Página 1 de 3 123 ÚltimoÚltimo
Resultados 1 al 10 de 22
  1. #1
    Fecha de Ingreso
    08 ene, 07
    Mensajes
    10,113

    Predeterminado Contra el multiculturalismo

    Desde Zola, el género del intelectual disconforme debería ser el alegato, antes que el ensayo o la novela. Así lo entendía, por ejemplo, Julien Benda en 1927, cuando publicó La traición de los intelectuales. Y el tan equivocado como apasionado Paul Nizan de Aden Arabia. Y, hoy, María Teresa González Cortés, autora de Distopías de la Utopía. El mito del multiculturalismo.

    El texto de González Cortés es uno de los mejores alegatos que yo conozca contra esta peste de nuestro tiempo, la ideología del apaciguamiento y del falso igualitarismo, que no dirige el foco a los individuos, los únicos con posibilidad real de ser iguales –ante la ley y sólo ante la ley–, sino a las comunidades culturales. La doctrina multicultural se resume en la espantosa, manida y mentirosa frase "Todas las culturas son iguales". Y Teresa González Cortés, con atrevimiento y solidísimos argumentos, dice que no, que no es así, que no todas las culturas son iguales; toma como objeto de comparación la situación de las mujeres, los niños, los desplazados, en cada una de ellas y emprende su "dogmatomaquia (u oposición a posturas dogmáticas)", como ella misma denomina a su arriesgada empresa.

    A partir del Tercer Estado –aquella burguesía pujante de las revoluciones de 1689, 1776 y 1789– empieza a definirse el "espacio despectivo y sin derechos" del Cuarto Estado ("burguesía baja, artesanos, agricultores, mujeres, judíos", precisa la autora), que, "a partir de la segunda mitad del siglo XIX (...) volvería a repetir los errores del Tercer Estado", ya que ni Marx ni Proudhon "apoyarían la causa de la igualdad de la mujer, de modo que ésta (...) pasó a ser marginada y catapultada al foso tenebroso del Quinto Estado". Ahora bien: sobrevenidas la "democratización de las costumbres y la reivindicación de las libertades individuales, los defensores del multiculturalismo se empeñan en justificar el concepto de exclusión para mantener intacto, y en nombre de las culturas, un Sexto Estado", formado por individuos que, "por cuestión de cultura, viven encerrados en la muerte civil". O lo que es lo mismo, dejan de ser considerados individuos.

    Los poderes constituidos han alimentado y ahondado, después de 1945 –aprovechando la abolición de la palabra raza, a la que había obligado su empleo criminal por los nazis, para sustituirla por otras más correctas políticamente, como cultura o costumbres–, unas divisiones sociales insalvables que se amparan en el adefesio de los derechos colectivos, algo perfectamente inexistente desde que los derechos son individuales o no son. Es por eso que "no se entiende que algunos movimientos feministas" y "hombres y mujeres que se ubican en la vanguardia", dice González Cortés, "abracen lo imaginario con tanta facilidad y caigan en el embrujo del Volk redentor".

    Y decimos que no se entiende porque si uno de los logros de la civilización lo ha constituido la racionalización de las tradiciones, racionalización en la que tanto ha contribuido la mujer al divorciarse de sus utopías tan milenarias como mitomaníacas, entonces, ¿por qué toca ahora defender la bondad patriarcal de las costumbres?, ¿por qué olvidar lo que históricamente tuvieron que pelear las mujeres para convertirse en Occidente en sujetos libres y autónomos?, ¿por qué ciertos grupos progresistas (¡?!) se dedican a tutelar a mujeres y hombres no occidentales hasta decirles que han de permanecer en mundos culturalmente lejanos y al margen de las leyes del estado de derecho?

    Y es que el multiculturalismo no sólo es una forma perfeccionada y sutil de discriminación social, racial, sexual y religiosa, sino que constituye el sostén teórico de la perpetuación del atraso, fuera y dentro de Occidente, en la mayor parte de la humanidad. Y el sostén teórico de un claro retroceso de Occidente, al asumir éste la convivencia, dentro y fuera de sus sociedades, con organizaciones sociales y políticas que no sólo descreen del progreso, sino que actúan francamente en su contra. ¿Cómo, si no, se entiende que la ONU conceda a Libia el privilegio de presidir una comisión de derechos humanos, o aun que un símbolo popular como un club de fútbol acepte poner en las camisetas de sus jugadores propaganda de un país como Qatar?

    María Teresa González Cortés es, probablemente, la mejor conocedora en España de los procesos revolucionarios modernos, de las utopías y de sus fracasos, como ha demostrado sobradamente en su monumental obra Los monstruos políticos de la Modernidad. De la revolución francesa a la revolución nazi (1789-1939). Por eso tiene toda la autoridad para emprender esta crítica, con argumentos sólidos y bien fundados.

    El mito del multiculturalismo ha sido publicado en una editorial de corte universitario, la Academia del Hispanismo, y en la Biblioteca Giambattista Vico, que cuenta en su catálogo con firmas tan notables como la de Inger Enkvist y Sultana Wahnon, ambas agudas polemistas y bien conocidas por nuestros lectores.

