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  1. #1
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    25 abr, 07
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    Talking El Islam lleva ventaja...

    Mientras los europeos arden en deseos, los varones europeos deseando bañar el colon y el recto de otros varones con su propio semen, los islámicos piensan en copular y copular... http://www.webislam.com/?idt=3231 Europa, continente homosexual, sólo piensa en homosexualidad...

  2. #2
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    08 ene, 07
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    Predeterminado La verdadera cuestión, memeces aparte.

    El verdadero problema con respecto al Islamismo radica en la falta generalizada en Occidente de voluntad para encarar con realismo tan peliaguda cuestión.

    http://www.gees.org/articulo/4371/

  3. #3
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    08 ene, 07
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    Predeterminado Evidencias lacerantes

    ¿Será porque los países del petrodólar mueven sus hilos contra Israel y nunca lo harán contra Marruecos?

    Perdonen la impertinente pregunta que planteo en dos partes. Primera: ¿por qué a la ONU le resulta tan fácil hacer resoluciones acusatorias contra una democracia vulnerable, que sufre décadas de acoso violento, cuya integridad es amenazada por poderosos países, y que está rodeada de organizaciones fundamentalistas que tienen como objetivo su destrucción? Y la segunda: ¿por qué a la ONU le resulta tan difícil hacer algún papelito, ni que sea de buen rollo, contra una dictadura que nadie considera objeto de sus deseos nucleares, que no está rodeada de feroces enemigos y cuyo problema nacional pendiente no es defendido por grupos terroristas? Es decir, puestos a defender los tan manipulados derechos humanos, ¿por qué la ONU se atreve con una democracia en riesgo, y no con una dictadura que no sufre ninguno? Con Israel, indignación interplanetaria a la primera que se mueve un soldado.

    Pero con Marruecos, café turco a las cinco y pelillos saharauis a la mar, que el emir de los creyentes no está para tonterías. Es decir, un país que mantiene una democracia contra viento y marea, que tiene tiempo para invertir en conocimiento, que sufre desde guerras de países vecinos hasta ataques terroristas indiscriminados y que, con todo, consigue mantener a su población en un respetable nivel de vida, es el blanco de las iras de la ONU. Pero un país dictatorial, que mantiene al 41% de su población en la pobreza, pasto fácil de los discursos fanáticos, que no sufre el acoso de ningún vecino violento y que ha exportado algunos de los terroristas más violentos del yihadismo (entre ellos, los del 11-M), no sólo no es el blanco de la ONU, sino que es el amigo para siempre. Contra Israel se organiza un poderoso ejército en el norte, Hizbulah, y una violenta organización en el sur, Hamas, ambos financiados por países poderosos como Irán, y sin embargo no tiene derecho a la defensa. Contra Marruecos se organizan unos cuantos miles de pobres saharauis, abandonados a su suerte, cuya causa pacífica nunca ha violentado la seguridad del Estado, y tiene el derecho a hacer lo que le da la gana. Y es que la ONU, contra Israel vive muy bien, pero contra Marruecos ni parpadea. ¿Por qué? ¿Será porque los poderosos países del petrodólar mueven sus hilos contra Israel y nunca lo harán contra Marruecos? ¿Será porque los saharauis no interesan al islam? ¿Será porque Israel es una democracia y eso resulta intolerable? ¿Será que laONUno manda? Será, absolutamente dominada por los intereses de las poderosas dictaduras que la conforman. El tema, querida ONU, nunca han sido los derechos humanos. Por eso contra Israel vale todo. Porque la causa no es la defensa palestina. La causa es la destrucción de un cuerpo democrático anómalo que rompe los esquemas del islam. Israel no es digerible, pero ¿Marruecos? Marruecos es una dictadura. ¿Cuál es el problema?


    Pilar Rahola, hoy en La Vanguardia digital

  4. #4
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    08 ene, 07
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    Predeterminado Más mezquitas

    La Comisión Europea contra el Racismo y la Intolerancia ha considerado que «no es razonable que se rechacen las solicitudes de construcción de nuevas mezquitas» en España. Es una estrategia de los islamistas hacerse los demócratas y aprovecharse de la democracia para irse infiltrando en el sistema hasta tenerlo totalmente controlado, para entonces cargárselo e imponer su ley.

