Página 1 de 6 123 ... ÚltimoÚltimo
Resultados 1 al 10 de 53
  1. #1
    Fecha de Ingreso
    01 abr, 08
    Mensajes
    211

    Predeterminado La revuelta de los jóvenes.




    Autorizo la reproducción libre y gratuita de este artículo por cualquier medio
    japerezduval@gmail.com
    http://www.diarioonline.tk/

    Lo que ha sucedido en Argelia, en Tunez, lo que va a suceder en el resto del mundo árabe es tan sólo la revuelta de los jóvenes sin esperanza.
    Sucede primero en el mundo árabe porque en este el porcentaje de jóvenes es mayor y porque la mayor parte de esos jóvenes están en paro.
    Sus gobernantes no han sabido o no han querido prepararles un futuro mejor.
    Cierto que en muchos de estos estados los gobernantes son inmensamente ricos, pero sus inmensas riquezas han sido conseguidas expoliando a su pueblo y dado que sabían que tarde o temprano este pueblo muerto de hambre se alzaría, han procedido a sacar de su país la mayor cantidad posible de esas riquezas que hoy tienen a su nombre en paraísos fiscales.
    Eso que he dicho, a su nombre es un decir, mejor definirlo como bajo su control ya que las cuentas donde crecen día a día esas inmensas fortunas son en su mayor parte anónimas, tan sólo se identifican por un número y una clave.
    En esas cuentas se encuentran las esperanzas de una juventud que sabe que su vida será mucho peor que la de sus padres.
    ¿Qué pasa en España?
    Pues poco más o menos lo mismo. Aun no hay disturbios callejeros y posiblemente no los haya aun en unos años. No porque los jóvenes tengan mayores esperanzas de futuro, que no es así, sino porque están totalmente desmotivados, derrotados, sumisos.
    Sus padres aun les pueden dar de comer e incluso algo de dinero para comprar una litrona de vez en cuando. Pagar el tabaco diario ya es en muchos casos imposible.
    En Latinoamérica, en África y en Asia pronto cundirá el ejemplo y los jóvenes se pondrán en movimiento, ya sucedió en Tailandia con los camisas rojas.
    Con camisas rojas, negras o de cualquier color al final los jóvenes europeos también iniciaran la revuelta, los franceses están a un paso.
    Es curioso que las nuevas tecnologías hayan permitido la creación de un movimiento revolucionario sin líderes, este tipo de movimiento es muy difícil de descabezar por las fuerzas represivas del SISTEMA, ya que sencillamente no tienen cabeza.
    Igual que se organizan botellones en los más extraños lugares, mediante citas a través de las redes sociales.
    Igualmente esta revuelta juvenil progresa gracias a las nuevas tecnologías en que tan hábiles son las nuevas generaciones.
    LA CASTA PARASITARIA intentará controlar la red y posiblemente lo consiga, pero para entonces la crisis se habrá llevado por delante las pocas reservas que le quedan a la CLASE MEDIA y serán los padres quienes tomen el relevo de sus hijos.
    Cuando unos padres oyen llorar a sus hijos todas las noches, porque no pueden dormir a causa del hambre, esos padres salen a la calle dispuestos a todo.
    El precio de los alimentos está subiendo en todo el mundo como resultado del crecimiento de la población, es cierto, pero también a causa de la especulación desenfrenada.
    Todos tenemos que comer, todos somos cautivos de nuestras necesidades, por eso el especular con el hambre ha sido siempre uno de los recursos más seguros para el enriquecimiento, de aquellos que están dispuestos a todo con tal de acumular riquezas.
    Es curioso, pero esas riquezas luego sólo les sirven para encerrarse en fortalezas que los protejan de las masas de hambrientos que ellos mismos han generado.
    Tarde o temprano serán victimas de la revolución que el hambre genera siempre.
    La historia desde Roma a hoy mismo nos brinda numerosos ejemplos de revueltas que empezaron generadas por la especulación de los alimentos y terminaron en guerras revolucionarias.
    Los jóvenes hacer las revueltas, las CLASES MEDIAS las revoluciones.
    Yo siempre me he extrañado que sean los propios dirigentes sociales, políticos y económicos los que generen estas revueltas del hambre, cuando deberían ser prudentes y planificar su expolio a largo plazo, ejecutar un robo sostenible, robar tan sólo lo que la sociedad pueda asumir.
    Cuando matas de hambre a sus esclavos, dejas de obtener beneficios económicos de su trabajo.
    Aunque es posible que ya no sea necesario este trabajo, que en realidad ya no se les necesite ni siquiera como consumidores.
    Tal vez por eso al sobrar nuestro destino sea la extinción.
    La extinción de una gran masa de mano de obra improductiva, la extinción de una gran cantidad de bocas hambrientas, entonces ya se empieza a comprender tanta sin razón.
    Entonces si que seria lógico su proceder.
    Su organización en un nuevo feudalismo, donde solamente tendrá seguridad aquel que pueda pagarla, en que solamente tendrá alimentos, aquel que pueda pagarlos, donde la salud será un lujo que se pagará a alto precio y donde la educación será un privilegio al alcance de unos pocos.
    Ese nuevo feudalismo parece lejano, pero yo creo que está a la vuelta de la esquina.
    Para imponerse sólo necesita acabar con los restos de la CLASE MEDIA.
    Tal vez estos nuevos señores feudales, LA CASTA PARASITARIA, venza a la CLASE MEDIA, pero es posible que no. Es posible que la REVOLUCION DE LA CLASE MEDIA los venza una vez más.
    Es posible que la revuelta de los jóvenes de hoy, sea el primer acto de la revolución de mañana.
    TODO ES POSIBLE.


