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Ver la Versión Completa : Cual es la visión liberal sobre los sindicatos?



martin
20/08/2007, 04:15
En caso de los sindicatos no existan,quien es el que defiende los derechos laborales de los trabajadores?

Javiac
20/08/2007, 13:47
Los sindicatos no tienen nada de malo, siempre q puedan mantenerse solos. Nadie puede obligar a otro a sindicarse; y si un trabajador no desea hacer huelga, los compañeros no podran amenazarle.

Javiac
20/08/2007, 13:58
Pero amenudo los sindicatos, logran fondos publicos. Y hay trabajos que estan restringidos para personas no sindicadas. Los trabajadores aunque tengan una familia q alimentar y esten dispuestos a trabajar por el sueldo q les ofrece el empreesario, no pueden hacerlo, por que contradice la voluntad de la mayoria de trabajadores en huelga. Eso es chantaje contra el empresario, que deberia poder despedirlos a todos!! Los trabajadores estan empleados, y solo corresponde al propietario ofrecer sueldos o mejoras salariales, en relacion a la productividad del trabajador. (aunque este tipo de subidas salariales son muy inteligentes, solo es decision del dueño de la empresa).

martin
20/08/2007, 15:09
Pero amenudo los sindicatos, logran fondos publicos. Y hay trabajos que estan restringidos para personas no sindicadas. Los trabajadores aunque tengan una familia q alimentar y esten dispuestos a trabajar por el sueldo q les ofrece el empreesario, no pueden hacerlo, por que contradice la voluntad de la mayoria de trabajadores en huelga. Eso es chantaje contra el empresario, que deberia poder despedirlos a todos!! Los trabajadores estan empleados, y solo corresponde al propietario ofrecer sueldos o mejoras salariales, en relacion a la productividad del trabajador. (aunque este tipo de subidas salariales son muy inteligentes, solo es decision del dueño de la empresa).

Entiendo tu punto, y es perfectamente entendible lo que expresás sobre el chantaje al empresario, pero no es asi en mi opinion ya nadie obliga a un trabajador a pertenecer a un sindicato, por tanto cualquier trabajador que este de acuerdo con su salario y no este a favor de medidas de su sindicato se desafilia y se le acaba el problema. Nadie obliga a un trabajador a pertencer a un sindicato.
Cuando afirmás que solo corresponde al propietario ofrecer sueldos o mejoras salariales, ¿como se defiende al trabajador del chantaje de los empresarios?, estos a veces de manera corporativa acuerdan suledos solo de subsistencia para los trabajadores. Quien controlaria eso si solo el empresario es quien decide salarios mínimos y aumentos?.


slds y gracias por las rtas!

Javiac
20/08/2007, 15:25
Pertenece a la ciencia psicoeconomica, saber pagar lo suficientemente bien a tus trabajadores, como para q esten contentos, y trabajen bien. Piramide de Maslow, cuanto mas contentos esten tus trabajadores mas productivos seran; El buen empersario pagara buenos sueldos en relaccion a la produccion, por q haciendolo conseguira una ventaja competitiva respecto a otros industriales.

Javiac
20/08/2007, 15:34
Si una frabrica de zapatos, calcula que el trabajador medio produce tres zapatos la hora, y quieren pagarle 1,5 eur zapato. Son 160 horas mensuales, por 4,5= 720$. Si pagas a todos los trabajadores 720, les quitas el incentivo a esforzarse mas. Si les pagas por zapatos producidos.....tal vez, algunos logren ganar 1000 euros. Es un ejemplo, y no tiene por q ser 1,5$.

martin
20/08/2007, 15:39
Pertenece a la ciencia psicoeconomica, saber pagar lo suficientemente bien a tus trabajadores, como para q esten contentos, y trabajen bien. Piramide de Maslow, cuanto mas contentos esten tus trabajadores mas productivos seran; El buen empersario pagara buenos sueldos en relaccion a la produccion, por q haciendolo conseguira una ventaja competitiva respecto a otros industriales.

Entiendo el punto y lo comparto, pero la verdad es que historicamente no fue asi ,te pongo un ejemplo , aqui en latinoamerica principalmente muchos empresarios no quieren registrar a sus trabajadores a fin de ahorrarse plata con sus cargas sociales, al no pagarle sus aportes jubilatorios, ni sus seguros por riesgo de trabajo,etc de esa manera abaratan costos y son mas competitivos pese a que los trabajadores trabajen duro. ¿Quien controla que empresarios rurales por ejemplo no se pongan de acuerdo en mantener condiciones laborales precarias para sus empleados?. En tal caso el empleador no necesita pagar buenos sueldos ya que a los trabajadores no les queda opción que trabajar bajo condiciones precarias ya que cambien o no de empleador su precaria situación sigue igual. Cito el ejemplo rural porque es el caso que mas conozco donde propietarios de grandes campos y empresarios agropecuarios precarizan la situacion de sus trabajadores a fin de ahorrar y lo hacen de manera corporativa. Entiendo lo de la piramide de Maslow pero en la realidad eso no ocurre a menos que haya alguien que controle.

martin
20/08/2007, 15:46
Si una frabrica de zapatos, calcula que el trabajador medio produce tres zapatos la hora, y quieren pagarle 1,5 eur zapato. Son 160 horas mensuales, por 4,5= 720$. Si pagas a todos los trabajadores 720, les quitas el incentivo a esforzarse mas. Si les pagas por zapatos producidos.....tal vez, algunos logren ganar 1000 euros. Es un ejemplo, y no tiene por q ser 1,5$.

En este ejemplo existe un arbitrariedad que es el precio del zapato. O sea que el empresario paga por zapato lo que el quiere. Lo que yo quiero que me contestes es como se evita que los empresarios acuerden cuanto pagan por zapato producido. De esta manera los empleados no pueden cambiar de trabajo ya que los empresarios acuerdan de manera corporativa pagar una suma por zapato.
Que impide en este caso que un empresario ponga el empleador en la siguiente situacion:

"Te pago lo que quiero por zapato, seras un empleado sin declarar, y no podes cambiar de trabajo porq en otra empresa sera igual, tomalo o dejalo"

agente t
20/08/2007, 17:52
En ese hipotético caso, puedes cambiar de sector, y en vez de trabajar para los que fabrican zapatos, te vas a trabajar con los que produzcan otra cosa. No hay que ser obsesivo.

martin
20/08/2007, 18:30
En ese hipotético caso, puedes cambiar de sector, y en vez de trabajar para los que fabrican zapatos, te vas a trabajar con los que produzcan otra cosa. No hay que ser obsesivo.

No es cuestion de ser obsesivo,parece que tu eres demasiado simplista ,pero lo de producir zapatos es solo un ejemplo, o sea que segun tu lógica si yo fuera un costurero que se dedico a cocer calzado de alta calidad durante su vida y es lo mejor que hago en tal situacion tengo que convertirme en un trabajador errante, y resignarme a trabajar de otra cosa para la cual no estoy tan preparado?, solo porque no hay manera de que mis derechos como trabajador sean respetados?. Y donde esta la libertad para vender mi trabajo el cual se hacer?. O sea que se defiende solo la libertad de los empresarios pero no asi de los trabajadores?. Aclaro que me siento liberal pero en conversacion con gente mas bien de izquierda ,estos son los puntos en los que se ataca al liberalismo , por favor que alguien entendido me explique como se controlaria segun la vision liberal los derechos basicos de los trabajadores.
O sea que los sindicatos es un forma mas pura son un mal necesario bajo un sistema liberal?

slds a todos

agente t
20/08/2007, 19:34
Si no estás preparado, prepárate. Normalmente el que es bueno en algo puede serlo en otra cosa. Y sí, los sindicatos son, incluso en su forma más pura (que entiendo sucede cuando no reciben ni un céntimo público) una distorsión, porque por principio instan a tratar igual a sus afiliados, desconociendo la radical diversidad humana. Siempre, incluso en los casos más mitigados, son organizaciones antisociales pues benefician a unos a costa de los más.

Javiac
20/08/2007, 23:58
Es cierto, coincido con agente t, en eso de que los sindicatos benefician a los trabajadores mas inproductivos, a costa de los trabajadores que si lo son.

Lo cierto martin es que el propietario, tiene unos costes (ademas de los sueldos) y a partir de ahi, fija el precio de sus productos. Supongo q a ti, como a todo el mundo, te gusta comprar barato. Pero para q el industrial haga, que eso sea posible, solo hay dos soluciones; pagar sueldos bajos....,o pagar sueldos altos a cambio de un aumento en la productividad por trabajador(30 zapatos/hora/trabajador); para esto es necesario una inversion en maquinaria moderna y competitiva. Las maquinas salen caras, asi que cuando se hace un plan de estos, a corto plazo, se suele prescindir de personal. Cuando poco a poco, tu industria de los zapatos empieza a dar beneficios, siempre se puede optar por ampliar de nuevo la plantilla.

Esta es, a mi forma de ver, la mejor manera de pagar buenos sueldos. Pero muchos politicos y empresarios conservadores y socialistas, se oponen a este tipo de reformas por que son impopulares a corto plazo. Los trabajos que parece se pierden....., tan solo se estan transformando.

Los productos baratos no solo son beneficiosos para el consumidor, si no que al ser baratos, se demandan mas, y hay mas, y por tanto tambien aumenta el numero de negocios que venden zapatos; lo que significa que los trabajadores despedidos en la industria son captados por el sector servicios.

Javiac
21/08/2007, 00:09
Pero por que digo q benefician a los peores trabajadores?. Por que...........dejemos clara una cosa, los empresarios pueden apretarse el cinturon y repartir una parte mayor de sus beneficios entre los trabajadores, pero no tienen por que hacerlo! la empresa es suya.
Lo mismo digo de los buenos trabajadores, un mayor sueldo para todos, sin un aumento de los zapatos x trabajador/hora, significa zapatos mas caros (menos competitivos) o sacrificar los incentivos de los buenos empleados por los mas inutiles.

Martin...si tu en vez de 3 zapatos/hora, hicieras 5, no querrias una recompensa por ello. Bien pues lo que hacen los sindicatos es coger tu recompensa y repartirla entre todos.

Javiac
21/08/2007, 00:26
Aun que no es aceptado por la mayoria de los liberales, una forma de controlar el que no se page demasiado poco, es el salario minimo.
Ademas es una forma de que el empresario se modernice, para poder producir mas, vender mas y pagar mejores sueldos. El problema es que el salario minimo siempre!!! crea paro; pero como lo de antes es tan solo a corto plazo.
El sueldo minimo, si es realmente minimo, puede ayudar a la especializacion, de una sociedad en aquello que se le da mejor. A los Taiwaneses los micro chips, a los Italianos, los coches y la ropa, a los Franceses la colonia los cosmeticos y los quesos; y asi.... una sociedad puede competir en la produccion de todo, pero le seran mas rentable ciertos productos.

martin
22/08/2007, 01:50
Gracias a todos por la claridad de sus argumentos!!, lastima que no descubri este sitio antes. :)

parcero
23/08/2007, 16:56
Viva los sindicatos y cooperativas .........solo cuando defienden los derechos del trabajador.

agente t
23/08/2007, 18:49
Es decir, nunca, salvo error inintencionado.

Lo de error inintencionado no es superfluo porque uno de sus comportamientos más asquerosos es el fomento de los errores que no son tales, sino simple sabotaje. Evidentemente mucho más en la empresa y administración pública.

etrusk
14/09/2007, 22:53
Estas de broma o hablas en serio?

El empresario NO DEBE pagar ninguna "carga social". El empresario debe pagar el trabajo hecho por el trabajador y este ultimo puede pagar lo que le da la gana.

Cada uno debe ser responsable de sus acciones. Por ejemplo en España los empresarios hacen trabajo policial: no pueden contratar a una persona sin papeles. En UK el empresario NO ESTA OBLIGADO hacerlo. En España el empresario hace el trabajo de ... la Hacienda Publica pagando 70% de los pagos de seguridad Social SIN EL CONOCIMIENTO ni PERMISO del trabajador (reduciendo su salario correspondiente!).

Pues dejete de tonterias.

Desde el punto de vista de la liberalismo, los trabajadores tienen derecho a reunirse como quieran pero POR SU PROPIA CUENTA. Y la sociedad deberia poner limites a cualquier monopolio, el monopolio sindical de hecho incluido.

ArielRC
15/09/2007, 06:26
Estas de broma o hablas en serio?

El empresario NO DEBE pagar ninguna "carga social". El empresario debe pagar el trabajo hecho por el trabajador y este ultimo puede pagar lo que le da la gana.

....

Desde el punto de vista de la liberalismo, los trabajadores tienen derecho a reunirse como quieran pero POR SU PROPIA CUENTA. Y la sociedad deberia poner limites a cualquier monopolio, el monopolio sindical de hecho incluido.

Bien dicho, pero todo esto surge de ciertos prejuicios. En principio la crencia de la era "industrialista" (la era previa al crack del 30) de que todo negocio da ganancias, de que todo trabajo es productivo y en cierta forma en ver a los empresarios como terratenientes modernos. Es decir, el socialismo clasico usa las mismas teorias liberales que usamos contra la nobleza para cobrar impuestos.

En primer caso, los sindicatos son piedra fundamental de la economía, representan la oferta en el mercado laboral, que es un mercado. Ahora bien, las tendencias monopolisticas amparadas por el poder político es lo que arruina el sistema. La libertad sindical es fundamental, por desgracia los gobiernos, en especial la progresia y el conservadurismo plantean un capitalismo corporativista donde grandes empresas negocien con grandes sindicatos y asi el Estado crece en poder. Claro, esos "beneficios sociales" lejos de fastidiar a los grandes empresarios les son un beneficio a la hora de quitarse de encima pequeños y peligrosos competidores, por el otro lado, los sindicalistas ganan gran poder político y lo que es mejor: el Estado parásito interventor puede jugar su juego favorito: los sindicatos arreglan con las corporaciones aumentos y beneficios para los trabajadores-votantes y semanas despues los Bancos Centrales licuan esos beneficios con un pequeño "retoque" inflacionista.

No seamos ilusos, todos los "beneficios" que cobra un trabajador se lo debe ganar trabajando, sino hay un "hueco" en la economía que no cierra y alquien debe estar pagando y no son precisamente los empresarios, pues estos emprenden un negocio cuando ven la tasa de beneficios atractiva entre el precio de mercado (dado por oferta y demanda) y el costo (incluido impuestos, costos laborales, etc.). ¿quién paga ese diferencial? el consumidor, a la larga, el mismo trabajador, esa es la base de la inflación en una economía cerrada.

ALEXORANGE
12/06/2008, 21:47
¡Basura, los sindicatos son los soviets!

BatX
19/08/2008, 17:10
Pero por que digo q benefician a los peores trabajadores?. Por que...........dejemos clara una cosa, los empresarios pueden apretarse el cinturon y repartir una parte mayor de sus beneficios entre los trabajadores, pero no tienen por que hacerlo! la empresa es suya.
Defendiendo la teoría de la subjetividad en el valor del trabajo, digamos que los trabajadores que han sido miembros de una empresa durante muchos años y con su trabajo han contribuido a su crecimiento y prosperidad, tienen el derecho a decidir que nunca se les pagó lo que merecían (subjetividad) por lo cual, parte de su salario perdido ha sido invertido en el crecimiento de dicha empresa y ahora son en parte también dueños de esta. Muchos dirán: ¡No, la subjetividad en el valor del trabajo solo puede "usarse" antes de cobrar, nunca después! ¿Y si aceptaron esos salarios bajo coerción y chantaje, y en realidad nunca pudieron usar su propia subjetividad para valorar su trabajo? Pues tras largos años de trabajo, deciden libremente que esos salarios nunca fueron justos por que nunca se respetó su subjetividad, y los aceptaron coaccionados bajo presión. Con lo cual, la empresa pertenece en esencia a todos; aunque los papeles "legales" digan otra cosa.

Lo mismo digo de los buenos trabajadores, un mayor sueldo para todos, sin un aumento de los zapatos x trabajador/hora, significa zapatos mas caros (menos competitivos) o sacrificar los incentivos de los buenos empleados por los mas inutiles...
¡Por supuesto! La única razón posible por la cual un empresario decide bajar el sueldo de sus trabajadores es la de abaratar el producto y vender más. Si señor.
Es de sobra sabido por todos que a nadie le gusta la vida lujosa, tener mucho dinero y cenar marisco todos los días. Imposible que sea esto; se bajan los sueldos únicamente para competir, seguro.

BatX
19/08/2008, 18:05
Los productos baratos no solo son beneficiosos para el consumidor, si no que al ser baratos, se demandan mas, y hay mas, y por tanto tambien aumenta el numero de negocios que venden zapatos; lo que significa que los trabajadores despedidos en la industria son captados por el sector servicios.

En su número exacto. Cada uno de los trabajadores que fue despedido en la industria tendrá su puesto en la tienda de zapatos. Ni uno más ni uno menos.

androkguz
22/08/2008, 00:56
BatX, te estas pasando de manipulador.

Ese intento de crítica a la teoría de la sujetividad del valor (en general) más bien lo que hace es fortalecerlo. Precisamente, por ser sujetivo, es que puede variar. Por eso es que se hacen contratos.

Y si bajo coacción firmas un contrato todos sabemos que el contrato no es válido.

Te preocupa de sobremanera el desempleo y sencillamente no ves posible que la solución sea el mismo problema: crea empleo! Metete a empresario! Nadie dijo (y si lo dijeron, pues que mal) que el mercado sea una cosa automática. El mercado son gente actuando concientemente. ¡Resuelve el problema y ganate unos reales! Pero eso nada más sirve si lo haces desde el mercado. Osea, si lo haces sin violencia, sino estarás creando problemas peores (y eso lo digo inequívocamente. La única forma de que esto último no sea verdad es que la gente no sepa lo que quiere)

Dejame decirte otra cosa: un líder sindicalista, si no inicia violencia, es en sí un empresario. Así es, el ofrece su servicio a cambio de un salario. Sus clientes son los trabajadores. Su servicio es coordinarlos para que mejoren sus condiciones laborales (en teoría).

agente t
10/03/2010, 17:16
El coste por hora trabajada quintuplica la inflación

La economía española sigue perdiendo productividad y competitividad. El coste por hora trabajada se disparó un 5% en el último trimestre del pasado año, lo que supone multiplicar por cinco la inflación.


AGENCIAS-LD

El coste por hora trabajada aumentó un 5% en el cuarto trimestre de 2009 respecto al mismo periodo de 2008, -un 3,6% si se elimina el efecto calendario-, según los datos provisionales del Índice de Coste Laboral Armonizado (ICLA) que publica el Instituto Nacional de Estadística (INE).

En el primer trimestre del 2009 la tasa interanual de estos costes subió el 8,6%, en el segundo trimestre el 9,1% y el 3,1% en el tercero.

Los costes laborales subieron en todas las actividades excepto en la hostelería donde bajó el 0,3% en relación con el mismo trimestre de 2008.

Las que registraron las mayores subidas fueron el comercio al por mayor y al por menor; la reparación de vehículos de motor y motocicletas, donde la tasa interanual se incrementó el 8%; las de la construcción donde aumentó el 6,1%; el suministro de aguas, actividades de saneamiento, gestión de residuos y contaminación (el 5,8%) y las relacionadas con la administración pública y defensa; seguridad social obligatoria, donde el incremento fue del 5,6%.

Del lado contrario, las actividades donde estos costes subieron menos fueron las artísticas, recreativas y de entretenimiento (el 1%), las industrias extractivas (el 1,6%), y las actividades inmobiliarias (el 1,7%).

Según el INE, el principal objetivo del Índice de Coste Laboral Armonizado es proporcionar una medida común, comparable y oportuna de los costes laborales para toda la Unión Europea que permita un seguimiento de la evolución de esta rúbrica.

Convenios colectivos


La subida salarial en los convenios colectivos de 2009, que afectó a 8, 5 millones de trabajadores tras la firma de 4.082 pactos, alcanzó el 2, 59%, frente al repunte del 3, 54% en el año anterior, lo que supone una disminución de cerca de un punto.

Según publicó la secretaría confederal de Acción Sindical de CCOO, el incremento de los sueldos en los convenios plurianuales revisados alcanzó el 2, 62%, mientras que los negociados en 2009, el 2, 35%.

El sector provincial, en el que los convenios suscritos representan a más de 4, 5 millones de trabajadores, alcanzó una mejoría salarial del 2, 83%, que se moderó al 2, 51% en el sector autonómico y al 2, 27% en el sector nacional.

De los 4.082 convenios firmados durante 2009, el 75, 55% de los trabajadores vieron crecer sus retribuciones entre el 2% y el 3, 5%, mientras que un 5, 75% percibió más del 3, 5%. Así, eliminando los tramos menos significativos, el suelo y el techo de la subida salarial media abarcó la horquilla del 1, 77% y del 3, 47%, respectivamente.

Garantías salariales para el 70% de los trabajadores

En cuanto a la cláusula de garantía, más de 2.000 convenios la regulan, lo que equivale a más de seis millones de trabajadores, es decir, el 70, 49% de las personas vinculadas por el total de convenios registrados en 2009.

Por último, el sindicato liderado por Ignacio Fernández Toxo precisó que la jornada media pactada el pasado año se situó en las 1.752, 06 horas al año, si bien alertó de que más de 3.000 convenios no han incluido ningún tipo de disminución de jornada, o lo que es lo mismo, más de 5, 5 millones de empleados no han pactado una reducción de su jornada laboral.

Por tramos de reducción de jornada, más de 2, 5 millones de trabajadores, de 1 a 23 horas, han tenido una reducción media de 7, 02 horas anuales, seguidos del tramo de reducción de entre 24 a 46 horas, en el que se situó un total de 500.528 trabajadores, y cuya reducción media alcanza las 29, 11 horas al año.

etrusk
13/03/2010, 21:40
En caso de los sindicatos no existan,quien es el que defiende los derechos laborales de los trabajadores?

Si, los trabajadores tienen derecho a reunirse en sindicatos. Pero los sindicatos no tienen derecho a convertirse en unas organizaciones mafiosas. Lo mismo que la gente de a pie tienen derecho a reunirse en cualguier organizacion pero no pueden usar su organizacion para extorcionar a la sociedad (como lo hace la mafia, masoneria o partidos politicos).