    MARÍA TERESA GONZÁLEZ CORTÉS: DISTOPÍAS DE LA UTOPÍA. EL MITO DEL CULTURALISMO. Academia del Hispanismo (Vigo), 2010, 120 páginas.

    vazquezrial@gmail.com

    www.vazquezrial.com

  2. #2
    Fecha de Ingreso
    08 ene, 07
    Mensajes
    10,113

    Predeterminado Ese asunto de la verdad

    Hace poco, en estas mismas páginas, escribí acerca del cáncer multiculturalista. Dije entonces que no sólo había grupos culturales distintos, y por lo tanto superiores o inferiores, sino que se distinguían los unos de los otros por sus niveles de libertad individual, es decir, por su reconocimiento (o no) del derecho natural a la libertad, con todas sus repercusiones en la situación de las mujeres, los niños y otras víctimas preferentes de la miseria.

    Pero ése es sólo uno de los elementos diferenciales. Otro, no menos importante, es el de la relación de cada grupo cultural (que no cultura, mal que pese a no pocos antropólogos reacios a la noción de humanidad) con la verdad. La misma definición relativista de las culturas como entidades autónomas y escasamente dadas al cambio evolutivo refiere a la existencia de más de una verdad. Los neonietzscheanos posmodernos acuden un día sí y otro también a aquello de "tu verdad" y "mi verdad". Una majadería, al cabo de dos mil quinientos años de filosofía, puesto que si hay algo en este mundo que no puede ser relativo ni subjetivo es la verdad. Cabe que sean distintos los criterios acerca de cómo acceder a ella, y de hecho han ido variando progresivamente al hilo del avance de las ciencias, como explicó hace ya años Thomas Kuhn en La estructura de las revoluciones científicas.

    Este relajamiento de la atención que el multiculturalismo estimula en relación con la verdad ha generado una extensísima producción ideológica –la ideología es ese magma confuso que con su ruido constante impide pensar racionalmente, anoté hace unos días– en la literatura y las artes. Primero en los Estados Unidos, y luego en el resto del mundo. Esto tiene unas consecuencias prácticas de gran alcance a la hora de vaciar los cráneos de los occidentales, que somos los más afectados por estas desfiguraciones.

    Aunque ya en los años cincuenta encontramos reacciones –Sorokin, Andreski, oportunamente recordados por Edison Otero en un libro que he reseñado recientemente– ante la pornografía intelectual posmoderna, por entonces en agraz, la eclosión de la propaganda liquidadora de la razón tuvo lugar en la era Reagan, por sorprendente que parezca: a la revolución conservadora respondió el Hollywood progre con una nutrida producción fílmica, coherentemente relativista, cuya cumbre fue Bailando con lobos, una orgía de atrasismo perpetrada durante el mandato de Bush padre, un verdadero alarde rousseauniano en elogio del buen salvaje, a todas luces preferible al progreso, asesino de búfalos y de pueblos originarios.

    Por eso, cuando los indigenistas de hoy mismo hacen el elogio de su medicina, distinta de la occidental –recuerde el lector la consigna "Nuestro futuro es nuestro pasado", emitida por un indígena boliviano en el curso de los fastos de 1992–, siembran en un terreno abonado por el agit prop fraudulento que lleva décadas promoviendo al gran jefe Seattle o a Rigoberta Menchú. Y los californianos de baba, que probablemente no se dejarían atender por un médico quechua, hacen el elogio de la medicina china, generada en una cultura milenaria que, como el diablo, debe de saber por vieja. Son modos de echar al cubo de la basura al también milenario Occidente, y toda la ciencia y la tecnología acumuladas a este lado del mundo. Que, no lo olvidemos, se han desarrollado al amparo de la razón, mal que pesara a Rousseau, padre del relativismo.

    La ciencia es una. La verdad es una. La búsqueda de la verdad se puede llevar a cabo por sendas distintas, a condición de que sean racionales.

    La búsqueda mística es de otro orden, pero ya se han encargado los dos últimos papas de establecer criterios –también racionales– de relación entre la fe y la razón, en su rechazo frontal a todo relativismo. El judaísmo ha abierto caminos a la razón desde tiempo inmemorial, aun en medio de conflictos espirituales tan complejos como aquellos por los que pasó Spinoza, y su contribución al saber general es innegable. Ninguno de los constructos intelectuales ajenos al tronco judeocristiano ha participado del mismo modo en el desarrollo de la noción de humanidad como único colectivo abarcador y destinatario común del conocimiento; y, por lo tanto, investigador racional de la realidad. Sin embargo, las maquinarias de producción ideológica han logrado instalar el virus de la duda autodestructiva entre nosotros. Y es que algo ha fracasado estrepitosamente en nuestra estructuración social.

    El marxismo, teleológico como es, tiene parte de la culpa de ese fracaso. Su crítica brutal y arrasadora del capitalismo no dejaba otra opción que la utopía, en esencia totalitaria. Y, por ser el último pensamiento fuerte, la última Weltanschauung, se apoderó de la vida intelectual durante tres cuartos de siglo. Se instaló en las universidades y demás centros de producción y reproducción ideológica, y hasta en el lenguaje cotidiano y la literatura. Y cuando la utopía totalitaria cayó, sólo quedó un desierto, rápidamente ocupado por los impostores que venían poniendo a punto su estafa desde hacía décadas pero aún no habían podido expandir su influencia. La lista de okupas del mundo intelectual es larga, y va desde los idiotas de la corrección política –instrumento censor que venía creciendo desde la época victoriana y que se evidencia en los clásicos expurgados con que se trabajó durante siglos en las instituciones universitarias británicas– hasta los islamistas de tono conciliador, estilo Sami Naïr, que pretende contrarrestar a Bernard Lewis desde la propaganda.