  2. #2
    Fecha de Ingreso
    08 ene, 07
    Mensajes
    9,936

    Predeterminado Peligro para todo el mundo

    Ha llegado la hora del reformismo y la democracia para la sociedad árabe.

    Los sucesos de Egipto son prácticamente una repetición agravada de los sucesos de Túnez en su fenomenología, por ahora también en su desenlace y, de manera muy especial por revelar los acentuados síntomas de la enfermedad desde tiempo inmemorial padecida por la sociedad árabe y que ha acabado por estallar a manos de los jóvenes mas desfavorecidos y las clases medias empobrecidas.

    Es posible que los regímenes de otros países como Marruecos, Argelia, Libia, Jordania, etc., adopten medidas precautorias para evitar el contagio de las revueltas y reprimirlas eventualmente, pero ninguno de ellos tendrá la capacidad suficiente para poner diques a esta ola espontánea y frenética en contra de las satrapías y las cleptocracias, de acallar ese clamor generalizado a favor de la libertad, la democracia y el progreso. Nadie puede declararse ajeno a lo que ocurre ni en el norte de África ni en Oriente Medio.

    Más tarde de lo deseado y de manera dramática, efectivamente los sucesos ponen de manifiesto el pésimo estado político y social en que se encuentra una sociedad que no ofrece futuro a la mayoría de su juventud y que mantiene en los altos círculos de la política y la economía unas élites depredadoras y desenfadadas que prefieren mirar hacia París y Londres, apenas a los barrios miserables no tan alejados de sus mansiones. Para la sociedad árabe habría sonado, esperemos, la hora del reformismo, la modernidad y la democracia, en una cita a la que mejor no seguir llegando tarde o no acudiendo, porque el subdesarrollo humano y la falta de participación política y de democracia efectiva que se extiende de uno a otro lado del Mediterráneo sur han acabado por cerrar para la mayoría de la población su horizonte vital, por hacer de su vida algo insoportable que sólo tiene remedio, si es que lo tiene, en la desesperación, en la mezquita para rezar o la patera para huir.

    En la mayor parte de estos países se asistía desde hace algún tiempo a la aparición de peligrosos signos de involución, el más denunciado y el de efectos más perniciosos y letales, que reivindica como único remedio espiritual y político aferrarse a formas extremas de religiosidad, a reconducir todo al islam, lo que ha desembocado en un fundamentalismo excluyente y agresivo, ajeno a cualquier tolerancia y en el que ocasionalmente se recurre a la violencia terrorista. Tal peligro sigue sin ser desechable en modo alguno, incluso puede que se recrudezca al aire de esta revuelta árabe, al carecer esos países de partidos organizados debidamente y de una oposición política operativa. A su desaparición o debilitamiento precisamente han contribuido sobremanera los mismos regímenes políticos, creando ese vacío que ahora se descubre y causa numerosas incertidumbres sobre lo que vendrá después de la misma revuelta. Desencadenada por jóvenes, puede ser aprovechada por fanáticos religiosos.

    Por parte occidental es muy necesaria una atención detalladísima en la evolución de los acontecimientos, que no puede trasladarse sino en el apoyo incondicionado a las reformas, los derechos humanos y la democracia en los países concernidos. Hasta ahora la mayor parte de los países árabes, Túnez y Egipto de manera muy especial, colaboraban estrechamente con Occidente y favorecían sus intereses en cuanto a suministros energéticos, acciones contra el terrorismo, la emigración ilegal, el narcotráfico, etc., recibiendo a cambio una importantísima ayuda militar y civil; también una mirada tolerante sobre todos esos excesos e injusticias que ahora salen a la luz en las calles árabes. Si las aspiraciones no se satisfacen, si Occidente no hace autocrítica y cambia de actitud, si el mundo árabe no es ayudado a modernizarse y a hacerse más justo y prometedor, las consecuencias, todavía en gestación, serán enormemente perjudiciales para Oriente y Occidente

    Editorial de La Gaceta

  3. #3
    Fecha de Ingreso
    08 ene, 07
    Mensajes
    9,936

    Predeterminado Revueltas. Cambios para mejorar

    Comparadas con el régimen democrático, todas las dictaduras son malas; entre ellas, no obstante hay diferencias. La corrupta dictadura de Alí era preferible al despotismo talibán o al chiismo salvaje iraní. Con lo que la revuelta habrá merecido la pena sólo si se gana en libertades, no si se pierden. Pero si lo que viene en Túnez es un engendro islamista tan al gusto de la izquierda europea, nada de lo ocurrido en los últimos días habrá merecido la pena: habremos pasado de lo malo a lo peor. De lo que se trata –seamos inflexibles con los revolucionarios– es de mejorar.