Por ejemplo, las huelgas deberian ser prohibidas en las monopolios (transporte metropolitano, ferrocariles, sanidad, controladores aereos, pilotos, etc.)

agente t
14/03/2010, 16:47
Si, los trabajadores tienen derecho a reunirse en sindicatos. Pero los sindicatos no tienen derecho a convertirse en unas organizaciones mafiosas. Lo mismo que la gente de a pie tienen derecho a reunirse en cualguier organizacion pero no pueden usar su organizacion para extorcionar a la sociedad (como lo hace la mafia, masoneria o partidos politicos).

Por ejemplo, las huelgas deberian ser prohibidas en las monopolios (transporte metropolitano, ferrocariles, sanidad, controladores aereos, pilotos, etc.)

Ni tampoco tienen derecho a cogestionar la Administración pública porque ya existe un gobierno y un parlamento elegidos por el pueblo para ello.

agente t
18/03/2010, 18:18
El número de liberados sindicales en España es uno de los secretos mejor guardados. CCOO y UGT emplean la táctica del avestruz mientras la patronal CEOE calcula que hay 4.127, con un coste de 250 millones de euros anuales. En realidad la cifra es, cuando menos, catorce veces mayor.

Pedro de Tena / L. Ramírez / A. Barreda-LD

En realidad la cifra es, cuando menos, catorce veces mayor sin tener en cuenta los liberados de las secciones sindicales, sino sólo los correspondientes a los delegados de personal elegidos en las elecciones sindicales.

Como denuncian fuera de nuestras fronteras cada vez que CCOO y UGT obstaculizan las reformas en el mercado de trabajo, los sindicatos españoles conforman una "aristocracia" laboral que se dedica a apoyar al Gobierno socialista, a proteger a los trabajadores fijos, no siempre los más productivos, y a lanzar soflamas contra los empresarios, que son los únicos que pueden crear empleo y ayudar a la economía española a salir de la recesión.

Los sindicatos más subvencionados de España, dirigidos por Cándido Méndez (UGT) e Ignacio Fernández Toxo (CCOO), tienen como comportamiento habitual ocultar a la opinión pública el verdadero coste que supone su existencia para los trabajadores y las empresas, especialmente en lo referente a los liberados. Es decir, aquellas personas que reciben sus salarios de las compañías que les han contratado, pero no desempeñan labor alguna en ellas. En lugar de ello están al servicio de las organizaciones sindicales.

La falta de transparencia de las organizaciones sindicales mayoritarias, CC.OO y UGT, es, en este aspecto, total. Nadie sabe con certeza cuántos liberados tienen organizaciones a nivel estatal, autonómico, provincial o local. Siempre que se habla de ello, que es bastante y a menudo, se habla de miles de liberados, pero con escaso fundamento.

Recientemente, la patronal CEOE ha intentado calcular el volumen de este colectivo y el coste que supone para las empresas. En un estudio cifra el número de liberados sindicales en las empresas privadas en 4.127 personas con un coste para las empresas de 250 millones de euros anuales, lo que implica un salario medio bruto de 60.000 euros per capita al año.

Pero cuando se analizan los datos oficiales en profundidad, el volumen real supera con creces la cifra aportada por los empresarios. Ante el silencio sepulcral de los sindicatos acerca de la cantidad de sus liberados, ¿hay algún método riguroso, aunque sea aproximado, de conocer el número real?

Sí. Se trata de combinar adecuadamente los datos sobre el número de delegados existentes en España con la normativa vigente respecto a las horas llamadas "sindicales" en la Ley Orgánica de Libertad Sindical. Esa relación nos dará al menos el número de liberados potenciales y, desde luego, una cantidad mínima que puede considerarse certera.

Liberados sindicales de UGT Y CC.OO. en España

En el artículo 68, e, del Real Decreto Legislativo 1/1995, de 24 de marzo, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley del Estatuto de los Trabajadores, se especifica que "dispondrán de un crédito de horas mensuales retribuidas cada uno de los miembros del comité o delegado de personal en cada centro de trabajo, para el ejercicio de sus funciones de representación, de acuerdo con la siguiente escala:

Delegados de personal o miembros del comité de empresa:

1. Hasta cien trabajadores, quince horas.

2. De ciento uno a doscientos cincuenta trabajadores, veinte horas.

3. De doscientos cincuenta y uno a quinientos trabajadores, treinta horas.

4. De quinientos uno a setecientos cincuenta trabajadores, treinta y cinco horas.

5. De setecientos cincuenta y uno en adelante, cuarenta horas.

Y añade que "podrá pactarse en convenio colectivo la acumulación de horas" de los distintos miembros del comité de empresa y, en su caso, de los delegados de personal, en uno o varios de sus componentes, sin rebasar el máximo total, pudiendo quedar relevado o relevados del trabajo, sin perjuicio de su remuneración.

En el conjunto de España, el número de delegados de personal obtenidos por UGT y CCOO en las elecciones sindicales era de 250.153, correspondiendo a UGT 123.233 y a CC.OO 126.920, según consta en un informe reciente de Atlantis Seguros, una empresa de seguros europea participada por ambos sindicatos.

Dado que no hemos logrado saber cuántos de ellos corresponden a cada grupo de centros de trabajo previstos en la ley antes expuesta, hemos de optar por un número medio de horas sindicales/mes para cada delegado.

En nuestra hipótesis vamos a considerar que el número medio de horas sindicales por delegado es de 30 horas, teniendo en cuenta que en la Administración en general el uso habitual es el de 40 horas mensuales e incluso más y que el número de delegados en la Administración Pública se acerca al 30% del total. Que se superan las 40 horas sindicales al mes puede comprobarse en el siguiente documento de la Junta de Andalucía:



De esta forma, 250.153 delegados sindicales en toda España multiplicados por tales 30 horas liberadas por la acción sindical al mes nos dan un total de 7.504.590 horas empleadas al mes en tareas sindicales que, consideradas a lo largo de un año, es decir, multiplicadas por 12 meses, se convierten en 90.055.080 horas "liberadas".

Dadas que estas horas son acumulables y adjudicables por persona, y siendo la jornada media efectiva en España de 1.576,8 horas la cantidad total de horas sindicalmente liberadas, 90.055.080, equivalen a 57.112,5 puestos de trabajo de tiempo completo o, lo que es lo mismo, a 57.112,5 liberados sindicales posibles a tiempo completo, a los que habría que añadir los liberados sindicales existentes en las secciones sindicales de empresa de UGT y CCOO.

Dicho en términos económicos, los empresarios españoles y la Administración pública están pagando del bolsillo privado y público, respectivamente, a 57.112,5 funcionarios sindicales, salarios que no ingresan pero que sí se ahorran las organizaciones sindicales.

Si consideramos que el coste laboral medio en España (salario + Seguridad Social) por trabajador y mes alcanzaba los 2.428,69 euros en el tercer trimestre de 2009, esto es, 29.144 euros por trabajador al año, el coste total derivado por los liberados sindicales y soportado forzosamente por ciudadanos y empresas españoles asciende a 1.664 millones de euros al año. Si se tiene en cuenta que muchos de los trabajadores liberados deben ser sustituidos por otros que realicen sus trabajos, el coste real de los liberados debe ser mucho mayor.

Y, desde luego, de ser su salario el medio que indica la CEOE, de 60.000 euros anuales, el coste entonces se elevaría a casi 3.500 millones de euros anuales.

Ingresos sindicales no contabilizados ni fiscalizados

Lo que son efectivamente ingresos para las organizaciones sindicales no son contabilizados como tales. Es decir, a la subvenciones no finalistas recibidas por los sindicatos de la Administración debería sumarse la cantidad correspondiente a los salarios de los liberados aunque sean pagados por terceros. En la práctica, estos liberados se comportan como empleados de los sindicatos que disponen de estos delegados con toda libertad y autoridad.

Así, estamos ante la presencia de dos gigantescas empresas, UGT y CCOO muchos de cuyos ingresos no proceden de su propia actividad sino que los succionan de la actividad de otras empresas y de los impuestos de los ciudadanos sin que exista control alguno, al menos, sobre los fondos públicos recibidos, que son los mayoritarios. De hecho, estamos ante organismos que tienen miles de trabajadores asalariados a su servicio, pero cuyos salarios, en su mayoría, son abonados por otros.

Muy pocas empresas en España superan los 25.000 trabajadores. Telefónica asegura tener en España más de 100.000 profesionales pero no especifica si todos ellos son asalariados o si son meros colaboradores externos. El Corte Inglés tiene poco más de 50.000 trabajadores reconocidos. En cualquier caso, en toda España apenas hay una decena de empresas con más trabajadores asalariados que UGT y CC.OO, si bien los pagan ellas mismas y no terceros.

Para saber el número real de los trabajadores de los sindicatos mayoritarios, a los liberados habría que añadir los trabajadores contratados, estable o temporalmente por UGT y CCOO y sus fundaciones y organismos relacionados, número que tampoco es conocido por la sociedad española.

Si se suman unos y otros podríamos estar ante dos megaorganizaciones cuyo personal, en su mayoría, es pagado por otros y cuyos ingresos proceden en su mayoría de los impuestos u otras empresas.

vivacromwell
26/03/2010, 18:02
No habría ningún inconveniente en un país libre con la existencia de sindicatos. En principio, tal como fueron concebidos, como una posibilidad de los trabajadores de tener mayor poder de negociación y tomar decisiones en conjunto, son un recurso válido. Sin embargo, lo que ocurre es que la finalidad de los sindicatos es generalmente obtener licencias oficiales para extorsionar a las empresas y en herramientas de aplicación de leyes laborales cada vez más rígidas e injustas.

Sin el poder de los estados y sin la cuantiosa suma de leyes laborales contrarias a la libertad de empresa los sindicatos serían perfectamente inocuos, vale decir, podrían actuar en armonía con una sociedad libre.

vivacromwell
26/03/2010, 18:07
El número de liberados sindicales en España es uno de los secretos mejor guardados. CCOO y UGT emplean la táctica del avestruz mientras la patronal CEOE calcula que hay 4.127, con un coste de 250 millones de euros anuales. En realidad la cifra es, cuando menos, catorce veces mayor.

Pedro de Tena / L. Ramírez / A. Barreda-LD

En realidad la cifra es, cuando menos, catorce veces mayor sin tener en cuenta los liberados de las secciones sindicales, sino sólo los correspondientes a los delegados de personal elegidos en las elecciones sindicales.

Como denuncian fuera de nuestras fronteras cada vez que CCOO y UGT obstaculizan las reformas en el mercado de trabajo, los sindicatos españoles conforman una "aristocracia" laboral que se dedica a apoyar al Gobierno socialista, a proteger a los trabajadores fijos, no siempre los más productivos, y a lanzar soflamas contra los empresarios, que son los únicos que pueden crear empleo y ayudar a la economía española a salir de la recesión.

Los sindicatos más subvencionados de España, dirigidos por Cándido Méndez (UGT) e Ignacio Fernández Toxo (CCOO), tienen como comportamiento habitual ocultar a la opinión pública el verdadero coste que supone su existencia para los trabajadores y las empresas, especialmente en lo referente a los liberados. Es decir, aquellas personas que reciben sus salarios de las compañías que les han contratado, pero no desempeñan labor alguna en ellas. En lugar de ello están al servicio de las organizaciones sindicales.

La falta de transparencia de las organizaciones sindicales mayoritarias, CC.OO y UGT, es, en este aspecto, total. Nadie sabe con certeza cuántos liberados tienen organizaciones a nivel estatal, autonómico, provincial o local. Siempre que se habla de ello, que es bastante y a menudo, se habla de miles de liberados, pero con escaso fundamento.

Recientemente, la patronal CEOE ha intentado calcular el volumen de este colectivo y el coste que supone para las empresas. En un estudio cifra el número de liberados sindicales en las empresas privadas en 4.127 personas con un coste para las empresas de 250 millones de euros anuales, lo que implica un salario medio bruto de 60.000 euros per capita al año.

Pero cuando se analizan los datos oficiales en profundidad, el volumen real supera con creces la cifra aportada por los empresarios. Ante el silencio sepulcral de los sindicatos acerca de la cantidad de sus liberados, ¿hay algún método riguroso, aunque sea aproximado, de conocer el número real?

Sí. Se trata de combinar adecuadamente los datos sobre el número de delegados existentes en España con la normativa vigente respecto a las horas llamadas "sindicales" en la Ley Orgánica de Libertad Sindical. Esa relación nos dará al menos el número de liberados potenciales y, desde luego, una cantidad mínima que puede considerarse certera.

Liberados sindicales de UGT Y CC.OO. en España

En el artículo 68, e, del Real Decreto Legislativo 1/1995, de 24 de marzo, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley del Estatuto de los Trabajadores, se especifica que "dispondrán de un crédito de horas mensuales retribuidas cada uno de los miembros del comité o delegado de personal en cada centro de trabajo, para el ejercicio de sus funciones de representación, de acuerdo con la siguiente escala:

Delegados de personal o miembros del comité de empresa:

1. Hasta cien trabajadores, quince horas.

2. De ciento uno a doscientos cincuenta trabajadores, veinte horas.

3. De doscientos cincuenta y uno a quinientos trabajadores, treinta horas.

4. De quinientos uno a setecientos cincuenta trabajadores, treinta y cinco horas.

5. De setecientos cincuenta y uno en adelante, cuarenta horas.

Y añade que "podrá pactarse en convenio colectivo la acumulación de horas" de los distintos miembros del comité de empresa y, en su caso, de los delegados de personal, en uno o varios de sus componentes, sin rebasar el máximo total, pudiendo quedar relevado o relevados del trabajo, sin perjuicio de su remuneración.

En el conjunto de España, el número de delegados de personal obtenidos por UGT y CCOO en las elecciones sindicales era de 250.153, correspondiendo a UGT 123.233 y a CC.OO 126.920, según consta en un informe reciente de Atlantis Seguros, una empresa de seguros europea participada por ambos sindicatos.

Dado que no hemos logrado saber cuántos de ellos corresponden a cada grupo de centros de trabajo previstos en la ley antes expuesta, hemos de optar por un número medio de horas sindicales/mes para cada delegado.

En nuestra hipótesis vamos a considerar que el número medio de horas sindicales por delegado es de 30 horas, teniendo en cuenta que en la Administración en general el uso habitual es el de 40 horas mensuales e incluso más y que el número de delegados en la Administración Pública se acerca al 30% del total. Que se superan las 40 horas sindicales al mes puede comprobarse en el siguiente documento de la Junta de Andalucía:



De esta forma, 250.153 delegados sindicales en toda España multiplicados por tales 30 horas liberadas por la acción sindical al mes nos dan un total de 7.504.590 horas empleadas al mes en tareas sindicales que, consideradas a lo largo de un año, es decir, multiplicadas por 12 meses, se convierten en 90.055.080 horas "liberadas".

Dadas que estas horas son acumulables y adjudicables por persona, y siendo la jornada media efectiva en España de 1.576,8 horas la cantidad total de horas sindicalmente liberadas, 90.055.080, equivalen a 57.112,5 puestos de trabajo de tiempo completo o, lo que es lo mismo, a 57.112,5 liberados sindicales posibles a tiempo completo, a los que habría que añadir los liberados sindicales existentes en las secciones sindicales de empresa de UGT y CCOO.

Dicho en términos económicos, los empresarios españoles y la Administración pública están pagando del bolsillo privado y público, respectivamente, a 57.112,5 funcionarios sindicales, salarios que no ingresan pero que sí se ahorran las organizaciones sindicales.

Si consideramos que el coste laboral medio en España (salario + Seguridad Social) por trabajador y mes alcanzaba los 2.428,69 euros en el tercer trimestre de 2009, esto es, 29.144 euros por trabajador al año, el coste total derivado por los liberados sindicales y soportado forzosamente por ciudadanos y empresas españoles asciende a 1.664 millones de euros al año. Si se tiene en cuenta que muchos de los trabajadores liberados deben ser sustituidos por otros que realicen sus trabajos, el coste real de los liberados debe ser mucho mayor.

Y, desde luego, de ser su salario el medio que indica la CEOE, de 60.000 euros anuales, el coste entonces se elevaría a casi 3.500 millones de euros anuales.

Ingresos sindicales no contabilizados ni fiscalizados

Lo que son efectivamente ingresos para las organizaciones sindicales no son contabilizados como tales. Es decir, a la subvenciones no finalistas recibidas por los sindicatos de la Administración debería sumarse la cantidad correspondiente a los salarios de los liberados aunque sean pagados por terceros. En la práctica, estos liberados se comportan como empleados de los sindicatos que disponen de estos delegados con toda libertad y autoridad.

Así, estamos ante la presencia de dos gigantescas empresas, UGT y CCOO muchos de cuyos ingresos no proceden de su propia actividad sino que los succionan de la actividad de otras empresas y de los impuestos de los ciudadanos sin que exista control alguno, al menos, sobre los fondos públicos recibidos, que son los mayoritarios. De hecho, estamos ante organismos que tienen miles de trabajadores asalariados a su servicio, pero cuyos salarios, en su mayoría, son abonados por otros.

Muy pocas empresas en España superan los 25.000 trabajadores. Telefónica asegura tener en España más de 100.000 profesionales pero no especifica si todos ellos son asalariados o si son meros colaboradores externos. El Corte Inglés tiene poco más de 50.000 trabajadores reconocidos. En cualquier caso, en toda España apenas hay una decena de empresas con más trabajadores asalariados que UGT y CC.OO, si bien los pagan ellas mismas y no terceros.

Para saber el número real de los trabajadores de los sindicatos mayoritarios, a los liberados habría que añadir los trabajadores contratados, estable o temporalmente por UGT y CCOO y sus fundaciones y organismos relacionados, número que tampoco es conocido por la sociedad española.

Si se suman unos y otros podríamos estar ante dos megaorganizaciones cuyo personal, en su mayoría, es pagado por otros y cuyos ingresos proceden en su mayoría de los impuestos u otras empresas.


Es contrario a la lógica más elemental que una empresa deba afrontar enormes dificultades legales para deshacerse de un empleado que está en la planta de personal con el solo objetivo de combatir los intereses de la empresa y no hace prácticamente nada en su función de empleado.

Lo más razonable sería que si los delegados defienden los intereses de los empleados pues sean los mismos empleados a través de su sindicato los que paguen su salario. Y que la empresa quede en libertad absoluta de contratar a otro empleado.

En casi todos los países los delegados sindicales son una especie de cáncer.

agente t
06/04/2010, 17:46
Por Irene Boada-El Periódico de Catalunya

La última huelga convocada por los sindicatos de maestros, el pasado 17 de marzo, generó menos entusiasmo que otras convocatorias anteriores y pasó especialmente desapercibida por las consecuencias de la nevada que, comprensiblemente, monopolizó los titulares de la semana. Fue una lástima perder una buena ocasión para debatir a fondo sobre educación cuando es tan necesario. Si el nivel educativo de un país es el termómetro que nos indica cuál es su salud, las evaluaciones internacionales nos muestran que el país tiene bastante fiebre. Hace falta más reflexión, quizá, incluso, se necesita todo un medio de comunicación, un canal de radio o de televisión dedicado solo a educación, en el que profesionales, madres y padres pudieran hablar a sus anchas.

De entrada, uno de los problemas fundamentales de los sindicatos es que se dirigen principalmente al profesorado de la escuela pública cuando el de la concertada no tiene mejores condiciones de trabajo. Llegan a discriminar a los docentes de la concertada en las oposiciones. Pero los sindicatos cometen otros errores. Rechazan el recorte de plantillas que, teniendo en cuenta la crisis, ha sido menor que en otros países de la UE como Irlanda. Se oponen a la autonomía de los centros que propone la ley de educación de Catalunya (LEC) pero, para tener éxito, parece bastante obvio que las escuelas deben tener todos los medios posibles para adquirir una personalidad propia y, así, ofrecer resultados. Otra de las reivindicaciones es el regreso al horario intensivo durante el mes de junio, del que hasta la fecha solo ha disfrutado la escuela pública. Sin embargo, tendría más sentido reivindicar un horario de docencia intensivo todo el año para todos los centros educativos, como tienen en otras comunidades españolas y en otros países de la UE. Tanto en primaria como en secundaria las clases deberían terminar a las dos de la tarde, ya que pasada esta hora es difícil que los alumnos se puedan concentrar dentro del aula. A partir de esa hora, sería interesante que las actividades se centraran en trabajo de biblioteca y trabajo personal, de grupo o recreo con monitores mientras que maestros y profesores hacen tareas administrativas y de preparación.
El profesorado está insatisfecho porque la situación en el aula –lo que significativamente se conoce como trinchera– en verdad no es fácil. En muchos casos, más de la mitad del alumnado llega a secundaria siendo un analfabeto funcional y, a menudo, el profesorado se siente impotente. La educación de tipo académico y obligatoria para la franja de los 14 a los 16 años no ha sido demasiado acertada. Hay mucho alumnado que no rinde en un contexto académico, que interfiere en el aprendizaje de los demás y que, en cambio, trabajaría mucho mejor en un ambiente profesional. Pero, hay que centrar la atención en primaria, ya que es en esta edad cuando se adquieren los buenos hábitos de aprendizaje que serán decisivos para el éxito posterior, y globalmente, no descubrimos buenos resultados. La fiesta es, sin duda, una buena manera de transmitir conocimientos, pero, Carnaval o Halloween han tomado un excesivo protagonismo en la escuela primaria en estos últimos años, y se echa en falta un ambiente más relajado, de gusto por el silencio, para la profundización del estudio y la concentración. A menudo, vemos a maestros agotados intentando que la representación teatral de Navidad guste a los padres, cuando el esfuerzo, más que de cara afuera, debería ser hacia dentro, para el desarrollo intelectual del niño en estos años cruciales. Por lo tanto, quizá es la filosofía más profunda la que conviene cambiar, y este tipo de cambios, más que por leyes y decretos o huelgas, conseguirían un buen liderazgo político. Pero, en lugar de información y reflexión, a menudo llega a la ciudadanía una lucha entre sindicatos y Gobierno que no anima a participar. La facultad comunicativa no es el fuerte de unos ni de otros. Si realizáramos un sondeo, pocas personas sabrían cuáles eran las reivindicaciones de la huelga. También a Educació le faltan portavoces efectivos que expresen hacia dónde se debería ir en materia educativa. La LEC aporta buenas iniciativas, como es el caso de la Agència d’Avaluació de Catalunya, pero la gente sigue sin saber de qué va.

