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Tema: Libia S.A.

  1. #1
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    01 abr, 08
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    Predeterminado Libia S.A.




    Autorizo la reproducción libre y gratuita de este artículo por cualquier medio
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    http://www.diarioonline.tk/

    Los últimos 40 años Libia ha sido en realidad una sociedad anónima en vez de un estado.
    En esa sociedad anónima los distintos accionistas se repartían los dividendos como socios bien avenidos.
    ¿Quiénes eran los accionistas?
    Pues estaba Gadafi y su familia, también su tribu y las demás tribus que pueblan el territorio de Libia, unas tenían más acciones que otras, pero a todas les llegaba parte de la renta generada por el petróleo.
    También estaban los países que recibían el petróleo libio, aunque ocultaban sus acciones como una propiedad vergonzante.
    Que decir de las compañías petroleras y de las fábricas de armas que nutrian el arsenal libio.
    O las empresas que construían las refinerías y las infraestructuras libias.
    En realidad todos tenían sus acciones, incluso ese numero indefinida de emigrantes, se dan cifras de hasta 3.000.000 de trabajadores extranjeros.
    El negocio era estupendo, había habido intentos de OPAS hostiles, pero tras unos años de tensión Gadafi había incorporado al accionariado a los hostiles, será por dinero, pensaba el coronel, a él le sobraba, en realidad con un superávit de 27.000.000.000 de dólares ni siquiera necesitaba de los "mercados" para financiar su régimen.
    Se comenta que tiene miles de millones de dólares en efectivo en Trípoli.
    ¿Qué está sucediendo ahora en Libia?
    Pues lo mismo que en tantas sociedades anónimas, los socios mayoritarios están riñendo por ver quien controla la sociedad y los socios minoritarios intentan aprovechar la ocasión para ganar lo que puedan, como siempre.
    Mi opinión es que los EEUU, el Reino Unido, Francia, Italia, Rusia y China se pondrán de acuerdo en la parte de Libia S.A. con que se quedan cada uno.
    Incluso es posible que a España le den algo, al fin y a la postre somos parte de la OTAN, y pondremos en juego nuestro dinero y nuestra sangre como en Afganistán.
    Las tribus alzadas, con el estimulo de los servicios secretos correspondientes, eso no lo he dudado ni un segundo, recibirán un poco más que ahora y se convertirán en los guardianes de los campos petrolíferos, algo así como en Irak.
    Gadafi, su familia y su tribu perderán sus acciones.
    Gadafi morirá en la lucha o como Sadam Husein será colgado, sin él, sus hijos no son nadie.
    Su tribu resistirá un tiempo y luego se venderá o será aniquilada.
    Eso es el guión que ya está escrito hace tiempo, no creo que este guión se esté improvisado estos días, nunca es así.
    La CASTA PARASITARIA no es un grupo unido, más bien es un conjunto de bandas piratas que roban cuanto pueden y que a veces pelean entre ellas por el botín.
    Los muertos los pone el pueblo libio, pero ese pueblo como en todos los demás, no cuenta en este juego.
    Como no cuentan cuando se especula con los alimentos sabiendo que eso significará la muerte por hambre de millones de pobres.
    Y que decir de los ingentes beneficios que se están haciendo con la especulación del petróleo durante esta operación, eso tampoco ha sido improvisado.
    Amigo piensa en ello cuando llenes el depósito de tu coche mañana.
    Para el pueblo libio que pone los muertos esta operación es un drama donde se derrama ríos de sangre y de lagrimas, pero los miembros de la CASTA PARASITARIA que terminen quedándose con las acciones de Libia S.A. festejaran su éxito derramando torrentes de champán, eso si del más caro y francés por supuesto.


  2. #2
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    08 ene, 07
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    Predeterminado La ONU y Libia

    El coronel Gaddafi ha lanzado una fuerte contraofensiva contra posiciones rebeldes. Ciudades estratégicas y otras han sido recapturadas por las fuerzas leales al régimen. Tanques y aviones fueron enviados a reprimir a los manifestantes que clamaban por la libertad. Periodistas foráneos fueron secuestrados y torturados. Ya hay un cuarto de millón de refugiados en Túnez, Egipto, Argelia y Nigeria. Según el New York Times, Gaddafi tiene decenas de miles de millones de dólares en efectivo en Trípoli para financiar la feroz represión, limitando así el impacto del embargo. El mundo libre estudia sus opciones más duras –creación de zona de exclusión aérea, intervención militar– pero, mientras la situación para los libios es cada vez más dramática, no se decide a actuar.