    Un triunfo de la democracia en Túnez -o en otros países, dependiendo de la situación- dependerá de cuatro puntos: elecciones libres, libertades básicas, apertura económica y transparencia política. ¿Serán los tunecinos u otros capaces de lograrlo? Difícil. Lo único claro es que de él deberían quedar excluidos comunistas e islamistas, enemigos declarados de todas ellas. No está mal recordar que la inclusión en el Gobierno o en el juego democrático de partidos islamistas es un contrasentido. No hay, de Indonesia a Rabat o Ankara, un solo partido islamista que no trabaje para eliminar cualquier atisbo de libertad democrática e instaurar una República Islámica antiliberal. Túnez o los países que le puedan seguir en las revueltas no son una excepción. Lo que muestra la situación es que no hay término medio, y uno acaba oscilando hacia unos u otros.

    Conviene recordar, cuando se avecinan cambios en gobiernos y regímenes, que la relación entre islamismo moderado y radical es sólo en cuanto a los medios, no los fines. No hay un solo régimen en países musulmanes -que se declare a sí mismo islámico- que respete libertades básicas. En el mejor de los casos, hace avanzar a la sociedad hacia una progresiva islamización, como Erdogán en Turquía. Si el islamismo, en cualquier variante, llega al poder en Túnez o Egipto, podemos vivir una deriva a la turca o a la iraní jomeinista, con los radicales eliminando cualquier otra oposición. Hay que mantenerlos a toda costa fuera del poder. En cuanto al fundamentalismo, hay que valorar la posibilidad de mantener al islamismo radical fuera de la ley.

    Un régimen democrático árabe, digno de ser reconocido, deberá colaborar en la lucha contra el terrorismo, y ésta es la prueba que muestra quién está por la labor y quién no. Túnez deberá decidir si está contra él o si prefiere la ambigüedad suicida de otros países. Lo mismo si alguien, fuera de los Hermanos Musulmanes, ocupa el poder en El Cairo. El Baradei como alternativa sólo será respetable en este caso.

    Por otro lado, un régimen democrático serio en la región sólo puede ser occidentalista, abierto al oeste y a sus economías e instituciones políticas. El bienestar de Túnez o de quienes puedan seguirle sólo podrá lograrse acercándose a Estados Unidos y Europa, y convirtiéndose en fiel aliado de éstos en la región. La actitud de futuros gobiernos en la zona en este punto permitirá ver el grado de compromiso democrático.

    Por supuesto, la sociedad abierta deberá además mantener unos niveles de transparencia para los organismos económicos internacionales, únicos capaces de legitimar un sistema económico e impulsarlo en la comunidad internacional. Y de igual manera, deberá ser escrupuloso con el respeto a las libertades básicas que en democracia son indispensables, y que distinguen a este régimen de una tiranía.

    La situación en Túnez, Egipto y otros países puede transitar por muchos caminos. Pero democrático sólo hay uno: uno que excluya a los partidos islamistas antidemocráticos, radicales o no; que colabore activamente en la lucha contra el terrorismo; que se integre en los mercados y las instituciones internacionales siendo fiable y transparente; y que respete derechos y libertades básicos e irrenunciables. Se nos dirá que somos exigentes respecto a ello. Puede. Pero es la hora de ser exigentes con los actores que pugnan por desalojar del poder a gobernantes y sustituirles. Sólo nos valen cambios para ir a mejor. Para lo otro, ya tenemos Irán o Gaza.

    por GEES, Grupo de Estudios Estratégicos. En LD

  4. #4
    Fecha de Ingreso
    08 ene, 07
    Mensajes
    9,936

    Predeterminado Magreb. La calle explota

    En el momento en que se hace historia de forma sorprendente, tumultuosa, hiperacelerada, todo es asombro y perplejidad, una riada de esperanzas, una avalancha de entusiasmos. Nadie puede saber hacia dónde camina esta erupción histórica, pero sólo dos cosas son seguras. En primer lugar que nada será igual en adelante, aun suponiendo que los poderes establecidos consiguieran mantenerse; y en segundo lugar, no se cumplirán las inflamadas expectativas de los manifestantes. El atraso económico no se resuelve con protestas callejeras ni con el reparto del maná por el gobierno. Aunque todo lo acumulado por los corruptos se distribuyese, daría para poco. La democracia requiere ciertos fundamentos sociales de buen perder, respeto a las minorías, igualdad efectiva ante la ley por encima del familismo, amiguismo o tribalismo que teje los vínculos primarios de esas sociedades y crea sus obligaciones mutuas básicas, mucho más exigentes que las abstractas que demanda el Estado.