Más que para mejorar la educación –y la buena educación–, a veces, desde el mundo político parece que solo quiera satisfacerse a madres y padres. Los sindicatos, a menudo, se quejan por inercia, así que el Govern abre la boca, cuando son ellos mismos los que deberían hacer un trabajo profundo de reinvención que pasara por defender los derechos de los trabajadores, sean de la pública, de la concertada o vengan de otros países, con la riqueza que esto aportaría. La mejora de la comunicación entre Govern y sindicatos y con el resto de la ciudadanía es fundamental para obtener resultados. Sería bueno abandonar el tono de pelea y mostrar actitudes más constructivas. Países como Corea del Sur han disparado sus resultados en pocos años. ¿Por qué no podemos hacerlo nosotros, que contamos con unos profesionales excelentes?
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Como resumen básico de una situación no está mal, aunque no diga ni pío del asunto del idioma metido con calzador.

*Periodista y filóloga

agente t
07/04/2010, 19:31
Que rayos paso, segun yo puse este post en el tema de Hayek

Puede el administrador borrar estos 2 ultimos comentarios

No creo que haga falta.

i4everluis1
08/04/2010, 16:58
Supongo que el administrador es un programa automático, se tomo muy en serio eso de borrar los post, tanto que borro mi cuenta.

agente t
08/04/2010, 17:26
Polémica y tópicos de la reforma laboral

• La normativa actual crea una dualidad de la calidad del empleo que envenena el mercado de trabajo


Por Antonio Papell-El Periódico de Catalunya

Miguel Ángel Fernández Ordóñez no es un liberal doctrinario ni mucho menos un economista reaccionario. Profesional progresista y de prestigio, secretario de Estado con González y con Rodríguez Zapatero, su paso al consejo del Banco de España, primero, y al cargo de gobernador en sustitución de Jaime Caruana, después, fue duramente criticado por el PP por el «alto perfil político del personaje». La principal fuerza opositora tenía razón al protestar por el hecho de que el Ejecutivo socialista no buscara esta vez el consenso.
Dada esta biografía de filiación inequívoca, carece de sentido que las recomendaciones de Fernández Ordóñez en materia de política económica sean sistemáticamente ignoradas, cuando no criticadas con dureza, por el actual Gobierno socialista. Es indudable que el gobernador del Banco de España mantiene una posición independiente, porque esta es su obligación, pero ello no significa que sus tesis estén sistemáticamente en contradicción con las pautas socialdemócratas que legítimamente exhibe, sin engañar a nadie, la actual mayoría.

La última polémica, por el momento, versa sobre la coyuntura en general y sobre la evolución del paro en particular. En el último boletín del Banco de España, el supervisor piensa, con menos optimismo que el Gobierno, que la creación de empleo solo tendrá lugar en «los trimestres finales del 2011»; no obstante, la destrucción de puestos de trabajo en el 2011 será «muy pequeña» en media anual. En cambio, el Ejecutivo, que confía en un crecimiento económico más rápido, asegura que la creación de empleo empezará a finales del ejercicio en curso. Pero si esta discrepancia es inocua –el tiempo dirá quién tiene razón en su pronóstico–, lo preocupante es que el Banco de España discrepa una vez más del actual modelo de contratación laboral. El último informe incluye un capítulo firmado por tres expertos del servicio de estudios de la institución en el que se explica cómo la actual brecha entre trabajadores fijos y temporales envenena
el mercado laboral. En efecto, esta dualidad –un tercio de la fuerza laboral trabaja con contrato temporal y sin apenas coste de despido– tiene un efecto perverso, ya que el empresario que debe recortar plantilla no renuncia ahora al empleado menos eficaz, sino al más barato de despedir, con lo que «se mantienen puestos de trabajo ocupados por trabajadores con contrato indefinido con productividad inferior a los nuevos puestos que se crean, lo que influye negativamente sobre la productividad agregada».

Desde este punto de vista, es lógico que los autores del informe prevengan al Gobierno de un indeseable desenlace de la negociación social en curso: penalizar la contratación eventual, como ha planteado el Gobierno a la patronal y a los sindicatos en la mesa de reforma laboral, y mantener intactas las condiciones de la indefinida, «perjudicaría notablemente las perspectivas de recuperación del empleo». Es evidente.

Es muy legítimo que, en abstracto, los sindicatos se opongan a cualquier «recorte de los derechos de los trabajadores» y que, en términos políticos, el Gobierno se niegue a que sean los trabajadores quienes carguen con el peso principal de una recesión que tiene su origen último en las disfunciones del sistema financiero. Sin embargo, resulta inevitable enunciar la paradoja que encierra esta posición: la defensa a ultranza de las condiciones laborales de quienes disfrutan de un contrato laboral indefinido –con una indemnización por despido de 45 días en general y de 33 días en los colectivos de difícil inserción– sitúa en una posición muy vulnerable a todos los trabajadores temporales y genera dificultades adicionales de empleabilidad a los parados. Esta evidencia da la razón a quienes aseguran que los sindicatos actuales, cada vez más burocratizados, constituyen el lobi de los trabajadores con empleo de calidad, cuyos intereses están en realidad en oposición a los de quienes se hallan en paro o en una situación precaria en el mercado laboral.

Nuestro sistema de relaciones laborales es, además, uno de los menos flexibles de la UE, donde, por cierto, se han ensayado ya fórmulas de flexiseguridad que, sin reducir derechos laborales, están aportando la flexibilidad precisa a los mercados. No tendría sentido, pues, que aquí nos encastilláramos en modelos arcaicos por algún anacrónico prurito ideológico cuando ha de ser posible –parece– hallar caminos capaces de conciliar los diversos objetivos: una rápida recuperación del empleo, el mantenimiento de una potente cobertura social, la reducción de la temporalidad y la flexibilidad que permita acomodar la oferta a la demanda.
Quizá debiéramos aceptar resignadamente que la recesión nos ha empobrecido a todos, de forma que tenemos que adaptarnos a la nueva situación. Los trabajadores con empleo estable, cediendo una mínima parte de su estabilidad a los desempleados; los empresarios, resignando parte de sus beneficios a una pronta recuperación de la actividad; todos nosotros, llevando a cabo un esfuerzo de racionalidad para que la política encuentre los mejores caminos para reconducir al país hacia la prosperidad.

agente t
02/05/2010, 16:46
El día soleado que hizo ayer en Madrid no motivó a las bases sindicales a salir a la calle para celebrar la festividad del 1 de Mayo, que registró el nivel de participación más bajo que se recuerda desde la Transición. Menos de 6.000 sindicalistas asistieron a los discursos de Cándido Méndez e Ignacio Fernández Toxo en la Puerta del Sol, momento culminante del acto. Esa fue la tónica dominante en toda España.

No deja de ser una paradoja el desinterés hacia un acto de enorme tradición en el mundo del trabajo cuando coincide con una profunda crisis que ha elevado el número de parados a 4,6 millones. Ante ese dato, de poco sirve que el Gobierno filtre, como hizo ayer, que el paro registrado bajó en abril en 24.000 personas. Da la impresión de que los sindicatos están perdiendo capacidad de influencia y de que aumentan los trabajadores que no se sienten identificados con sus mensajes. Y no digamos nada los parados.

Lo que quedó en evidencia ayer en sus discursos es que Méndez y Toxo siguen defendiendo unas recetas ancladas en el pasado, que no ofrecen solución a los graves problemas del presente y que contradicen todo lo que están diciendo los expertos y los organismos internacionales.

Así, los dos líderes sindicales rechazaron de plano flexibilizar el mercado de trabajo, alargar la edad de jubilación, recortar el gasto público y cualquier reforma que suponga una merma de los llamados derechos adquiridos de los trabajadores. «Habrá un conflicto laboral de alcance», advirtió el secretario de UGT, si el Gobierno se empeña en cumplir el calendario de reducción del déficit que le exige la UE.

Méndez y Toxo arremetieron contra el capitalismo internacional, la banca y Angela Merkel por sus vacilaciones en rescatar a Grecia. «Siempre gana Alemania como en el fútbol», afirmó Méndez, citando a Gary Lineker como pensador de cabecera. No faltaron tampoco alusiones al PP, que, según el secretario de UGT, es «un partido poco patriota y poco responsable» que «no pone barreras para derribar al Gobierno».

La única propuesta constructiva partió de Méndez, que apostó por un gran acuerdo social de tres años para salir de la crisis, aunque eludió concretar más. El líder de UGT se mostró partidario de poner «toda la carne en el asador» para llegar a un acuerdo en las negociaciones con el Gobierno y la patronal, una frase que suena retórica si los sindicatos persisten en su idea de no aceptar la reforma del mercado laboral.

No parece éste el momento para posiciones maximalistas. La crisis es lo suficientemente grave para asumir la necesidad de que todos debemos hacer sacrificios. Por actuar como le piden los sindicatos, Zapatero ha visto rebajado el nivel de solvencia de España por Standard & Poor's. Según un informe de nuestro suplemento Mercados, sólo lo que nos va a costar el alza adicional de los tipos de interés para financiar la deuda pública por este motivo asciende a 2.500 millones de euros, un 30% más de lo que supondrá el aumento de la recaudación por subida del IVA en el segundo semestre.

Los sindicatos están empujando hacia el abismo a Zapatero. El presidente debería tener la lucidez de darse cuenta de que el camino que marcan lleva al suicidio colectivo.

Editorial de El Mundo

agente t
09/05/2010, 17:46
Acaban de volver a hacerlo; acaban de volver a desfilar, en muy reducidos números, por céntricas calles de las principales ciudades del país, vociferando eslóganes desfasadísimos o directamente ajenos al mundo del trabajo, erigiéndose en portavoces de una clase, la trabajadora, que no hace sino darles la espalda pero que tiene la desgracia de padecerlos y depender de ellos por mor de la infausta negociación colectiva.

Aquí les dejo las reflexiones que me suscitó el pasado Primero de Mayo.

1. Nunca he podido aceptar que existan unos derechos de los trabajadores distintos a los derechos de los ciudadanos y a aquellos que libre y autónomamente pacten en sus contratos de trabajo. Todo lo demás son privilegios mediante los cuales unos grupos organizados (sindicatos) explotan a otros grupos desorganizados (trabajadores no sindicados, empresarios no afines al poder y accionistas de empresas) gracias a la coacción estatal.

2. La retórica de la lucha de clases, del trabajo contra el capital, no es que esté caduca y desfasada: es que jamás tuvo un gramo de verdad. Los trabajadores sólo pueden enriquecerse y mejorar su calidad de vida convirtiéndose en capitalistas o siendo beneficiarios de un aumento de sueldo –como consecuencia de un incremento en sus niveles de productividad–. En ambos casos precisarán de más capital. En ambos casos se encontrarán enfrente a una izquierda retrógrada y reaccionaria que exhibe altiva en las calles su poca vergüenza. El líder de IU, Cayo Lara, ha expresado muy bien los deseos de buena parte de las izquierdas: "La solución viene por meter el diente al beneficio y al capital y a eso no se atreven porque parecen intocables".

3. Las únicas reivindicaciones legítimas del Día del Trabajo serían aquellas que exigieran al Gobierno que no impida a los individuos trabajar o convertirse en capitalistas. Se trata de una petición bastante razonable, ¿no creen?, sobre todo en un país como el nuestro, con casi cinco millones de parados y un misérrimo sistema de pensiones en quiebra. Pero no: el pasado 1 de Mayo no se abogó por abolir la negociación colectiva, ni por abaratar el despido, ni por flexibilizar la negociación y renegociación de los salarios, ni por reducir las cotizaciones a la Seguridad Social, ni por reducir la tributación de las plusvalías, ni por ir transitando hacia un sistema de pensiones de capitalización; al contrario: los sindicatos se centraron en defender a un presunto prevaricador, en alabar la exitosa política laboral del Gobierno y en pedir a los trabajadores que no llegan a fin de mes que consuman como posesos.

4. Con la que está cayendo, esa cerrilidad que muestran Gobierno y sindicatos, entente socialista que en cosa de cuatro años ha llevado el país al borde de la suspensión de pagos –con el voto favorable del Partido Popular–, no es lo mejor que podemos exhibir en el exterior. Con un paro del 20%, un déficit del 11% del PIB en 2009 –y creciente en 2010– y un sistema bancario descompuesto, no puede causar sino temor que estos irresponsables –ignorantes y ruines a partes iguales– estén al mando. El socialista Papandreu terminó de cargarse Grecia con la inestimable colaboración de una clase sindical que bloqueaba a golpe de insurrección cualquier alternativa al desastre. Sin embargo ahora, los estómagos agradecidos de Toxo y Méndez –que cobran de los impuestos de los trabajadores a los que ellos mismos impiden trabajar– critican a Merkel por dudar a la hora de financiar el sarao socialista griego. La mala de la película, la codiciosa e insolidaria, es quien no quiere esquilmar a sus ciudadanos para pagar las bacanales griegas: que las paguen –dice, con toda la razón– los que se las corrieron. No tardaremos en ver reproducido ese esquema para España.

5. El mismo ministro de Trabajo que se muestra incapaz de dar una sola respuesta a los cinco millones de parados –salvo filtrar un escuálido y manipulado dato del INEM–, ni sobre una Seguridad Social pública tan ineficiente que ya no puede ni pagar las bajas pensiones que prometía, se indigna de que le den consejos "quienes pactan pensiones millonarias". Será que él no tiene asegurada una pensión millonaria una vez deje la política, en pago por su impecable hoja de servicios; será que no ha alcanzado el poder que le va a procurar ese chollazo por su defensa del discurso socialista que nos ha llevado a la bancarrota; será que la escenografía izquierdista no le ha servido para amasar una fortuna a costa de unos ciudadanos a los que ha negado la posibilidad de construirse un patrimonio amplio y obtener unas rentas crecientes. Por no dejar, hoy, ni les deja trabajar.


© El Cato

Por Juan Ramón Rallo Julián, en LD

agente t
10/05/2010, 17:22
Se acusa a los grandes financieros de anarquistas del poder, pero el ventajismo infecta a la sociedad entera

El martes pasado, a las 8.16 de la tarde, partía un tren de la estación de Sants rumbo a Girona y Figueres. Era uno de estos nuevos modelos que Renfe ha introducido en los recorridos de media distancia (MD), un convoy cómodo y reluciente, más caro, pero también más cómodo y limpio, que los degradados y malolientes Catalunya Exprés que hasta hace poco circulaban por la vía férrea que conecta Barcelona con Portbou y la frontera. Minutos después, cumpliendo su horario, el tren llegó al apeadero de Passeig de Gràcia (fue allí donde yo lo tomé). Funcionaba a la perfección y estaba bastante lleno, aunque no hasta los topes (lo que, por cierto, sucede con frecuencia: en un MD de la madrugada anterior, sin ir mas lejos, muchos pasajeros tuvieron que aguantar de pie los 80 minutos de trayecto). Limpio, nuevo y puntual marchaba el tren hasta que, poco después de Clot-Aragó, se detuvo en tierra de nadie. No dijimos nada, pero en la mente de los experimentados se dispararon las alarmas: la inquietud nunca abandona al veterano usuario de Renfe.

Cuando el tren volvió a arrancar, lo hizo con rara lentitud. Los nuevos modelos MD disponen de pantallas que informan de la velocidad del tren, pero esta información quedó desactivada. Durante un rato, los usuarios siguieron sin dar importancia a aquel nuevo problema, hasta que, en mi vagón, un hombre que seguía el partido del Barça contra el Tenerife con un moderno aparato telefónico activó el GPS. "¡Este tren no pasa de 30 por hora!". A partir de aquel momento, el personal liberó su inquietud. "¿Qué estará pasando?". "¡La lluvia!", contestó alguien. "¡Ah, claro, la lluvia!", dedujimos todos al unísono. Es tremendo, pero es así: en un país que hasta hace dos días se jactaba de estar entre los más desarrollados del mundo, nadie confía en los servicios públicos. Nadie cree que puedan aguantar la más mínima alteración de la normalidad. Ciertamente, llovía, pero no a cántaros. No estábamos bajo un tifón, sino bajo una amable borrasca primaveral. Había llovido durante un par de días, pero –sostenía un pasajero– el agua caída no podía haber causado destrozos en la vía. "¿Dónde estamos?", preguntó alguien. El del GPS contestó: "No hemos llegado todavía a Granollers: 26 minutos de retraso".

Pasaron los minutos y los cuartos. El tren avanzaba con exasperante lentitud. La pantalla no informaba, los altavoces nada decían, el revisor brillaba por su ausencia. Cerca de Llinars del Vallès, se detuvo de nuevo, y un Talgo nos sobrepasó a una velocidad que parecía supersónica. "¡No es la lluvia!". "Si el Talgo puede correr así, es que no son las vías". "¿Qué está pasando?". Como si un ser superior hubiera escuchado nuestras preguntas, el altavoz del tren dio por primera vez señales de vida: una vocecita nos informó de que, por "problemas técnicos y de seguridad", el tren llevaba retraso. Los pasajeros reaccionaron de la mejor manera posible. Empezó el del GPS: "Nada hay más agradable que llegar a esta hora de la noche, fresco como una rosa después de trabajar todo el día, y, con el estómago vacío, vivir una aventura con Renfe". Una mujer contestó: "Todas las relaciones humanas acaban siendo previsibles, pero Renfe nunca deja de sorprenderte". A lo que un tercero opuso: "Pues a mí, en 20 años de relaciones, Renfe siempre me ofrece lo mismo: retrasos e indiferencia". "¡Patético!", exclamó alguien. Y una mujer le corrigió: "¡No, hombre, no, Renfe siempre regala emociones!". El resto del pasaje se partía de la risa. El del GPS alternaba la narración de los goles del Barça con la crónica de la carrera del tren: "¡Récord!: 35 por hora" o "Mínima: 17 por hora". De esta resignada manera amenizamos las tres horas, tres, que nuestro moderno tren tardó en cubrir los 100 kilómetros de Barcelona a Girona.

Dedujimos que se trataba de una huelga encubierta del maquinista. El día anterior, el sindicato Semaf, que agrupa a los maquinistas, había colapsado por completo cercanías, causando problemas a 175.000 usuarios. Unas imprecisas reivindicaciones de seguridad rebozaron la verdadera razón de la huelga: la demanda de 50 plazas de aparcamiento subterráneo. Una demanda que, a la luz de la Gran Crisis que martiriza nuestra economía, era algo más que una broma de mal gusto. Era la demostración de que, ante la crisis, imperan el sálvese quien pueda y el ande yo caliente. Banqueros olvidadizos, el presidente de la patronal, los políticos autistas y los trabajadores que, como los maquinistas, pueden chantajear desde su puesto clave tienen un punto en común. Gritan cínicamente: "¡Que os den morcilla!".

Llegamos a Girona a las 11 y cuarto. Algunos pidieron explicaciones ante la ventana del maquinista que había realizado aquella huelga de brazos caídos sin avisar. El tipo se ocultó. Nadie usó el paraguas para romper el cristal tras el que se protegía. El revisor seguía ausente. En la estación ya no quedaba ningún responsable. Normas y horarios habían sido burlados por aquellos que deben procurar su cumplimiento.

Se acusa a los grandes financieros de anarquistas del poder, pero el ventajismo es un virus que infecta a la sociedad entera. Indefenso y resignado, atravesé la ciudad a medianoche. Pensaba en el tren no sólo como expresión de abuso del poder del maquinista. No sólo como expresión de la indiferencia de la institución Renfe. Pensaba en el tren como metáfora. A este paso, pensé, nunca llegaremos al alba.

Por Antoni Puigverd, hoy en La Vanguardia

agente t
25/05/2010, 16:55
CULPABLES por el cinismo de predicar la austeridad y mantener el derroche de sus sindicatos y sus partidos políticos. Culpables por espeluznarse ante la crisis como ante el pitón jabonero que atravesó la boca de Julio Aparicio, y después, en lugar de reducir personal, proseguir con la contratación de nuevos colaboradores. Culpables por exigir recortes y apretados cinturones, cuando sindicatos y partidos continúan organizando actos circenses y delirantes parafernalias para lucimiento de sus líderes.

Y lo más grave. Todavía no ha surgido un dirigente sindical, un líder de partido que diga: «Sindicatos y partidos políticos deben financiarse exclusivamente con las cuotas de sus afiliados». Como en las cuentas de las centrales sindicales y de las agrupaciones políticas la transparencia brilla por su ausencia, no sabemos con precisión qué porcentaje de sus gastos y dispendios corren a cargo, directa o indirectamente, de subvenciones del Gobierno. Analistas solventes consideran que más del 90% de lo que derrochan los partidos políticos lo pagamos entre todos los españoles a través de los impuestos con que el Estado nos desangra. Otro tanto ocurre con los sindicatos, si bien está más enmascarado, amén del sarcasmo de aquellas empresas públicas que de hecho pagan obligadamente las cuotas sindicales. Según datos últimamente publicados, Toxo y Méndez reciben en subvenciones más de 20.000 millones de pesetas cada uno.

La Iglesia Católica hace una formidable labor asistencial en la sociedad española. La Iglesia Católica es columna vertebral en la educación de niños y adolescentes. La Iglesia Católica custodia ejemplarmente una parte sustancial del patrimonio cultural de España. La Iglesia Católica está presente en los centros que se ocupan de la lepra, el sida, las enfermedades infecciosas. La Iglesia Católica permanece al lado de los pobres, los desfavorecidos, los ancianos, los enfermos terminales. Más de once millones de personas acuden a misa todos los fines de semana. El 80% de los padres de familia exigen en los colegios públicos educación cristiana para sus hijos. La Semana Santa abarrota las calles de los pueblos y las ciudades de España para contemplar las procesiones. El 97% de los españoles se entierran en sagrado. El 94% de los niños se bautizan. En resumen, la Iglesia Católica desempeña una labor comparable al menos con la imprescindible de los sindicatos y los partidos políticos. Y está abrumadoramente respaldada por la inmensa mayoría de los españoles.

A pesar de todo eso, a mí me ha parecido bien que se haya suprimido de los Presupuestos Generales del Estado la partida que se destinaba a la Iglesia Católica, sustituida por el 0'7 que cada contribuyente si lo desea, sólo si lo desea, puede destinar a sostener a su Iglesia rellenando el casillero correspondiente.