    Sólo hacer falta ver la cínica propaganda que están poniendo en circulación los Hermanos Musulmanes, que simplemente están esperando el momento adecuado para tomar el poder e islamizar Egipto. Si no nos creemos -y hacemos bien- ni media palabra de las nuevas promesas de Batasuna, no vamos a confiar en una tropa cuya referencia palestina es Hamas.

    Los islamistas tienen el deber moral del proselitismo y el deber político de vivir el islam en público. La afirmación pública del islam tiene como objetivo hacerse con el poder político e implantar un gobierno islámico.

    A pesar de los tímidos avances del euroislam, en la mayoría de mezquitas se predica la destrucción de Occidente y la aniquilación del mundo libre. Alrededor del islam jamás ha florecido ninguna sociedad libre.

    España se basa en una idea, en valores y principios. Estos valores y principios tienen que defenderse con la misma intensidad y eficacia que una frontera, porque a fin de cuentas nuestra supervivencia depende mucho más de lo que en esencia somos que de la estricta territorialidad de las fronteras. Y, por supuesto, no es lo mismo la libertad que la ausencia de ella, no es lo mismo el trato que el mundo musulmán dispensa a la mujer que el que aquí se le da. No es lo mismo el burka que los escotes -tan vertiginosos- de John Galliano.

    No sé cuántas mezquitas tiene que haber en España, sobre todo si hablamos en nombre de los derechos humanos. Supongo que tantas como catedrales haya en Irán, o sinagogas en Afganistán. Las catedrales y las sinagogas que sí son compatibles con la democracia y con la libertad y que en cambio no existen en los países que luego nos exigen que construyamos mezquitas y tienen el morro de hacerlo en nombre de unos derechos humanos que ellos pisotean sin la menor piedad.

    Aunque me llamen racista y xenófobo por decirlo, me parece que todo esto es una infame pantomima, una colosal tomadura de pelo, y que la frivolidad y el relativismo occidentales son de tal magnitud que nos dejamos engañar ante cualquier vendedor de alfombras.

    España no obliga a ningún musulmán a venir, ni mucho menos a quedarse, y a los que libremente deciden vivir entre nosotros les pagamos la sanidad y la educación además de tantas otras prestaciones sociales. No se nos puede acusar ni de déspotas ni de tiranos por no aceptar la construcción de centros en que, por mucho que se diga, todo el mundo sabe que se enseña a odiar lo que somos y hacemos.

    Para nosotros, defender la libertad es algo más que un derecho; es un honor, y un honor estrictamente vinculado a nuestra supervivencia. Ellos tendrían que ser los primeros en comprenderlo porque cuando en su país de origen -y en sus propias carnes- vivieron atormentados por el totalitarismo islamista, el desastre fue tal que no tuvieron más remedio que marcharse.

    Salvador Sostres, en El Mundo

  5. #5
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    Predeterminado Efervescencia en la red

    Mientras la nueva Ley Electoral tunecina –que incorpora en igualdad de condiciones a las mujeres como candidatas– o la orden de detención dictada contra Hosni Mubarak y sus hijos, pueden transmitir la idea de que la normalización política allá donde las revueltas han triunfado, y no hay más camino que la democratización, los yihadistas de todo el orbe hacen notables esfuerzos para reconducir estos y los demás procesos.

    Es importante reconocerla existencia de tal esfuerzo, sobre todo para corregir la falsa imagen que transmiten los "expertos" que consideran al islamismo radical arrinconado –si no vencido– y que defienden incorporar al islamismo "moderado" como estimable compañero de viaje en el inexorable sendero hacia la democratización.

    Hemos de insistir de nuevo en que los islamistas radicales no sólo se manifiestan con sangrientos atentados –incluso si así fuera los ejemplos no faltarían en Irak, Pakistán, Somalia o Mauritania, entre otros–, sino que aparte de lanzar a sus asesinos, también se ocupan en paralelo del adoctrinamiento, ejecutando una labor proselitista cada vez más esmerada en diversos frentes. Aquí destacamos internet o la televisión, como vías de enorme alcance.

