías renovables todas las ventajas del mundo. Cuando hay sol o sopla el viento, las tecnologías convencionales deben ser apagadas para que las renovables puedan vender toda su producción. Pero no porque sean competitivas y puedan ofertar un buen precio, sino porque existe una Ley que nos obliga a comprarles toda su electricidad y además, se la pagamos subvencionada a precios muy superiores a los del mercado.

    Es muy importante el concepto de la subvención. Cuando la demanda eléctrica es lo suficientemente baja, debido a las características del mercado, las centrales nucleares regalan su producción, es gratis su electricidad. Cada MWh de molinos, en cambio, se paga a más de 70 € debido a las subvenciones. Y pretenden, ahora, que si hay un exceso de energía eólica apaguemos también las centrales nucleares que producen gratis para entrar ellos a poner el cazo de las subvenciones y que a todos nos cueste más la electricidad. ¿En qué cabeza cabe? Pero el problema es aún peor porque, por razones técnicas, los molinos funcionan únicamente unas 2.000 horas al año, las otras 6.000 horas son sustituidos por centrales de gas. Y ahora el ecologismo pide que se eliminen las nucleares que funcionan 8.000 horas al año sin emitir CO2 puesto que hay unas poquitas horas al año en las que hay que desconectar molinos porque sobran. A ver si nos caemos del guindo: si quitamos las nucleares no van a funcionar más tiempo los molinos, va a aumentar enormemente la producción con gas, el precio de la electricidad y las emisiones. Miren a Alemania y dense un baño de realidad. El ecologismo pidiendo contaminar más ¿alguien entiende algo?

    La nuclear es la energía más fiable, estable y capaz de asegurar el suministro. Como muestra un botón. Hace unos días el reactor 2 de la central nuclear de Ascó paró para recargar combustible. Antes de la parada se batió el record de operación de la central, con 500 días consecutivos acoplada a la red eléctrica. El factor de carga durante esos 500 días fue del 97,3%. Es decir, estuvo produciendo electricidad a plena potencia durante 11.676 horas de las 12.000 posibles. En el 2010, la energía solar de toda España funcionó, en media, 1.600 horas y la eólica 2.200. ¡Y piden que cerremos las centrales que funcionan siempre más de 8.000 horas! Inviertan en I+D, mejoren la tecnología, mejoren sus factores de carga, mejoren sus cifras y, mientras tanto, dejen de pedir que tiremos el dinero, que el país no está para tonterías.

    Manuel Fernández Ordóñez es doctor en física nuclear. En LD

  6. #16
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    Predeterminado Ingeniería financiera para despistados

    España es un país socialdemócrata, con una política económica socialdemócrata y un sistema eléctrico que no iba a ser menos. Entre los ideales socialdemócratas sobresale la redistribución de la riqueza, signifique esto lo que signifique. Y ya sabemos que los políticos se llenan la boca con eufemismos del tipo "cohesión social" o "solidaridad territorial", siempre adaptados a sus intereses particulares en cada momento y lugar. Un ejemplo de este tipo de comportamiento lo constituyen los extracostes de generación eléctrica insulares y extrapeninsulares.

    En Baleares, Canarias, Ceuta y Melilla la generación de electricidad es más cara que en el resto de la Península. Su carácter de insularidad y desconexión física con el resto de España hace que no puedan disfrutar de las tecnologías de generación eléctrica más competitivas, a saber las grandes presas hidroeléctricas y las centrales nucleares. Este hecho, unido a que generan la mayor parte de su electricidad a partir de carbón, gas y fuel-oil origina que su electricidad sea menos competitiva que la nuestra. A modo de ejemplo, Baleares y Canarias produjeron casi el 95% de su electricidad en 2011 a partir de combustibles fósiles mientras que en la Península ese porcentaje se situó en torno al 40%.

