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Vista Híbrida

  1. #1
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    13 may, 11
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    Predeterminado La CE reclamará a España más recortes para 2012

    La Comisión Europea (CE) pedirá este martes a España una serie de medidas de ajuste económico, entre ellas la negociación colectiva que el Gobierno español aprobará el viernes, según destacó este lunes el ministro de Trabajo, Valeriano Gómez. Asimismo, y según una información de la agencia Europa Press, Bruselas reclamará al Gobierno que adopte más recortes y medidas de ajuste en los presupuestos de 2012, una iniciativa que tiene como objetivo garantizar el cumplimiento del objetivo de reducción de déficit, para así distanciarse más de Grecia, Irlanda y Portugal, los tres países de la Eurozona que han necesitado un rescate financiero.

    Toda esta información detallada lo puede ver en Eurozona

  2. #2
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    08 ene, 07
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    Predeterminado Pacto del Euro

    El despropósito económico de los indignados

    Por Juan Ramón Rallo, en LD

    Se quejan los indignados de que nos quedemos en las malas formas de la Marcha sobre Madrid y desatendamos su fondo; a saber, su conocida oposición a eso que han venido a llamar el Pacto del Euro, trasunto de aquel universalmente vituperado –algunas veces con razón– Consenso de Washington. Es lógico: cuando tomas las principales ciudades de un país y asaltas sus parlamentos, lo normal es que el foco de atención se mueva ligeramente. Pero bueno, atendamos su petición y fijémonos en lo que juran que es la sustancia de su movimiento.

    No seré yo quien defienda el Pacto del Euro, más que nada porque eso de que los contribuyentes alemanes y franceses sigan recapitalizando a su banca tratando de evitar que los manirrotos Estados periféricos quiebren, no me parece ni moral ni económicamente acertado. La solución de verdad pasaría, por un lado, por una desamortización de todos los bienes que todavía acaparan esos Estados manirrotos para reducir drásticamente su endeudamiento (ahí está el caso de Grecia, que acumula activos por valor de 300.000 millones de euros, para una deuda de 350.000) y, por otro, por una reducción enérgica de su presupuesto con tal de eliminar su déficit.

    Pero los indignados, que de querer –eso decían para quien quiso creerlos– regenerar la democracia española han pasado a pretender rediseñar los balances de todos los Estados y bancos del planeta, no proponen nada de todo esto; al contrario, el programa económico de Democracia Real YA se reduce a exigirle a Europa que nos sigan dando el dinero de sus contribuyentes a fondo perdido con tal de que la fiesta no se acabe. Que no otra cosa es su rechazo al Pacto del Euro: "denos dinero pero no nos exijan ningún compromiso verosímil para que se lo devolvamos". Ni reducciones de gasto ni liberalización de la economía. Nada. Las cosas deben quedarse como están, y si a Zapatero se le ha acabado el dinero, que apoquinen Merkel y Sarkozy (es decir, los sufridos contribuyentes teutones y galos).

    Porque si no aceptan ni recortes en el gasto público, ni aumentos de ciertos impuestos como el IVA o Sociedades (en esto, vaya, sí coincidimos), ni una reforma del mercado laboral que se cargue los convenios colectivos para permitir que vuelvan a surgir oportunidades de negocio, ¿cómo pretenden que salgamos de ésta? Sí, de ésta, porque por si alguien no se ha dado cuenta, estamos al borde de la suspensión de pagos.

    Recapitulo por si hay algún despistado indignado: los países periféricos, Grecia y España entre ellos, tienen un déficit público de alrededor del 10% del PIB. Eso significa que los impuestos que abonan sus ciudadanos no dan para cubrir los desproporcionados gastos de sus Estados niñera y metomentodo. De ahí que sean los ahorradores extranjeros –esos especuladores canallas que tan poco les gustan– los que nos estén prestado su dinero para que sigamos gastando por encima de nuestras posibilidades. Pero ojo, si nos lo prestan es para que se lo devolvamos algún día –normal, ¿no?–, y para devolvérselo tenemos que abandonar el déficit y amasar un cierto superávit. Mas, ¿cómo generar un superávit si, siguiendo las propuestas de los indignados, el Estado no puede ni reducir gastos, ni aumentar impuestos ni liberalizar la economía?