    Otra parte de la culpa la tiene nuestra mala conciencia respecto de una historia mal contada y peor escuchada: la del colonialismo como fenómeno nuevo, del siglo XIX. Hay una lectura equívoca del "Amar al prójimo como a uno mismo", que deriva en "Amar al prójimo más que a uno mismo", que suele estar en el origen de esa mala conciencia. Los okupas de las aulas (y de las bibliotecas) dicen que hemos escrito una historia no neutral, no respetuosa con los otros, desde un punto de vista únicamente occidental, pero resulta que hemos escrito la historia de la trata dejando de lado a los demás y hemos cargado con el mal sin explicar que Occidente no hizo más que incorporarse al tráfico de seres humanos que habían iniciado como próspero negocio los musulmanes, ya en tiempos de su primera expansión, en los siglos VII y VIII, precisamente en África. Colonialismo y trata comienzan allí, y Occidente se incorpora. Pero Occidente –en el XVIII y en el XIX– desarrolla su autocrítica, y las revoluciones de 1776 y 1789, con todas sus taras; y la guerra civil americana de 1861-1865 (al margen de su condición de enfrentamiento entre el Norte industrial y el Sur de las plantaciones, de la necesidad del Norte de tener obreros y no esclavos) tuvo un centralísimo objetivo moral en el abolicionismo.

    Consideradas todas las ciencias o pseudociencias llamadas "del hombre", desde la sociología hasta la antropología, cuyo estatuto real está por determinar, la historia es la más cambiante y aquella en la que más difícil parece establecer criterios de verdad. Lo trágico de este problema es que sin historia no hay verdad, que los criterios de verdad se generan en la historia y que ésta tiene que ser también única. Marx lo comprendió hacia el final de su vida, y por eso se lanzó desesperadamente a crear modos de producción, para incorporar a su teoría todo lo que se había dejado fuera, que era un parte considerable del mundo. Tengo para mí que la universalización de la historia, que se verá alentada por la realidad de la globalización y que es un paso más hacia el establecimiento de criterios de verdad en el relato histórico, ya está en marcha. Y, a falta de una sistematización precisa de los criterios existentes, habrá que esperar que, como otras zonas del conocimiento, se reconfigure, conformándonos entre tanto con una historia que, en su proceso, sea regla de sí misma.

    Lo que no es de recibo es que en ciertos departamentos universitarios de estudios (de género, de raza o de la particularidad que sea) se enseñe a alumnos negros que el primero en alcanzar el Polo Norte no fue Robert Peary sino su asistente, Matthew Henson, que estaba muy orgulloso de serlo y que descendía de un célebre esclavo negro fugitivo. Iban juntos, es cierto, y juntos se acercaron todo lo que pudieron al polo –se estima que llegaron a unos 30 kilómetros, lo que no era poco en 1909–, y los dos tuvieron hijos con mujeres esquimales, pero lo que se enseña no eso, sino que Henson llegó y ni siquiera se nombra a Peary. Henson ya había sido reivindicado en su día, y está enterrado en Arlington, muy cerca de donde lo está Peary, pero no había que perder la ocasión de hacer un poco de discriminación positiva ¡en el pasado!, de modificarlo en un sentido reivindicativo. Lo más curioso es que el acento no se pone en lo difícil que hubiese sido para un negro en 1909 conseguir la financiación para tamaña empresa (a pesar de que ya había una pequeña burguesía negra en los estados del norte), y que por lo tanto era lógico que la expedición la organizara y la dirigiera Peary y no Henson. Podríamos recorrer todos los departamentos de estudios y en cada uno encontraríamos un adefesio así. Lo cual indica que se dicen mentiras en abundancia, pero que también hay una verdad, que depende de la lógica interna de los acontecimientos.


    vazquezrial@gmail.com www.vazquezrial.com www.izquierdareaccionaria.com

  3. #3
    Fecha de Ingreso
    08 ene, 07
    Mensajes
    10,113

    Predeterminado Cameron advierte del fracaso del multiculturalismo

    El premier británico lamenta que los jóvenes no se identifiquen con los valores británicos

    ROSALÍA SÁNCHEZ / Múnich, Especial para EL MUNDO

    David Cameron ha decretado el fracaso del multiculturalismo. Los resultados de las últimas investigaciones antiterroristas y el hecho de que el MI6 considere a los «islamistas nacionales» como la principal amenaza para el Reino Unido han llevado al primer ministro británico a entonar un mea culpa europeo por haber tolerado en nuestro suelo los mismos pecados antidemocráticos contra los que hoy se levantan los ciudadanos árabes.

    «En el Reino Unido es difícil para un joven identificarse con las prácticas del islam de sus padres, que han trasplantado sus costumbres a Occidente. Pero a ese joven le resulta también difícil identificarse con los valores británicos, porque nosotros mismos los debilitamos nuestro conjunto de valores colectivos», decía el primer ministro ayer, sorprendiendo a la selecta audiencia de la Conferencia de Seguridad de Múnich.

    «Bajo la doctrina del multiculturalismo, condenamos a diferentes culturas a vivir vidas separadas en la misma sociedad, cuando deberíamos fortalecer nuestros valores en un ejercicio de liberalismo activo y muscular para proporcionar una sociedad coherente a la que ellos quieran pertenecer», entre cuyos principios señaló «la libertad de expresión, la libertad de credo, la democracia, el estado de derecho y la igualdad sin importar raza, género o inclinación sexual».

    La intervención de Cameron estuvo plagada de ilustrativos ejemplos. «Cuando un blanco expresa puntos de vista objetables, puntos de vista racistas, por ejemplo, lo condenamos, con razón, pero cuando esos puntos de vista o prácticas inaceptables vienen de alguien que no es blanco, tendemos a justificarlos», argumentó el jefe de Gobierno británico, que fue especialmente duro con la hipocresía de Occidente ante los matrimonios forzados.