    Hace tiempo se decidió que este hecho atentaba contra el principio de igualdad entre los españoles y se decretó que en las islas y en las ciudades autónomas los ciudadanos pagarían por la electricidad lo mismo que el resto de españolitos de la Península. No está este artículo destinado a criticar este aspecto, sino más bien a resaltar el hecho de quién carga con la diferencia. Somos los consumidores de electricidad los que nos repartimos entre todos esa diferencia con cargo al recibo de la luz, concretamente con cargo a los peajes de acceso a las redes eléctricas. Y como ya hemos escrito en innumerables ocasiones, los peajes de acceso no son suficientes para cubrir la totalidad de costes regulados que se deberían pagar, incurriendo año tras año en el archiconocido déficit de tarifa eléctrica.

    El montante de los costes extrapeninsulares supera anualmente los 1.000 millones de euros, yendo directamente a engordar el déficit de tarifa y, sumado a las multimillonarias subvenciones a las energías renovables arrojan valores de déficit que, a día de hoy, superan ampliamente los 20.000 millones de euros. En algún momento alguien pensó que, ya que se trataba de un principio de solidaridad, se financiara con cargo a los Presupuestos Generales del Estado y no con cargo al déficit tarifario que, al fin y al cabo, se obligaba a asumir a unas empresas privadas, las eléctricas.

    Así, la disposición adicional segunda del Real Decreto-Ley 6/2009 estableció que los costes extrapeninsulares se cargaran a los PGE y se hiciera un traspaso gradual hacia ellos. De hecho, en 2009 se traspasaría un 17% de los costes, en 2010 un 34%, en 2011 un 51%, en 2012 un 75% y en el 2013 y adelante un 100% de los mismos. Pero ahora llega al gobierno el Partido Popular, encontrándose con dos puntos más de déficit del "esperado" y, además de la inaceptable subida salvaje de impuestos, tiene que recortar gastos como sea y donde sea. O más bien como sea y donde interese.

    ¿Qué han hecho entonces? Se sacaron de la manga la disposición adicional quinta del Real Decreto-Ley 20/2011 que publicaron en el BOE el 31 de diciembre justo antes de las campanadas. En ella se establece que en 2012, como mucho, se pagarán 256 millones de euros de costes extrapeninsulares con cargo a PGE cuando, en realidad, deberían pagarse más de 1.000 millones de euros. Es decir, han trasladado casi 1.000 millones de euros de los PGE al déficit de tarifa eléctrico, se han quitado casi 1.000 millones de euros de encima que ya no figurarán en ningún lado como déficit del Estado a la hora de hacer las cuentas económicas. Pero no han hecho nada por solucionar el problema, ¡simplemente lo han llamado de otra forma, lo han cambiado de sitio!

    Ya saben, la ingeniería financiera versa sobre marear la perdiz, cambiar el dinero de sitio muchas veces, cambiarlo de nombre y cambiarlo de partida presupuestaria. Si lo hace usted probablemente vaya a la cárcel, si lo hacen ellos se llama "responsabilidad de gobierno" y, además, lo hacen con nuestro dinero. La realidad es que los españoles seguimos debiendo miles de millones de euros en déficit eléctrico, lo llamen como lo llamen y lo pongan donde lo pongan. Que se cocinen las cuentas para hacer el paripé en Bruselas no nos eximirá de pagar los desvaríos legislativos de los que gobernaban antes y, por lo que se ve, de los de ahora también.

    Por Manuel Fernández Ordóñez, doctor en física nuclear. En LD

  7. #17
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    Predeterminado Según informes de la OMS y la ONU

    La radiación de Fukushima no fue nociva para la salud

    Ninguna de las seis muertes entre los trabajadores fue debida a la radiación recibida durante la crisis.

    LD/Agencias 2012-05-24

    Los niveles de radiación a los que fueron expuestos los japoneses, incluidos los habitantes de la prefectura de Fukushima, tras el accidente de la planta nuclear que siguió al terremoto y al tsunami de 2011, fueron menores al límite que se considera nocivo para la salud, según establece un informe elaborado por un grupo internacional de 30 expertos convocados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), informa EFE.