¿Por qué no se hace lo mismo con sindicatos y partidos políticos? ¿Por qué no se establece por ley que centrales sindicales y agrupaciones políticas reduzcan sus gastos a lo que puedan sufragar con las cuotas de sus afiliados y con el 0'7%, aportado por los que así lo deseen en la declaración de la renta? ¿Por qué debemos sufragar el despilfarro de los sindicatos y los partidos políticos, sus gastos suntuosos, el derroche en sus actos públicos, sus desmesuradas campañas electorales que pagamos entre todos?

Los partidos políticos, imprescindibles para el funcionamiento de la democracia pluralista, se han convertido en el tercer motivo de preocupación de los españoles. La gente está harta de tanta mediocridad, tanta suficiencia, tantas naderías, tantas declaraciones estúpidas, tantos gastos innecesarios, tanto derroche insultante, tanto cinismo elevado al cubo.


Por Luis María Anson, miembro de la Real Academia Española.

agente t
09/06/2010, 16:41
Calificar de rotundo fracaso la huelga general de funcionarios convocada por los sindicatos es quedarse corto. Catastrófico, terrorífico, aplastante o apocalíptico le cuadrarían más. Si un sector que dominan de forma despótica decenas de miles de liberados sindicales (liberados de trabajar por la corrupción de todos los gobiernos de todos los partidos) no se moviliza ante este decretazo, ¿quién se movilizará? Si en una huelga general de empleados públicos, casi todos con trabajo y sueldo asegurados, sólo un 10% secunda la huelga, habrá que reducir a la mitad de la mitad los que se movilizarían en una huelga general, pero general, general, de las que desde siempre han tenido por función derribar gobiernos y hasta regímenes.

A nadie se le ocultaba que este paro de ayer no se limitaba al sector público sino que era un ensayo general de la tragedia de la Huelga General Política esgrimido por los sindicatos de clase (de la clase de los que no dan golpe). Y efectivamente, tragedia hubo, pero fue la del poder sindical, que ha visto retratada su capacidad real de movilización de la sociedad española actual: prácticamente nula. En realidad, el supuesto poder sindical es una entelequia, una superstición, una convención de los políticos para hacerse la foto y de los medios de comunicación para hacerse los progres. Es un fracaso sindicado. Si la policía protegiera la libertad de las personas para trabajar, pocos irían a la huelga. Y en la situación actual, menos.

Esto no significa que, pese al fracaso total de ayer, los sindicatos no triunfen, sindicados, eso sí, con políticos y periodistas. La Huelga General contra González, éxito de Redondo y Camacho que, precisamente por serlo, demostró su condición de violenta antigualla, absurda en una economía moderna, nunca pudo repetirse. Pero Solchaga decidió comprar su billete a la Moncloa gratis total cambiando la política económica y abonándonos al sindicalismo. Tres millones de parados fue el precio. Contra el decretazo de Aznar, cuyo Gobierno había creado cinco millones de empleos y mejorado mucho el nivel de vida de los trabajadores, la Huelga General de CCOO y UGT fracasó. Pero Aznar no quería líos y Rato quería lo de Solchaga, así que, después de publicarlas en el BOE, anularon sus reformas. Tras el desastre de ayer, la Huelga General supondría el fin de los dinosaurios sindicales. Si políticos y periodistas no se empeñan en resucitarlos.
«En realidad, el supuesto poder sindical es una entelequia, una convención de los políticos y los medios»

¡Quia!

Por Federico Jiménez Losantos, "Comentarios Liberales" en El Mundo de hoy

agente t
05/07/2010, 16:23
Dos millones de usuarios paralizados en su deseo de trabajar; un coste de más de tres millones de euros por día; y la exhibición continua de amenazas como "entraremos a matar", "la huelga es un arma" o vamos a "reventar Madrid". Todo ello galardonado con la violación sistemática de la ley de servicios mínimos.

Es la lamentable foto de una huelga que se ha convertido en una de las mayores e inaceptables paradojas. Porque a quienes protestan, todos -parados y no parados- les hemos pagado un parapeto frente a la crisis. Porque nunca estarán entre los 4,6 millones de desempleados oficiales, ni entre las 430.000 personas adicionales que han dejado de buscar empleo por pura desesperación. Y porque quienes amenazan bajo el supuesto nombre de "obreros" no son sino privilegiados de rentas acomodadas y prebendas incalculables, pese a contar con una baja cualificación.

Se quejan de su sueldo. Y su salario medio es de 33.000 euros anuales, 3,5 veces el SMI, dos veces el sueldo de un mileurista y 7.000 euros superior al salario medio español. Los conductores -1.980 en total- elevan este sueldo hasta 38.000 euros.

Se quejan de pérdida de derechos. Y disfrutan de 11 permisos anuales por empleado para asuntos personales -seis, con derecho a retribución-, hasta 42 días libres al año, póliza de seguro colectivo de vida, horario laboral flexible en oficinas, reserva del puesto de trabajo durante la excedencia por cuidado de hijos menores en acogimiento, dietas de comida, ofertas en establecimientos comerciales, préstamos personales sin intereses, créditos para la compra de vivienda y hasta tarjeta regalo para sus hijos en la -poco laica- fiesta de Reyes.

Se quejan de un recorte del 2,15% de sus ingresos. Y la tasa de paro de los jóvenes con su formación -FP1 y graduado escolar- se eleva hasta casi el 50%. Se quejan de unos supuestos servicios mínimos abusivos y falta de respeto a los sindicatos. Y Metro de Madrid tiene 50 liberados sindicales, de los que 10, los miembros del Comité de Huelga, no pueden ser sancionados.

Se quejan de su trabajo. Y su empresa, de ámbito casi local, cuenta con 7.610 trabajadores, lo mismo que Cortefiel para toda España. Se quejan de explotación. Y cada día del año, un 5% del personal no acude a trabajar por estar, teóricamente, enfermo.

¿Cuánto tiempo más tendremos que aguantar las bravuconadas de privilegiados desagradecidos que derrochan el dinero de los contribuyentes? ¿Cuánto tiempo más habremos de soportar huelgas de auténticos pijos que se enfadan porque su papá -en paro- ya no les puede pagar los lujos de los que siempre se han beneficiado?

Como dirían ellos: ¡Basta ya!

Carlos Cuesta, hoy en El Mundo

agente t
27/07/2010, 20:23
Recaderos y amigos

Por Carlos Rodríguez Braun, en LD

El líder de Izquierda Unida, Cayo Lara, afirmó que PP y PSOE son "neoliberales" y amigos del capitalismo. En el caso particular de Rodríguez Zapatero, añadió Lara que es un "recadero de los mercados" y del "neoliberalismo que ha provocado la crisis". El escritor Manuel Cruz lamentó las críticas contra los sindicatos, cuando han asumido "la defensa de los intereses de los trabajadores frente a sectores que están dando sobradas pruebas de una avidez y una codicia sin límites".

La similitud entre derecha e izquierda pasa por lo contrario de lo que Cayo Lara denuncia: por el antiliberalismo. Si hay algo que une a PP y PSOE es la defensa del estado del bienestar, no de la libertad. Argumentar que el Smiley de la Moncloa que sube los impuestos respeta los mercados, es decir, a las mujeres y los hombres libres, es un absurdo, porque más bien parece claro que hace lo contrario, igual que parece claro que la crisis está asociada al intervencionismo de las autoridades, en particular las monetarias, y no a la libertad. Si los gobiernos de toda condición están ahora reduciendo el gasto público, lo que pone de los nervios a don Cayo, eso no se debe a ninguna presión de "los mercados", sino a que esos mismos gobiernos emprendieron antes políticas expansivas contradictorias e insostenibles.

Insostenibles son también los argumentos del señor Cruz, porque no es patente que los sindicatos defiendan a los trabajadores, dado que sus recomendaciones intervencionistas de política económica perjudican a los más débiles, en particular a los parados. Cabría alegar que defienden a los trabajadores con empleo fijo, en especial los del sector público, pero no a toda la población activa.

Don Manuel concluyó evocando una sentencia de El Roto: "puede que no haya derecha e izquierda, pero sigue habiendo arriba y abajo". Aplaudir a los sindicatos con esta idea resultó revelador, hablando de abajo, porque hace poco tiempo millones de trabajadores quisieron ir abajo a usar el Metro de Madrid y se encontraron con que unos sindicalistas matones y privilegiados habían decidido, como es habitual, fastidiar a los más humildes. ¿Dónde está la avidez y la codicia sin límites?

agente t
08/09/2010, 16:36
«La huelga es una gran putada». Tras oír ayer estas palabras de Ignacio Fernández Toxo habría que preguntarle por qué la convocó. El secretario general de CCOO afirmó que la huelga general es la prueba del «fracaso del diálogo social», pero se olvidó de recordar que los sindicatos se han negado constantemente a negociar con los empresarios y con el Gobierno las medidas necesarias para modernizar el sistema de relaciones laborales y paliar las consecuencias de la crisis. Su cerrazón durante años a liberalizar el mercado de trabajo y su empecinamiento por mantener un sistema de negociación colectiva trasnochado han sido los causantes de que España duplique ahora la tasa de paro de la UE. La huelga general es una «gran putada», en efecto, porque es la demostración palpable del fracaso de los sindicatos en su aportación al desarrollo del país.

Editorial de El Mundo

jose da Silva
13/09/2010, 16:46
1) Siempre preocupados por la parte que se queda el empresario, pero nunca discuten la parte que se queda el estado, en algunos casos el 50% del precio de venta de un producto se lo lleva el estado.
2) Si sos un costurero con experiencia, y queres vivir de tu profesión, supuestamente habria competencia entre las empresas y te pagarian un suelod mejor porque las empresas, segun maslow estan interesadas en dar el mejor producto posible por el menos costo, por lo que pagarian mejores sueldos para ser mas productivas.
3) Si hay una camara en la que los empresarios acuerdan el precio de venta y el sueldo del empleado, en una sociedad libre podrias abrir tu propia empresa y obtendrias beneficios por tu producto en función del interes que tenga el marcado en poseerlo.

agente t
13/09/2010, 19:51
El Gobierno regional se ahorrará los 70 millones que cuestan al año sus sustitutos / Reforzará el control de las horas sindicales de sus 289 comités
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, está ultimando una propuesta que tiene previsto anunciar esta semana en el Debate sobre el Estado de la Región. Se trata, según ha podido saber EL MUNDO, de la supresión de dos tercios de los liberados sindicales que trabajan en la Administración autonómica. En total, la cifra final ascenderá a más de 2.000 liberados pertenecientes a los sindicatos mayoritarios, según fuentes del PP.


Cuando esos miles de trabajadores se reincorporen a tiempo completo a sus tareas en las distintas consejerías del Gobierno regional, la presidenta de Madrid espera ahorrar más de 70 millones de euros al año, sobre todo gracias a que terminará la contratación de interinos para hacer los turnos y las funciones de los liberados.


La propuesta de Aguirre consistirá en aplicar de forma estricta la ley y controlar mejor las horas sindicales de los miembros de los más de 280 comités de empresa que existen en la Administración regional.


El equipo de la presidenta regional está estudiando la forma en que se puede aplicar de manera estricta el Estatuto de los Trabajadores y la Ley de Libertad Sindical, eliminando paulatinamente las cesiones que a lo largo de los años se han ido produciendo en favor de los sindicados en distintas negociaciones colectivas. Esto ha ocurrido de forma especial en las consejerías de Sanidad y de Educación. Fuentes del Gobierno regional apuntan a que la mayoría de esas cesiones ocurrieron con el anterior Ejecutivo que presidió Alberto Ruiz-Gallardón.

Además, fuentes del PP añaden que la medida se reforzará con la contabilización también estricta de las horas sindicales que corresponden a los miembros de los más de 280 comités de empresa que existen en el Gobierno de Madrid. Según estimaciones del Ejecutivo de Aguirre, muchas están contabilizadas de más y en algunos casos, se duplican.

Será la suma de todas esas medidas la que permitirá el ahorro citado de 70 millones y la liberación de un total de horas de trabajo equivalentes a unos 2.000 liberados, según cálculos de la Comunidad.

En Madrid hay más de 3.200 liberados en todos los departamentos de la Administración, según sus propios cálculos. Sin embargo, son Sanidad y Educación los destinos donde hay más representantes sindicales dedicados en exclusiva a la defensa de los derechos de los trabajadores. El 70% de ellos pertenecen a los grandes sindicatos: UGT, CCOO y CSI-CSIF.

Esa cifra de 3.200 liberados no es exacta. Algunos de ellos sí son liberados a tiempo completo, pero no todos. Para calcular esas 3.000 nóminas dedicadas a pagar a trabajadores que no cumplen con sus funciones, sino con otras, se han sumado las horas sindicales que los miles de miembros de comités de empresa y delegados de personal dedican a la defensa de los derechos de sus compañeros y a asuntos como horas de negociaciones con la dirección de sus departamentos, atención laboral, reuniones con representantes sociales de otros centros...

En todo ese tiempo, estos trabajadores no se dedican a las funciones para las que fueron contratados. Y en muchos casos, la Administración tiene que contratar a otras personas, en su inmensa mayoría interinos, para que cumplan con ellas.

Con esta propuesta, Aguirre conseguiría un doble objetivo: en primer lugar, será una nueva medida de ahorro en tiempos de crisis; por otro lado, conseguirá un tanto contra los sindicatos, que han sido muy beligerantes con su Ejecutivo desde que ella llegó a la Presidencia de Madrid en 2003.

La cruzada de Esperanza Aguirre contra los liberados sindicales no es nueva. Desde hace ya años, y tanto en público como en privado, la también presidenta del PP de Madrid ha mantenido que la simple existencia de esta figura es «un anacronismo y un escándalo para los madrileños». Y «más en época de crisis», ha añadido.


Recorte en Educación
Por eso, hace ya muchos meses que los distintos departamentos de su Gobierno están intentando meter la tijera en la cantidad de horas que los representantes sindicales dedican a sus funciones. La Consejería de Educación, que dirige Lucía Figar, ha aplicado este año, entre distintas medidas de ajuste económico, una reducción del número de liberados sindicales de 190 a 70, con la oposición de los sindicatos.

Y lo mismo y en mayor escala se pretende hacer en Sanidad, al frente de la que está Javier Fernández-Lasquetty. Tanto él como Figar pertenecieron al gabinete de José María Aznar en Moncloa.

La principal consecuencia de la futura implantación del Área Única de Salud, que se prevé que se apruebe en octubre, será la libre elección de médico, pediatra y enfermera de Atención Primaria en toda la región. Para ello, se reducirán las 11 áreas actuales a una única y provincial. Este cambio incluirá también una drástica reducción del número de liberados sindicales en la Consejería que más tiene.

Fuentes de la Consejería de Sanidad madrileña explican que la legislación vigente vincula el número de horas de los liberados sindicales al número de áreas sanitarias. De este modo, y de no desarrollarse un acuerdo paralelo que atenúe la situación, la consecuencia inmediata y directa del área única será que se supriman 10 áreas sanitarias. Así, el número de liberados sindicales quedaría reducido en la misma proporción, de los 918 actuales a 90.

De ahí la especial beligerancia que los sindicatos -apoyados por el PSOE e IU- han mostrado contra la nueva normativa que ha sacado adelante el PP de Madrid en solitario.

Luis Ángel Sanz, en El Mundo
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Esto no es otra cosa que un inmenso orgasmo. Espe: ole tus güevos

agente t
14/09/2010, 15:48
Sólo tú sabes bailar

Por Salvador Sostres, hoy en El Mundo

Esperanza Aguirre es el punto sexy que necesita cualquier Estado o nación, o partitura o poema para desencallarse y librarse del tedio, sobreponerse y hallar la solución. Siempre es ella, pizpireta. Su imaginación marca la diferencia. Dribló la ley del tabaco y ahora va a por los sindicatos. Cuando en España ya no queda nada, en Esperanza la resurrección.

En tiempos de crisis y de tantos sacrificios, de personas que sufren ahogos imposibles y crueldades que no siempre se han buscado, la retórica sindical es un escarnio y es un escándalo la cantidad de liberados sindicales entorpeciendo la recuperación económica y provocando un gasto completamente innecesario. La decisión de la presidenta de Madrid de ponerse dura con ellos da un nuevo vigor a la política, revalorizándola, recordándonos para qué sirve. Esperanza es como el Barça: seas del equipo que seas, cuando ves jugar a Messi, Xavi o Iniesta te acuerdas de por qué te gusta el fútbol.

Los sindicatos -y ya no digamos los liberados sindicales- no han resuelto jamás ningún problema, han enfrentado absurdamente al empleado contra el empresario, y con su discurso tan siniestro han acostumbrado a la clase obrera -y a la parada- a creer que la culpa de lo que les pasa es de los demás cuando todo el mundo sabe que suele ser falso. Esta cultura de reclamar derechos a cambio de ningún deber es un cáncer para cualquier sociedad libre y democrática. Cualquier razonamiento que no sea el de que tu sueldo tenga que ver con el beneficio que generas a la empresa sólo engendra caraduras y vagos.

Que la señora Aguirre llame la atención sobre las horas sindicales duplicadas y sobre tantos abusos de los mismos gandules de siempre, que en lugar de intentar mejorar su productividad buscan cualquier excusa para no trabajar, es una de las mejores medidas contra la crisis que se han tomado en España. Por el ahorro que va a significar, de 70 millones de euros, pero, sobre todo, porque los españoles van a saber que alguien vela contra los jetas, los sinvergüenzas y los que hacen el discurso solidario para vivir del cuento.

Solidaridad es arrimar el hombro, ponerse a trabajar de una vez y dejar de hacer el ganso. Solidaridad es mejorar tu rendimiento, estrecharte el cinturón, practicar la caridad. No es tomarse días personales, ni convocar huelgas que no sirven para nada y le salen carísimas a la economía del Estado. Solidaridad no es criminalizar a los empresarios, que son los que pagan los derechos del trabajador, ni perjudicar a las empresas con convenios y presiones que limitan la creación de riqueza, porque sin esa riqueza los primeros en quedarse sin nada son los empleados.

Solidaridad, la auténtica solidaridad, es lo que ha hecho Esperanza. La que siempre sabe cómo zafarse de la farsa y hacerle un hueco a la verdad. 2.000 liberados sindicales que van a dejar de engañarnos y de vivir de timarnos sin ningún tipo de piedad es una victoria de la dignidad pública. Esto es política social y no patrocinar a holgazanes. Esperanza, Esperanza, sólo tú sabes bailar.

agente t
15/09/2010, 16:13
El Gobierno se niega a responder 102 preguntas del PP sobre estos sindicalistas

¿Cuál es el número de liberados sindicales a tiempo total y parcial de la Administración General del Estado? Ésta es la pregunta que, mañana hace ya un año, el PP registró por escrito en el Congreso, y que repitió hasta 102 veces, por cada uno de los ministerios, organismos públicos y sociedades estatales que figuran en los Presupuestos Generales. Todo un empeño baldío, el que personalmente acometió la diputada por Palencia Celinda Sánchez y que ahora se transforma en denuncia, ante uno de los secretos mejor guardados por el Ejecutivo. La madeja se extiende a autonomías y ayuntamientos.

Y es que, antes aún de que Esperanza Aguirre confirmara ayer en la Asamblea autonómica su decisión de reducir el número de liberados en la Comunidad de Madrid, y siguiendo instrucciones de la portavoz del Grupo Popular, Soraya Sáenz de Santamaría, la diputada Celinda Sánchez pedía amparo al presidente de la Cámara, José Bono, ante el muy prolongado silencio administrativo (ver El MUNDO del 13 de junio de 2010).

En realidad, el Ejecutivo cumplió formalmente con el trámite parlamentario el pasado mes de junio -en vísperas de la huelga de funcionarios públicos- al contestar a 79 de estas preguntas de una tacada y de una única manera: reproduciendo, sin más, los artículos correspondientes del Estatuto de los Trabajadores y de la Ley Orgánica Sindical. Pero ni un número, ni un dato ha ofrecido el Gobierno, pasado un año, acerca de lo que hoy no sólo Aguirre ha convertido en prioridad política, sino que también ha asumido desde la oposición el propio Mariano Rajoy.

El presidente del PP, que respaldó ayer personalmente la iniciativa de la presidenta regional del PP, rehusó comprometerse con una propuesta de reducción similar en el Parlamento o con una instrucción, en este mismo sentido, a los demás barones autonómicos del PP: «Lo estudiaremos», se limitó a decir a preguntas de la prensa.

Lo que sí hizo Rajoy fue dejar sentado que el PP va a promover una clarificación del número de liberados, tanto en la Administración como en el sector privado. Y, para ello, prometió solicitar «reuniones con las organizaciones sindicales». Se trata, según explicó, de ver dónde se está «en esta materia, porque tampoco hay una claridad total y absoluta», antes de defender cualquier propuesta de reducción.

Esto mismo es lo que defiende la diputada popular, si bien ella se muestra muy escéptica sobre la colaboración de los sindicatos en este sentido: «Las centrales sindicales no van a dar nunca ese dato. En un momento como éste de recortes sociales, millones de parados y una huelga en ciernes, nadie va a soltar estas cifras», decía ayer a este diario.

De ahí su interés -hoy como un año atrás- de que sea la Administración la que lo dé a conocer, «por obligación parlamentaria». Según Celinda Sánchez, «como representante del pueblo tengo tanto derecho a conocer el número de parados que hay en mi provincia, como el número exacto de liberados en los organismos y empresas dependientes del Estado».

«Hay que saber cuántos hay, y lo que cuestan al erario público», añadía, en el bien entendido de que el PP no promoverá ninguna reducción «si el número se ajusta a la Ley».

Un año después, sin embargo, la sospecha se ha agrandado: «El Gobierno está tirando balones fuera, está ocultando el número de liberados porque o no conoce los datos exactos, o tiene una cifra real que es un escándalo en un momento en que el desempleo duplica la media europea. Yo apuesto por esta segunda opción y, en cualquier caso, estoy decidida, como secretaria de la Comisión Constitucional del Congreso, a que la vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, me lo aclare en la Cámara, y antes de Navidad».

Mientras tanto, Rajoy, que en el debate del decretazo de las medidas antidéficit propuso rebajar las subvenciones para sindicatos y partidos políticos para reducir el gasto, advirtió ayer a los sindicatos de que habrán de apretarse el cinturón igual que han hecho ya los trabajadores y las instituciones. Dijo que se están imponiendo «sacrificios muy duros» a mucha gente y que también las administraciones y las organizaciones sindicales «tienen que hacer un esfuerzo». «Éste es un tema del que hay que hablar y no podemos esconder la cabeza debajo del ala o actuar como el avestruz. Es un tema del que hay que hablar y si es necesaria tanta gente para ejercer esas funciones o no».