    ¿El motivo? Pues que las Naciones Unidas aún no han autorizado el uso de la fuerza para preservar la paz y la seguridad en el país árabe y, en consecuencia, en la región. La OTAN, Estados Unidos y la Unión Europea esperan el aval legal del organismo, puntualmente de su Consejo de Seguridad. La Carta de la ONU garantiza la integridad territorial y la independencia política de las naciones, y contempla el uso de la fuerza en defensa propia o para la preservación de la paz y la seguridad global. El Consejo está integrado por cinco miembros permanentes (Estados Unidos, Rusia, China, el Reino Unido y Francia) y otros diez miembros no permanentes (actualmente: Alemania, Bosnia y Herzegovina, Brasil, Colombia, Gabón, India, El Líbano, Nigeria, Portugal y Sudáfrica). La adopción de una resolución sustantiva requiere el apoyo de nueve de sus quince miembros y la ausencia de veto por parte de los países-miembro permanentes.

    Es importante entender entonces que cuando hablamos del aval de la ONU, estamos refiriendo a la autorización de estos quince países y no de los casi doscientos que integran el organismo. Vale decir que el destino del pueblo libio está en manos de la opinión ilustrada de unos pocos gobiernos. A esto comúnmente se denomina "la opinión de la familia de las naciones", una caracterización demasiado grandiosa que no refleja la realidad. El problema crucial radica en el poder de veto de los permanentes. China y Rusia se oponen a que el Consejo autorice el uso de la fuerza contra Libia. Ello implica que el Consejo está paralizado. Si Washington y sus aliados decidieran actuar fuera del marco de la ONU, lo harían en el ámbito de la ilegalidad. En la observación del profesor de derecho en la Universidad de California en Berkeley, John Yoo, esto da lugar a una situación extraña: aquellas naciones que aceptan la responsabilidad elevada de mantener la paz y la democracia en el mundo se convierten en violadores de la ley internacional. Estados que protegen a regímenes autoritarios como el de Trípoli, actúan en conformidad con la ley.

    La credibilidad de la ONU en este sentido puede también ser cuestionada por su propio récord institucional en relación a Libia. A pesar de que esta nación árabe ha estado bajo el poder del tirano Gaddafi por más de cuatro décadas, Libia ha sido siempre aceptada como una nación respetable en su burocracia. En fecha tan reciente como el período 2008-2009, Libia figuró como miembro no-permanente el Consejo de Seguridad. En mayo del 2010, 155 países de la Asamblea General votaron a favor de la incorporación de Libia al Consejo de Derechos Humanos, del que acaba de ser suspendida (no expulsada) a partir de las revueltas. El CDH, establecido en 2006 en reemplazo de la desacreditada Comisión de Derechos Humanos, ha emitido alrededor de cincuenta resoluciones condenatorias de países en los últimos cinco años; ni una sola de ellas fue emitida contra la Libia de Gaddafi.

    A comienzos del presente año, el CDH publicó su reporte cuatrimestral sobre la situación de los derechos humanos en Libia como parte de una revisión universal periódica. El reporte cosechó elogios hacia Libia por parte de Sudán, Siria, Palestina, Corea del Norte, Arabia Saudita, Birmania, Cuba, Venezuela y, sorpresivamente, también de Polonia, Australia y Canadá. No menos insólito es que la delegada de Gaddafi ante la ONU en Ginebra, Najat Al-Hajjaji, ha tenido asiento desde el año 2005 en el "Grupo de Trabajo sobre el uso de mercenarios como método de violación de los derechos humanos"; o que en abril del 2009 haya presidido el comité planificador de la Conferencia Mundial contra el Racismo de la ONU; o que en el 2003 haya sido electa como presidenta de la CDH. (Durante la 59 sesión de la CDH tuve la oportunidad de dirigirle unas palabras: "Sra. Presidenta, el derecho a la auto-determinación no es el derecho a tener su propio dictador". Como era de esperarse, el mensaje no tuvo gran impacto en la embajadora).

    En septiembre de 2009, Gaddafi dio un discurso de 100 minutos de duración ante la Asamblea General en el cual tildó de "consejo del terror" al Consejo de Seguridad. Hoy debe estar arrepentido. Gracias a la inacción del mismo, el coronel puede seguir masacrando impunemente a su propio pueblo.