    La Comisión Internacional de la Protección a la Radiación (ICRP) recomienda niveles de radiación por debajo de la banda 20-100 mSv (milisieverts) y los mayores niveles de radiación se encontraron en habitantes de dos de las localidades de la prefectura de Fukushima pero se limitaron a una banda de 10-50 mSv. El sievert mide las dosis de radiación absorbida por la materia viva, y en milisieverts se indican los síntomas en humanos por radiación acumulada durante un año.

    "En la prefectura de Fukushima y en las prefecturas vecinas las dosis efectivas estimadas están por debajo de los niveles de referencia acordados internacionalmente", concluye el informe. El texto señala que las dosis encontradas tanto en las prefecturas cercanas a Fukushima como en el resto de Japón "son bajas". Asimismo, indica que "se puede concluir que las dosis estimadas fuera de Japón causadas por el accidente de la planta de Fukushima están por debajo (y muy por debajo) de los niveles de dosis establecidos por la protección radiológica como 'muy pequeños'".

    Las cifras indican que a excepción de esas dos localidades de la prefectura de Fukushima donde los niveles fueron de 10-50 mSv, en el resto de las localidades se establecieron en 1-10 mSv; en las prefecturas vecinas a la del accidente se situaron entre 0.1-10 mSv; y en el resto de la región entre 0.1-1 mSv. En el resto del mundo los niveles estimados fueron menores a 0.01 mSv y, en general, "bastante menores" a este límite.

    Las personas que absorbieron mayores niveles de radiación lo hicieron a causa de la inhalación y a la exposición tanto a la nube de radiación como al contacto con suelo contaminado. Conforme se alejan de la zona del accidente, las personas fueron expuestas a la radiación a través del consumo de alimentos radiactivos.

    El estudio también analizó los niveles de radiación encontrados en las tiroides de las personas evaluadas y obtuvo conclusiones similares, pero no analizó los niveles de radiación de los trabajadores que trabajaron en ella tras el accidente, algo de lo que se está encargando el Comité Científico de la ONU sobre los Efectos de Radiación Nuclear (UNSCEAR, en sus siglas en inglés).

    No han muerto trabajadores por la radiación
    El estudio preliminar del UNSCEAR presentado el miércoles en Viene concluye que los seis operarios de TEPCO, la empresa gestora de la planta nuclear japonesa de Fukushima, que han fallecido desde el grave accidente ocurrido en marzo de 2011, no han muerto a consecuencia de la radiación recibida. A pesar de la elevada exposición a radiación sufrida por algunos de los trabajadores, "no se han informado sobre efectos clínicamente observables".

    Wolfgang Weiss, presidente de turno del Comité, explicó a la prensa que uno de esos fallecidos tenía leucemia, aunque "se puede excluir que haya tenido algo que ver con la exposición radiológica". Según los datos del UNSCEAR, un total de 20.115 trabajadores estuvieron expuestos a radiaciones en Fukushima, de los cuales sólo ocho recibieron elevadas dosis de radiación. Weiss destacó que las mayores concentraciones de radiación sucedieron en los primeros días tras el accidente, cuando un número muy reducido de trabajadores estaban en la planta.

    Por otra parte, Weiss calificó como "destacables" las medidas de contención llevadas a cabo por las autoridades japoneses, incluidas las evacuaciones a gran escala y el corte de suministro de leche para niños. Gracias a esas medidas, la exposición radiológica de la población local "fue muy moderada", aseveró el presidente del UNSCEAR, quien destacó en todo momento el carácter preliminar de los datos presentados. El organismo tiene previsto presentar un informe más exhaustivo dentro de un año.