    Mal asunto, sin duda. Entre otras cosas porque si los ahorradores internacionales se convencen de que no vamos a poder pagarles –idea a la que los indignados están contribuyendo notablemente–, dejarán de prestarnos ese 10% del PIB que actualmente nos están prestando. ¿Y qué significaría eso? Pues que ya podemos olvidarnos de tímidos y progresivos ajustes en el gasto público: de golpe y porrazo, habrá que meterle un tajo del 25% a nuestro gasto público (que a eso equivale el 10% del PIB que se nos está prestando). ¿Se lo imaginan? Pues eso es lo que conseguiremos haciéndoles caso a los indignados.

    Y es que, al cabo, puestos a indignarse, ¿no sería más razonable hacerlo contra los políticos y el sistema económico –Estados enormes, un muy intervenido sistema financiero y relaciones laborales tomadas por los sindicatos– que nos han abocado a esta desesperada situación? Parece que no: lo que les indigna no es que hayamos malvivido una década de prestado, sino que ahora toque darnos un baño de realismo y comenzar a pagar nuestras deudas.

    Juan Ramón Rallo es doctor en Economía, jefe de opinión de Libertad Digital y profesor en el centro de estudios Isead. Puede seguirlo en Twitter o en su página web personal. Su último libro es Crónicas de la Gran Recesión (2007-2009).

  3. #3
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    08 ene, 07
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    Predeterminado Las señales que no deberían ignorarse

    En las pasadas semanas la economía española ha mostrado un claro empeoramiento respecto al primer trimestre del año, como ha reconocido el Banco de España y probablemente confirmará el Instituto Nacional de Estadística la próxima semana. Ese empeoramiento, muy apreciable en las magnitudes de la demanda interior, se ha compensado en parte por la aportación neta de la demanda exterior, derivada de un apreciable aumento del turismo y de la moderación de las importaciones. A ello hay que unir que la producción industrial ha experimentado un notable descenso a finales del segundo trimestre, que la venta de viviendas ha continuado disminuyendo, que el número de deudores concursales aumentó bastante en este periodo y que, aun cuando el Estado ha mejorado su comportamiento respecto al déficit público, falta por conocer lo que de verdad está ocurriendo en comunidades autónomas y corporaciones locales, donde las noticias respecto a gastos no contabilizados arrojan dudas sobre el nivel efectivo del déficit público.

    Por eso, entre otras razones, los mercados de capital han estado enviando en las últimas semanas señales inequívocas de alerta a través de una fuerte caída de las cotizaciones de los bonos españoles frente a los alemanes que, como es conocido, son los activos que se toman como referencia. En definitiva, esos mercados han estado evaluando al alza nuestra prima de riesgo, que es un indicador de la posibilidad de que no podamos atender en el futuro los compromisos respecto a nuestra deuda pública, llegando a elevar esa prima muy por encima de los 400 puntos básicos respecto al interés de los bonos alemanes y situando su tipo efectivo por encima del 6%.

    Sin duda en este comportamiento de los mercados respecto a nuestra deuda pública, igual que respecto a la italiana o a la de otros países, existen componentes especulativos. Pero tan innegable circunstancia no debería llevarnos a pensar que esos mercados se mueven solo por intereses y procedimientos espurios, haciéndonos olvidar que la especulación suele tener éxito cuando se enfrenta a situaciones de debilidad sustancial y, por el contrario, fracasa estrepitosamente, con altos costes para los especuladores, cuando las bases reales de las economías afectadas son firmes y estables. Algunos añaden también la sospecha, hasta ahora nunca probada, de comportamientos estratégicos en las agencias de rating, pero sin esas agencias los inversores perderían una valiosísima guía para sus inversiones. Por eso quizá solo quepa propugnar aquí un aumento de su número que evite las tentaciones del oligopolio.