    Por Julián Schvindlerman, escritor y comentarista político. Autor de "Tierras por Paz, Tierras por Guerra". En LD

  3. #3
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    08 ene, 07
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    Predeterminado Gadafi y el Occidente comprensivo

    La suerte del régimen de Gadafi todavía no está echada, aunque lo previsible es que acabe derrumbándose, si bien ha encontrado un salvavidas provisional en el principio más importante del Derecho Internacional en este siglo XXI de potencias emergentes: la sacrosanta primacía de la soberanía de los Estados y el principio de no intervención en sus asuntos internos. Aquel siglo XX del internacionalismo, que decía elevar al primer plano el respeto a los derechos humanos y libertades fundamentales, está siendo puesto en entredicho por un reestreno de la política exterior del siglo XIX, eso sí, con el ornamento de las organizaciones internacionales.

    Con todo, han desaparecido de la noche a la mañana las actitudes comprensivas surgidas en Occidente en las últimas cuatro décadas hacia el régimen libio. Y es que difícilmente se puede justificar a nadie que desencadena un baño de sangre contra su propio pueblo. Hay actitudes que no pueden justificar ni el socialismo ni la lucha contra Al Qaeda ni, por supuesto, el petróleo. De ahí la contradicción, no acompañada de la vergüenza, de aquellos que alabaron el antiimperialismo del líder libio, y ahora reclaman una intervención de EE UU y de la OTAN para derrocar a Gadafi. Hasta podría pensarse que se acuerdan de los marines en las playas de Trípoli, tal y como dice la letra del himno de la infantería americana, que evoca la acción militar, ordenada por Thomas Jefferson en 1805, contra los piratas norteafricanos.

    Pero el problema no es sólo acabar con un régimen. Lo crucial, según se ha demostrado en el caso de Irak, es planificar la posguerra, y en un escenario tribal como el de Libia, en el que puede aparecer un Estado frágil, el futuro es imprevisible. Tampoco nos engañemos con la implantación de zonas de exclusión aérea o de corredores humanitarios. Los antecedentes de Bosnia Herzegovina o el Congo nos indican que ese tipo de operaciones, por mucha legitimidad internacional de que dispongan, no llevan necesariamente a detener las masacres y no está tan claro que tranquilicen las conciencias. También es posible que las reticencias de americanos y europeos para llevar a cabo una acción terrestre en Libia tengan que ver con el recuerdo de aquella intervención humanitaria en Kosovo, una amarga victoria área, sin bajas propias, y cuyos efectos todavía siguen provocando discrepancias entre los aliados europeos.

    Por lo demás, no se podrían contar ni el papel ni las imágenes que se utilizaron en el Occidente poscolonial para ensalzar las infraestructuras construidas en Libia gracias al petróleo, y los cambios económicos y sociales. Gadafi habría encontrado la “tercera vía”, expuesta en su Libro Verde, superadora del capitalismo y del comunismo, una democracia directa sin partidos políticos, en la que gobernaban unos consejos populares, de los que formaba parte todo el pueblo. ¿Qué sentido podía tener, entonces, la existencia de una oposición? Por otra parte, Gadafi era el último héroe del panarabismo, si bien en las últimas décadas aquel sueño de la Nación Árabe, intentado en inviables uniones políticas de Libia con países vecinos, terminó por desgastarse, y no sólo por el auge del integrismo islámico, sino también porque degeneró, en las acertadas calificaciones del profesor americano-libanés Fuad Ajami, en repúblicas autoritarias, donde los gobernantes se convertían en propietarios de sus países, y daban lugar a la formación de cortes orientales, sin protocolo y sin encanto, en las que sus hijos y sus mujeres hacían alarde de riqueza y arrogancia.

    También serían incontables los silencios guardados ante las noticias del vínculo del régimen libio con grupos terroristas en Europa occidental, pues quienes callaban, aunque pudieran lamentar muertes excesivas, estaban convencidos, como aseguraba el propio Gadafi, de que eran movimientos de liberación que combatían por la libertad y la justicia contra la opresión.

    Eran tiempos en que triunfaban las ideas del intelectual americano-palestino, Edward Said, difundidas en su libro Orientalismo, que insistían en que el Occidente, orgulloso e ignorante, consideraba al mundo árabe como un colectivo inferior. En el pensamiento de Said todas las frustraciones árabes tenían dos exclusivos responsables: EE UU e Israel. Pero lo malo del orientalismo es que su denuncia de la injusticia desembocaba en el callejón sin salida del pasado, pues puede tener como consecuencia un mundo árabe premoderno, atávico y romántico, no muy diferente del relatado por algunos viajeros europeos del siglo XIX. En ese orientalismo buscaremos en vano, y si lo encontramos será con significados diferentes a los occidentales, referencias a la democracia, la libertad o los derechos de la mujer. El orientalismo desemboca inevitablemente en el relativismo moral.

