Resultados 1 al 4 de 4
  1. #1
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    07 abr, 10
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    Predeterminado Responsable de atentado en Noruega, un simpatizante de la extrema "derecha"

    Lo vi en la mañana (23/07/2011) en las noticias, las autoridades Noruegas (Partido laborista) señalan al responsable de los atentados que cobrarón 92 muertos, ellas mencionan incidiosamente que el sujeto era un "ultra-derechista", lo mismo mencionó Hilary Clinton (Partido Democráta) en un comunicado para manifestar su pesar por el suceso. Lo cual evidencia una maniobra de desacreditación para los grupos de derecha, que estan en este momento frenando las intenciones intervencionistas de diversos gobiernos, como el caso de EU.



    Pero veamos a que se refieren ellos cuando hablan de un Ultra-Derechista o Derecha extrema.

    Primero, cristiano, racista, porque un derechista tiene que ser a fuerzas un creyente, Alguien dogmatico y cerrado, intolerante a lo que izquierdistas denominan "multiculturalismo", (que quiere decir realmente subsidiar a grupos minoritarios con valores diferentes a la cultura occidental).

    Segundo, a favor del libre mercado, pero no por los beneficios que trae el libre intercambio entre las personas, sino porque según los izquierdistas, así los capitales pueden acceder a mano de obra pobre a la cual pueden explotar y dejar sin poder a los sindicatos de sus propios países, logrando así apoderarse de toda la riqueza.



    Esta concepción es muy estupida, y hasta es contradictoria.

    Si supuestamente los derechistas son racistas, cristianos fundamentalistas, de mentalidad cerrada, ¿por qué iban a querer venderle y comprarle a personas de otros países como lo supone el libre mercado? Como que algo no cuadra.

    El sujeto que cometió el atentado se decía de derecha, eso es comprobable, pero el era de aquella "derecha" pinceleada en la mente izquierdista, Un neonazi, cristiano, mason... el monstruo perfecto.

    Datos de Su vida deja ver contradiciones muy importantes, que incluso pueden perjudicar la imagen de quienes son de izquierda. Pero eso no impide a los políticos graznar que "eso se puede esperar de los ultra derechistas, ignoremos por nuestro bien a los tea parties y demás grupos fanaticos que quieren acabar con aquellos que defendemos la justicia".



    Hay que dejar en claro que la derecha como pensamiento político-económico propone el libre acuerdo entre las personas, sin un gobierno dictando como debemos comportarnos, simplemente castigando a aquellos que usan la fuerza y el fraude para obtener lo que desean. Por ello, la verdadera derecha se opone a iniciar la fuerza, y propone la integración global que se puede lograr gracias al comercio.

    Se que Milton Friedman tiene sus bemoles, pero este vídeo es claro explicando los resultados de seguir estos principios.


  2. #2
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    08 ene, 07
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    Predeterminado Asesinato masivo en Noruega

    Criminal y enloquecida confusión de ideas

    Leo en el titular de un editorial que "ni las ideas que guiaron al asesino de Oslo pueden ser criminalizadas". Hombre, hay "ideas" que no es que puedan, es que deben ser criminalizadas. Ideas, por ejemplo, como la de que la masacre de Oslo puede ser "atroz pero necesaria" para evitar un supuesto "genocidio cultural contra los pueblos indígenas de Europa" es una idea, no sólo absurda, sino que incita y justifica claramente la violencia y que, por tanto, puede y debe ser "criminalizada". ¿Cómo no van a poder ser criminalizadas unas ideas si guían al que las tiene al crimen?

    Cosa muy distinta es criminalizar injustamente otras ideas haciéndolas responsables de haber "guiado" al asesino a la hora de perpetrar su matanza, como algunos medios de comunicación pretenden con el cristianismo o con la oposición al multiculturalismo, al marxismo o al islam. Pero lo cierto es que no fueron estas ideas, sino la delirante, falsa y criminal interpretación que este psicópata hacia de ellas la que le ha llevado a justificar una matanza tan profundamente anticristiana como similar a las que practicaban los regímenes marxistas o las células yihadistas.