    En estas últimas semanas los mercados nos advertían con bastante claridad de que, si no reducíamos el actual déficit público, en poco tiempo alcanzaríamos un volumen de deuda próximo al de nuestro PIB, poniendo en graves dificultades el crecimiento de nuestra producción. También nos advertían de que la reducción de nuestro déficit público solo podía acometerse, sin poner en mayor riesgo el crecimiento de la producción, cargando la acción sobre los gastos públicos más que sobre los ingresos. Desde luego, estaban señalando que nuestra estructura administrativa territorial dificultaba mucho las actuaciones del Estado y hacía misión casi imposible lograr una reducción drástica del déficit público. Nos advertían igualmente que nuestro sistema financiero se volcaba cada día más en la financiación de la deuda pública española absorbiendo así una parte sustancial de los recursos que deberían nutrir la actividad productiva privada. Además, nos señalaban desde hace ya tiempo que la actual estructura de nuestra producción tenía escasa capacidad de creación de empleo y que esa estructura no podía cambiarse de un día a otro y sin que, además, pusiéramos en marcha reformas profundas de nuestras relaciones laborales, garantizásemos suministros más baratos y abundantes de energía, mejorásemos sustancialmente la formación y motivaciones de nuestra fuerza de trabajo, rompiésemos las barreras que cada día separan más a nuestros mercados interiores y mejorásemos la eficiencia de nuestro sistema tributario, evitando sus muchas distorsiones sobre precios y rendimientos. Y, para colmo, se daban cuenta de que no íbamos a hacer nada de eso hasta el próximo año y tan solo en el caso de que lográsemos elegir un Gobierno auténticamente nuevo y parlamentariamente mayoritario.

    Por eso, descontando los factores especulativos, presentes siempre en todos los mercados, deberíamos tomar buena nota de lo que señalaban de hecho nuestras elevadas primas de riesgo porque, lamentable o afortunadamente, no podemos vivir de espaldas a los mercados internacionales de capital. No podemos prescindir de ellos porque tenemos una economía que no genera el ahorro suficiente para financiarse en solitario, ni quizá fuese bueno que se autofinanciase ahora si eso nos condujese a una tasa mezquina de formación de capital debido a nuestras reducidas capacidades de ahorro. Sin olvidar mucha prudencia en el endeudamiento externo, necesitaremos todavía del ahorro de fuera por algún tiempo si aspiramos a elevadas tasas de inversión productiva -no en construcción residencial, como en el pasado- que generen un cambio importante en la estructura de nuestra producción y nos garanticen crecimientos futuros. Pero, además y de modo afortunado, depender en medida prudente de los mercados exteriores nos integra más y mejor en el complejo mundo global que va creciendo aceleradamente a nuestro alrededor y nos garantiza, sobre todo, la existencia de una vigilancia y de una supervisión de nuestra política económica más rápida, directa y eficiente que la que hoy ofrecen las instituciones políticas nacionales o comunitarias, incapaces hasta ahora de articular las medidas que se necesitarían para superar la crisis en un plazo razonable.

    De ahí que en este contexto, propio de economías abiertas e integradas, no deje de causar desazón que el Banco Central Europeo se haya lanzado a empapelar sus paredes con títulos de deuda pública de los estados sobre los que, en las pasadas semanas, recaía con mayor intensidad el escrutinio de los mercados. Aparte de que existen muchas dudas sobre si esas compras serán suficientes para encubrir por mucho tiempo las verdaderas primas de riesgo y de qué efectos perniciosos terminará teniendo su financiación con considerables masas de nuevo papel moneda, quizá estemos tratando de ocultar y desvirtuar torpemente el mejor sistema de señales que pueda advertirnos de los peligros que nos acechan. Por eso solo se justificarían temporalmente esas compras y otras medidas similares si tratasen exclusivamente de ahuyentar una especulación organizada evitando daños colaterales de importancia y no, por el contrario, de encubrir fallos de política económica consumiendo inútilmente el tiempo de que ya no disponemos.