El problema parece concentrarse en las autonomías (la Junta de Andalucía reconoció ayer tener 1.700 liberados), y también en los ayuntamientos, porque parecen existir liberados que en realidad no son delegados de los trabajadores. Es decir, no han sido elegidos en las elecciones sindicales.

C. Remírez, para El Mundo

agente t
16/09/2010, 19:29
Los sindicatos se forran con los ERE y luego pagan a sus empleados menos de mil euros

Los diarios económicos siguen destapando las miserias de los sindicatos más subvencionados de España. No sólo cobran millonarias ayudas públicas y logran la devolución de su supuesto patrimonio histórico; también ganan mucho dinero gracias a los despidos masivos.

La agresiva, maleducada y soez campaña publicitaria que ha lanzado el sindicato amigo del presidente del Gobierno contra los emprendedores españoles ha puesto en guardia a los medios de comunicación, que han decidido destapar las vergüenzas de estas organizaciones que, aunque se definen como instituciones "de clase", en realidad son lo más parecido a los sindicatos verticales de Franco con unos liberados que generan un daño letal a la economía. Hoy, además, la prensa salmón anuncia que los compañeros de CCOO y UGT se forran cuando las empresas despiden trabajadores.

Expansión titula a toda página: "los sindicatos se lucran con la gestión de los Expedientes de Regulación de Empleo(ERE)". Cada vez que una empresa realiza un proceso de despidos masivos –previa autorización del Ministerio de Trabajo- los sindicatos se llevan una parte del pastel de las indemnizaciones de los trabajadores. En concreto han ingresado 240 millones de euros gracias a la crisis: unos 80 millones al año.

El periódico desvela que "los empleados de las empresas afectadas por un ERE pagan por los servicios de asesoría jurídica del sindicato una cantidad fija que oscila entre los 100 y los 400 euros" Además, "la organización sindical tiene un ingreso extra: cobra a cada uno de estos trabajadores entre un 10% y un 15% de la cantidad que obtienen como indemnización por encima de los veinte días por año trabajado, según han confirmado a Expansión varios abogados de importantes bufetes laboralistas".

"En la mayoría de los casos los trabajadores desconocen que se les descuenta estas minutas de su indemnización, pues se trata de un ingreso que no consta en ningún recibo ni factura. Y que supone un gran negocio si se tiene en cuenta que la cifra de ERE se ha disparado con la crisis", señala el diario.

A esta cuestión dedica el periódico su Editorial, titulado: "el negocio de la crisis para los sindicatos". El diario critica que CCOO y UGT no se financien gracias a las cuotas de sus afiliados y recuerda que "al negocio de los ERE se suman las millonarias subvenciones que reciben y la interminable devolución de su supuesto patrimonio histórico". Finalmente pide "transparencia" en las cuentas sindicales y que se conozcan los liberados, algo que, a tenor de la protección del Gobierno, es secreto de Estado.

El Economista también habla hoy de estos supuestos representantes de los trabajadores (que en realidad viven del sudor del de enfrente). En su primera página asegura que "gran parte de los salarios base de los salarios base de los empleados de UGT apenas supera los 900 euros al mes".

Bajo el titular "la legión de los mileuristas de Méndez" el periódico ilustra la noticia con una fotografía del líder sindical con dos billetes de 500 euros. Al final el esclavizador va a ser el sindicato, en lugar del empresario que aparece en los videos de UGT. Por cierto, el último pide al Gobierno que suba los impuestos, entre otras cosas para seguir dando dinero a estas organizaciones. Ya ni se esconden.

Como siempre, Pepe Farruqo, autor de "Salsa y Picante" en el diario El Economista, es el que pone el dedo en la llaga con su viñeta diaria.

agente t
19/09/2010, 12:44
¿Qué es esto, de repente, de los liberados sindicales? Liberados eran hasta ahora los que salían vivos de un secuestro previa acción meritoria de las fuerzas de seguridad -verbigracia Ortega Lara- o vergonzante pago del rescate por un gobierno resignado -verbigracia los pescadores del Alakrana o los turistas humanitarios del Ayuntamiento de Barcelona-. Liberados eran también los miembros de tal o cual comando a los que ETA dedicaba en exclusiva a cometer atentados. Aunque ya veremos hasta dónde llega el 29 la coacción de los piquetes informativos, es obvio que los de UGT y CCOO se identifican más con el primer ejemplo que con el segundo. Lo cual ya es suficientemente grave.


Las palabras nunca son neutrales y a menudo adquieren su verdadero significado a través de sus antónimos. ¿Qué es lo opuesto a alguien que está liberado? Pues alguien que está encadenado, esclavizado, alienado, sometido. Un prisionero, un penado con la bola a rastras y la piedra a cuestas, alguien sujeto por una argolla física o mental, un pringado en suma. Así es como ven los liberados sindicales, mirándoles por encima del hombro, a sus desdichados compañeros obligados a fichar y a cumplir con su jornada laboral.


Ese sigue siendo el primer axioma del libro gordo de Petete del sindicalismo del pleistoceno que aún prevalece en España: trabajar es malo y no digamos si es por cuenta ajena. ¡Explotación, plusvalía, maldito capitalismo! Basta ver los vídeos de UGT. Peste de empresarios, carroña de directores de negociado, hez y estiércol de jefes de personal, mugre de banqueros concertados con los demás para engañar al pueblo con caramelos envenenados: «Los mismos que nos dieron facilidades para endeudarnos ahora nos atacan por haberlo hecho», dice uno de los rótulos sobreimpresos.


Un liberado es, pues, un emancipado, el ser superior que rompe sus cadenas, quiebra los barrotes y revolotea feliz como un pajarillo por el jardín de las Hespérides del cobrar sin trabajar. Son las partidas de cartas y de dominó en el bar de la esquina, las copas de anís y de coñac, el palillo entre los dientes y el rascarse la barriga en toda hora y situación. La vuelta al estado de naturaleza, antes del homo homini lupus patronal. Ganarás el pan con el sudor del de enfrente. Pero siempre por el bien de los demás, por los derechos de los trabajadores, por el progreso de la clase obrera, por el fin de la opresión.


¿Quién dijo que «el trabajo nace con la persona/ va grabado sobre su piel/ y ya siempre le acompaña/ como el amigo más fiel»? Debió de ser un cantante franquista. ¿Qué es eso de que «arrastrar la dura cadena/ trabajar sin tregua y sin fin/ es como una condena/ que nadie puede eludir»? Supersticiones, consignas, supercherías para el consumo de los dóciles y adocenados. Resignación cristiana, el pecado original, el opio del pueblo. Algo ajeno a la vanguardia del proletariado.


Algunos compañeros les miran con indignación, otros con envidia. ¡Fíjate que bien que se lo montan! Les pagan por no hacer nada, cobran por guardias que nunca cumplen, piden el cambio virtual de turno para quedarse con el plus de nocturnidad que sólo devengan en el bar o la discoteca, engarzan la actividad sindical con las vacaciones de modo que todo el año es carnaval. Y algunos, ni siquiera eso. Están en la nómina pero nunca nadie les ha visto la cara en el taller o en la oficina. Tampoco bajo la pancarta. No van ni a los actos del 1 de Mayo, que cae en festivo y hay que descansar. Esperanza Aguirre dice que cuando le montan un pollo por cefas o nefas jamás se ha topado con más de 200 juntos y al acto de solidaridad con Garzón -otro que se liberó y de qué manera durante su año en Nueva York- hubo que convocarlos por escrito para cubrir el cupo de acarreados previsto por el sindicato. Los liberados ya no son lo que eran. Hay mucho absentismo, mucho escaqueo, mucha economía sumergida en esto del pasar por caja a cambio de dejarse la piel al servicio de la causa.

¿Cuántos son? Ah, secreto de Estado, confidencial, top secret. La lideresa nos ha dejado boquiabiertos al hablar de casi 3.500 sólo en la Comunidad de Madrid y al parecer se ha quedado corta. El Sindicato de Funcionarios (CSIF) lo ha corroborado. A partir de ahí no es difícil hacer extrapolaciones. La Junta de Andalucía admite que tiene 1.800 pero sotto voce se reconoce que rondan los 8.000. Todavía estamos riéndonos de la respuesta oficial del Ministerio de la Presidencia cifrando en 499 el total de la Administración Central del Estado. ¿Con qué sistema de cómputo? Cualquiera diría que De la Vega se ha vuelto tan condescendiente con la vagancia ajena como exigente con la dedicación propia. Por lo menos tiene que haber 10 o 15 veces más.

agente t
20/09/2010, 12:08
¿Y en el sector privado? La CEOE habla de 4.700 en toda España, pero también se queda deliberadamente corta. No tiene el menor interés en que se hable de eso. Hay mucho conchabeo entre patronal y sindicatos, muchos pactos inconfesables para sustituir incrementos salariales u otras ventajas para el conjunto de las plantillas por más horas sindicales y un mayor cupo de liberados. ¡Ah, los agentes sociales! Si la CEOE no funcionara como un tercer sindicato, Díaz Ferrán no podría seguir atrincherado en la sede de Diego de León como si fuera el palacio de Gamsajurdia, aquel fulano empeñado en continuar siendo presidente de Georgia cuando ya todos le habían abandonado.

La única cifra incontestable son los 18.000 que había el jueves de hace dos semanas en el acto de la Plaza de Vistalegre. Algunos podían ser asalariados de las propias centrales y digo yo que más de un parado se debió dejar caer por allí, pero la inmensa mayoría eran liberados. ¿Quiénes si no pueden permitirse el lujo de dedicar la mañana de un día laborable a servir de claque y de atrezo a la puesta en escena del calentamiento de la huelga general? El hombre del común se quedó atónito. Por primera vez en 35 años de transición y experiencia democrática un acto así no se celebraba ni en festivo ni a última hora de la tarde. Y el recochineo de los compañeros fue lo que más les dolió a las personas cabales con ideas de izquierdas y valores solidarios: «¡Mira, mira… cómo se lo pasan defendiendo nuestros derechos!».
Nunca una institución había cometido un error tan monumental en su política de imagen. En un país con cuatro millones y medio de parados casi 20.000 fulanos hacían alarde de que a ellos les pagan por venirse de excursión a Madrid. ¡Cuántos desempleados sin horizonte no estarían dispuestos a trabajar de verdad de sol a sol a cambio de esos sueldos! No fue el único ejemplo de obscenidad que podemos encontrar en la vida pública española, pero sí uno de los más degradantes.

CCOO y UGT tienen muy fácil acabar con todas estas cábalas, suposiciones y fantasmas. Sólo ellos saben de verdad cuántos liberados tienen en toda España. Si son 5.000 o más bien 50.000, como yo me barrunto. La otra noche en La Vuelta al Mundo José Antonio Alonso dijo que para la dimensión de la economía española una cifra así no le parecería mal. ¡Sí, sí, 50.000! Pero insisto: Méndez y Toxo no tienen más que comparecer públicamente, dar una cifra, desglosarla por comunidades y sectores y ofrecer todo tipo de facilidades a quien quiera comprobarla. Es lo mínimo que cabría pedir a quienes reciben tantos recursos del Estado y basan su actividad en el ejercicio de derechos constitucionales básicos. En paralelo, el Ministerio de Trabajo tendría la obligación de aportar esos datos -o de recabarlos si no los tiene- para saber a qué atenernos, sobre todo en términos de coste; no vaya a ser que, en efecto, la factura de los liberados duplique o triplique lo que se pretende recaudar con la subida del tipo máximo del IRPF.

El fondo filosófico del asunto no cambia en todo caso un ápice porque sean muchos o muchísimos. Un solo liberado a tiempo completo ya supondría un mal ejemplo y un agravio comparativo para los demás trabajadores y no digamos nada para quienes buscan empleo. Cuestión distinta es que los miembros de los comités de empresa deban contar con «los permisos retribuidos que sean necesarios para el adecuado ejercicio de su labor… siempre que la empresa esté afectada por la negociación». Eso es lo que literalmente decía la Ley Orgánica de Libertad Sindical del 85. Fue el nefasto decreto que en la primavera del 95 vino a refundir el Estatuto de los Trabajadores el que fijó un escalado de hasta 40 horas mensuales -aproximadamente el 25% de la jornada- según el número de empleados.

¿A qué pueden dedicarse esas 40 horas mensuales por delegado fuera de la época de negociación del convenio si la inmensa mayoría de los trabajadores no quiere saber nada de vida asociativa sindical? Treinta y cinco años de experiencia laboral en medios de comunicación me han enseñado que en casi todos los casos los representantes sindicales renuncian a buena parte de este tiempo y se esfuerzan para que la tarea en pro de sus compañeros no merme su dedicación profesional. Supongo que así ocurrirá en muchos otros sectores.

El cáncer no está, pues, en la base de la legítima y necesaria actividad sindical sino en esa aristocracia de holgazanes que se beneficia de una disposición tan absolutamente infumable como la de permitir acumular las horas de todos los representantes sindicales y financiar con ellas a tantos liberados como sea posible, incluidas personas ajenas a los comités. Ese fue uno de los precios que pagó el felipismo para que los sindicatos siguieran mirando para otro lado en aquellos meses críticos de hace 15 años en que EL MUNDO publicó las revelaciones de Amedo, descubrió las escuchas del Cesid y dio cuenta del hallazgo de los restos de Lasa y Zabala.

El sistema se ha pervertido aún más mediante la elevación de esas 40 horas, a veces hasta el doble, a través de los convenios y sobre todo de los acuerdos bajo manga. El CSIF asegura que así se pactaba la paz social en Madrid durante los mandatos de Leguina y Gallardón. Y el resultado lo refleja bien el testimonio de uno de nuestros comunicantes: «En la Administración donde trabajo hay tres liberados. Uno por cada 100 trabajadores. Y nos envían un correo electrónico mensual. Incluso dos si hay una huelga general convocada. Entiendo que necesiten siete horas y media diarias para ello».
Ironías al margen, la cuenta atrás hacia el 29-S es el momento idóneo para debatir a fondo este flagrante abuso, tan escarnecedor en tiempos de crisis. Ya que poco o nada se puede esperar del PSOE a este respecto, es hora de que el PP se moje -ahí te quiero ver, Rajoy- y se alinee claramente con Aguirre y Feijóo frente a la condescendencia cómplice de Gallardón, proponiendo cambios legislativos y comprometiéndose a incorporarlos a su programa electoral.

Otrosí habría que decir sobre el sistema puesto en la picota esta semana por Expansión mediante el que UGT y CCOO llevan embolsándose 240 millones en tres años a costa de los expedientes de regulación de empleo. O sobre el agujero negro de los cursos de formación, de nuevo a pachas con la patronal. O sobre los delegados fantasma que al modo de las manos muertas de la Rusia zarista siguen engordando las listas que dan derecho a subvención mucho tiempo después de que sus empresas hayan quebrado.
En definitiva, que yo ya tengo el estribillo de mi himno para ese día en que el último poder fáctico que nos queda como prolongación sociológica del franquismo pretende arrastrarnos al abismo de sus falacias: «Liberémonos todos/de la farsa total/ y se alzan los hombres con valor/ ante el poder sindical». Seguro que les suena, aun sin haber pasado por Rodiezmo.

pedroj.ramirez@elmundo.es

agente t
27/09/2010, 17:38
Hablar de servicios mínimos en España es desde luego una grosería y un insulto para todos aquellos millones de trabajadores que este próximo miércoles verán conculcado su auténtico derecho a la huelga, a saber, el derecho a no hacer huelga y poder acudir a trabajar. Porque lo otro, saltarse la jornada laboral sin ser sancionado por ello, no es un derecho –a menos que así se haya pactado por las partes en las cláusulas contractuales– sino un privilegio estatal por el que se concede una dispensa a cumplir los contratos; como privilegio es que, con tal de conservar prebendas y gabelas, esos cuerpos intermedios tan propios de toda "democracia" orgánica como son los sindicatos se arroguen la capacidad de organizar una sublevación política –que no otra cosa son las huelgas generales– destinada a paralizar un país y de disuadir a golpe de cachiporra a todos aquellos que deseen trabajar.

Aquelarre máximo en el que quienes por acción u omisión han impedido que casi millones de españoles encontraran empleo durante los últimos años protestan por la existencia de esos parados contra una reforma laboral totalmente descafeinada que ha sido aprobada por su siamés Gobierno izquierdista al que no quieren desgastar, pues de él maman con fruición.

Pues bien, son estos señores de la pistola de silicona quienes se ponen a hablar de tú a tú con los gobiernos regionales y con el nacional para pactar unos mal llamados "servicios mínimos" sobre el transporte público. Digo mal llamados porque los acuerdos que se alcanzan nunca han pretendido obligar a un "mínimo" de los trabajadores del ramo a que ese día acudan a su puesto, sino a fijar un tope máximo en la circulación de ferrocarriles, metros y aviones.

Uno se pregunta quién es el Gobierno –cualquier gobierno– para impedirle a un ciudadano que acuda a trabajar, pero desde luego todos deberíamos plantearnos quiénes son estos señores para prohibírselo, cerrando con la misma jugada las redes de comunicación de todo el país. Y es que en la actualidad la clave para que la huelga triunfe desde un punto de vista mediático no consiste en convencer a los ciudadanos de que se queden en casa porque los sindicatos tienen razón, sino en forzarles a que se queden en casa porque no les quede otro remedio; ya sabe, porque los piquetes les "informan" de lo beneficioso (para su salud) que sería reposar en el hogar o porque carreteras, vías y espacios aéreos estén cortados. Lo que se pretende es hacer una demostración de fuerza, amilanar a la sociedad y sentarse a negociar con el Ejecutivo para recabar más privilegios en el futuro.

Si nuestros representantes políticos no les plantan cara y se niegan a aprobar unos ridículos servicios máximos, si el responsable de Interior está a otras cosas que nada tienen que ver con garantizar la seguridad de los españoles sino más bien con conculcarla, ¿podemos hacer algo frente a esta marabunta discivilizadora y anticapitalista que son los sindicatos y sus piquetes parapoliciales? Sí, sirvámonos de nuestra dispersión y de nuestras conexiones en red; valgámonos de todos los instrumentos audiovisuales –cámaras, móviles, netbooks...– que ese capitalismo que tanto detestan ha abaratado y puesto a nuestro alcance. Si los sindicatos buscan un golpe mediático impidiendo que los ciudadanos vayan a trabajar, los ciudadanos podemos responderles con un contragolpe grabando y fotografiando los violentos métodos con los que esperan lograr sus objetivos. Coloquemos millones de cámaras registrando por todos los puntos del país sus pacíficas movilizaciones.

Puede que ellos consigan controlar las portadas de los rotativos de papel, pero nosotros tendremos internet. No es suficiente todavía para contrarrestar su propaganda, pero al menos podremos ponerle fin a la mediática impunidad con la que operaban hace apenas diez años. El 29-S, grábelo todo.

Juan Ramón Rallo, jefe de opinión de Libertad Digital, director del Observatorio de Coyuntura Económica del Instituto Juan de Mariana, profesor de economía en la Universidad Rey Juan Carlos y autor de la bitácora Todo un Hombre de Estado. Ha escrito, junto con Carlos Rodríguez Braun, el libro Una crisis y cinco errores, galardonado con el Premio Libre Empresa 2010.

agente t
01/10/2010, 17:09
Poner en duda el papel de los sindicatos y acusarles de no condenar la violencia de sus piquetes es justo y oportuno, y necesario. Pero su otra cara de la moneda, la patronal, es igualmente responsable de la penosa situación en la que nos encontramos; tal como lo es, también, este Gobierno que negó la crisis y luego reaccionó a bandazos, mal y tarde, Zapatero sin ninguna credibilidad y el bajísimo nivel de la ministra Salgado.

España tiene un problema de liderazgo. Cierto es que la crisis tiene algo de global y algo de achacable a la estructura económica propiamente española de los últimos años. Pero si más allá de las causas pensamos en las soluciones y en la capacidad de reacción, es desolador caer en la cuenta de que toda esperanza pasa, además de por el presidente y por su ministra, por personajes tan grotescos e inverosímiles como Díaz Ferrán, Méndez y Fernández Toxo.

Mucho se ha escrito ya sobre lo decimonónico de los sindicatos, sobre su modelo político y social trasnochado, sobre su total incapacidad para comprender el funcionamiento de la economía y la vida modernas. Dice poco de la clase obrera que traguen con semejantes discursos anclados en la confrontación estéril y en el error. Pero es inaudito que los empresarios, que se supone que disponen de una información mejor, y de más aplomo y margen para decidir con menos desesperación hayan confiado su representación en alguien como Gerardo Díaz Ferrán. Un pésimo empresario de inconcebible aire chulesco, que cada vez que abre la boca es para subrayar su ignorancia y su absoluta falta de clase.

Tanto en Cataluña, con Joan Rosell al frente de Foment del Treball, como en España, con este triste Díaz Ferrán como presidente de la CEOE explicitando en cada una de sus actuaciones todos los colores de la indecencia, la patronal ha cedido siempre ante los sindicatos, pactando y pasteleando por tal de no meterse en problemas. Si el envalentonamiento sindical ha llegado tan lejos ha sido porque las organizaciones empresariales les han permitido crecerse y les han reconocido como interlocutores válidos por bárbaras y vandálicas que fueran sus propuestas y exigencias.

Los trabajadores están mal representados pero los empresarios lo están todavía mucho peor. Y el abuso y el atraco sindical van a continuar hasta que algunos empresarios tomen conciencia de la gravedad del problema y decidan mojarse y alzarse contra lo absurdo y lo injusto, y contra una presidencia patronal que no está ni mucho menos a la altura de las circunstancias. De nada sirve que los empresarios se continúen quejando en las sobremesas de Zalacaín si luego permiten que un impresentable les represente. De nada sirve hacerse el gallito entre tus amigos si luego eres incapaz de defender aquello en lo que crees.

La huelga, como ayer tituló este periódico, fue un fracaso general. El mismo fracaso que son y representan Zapatero y su Gobierno, y el mismo fracaso en que nadan unos empresarios que podrían demostrar mucha más audacia y valentía, mucha más dignidad que este gallináceo tirar la piedra y esconder la mano del tal Díaz Ferrán como una parodia de la peor España, aquella caspa de antaño tan reñida con cualquier prosperidad.