    Es casi imposible que la unidad de los dispares elementos que se han echado a la calle sin ningún liderazgo se pueda mantener. De hecho, la aparición de saqueadores tanto en Túnez como en Egipto es una amenaza de ruptura inmediata. La atribución del fenómeno a provocaciones del poder puede ser una beatería ingenua de los revoltosos o tener su parte de verdad, pero es una amenaza para el movimiento y una invitación a los militares para que intervengan y jueguen la gran baza que les ofrece una situación como ésta. Es tremendamente significativo que su comportamiento sea tan parecido en Egipto como en Túnez. En este pequeño país las Fuerzas Armadas estaban muy poco imbricadas en el régimen. En el país del Nilo son, desde el derribo de la monarquía en 1952, las creadoras de un sistema que ha visto sucederse en el poder a tres generales, Nasser, Sadat y Mubarak. A pesar de su íntima relación con la política, el Ejército ha conseguido un respeto público que le es propio, por su protagonismo en las guerras contra Israel. En todo caso, por el ejemplo tunecino, por su propia idea como institución nacional, o por la percepción de dónde están sus intereses, los soldados en Egipto no están siendo el brazo represor del régimen, sino los garantes de un mínimo de orden, el dique a los desmanes que darían al traste con el movimiento popular.

    Pero en el arrebatado clima psicológico que acompaña al éxtasis revolucionario, hasta las policías del régimen –epítome de brutalidad represora– llegan a confraternizar con los manifestantes, como sucedió en Alejandría el viernes 28. Entonces, tras una batalla campal de dos horas, piedras contra botes de gases lacrimógenos y balas de goma, la muchedumbre desbordó a las fuerzas del orden, haciéndolas retroceder.

    Si no podemos saber hacia dónde, a grandes trompicones, marcha el movimiento en curso, se debe, en parte, a que tampoco conseguimos tener una radiografía mínimamente precisa de su composición social. Por supuesto, jóvenes, en un país donde la mitad de la población tiene menos de 30. Aquellos con estudios han desempeñado un papel clave al menos en el inicio, todavía no superado en Egipto. La espontaneidad vuelve a ser rasgo común en los dos países magrebíes. Viene propiciada por el carácter abrumadoramente monopolístico de las dictaduras en el poder que anulan toda oposición. En los últimos años ha habido en Egipto pequeños despuntes democráticos, quizás tan eficazmente abortados por Mubarak que ahora no están desempeñando el papel que de otra forma les hubiera correspondido. Pero uno de los más destacable trazos de la situación es el retraimiento de los más potentes y mejor organizados enemigos del régimen, los islamistas Hermanos Musulmanes, de tan enorme influencia en todo el mundo árabe y tan decisivos en el origen del yihadismo terrorista. Tratarán de llevar las tumultuosas aguas a su molino y obtener la mayor tajada posible, pero muestran astucia manteniéndose en la reserva y guardando sus consignas, que hasta ahora han brillado por su ausencia.

    Los objetivos que unen a los que se han echado a la calle y a los que los apoyan desde balcones y ventanas parecen ser comunes a todo el mundo árabe y su afloramiento confirma un estado de maduración de lo que con toda propiedad puede en estas circunstancias llamarse "las masas árabes". A pesar del papel que ha desempeñado la religión a la hora de canalizar las frustraciones económicas, políticas y hasta civilizacionales de ese mundo al que tanto le está costando dar el salto a la modernidad, lo que ahora se reivindica con admirable unanimidad es perfectamente laico y sencillo. El movimiento refleja por todas partes, también donde no ha estallado, un hastío de dictaduras represivas y sumamente ineficaces en el terreno económico. Todos desean, lisa y llanamente, echar del poder a quienes los llevan gobernando con puño de hierro desde hace décadas. De momento –y lo probable es que estemos muy al principio– las monarquías tradicionales están resistiendo mejor, mostrando un plus de legitimidad frente a unas repúblicas cada vez más hereditarias. Derribar las dictaduras sin concesiones al compromiso es el objetivo esencial. Con él va la denuncia de la corrupción, la falta de libertad, las arbitrariedades y brutalidades policiales. En lo económico se reclama trabajo y contención en los precios, más que elevación de los salarios.

    Incluso descabezados, los regímenes tratan de resistir, como en Túnez. Pueden apostar por la putrefacción del proceso. Por muy ungido que esté de mística redentora, el desorden no crea seguridad ni riqueza. Los islamistas permanecen alerta, al acecho. Los militares, jugando su papel con moderación y prudencia, pueden encontrarse con que el poder se les viene a las manos. El Baradei, en Egipto, podría ser el aglutinador de fuerzas amorfas pero convergentes. Las posibilidades de contagio son ilimitadas. Las incógnitas decisivas. Pero una cosa está clara: ya nada volverá a ser igual.

    por GEES, Grupo de Estudios Estratégicos. En LD

  5. #5
    Fecha de Ingreso
    08 ene, 07
    Mensajes
    9,936

    Predeterminado Baño de realismo

    Magreb
    A pesar de la mirada occidental

    Por Antonio Robles, en LD

    Los acontecimientos se propagan como un incendio, la esperanza crece, la incertidumbre también. La mirada de Occidente jalea la revolución de Facebook y Twitter, torna al romanticismo revolucionario desde la comodidad de nuestros salones virtuales, cómodos y, sobre todo, seguros. ¡Es tan fácil creer en la libertad!