    Los antiguos corifeos occidentales de Gadafi, por la izquierda y por la derecha, le han abandonado definitivamente, pero nunca reconocerán en público sus errores y que eran demasiado selectivos en su manera de defender los derechos humanos.

    Por Antonio R. Rubio Plo, analista político internacional. En La Gaceta

  4. #4
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    Predeterminado Libia y la hipocresía

    Por fin gran parte de Occidente, llamémosle así, ataca al dictador y genocida Gadafi. Alemania, condicionada por su proximidad a Rusia, sus negocios de armas con el ejército libio y su abastecimiento de petróleo, entre otras cosas, no está en la guerra, pero bueno, están en la guerra Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia... Incluso España, con su Gobierno del No a la Guerra que parece haberse metamorfoseado desde los capones de Obama a Zapatero. Hay que alegrarse de que en el mundo haya una dictadura menos. Claro que sí. Ahora, y también en el caso de Sadam Husseim, cuando los del "No a la Guerra" (siempre que fuera una guerra de Bush, claro) dejaron por las calles regueros de hipocresía política y moral. Ahora a callar. Es que Gadafi es un dictador. ¿Y qué era Sadam Hussein? ¿Un ángel de la guarda? Lo de Fernandez Toxo, el sindicalista del crucero, es de matrícula: le parece "muy bien" que se entre en Libia porque significa que la comunidad internacional, a través de la resolución de la ONU, va a dar amparo a todo el pueblo libio. Pero, ¿el pueblo iraquí, kurdo o chiita, no era pueblo también?

    Que el sanguinario Gadafi es un mal sujeto y su régimen un despotismo estatalista y militar, se sabe desde hace treinta o cuarenta años. Recuérdese que Gadafi está en el poder desde...1969, sólo diez años menos que los Castro. Se ha sabido siempre que además de masacrar a su pueblo, ha participado en atentados terroristas internacionales y que en la década de los 80, Ronald Reagan intentó derrocarlo de varios modos. El más conocido fue el bombardeo norteamericano a Trípoli de 1986. No llegó a matar al "perro loco de Oriente Medio", como lo llamaba, pero sí a su hija Jana. Ha invadido países limítrofes, ha entrenado a terroristas, ha cambiado de bando y traicionado muchas veces... Pero ahí está. En pie. Y por muy escaso margen no ha terminado de asesinar a toda la oposición que iba retrocediendo de manera evidente ante la potencia y la organización de sus mercenarios.

    Gadafi es un asesino internacional, un monstruo, como lo era Sadam. Pero, como ha recordado muy oportunamente, porque es la verdad, el periodista andaluz José Aguilar, Gadafi ha sido el financiero en la sombra del movimiento andalucista, al menos del legendario Partido Socialista de Andalucía que llegó a tener cinco diputados en el Congreso. En 1985 se cruzaron en Libia dos expediciones del andalucismo, la organizada por el Sindicato de Obreros del Campo (SOC) de su entonces líder Paco Casero y la de Alejandro Rojas Marcos y Luis Uruñuela, máximos dirigentes del Partido Andalucista. Iban a pedir dinero al entonces considerado líder del socialismo panárabe, vía directa o vía sociedades importación y exportación e inventos similares. La dirección del PA creó una empresa, Exportándalus, para intermediar las exportaciones. El PSOE no. Iba a orientarse hacia Marruecos.

    Y ahora, ¿qué? Del no a la guerra al sí al ataque y del muá muá osculatorio en la cara de Muamar, al toma metralla canalla. Qué espectáculo este de la izquierda irredenta y qué número aquel del andalucismo nacionalista.

    Por Pedro de Tena, en LD

  5. #5
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    Predeterminado ¿Qué se nos pierde en Libia?