  8. #18
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    Predeterminado El carbón español: malo, caro y de difícil extracción

    Las minas de carbón asturianas nos han quitado mucho más de lo que nos han dado; tal vez sea el momento de cerrarlas y dejar que Asturias aprenda a olvidarlas para siempre.


    La minería del carbón asturiana tiene dos siglos y medio de vida. Es algo muy reciente, el último recurso natural que los españoles hemos extraído de un modo masivo en nuestro país. Empezó a mediados del siglo XVIII alentado por el empeño de la Armada, que vio en el carbón nacional una materia prima idónea y accesible para fundir piezas de artillería en el arsenal de El Ferrol. Desde entonces, las cuencas interiores del Principado y el negro elemento han ido de la mano escribiendo juntas una parte importantísima de la historia económica de la España contemporánea.

    Pero, pese a todo, el carbón asturiano ha sido durante toda su historia antieconómico, conflictivo y extraordinariamente costoso en vidas humanas. A excepción de los años de la Primera Guerra Mundial, cuando la competencia inglesa se desvaneció, las minas asturianas siempre han dependido de ventajosos aranceles o de subsidios directos. A mediados del siglo XIX, en plena Revolución industrial, el carbón inglés costaba menos de la mitad que el extraído en Asturias. Esto era así porque la industria inglesa estaba mejor capitalizada que la española y, además, su carbón era de mejor calidad y necesitaba menos proceso tras la extracción.

    Los sucesivos Gobiernos españoles, obsesionados con la vieja e ineficiente idea mercantilista de evitar las importaciones, pusieron todo tipo de trabas al carbón inglés hasta hacerlo prohibitivo para la industria nacional. Dado que el carbón es un tipo de energía primaria, eso repercutió en la competitividad de nuestra propia industria, que nunca, hasta fechas muy recientes, estuvo en condiciones de medirse con los competidores extranjeros ni, mucho menos, de expandirse por el mundo. De este modo, el coste de comprar obligatoriamente carbón asturiano fue inmenso para las empresas españolas durante los años centrales de la segunda Revolución industrial.

    Con dinamita de por medio

    A cambio se mantuvieron empleos, generalmente de bajísima calidad, en las cuencas asturianas. Un flaco consuelo que, en el largo plazo, no ha servido para nada y, en el corto, ha costado la vida a miles de mineros sepultados en infinidad de accidentes dentro de los pozos. Porque nuestro carbón, aparte de malo y caro, es de difícil extracción. Durante los años dorados de la minería asturiana, los de la autarquía franquista, hubo que lamentar la muerte de 1.750 mineros o, lo que es lo mismo, un muerto por cada 300.000 toneladas de mineral arrancado a la tierra.

    La minería asturiana ha sido, por si todo lo anterior no fuese suficiente, un foco permanente de inestabilidad social desde hace más de un siglo. La primera gran huelga minera data de 1873 y en 1890 se produjo la primera huelga general en las cuencas. Las pésimas condiciones de vida de un trabajo que ya de por sí era penoso ocasionaron que el socialismo revolucionario arraigase con fuerza en aquella región. Solo en 1934 se convocaron seis huelgas generales y treinta huelgas locales, a las que les sucedió la gran insurrección armada de octubre de aquel año, preludio de la Guerra Civil.

    Hoy el carbón asturiano tiene un aporte minúsculo sobre la economía nacional. Las operadoras eléctricas están obligadas a comprarlo para generar electricidad en centrales térmicas muy contaminantes. Mineros quedan muy pocos, unos siete mil frente a los treinta mil que llegó a haber en sus mejores tiempos, pero viven al margen del mercado. El sector no vive de ofrecer a la sociedad un producto que esta demanda, sino de subvenciones directas inyectadas en empresas públicas y dirigidas a mantener empleos blindados por decisión política.