    Por doquier se hacen cábalas, se aplican juicios occidentales a sociedades sin experiencia democrática. Todos se sienten legitimados para predecir cambios irreversibles hacia ella. Pero ni la ansiedad de Occidente por reducir la realidad al tiempo de una película digital, ni la engañosa rapidez de internet cuentan con la resistencia al cambio de comportamientos sociales asumidos como culturgenes, más cercanos al Medievo que a la Ilustración. Y no es un detalle sin importancia. Después de la descolonización desaparecieron los tiranos, pero no la tiranía; es más, esta vez la tiranía era dirigida por tiranos autóctonos sin reglas.

    Es legítimo el entusiasmo adolescente por acariciar la ilusión de cambiar el mapa de las dictaduras por las democracias con la misma facilidad que las propagamos por internet, pero también iluso. En la década de los setenta, la sociedad romántica de Occidente apoyó e hizo lo imposible por derrocar al sha de Persia, Mohamad Reza Pahleví. Un tirano apoyado por EEUU y fiel defensor de los intereses occidentales en Oriente Medio. El petróleo, siempre el petróleo. Quien fuera el destinado para ocupar la teocracia de irán en 1979 después de destronar al sha de Persia, me refiero al imán chiita, Ayatolá Jomeini, vivía en el exilio francés como un héroe.

    No tuvimos que esperar años: a los dos meses, la revolución islámica ya había colgado de los postes de la luz a miles de demócratas y a todo vestigio laico o ilustrado. Occidente comprobó horrorizado el cambio. Había ganado en buena conciencia y había empeorado en todo lo demás.

    En los años 90, un baño de sangre cubrió Argelia. La reciente estrenada democracia al modo occidental le había dado un año antes el triunfo electoral al FIS (el Frente Islámico de Salvación). Este partido, dominado mayoritariamente por los safalistas, aspiraba a crear un Estado islámico donde la democracia debería desaparecer. Occidente se despreocupó del purismo democrático y vio con alivio el golpe militar contra él. El cinismo, como el petróleo, de nuevo.

    Y todo eso ocurría antes de que el radicalismo islámico que derribó las Torres gemelas de Al-Qaeda el 11-S de 2001 se hubiera apoderado de países como Afganistán y hubiera alimentado buena parte del resentimiento contra occidente de radicales en todos los países con religión musulmana.

    Saber si estas revoluciones en cadena son reales y no sólo virtuales será cuestión de días. Lo sabremos enseguida, pero suponer que el fruto de esta apuesta por la libertad cimente democracias occidentales y no movimientos islámicos difícilmente compatibles con ella es mucho suponer. Hoy los defensores de las democracias laicas e ilustradas en Marruecos, Argelia, Túnez, Egipto, Jordania, Yemen, Siria o Palestina son los que detentan el poder económico o tienen una formación ilustrada al modo occidental. Quienes acabarán muriendo por derrocar a estos regímenes conchabados con Occidente son los desposeídos, los desesperados, los que tienen dificultades para comprar pan todos los días... y los iluminados. Y a estos los aglutinan hoy los islaministas más radicales. Es la hipótesis peor, pero es una hipótesis posible.

    En Occidente tardamos siglos en asumir la tolerancia religiosa y aprender a respetar las ideas políticas. Aunque internet vaya a la velocidad de la luz, el alma de los hombres lo hace con la lentitud con que desaparecen las generaciones enquistadas en el pasado. La tolerancia se enseña, pero sobre todo se practica. Una y otra cosa deberá ser cultivada. Armémonos de paciencia.

  6. #6
    Fecha de Ingreso
    01 abr, 08
    Mensajes
    211

    Predeterminado

    El Agente t, como buen agente que es, sabe que en realidad nada va a cambiar en mundo árabe, sólo se está procediendo a cambiar los agentes principales de EEUU, ya muy quemados, por otros que lo estén menos.
    Lo demás propaganda y desinformación.

  7. #7
    Fecha de Ingreso
    08 ene, 07
    Mensajes
    9,936

    Predeterminado

    Es muy precipitado eso de que nada va a cambiar. Seguro que algo o mucho cambia. Se trata de que no sea a peor. Y por supuesto que es compatible la democracia real (dejémoslo en mejorada) en el mundo árabe junto con la preservación de los intereses de Occidente, es más, es la mejor manera de preservarlos a largo plazo. Y no olvides que los autócratas árabes son antes que nada agentes de sí mismos y si llegan a ententes con Occidente es porque ello les proporciona más réditos.