    «En teoría los condenamos. En la práctica, muchas jóvenes son obligadas en nuestro territorio a casarse con alguien que ellas no han elegido. Ese tipo de tolerancia manirrota sólo ha servido para reforzar la sensación de que no nos sentimos suficientemente seguros de nuestra cultura y ha desorientado a muchos jóvenes musulmanes que simplemente buscan algo a lo que pertenecer, alguien a quien poder creer. Estamos contribuyendo a un proceso de radicalización palpable en Reino Unido y en otros países», aseguraba, girando su cabeza desde el estrado para cruzar su mirada con la canciller alemana, Angela Merkel, presente en la sala y quien rompió en octubre la primera lanza gubernamental contra el multiculturalismo afirmando que ha «fracasado por completo» y acuñando el eslogan «asimilación no, integración sí».

    El discurso de Merkel encendió la mecha en Francia y Holanda y fue respaldado por el primer ministro belga, Yves Leterme: «Merkel tiene razón. Las políticas de integración no han tenido efectos beneficiosos». No es la primera vez que Cameron culpa al multiculturalismo de que más de la mitad de los musulmanes británicos diga en las encuestas que el Reino Unido «no es» su país.

    En 2007 ya lo calificó como uno de los cinco «muros de Berlín», junto al extremismo, la pobreza, la inmigración descontrolada y el apartheid educativo, al tiempo que aclaraba: «Cuando hablo de multiculturalismo, no me refiero a la diversidad étnica, que todos celebramos y que sólo rechazan reaccionarios resentidos como el Partido Nacional Británico, de extrema derecha. Me refiero a la doctrina que pretende balcanizar a la gente y las comunidades con arreglo a su raza y sus orígenes».

    En las encuestas, los jóvenes musulmanes británicos colocan su identidad religiosa delante de la nacional, y uno de cada tres está de acuerdo con una disposición de la sharia que decreta que «la conversión de un musulmán está prohibida y se castiga con la muerte».

  4. #4
    Fecha de Ingreso
    08 ene, 07
    Mensajes
    10,113

    Predeterminado O integración o multiculturalismo

    El pasado jueves, el presidente francés, Nicolas Sarkozy, declaró que "hemos estado demasiado preocupados por la identidad de la persona que venía y no lo suficiente sobre el país que le recibía". Y añadió que el concepto de multiculturalismo es un "fracaso". Si le suenan estas palabras es porque cinco días antes el primer ministro británico David Cameron había criticado "la doctrina del multiculturalismo de Estado", con estas palabras: "No hemos sido capaces de dar una visión de la sociedad a la que apetezca pertenecer. Incluso hemos tolerado que esas comunidades se comporten de un modo que va en contra de nuestros valores". Y si a su vez estas palabras le despertaban un rincón de la memoria sería porque a mediados de octubre Angela Merkel, la canciller alemana, había dicho de la política "multikilti" de "vivir en comunidades adyacentes" había "resultado en fracaso". Y John Howard en Australia o José María Aznar en nuestro país habían dicho cosas parecidas.

    El multiculturalismo no existiría sin dos ideas que son netamente de izquierdas. La primera es que el individuo no existe, que sus decisiones no son tales y que si tiene algo real es de prestado, pues lo que le define es su cultura. Todo es cultura, y ésta es un fenómeno colectivo. La segunda idea es el relativismo. No hay valores absolutos, pero es que tampoco hay valores que sean mejores que otros. Por lo que tampoco hay culturas superiores o inferiores, sólo son formas distintas, alternativas, de organizar la vida en común. Imponer nuestros valores sería un crimen, y aceptar tal cual viene la cultura que cruza nuestras fronteras es un acto debido, merced a la tolerancia. Una "tolerancia" mal entendida y que no se tiene con nosotros. Nuestra civilización, la única que de veras merece ese nombre, es el precipitado de todo lo que la izquierda odia sinceramente. Y unas cuantas cuñas clavadas desde culturas distintas sólo pueden venir bien si sirven para minar lo que hemos heredado.

    ¿De veras ha fracasado? La pregunta es ¿de veras podía ser el objetivo de esa política integrar a los inmigrantes? El multiculturalismo es una política de segregación cultural que renuncia, por principio, a la integración. Si la confluencia de comunidades distintas se une a la crítica permanente a la del país de acogida, ¿no es inevitable que surjan conflictos? ¿No es imposible que surja de ahí un entendimiento, una concordia? La integración no es una cédula que se entrega al que llega, sino un acto voluntario del inmigrante de formar parte de la sociedad de acogida. Y esto sólo se puede producir si la sociedad es lo suficientemente orgullosa como para que tenga que hacer un esfuerzo. O integración o multiculturalismo, no hay otra.

    Por José Carlos Rodríguez, periodista y miembro del Instituto Juan de Mariana, en LD

  5. #5
    Fecha de Ingreso
    14 ene, 07
    Mensajes
    606

    Predeterminado Que es eso multiculturalismo.

    El multiculturalismo es lo mismo que permitir en el Codigo de Circulacion a los zurdos conducir por la izquierda en mismo tiempo que los diestros conducir por la derecha.

    Obviamente el resultado sera deplorable. La ley solo funciona cuando es claro y es aplicable para todos por igual.