    Recordemos el caso de Irak. En su momento advertí que había argumentos de peso tanto para la intervención como para la abstención. En el primer sentido se trataba ante todo de acabar con un régimen que había invadido Kuwait y suponía una permanente amenaza de desestabilización de la zona. Su derrocamiento aportaría la posibilidad –remota– de instaurar allí una democracia, y una mayor seguridad para Israel, después del desequilibrio creado en la región por la caída del régimen pro occidental del Sha de Irán. Para España –que no participó militarmente– fue ocasión de estrechar lazos con la potencia que nos había ayudado en Perejil y aumentar nuestro peso internacional ante lo que se daba por victoria inevitable de la política de Bush y de Blair (Aznar había reforzado también nuestra influencia en la UE). Después, las cosas se complicaron mucho y el problema sigue sin resolverse, pero esa es otra historia.

    En Libia no se da una situación ni remotamente pareja. Hacía muchos años que Gadafi no desestabilizaba la región, no había invadido a nadie, su país es uno de los más ricos de África gracias al petróleo y su política (como la de Mubarak o Ben Alí) no entrañaba una amenaza para Occidente. De hecho, en todo el norte de África parecían haberse asentado regímenes no extremistas. Gadafi no había cometido genocidios (aunque estos a menudo se inventan o se manejan según conveniencias de política exterior), ni había el menor indicio de que acumulase armas de destrucción masiva. Ciertamente, es un dictador, pero lo son todos los gobernantes de la zona, algo que tampoco puede invocar la izquierda en España, siempre tan propicia a las dictaduras más totalitarias.

    No se alcanzan a ver fácilmente los intereses detrás de la agresión a Libia. Ignoramos el verdadero carácter de las revueltas que han sacudido a un norte de África más bien prooccidental. Quizá los Gobiernos europeos y el useño hayan considerado a los rebeldes norteafricanos como el caballo inevitablemente ganador, y hayan decidido subirse a él para dirigirlo, olvidando una experiencia tan ilustrativa como la de Irán, donde ayudaron a los peores enemigos de Occidente contra sus amigos. Quizá pese el tradicional maquiavelismo oportunista de Francia, inmersa en los sucesos más sangrientos de África.

    Como fuere, a España no se la ha perdido nada en Libia. No puede sacar ningún beneficio del conflicto y puede en cambio pagar las consecuencias de un grave error de cálculo si el caballo ganador decidiera sacudirse a su pretendido jinete, como ocurrió en Irán. Nuevamente se demuestra la majadería de una casta política inconsistente, dirigida hoy por un mamarracho iluminado que, increíblemente, lleva detrás de él a una oposición no mejor.

    Por Pío Moa en LD

  6. #6
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    08 ene, 07
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    Predeterminado Libia, Gibraltar, Suiza

    ¿Por qué participa España en la agresión a un país como Libia, que no amenaza a nadie desde hace años? El pretexto del ataque de Gadafi "a su propio pueblo" es tan grotesco que en sí mismo manifiesta el absoluto desprecio de nuestros políticos y prensa al pueblo español, a su propia opinión pública. No acierto a entender qué intereses concretos hay detrás de tal aventura, en la que parecen especialmente empeñadas Francia e Inglaterra, pero desde luego no son intereses españoles. Una explicación posible remite a presiones de Francia, a la cual está enfeudada una parte excesiva de nuestra economía. Puede ser. Aunque en un plano muy general nuestros intereses coinciden con los del país vecino, en muchos planos concretos difieren y hasta chocan, como quedó de relieve en la crisis de Perejil, por poner un pequeño ejemplo. Lo único claro es que el Gobierno español, delincuente por otros motivos, lo es también por este.

    También cabe decir que en un plano muy general coinciden nuestros intereses con los británicos, pero no así en muchos aspectos concretos. La manifestación más restallante de esa diferencia la encontramos en la permanente humillación a España que supone la colonia de Gibraltar. Precisamente en los últimos tiempos, los británicos han multiplicado sus insolencias y atropellos, sin que el Gobierno español (delincuente, insisto, por varios motivos) haya mostrado la más mínima dignidad ni defensa de nuestros intereses.