Por Salvador Sostre, hoy en El Mundo

agente t
08/12/2010, 15:46
El derecho de huelga no tiene ningún sentido en una democracia perfectamente instalada en un Estado constitucional. El derecho de huelga es una antigualla del siglo XIX que carece de justificación en una sociedad que, como la nuestra, posee un completísimo sistema de garantías. El derecho de huelga es propio de sociedades cuyos trabajadores no tienen otros derechos, y éste no es de ninguna manera el caso de los trabajadores españoles, que tienen todos los derechos del mundo -demasiados-, a menudo menos obligaciones de lo que sería razonable y cauces perfectamente legales para expresar su disconformidad con sus circunstancias: desde las elecciones generales hasta la negociación de sus convenios. En democracia, en un Estado de derecho con garantías y oportunidades, toda huelga es un chantaje.

A partir de ahí, la de los controladores aéreos no es ni más ni menos justa que una huelga de empleados de cualquier otro sector, y es mezquino y fruto del resentimiento social que tan profundamente sienten y propagan los socialistas negarles a unos los derechos que les reconocen a otros en función de su salario. No tendría que haber derecho de huelga en España, pero mientras exista tiene que ser igual para todos, como cualquier derecho fundamental, y el ministro Blanco se comportó como una chacha resentida cuando criminalizó el viernes la huelga de los controladores por que cobran una media de «30 millones de las antiguas pesetas».

Me pareció encantador el gesto de militarizar los aeropuertos, pero por los mismos motivos se tendría que haber militarizado el Metro de Madrid, las cocheras municipales, y cualquier ciudadano tendría que poder asistir a su puesto de trabajo escoltado por el Ejército contra la violencia de los piquetes. Es tan impresentable haber elevado a un sindicalista huelguista a ministro de Trabajo como que mañana se nombrara ministro de Fomento a un controlador aéreo. No hay huelgas más aceptables que otras en función de lo que cobran quienes las protagonizan. Toda huelga es salvaje porque como concepto es previa a la era de la democracia, los derechos y las garantías. La huelga es predemocrática, precivilizada, dialéctica de barbarie.

Los viajeros afectados del viernes y el sábado que alguna vez participaron o secundaron alguna otra huelga o manifestación conocieron lo que ocurre cuando algunos asumen que sus supuestos derechos son más importantes que los derechos de los demás, cuando alguien cree que en nombre de sus reivindicaciones puede saltarse sus deberes y que cuando las normas del juego no te gustan siempre queda el recurso del chantaje.

Espero que fueran capaces de ver más allá de la anécdota y de su perjuicio personal; y de entender la lección fundamental que se desprende de tan funestos acontecimientos. Vivimos en sociedad, y cualquier alteración del orden y de la convivencia conlleva siempre consecuencias penosas.
La libertad tiene que protegerse de sus defectos y de sus excesos. Del islamismo que quiere eliminarla y de los huelguistas que, por egoísmo y falta de respeto por la vida de los otros, igualmente podrían destruirla. Toda huelga es un chantaje y una democracia tiene que caminar erguida, sin doblegarse.

Por Salvador Sostres, en El Mundo

agente t
24/12/2010, 11:40
España cuenta con una de las legislaciones laborales más rígidas y arcaicas del mundo desarrollado. De ahí, precisamente, que la tasa de paro supere ya de largo el 20%, la más elevada de la Unión Europea. Pese a ello, los sindicatos no se apartan de su meta: condenar a millones de trabajadores al desempleo masivo y, por tanto, a la miseria.

Aprovechándose del poder que les otorga la Constitución con la falaz etiqueta jurídica de "agentes sociales", los sindicatos mayoritarios, CCOO y UGT, acaban de registrar en el Congreso una iniciativa legislativa popular con el único fin de tumbar la reciente e insuficiente reforma laboral. Su particular proposición de ley para un "empleo estable y con derechos" pretende reasegurar las rigideces impuestas durante la dictadura franquista. Y es que la clave de su propuesta, en la que abundan las sandeces, es el fortalecimiento de los convenios colectivos, para impedir por todos los medios que las empresas puedan descolgarse libremente de los mismos.

La figura del convenio colectivo es la cadena que impide a nuestra economía adquirir la flexibilidad que necesita para volver a generar empleo. El que los sindicatos y la patronal impongan determinadas condiciones salariales y laborales a millones de trabajadores y empresarios, con independencia de sus necesidades específicas, supone una completa aberración jurídica y económica, aparte de una injusticia moral. Esta especie de molde colectivo, ideado para favorecer los intereses de los sindicatos obreros y empresariales, hace las veces de corsé opresivo de nuestro mercado laboral, que lo que necesita es precisamente todo lo contrario, librarse de semejantes ataduras.

Las pruebas son más que evidentes. España, ya le hemos dicho, padece un paro de en torno al 21%, y el número de personas que engrosan las filas de los parados de larga duración no deja de crecer, con lo que eso revela de lo difícil que es reincorporarse al mercado laboral. De mantenerse esta situación en el tiempo, el principal problema en las encuestas ya no será el paro, sino la marginación y la pobreza.

Los convenios colectivos dificultan en gran medida la necesaria reducción de los salarios. Los sindicatos siguen abogando por el aumento de los salarios, pese a la coyuntura económica que padecemos, con el argumento de que el incremento del poder adquisitivo de la gente hará subir la demanda agregada y, por tanto, las ventas, lo que daría inicio a la reactivación económica. Pero en realidad sucede todo lo contrario. España no necesita que algunos ganen más, sino que sus millones de desempleados encuentren trabajo, para que puedan así obtener unos ingresos regulares.

El empleo no es más que otro factor de producción. Y si se encarece en un momento en el que los puestos de trabajo escasean, resulta evidente que aumentará el paro.

La clave radica en la engañosa utilización de términos tales como demanda y oferta agregada. La economía es una materia mucho más compleja y sofisticada, y nada tiene que ver con los modelos estáticos propios de la ciencia económica dominante. Tal y como explica Hayek en Sindicatos, ¿para qué?,

si bien la posibilidad de vender cantidades diferentes de una sola mercancía depende, naturalmente, de la magnitud de su demanda, la posibilidad de vender un conjunto de gran variedad de diferentes mercancías no tiene relación sencilla con la suma de las demandas de todas ellas juntas. Si la composición o distribución de la demanda de los diversos productos es muy distinta de la composición o distribución de la oferta, ninguna magnitud de demanda total asegurará que el mercado se liquide. Cuanto mayor sea la diferencia entre la composición de la demanda y la composición de la oferta, tanto menos podrá conseguirse una correspondencia entre el conjunto de la demanda y el conjunto de la oferta, salvo mediante un cambio en las cantidades relativas, lo cual, a su vez, sólo podrá lograrse mediante un cambio en los precios relativos de los diferentes productos y servicios, comprendidos los salarios.[/I

]Es decir, la tasa general de empleo dependerá del grado de correspondencia entre la distribución de la demanda y la de la oferta. Y es precisamente la distribución de la oferta la que deberá adaptarse a la de la demanda. Dicho ajuste en la estructura productiva dependerá, a su vez, de la flexibilidad de los precios relativos, ya que son éstos, y particularmente los salarios, los únicos capaces de producir ese cambio continuo de la distribución de la oferta para que pueda adaptarse a la distribución de la demanda. De nuevo y para concluir, Hayek:

[I] Es esta incesante adaptación de los salarios relativos a las magnitudes siempre variables, en las cuales la demanda igualará a la oferta en cada sector, lo que se han empeñado en impedir los sindicatos.

© Instituto Juan de Mariana

Por Manuel Llamas en LD

agente t
21/02/2011, 18:30
Que nadie se llame a engaño. Es muchísimo lo que está en juego en Wisconsin: el estado del Tejón podría convertirse en el crucial campo de batalla entre el progresismo y la nueva mayoría del movimiento Tea Party de Estados Unidos. Se está luchando por asuntos tan importantes como los salarios del sector público, desbordados déficits estatales, el poder de los sindicatos, el federalismo, la educación, los derechos a beneficios federales y muchas cosas más. Que Wisconsin sea el lugar de nacimiento del progresismo americano con un nuevo gobernador conservador, nuevas mayorías conservadoras en ambas cámaras legislativas y un nuevo senador federal conservador, el un nuevo y brillante presidente del Comité de Presupuestos de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, lo ha convertido en la "zona cero" para la izquierda.

El president Barack Obama ha federalizado este asunto, poniendo tras los sindicatos de funcionarios todo el peso de la Casa Blanca, del Comité Nacional Demócrata y de su propio movimiento Organizing for America, contando además con la ayuda de los sindicatos SEIU y AFSCME. Se trata de una prueba de enorme alcance para el nuevo gobernador, el republicano Scott Walker. Si los conservadores pierden en Wisconsin, todas las otras reformas en otros lugares perderán oxígeno. Si, en cambio, pueden ganar, significará que el progresismo está metido en verdaderos problemas.

Allí en el terreno, en Wisconsin, esto significa que el Distrito Escolar Metropolitano de Madison no educará a ningún niño otro día más. Y otro día más, los sindicalistas de Madison Teachers, Inc., escenificarán otro día de ausencias por enfermedad para protestar por el nuevo presupuesto presentado por el gobernador Scott Walker que superaría la prueba de un déficit presupuestario de $137 millones este año y una proyección de déficit $3.6 mil millones en los próximos dos. Stacy Billings, madre de dos estudiantes de Madison, declaró al Wisconsin State Journal que apoya a los sindicatos y que se opone a la propuesta de Walker pero que está contra la protesta de los maestros durante las horas de clase: "Esto no es aceptable para mí. Mis impuestos pagan a los profesores para enseñar, no para protestar".

Lo que no entiende Billings, pero está a punto de hacerlo, es que al igual que todos los sindicatos gubernamentales, a Madison Teachers, Inc. no le importa educar a los niños. El anterior presidente de la Federación Americana de Profesores, Al Shanker, ya lo dijo muy claramente: "Cuando los alumnos paguen cuotas sindicales, entonces yo empezaré a representar los intereses de los alumnos". De eso en realidad se trata esta batalla de Wisconsin, al igual que en todo el país: dinero. Y no dinero para los funcionarios sino dinero para los sindicatos gubernamentales. Es algo que admiten los mismos sindicatos de funcionarios cada día que la lucha se prolonga.

El viernes, los demócratas del Senado del estado de Wisconsin paralizaron la Cámara cuando salieron huyendo del estado para impedir que hubiese el quórum de tres quintas partes necesario que un debate legislativo continúe. El presupuesto del gobernador Walker ayuda a terminar con el déficit del estado al requerir a los funcionarios que paguen al menos el 12.6% de sus primas de seguro médico y aporten el 5.8% a sus pensiones. Incluso con estos costes moderadamente superiores, los funcionarios del gobierno de Wisconsin todavía disfrutarían de beneficios sociales muchísimo más generosos que los ofrecidos en el sector privado. Pero es que eso, en realidad, es irrelevante. Recuerde, esta pelea no es sobre los sueldos de los funcionarios. Es para preservar el conducto directo que los sindicatos gubernamentales tienen sobre el dinero de nuestros impuestos. ¿No se lo cree? Sólo pregúntele a la presidenta del Consejo de la Asociación de Educación de Wisconsin, Mary Bell: "Esto no es sobre proteger nuestro sueldo y nuestros beneficios sociales. Se trata de proteger nuestro derecho a la negociación colectiva".

El jueves, el presidente Obama dijo a un canal de televisión de Wisconsin: "No he seguido con todo detalle lo que ocurre con el presupuesto de Wisconsin... algo de lo que he oído de Wisconsin, donde simplemente se está dificultando la negociación colectiva para los funcionarios parece más un asalto contra los sindicatos".

El presidente Obama está equivocado: denegar a los sindicatos gubernamentales el poder de la negociación colectiva no es un asalto contra todos los sindicatos. Anteriores presidentes demócratas comprendían este hecho. Nada menos que el símbolo progresista, Franklin Delano Roosevelt, escribió en 1937: "Todos los funcionarios tienen que darse cuenta de que el proceso de negociación colectiva, como se suele entender, no se puede trasladar al servicio público. El empleador es el pueblo en su conjunto que habla por medio de las leyes promulgadas por sus representantes en el Congreso".

Por eso los sindicatos del sector privado están regulados por la Ley Nacional de Relaciones Laborales, pero a los sindicatos de funcionarios los regulan los estados. Wisconsin es en realidad el sitio donde nació la negociación colectiva para los sindicatos públicos, dándoles tal privilegio en 1959, pero a muchos estados les ha ido, y les sigue yendo, muy bien sin la negociación colectiva. Virginia, por ejemplo, no reconoce el derecho a la negociación colectiva a los sindicatos de funcionarios, pero de acuerdo con el Centro Pew de los Estados, de alguna forma se las ingenia para ser uno de los estados mejor gestionados en el país.

Lo que realmente está en juego en Wisconsin (y mañana en Indiana, Ohio, Nueva Jersey y Pensilvania) es el futuro de la competitividad americana. De acuerdo con la última encuesta Pew, el pueblo americano entiende que los sindicatos hacen más difícil que la nación compita globalmente. Los sindicatos gubernamentales son, llanamente, parásitos para la economía del país. Cuando el presidente Obama llegó al cargo, blindó a los sindicatos de su obligación de ser transparentes al eliminar el requerimiento de presentar informes al Departamento de Trabajo. Como resultado, para los ciudadanos es imposible saber cuánto de sus impuestos va a parar a las arcas de los sindicatos. Pero si asumimos que cada miembro de un sindicato paga anualmente entre 500 y 750 dólares, deducidos involuntaria y directamente de su nómina, eso significa que la industria sindicalista pública de Wisconsin tiene un valor anual de al menos 100 millones de dólares.

Si los funcionarios quieren formar voluntariamente sus asociaciones y cabildear ante el gobierno para conseguir mayor sueldo, mejores beneficios sociales y condiciones laborales, es su derecho constitucional. Pero ellos no tienen el derecho de obligar a todos los funcionarios a afiliarse a su organización y quitarles automáticamente el dinero de su nómina. La propuesta de ley del gobernador Walker arreglaría estos problemas: les permite a los trabajadores públicos el derecho de abandonar el sindicato sin perder sus puestos de trabajo; obliga a los sindicatos a demostrar que cuentan con el respaldo de sus miembros mediante elecciones anuales con voto secreto; e impide a los gobiernos estatal y local recaudar las cuotas sindicales a través de sus sistemas de pago de nóminas. Son este tipo de medidas de sentido común las que incrementarían la libertad del trabajador, devolverían poder al contribuyente y harían a América más competitiva internacionalmente.

¡Siga luchando, gobernador Walker! El pueblo americano no puede darse el lujo de que usted pierda.

©2011 Libertad.org
* Traducido por Miryam Lindberg

Por Fundación Heritage, en LD

agente t
03/04/2011, 18:50
En este país nos quejamos con frecuencia de que los sindicatos no se han adaptado a los tiempos que corren, hasta el punto de que la sociedad les da completamente la espalda. Pero, ¿por qué van a evolucionar si tienen su existencia asegurada a través del presupuesto? Así, a estas alturas del siglo XXI nos encontramos con que las centrales sindicales españolas siguen defendiendo postulados decimonónicos, como eso de que el empresario se apropia de la plusvalía del trabajador y cosas por el estilo, y siguen negándose a entender que sin empresas no hay empleo y que lo que hay que hacer es promover la aparición de vocaciones emprendedoras y crear un marco adecuado para que las empresas puedan desarrollar sus actividades con la flexibilidad necesaria para poder adaptarse en todo momento a las circunstancias cambiantes de los mercados. De esta forma es como se genera empleo, riqueza y prosperidad para todos.

Los sindicatos, en cambio, no lo entienden así. Que la rigidez del mercado laboral condena a millones de personas al paro, pues a ellos no parece importarles demasiado, como bien estamos viendo en esta crisis. Que para que las empresas puedan sobrevivir y generar puestos de trabajo es preciso vincular los salarios con la productividad, pues ellos a insistir en que los sueldos se vinculen con la inflación aunque ello cueste cientos de miles de empleos. Que las empresas necesitan flexibilidad interna y que exista movilidad geográfica y funcional de los trabajadores, pues las centrales a negarse en rotundo...

Esto pasa porque los sindicatos tienen garantizada su supervivencia a través de los presupuestos públicos. Si tuvieran que vivir simplemente de la cuota de sus afiliados, estoy convencido de que su actitud sería radicalmente distinta. Ahí tenemos para demostrarlo, sin ir más lejos, a los sindicatos alemanes, que se muestran orgullosos de no tener que depender del Estado para sobrevivir y se sorprenden de que sus colegas españoles, por el contrario, insistan en su dependencia del presupuesto público. Pero, claro, es que en la tradición sindical alemana tienen muy claro que los sindicatos están para prestar servicios a los trabajadores, no para promover luchas políticas. Así lo vienen haciendo desde el primer momento de su existencia y por eso cuentan con el respaldo de la gente. Y lo mismo ocurre cuando se trata de adaptarse a los tiempos que corren. Los sindicatos alemanes no tuvieron problemas para entender que si Alemania tenía que recuperar competitividad, avanzar hacia el pleno empleo y mantener su sistema de producción social, sólo podría hacerlo mediante los sacrificios que implica la política deflacionista que ha seguido este país en los últimos diez años y que le ha permitido salir de la crisis financiera internacional muy pronto, muy fortalecido y generando mucho empleo. A ellos les importa la gente porque su supervivencia depende de ella. A los sindicatos españoles los parados, las empresas y demás les traen al fresco porque ellos viven del presupuesto. He aquí, por tanto, la principal razón para desengancharles del mismo, porque si es importante lo que nos cuestan a los españoles, que nos vemos obligados a tener que subvencionarles, más aún lo es el daño que hace al conjunto de la sociedad un modelo sindical al que ya va siendo hora que se le ponga punto final con el fin de que se modernicen de una vez por todas.

Por Emilio J. González, en LD

agente t
09/06/2011, 20:28
Señala esa vulgata marxista convertida en dogma de fe progresista que existe un conflicto de intereses irresoluble entre la opresora clase capitalista-gerencial y la muy oprimida población trabajadora. La salud de los primeros es la enfermedad de los segundos; los proletarios sólo pueden prosperar arrebatándoles la propiedad y los beneficios a las ratas explotadoras y éstas sólo pueden acumular capital apretándoles las tuercas a los obreros.

Esa fantasía épica, con sus orcos, elfos y unicornios incluidos, se ha erigido en piedra angular de nuestras relaciones laborales y, por tanto, de nuestro desastre económico actual. Lo mismo da que allí donde un mayor número de empresas ganen una cantidad más sobresaliente de dinero los salarios también sean mucho más elevados; el machacón pensamiento único es claro en su diagnóstico, coincidente con esas sesudas reflexiones de la Bruja Avería de "¡Viva el mal, viva el capital!".

Así, dado que los sindicatos deben defender a los trabajadores de sí mismos –de esa enorme osadía de rubricar acuerdos contractuales con los empresarios que ambos se atrevan a juzgar como beneficiosos en contra del más alto y relevante criterio de la plutocracia comisiono-ugetera– en España no hay quien contrate y, por consiguiente, no hay quien trabaje. Porque, quizá convenga repetirlo, si al empresario no le resulta rentable contratar, no se contratará y si no se contrata, no se trabaja.

Era este perverso sistema, ese que apuntala contra viento y marea, contra expansión y contracción crediticia, las condiciones laborales gestadas en medio de la mayor burbuja inmobiliaria que conocieron los siglos, el que había que desmontar. Y es que, aun dejando de lado el problemilla de que unos señores que no creen en la libertad de empresa pacten al milímetro las condiciones laborales de todas las empresas de este país; aun atribuyéndoles a nuestros sindicatos una sapiencia que jamás se han dignado a mostrarnos; aun así, ¿qué creen que significa eso de la ultraactividad de los convenios? Pues que si los sindicatos así lo desean –y lo desean–, lo pactado en 2003, 2005 ó 2007 tiene hoy, cuatro años de desmoronamiento económico después, la misma vigencia que cuando construíamos centenares de millares de viviendas al semestre.

Por eso había que derruir el sistema. Por eso, sí, y también para beneficiar a los empresarios; para no impedirles crear riqueza y contratar a parte de los cinco millones de parados en el proceso. Por eso, sí, y también beneficiar a los trabajadores, pues, por extraño que pueda parecerles a quienes viven de nuestros impuestos, no resulta del todo inverosímil que muchos de esos obreros quieran conservar su empleo o incluso volver a trabajar. Por eso, sí, y también para perjudicar a los sindicatos, que no otros son los únicos que medran en un sistema que los convierte en omnipotentes legisladores.

Mas el Gobierno ha optado, oh sorpresa, por no reformar lo que debería haber sido reducido a cenizas. El Partido Socialista Obrero Español ni ha escuchado a Bruselas, ni a los empresarios ni, tampoco, desengáñense, a los trabajadores. Por una simple cuestión: el socialismo nunca ha defendido a los obreros, se limitó a instrumentalizarlos –y masacrarlos– en beneficio de la casta gobernante. Después de destruir tres millones de empleos en tres años, José Luis, Alfredo y Valeriano han decidido que nada merece ser cambiado en nuestro mercado laboral. ¿Para qué? ¿Algún problema a la vista? ¿Algún sindicato en dificultades?

Juan Ramón Rallo es doctor en Economía y jefe de opinión de Libertad Digital. Puede seguirlo en Twitter o en su página web personal. Su último libro es Crónicas de la Gran Recesión (2007-2009).

agente t
08/08/2011, 16:15
El recorte del gasto público para reducir el elevado déficit público no está afectando a las millonarias y polémicas subvenciones que los sindicatos reciben para realizar cursos de formación. El Gobierno acaba de aprobar una subvención de 26,6 millones de euros para financiar planes de formación interadministrativos en el marco del Acuerdo de Formación para el Empleo de las Administraciones Públicas, de marzo de 2010. Tres cuartas partes de la asignación total irán a parar a CCOO y UGT a partes iguales, según una disposición publicada en el Boletín Oficial del Estado (BOE).