    Acusar a Occidente de injerencia en los asuntos de los musulmanes es hoy muy fácil, sobre todo ante su desconcertante actuación en Libia o también por el continuado apoyo a regímenes "apóstatas" como el yemení, el saudí o el paquistaní entre otros. Además, gracias a las vulnerabilidades de las sociedades abiertas, es ya posible escuchar hoy un mensaje en inglés del siniestro predicador Abu Hamza Al Misri, pronunciado desde su prisión inglesa, o acceder al "best seller" del sirio-español Mustafá Setmarian Al Suri, según los yihadistas encerrado en una prisión siria bajo el atento control de la Sección 215 de la Inteligencia Militar. Por si esto era poco, ahora los yihadistas somalíes de Al Shabab inauguran cadena de televisión, Al Kataib, desde la que presumen de conducir columnas de camiones de ayuda humanitaria hacia las provincias de Hiran y Shabelle para desdecir a quienes acusan a terroristas y a piratas de agravar la situación de la población somalí. El colmo de la buena propaganda es la emisión de 52 cartas de Póker con los datos de altos cargos egipcios que deberían de ser juzgados por un tribunal de la Sharía: rememoran asi la baraja para Irak. No nos negaran que manejan con habilidad la propaganda.

    Al Qaida para el Magreb Islámico no les va a la zaga a sus hermanos egipcios y somalíes. Reivindica el intento de asesinato del presidente mauritano, considerado "agente de Francia" cuando nuestro vecino destaca como intervencionista (Libia y Costa de Marfil) o persigue a "burkas" y a "niqabs". Y tras felicitar a tunecinos y a egipcios por deshacerse de Ben Alí y de Mubarak, les exige no desperdiciar tal esfuerzo y crear rápidamente regímenes islámicos. También en la red, los talibán afganos y el Ejército Islámico de Irak recuerdan a los egipcios que deben proyectar rápidamente su "victoria islámica" hacia Gaza entre otros destinos.

    La batalla se da también en la red, y no debemos olvidarlo bajo ninguna circunstancia.

    Por GEES, Grupo de Estudios Estratégicos. En LD

  6. #6
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    08 ene, 07
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    Predeterminado La alcaldesa de Hospitalet (PSC-PSOE) paga una mezquita en suelo público

    El ayuntamiento socialista de Hospitalet (Barcelona) invirtió en el año 2007 algo más de 176.000 euros en la construcción de una mezquita prefabricada en la calle Fortuna de este municipio, cuya beneficiaria es la comunidad islámica que controla la entidad Al Fath, con el compromiso de que esta asociación musulmana buscase un local definitivo en el que poder celebrar sus ceremonias religiosas.

    Sin embargo, transcurridos cuatro años, continúa ocupando el edificio de propiedad municipal, edificado sobre un terreno de titularidad pública que pertenece al Instituto Catalán del Suelo (Incasol). Así lo asegura el propio ayuntamiento en la respuesta facilitada el pasado mes de marzo a una pregunta del grupo municipal del PP, según ha confirmado el concejal de este partido Juan Carlos del Río en declaraciones a Radio Intereconomía en Cataluña.

    El Partido Popular ya interpeló en 2007 al ayuntamiento sobre la cesión. El consistorio respondió entonces que, dadas las carencias que presentaba el anterior local –ubicado en el mismo lugar– y la falta de seguridad, facilitaba provisionalmente la nueva instalación, a la espera de que se trasladase a otro emplazamiento definitivo, cosa que todavía no se ha producido.

    El portavoz del PP en el Ayuntamiento de Hospitalet ha denunciado el hecho de que “después de cuatro años se mantenga una mezquita en un terreno público, sufragada con cargo al presupuesto municipal y sin que los beneficiarios paguen absolutamente nada de alquiler”, máxime cuando la asociación no ha cumplido con su compromiso de encontrar en un plazo de tiempo razonable un nuevo local para desarrollar sus actividades religiosas. Asimismo, considera que con este proceder se discrimina a otras confesiones, especialmente a la Iglesia católica –blanco en los últimos meses de una iracunda campaña de ataques y hostigamiento–, y se despilfarra dinero público en un momento de crisis.