  8. #8
    Fecha de Ingreso
    08 ene, 07
    Mensajes
    9,936

    Predeterminado Por qué hay que temer a los Hermanos Musulmanes

    BÁRBARA AYUSO-LD
    Los turbulentos días de que vive Egipto dejan tras de sí un aluvión de artículos y reflexiones de todo color. En el análisis de los protagonistas de los acontecimientos, se detecta una preocupante y frecuente tendencia: los Hermanos Musulmanes son situados más cerca de la moderación, por obra y gracia del paso de los días.

    Con su incorporación a las negociaciones que persiguen finalizar las revueltas, la organización fundamentalista ha ido cobrando protagonismo, siendo cada vez más vinculados a la "moderación" y la "democracia". Latiguillos tan habituales como que son "un grupo políticamente reformista y moralmente ultraconservadores" les caracterizan a diario, transmitiendo una imagen perversamente distorsionada de su verdadera naturaleza. Convertir a los Hermanos Musulmanes, de la noche a la mañana, en un adalid de la moderación es un ejercicio de amnesia –voluntaria- con indeseables consecuencias.

    Y es que en la configuración de este grupo existen motivos para temer su ascenso al poder. La opinión mayoritaria se esfuerza estos días por implantar la idea de que han experimentado una transfiguración tan radical, que poco tienen que ver con aquél grupo fundado en 1928 para evitar la progresiva occidentalización de Egipto por el colonialismo británico, imponiendo la ley islámica o sharia. Y no es así. Nunca han abandonado sus totalitarios objetivos ni se han moderado, por muy deseable que sea, ya que son el único grupo –organizativamente hablando- con capacidad para capitanear un futuro gobierno.

    Su ideario: "El islam es la solución"
    Con la caída en desgracia de Mubarak, todos los argumentos que el dictador ha esgrimido para mantener en una alegalidad relativa a los Hermanos Musulmanes también han perdido validez para la opinión mayoritaria. El aún presidente egipcio dijo en diversas ocasiones que el grupo islamista constituía "un peligro para la seguridad del Estado porque adopta un programa religioso" y alertó que "en el caso de que se diera un ascenso de esta corriente se reproducirían en Egipto situaciones recientes de regímenes que representan el islam y que se enfrentan al aislamiento". Y repasando su ideario político –al que no han renunciado- no parece descabellado el temor a que implanten una revolución a la iraní: "El islam es la solución". Ese fue su lema desde los 80 y al que aún no han renunciado. Si bien es cierto que Mubarak ha instrumentalizado el miedo hacia ellos para aferrarse al poder, conviene no rechazar taxativamente sus advertencias.

    Cosa distinta es que, en la coyuntura actual, los Hermanos Musulmanes quieran subirse al carro de las protestas para capitalizar el liderazgo de la oposición al régimen. Conscientes de que con el discurso fundamentalista actual los apoyos mermarán, sólo han disfrazado su mensaje, pero éste permanece inalterable. Ahora, propugnan un régimen constitucional y parlamentario... con un revelador añadido: "Con un Estado civil de bases islámicas". Es decir, un Estado islámico, a la imagen y semejanza de Arabia Saudí o Irán.

    ¿En qué consistirían exactamente estas bases islámicas? Escuchando sus propias consignas, abarcaría todas las esferas de la vida pública: se aplicaría la ley islámica, y en ningún caso una mujer o alguien de otra confesión podría ocupar ni la presidencia del país ni del Gobierno. En resumen: imposiciones totalitarias e islámicas.

    Por ello, en la desconfianza hacia sus objetivos no están los delirios paranoides con los que se trata de demonizar esta postura. Existen sólidos argumentos. El propio ideario de los Hermanos Musulmanes imposibilita su entrada en un juego político democrático, como ahora quieren hacer ver. Aunque se descuelguen con bienintencionadas declaraciones –"Queremos formar parte como una fuerza política más"- conviene no confundir necesidades tácticas con abandono de objetivos.

    En el horizonte queda, además, los precedentes históricos en los que tras un período democrático, grupos similares han ido adquiriendo poder como un grupo más, para acabar absorviéndolo, implantando la "revolución islámica". Muy al estilo de lo ocurrido en Irán con la inicial utilización de la oposición al Sha, y la posterior aniquilación para hacerse con el control absoluto. Entonces, también se habló de "moderación" y a quienes advirtieron se les tachó de agoreros.

    Padres de Al Qaeda y Hamás
    La histórica relación con la violencia de los Hermanos Musulmanes, pilares del islamismo contemporáneo, tampoco permite ser optimistas. No conviene perder de vista su férreo apoyo a los terroristas de Hamás - grupo que, de hecho nace como una facción de los Hermanos en Gaza-, y su oscura vinculación con los asesinatos y atentados ocurridos durante más de 30 años.

    Los Hermanos Musulmanes son la más extendida e influyente organización fundamentalista del mundo árabe, padres de todos los grupos terroristas radicales. De hecho, el fundador de la yihad islámica egipcia y número dos de Al Qaeda, Ayman Al Zawahiri, forma parte de ellos.