    El trabajo en la mina sigue siendo duro, aunque ahora está bien pagado y los mineros gozan de gran número de privilegios laborales desconocidos para otros españoles. Aunque se jubilan pronto, su salud queda devastada después de vidas laborales cortísimas, que los condenan a vivir de pensiones estatales y de la siempre voluble dadivosidad de los políticos. Nadie gana en este negocio, a excepción de los sindicalistas profesionales, que hacen su agosto a costa de jugosos subsidios sin que tengan necesidad de picar una sola veta de carbón en toda su vida.

    Los consumidores pagan la electricidad más cara, la población de las cuencas ve cómo su futuro queda atado generación tras generación a una actividad sucia y nada rentable, y el Estado vive permanentemente enfangado en una industria improductiva que sale por un pico y que termina siempre con dinamita de por medio. Quizá haya llegado la hora de poner punto final a una minas que nunca deberían haber existido.

    Fernando Díaz Villanueva, en La Gaceta.es
    * Instituto Juan de Mariana

  9. #19
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    Predeterminado Verde subvención

    Parece que al PP le gusta el azul turquesa y al PSOE el rojo bermellón. Mentira. Lo que les chifla a los dos es el verde subvención. Se pelean como verduleras en el Congreso de los Diputados, pero luego resulta que nos los encontramos a todos en los consejos de administración de las grandes empresas que viven del dinero público. Y sólo nos enteramos cuando se produce algún conflicto en el que naturalmente no se trata de que uno quiera suprimir la subvención y otro mantenerla, sino de qué amigo de quién va a salir más beneficiado. Naturalmente, la bronca, cuando la hay, es entre miembros del mismo partido.

    Y esto es lo que está pasando estos días. Mientras suben el IRPF y el IVA y otros impuestos, cuando le quitan la paga de Navidad a los funcionarios y reducen la ayuda a la dependencia, porque como muy bien dice Montoro "no hay dinero, señoría", se pelean en la plaza pública por ver qué empresas, de las dedicadas a las renovables, van a seguir forrándose y cuáles se van a forrar un poco menos. Y cómo con nuestros impuestos, a pesar de lo brutales que son, ya no pueden subvencionarlas, se les ocurre gravar la electricidad barata, la nuclear y la hidráulica, para que nos salga tan cara como la verde subvencionada. O sea, que las empresas dedicadas a las renovables seguirán recibiendo las subvenciones, lo que pasa es que unas más que otras, y el dinero ya no saldrá de nuestros impuestos sino de los que tengan que pagar las empresas que producen energía barata y que repercutirán en los consumidores. Total, que seguiremos siendo nosotros quienes paguemos las subvenciones a las renovables. Lo que pasa es que antes lo hacíamos con nuestros impuestos y ahora lo haremos además de nuestros impuestos. Una delicia.

    Pero lo mejor es cuando se leen los nombres de los consejeros de las protegidas de Montoro, Abengoa y sus filiales. Poco antes de que ganara el PP las elecciones, echaron a Carlos Sebastián, hermano de Miguel, ministro de Industria y responsable de las ayudas a las renovables, y ficharon a Ricardo Martínez Rico, que fue secretario de Estado de Hacienda en la época de Aznar y que tenía un chiringuito con Montoro, quien, una vez elevado al Ministerio de Hacienda, puso de jefe de su gabinete al hermano de ese Martínez Rico de Abengoa. Luego, salen los nombres de los socialistas José Borrell, Rafael Escuredo, Luis Solana y Cándido Vázquez-Gaztelu, y de los populares aparecen, además de Martínez Rico, Javier Rúperez y Ramón de Miguel. Para completar el cuadro, un primo del rey, Carlos de Borbón Dos Sicilias y un ex secretario general de la Casa Real, Alberto Aza y su hijo, Alberto Aza Custodio. Todos ellos, como saben, expertos en energías renovables (y en las subvenciones de las que disfrutan). Nucleares no, gracias; preferimos darles nuestro dinero a estos señores.

    Emilio Campmany, en LD

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