    Por Manuel Lagares, catedrático de Hacienda Pública y miembro del Consejo Editorial de EL MUNDO

  4. #4
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    08 ene, 07
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    Predeterminado Un aviso a Rajoy

    Jean-Claude Juncker, el afable presidente luxemburgués del Eurogrupo, el conjunto de los ministros de finanzas de la zona euro, es conocido por su afabilidad y en esta crisis de la deuda ha sido incluso comprensivo con los apurados países del sur de Europa. Ayer estaba parlanchín y aprovechó una pregunta en el Parlamento europeo del diputado español del PP, Antonio López-Istúriz, para lanzar un aviso al más que posible futuro Gobierno de Mariano Rajoy.

    Obviamente, no era esa la intención de López-Istúriz, que intentó sacar partido de la oportunidad que le ofrecía su pregunta para cargar contra el actual ejecutivo. Pero Juncker, más preocupado por el futuro que por los ajustes de cuentas de los sanguíneos españoles, fue directo al grano: "Parto del principio de que uno de los fundamentos de la formación política que dirigirá España dentro de algunas semanas, la consolidación, se continuará. No querría que asistiéramos a una interrupción de los esfuerzos de consolidación en marcha y no tengo ningún motivo para pensar que vaya a ocurrir".

    Ya se sabe que la eurozona sigue gobernada por la idea de que la mejor medicina contra la crisis de la deuda es la austeridad. Y esto es lo que Juncker intentó recordar a los políticos españoles. Hay que pensar que Juncker no sabía que precisamente ayer Rajoy y el socialista Pérez Rubalcaba estaban ya volcados en hacer promesas a funcionarios y pensionistas, como si los programas de ajuste fueran cosa del pasado y no una realidad presente y futura que establece un cordón umbilical entre la política económica del saliente gobierno del PSOE y el probable del PP. La prueba de ello la puso el president Artur Mas, también ayer, durante el debate en el Parlament sobre la situación de Catalunya al definir la dramática situación de las cuentas catalanas.

    Las presiones sobre Europa, para ser más precisos deberíamos decir sobre Alemania, Holanda, Austria y Finlandia, el cuarteto que defiende sin apenas matices la actual orientación de la eurozona, a fin de que cambien de política han ido en aumento a medida que la austeridad responde pidiendo más dinero para rescates. Al principio fue Grecia y ahora hay que cubrir la deuda de Italia y España; por eso se habla de más de 2 billones de euros. Si el BCE levanta el pie del acelerador y relaja la adquisición de deuda de esos dos países, desaparecen los compradores y suben los intereses. Ayer hubo nuevas muestras de ello.

    La crisis de la deuda ya ha saltado a la banca. No puede financiarse en el mercado y está enganchada a la ventanilla del BCE. En este caso, el epicentro está ahora en Francia. El año próximo los vencimientos de deuda de los bancos europeos suman 800.000 millones. En previsión, ya están haciendo caja, lo que automáticamente se traduce en menos créditos.

    Ayer, algunos analistas e inversores intentaban transmitir la idea de que Europa iba a cambiar de rumbo. El influyente Mohamed A. El-Erian, responsable de Pimco, la sociedad de gestión de bonos de deuda más importante del mundo, aseguraba que "Los europeos reconocen que tienen problemas profundos y que tienen que hacer algo con ellos (...) Mucho tiene que hacerse hoy mismo". !Que optimismo¡

    Pero, mientras las cosas sigan igual, a los gobernantes españoles poco margen les queda. No depende de ellos que los mercados se abran para sus emisiones de deuda y, por lo tanto, se aplican a la antipática tarea de reducir gastos por encima de cualquiera otra consideración.

    Manel Pérez, en La Vanguardia

  5. #5
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    Predeterminado Adventist Cult

    Do you think Adventist are a cult Are they anti-Christ. Just
    what do they believe? Are you a believer?
    Seventh-Day Adventist Cult

  6. #6
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    Predeterminado La vergüenza de ser europeo

    Tal vez desde dentro no se vea bien, pero la imagen que está dando Europa ante el mundo es bochornosa. Decenas y decenas de reuniones y cumbres para después no llegar a ningún acuerdo. Cuando lo consiguen, son incapaces de concretar detalles. Y cuando por fin llegan al acuerdo de rescatar Grecia con un plan algo serio (tampoco mucho), el rescatado, Grecia, se baja del carro anunciando un referéndum que nadie sabe a qué viene. Y luego dicen que la culpa es de Moody’s y Standard & Poor's.