    España carece de una verdadera doctrina en política exterior, y no ha sacado las lecciones de la experiencia histórica. Tradicionalmente, nuestro país ha salido perjudicado, a veces tremendamente, de la injerencia en los asuntos al norte de los Pirineos. Y se ha beneficiado no menos cuando se ha mantenido al margen de ellos, como en las dos últimas guerras mundiales. Por muchas razones, la posición exterior de España debiera asemejarse a la suiza. Algunos aseguran que eso nos llevaría al aislamiento, pero eso apenas si vale como fantasía malintencionada. Nadie duda de que Suiza se inscribe por todo en la cultura occidental, de que mantiene relaciones económicas y de todo tipo con el resto de Europa y del mundo mucho más intensas y fructíferas, proporcionalmente, que las de la "integrada" España. Y sin embargo no está en la OTAN ni en la UE y a duras penas ha aceptado entrar en la ONU. Ya discutiré el asunto con más detenimiento, pero baste aquí recordar un dato al que me he referido en La Transición de cristal: en los años 60 y primeros 70, España, "sin estar en Europa" como suelen decir nuestros ignaros políticos, creció económicamente más aprisa que cualquier otro país europeo. Cuando "entró en Europa", por seguir con la memez, su crecimiento descendió y tardó decenios en recuperar el grado de convergencia de 1975 en renta per cápita. Y lo recuperó a costa de un grado de supeditación política y económica mucho mayor que antes.

    Por Pío Moa, en LD

  7. #7
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    Predeterminado Libia y la guerra inmaculada

    Karl von Clauswitz, el teórico realista de la guerra, dijo que ésta era la continuación de la política por otros medios. Era cierto si por política entendíamos la voluntad de un rey despótico, ilustrado o no, que mandaba con férreo control sobre sus ejércitos y sobre sus súbditos. Pero antes de Clausewitz, la guerra era un asunto desbordante de pasiones donde no siempre los fines racionales se ajustaban a los medios empleados. Y a veces ni siquiera estaban presentes esos objetivos lógicos a alcanzar.

    Las guerras contemporáneas tampoco parecen obedecer el dictum del teórico prusiano. Con la lógica en la mano, la sangrienta división de Yugoslavia no hubiera sucedido. Ni la subsiguiente intervención de la OTAN para librar a Kosovo de una supuesta limpieza étnica a manos de las tropas serbias. Pero, como sabemos, la lógica tuvo poco que ver en ambos casos donde las pasiones identitarias de unos y las necesidades psicológicas de los aliados pesaron más que cualquier otro elemento.

    Libia no es diferente ahora. La noción de que es la ayuda humanitaria y la protección de los débiles lo que está en la base de los ataques de los alijados es pura fantasía o ingenuidad. Lo que se hace en Libia gustosamente no se está dispuesto a repetir en otros lugares donde la población civil está claramente desprotegida y a merced de la voluntad de sus tiranos de turno, desde Siria e Irán a muchos lugares de Africa. Y cuando un concepto no es generalizable, no sirve combo doctrina de partida.

    Hasta cierto punto, no obstante, Clausewitz tenía razón: la guerra de Libia es la continuación de la política, solo que de la doméstica de Sarkozy. El presidente de Francia ha actuado basado en dos consideraciones. Una, que el uso de la fuerza le devolvería un lustre de liderazgo que las encuestas le daban por perdido; y dos, que quedaría mejor ante su mujer y el círculo de izquierdistas intervencionistas que la rodean y que con ella se han instalado en el Elíseo. Pero todo eso no es suficiente justificación para activar nuestra maquinaria de guerra. O no debería serlo.

    Eso que se dice que es el objetivo no declarado de este conflicto, el cambio de régimen, tampoco es un objetivo per se. ¿Por qué ahora y para qué quitarse a Gadafi de en medio? Cierto, por un lado está el contexto de las revueltas que sacuden al islam, pero nadie sabía nada de quiénes eran los rebeldes anti-Gadafi. Y, de hecho, hay muchas dudas sobre ellos, sus planes y el futuro de una Libia en sus manos.

    Fue otro galo, Napoleón, quien dijo "on s´engage, et apres on voi". Esto es, primero uno se mete y luego ya se verá. Pero el pequeño Napoleón que quiere ser Sarkozy no ha calculado bien su apuesta: para dar ejemplo acabando con Gadafi bien puede acabar con Gadafi plácidamente instalado en Trípoli, lo que significará más inestabilidad y terrorismo y los rebeldes en la Cirenaica –más islamismo y terrorismo también–. Y los demás, incluida la OTAN, al son de su baile miope y personal.

    Los aviones de la OTAN están en una situación tan risible como imposible. Sus líderes políticos le han dado dos alternativas un bellum interruptus donde no se puede matar más allá de lo debido, que es bien poco, y un bellum imaculatus donde no se puede matar a casi nadie, ni buenos ni malos –porque eso desgracia nuestras conciencias–, ni morir en el intento, por supuesto.

    En realidad, lo grave es que los políticos se aventuren en una guerra sin contemplar la idea de una victoria. Obrando así sólo puede acabarse en la derrota.