    Perdone usted la obviedad, pero el asesino de Oslo tenía de cristiano lo que tenía de marine o de templario. Cristianas han sido la mayoría de sus víctimas, que ciertamente no han sido asesinadas por serlo, pero menos aun porque su asesino lo fuera.

    Asimismo, considerar que el marxismo es una ideología política que cercena la libertad individual, empobrece a las personas e incita a la violencia es una idea que a nadie "guía" ni lleva a perpetrar crimen alguno. Como tampoco considerar que hay pasajes del Corán e interpretaciones del islam que predican la violencia contra el infiel, contra la mujer o contra el homosexual. Análogamente, considerar que el multiculturalismo es un foco de agresión a las libertades individuales, una yuxtaposición de sociedades cerradas que impide el mestizaje, la integración y el pluralismo, así como la pacífica convivencia de personas de distintas razas y creencias religiosas, nada tiene de inducción al crimen, sino todo lo contrario.

    Las ideas tienen consecuencias, para bien y para mal, pero relacionar, en definitiva, el cristianismo, la visión crítica del islam, del multiculturalismo y del marxismo con esta matanza es tan disparatado como relacionarlo con Stuart Mill, Orwell, Kafka o Winston Churchill por el hecho de que este psicópata asesino se declara seguidor de ellos. Este asesino sólo se mostró "seguidor" de su locura, esa fue su única "guía".

    Guillermo Dupuy, en LD

  3. #3
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    08 ene, 07
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    Predeterminado El ideólogo noruego

    Si lo he entendido bien, lo que suele hacer un xenófobo antimusulmán peligroso, después de verter en internet su odio inextinguible por esos oscuros tíos de la barba y arreglar el mundo en 140 caracteres, es irse, coherentemente, a un limpio campamento de niños noruegos de ojos azules, rubios, blancos, arios y protestantes, casi el sueño dorado de las juventudes hitlerianas, a matar al que le pille por delante y acabar allí con la amenaza islámica mundial. ¿No? Pues qué fanático antimusulmán y "antimulticulti" más raro.

    Pero es lo que argumentan ahora nuestros de progres del zumbado que ha asesinado a 78 hombres, mujeres y niños en un país donde dicen que nunca pasa nada y cuya policía se defiende golpeando a los malos con el palito del algodón de azúcar. De aplicar esa misma lógica progre del "fanatismo intolerante" o de la "violencia política" –causas inequívocas del suceso escandinavo según la bienpensancia socialdemócrata y la hoja de ruta de Rubalcaba– a lo que hicieron aquellos violentos cierto 11 de Septiembre en Nueva York, resulta que aquellos en lugar de estrellar los aviones contra las Torres Gemelas, símbolo de la impiedad occidental, los hubiesen dirigido más bien contra un par de "madrassas" para librar a los hijos de Alá de la vergüenza de vivir en un mundo tan degenerado. Pero los fanáticos intolerantes lo que hacen es asesinar al objeto de su intolerancia. Al revés que la simple carne de frenopático.

    No se ha dado el caso de que ningún fanático asesine a aquellos que pretende defender de una presunta amenaza, sino que, obviamente, asesina a los que representan a su (falta de) juicio esa amenaza. Pero sí se han dado muchos simples perturbados que matan a su congregación de fieles para librarles de los sinsabores de la realidad, como aquel Reverendo Jones en la Guyana, o que matan a civiles norteamericanos para protestar contra las restricciones a la libre sociedad civil norteamericana por parte del Gobierno (aquel McVeigh, tan zumbadillo que pensó que si ponía una bomba a un edificio de Oklahoma "por el bien común de los americanos" se produciría una revuelta popular contra Washington), o, más modestamente, que masacran a toda su familia para que no sufran (ya lo decía Woody Allen: "yo me suicidaría, pero, para no causar dolor a mis seres queridos, tendría que matar primero a mi padre, a mi madre, al resto de mi familia... en fin, que sería una escabechina"). El fanático quiere acabar con lo que no le gusta en el mundo. El loco pretende sencillamente terminar con el mundo, incorporando con especial dedicación a aquellos a los que supuestamente ha venido a salvar. Lo que ha pasado exactamente en Noruega.