  6. #6
    Fecha de Ingreso
    08 ene, 07
    Mensajes
    10,113

    Predeterminado Inmigración y ultraderecha

    El capitalismo es una potente fuerza niveladora. El capital va a donde el trabajo es barato. Lo hace más productivo, lo que eleva los salarios. El trabajo barato, por otro lado, viaja a donde hay mucho capital, también para ser más productivo y generar una mayor renta. Esta doble vía no es perfectamente simétrica. El capital no incorpora una moral, un poso cultural, una forma de entender el mundo y relacionarse. Los trabajadores, sí. La primera importación de los Estados Unidos es la pobreza, que cruza sus fronteras a diario. Aquel país es tan productivo que transforma esa pobreza en oportunidades para la mejora. También ocurre en nuestro continente, que absorbe masas crecientes de gente procedente de países pobres.

    El mercado es un proceso integrador; permite el acuerdo y la cooperación entre personas que en otros ámbitos mantienen diferencias graves, acaso irreconciliables. Un empresario contrata a un trabajador por lo que éste le puede aportar, sin necesidad de que tengan que estar de acuerdo en su forma de ver la vida. En otro tiempo, la presencia de millones de musulmanes en Europa sólo se podía entender como el resultado de una invasión bélica, pero lo cierto es que sólo han venido a ganarse la vida porque nuestra sociedad es mucho mejor para ellos que la que les ha visto nacer.

    Nosotros, guiados por el triunfo arrollador de la izquierda, hemos negado la realidad de nuestra cultura para igualarla, en el cero absoluto, a las culturas que arrastran quienes vienen a trabajar. Si por un lado muchos musulmanes mantienen que su sociedad de origen es mucho mejor que la nuestra pese a desmentirse cada día que deciden estar aquí, por otro, entre nosotros también hay quien parece tener la misma idea. Esta confluencia extraña ha resultado en una solución absurda: el multiculturalismo. Es la solución que permite a los musulmanes mantener su sociedad pero en nuestro suelo, y con nuestra organización económica.

    La integración no es una cédula que le entregamos a quien viene, sino una voluntad de quien llega. Nosotros fomentamos los guetos multiculturales y ofrecemos ese apoyo sin lazos sociales que es el Estado de Bienestar. No les damos motivos para hacer un esfuerzo por integrarse. Ellos tampoco los tienen, porque se ven sustancialmente distintos a nosotros, y muy superiores.

    Esta es la realidad. Una parte de la sociedad la niega. Otra la afronta, indignada ante la hipocresía reinante, y quiere acabar con ella con manos de cirujano: cortando por lo sano. Es ese terreno de quien no niega la realidad pero no confía en que una sociedad libre puede ser lo suficientemente integradora como para que no surjan problemas, es donde surge la ultraderecha. Frente a ella no cabe negar los conflictos. Si permitimos que el terreno de la verdad lo ocupe este espacio ideológico, mal vamos. Lo que sí podemos hacer es un esfuerzo por entender cómo se puede integrar a personas de culturas diferentes en un mercado abierto. Y por empezar a creérnoslo nosotros mismos.

    Por José Carlos Rodríguez, en LD

  7. #7
    Fecha de Ingreso
    27 feb, 11
    Ubicación
    Slovakia
    Mensajes
    1

    Predeterminado Contra el multiculturalismo

    Muy educativo: Contra SGAE Sociedad General de Autores y otras hierbas

    Esto lo escribió un currante indignado... con razones:

    Dada la mierda que nos escupe diariamente la tele, radio, prensa y demás medios de comunicación, un grupo de disidentes hemos elaborado este manifiesto a favor sí, A FAVOR de la piratería.

    Si te mola, pásalo. Si prefieres creerte las mentiras de la industria, haz con él lo que te salga del arco del triunfo.

    De:
    El currante medio, aplastado por la hipoteca, la precariedad laboral, los horarios DE MIERDA y otros abusos sociales, como la caña de cerveza a 2 putos Euros.

    A:
    Ese músico mediático que se duele detrás de unas gafas de sol en la Moncloa , forrado de pasta hasta los pendientes. Tiene cojones ir de rebelde por la vida y terminar en las escaleras del centro del Estado por si no captáis las sutilezas, el ejemplo se refiere a Alejandro Sanz , aunque es extensible a todos los membrillos/impresentables que le acompañaban y apoyando a ZP por motivos y beneficios personales.

    Mira, chavalote, en la gira que te vas a marcar este verano vas a ganar más pasta -haciendo algo que te gusta y que en teoría te llena- de lo que ganaré yo en toda mi p.... vida de currito, cargando, además, con una actividad que no me aporta nada personalmente y con la que, si no fuera por el sueldo adicional de mi pareja, ni siquiera me daría para pagar el piso donde vivo.

    La música está muy mal -gimes. Tú, chavalote, no sabes lo que es estar mal. ¿Qué sabes tú de hipotecas, de rebotar de un contrato a otro, de currar a turnos o de 7 a 7? ¿Qué sabes tú de llegar a fin de mes, o de lo que me cuesta a mí plantearme tener hijos con lo que piden en una guardería? Porque te recuerdo que aquí, en el mundo real, curramos dos para pagarnos 70 metros cuadrados

    La gente que compra en el top manta no ama la música -escupe otro.

    ¿Con qué validez moral exigís vosotros, que vivís a todo trapo de camino entre Madrid y Miami, sin saber ni el dinero que tenéis, al currante que os pague los vicios y haga multimillonaria a la multinacional de turno ¿Cómo se puede tener la cara de plantarse en plan víctima sobre una vida de lujo?