    Por GEES (Grupo de Estudios Estratégicos), en LD

  8. #8
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    Predeterminado De mal en peor

    A casi tres meses del inicio de las revueltas armadas contra Gadafi, la solución del conflicto está lejos de poder entreverse: la zona de exclusión aérea no ha impedido la continuación de los combates y el embargo naval no ha tenido hasta el momento efecto alguno. El resultado es que Gadafi no se ha rendido ni se ha ido del país ni ha sido depuesto por nadie de su entorno y los rebeldes no han sido barridos del mapa. Total, que ambas partes prosiguen con su lucha.

    La estrategia aliada ha sido un rotundo fracaso hasta el momento: al igual que en Kosovo, se confió inicialmente en que unas pocos misiles y bombas bastarían para doblegar al dirigente libio, pero no fue así y Gadafi recuperó el espacio perdido frente a los rebeldes de Bengasi. Posteriormente, los aliados trataron de que los suyos traicionaran al líder, aunque tras la deserción del ministro de Asuntos Exteriores de Gadafi, nadie se ha movido ni significado en otra cosa que no sea su defensa.

    A continuación, y en parte por un sentimiento de exasperación occidental, la OTAN elevó agresivamente sus ataques contra las instalaciones próximas a Gadafi en una estrategia nunca hecha pública de acabar con la vida del dictador de Trípoli. Pero las contradicciones entre la política declarada (hacer efectivas las resoluciones de la ONU) y la real hicieron este tipo de acciones políticamente insostenibles. Es más, con la Historia en la mano sabemos que este tipo de eliminaciones selectivas pocas veces salen bien o en los plazos estratégicamente eficaces. A Estados Unidos le ha llevado una década acabar con Ben Laden y Sadam escapó en sucesivas ocasiones a ataques selectivos, por citar dos ejemplos.

    Simultáneamente, América, quien no quiere arriesgar la vida de uno de sus soldados en suelo libio ni políticamente quiere Obama sacrificarse en una nueva guerra, ha alimentado la idea de que lo mejor es entrenar y armar a los rebeldes para que sean ellos directamente quienes pongan punto final a esta guerra civil cuanto antes. No sólo va en contra de la legalidad internacional tal y como la ha marcado la ONU en este terreno, sino que, a tenor de la incapacidad bélica mostrada por los rebeldes en estos meses, es una opción que puede llevar bastante tiempo para ver sus frutos. Si es que acaba dándolos.

    Las guerras a medias es lo que tienen: que no se ganan. Y salvo que la coalición internacional de verdad escale su involucración en este conflicto, la división bélica de Libia puede durar, y mucho. De hecho, en Washington se piensa como si Libia fuera a seguir desangrándose unos 10 ó 12 meses más. El problema es si no nos desangraremos políticamente antes nosotros. El tiempo, de momento y en el medio plazo, corre a favor de Gadafi antes de que se le vuelva en contra.

    Lo que se puede hacer no se quiere hacer, así que con toda probabilidad tendremos lo que no queremos. Y mientras, refugiados que se mueren en su huida sin que nadie les auxilie, civiles muertos por error y una factura que se acumula. No es de extrañar que italianos y franceses empiecen a defender la idea de que hay que parar. Lo mismo que ansía Gadafi.

    Por GEES, Grupo de Estudios Estratégicos, en LD.

  9. #9
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    Predeterminado Las ironías de la vida

    La experiencia acumulada en las guerras recientes enseña que no hay nada peor que un conflicto que se enquista. Si se trata de derrocar a un dictador, lo ideal es hacerlo deprisa, para evitar que la situación se alargue de forma indefinida si la maquinaria legal internacional se pone en marcha y se crean zonas de exclusión aérea. Una guerra larga supone muchas víctimas y mucho gasto económico. Como la revuelta libia va bastante más lenta de lo que se preveía, franceses y británicos han acordado utilizar helicópteros masivamente. Eso permite que los soldados no tengan que pisar suelo libio, porque se elevan desde barcos cerca de la costa del norte de África, efectúan ataques precisos y regresan. Cristin Black, famoso consultor en terrorismo y espionaje, explica a The First Post que en ese ataque conjunto los franceses utilizan helicópteros Tiger y, los británicos, helicópteros Apache, que los primeros se elevan desde el barco Tonnere y los segundos desde el HMS Ocean. Dice Black: "Ambos modelos de helicóptero llevan una tripulación militar de dos hombres: un piloto y un encargado de las armas. El que va detrás se sienta más arriba que quien va delante. Igual que conducimos por diferentes lados de la carretera, los franceses sitúan al piloto delante y, detrás, al encargado de las armas. Los británicos lo hacen al revés. Ambos helicópteros están diseñados para atacar de muy cerca, con potentes ametralladoras de 30 mm y un arsenal completo de cohetes y de misiles guiados, ideales para enfrentarse a las tácticas que los hombres de Gadafi han perfeccionado para intentar anular el arrollador poder de los rapidisimísimos aviones militares actuales".