    Pero como estamos en vísperas de elecciones, nos tratan de colocar al tal Breivik como el clásico ideólogo de derechas que, como todos aquellos que pretenden llevar a cabo una "revolución conservadora" en Europa, empieza por matar a todo el mundo, que es lo normal en la gente de orden. Están a un cuarto de hora de asegurar que si los votantes de Rajoy no hacen lo mismo es porque no los invitan a pasar unas jornadas en campamentos de verano de alguna isla noruega.

    José Antonio Martínez Abarca, en LD
    abarca@libertaddigital.tv

  4. #4
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    08 ene, 07
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    Predeterminado Y líbranos del ideal

    La masacre de Noruega es próvida en lecciones. Reitera para empezar que matan las personas, no las ideas ni las armas. Que quien asesina no tiene exculpación viable, ni de cariz ideológico (nacionalismo, cristianismo, islamofobia; o, con comparable frecuencia, marxismo, antisemitismo o revolución popular) ni de patología individual (marginalidad, delirio, una infancia infeliz). Y que las víctimas jamás merecen que les arranquen la vida, a diferencia de sus altaneros verdugos. Siendo de una vileza insuperable, que encaja bien con Rubalcaba o Setién, compadecerse más o menos de la suerte de aquéllos en función de una clasificación identitaria. Como destaca la inmundicia moral que brota de la boca de Tomás Gómez, al emparentar las actuaciones políticas de Esperanza Aguirre con la conducta del infame Breivik.

    Igualmente ilustra que la extrapolación del crimen a las afiliaciones del perpetrador (la masonería de mandil almidonado, Kant, el rechazo del multiculturalismo) constituye un grosero desafuero. Y que el repugnante buenismo de moda, cifrado en casos como éste o el de la animalidad etarra en la deferencia del sistema penal respecto a los más horrendos delitos, supone escupir con impiedad sobre las víctimas y humillar a sus deudos. Como apesta la cínica inversión de valores típica del progresismo cañí, consistente en suavizar el castigo del mal y encogerse de hombros ante las fechorías más siniestras (asesinar, saquear los fondos públicos a gran escala, instrumentalizar la administración de justicia o politizar el monopolio estatal de la violencia), para extremar el ardor punitivo y la denuncia mediática contra meras fruslerías. Cuando no se opta por perseguir sañudamente a inocentes como Marta Domínguez, por osar no aplaudir al PSOE, para demostrar quién manda y puede retorcer la realidad a placer.

    También nos ayuda a corroborar, según tópico veraz, que los extremos se abrazan. Que la extrema derecha, históricamente una reacción defensiva y vengadora ante la extrema izquierda, coincide con el fundamentalismo religioso y el laicismo estalinista en una única estructura profunda, consistente en determinado idealismo radical. Solipsismo intelectual y ético que sólo puede combatirse, ya no mediante el liberalismo democrático y el sabio escepticismo, con desideologizado injerto en una educación emancipadora y abierta que rehúya la indoctrinación, el sectarismo y los cordones sanitarios a los que son tan adictos los secuaces de la ceja (quienes ni nacieron con Zetapé ni se extinguirán con él), sino especialmente con la celosa intervención de jueces, fiscales y policías limpios e independientes, sometidos a la transparencia, el control y la rendición de cuentas, que no operen al albur del cacique de turno. Sobre todo si, como acaece a menudo entre nosotros, dichos gobernantes confunden el honor de servir al bien común con una patente de corso para el abuso, la prevaricación y el engaño.

    Finalmente viene a recordarnos que la maldad es esencialmente transversal, un virus contingente y harto humano, y que cualquier maniqueísmo equivale a un fomento insidioso del odio y de la falsedad. Que el guerracivilismo de la "memoria histórica", por ejemplo, es un obvio aliado de la mentira, el resentimiento y la intolerancia. Que la propaganda manipuladora y la deshonestidad frentista de Zetapé y sus amigotes no tiene nada que envidiar a la de los demás fanatismos, escúdense en los supuestos planes de humanitarismo redentor en los que se escuden. Otra burla grotesca. Porque su higienismo tarado implica la principal suciedad, al ser acicate de la insania, alimento de la estupidez y justificación de la crueldad.

    Por Bernd Dietz, catedrático de Filología Inglesa y escritor. En LD

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