    ¿Tienen algún interés Sarkozy, Merkel, Barroso y todos los eurócratas en hacer un mercado europeo sano y próspero? Ninguno. Merkel siempre fue contraria a las quitas bancarias de Grecia hasta que un día se presentó como su mayor defensora. A la semana descubrimos que la banca alemana había reducido la exposición a la deuda periférica (España, Italia, Grecia, Portugal e Irlanda) en un 50%. Concretamente, Deutsche Bank, desde diciembre de 2010 hasta hoy, ha reducido su exposición a los periféricos en más de un 60%. Merkel ha ganado tiempo para que el impacto de la quita griega, y las que puedan venir como la de Italia y España, dañen lo menos posible a sus bancos.

    En estas, los líderes franceses y alemanes también han influido sobre el Banco Central Europeo. Mario Draghi, el nuevo Presidente del banco central ya tiene casi un 20% de la deuda griega y esta misma semana compró, otra vez, deuda italiana y española para que no se disparase. ¿Cómo curamos a los países enfermos según los grandes burocrata–economistas–europeos? Bajando la temperatura del termómetro poniéndolo en el congelador. ¿Por el bien de Europa? Claro, y de paso para cubrir las carteras de los grandes bancos europeos, especialmente franceses y alemanes. Rajoy quiere hacer ahora un "Banco Malo". Pues a Sarkozy y Merkel no les ha hecho falta, han usado para este fin al Banco Central Europeo nada menos. Esto sí que es pensar a lo grande.

    Pero es que el descontrolado apetito europeo sigue. Piden planes de recapitalización que convertirán a la banca en un búnker donde no solo los particulares y empresas se van a quedar sin crédito, sino los propios gobiernos naciones. Esto hará a nuestros Estados más dependientes de los eurócratas y entidades supranacionales. Algo así se puede traducir en más impuestos, más regulación y más y mayores barreras arancelarias, lo que significa productos más caros por ley.

    Aprovechando la crisis, siguen con la criminalización del mercado y establecen una auténtica Unión Soviética Europea. Los Gobiernos y el Banco Central Europeo son los mayores manipuladores del mercado, pero quieren aprobar leyes para eliminar su "competencia privada". Es decir, según ellos, los fondos y planes de pensiones donde usted tiene su dinero son tan malvados que venden participaciones cada vez que se descubre un agujero de deuda en algún país europeo. Incluso llegan a absurdidades como abolir las opiniones de terceros (empresas de rating, y con el tiempo vendrán la prensa, internet...) porque perjudican sus planes e intereses.

    La UE ha acabado con la poca democracia que existía en el continente. Los socialistas y colectivistas, incluso la Iglesia, han estado pidiendo un Gobierno mundial y europeo. Pues voi’la, ya lo tenemos. Al menos en parte. No es un Gobierno formal, pero sí funcional. Los partidos conservadores de Alemania y Francia dirigen Europa bajo la mirada atenta de sus lobbies económicos y civiles. Esto no es una democracia, es una oligarquía.

    Lo más curioso de todo es que el sistema es tan ineficaz que hasta un país como Grecia, que solo representa el 2% del PIB europeo, ha puesto en jaque todo este circo. ¿Cómo se siente cuando hablan de rescatar países con grandes proyectos costosísimos sin actuar nunca para el ciudadano? Solo somos los peones y huchas de grandes magnates enloquecidos por sus ansias de Poder.

    Jorge Valín, miembro del Instituto Juan de Mariana. En LD

  7. #7
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    08 ene, 07
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    Predeterminado El sueño español

    Uno de los motores de la historia, a pesar de que el amigo Marx diga que la exclusividad la tiene la lucha de clases, han sido las ambiciones y deseos de una nación, los sueños nacionales que hacen que toda la energía de un pueblo se dirija hacia una meta común, ampliamente compartida por todos los sectores sociales... Desde un emperador a un jornalero, desde un almirante a un grumete.