Estas ayudas se conceden con cargo al presupuesto de gastos del Instituto Nacional de la Administración Pública (INAP) y se abonan en dos pagos de igual cuantía, informa Europa Press. Así, tanto CCOO, a través de las federaciones de Sanidad y Sectores Sociosanitarios, la de Servicios a la Ciudadanía y la de Enseñanza, como UGT, por medio de las federaciones de Servicios Públicos y de Trabajadores de la Enseñanza, recibirán 10,3 millones de euros cada uno. Por su parte, CSI-CSIF percibirá algo más de 4,2 millones de euros.

Otras organizaciones que percibirán menos de un millón de euros es el caso de ANPE Sindicato Independiente; Coalición Sindical Independiente de Trabajadores de Madrid CSIT-Unión Profesional o Intersindical Valenciana. El importe de la subvención es superior a la destinada en 2010 para la realización de actividades de carácter sindical y por su participación en órganos consultivos del Ministerio de Trabajo, de sus organismos autónomos y de las entidades gestoras de la Seguridad Social. Así, el departamento que dirige Valeriano Gómez concedió en 2010 subvenciones por importe de 7,4 millones de euros a CCOO y de 7,3 millones de euros a UGT en estos conceptos.

En total, CCOO y UGT recibieron en 2010 subvenciones del Ministerio de Trabajo de más de 170 millones para los cursos de Formación Profesional (FP) para ocupados. Sin embargo, estas millonarias ayudas que salen del bolsillo del contribuyente no pudieron impedir que en 2010 se perdieran 138.600 puestos de trabajo y que el paro aumentara en 370.100 personas. Además, según el Tribunal de Cuentas, «ni se ha hecho ni está prevista una fiscalización de estos cursos». La última investigación de este órgano institucional fue en los años 1996 a 1998 y concluyó en 2003. En ella, el Tribunal detectó numerosas irregularidades.

En los últimos meses también ha desatado la polémica sus ganancias a costa de los Expedientes de Regulación de Empleo (ERE). Las centrales ganan en torno al 2% del coste del total de cada expediente por sus labores de asesoría.

Hoy, en El Mundo

agente t
11/08/2011, 17:24
Por fin, un dirigente español se ha enfrentado con los sindicatos sin tapujos ni veladuras. José Luis Feito, presidente del Instituto de Estudios Económicos, ha declarado que «las centrales sindicales españolas, con un sindicalismo a veces decimonónico, nos han conducido, en gran parte, a un paro demoledor».

Los sindicatos son piezas imprescindibles de la democracia pluralista. En nuestra nación, las dos grandes centrales sindicales -CCOO y UGT- facilitaron de forma constructiva y responsable la Transición, defendieron con eficacia los derechos de los trabajadores más desfavorecidos y contribuyeron decisivamente al restablecimiento de la libertad, extirpada en España tras la atrocidad de la guerra incivil. Nicolás Redondo actuó siempre de manera admirable y Marcelino Camacho, sobre todo, fue, con su sentido del Estado y su gran inteligencia, uno de los hombres clave de la Transición.

Desgraciadamente, los sindicatos derivaron después hacia el burocratismo, el negociete y la trapisondería. Más del 90% de lo que administran y gastan las centrales sindicales es dinero público puro y duro que deriva de subvenciones directas o indirectas de las tres administraciones, la central, la autonómica y la municipal. CCOO y UGT arramplan con todo lo que pueden. Hasta de los eres más comprometidos y de los convenios colectivos sacan dinero. Los edificios sindicales se multiplican por toda España y también los empleados, asesores y colaboradores sindicales. En viajes incesantes, trabajadores liberados, cursos de formación, manifestaciones inútiles, propaganda desmesurada y otras muchas camelancias se despilfarra el dinero público, los impuestos con los que se sangra al contribuyente español.

Para justificar todo este delirio de derroche y manos largas, los sindicatos se inventan cada día nuevas exigencias laborales que han arruinado a infinidad de empresas y, sobre todo, que han encarecido nuestros productos perdiendo competitividad. La política de UGT y CCOO ha conseguido que trabajen más bien poco los trabajadores que trabajan; los otros están en el paro. Felipe González resumió la situación de forma certera: «En una gran parte hay que relacionar los salarios con la productividad si queremos competir en los mercados nacionales e internacionales».

La huelga ciertamente es un derecho fundamental del trabajador. Cuando se instrumenta sin motivo para que los dirigentes sindicales se justifiquen, se convierte en grave disturbio para la economía. Margaret Thatcher aceptaba naturalmente la huelga justificada. Pero dijo con dos tacones: «La huelga, tantas veces injustificada o salvaje, es el azote del pueblo».

Un diez, en fin, para José Luis Feito. Unos sindicatos de tentación decimonónica, convertidos en burocracia y negocietes, han contribuido en proporción considerable al paro que padecemos. Hay que decirlo así, con claridad. Para Feito, UGT, por ejemplo, se ha convertido en «un instrumento de reparto de prebendas». No sé por qué los «indignados» no se indignan ante los abusos sindicales. Hay que exigir, en fin, la regeneración de los sindicatos, que pasa por esta premisa sustancial, la cual debería convertirse en ley en el Congreso de los Diputados: las centrales sindicales no podrán gastar un euro más que la cantidad que ingresen a través de las cuotas voluntarias de sus afiliados, voluntariedad que se exigirá también en las empresas públicas. El divorcio entre los trabajadores y los sindicatos se ahonda cada día. A las manifestaciones sindicales solo acuden el pesebre y los liberados, convertidos en agentes de la conflictividad, en distribuidores de arena sobre la maquinaria empresarial… Un abuso más, tal vez el de mayor relieve, de esa actividad sindical que, según José Luis Feito, ha contribuido de forma considerable al paro demoledor.

Por Luis María Anson, miembro de la Real Academia Española, en El Mundo

agente t
30/09/2011, 19:34
La Constitución de 1931 proclamaba a España como una "república de trabajadores de toda clase". A los españoles nos gusta presentarnos así, como trabajadores, incluidos los empresarios, quienes siempre que salen en la tele se esfuerzan por convencernos de que "trabajan" más que nadie.

En un país así, no puede extrañar que los sindicatos tengan un prestigio e influencia notables. En Gran Bretaña, Francia o Italia pasó algo parecido. Sin embargo, en el Reino Unido, el prestigio de los sindicatos está por los suelos. No sólo, sino que el laborismo no volvió a pisar las moquetas del poder hasta que Tony Blair decidió divorciarse de las trade unions. En España, las elecciones del 20-N podrían ser el principio del fin de nuestras centrales sindicales. Hay dos elementos en la campaña que apuntan a esta posibilidad, el que no sean capaces de esperar a que el PP se haga con el poder para iniciar las movilizaciones, como en el caso de los profesores de la Comunidad de Madrid, y el que el candidato del PSOE haya apelado a sus mismas coletillas para evitar la debacle. Si las huelgas, protestas y mensajes vuelven al electorado contra las centrales y el PSOE, los socialistas se desharán de los sindicatos durante la travesía del desierto.

La cuestión no es tanto si estas organizaciones son o no capaces de atraer a las huelgas que convoquen a más o menos trabajadores. La cuestión es cómo va a contemplar el electorado la cerril resistencia sindical a los recortes que inevitablemente hay que ir emprendiendo. Tengo la impresión, aunque no la certeza, de que en Madrid la gente no simpatiza con la huelga de profesores. Es posible que todo se deba a que cree equivocadamente que el trabajo en la enseñanza es poco exigente. Pero, podría ser que los electores estén hasta el gorro de que con sus impuestos se financie a unos sindicatos dedicados a colocar como trabajadores interinos en la administración pública a los que ellos eligen entre sus simpatizantes y afiliados. Y todo para que los profesores que son funcionarios, muchos de los cuales en su día fueron interinos favorecidos por los sindicatos y que gracias a eso, y no a una oposición, tienen hoy un sueldo de por vida, no se vean obligados a dar tantas clases como prevé la ley. Y encima resulta que un alumno de la pública le cuesta al contribuyente el doble que otro de la concertada.

Si es verdad que los que votan están empezando a darse cuenta de la clase de intereses que defienden los sindicatos, aplaudirán todo lo que sea privarles de la financiación pública. Eso sería su fin. Y el PSOE renegará de ellos so pena de que quiera pasarse veinte años en la oposición como hicieron los laboristas británicos. ¿Estoy soñando? Es posible, pero cuesta tan poco...

Emilio Campmany, en LD

agente t
17/11/2011, 12:08
Ochocientos millones de euros dan para pancartas de todos los tamaños y también para unos cuantos cruceros y hoteles de lujo. Vistas las cifras del negocio sindical, a nadie puede extrañarle que ahora pidan el voto para el socialismo, aunque intenten disimularlo. Saben sus líderes –y lo temen– que al cambio esperado y prometido hay que sumar la necesaria transformación de las organizaciones sindicales.

No es de recibo que mientras España y Europa siguen en situación de emergencia, CC OO y UGT patrocinen huelgas políticas, dejando bien claro que habitan otra realidad distinta, que no es la de millones de españoles sufriendo la crisis, sino la de la intriga política y la irresponsabilidad, con el único objetivo de defender y prolongar sus excepcionales privilegios.

Son un residuo de otro tiempo y de otro lugar, porque más que con los verticales del franquismo a los sindicatos que padecemos habría que compararlos con los del socialismo de más allá del Muro, gigantescos aparatos de poder que exprimen recursos públicos y privados sin que nadie los controle.

Se autoproclaman únicos interlocutores válidos de los trabajadores, aunque tengan la desfachatez de hacer caja hasta con los expedientes de regulación de empleo. Es decir, que también cobran con cada puesto de trabajo destruido, algo que no saben la mayoría de los parados que están de brazos cruzados gracias a la intermediación sindical.

Y es que cobran por todo y de todos. La asignatura pendiente del Tribunal de Cuentas es fiscalizar los libros de los grandes sindicatos –CC OO y UGT–, porque hasta ahora nadie controla ni sus ingresos ni sus gastos, ni siquiera después de que la propia UGT protagonizara una de las estafas más multitudinarias de este país. Los sindicatos reciben cuantiosos fondos millonarios de todas las Administraciones.

El Gobierno en retirada de Zapatero acaba de aprobar otro lote de dinero, porque a la hora de pagar a los cómplices de su desastre económico no existen los recortes ni la crisis.

El poder desmesurado de estas vetustas y colosales organizaciones no se debe sólo a leyes insalubres para el desarrollo económico; también pesa muchísimo su poder de coacción, ya que llevan 30 años controlando la calle, gozando de inmunidad para la violencia de sus piquetes, y con miles de liberados que se han convertido en un ejército privado de profesionales de la agitación.

Estas huestes sindicales y callejeras, absolutamente ajenas a las urnas, serán la oposición más violenta a las urgentes reformas que se necesitan y fingirán amnesia cuando alguien les recuerde su colaboración con los más de cinco millones de parados que deja en herencia el zapaterismo.

Todo esto también tiene que cambiar. Es impensable sortear la crítica situación que vivimos sin acabar con este sistema que ha creado toda una casta de privilegiados, improductivos para la sociedad y lujosamente amamantados con el dinero de todos los españoles. Y puestos a reformar la interlocución social, tampoco estaría de más aplicar los mismos criterios de sentido común y austeridad a las organizaciones empresariales como la CEOE, que sin llegar a las millonadas sindicales también sacan una importante tajada del bolsillo de todos nosotros.

Editorial de La Gaceta

ArielRC
26/11/2011, 05:03
Para mi el drama es la ideologización y politización sindical la cuestionable, y no los sindicatos en si que son parte logica del derecho de libre asociación y elemento fundamental del mercado laboral moderno como lo son las camaras empresariales. Lo que hay que acabar es con organizaciones absurdas como la CGT de Francia o la CCOO española ¿como pueden sostener ideologicamente el "marxismo" y seguir sus afiliados trabajando para esos "patrones capitalistas" por casi un siglo como si nada? tendrian que haberse dado cuenta ya que algo no "anda bien" con sus "principios", pero bueno, ya sabemos que es pura hipocrecia, como dicen Joseph Heath y Andrew Potter, "rebelarse vende" je, je, je

agente t
29/11/2011, 16:39
La OCDE dijo ayer que su previsión es que el paro español suba todavía con fuerza durante el año 2012: aproximadamente al 23%. No me extraña. El paro continúa creciendo porque contratar hoy a alguien es una actividad de alto riesgo. El paro continúa creciendo porque los empresarios están perseguidos por la ley, en lugar de encontrar ayudas en ella: están bajo sospecha y no se pierde ocasión de machacarles.

La gran reforma que España tiene pendiente es la abolición del Estatuto del Trabajador, la cancelación de los convenios colectivos y la supresión de los comités de empresa y de los liberados sindicales. Patrón y empleado tienen que poder entenderse libre y bilateralmente. Éstas y no otras son las medidas que van a reducir el paro. Éstas y no otras son las medidas que darán una auténtica protección al trabajador, que no es otra que la de poder tener empleo en una empresa próspera.

No es cierto que sindicatos y sindicalistas protejan al trabajador y que sin ellos el empresario les explotaría. Los sindicatos viven de decir que protegen al trabajador, y de cobrarle un tremendo e inútil impuesto revolucionario, pero no es cierto que pretendan defender a nadie que no sea a ellos mismos y a su interés concreto y monetario. Quien protege a un trabajador es quien le emplea. Quien protege los supuestos derechos del trabajador es quien los paga. Y digo supuestos porque no existe tal cosa como los derechos adquiridos si no existen empresas que funcionan y que pueden pagarlos.

Cuando una empresa tiene que cerrar, no hay derecho que valga, ni adquirido ni personal. Y hay que decir que, cuando tal desastre sucede, las familias desesperadas no acuden al sindicato a solicitar ayuda, sino que llaman a la puerta de su parroquia. Porque la Iglesia es la gran institución caritativa del mundo -caritas significa amor- y la única que realmente se preocupa de los desfavorecidos y jamás les abandona.

Si Rajoy quiere luchar contra el paro, que deje de perseguir al empresario, que deje de ahogarle con tanta y tan absurda burocracia y que le facilite los trámites: que no sea un calvario abrir o cerrar una empresa o un negocio, que, como la presidenta Esperanza Aguirre en la Comunidad de Madrid, permita la total libertad de horarios comerciales, y que elimine cualquier obstáculo que se interponga al pacto al que libremente lleguen el empresario y el obrero, dos adultos que pueden entenderse sin tutelas.

La presente situación, además de ser angustiosa y trágica, es la clara demostración del efecto nefasto que sindicatos y convenios tienen en la ocupación. A este drama es al que nos ha llevado tanto intervencionismo, tanto resentimiento social infundado. Sindicalistas y sindicatos han cobrado sueldos de escándalo diciendo que protegían al obrero cuando, en realidad, son los que más le han perjudicado, los que más empresas han contribuido a cerrar y los que más paro han causado. Los que finalmente, cuando ya no han podido exprimir ni utilizar al despedido, le han abandonado. Suerte que Dios está en todas partes.

Si Rajoy quiere invertir en políticas sociales, y que lo que invierta dé resultado, que canalice su esfuerzo a través de la Iglesia, porque a ella acuden los más necesitados; y que deje de subvencionar a estos sindicatos que nada resuelven y todo lo enturbian, y a tanta ONG cuya propaganda supera con creces -vergonzosas creces- sus dudosos y escasos actos.

El empleo no lo creará el Estado, lo crearán los empresarios. Dejadles trabajar en paz y, como siempre una vez más, volverán a salvarnos.

Salvador Sostres, en El Mundo

agente t
15/12/2011, 16:56
Será gracioso ver a qué se dedica ahora la ministra más simbólica del zapaterismo, Leire Pajín, la aportación más personal que el ya presidente en funciones ha hecho al Gobierno de España. Será curioso comprobar en qué rincón del sector privado encuentra trabajo, si es que no acaba colocada en cualquier chanchullo de esos tan típicamente socialistas. Tendríamos que blindarnos contra tanto Calígula que nombra ministro a su caballo.

No se tendría que poder ser ministro sin una sólida experiencia en el sector privado; sin saber lo que es pagar un mínimo de 50 nóminas, sin haber sentido esa responsabilidad, ese pánico; si no has estado en la encrucijada vital donde todo se aprende y que es el resumen de todo.

No se tendría que poder ser ministro si no sabes el peso que se carga cuando dependen de ti 50 familias, además de la tuya. Y hablando de familias, no se tendría que poder ser ministro si no eres padre o madre. Nada se sabe de la vida, ni nada realmente puede uno hacer por la vida de los otros si ignora el vértigo de tener hijos.

Ser ministro no tendría que estar al alcance del mero capricho voluptuoso de cualquier presidente. Tendrían que funcionar algunos filtros. No se trata de derecha ni de izquierda, aunque es la izquierda quien ha cometido más disparates en este sentido. Se trata de sentido común. Si no has sudado sangre para poder pagar tus como mínimo 50 nóminas, nada sabes de cómo funcionan en realidad las cosas.

Si no has pasado por la humillación de tener que aguantar a un comité de empresa en tu propio negocio, es normal que los días personales o los liberados sindicales te parezcan conquistas sociales. Cualquiera que sepa lo que cuesta mantener vivo y próspero un negocio, cualquiera que haya sentido el terror de que 50 familias dependan de él, sabrá que el sindicalismo es un hachazo al corazón de la competitividad, de la prosperidad, y la manera más inmediata y absurda de destruir puestos de trabajo.

Cualquiera que no sepa lo que se sufre cuando se es padre -o madre-, cualquiera que no sepa como te despierta, de madrugada, la incertidumbre de si serás capaz de estar a la altura de las circunstancias; cualquiera que no sepa lo que es sentir la fragilidad del mundo y de nuestra especie concretada en tu hija cuando la tienes en tus brazos, no tiene ni idea de lo que es fundamental ni trascendente, de lo que pesa y nos angustia y nos destroza, que es lo mismo que a la vez nos eleva, nos da sentido y nos salva.

Lo de Leire ha sido especialmente insultante, una degradación sin precedentes en la vida pública española. Que la democracia sea de todos no significa que tengamos que renunciar a una mínima calidad. Es así como se dignifica la política y como se refuerza el vínculo democrático con los ciudadanos. Lo de Calígula sólo conduce a la ciudad incendiada.

No todos están preparados para todo. Lo primero que tiene que hacer una democracia es protegerse de la futilidad, de la arbitrariedad, de la mediocridad y de las locuras de cualquier insensato; y establecer los filtros necesarios para que sólo puedan llegar a mandar los que estén realmente preparados.

Adiós, Leire, adiós. Pocas despedidas me han resultado tan agradables. A ver de qué encuentras trabajo; te estaré observando.

Salvador Sostres, en El Mundo

agente t
04/01/2012, 20:29
Es desolador que después de siete años de oposición, después de haberse pasado siete años en la oposición rascándose materialmente el bajo vientre, salga MarianoRajoy con sus reformas de la señorita Pepis y con una extemporánea y muy vulgar subida de impuestos. Lo de menos es que haya incumplido una promesa electoral y lo verdaderamente grave es que no tenga el presidente mejor audacia, ni ninguna imaginación.

El argumento de que se han encontrado con un agujero mayor que el confesado por los socialistas carece de vigor, ya que el PP no se cansó de advertir -con toda la razón- que el Gobierno edulcoraba sus cifras. ¿A qué viene ahora sentirse engañado por una administración a la que tú mismo acusabas de mentir?

La crisis la seguirán pagando los de siempre: los de la clase media alta y alta. Por mucho que la propaganda socialdemócrata repita lo contrario, los que pagan el pato son siempre la burguesía y los ricos; en especial esta crisis que es fundamentalmente moral y que ha venido causada por el espíritu sindicalista que ha impregnado nuestra sociedad, desmoralizándola; por la degradación que siempre comporta la reivindicación de tantos derechos y la observancia de tan pocos deberes; por tanta jeta y tan poco sacrificio; por tanta comodidad y tan poca ambición, por tanto holgazán y tan pocas ganas de trabajar. Así cayó Roma, arrasada por los bárbaros.

La crisis, como siempre, la pagarán los que han trabajado mucho y han conseguido crearse una fortuna. Con el pretexto de la solidaridad, en España se continúa penalizando al que se esfuerza y tiene éxito, e insistimos en proteger al gandul y al fracasado. Con la siniestra carraca de la solidaridad, en España se pone bajo sospecha al triunfador y se cree que es un ladrón; y al que nada hace y de todo se queja le reservamos en cambio el papel de víctima y le colmamos de subvención.

España no necesita más impuestos. Ningún país libre necesita más impuestos. España necesita más libertad para crear riqueza, una reforma del mercado laboral que incluya la abolición del Estatuto de los Trabajadores y de la subvención a los sindicatos, y la regulación del derecho de huelga para controlar la intimidación tan macarra de los piquetes y asegurar que los que quieran trabajar puedan hacerlo sin ser insultados, amenazados ni agredidos.

España, y cualquier país que quiera desarrollarse, necesita más libertad y menos Estado, y por lo tanto que patrón y empleado puedan entenderse sin intermediarios, y mucho menos estos intermediarios coactivos y sectarios que son los comités de empresa, en todo equivocados y que son los responsables directos del paro descomunal que padecemos. España necesita más libertad y por lo tanto que cada comercio pueda abrir y cerrar a la hora que le parezca, y que sea cada empresario quien decida las normas de conducta que deben observarse en su establecimiento, como por ejemplo si se puede o no fumar.

No es ningún secreto que ésta es la única receta de lo que España necesita. La libertad que ensancha las almas y multiplica la prosperidad. Tampoco es nada nuevo que andamos francamente mal de tiempo, que estamos a un fin de semana de la intervención y que la moral del país está por los suelos. Nada de ello se ha visto reflejado en las cursis medidas tomadas por un Rajoy que parece como si todavía se estuviera fumando el puro y no se hubiese dado cuenta de que ya no está en la oposición.

Salvador Sostres, en El Mundo

agente t
10/01/2012, 18:08
Nadie, ni siquiera Amando de Miguel, conoce con precisión el número de empleados que, directa o indirectamente, trabajan en los partidos políticos, los sindicatos y las organizaciones patronales. Algunos expertos establecen una cifra asombrosa de varios cientos de miles. El asunto tiene más fondo del que parece. A través de subvenciones directas o indirectas, el dinero público paga el 90% de los sueldos de esos eventuales centenares de miles de empleados de los partidos políticos, los sindicatos y las patronales. Se trata en definitiva de funcionarios de hecho que cobran a costa de los impuestos con que el Estado desangra a los españoles, a través de sus cuatro Administraciones.