    Precisamente, el PP ha requerido el importe de la subvención que recibe Al Fath, pero el ayuntamiento se ha negado a revelar tanto las cantidades otorgadas como al resto de entidades culturales musulmanas, alegando desconocer este dato, ya que “no se registra ni se solicita la religión profesada por las personas que promueven o dirigen asociaciones”.

    Ángel León, en La Gaceta

  7. #7
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    Predeterminado No es Ben Laden

    El terrorismo es una amenaza global, en el doble sentido del término: por un lado incluye aspectos que van más allá del acto terrorista; la propaganda, la psicología, la economía o la técnica se convierten en campo de batalla ilimitado. Por otro lado, salta de país a país por encima de las fronteras: tiene sus centros de financiación en un país, atenta en otro, y se entrena en un tercero. Por si fuera poco, su origen temporal está mucho más allá y mucho antes del atentado; y sus efectos perduran en el tiempo después de las explosiones. Esto vale tanto para el etarra como para el islamista: el terrorismo es la expresión salvaje de una ideología totalitaria. Lo es Al Qaeda, y lo era Ben Laden.

    En el caso de Ben Laden, los expertos avisaron del peligro antes de que el saudí atacara Nueva York y Washington: no sólo del peligro de las bombas, sino de la siniestra ideología que éstas traían tras de sí, y que es aún peor que las explosiones. Tras el salto a la fama del saudí el 11-S, la guerra contra él declarada por Bush lo enterró en la clandestinidad, dificultando las operaciones de su grupo de hombres. Al Qaeda se fue diluyendo en grupos locales, cada vez con una menor dependencia de la matriz saudí y una mayor capacidad autónoma. Se evitaron atentados –no todos– pero eso no impidió que los grupos islamistas proliferaran por el planeta, y la ideología islamista buscase otros caminos para expanderse: si ya no atacando Manhattan, si derrocando a un gobierno allí, islamizando un barrio aquí, o abriendo una mezquita o un canal de televisión islamista más allá. Las tres cosas sustituyen por un tiempo a las bombas y los terroristas suicidas

    El problema no es ni era Ben Laden. Ni siquiera la red alqaedista, que permanece aún estable y dispuesta a golpear. El problema es que el islamismo ha avanzado desde 2001, y aunque no bajo la tutela directa de Ben Laden, sí en la misma versión nihilista y despiadada de émulos y discípulos. Y sí en la versión "moderada" de políticos, imanes o intelectuales, que desde Casablanca a Yakarta siguen impulsando impunemente la ideología de la yihad. Y ese es el problema; Occidente, lejos de aprender que los islamismos acaban en terrorismo, juega con una doble ficción: que los primeros pueden sustituir, apaciguando, al segundo, y que basta con eliminar o detener a éste o aquel dirigente para solucionar el problema. De ahí que se esté celebrando la muerte de Ben Laden como si todo hubiese acabado, como si con él terminase una realidad que siempre nos ha aterrado y que nunca hemos querido mirar de frente. Pero el carácter global del islamismo nos recuerda que a Ben Laden le sustituirá Al-Zawahiri, que en Afganistán Occidente negocia la entrada talibán en el Gobierno, que los Hermanos Musulmanes cogen fuerza en Egipto, y que para Al Qaeda se abre una oportunidad de oro con las crisis libia y tunecina en el Magreb y el Sahel. Hoy, como en 2001, Ben Laden no es el problema. No el más importante, al menos. ¿Queremos verlo?

    Por Oscar Elía, analista y jefe de Opinión de GEES, así como director de Por tierra, mar y aire en esRadio. En LD

  8. #8
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    Predeterminado 10 años después, ¿quién está ganando?