    Ese ataque con helicópteros tiene un magnífico punto irónico. Es sabido que –a lo largo de los años pasados desde que dejó el terrorismo– Gadafi se dedicó a cultivar amistades entre los políticos y los hombres de negocios europeos. Por eso tiene ahora intereses económicos diversos. En Italia, en Finmeccanica, la Fiat, el Juventus FC y el UniCredit Group, que de hecho ya no es un banco sólo italiano sino paneuropeo, después de que en el 2005 se fusionara con el alemán HypoVereinsbank. Y sucede que, entre todo ese montón de pasta y acciones en empresas de Europa, hay una que se llama AgustaWestland. Pues bien, los ultimisimísimos helicópteros Apache que ahora arremeten contra Gadafi los fabrican bajo licencia de esa AgustaWestland. Es decir: Gadafi tiene acciones de los mismos helicópteros que le atacan. Por cada helicóptero nuevo que los británicos envían para acabar con él, él cobra unos dineritos. Lo imagino dividido entre el instinto de supervivencia y los intereses de la cartera. Es como si Luis XVI o María Antonieta hubiesen sido copropietarios del taller de Tobias Schmidt, el ingeniero que fabricaba aquellas primeras y entrañables guillotinas que les rebanaron el cuello.

    Por Quim Monzó, en La Vanguardia

  10. #10
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    08 ene, 07
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    Predeterminado Neocolonialismo

    La situación es grave en ese inmenso lago entre Asia y el Atlántico que llamamos Mediterráneo. Con demasiadas deudas sobre sus espaldas, toda la Europa del Sur tiene grandes dificultades para cumplir con la disciplina luterana del euro, es decir, con el dogma antiinflacionista del marco alemán cambiado de nombre. Y en el norte de África, la primavera está dando paso a un verano ardiente. Ya le advertí en un informe anterior contra los infantiles entusiasmos de la República Democrática de Facebook; esa conjunción de periodistas y profesores de sociología que pierden el mundo de vista cada vez que ven una plaza llena de gente. La antigua fascinación por las masas está siendo sustituida por la adulación de las multitudes con teléfono móvil. La democratización de los países árabes va para largo y será muy complicada. El incendio sólo acaba de comenzar. Las revueltas de Egipto y Túnez, por ejemplo, han ahuyentado a los turistas, con el consiguiente agravamiento de la crisis económica en ambos países. Y el turismo que pierden los árabes lo van a ganar los españoles y los italianos. El mundo es cruel, señor canciller. Las wikirrevoluciones árabes proporcionarán este año un doble alimento a los europeos del sur: emociones ideológicas y turistas asustados. El Mediterráneo es hoy un gran círculo vicioso.

    Me permito unas líneas sobre Libia. El coronel Gadafi se ha atrincherado en Trípoli y la guerra civil pilotada por Francia y Gran Bretaña se está enquistando, como preveíamos. Se aproxima un dilema terrible para los países europeos: el asalto de Trípoli con tropas de infantería luchando casa por casa. En España, el trauma sería enorme, puesto que el Gobierno ha conseguido que la mayoría de los españoles vea en su ejército una oenegé. Como usted bien sabe, Estados Unidos no va a ayudar a los europeos a resolver esa papeleta. Con lo cual se perfila una Libia partida en dos, en la que la rebelde Cirenaica podría convertirse en una república islámica fundamentalista. En valija aparte le remito un informe atribuido a Yves Bonnet, antiguo jefe del servicio de contraespionaje francés, en el que se afirma que el verdadero trasfondo de la guerra en Libia es el intento europeo –capitaneado esta vez por Francia– de frenar el hegemonismo de China en África, puesto que el coronel Gadafi tiene firmado un gran acuerdo de colaboración estratégica con los chinos. El Mediterráneo, señor canciller, está que arde.

    http://www.lavanguardia.com/opinion/...ibertonia.html

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