Sueño en una nación llamada España donde los ciudadanos sean conscientes de que el estado del bienestar tiene un coste, que no está tejido por derechos conquistados – ¿conquistados?, ¿por quién?– y que, por eso, exige una acentuada sensatez a la hora de gastar.

Sueño en una nación llamada España donde la educación no sea un mero vehículo de transmisión de ideologías religiosas o políticas sino un camino para promocionar a los mejores a fin de que ocupen los cargos que en justicia les corresponden para el bien de todos.

Sueño en una nación llamada España donde nadie se vea discriminado, ni positiva ni negativamente, en razón de su raza, sexo, religión, ideología o posición social.

Sueño en una nación llamada España donde asumamos con orgullo nuestro pasado y, a la vez, nos comprometamos a no regresar ni intentar justificar episodios bochornosos como la expulsión de los judíos, el exterminio de los protestantes, la Santa Inquisición, el anticlericalismo, las checas o los fusilamientos de unos o de otros.

Sueño en una nación llamada España donde el localismo no constituya jamás la excusa de los bribones y de los holgazanes para no avanzar, para no asumir los sacrificios comunes y para no unirse a un proyecto nacional de todos.

Sueño en una nación llamada España donde nadie se vea impedido para ocupar un puesto salvo por sus propios méritos, pero no por su raza, su religión, su sexo o su posición social.

Sueño en una nación llamada España donde pueda haber monarquía o república, pero, en cualquiera de los casos, lo importante sean la libertad, la justicia y el amor a la patria por encima de la forma de estado.

Sueño en una nación llamada España donde el asistencialismo deje de tener lugar simplemente porque ningún español quiera ni deba vivir de la caridad o de la subvención sino del honrado trabajo.

Sueño en una nación llamada España donde el criminal no escape al castigo por agua bendita o carnet.

Sueño en una nación llamada España donde la vida humana sea valorada en su justa medida y no puedan darse casos como el de los secuestradores, violadores, torturadores y asesinos de Sandro Palo.

Sueño en una nación donde el pasado –tantas veces trágico, siniestro y aciago– no determine el presente ni el futuro salvo para intentar mejorarlo y

Sueño, finalmente, en una nación llamada España donde las diferencias deriven de que somos mejores y no de que no hemos logrado superar los gravísimos errores y pecados de nuestra Historia.

César Vidal, en LD