    El papel en las revueltas egipcias de los Hermanos Musulmanes ha ido un paso por detrás que el resto de la oposición, cuidándose de no hacer declaraciones que les comprometieran en exceso. Las revueltas pidiendo democracia no han sido capitaneadas por ellos, pero pueden ser los mayores beneficiados de un movimiento con el que no se han comprometido hasta que otros se han lanzado a la calle.

    Por sus ansias de libertad, sería injusto dejar sin más que el salvajismo islamista se haga con el poder. Como se señala desde GEES: " Las revoluciones no suelen ganarlas los que las comienzan, que suelen ser devastados más adelante por los más despiadados que han permanecido en segunda fila. No las ganan los buenos, sino los fuertes, que las más de las veces no son los mismos. No podemos hacer que los malos se vuelvan buenos: pero sí hacer a éstos más fuertes".

  9. #9
    Fecha de Ingreso
    08 ene, 07
    Mensajes
    9,936

    Predeterminado La larga marcha de la revolución árabe

    En Egipto los manifestantes están consiguiendo lo que querían y los militares también. La desaparición de los Mubarak, padre e hijo, era para los primeros la condición previa a todo cambio que conduzca a elecciones libres; para los segundos el objetivo es seguir en el centro de todo el proceso de cambio, y asegurarse la mejor posición posible en el nuevo régimen. La meta inmediata: vaciar la plaza de Tahrir y volver al orden.

    Cada bando ha sabido mantener la unidad y actuar con moderación. Los manifestantes se enfrentaron duramente con la policía los primeros días, del martes 25 al viernes 28 de enero, sin recurrir a ningún tipo de armas, y días después repelieron los ataques de contramanifestantes enviados por Mubarak, usando sus mismos procedimientos y medios, pero sin recurrir a armas de fuego ni pasar al contraataque. Todo ello a pesar de que en ambos momentos de violencia sufrieron bajas. El ejército no apareció hasta la retirada de la policía, después del fracaso de los primeros cuatro días, tanto por extenuación como por táctica del poder. Esta primera victoria de los contestatarios fue posible gracias a un alto grado de organización y al refuerzo masivo –ya desde el segundo día– de jóvenes pertenecientes a la Hermandad Musulmana. Pero hay que señalar que los soldados dejaron pasar a los defensores del régimen que irrumpieron violentamente en la Tahiran, y no intervinieron para separar a los contendientes más que tras muchas horas de batalla campal, con cientos de herido por ambas partes y varios muertos del lado de los ocupantes de la plaza.

    Las Fuerzas Armadas terminaron diciéndole a su jefe que se fuera el viernes 11 de febrero, el día en que las manifestaciones alcanzaron a la salida de las mezquitas su punto culminante, después de que la noche anterior el rais demostrase su desconexión con la realidad mediante un discurso en el que pretendía apadrinar la protesta y pilotar los cambios hasta las elecciones previstas en septiembre. El ejército ha accedido a todas las demandas de los manifestantes, encaminadas a poner fin a la represión y llevar a cabo elecciones libres. Todo lo demás está por determinar. Extraña revolución en dos fases: en la primera se decapita a la cabeza del sistema; y la segunda consiste en un reparto de poder entre el elemento central del régimen –que tratará de preservar sus enormes privilegios políticos y económicos– y una heterogénea coalición de elementos opositores, cuya única fuerza no puede ser más que la incierta amenaza de volver a sacar a sus partidarios a la calle, mientras que le será enormemente difícil mantener la unidad del momento mágico de la comunión revolucionaria propia de la primera fase. Todo será posible en ese proceso de tira y afloja de medio año, hasta las elecciones.

    Como la historia no empezó ayer, sabemos que las revoluciones no suelen acabarlas quienes las comienzan y que suelen seguir un proceso lineal de radicalización hasta que les llega su golpe de Termidor –por usar la terminología modélica de la Francesa–, momento en el que alguna de las fuerzas revolucionarias con suficiente poder dice "hasta aquí hemos llegado"y le pone punto final al proceso o intenta una cierta marcha atrás. Lo peculiar del caso egipcio es que los termidorianos podrían ser ese hábil y camaleónico núcleo central del antiguo régimen que los revolucionarios por ingenuidad y táctica dejaron intacto.

    Naturalmente, también los más radicales tienen muchas bazas que jugar. No es sólo que los Hermanos Musulmanes sean, con mucho, los más organizados, lo que ya es importante. Es que además muchos rasgos del trasfondo social les son propicios: Egipto, como el resto del mundo árabo-musulmán, ha experimentado una intensa reislamización en las dos últimas décadas. Los hiyabs se han hecho comunes en las jóvenes, y las mezquitas improvisadas han proliferado. Hoy por hoy, en ese mundo, más democracia significa más islam, como estamos viendo incluso en Turquía, que no es árabe. No tiene por qué ser un islam extremista como el que, en general, representan los Hermanos Musulmanes, pero ese clima social es un claro punto a su favor. Ciertamente no ha sido ese el lenguaje de los manifestantes, pero la democracia que reclaman hará aflorar la voluntad mayoritaria, que no tiene las mismas prioridades que los jóvenes liberales o socialistas occidentalizados, que iniciaran el movimiento mediante sus convocatorias en las redes sociales de internet. Los islamistas que se sumaron enseguida y fueron decisivos en proporcionar número y en fuerzas de choque frente a las milicias que atacaron en nombre de Mubarak han cuidado mucho en todo momento de poner mordaza a su discurso y de sumarse a las consignas de los promotores iniciales.