    Energías liberadas que han dado nacimiento a naciones, han creado y destruido imperios, provocado guerras, derrocado gobiernos...

    Así, la España Imperial se forjó por el sueño de gloria, de oro, de un pueblo que, recién salido de un larga Reconquista, creía en su destino y que llevó a valientes hidalgos extremeños, a recios marinos vascos, a duros campesinos castellanos, a cruzar los mares y crear una nueva sociedad en tierras americanas...

    Dicho sea de paso, los aztecas tenían unos sueños bastante parecidos y, gracias a una serie de razones explicadas por Jared Diamond en Armas, Gérmenes y Acero, este artículo que compongo no está escrito en 'naualt'.

    Y qué decir del Imperio Británico. La Puerta de Bombay aún se yergue como mudo testigo del paso de miles de jóvenes británicos que llegaron a la India a vivir el sueño imperial. Muchos regresaron, pero muchos otros dejaron allí sus huesos, cubiertos por una preciosa casaca roja, en las polvorientas llanuras del Deccán o en las tórridas junglas bengalíes.

    Por supuesto, hay sueños nacionales que mejor nunca se hubiesen soñado... El sueño de una Germania "Uber Alles", del "Der morgige Tag ist mein", el sueño nacional socialista que, vendido por un cabo austriaco que se reveló como uno de los más efectivos vendedores de sueños de la historia, acabó con la mayor guerra conocida por la humanidad y con el Holocausto.

    Como su primo hermano, otro sueño prescindible, el sueño de la sociedad sin clases, de la utopía socialista comunista, sueño que desembocó en unos regímenes totalitarios con más de cien millones de muertos como legado... pero que a diferencia del sueño nazi aún sigue teniendo buena prensa.

    Pero no todos los sueños son imperiales, raciales, expansionistas...

    Estados Unidos, la nación más rica, libre y poderosa de la historia, fue creada a partir de un sueño, un sueño de libertad, de igualdad, de búsqueda de la felicidad, que, partiendo del Mayflower, fue recogido por los Padres Fundadores en la Declaración de Independencia y sigue vivo en el "American Dream" que hace que miles de emigrantes lleguen cada año a sus puertas, que hace que dos chavales en un garaje creen una revolución informática y que hace que muchos de vosotros hayáis llegado a este artículo a través de una red social creada por un tipo de no acabó la carrera...

    Y por supuesto, aquí y ahora, en España, también hemos vivido nuestro propio sueño (en determinadas regiones compartido con otros sueños más cercanos a " El Mañana nos pertenece" nazi).

    Pero el nuestro ha sido un sueño cutre, gris, anodino. Hemos vivido el sueño de la mediocridad, de hacer lo justito, el sueño de que teníamos derecho a todo, de que para cualquier problema, reto o exigencia que nos plantease la vida, ahí estaba el Estado para solucionarlo...

    En todo, desde la educación para nuestros hijos hasta el ocio que disfrutaríamos, desde la pensión hasta la vivienda, desde nuestro trabajo y nuestro sueldo hasta nuestra salud, pasando por asuntos tan personales como compatibilizar el trabajo y la familia, los españoles hemos soñado con que el Estado nos resolvería la papeleta.

    Así, nos iban a dar una casa de protección oficial, con un colegio público cercano para nuestros niños, con un polideportivo también público donde nos darían clases de aerobic o jugaríamos al pádel, con un centro cultural, por supuesto también gratuito, donde veríamos pelis, obras de teatros... y por supuesto un transporte público en la puerta.

    Soñábamos con ser funcionarios o tener un trabajo garantizado de por vida, con el "no te pueden echar" o como mínimo con seguros de paro indefinidos. Responsabilidades, ninguna. Objetivos, ninguno... Vivir, ser felices, disfrutar de los amigos...

    La democracia era la herramienta para lograrlo. Solo había que votar al político adecuado, al partido correcto y lo teníamos hecho. Ellos proveerían por todas nuestras necesidades...

    Pero el sueño se ha acabado, el Sueño Español ha acabado siendo una pesadilla y ahora nos toca volver a la realidad... ¡Feliz 2012!

    © AIPE
    Pablo Carabias, en LD

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