    La industria ha abusado -y abusa con los precios y las calidades.

    Sólo ahora que se ve en peligro ofrece lo que no pueden dar los piratas: DVDs con vídeos, extras y demás. Todo, curiosamente, al mismo precio que antes. ¿No llorábais que no se podían bajar los precios? Cómo vale ahora un álbum que lleva 12 canciones en el CD y 16 en un DVD verídico lo mismo que antes el mismo álbum con el CD a pelo? ¿Cómo puede valer un mismo álbum en España 18 euros y en Alemania 20 contrastado cuando los alemanes ganan más del doble que un español?

    Ahora que las mafias e Internet os revientan, ahora, que ya no tenéis la sartén por el mango, pasáis de la posición dominante y abusiva a la apelación más rastrera de sentimientos.

    Pues yo, y muchos como yo respondemos:

    AHORA, QUE OS DEN POR........

    NADIE puede pedirme que le pague la colección de coches de lujo, el yate y las cuatro casonas en Miami, la Sierra o Marbella.

    NADIE puede pedir moral desde la inmoralidad.

    Ejemplo: Bustamante se acaba de comprar una casa de 500 kilos de las antiguas pesetas en solo CUATRO AÑOS DE CARRERA MUSICAL, claro ejemplo de lo mal que está el panorama musical.

    Firma: Cualquier anónimo hasta los h..... de sandeces.

    PD: Cópialo, pégalo y pásalo.

    PD 2: Si alguien sabe el correo de Ramoncín y Cía que haga el favor de pasárselo.

  8. #8
    Fecha de Ingreso
    08 ene, 07
    Mensajes
    10,113

    Predeterminado La invención del multiculturalismo

    «Multiculturalismo» es un concepto relativamente nuevo que no expresa que existan muchas culturas en el mundo ni tampoco que existan muchas en convivencia en un sólo país, sino que fue pensado para referir un Estado-nación democrático cuyo pluralismo debía consistir en promover diferencias étnicas y culturales. Seguramente quien primero lo acuñó fue el Gobierno canadiense para referirse a su nueva política de finales de los años 60. Como comenzó por entonces a plantearse allá la cuestión del Quebec como nación diferente de la canadiense y con pretensiones de separación, el Gobierno se sacó de la manga el término «multicultural» para denotar las tres entidades sociales de la Federación, la anglófona, la francófona y la de los aborígenes (indios, inuits y mestizos de once grupos lingüísticos y unos 35 pueblos diferentes) que serían etnias compartiendo conjuntamente una única nación. Los francófonos se disgustaron del nuevo término porque ellos no veían la cosa así, sino que veían que Canadá era un conjunto de naciones diferentes, y el Quebec, la suya, era otra más y con derecho a constituir un Estado aparte. Sucedió por entonces que el Gobierno canadiense alteraba también su clásica política homogeneizadora de la inmigración, para tratar a los inmigrantes como si fuesen otras etnias más, fomentando institucionalmente ciertas diferenciaciones en razón de cada grupo de inmigrantes.

    «Multicultural» fue, en consecuencia, un recurso semántico de un Gobierno con mala conciencia democrática que, para reformular la cuestión del Estado-nación y reorientar las prácticas forzadas de anglo-homogeneización, trataba al conjunto de ciudadanos por bloques o etnias separadas en razón de su origen u horizonte lingüístico y se comprometía a tratarlas como minorías, suponiéndose mayoría la anglófona. La confusión de ese concepto estribaba en sostener que el pluralismo debía crear ciudadanía diferenciada según segmentos, olvidando que es el recurso político de la sociedad libre que busca en la diversidad y el disenso no sólo la ocasión de enriquecer al individuo y también a la sociedad sino, además, la ocasión de hallar un consenso social sobre el que establecer el compromiso democrático, el mismo para todos. Porque dividirse en partes aisladas no es bueno por sí mismo; lo es sólo como modo de jugar un único juego común capaz de incrementar en común los bienes y derechos y de solucionar conflictos aplicando la regla mayoritaria. Aislarse para repartir derechos colectivos más allá de los individuales es imponer constricciones a los ciudadanos y abandonar la inclusividad entre iguales para caminar hacia el privilegio. Resultó así que, en aquella década de los 70, «multiculturalidad» empezó a ser referencia de un estado de cosas relativo a variadas ciudadanías segmentadas por territorio, lengua y hasta cierta peculiar historia que se hallan en un Estado democrático donde hasta a los inmigrantes se les trata en segmentos según su procedencia aunque ellos no lo requieran. El multiculturalismo afloró de inmediato en las aulas universitarias como asunto relativo a unas minorías culturales cuyos derechos no se satisfacían. Estas supuestas minorías fueron de inmediato ampliadas al colectivo de gays y lesbianas, mujeres y hasta discapacitados. La cultura pasó a entenderse sin rigor alguno como un hecho diferencial cualquiera que, por el hecho de serlo, ya exigiría su correspondiente derecho. Fue así como los Estudios Culturales de las universidades americanas se convirtieron en perspectivas ideológicas y políticas de búsqueda de hegemonía frente al sistema para colectivos supuestamente discriminados. A falta de proletariado como motor del cambio sociopolítico, los universitarios encontraron el género y la etnia, un singular dispositivo de repulsa del statu quo.