    Mientras esas contradicciones se dirimen en el caso egipcio, desarrollándose suave o espasmódicamente, la oleada antidictatorial continúa chocando contra otros regímenes igualmente represivos y corruptos, y no necesariamente sólo en el mundo árabe. No sólo monarcas y presidentes vitalicios y hereditarios árabes están temerosamente alerta, preparando medidas de contención sin dejar de buscar un país de acogida. Autoritarios y déspotas de todo el mundo ponen sus barbas a remojar, guardándose mucho de dar su aprobación a los huracanados vientos de libertad, prestos a proporcionar a sus colegas en el poder absoluto cualquier alivio que esté a su alcance. Lo que suceda en Egipto y en cada uno de los contagiados influirá en todos los demás.

    Por Manuel Coma, presidente del GEES.

  10. #10
    Fecha de Ingreso
    08 ene, 07
    Mensajes
    9,936

    Predeterminado Cambio de tercio

    He aquí la Spanish Revolution

    Anteayer, un diario madrileño publicaba un reportaje con el titular Hacia dónde va la #spanishrevolution? Contemplé el hashtag y enseguida tuve clara la respuesta: la Spanish Revolution no va a ningún sitio convincente. Para empezar, porque, más que una revolución, de momento es una acampada. Hacer acampadas está bien, pero una revolución es otra cosa. Explican los diarios que, el domingo, 150.000 personas se manifestaron en España. Si, tal como dice el censo, hay 47.021.031 ciudadanos, la cifra de manifestantes (150.000) supone sólo el 0,037 por ciento de la población. Dudo de que con un 0,037 por ciento se haga nunca revolución alguna.

    Más que en un cambio drástico de las instituciones políticas y sociales y de las estructuras económicas, esta presunta revolución española que enarbola su nombre en inglés –Spanish Revolution– hace pensar más bien en los enrollados que van al restaurante a comer noodles porque, llamando noodles a los fideos, creen que son supercosmopolitas. Necesitados de una causa por la que luchar, los campistas se ven como revolucionarios, sin darse cuenta de que ese mismo nombre en inglés denota sumisión a todo un sistema de valores; no sólo lingüísticos. No seré yo quien defienda a los políticos con poltrona, que en general me dan arcadas. Que los campistas digan que luchan contra el bipartidismo es lindo, pero para eso están las urnas: para votar a otros partidos que no sean los dos que cortan el bacalao. La empanada que los campistas exhiben es tan grande que resulta difícil saber qué quieren. ¿Que, el próximo domingo, la gente no vaya a votar? ¿Ejecutar a González Sinde? ¿Enterrar al capitalismo? Vale, pero ¿para poner qué? Y, cuando hablan de acabar con la partitocracia, ¿qué piden exactamente? ¿Que no haya partidos? Miau, porque cuando no hay partidos es que hay partido único.

    ¿Eso de "Falta pan para tanto chorizo" cabe perfectamente en los 140 caracteres que pide un tuit, pero ¿qué pan proponen? ¿Masacramos las urnas y que a partir de ahora una camarilla autodesignada escoja quién tiene que representarnos? He leído incluso que alguien habla de establecer "un gobierno de transición que nacionalice la banca, acabe con la dictadura de los ricos y saque a España de la UE". ¿Un gobierno de transición? ¿Sacar a España de la UE? ¿Nacionalizar la banca? ¿Dictadura de los ricos? Como pasa con los que alegremente usan la palabra nazi para insultar a los rivales, a los campistas les delata que utilicen dictadura con tanta ligereza. Han visto muchas pelis, y muchas retransmisiones de las manis de Túnez y El Cairo. Anteayer, en Twitter, con ironía y un punto de maldad, @ElGatoMiraRaro escribía: "Pueden cosernos a porrazos, pero nunca nos quitarán... el interneeeEEEER!". Poco después decía @200bares: "¿Mamá, ¿me das dinero para la acampada?".

    Quim Monzó, en La Vanguardia

Permisos de Publicación

  • No puedes crear nuevos temas
  • No puedes responder temas
  • No puedes subir archivos adjuntos
  • No puedes editar tus mensajes
  •  


Archivo  •  España  •  Hispanoamérica  •  Stop Yihad  •  Foros  •  Los blogs  •  Constitución Europea  •  El reloj de la malaria  •  Fórrum
Site Meter RSS  •  OPML  •  XHTML 1.1  •  CSS  •  508

© 2004-2012 liberalismo.org