    Ni Bush era Clinton, ni Estados Unidos se podía permitir responder al ataque contra el World Trade Center como lo había hecho el segundo en los noventa, lanzando medio a desgana misiles crucero contra vacíos campamentos talibanes en Afganistán. Ante un problema que captó global, Bush dio una respuesta global. Primero, con la búsqueda y eliminación de todos aquellos responsables de los horrorosos ataques, lo que exigía potenciar medios policiales y servicios de inteligencia. Segundo, con la eliminación de todos aquellos regímenes que cobijaban y apoyaban a grupos terroristas, lo que exigía medidas militares. Tercero, con la convicción de que las dictaduras árabes generaban frustración y violencia entre sus pueblos, lo que exigía medidas diplomáticas y económicas contra los tiranos.

    A los 10 años, Estados Unidos ha evitado –a veces en el último momento gracias a la suerte– más macroatentados. Al Qaeda central, el núcleo originario que preparó los atentados de entonces, ha sido prácticamente desarticulado tras la muerte de Bin Laden. Tras él, sus lugartenientes han sido eliminados en su escondite pakistaní, a donde les había empujado la presión americana en Afganistán. El golpe moral provocado por la desaparición del fundador y alma del grupo, la información lograda y el desgaste humano y material por las guerras afgana e iraquí –donde murió Al Zarqawi– han desarbolado al grupo original. Ya en los últimos años, el papel de Al Qaeda central se había reducido a coordinar grupos, financiar redes y legitimar atentados. Es difícil que Al Zawahiri pueda continuar con esa simple labor.

    Pero el problema está en que este éxito no deja ver el resto, que es lo preocupante. Primero, Al Qaeda no ha dejado de ser un problema: con el paso del tiempo, las distintas ramificaciones se fueron independizando y hoy constituyen grupos de extrema peligrosidad. Al Qaeda en la Península Arábiga, Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) o el Emirato Islámico del Cáucaso. Peligrosos en sus regiones, donde sus ataques, lejos de disminuir, se mantienen o se incrementan: AQMI lleva a cabo una progresiva penetración hacia el África negra y ya es rutinaria su actividad en Nigeria o Malí. Y peligrosos aquí, porque siguen utilizando sus nuevas bases para atacar objetivos en Occidente: en los últimos años, Yemen, Irak o Nigeria han sido el origen de complots terroristas destinados a nosotros.

    En segundo lugar, alrededor de estas franquicias y con su mismo impulso, ha pervivido un entramado de grupos y facciones, muchas de las cuales actúan en y desde Europa y Estados Unidos. Y no sólo para financiar la yihad en Irak o Afganistán. Algunos de los intentos de los últimos años han sido protagonizados por musulmanes europeos e inmigrantes de segunda generación: a diferencia del 11-S, el enemigo es hoy también interno. Los yihadistas dispuestos a atentar en Londres, Berlín o Madrid no son jordanos, sirios o marroquíes, sino británicos, alemanes o españoles. Más difíciles de detectar y detener, porque, además, la aberración multicultural ha creado guetos en torno a barrios y mezquitas, donde el radicalismo se mueve con total impunidad y donde la Policía tiene dificultades para llegar.

    En tercer lugar, la pervivencia de la amenaza terrorista por medio mundo coincide con la ruptura del orden en el mundo árabe. Cuando las revueltas comenzaron, primero en Túnez y después en Egipto y Libia, nada garantizaba que un despotismo no fuese sustituido por otro que, además de detestable, fuese nuestro enemigo. Hoy, el auge antiisraelí en Egipto, el islamismo en Túnez, o la presencia de milicias islamistas en el Ejército rebelde libio dan la razón a los pesimistas: la Primavera Árabe está siendo la gran oportunidad de los movimientos islamistas, y la están aprovechando. A los 10 años del 11-S, el fantasma de regímenes inspirados en la sharia por todo el Norte de África, o de Estados fallidos incapaces de evitar campos o bases terroristas, se pasea ante nosotros.

    Este último punto nos lleva a una última cuestión, que agrava el problema: Occidente. El retraimiento de la América de Obama, su retirada afgana, su actitud ante regímenes despóticos como los de Irán o Gaza o su parálisis ante la deriva primaveral de Egipto se pueden explicar ideológicamente por su izquierdismo; también políticamente, porque para las presidenciales de 2012 no quiere soldados fuera. Pero también en términos de agotamiento nacional. Ahogados económicamente y cansados de guerrear, los Estados Unidos ya no pueden jugar el papel de las últimas décadas. Y a su lado, Europa simplemente no cuenta: no tiene pulso militar, no tiene pulso económico y no tiene pulso moral para mantener el esfuerzo que requiere la lucha contra la amenaza islamista. Hoy Europa es más un lastre que otra cosa.