    En lo que concierne a la inmigración, la pregunta que se hacen los multiculturalistas (y sigo aquí escrupulosamente a Will Kymlicka, uno de los más conspicuos y editados) es si deberíamos o no permitir que los inmigrantes recreasen entre nosotros sus propias culturas de origen. La respuesta que dan es que hacerlo así no sería ni incoherente ni imposible y hasta sugieren que los gobiernos podrían darles territorios específicos a los inmigrantes, proporcionándoles recursos y competencias para que creasen su propio gobierno según la pauta cultural de su país de origen. Incluso consideran imaginable y hasta justo estimular que determinadas poblaciones de inmigrantes se vengan a nosotros en calidad de colonos y haya que redistribuir las fronteras y las competencias políticas a fin de que se autogobiernen. Pero en un alarde de realismo, los multiculturalistas ya ven que los inmigrantes no vienen adonde nosotros a ejercer precisamente ese «derecho nacional» y por eso aceptan la integración social de los inmigrantes. Sin embargo tampoco son realistas del todo y no quieren reconocer que los inmigrantes vienen uno a uno a salir individualmente para adelante y a mejorar sus vidas personales y familiares, aunque para ello lleguen a menudo a olvidarse de su tierra y de sus costumbres. Y, con suerte, hasta suelen llegar a desvincularse de un pasado comunitarista a veces bastante opresor y miserable. Pero eso no lo quieren ni oír los multiculturalistas y defienden que el inmigrante es un ser que pertenece (por nacimiento, religión o sexo) a alguna etnia, en consecuencia «minoritaria», y que la sociedad «mayoritaria» debe adaptarse a los inmigrantes de la misma manera que éstos a aquélla. De ahí que divaguen sobre supuestos derechos poliétnicos en función del grupo, como el derecho de los judíos y musulmanes a que se les exima de la legislación acerca del cierre dominical de los comercios o el derecho de los sijs a que se les exima de las leyes relativas al uso del casco para circular en moto o para entrar en el ejército. Su teoría supone que esos grupos se verían en situación de desventaja social caso de no ser eximidos del cumplimiento de la ley.

    Como la integración de los inmigrantes es un proceso que requiere tiempo, los multiculturalistas como W. Kymlicka exigen acomodos transitorios de base, al menos los mismos que tradicionalmente se ofrecieron a las minorías etnoculturales, de manera que haya programas de discriminación positiva; que nuestras reglas, estructuras y símbolos institucionales no les pongan a los inmigrantes en desventaja; que se les reserven escaños específicos según los diversos grupos; que se revisen los programas y horarios de las escuelas públicas y de los empleos a fin de acomodarles según sus propias fiestas; que se financien públicamente estudios étnicos de los inmigrantes; que los servicios públicos les sean prestados en su propia lengua materna o que la educación escolar del inmigrante sea en todo bilingüe. En fin, estas medidas las apoyan además en otra idea de tercermundismo políticamente correcto que dice así: «Si la distribución internacional de recursos fuese justa, entonces sería razonable que los inmigrantes no pudiesen reclamar en derecho recrear su cultura societal en su nuevo país. Pero la distribución internacional de recursos no es justa, y hasta que no se resuelva esta injusticia, quizá los inmigrantes de los países pobres deberán poder recrear su cultura societal entre nosotros». Si ya es discutible sostener que el mal que sufren allí no tiene nada que ver con la cultura de los de allí, resulta infantil suponer que, trasplantada aquí, aquella cultura obraría el milagro de mejorarnos a todos.

    El proyecto multiculturalista parte, pues, de que la integración del inmigrante debe ser fraguada como un resurgir étnico y de fortalecimiento de la identidad étnica.

    Por Mikel Azurmendi, en conoze.com

  9. #9
    Fecha de Ingreso
    08 ene, 07
    Mensajes
    10,113

    Predeterminado Del Tinell a la sequía

    En el pacto del Tinell la izquierda catalana se comportó con el PP como el juez de la horca que expulsa a los latin kings del condado. Fue un error, algo capcioso y un modo de atropello. La política es, por supuesto, el arte de que pasen estas cosas y al mismo tiempos las contrarias. El resultado de las elecciones municipales sitúa al PP de Catalunya en otro microclima, por aritmética, por la recesión, por contagio de un efecto pendular y por los nuevos cauces que Rajoy insinúa para la vieja Sepharad. Algo ha cambiado desde aquellos pactos del Majestic que tanto recelo merecieron y que tan buenos resultados dieron hasta que el camino se torció. Pudo ser de una parte aquel fuste torcido que kantianamente se atribuye a la humanidad y en parte pudo ser la mayoría absoluta aznarista. Aquel momento de disrupción merece un Tucídides, algún día. Mientras, seguían en boga las tesis de la sociovergencia y la transversalidad, dos nociones estrambóticas que la realidad reciente ha barrido del mapa del poder en la Catalunya de hoy. En coincidencia, se mantiene el abstencionismo y ERC está como para ingresar en el mercado de intercambio de chapas de automóvil. Teorizar sobre el maragallismo también fue propio de la etapa tripartito, que consistía en una acumulación de poder heterogéneo y carísimo.

    Por anquilosamiento, las tesituras de la izquierda catalana especulaban sobre una sociedad cuyos cambios reales no se detectaban o no se querían detectar. De ahí el interés de la figura de Àngel Ros, alcalde de Lleida, porque parece sintonizar con los vectores que en toda Europa buscan una renovación socialdemócrata. Una renovación que no pasa por irse hacia la izquierda, sino por conectar con el centro y, sobre todo, con aquellos sectores sociales que viven en directo el impacto de la inmigración. Para entender lo que ha pasado en Badalona o en Castelldefels, lo menos apropiado es la moralina progre. Han sido traslaciones de voto muy indicativas y legítimas. Al mismo tiempo, las apetencias de la nueva clase media baja se veían coartadas por una recesión económica a la que el Gobierno de Zapatero tardó demasiado en dar respuestas, con lo que el paro es un dato descorazonador, sumado a la falta de crédito y a la consideración mínima que da al trabajador autónomo.

