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  1. #21
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    08 ene, 07
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    Predeterminado ¿Hubo de verdad "crímenes del franquismo"?

    Con su constante perversión del lenguaje (esa “irritante mentira” de que hablaba Marañón) la siempre proterrorista y corrupta izquierda española ha conseguido imponer la idea de que el franquismo cometió muchos crímenes de un modo especial e incluso comparable al de los nazis (nunca hablan de los soviéticos, claro), de un “holocausto”, etc. Lo afirma ahora el prevaricador juez Garzón. Y actúan de forma mafiosa para dirigir la justicia convirtiendo la prevaricación en una virtud si va a favor de sus desmanes.

    Garzón no ha investigado ni puede investigar judicialmente los “crímenes del franquismo” no solo porque no le corresponde jurídicamente, porque contraviene amnistías y superación de responsabilidades ya decretadas durante el propio régimen anterior, y porque sus presuntos autores están muertos (en cambio se niega a investigar a uno que sí está vivo, Carrillo, pero ese pertenece al bando de los “justos” según su perversa y desvergonzada noción de la justicia)… También le es imposible por la inexistencia de tales crímenes.

    Por supuesto, hubo crímenes, pero no son “del franquismo” sino de tales o cuales personas concretas en una situación determinada. De todos los regímenes europeos comprometidos en una guerra en los años 30 y 40, el franquismo es probablemente el que aplicó una represión menor y cometió menos acciones de guerra o posguerra tipificables como crímenes. Dejando a un lado a Stalin y Hitler, los crímenes de guerra achacables a Churchill, a Roosevelt o a Truman rebasan de modo gigantesco los atribuibles –a menudo falsamente—a Franco. Y de la represión de posguerra, para qué hablar. Hace poco ha salido en España el estudio de Gilles Macdonnough sobre lo que pasó en Alemania después de la II Guerra Mundial: como mínimo tres millones de muertos (más de diez veces los de nuestra guerra civil), catorce millones de desplazados, millones de violaciones y robos sin tasa y no solo, ni mucho menos, a cargo de los soviéticos. También podría hablarse aquí de un “holocausto” aunque quisiera justificarse con el previo de los nazis. Nada ni remotísimamente parecido ocurrió en España al terminar la guerra civil.

    Siempre se menciona la dura represión de posguerra en España, olvidando tres puntos básicos: a) que se ejerció de forma predominante sobre las decenas de miles de sicarios, chekistas y cómplices del terror izquierdista, abandonados por sus jefes que huyeron llevándose enormes tesoros robados al pueblo español; b) que fue realizada fundamentalmente mediante juicios, mucho menos arbitrarios de lo que pretenden ahora las izquierdas, y al revés que en Francia o en Italia, por ejemplo, donde la represión de posguerra se hizo muy mayoritariamente mediante asesinatos sin más; c) que, aunque evidentemente fueron fusilados algunos o bastantes inocentes, no se los puede equiparar a los asesinos y ladrones de las checas como hace la izquierda o Garzón cuando hablan indiscriminadamente de “víctimas”. Al obrar así, estas gentes se identifican evidentísimamente con los asesinos, a quienes ensalzan al nivel de los inocentes, mientras rebajan miserablemente a estos últimos al nivel de los criminales. Dan así la muestra de su nivel moral y jurídico. Muestra de lo que cabría esperar de los suyos si hubieran ganado la guerra: no han aprendido nada.

    El crimen por excelencia achacado al franquismo, que justifica todas las demás acusaciones, es el de haber derrotado la democracia y a un gobierno legal en España. Ya he explicado y documentado muchas veces como todo ello es una falsedad grotesca. Franco venció sobre un proceso revolucionario amparado por un gobierno salido de unas elecciones violentas y no democráticas, que destrozó por completo la legalidad republicana de 1931 y puso la justicia al servicio de una izquierda compuesta de stalinistas, marxistas radicales, golpistas, anarquistas y racistas del PNV; todos bajo la protección de Stalin. Franco los derrotó, mantuvo la unidad nacional y la cultura cristiana, y dejó un país próspero y reconciliado que permitió el paso a una democracia… lastrada gravemente por los antifranquistas. Ese fue, en resumen, su “crimen”.

    Pío Moa, en La Gaceta

  2. #22
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    Predeterminado ¿Qué verdad, camaradas?

    La Plataforma por la Comisión de la Verdad reclama en España, Europa y la ONU un órgano de investigación extrajudicial de los crímenes de la Guerra Civil. «Nos estamos muriendo», dicen, «ya quedamos muy pocos».

    Estos hombres y mujeres no quieren la verdad. Quieren matar a Franco muchos años después de que muriera. Buena parte de la resistencia antifranquista, articulada alrededor del Partido Comunista, fue tan totalitaria como el régimen, y tan sectaria, y tan contraria a la libertad. Tal como al franquismo se le considera equivocadamente de derechas porque fue anticomunista, al antifranquismo se le considera demócrata por oponerse a la dictadura. Pero Franco fue siempre un socialdemócrata autoritario, y el Partido Comunista lo más contrario a los intereses de la Humanidad que España ha conocido.

    ¿Qué verdad quieren estos republicanos? ¿Quieren la verdad de la CNT, la verdad de la FAI, la verdad del régimen criminal y asesino en que se convirtió la República que tanto añoran y reivindican? Socialistas y comunistas suelen insultar al PP por no condenar el franquismo, pero ellos nunca han condenado la República, ni los crímenes que se cometieron con la pasividad y a veces complicidad de sus dirigentes, o de los agitadores de los grupúsculos de extrema izquierda, siempre tan asesinos.

    ¿Quieren la verdad de la Guerra Civil? ¿Qué verdad, camaradas? ¿La de las checas? ¿La de los fusilamientos de católicos y empresarios? ¿Las ejecuciones sumarísimas y masivas por puro odio y sed de venganza? En la Guerra Civil se enfrentaron dos bandos totalitarios y aunque ninguna opción era buena, seguramente no ganó la peor. Si España hubiera caído en manos de los comunistas, habríamos conocido devastaciones mucho peores y una degradación de la economía y de la vida pública de la que no nos habríamos recuperado todavía. No tuvimos suerte, pero tuvimos menos mala suerte de la que podríamos haber tenido.

    Con la Transición, los franquistas se incorporaron a la democracia más generosamente que la vieja izquierda resentida, que continúa instalada en su consubstancial paradigma totalitario, negándole a la derecha la legitimidad para gobernar. A nadie en el PP se le ocurre reivindicar el franquismo mientras que muchos en la izquierda –entre ellos, probablemente, los miembros de la Plataforma– todavía coquetean con el socialismo y el comunismo que tanto atraso y tanta muerte han causado allí donde se han puesto en práctica.

    Franco murió en la cama y con las botas puestas. Y por mucho que los republicanos pataleen, perdieron hace muchos años la oportunidad de matar a quien siempre y en todo les derrotó. Cada una de estas absurdas batallas que planteen significará para ellos una derrota más; aunque ninguna tan grave como la que sin duda sufrirían si les hiciéramos caso y realmente revisáramos su pasado cadáver a cadáver, checa a checa, fosa común a fosa común. Entonces su verdad emergería sucia y ensangrentada.
    Si quedan pocos y se están muriendo, como ellos mismos dicen, más les vale que no hurguemos demasiado en lo que hicieron y representaron, para que como mínimo se puedan ir en paz, acunados por este pasado mítico, tan cínico y falso, que se han inventado.

    Salvador Sostres, en El Mundo

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