    En conclusión: a los 10 años del 11-S, la derrota de Al Qaeda central está ocultando lo fundamental: la amenaza yihadista perdura incluso en nuestras sociedades, el islamismo aspira a controlar países enteros y Occidente da señales de una parálisis estratégica que en 2001 no parecía preocupante. La Al Qaeda que durante los noventa se convirtió en una maquinaria para el mal alrededor de Bin Laden ha perdido. Pero ¿quién está ganando?

    Por Óscar Elía, analista y editor del Grupo de Estudios Estratégicos (GEES).En La Gaceta

  9. #9
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    08 ene, 07
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    Predeterminado Bin Laden es historia. La yihad, no

    Osama bin Laden era el símbolo de la yihad islámica. Tras el 11 de Septiembre, las encuestas encargadas por Al-Yazira entre otras fuentes indicaron que del 10 al 50 por ciento de los musulmanes lo calificaban de héroe. Son entre 150 y 750 millones de personas. Los símbolos son importantes, y la muerte del símbolo de la yihad islámica es importante. Pero la yihad perdura.

    El hecho de que Bin Laden perdiera la vida en un inmueble en las inmediaciones de Islamabad (idóneo nombre) no es sino un indicador del apoyo del que disfrutaba en el mundo árabe. Pero para cuando nuestros efectivos le echaron el guante, diez años después del 11 de Septiembre, el eje de la yihad había pasado tiempo atrás de las cuevas de Waziristán a Oriente Próximo, a la República Islámica de Irán, al Hezbolá libanés y a Hamás en Gaza, y al origen del odio islámico y su cruzada contra Occidente, la Hermandad Musulmana egipcia.

    Obama reivindica el mérito de la muerte del líder de Al Qaeda, y lo merece, por el conflicto de agresión que emprendió en Pakistán en particular. Fue una estrategia audaz que en su momento provocó la ira de la institución "progre" cuando Nixon lo intentó en Vietnam y cuando Reagan lo intentó en Libia y cuando Bush lo intentó en Irak. Por desgracia, es la única mano dura de la estrategia de Obama hacia la yihad. La mano izquierda alimenta simultáneamente las llamas de la agresión islámica en territorio nacional y en Oriente Próximo, y nuestra guerra contra este mal está en pañales.

    En su discurso de la noche, el presidente habló igual que si la guerra fuera una guerra contra Al Qaeda, aunque Al Qaeda ha interpretado un papel bastante marginal y cada vez menos relevante en los más de 17.000 atentados terroristas islámicos que se han perpetrado desde el 11 de Septiembre. Después de ese atentado, Bush juró que Estados Unidos no toleraría a los regímenes terroristas que amenazan a las democracias de Occidente. Se está con nosotros o contra nosotros, dijo, para decepción de la izquierda partidaria del apaciguamiento. Pero desde entonces, se han creado regímenes terroristas islámicos en el Líbano y en Gaza y en Somalia, los talibanes están resurgiendo en Pakistán y la Hermandad Musulmana avanza en Egipto. Vienen nubarrones –sobre todo a causa de la ineptitud sin paliativos de la propia administración Obama– que no van a escampar por la muerte de un hombre.

    Todavía hay en el horizonte muchas jornadas de dolor y sufrimiento. Como dijo con tanto acierto el presidente Bush en los días posteriores al 11 de Septiembre, va a ser una larga y difícil guerra que probablemente se prolongue durante nuestra vida.

    Por David Horowitz, en LD. DH fue uno de los fundadores de la Nueva Izquierda norteamericana en los años 60 y fue editor de su principal publicación, la revista Ramparts. Junto al escritor Peter Collier, es autor de las tres biografías más vendidas de Estados Unidos: Los Rockefeller: la dinastía americana (1976); Los Kennedy: un sueño americano (1984); y Los Ford: una saga estadounidense (1987).

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