    La izquierda en Catalunya quizás haya entrado en un ciclo letárgico para años, más si recomienza el bizantinismo PSC-PSOE. Fue la misma izquierda la que quiso amoldar la sociedad al multiculturalismo que ya estaba de capa caída en toda Europa y que consistía en políticas inmigratorias buenistas y laxas, hechas ley por políticos que vivían en zonas residenciales y que afectaban muy directamente, puerta por puerta, a un montón de electores que vivían en cinturones industriales o zonas emergentes en las que el umbral de la inmigración ya daba signos de saturación. Llamarle xenofobia también es capcioso.

    Expulsiones socialistas
    Aquel finísimo analista político que fue Josep Melià dedicaba con regocijo parte de sus sobremesas inolvidables a los chismes sobre la Internacional Socialista, ese censo intocable de atrofias políticas. Desafortunadamente, no tuvo tiempo para dedicarles un libro que tenía in mente. En un capítulo reciente podría contarse la dudosa presteza con que la Internacional Socialista ha expulsado al RCD del tunecino Ben Ali, miembro de la casa durante décadas, y al PND del egipcio Mubarak. Nadie parece asombrarse de que ambos partidos, rechazados tan abiertamente por los indignados de la primavera árabe, llevasen tanto tiempo en la Internacional Socialista.

    Comerse las uñas
    El nuevo mantra ya son las elecciones anticipadas, con lo que los sabuesos más obtusos del periodismo político enumeran y dan por seguros prácticamente todos los nombres de los ministros del marianismo. El aspirante a lo que sea se muerde las uñas y, con la mirada perdida del deseo adolescente, pregunta: ¿serán el 27 de noviembre? Según parece, el 9 de julio Rubalcaba queda proclamado candidato del PSOE. ¿Buenos datos económicos para el segundo semestre, hay que esperar a marzo del 2012 o sería peor? Quedan por delante los presupuestos generales. Sí, claro que hay cosas más feas que morderse las uñas.

    Valentí Puig, en La Vanguardia

  10. #10
    Fecha de Ingreso
    08 ene, 07
    Mensajes
    10,113

    Predeterminado Antitemplario asesino

    Vaya por delante mi personal veredicto en el caso de Anders Breivik: culpable de crímenes atroces sin justificación posible, por los que se le condena a pasar el resto de su vida en una prisión de máxima seguridad, sin acceso a comodidades y sin remisión posible. O sea, esa cadena perpetua de la que abominan quienes propugnan, ahora, que se revise la legislación progresista noruega con el fin de poder castigar a este monstruo con más de los 21 años de reclusión que constituyen el máximo legal allí. La pena que deberían cumplir, en todas partes, los asesinos múltiples como él, los que se ceban en niños, los terroristas, los violadores reincidentes y cualquier otro depredador cuya presencia en la calle represente un peligro para la sociedad civilizada en la que queremos vivir. Dicho lo cual, ni los fines que al parecer perseguía este ser amoral justifican el derramamiento de una sola gota de sangre, ni tampoco su bestialidad invalida automáticamente todos sus argumentos. Aceptar esa deducción tramposa sería tanto como decir que el hecho de que ETA haya matado a algún narcotraficante legitima el narcotráfico.

    A quienes piensan, como Petter Nome en estas mismas páginas, que los que han alimentado a este asesino son los partidos que critican el multiculturalismo y reclaman políticas de inmigración ordenadas, yo les pregunto: ¿qué fue primero, el huevo o la gallina? ¿La actuación de dirigentes irresponsables en lo que atañe a los inmigrantes o la xenofobia desatada por sus decisiones? ¿Es un crimen sustentar los valores que han llevado a Europa, y dentro de ella a la propia Noruega, a gozar de cotas de bienestar sin precedentes en la Historia? ¿Es censurable preferir nuestro modelo de igualdad, democracia y libertad a la teocracia patriarcal islámica, y exigir que quienes vengan a instalarse entre nosotros lo hagan de manera legal, comprometiéndose a respetar las reglas que nos hemos dado? ¿Hay que ser de extrema derecha para luchar contra el aborto y defender, desde su concepción, todas las vidas humanas, incluida la de este psicópata?

    Ni el relativismo moral ni el pensamiento blando, tan en boga en estos tiempos, vacunarán a nuestras naciones contra acciones tan demenciales como la de este siniestro matarife de adolescentes, que encarna exactamente lo contrario de un caballero del Temple. Si queremos impedir que surjan nuevos Breiviks en nuestro entorno, más nos vale recordar los principios que nos forjaron y aferrarnos a ellos como hicieron los templarios, hasta en la hoguera a la que fueron arrojados por los propietarios de la verdad oficial de entonces.

    Isabel San Sebastián, en El Mundo

Permisos de Publicación

  • No puedes crear nuevos temas
  • No puedes responder temas
  • No puedes subir archivos adjuntos
  • No puedes editar tus mensajes
  •  


Archivo  •  España  •  Hispanoamérica  •  Stop Yihad  •  Foros  •  Los blogs  •  Constitución Europea  •  El reloj de la malaria  •  Fórrum
Site Meter RSS  •  OPML  •  XHTML 1.1  •  CSS  •  508

© 2004-2012 liberalismo.org