¿Se puede saber cuánto han ingresado los partidos políticos por voto conseguido en las últimas elecciones generales, cuánto por cada diputado o senador electo, cuánto por las campañas electorales, cuánto por los envíos de correo y otras bagatelas? ¿Nos dirá alguna autoridad de la Administración las cantidades totales que, al cabo del año, han cobrado los partidos políticos a cargo del erario público? ¿Se terminará algún día la opacidad y conoceremos la cifra real que nos cuesta mantener a una clase política convertida, no en una solución como debería ser, sino en el tercero de los diez grandes problemas que agobian a los españoles?

Y del negocio de los sindicatos ¿qué decir? Cobran hasta por los eres. Reciben cantidades suculentas de dinero por la camelancia de los cursos de formación que es el maquillaje inventado, sobre todo por Zapatero, para reducir la cifra de desempleados puesto que a los parados que hacen cursos de formación se les considera que «trabajan por la patria». ¿Cuánto, cuánto, cobran los sindicatos, directa o indirectamente de la Administración central, de la Administración autonómica, de la Administración provincial, de la Administración municipal para llevar a cabo unas actividades conducentes en muchos casos, según el profesor Feito, a incrementar el desempleo? ¿Conoceremos algún día el número de edificios, muchos de ellos suntuosos, que albergan las actividades sindicales, la cifra real de sus empleados, la dimensión del negocio que regentan?

Y aunque sea en menor proporción, las organizaciones patronales participan de ese mismo negocio que consiste en mamar de la teta del Estado, en chupar del bote. Y también se muestran opacas al velar las cifras de ese escándalo incesante que consiste en despilfarrar el dinero público sin control y sin cautelas.

¿Sabe alguien si, con motivo de la crisis, algún partido político de relieve, algún sindicato, alguna patronal, han reducido el número de sus empleados, han disminuido o al menos congelado sus sueldos? Para contribuir al control del déficit público, y antes de subir los impuestos a la clase media, Mariano Rajoy podría haber exigido la congelación de salarios a los empleados de los partidos políticos, los sindicatos y las patronales, reduciendo las pingües subvenciones que actualmente benefician a esas instituciones.

Aún más, Mariano Rajoy debería tener ya redactado un proyecto de ley cancelando definitivamente cualquier subvención directa o indirecta, con dinero público, a favor de los partidos, los sindicatos y las patronales, estableciendo la obligación para esas instituciones de gastar exclusivamente lo que ingresan a través de las cuotas de sus afiliados. Eso es lo democrático y lo razonable. Pero va de apuesta con los lectores de EL MUNDO: triple contra sencillo a que Mariano Rajoy no se atreve a embridar a los partidos, los sindicatos y las patronales, retirando las subvenciones, lo que mejoraría de forma considerable el déficit público. ¿A que no lo hace? Es más fácil provocar una hemorragia en las clases medias, subir los impuestos y desangrar un poco más a los que pagan con su trabajo los despilfarros de los partidos políticos o los gastos de las centrales sindicales. Pero el caso es que no vivimos ya en la ciudad alegre y confiada. La indignación popular es de tal calibre que, si el nuevo Gobierno no endereza las cosas, España se instalará en poco tiempo en una situación prerrevolucionaria.

Luis María Anson es miembro de la Real Academia Española. En El Mundo

agente t
15/02/2012, 18:37
El secretario general de la UGT de Madrid se llama José Ricardo Martínez y, después de su compañera Garrote, es el sindicalista más retrechero de la Comunidad. Entre las manifestaciones seguramente orales de su actividad comunicativa destacan la de haber llamado bruja o profetisa a Esperanza Aguirre cuando la huelga en defensa de la enseñanza pública, hasta que se descubrió que lleva a sus hijos a un colegio privado. A los que no seguían una de las huelgas generales anuales o bianuales de su pandilla sindical les amenazó así: «Los tenemos localizados y vamos a tratar de que conozcan el desempleo»; con respecto a los servicios mínimos en la huelga fue legalista: «No los cumpliremos»; al Gobernador del Banco de España lo mandó hace unos meses «a su puta casa» (qué culpa tendrá la casa); y ayer llamó a Esperanza Aguirre «reliquia cañí del tardofranquismo», con lo que confirma que desconoce el significado de reliquia, de tardofranquismo y de cañí. Pero un sociata iletrado no es noticia sino redundancia. Mayor interés tuvo su amenaza: antes de organizar una huelga general en España, la UGT quiere hacerla en Madrid. Como Esperanza Aguirre ha obtenido hace poco en las urnas una mayoría absolutérrima y como su comunidad es la única de España en la que, pese a la crisis, se crea empleo y crece la economía, es la que más odian estos señoritos liberados de la bíblica maldición del trabajo, nuevos señores medievales de horca, cuchillo y cinco tenedores.

La ventaja de Martínez, aunque cada vez que habla sube el pan, es que se le entiende todo. La huelga general es una fantasmada violenta, anual o bianual, que organizan los dos sindicatos mayoritarios por razones exclusivamente políticas y de interés particular, mayormente económico. Será casualidad que poco antes del recital de Martínez hayan asaltado varias sedes del PP en los ayuntamientos madrileños que ha ido perdiendo la izquierda, o sea, casi todos, pero en los delitos no creo en la casualidad. Y en la actividad delictiva de los sindicatos, que va del matonismo a la silicona pasando por los piquetes violentos y el secuestro de servicios públicos, todavía menos. En la reforma laboral anunciada por el Gobierno falta cumplir el mandato constitucional de una Ley de Huelga, para no seguir con el marco legal tardofranquista cuya reliquia más carcomida son los sindicatos llamados de clase. Que, por cierto, cuando hablan no demuestran ninguna.

Federico Jiménez Losantos, en El Mundo

agente t
17/02/2012, 19:15
La vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, ha pedido a los sindicatos que, ya que una parte de su financiación proviene de las arcas públicas, "valoren si ha llegado el momento" de hacer un ejercicio de transparencia y dar a conocer los sueldos que perciben sus dirigentes.

En la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros, Sáenz de Santamaría ha dicho que son los sindicatos los que tienen que decidir si hacen ese ejercicio de transparencia "ante los ciudadanos y ante los afiliados" para difundir lo que cobran dentro de la organización y fuera de ella.

"Deberían valorar si no ha llegado el momento de hacer ese ejercicio de transparencia que estamos haciendo en el ámbito de la Administración General del Estado", ha indicado la vicepresidenta al ser preguntada por si las centrales sindicales deberían publicar los salarios de sus dirigentes.

En La Gaceta

agente t
04/03/2012, 20:31
Ahora que comienza a haber líos en la calle, aunque espero que no duren, es bueno pensar un poco sobre los Sindicatos.
Que la democracia española ha heredado un sistema que no lo fue, es cosa bien sabida. Que cierta izquierda haya llegado a ver en ese origen una lacra original, ha sido moda reciente y, por cierto, enormemente hipócrita, porque lo más curioso de esa moda es que no ha subrayado una de las características más notables de nuestro sistema político, a saber el lugar de privilegio que ocupan los sindicatos. No es posible negar que el papel político que desempeñan los sindicatos españoles, su forma de financiarse y su incrustación en muy diversas instituciones, constituye una de las más evidentes formas de pervivencia del franquismo, la continuación de una especie de estado corporativo que resiste a la democracia a través de muchas instituciones y reglas de juego que se han incrustado en el nuevo orden constitucional.

No es razonable discutir ni la existencia de los sindicatos ni su derecho a discrepar, ni siquiera ese derecho a la ceguera que les lleva a identificar las políticas de izquierdas como las más convenientes para quienes se supone defienden. Es lógico que haya un poder sindical y sería muy conveniente que se desarrollase al margen e independientemente de la dinámica política ordinaria, pero eso no es lo que sucede en España. Con muy escasas excepciones, nuestros sindicatos son unas corporaciones burocratizadas que viven exclusivamente de los caudales públicos, que los administran con un opacidad que no presagia nada bueno ni decente, y que actúan conforme a una lógica política enteramente ajena a los intereses reales de los trabajadores, aunque muy coherente con los intereses corporativos de la cúpulas directivas, un grupo bien nutrido e impermeable de dirigentes que se perpetúan en sus puestos al tiempo que reciben suculentos ingresos de los órganos corporativos en que se han enquistado.

Solo un país ciego se negaría a establecer la evidente relación que existe entre este tipo de instituciones sindicales, la rigidez de nuestro mercado laboral y el terrible azote del paro que está a punto de colocar a la economía española al borde del abismo. Solo una hipocresía redomada sería capaz de ocultar la anormalidad que supone que la legislación laboral pueda estar secuestrada de modo que sea materia vedada a los órganos que representan la soberanía, salvo que el Parlamento y las fuerzas políticas obtengan previamente un visto bueno de una cúpulas sindicales, un grupo de personajes que no se representan más que a sí mismas y a sus abundantes privilegios.

Un corolario inaudito de todo esto es que los sindicatos se crean legitimados para discutir en la calle, mediante el alboroto y la violencia disimulada, los cambios, tal vez más tímidos que prudentes, que pretende introducir un gobierno que acaba de obtener una notoria mayoría absoluta y un mandato político bastante explícito a este respecto.
El poder sindical ha conseguido mediante el amedrentamiento y la complacencia de la izquierda, que no tengamos todavía una Ley de huelga, un instrumento absolutamente esencial para frenar el aventurerismo de los más radicales y para garantizar que los derechos de los trabajadores no se ejerzan pisoteando los derechos comunes del resto de los ciudadanos, trabajadores también, aunque con un derecho innegable a librarse del sometimiento a la dictadura sindical.

El gobierno de Rajoy tendrá que actuar con prudencia y es seguro que lo hará, pero perderá una oportunidad histórica de normalizar el marco político español si evita la revisión indispensable de los privilegios sindicales, si no saca adelante una ley razonable de huelga y si no acaba con la presencia de las burocracias sindicales en órganos perfectamente inútiles e incongruentes con cualquier democracia. La izquierda, naturalmente, se opondrá a estas reformas, porque sabe que siempre puede contar con los sindicatos para disimular sus errores o para incrementar su control social. Zapatero, el mayor destructor de la economía y el empleo de toda nuestra historia reciente, ha tenido a los sindicatos a sus órdenes. Que estos señores que no han movido un dedo frente a la irresponsabilidad política del anterior gobierno pretendan impedir ahora que el nuevo gobierno arregle los disparates económicos y corrija el mercado laboral es un índice inequívoco de cuáles son los intereses que les guían.

El inmovilismo sindical es un auténtico cáncer de la economía española, un tumor que o se ataja o irá a más. Hay instituciones, como las Universidades, lo que constituye un caso casi único en el panorama internacional, en las que el poder sindical ha adquirido un protagonismo desmedido que explica, en buena medida, el abismo de mediocridad en el que se están hundiendo nuestras universidades, cada vez más lejos de los modelos de excelencia que se abren paso en los países razonables. A medio y largo plazo, nuestra economía no tendrá remedio si hemos de seguir pagando tributo a nuestro peculiar, endogámico, ineficaz y egoísta poder sindical.

http://www.pormiquenoquede.com

agente t
03/05/2012, 16:35
Toxo y Méndez, indignados con los liberados sindicales, ausentes en las manifestaciones

- COÑO, Toxo -dice Méndez-. No ha venido ni el potito. No sé cómo vamos a poner en marcha la manifestación.

- Claro, Méndez -contesta Toxo-. Te empeñaste en convocar a nuestra gente hoy que es domingo y puente, y pasa lo que pasa.

- Es que ya no hay obreros como los de antes. Con tantos derechos y tantas puñetas se ha perdido el sentido de la solidaridad.

- Tienes razón, Méndez -subraya Toxo-. Me dicen que en Barcelona han acudido a la manifestación de hoy domingo 773 personas. Las ha contado un locutor cabrón. Aquí por lo menos somos 4.624. ¿Qué decimos a los medios de comunicación, multiplicamos como siempre por quince o por veinte?

- Mira, Toxo -advierte Méndez-, no se lo va a tragar nadie. Da instrucciones para que nuestra cifra oficial sea de 40.000 manifestantes. Como llueve un poco, los paraguas disimulan mucho. Una buena foto en el periódico adicto y las cámaras de televisión que manejamos paliarán el desastre.

- Es que no han venido ni los liberados, Méndez, ni los liberados. Se nos han subido a las barbas, sobre todo a ti, claro. Hemos convocado a 31.200 y no han acudido ni 3.000. Hay que tener mucha cara. Todo el año sin dar un palo al agua y sin otra obligación que acudir a las manifestaciones, y ni eso.

- Es una falta de respeto.
- Y que lo digas, Méndez. Mi mujer me había preparado un crucero por el Caribe este puente y yo he renunciado para estar aquí. Estos cabroncetes no saben los sacrificios que hacemos por ellos.

- Se trata, además, de un caso claro de absentismo laboral, Toxo.
- Y que lo digas, Méndez. La primera obligación de un liberado es acudir a las manifestaciones con sus familias, con las banderas rojas y republicanas, que nos cuestan un ojo de la cara, y con los altavoces. Y que se aprendan las consignas, que pagamos un huevo a poetas muy imaginativos para que nos hagan los pareados.

- Pienso, Toxo, que debemos destituir de sus puestos de liberados a los que no vengan. No está ni Toñete.

- Claro, ese es de Renfe y se habrá ido de puente y encima gratis. Pero todavía peor que los liberados, Méndez, son nuestros compañeros de trabajo, nuestros empleados. Les pagamos religiosamente a fin de mes, como Dios manda, y no veo a casi ninguno. Martínez, por ejemplo, me ha dicho que asistió el viernes al Consejo de Administración en el que nos representa y, claro, ese tremendo esfuerzo le ha dejado agotado.

- En eso tiene razón, lo que no quita que debamos hacer un ere y eliminar a todos los tibios con el pretexto de que la derecha nos ha recortado las subvenciones.

- Me parece bien. Gracias a la reforma laboral de Rajoy solo tenemos que pagarles 20 días de indemnización. Pero habla bajo, Méndez, no se vayan a enterar de lo que decimos.
- Sí, que un tal Feito nos pone a parir.
- ¿Y quién es Feito?
- Pues uno que escribe. Dice que a causa de nuestras exigencias han tenido que cerrar 400.000 empresas y que 2.000.000 de trabajadores están en paro por nuestra culpa.

- ¡Qué monstruosidad, Méndez! ¿Y cómo piensa ese vaina que vamos a subsistir si no nos hacemos notar en la vida española? ¿Sabe Feito cuántos empleados tenemos que pagar, cuántos edificios que mantener, cuántos viajes que sufragar? La gente no tiene sentido común, no sabe lo dura que es la vida de un dirigente sindical.

- Lo de hoy, pase, Toxo. Pero el martes, el 1 de mayo, no podemos fallar.
- De acuerdo. Ordena a los liberados y a los empleados que vengan. Habla con Alfredo y con Cayo para que el PSOE y el partido comunista nos envíen a sus huestes. No podemos hacer otra vez el ridículo, oye, que tenemos cerca de 400.000 delegados sindicales y millares y millares de liberados. Ah, y que se repartan bocatas de jamón ibérico y cerveza de marca, que eso anima a muchos.

- ¡Qué país, Toxo, qué país! Ni en Cuba ni en Corea del Norte ocurren estas cosas.

- Pero, vamos, Méndez, hay que empezar ya la manifestación. Tira palante gritando que los de Rajoy se quedan con todo.

(Conversación grabada unos minutos antes de que comenzara la manifestación del pasado domingo en Madrid.)

Por Luis María Anson, miembro de la Real Academia Española, en El Mundo.
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Más escritor que periodista esta vez

agente t
07/11/2012, 17:18
Los máximos dirigentes de UGT y CCOO, promotores de la huelga general del próximo día 14, están de gira por las principales capitales de España para explicar las razones del paro que han decidido convocar en defensa de los trabajadores. Ayer le tocó el turno a Murcia, qué se le va a hacer, pero lo más curioso de la tournée sindical es que estas reuniones las mantienen con los delegados regionales de los propios sindicatos, a los que también hay que persuadir para que se sumen a la huelga porque igual ni siquiera ellos andan muy convencidos.

La buena noticia es que Méndez y Toxo ya tienen perfectamente identificados a los responsables de la crisis económica, a saber, el gobierno (actual) y los empresarios (no progresistas). Según los dos representantes máximos de la voluntad obrera, el gobierno de Rajoy desmantela los derechos de los trabajadores a golpe de BOE y los empresarios se aprovechan de la situación para despedir a los obreros, porque todo el mundo sabe que lo que quiere cualquier gobierno es destruir empleo y que no hay empresario que no sueñe cada noche con la posibilidad de cerrar su empresa para echar a la puñetera calle a sus asalariados.

UGT y CCOO han agudizado sus críticas a los empresarios desde la aprobación de la reforma laboral –por cierto, la que ellos aplican para poner en la puñetera calle a sus trabajadores tras el descenso acusado del trinque presupuestario–. La lucha de clases entre los obreros y los propietarios de los medios de producción recupera así su lozanía para enmascarar la verdadera lucha social de nuestros días, la que se da entre los que pagan impuestos, usted y yo, y los que viven de ellos, como Méndez, Toxo y su alegre muchachada de liberados.

Porque hasta los sindicalistas saben que la práctica totalidad de los empresarios españoles, la mayoría autónomos, trabajan hoy en día tanto o más que sus empleados, así que, en esencia, forman parte también de la clase trabajadora. La huelga anunciada iría entonces contra los grandes patronos, aquellos que exprimen al obrero para robarle la parte de las ganancias que le corresponde, según la escatología marxista. Pero de esos últimos, según los criterios de la UE basados en la facturación anual, en España quedan solamente unos 4.500, ¡siete veces menos que liberados sindicales! Así que, de seguir la lógica sindical, España, país con 47 millones de habitantes, 17 millones de trabajadores, 5 millones de parados y 3,2 millones de empresas, va a sufrir una huelga general para evitar que esos cuatro mil quinientos señores actúen con sus trabajadores como UGT y CCOO hacen con los suyos.

Normal que Méndez y Toxo estén haciendo estos días más kilómetros que el baúl de doña Concha Piquer. Tienen mucha tarea por delante para convencer a los trabajadores, empezando por sus afiliados, de la necesidad de otra huelga general; pero sobre todo para evitar que la gente los señale cuando, el día de la huelga, lean en la pancarta el lema: "Hay culpables".

Pablo Molina, en LD

agente t
13/11/2012, 16:27
Aunque se las han recortado un poco con la crisis, los sindicatos siguen recibiendo subvenciones del PP, como las recibían del PSOE. Son unos fenómenos para recaudar dinero. Se lo sacan al Gobierno central, a las Comunidades Autónomas, a los Ayuntamientos, a las Diputaciones... Cobran directa, indirectamente, por la cara o a la remanguillé. Legal, ilegal o alegalmente. Para cooperación internacional, para cursos, para los ERE, para la lucha antidroga, para conciliación familiar, para programas de "sensibilización" social... ¡Para todo!

El miércoles tienen convocada una huelga general. Muchos currantes españoles que están hartos del Gobierno de Rajoy (como estaban hartos del de Zapatero) no irán a la huelga. Primero, porque la convocan estos sindicatos desacreditados y pesebreros, y segundo, porque al currante que hace huelga le descuentan el sueldo de ese día, y no está la cosa como para regalar pasta.

¿Pero a todos los huelguistas les descuentan dinerillo de su salario?¡No! Por ejemplo, a los liberados sindicales no les quitan ni un céntimo, salvo que lo soliciten personalmente por escrito. Convendría que se enteraran de esto los sindicalistas "de base", los que pagan las cuotas y trabajan. Que también los hay.

Pagamos su montón de liberados,
sus sedes, su alquiler, sus ascensores,
sus teléfonos, sus ordenadores,
sus gritos, su rojez, sus pareados.

Pagamos sus chalets, sus adosados,
su marisco, su vino, sus licores,
sus ERE, sus chanchullos, sus favores
y sus cursos de mierda a los parados.

Pagamos su sandez, su chulería,
y el tiempo que se pasan cada día
rascándose la parte que les cuelga.

Pagamos sus coacciones, sus tumultos,
sus métodos mafiosos, sus insultos...
e incluso su salario de la huelga.

Fray Josepho, en LD

agente t
14/11/2012, 17:28
El sindicato CDR

No conviene exagerar en las comparaciones para resaltar el mal de algo porque puede salir beneficiado el que menos lo merece. Ocurre cuando se tacha de nazi a alguien que tiene tintes racistas o apunta maneras de caudillito. Los que se benefician en esa comparación son el nazismo y los negacionistas porque hay una distancia insalvable entre el que asesinó a 6 millones de judíos –un hecho– y el que tiene pinta de que podría hacerlo –una remota posibilidad.

Hay una distancia enorme, por ejemplo, entre un Comité de Defensa de la Revolución cubano (CDR) y un sindicato izquierdista español (básicamente, UGT y CC.OO). La hay también entre un "acto de repudio" de civiles castristas frente a la casa de un opositor anticastrista y una célula de energúmenos haciendo novillos. O entre una sesión de "sumisión y renacimiento" de la China de Mao y un piquete "formativo" de CC.OO o UGT. Pero si existe esa distancia es, como en el caso del caudillito al que no debe llamarse nazi, porque no han tenido oportunidad de acceder al poder. Si les llegara el día, no les faltaría estructura política y civil para superar en eficacia a sus ancestros.

Este 14-N lo hemos visto, lo hemos vuelto a ver. Un corrillo amenazaba, insultaba y vejaba a una ciudadana que, apostada delante de su comercio, se negaba a bajar la persiana. A su lado, varios miembros de la UIP de la Policía disuadían de pasar a la segunda fase: rotura de cristales y quién sabe si agresión física directa. Pero no respondían a lo que estaba sucediendo: la comisión de un delito, de varios, más bien. ¿Tiene que preguntar el agente a la ciudadana si quiere denunciar, que señale, mirándole a los ojos, al que la está amenazando e insultando o lo sucedido era suficiente para actuar en consecuencia? Ya lo habían dicho en la víspera: "el derecho a la huelga estará por encima del derecho al trabajo". Al final, tuvo que apretar los dientes y bajar la persiana. Victoria para el CDR.


Les dejo algunos otros vídeos bien recientes sobre actos de repudio en Cuba –de China no nos cuentan ni los muertos de Tiananmen, como para encontrar vídeos similares– para que encuentren las diferencias, que gracias a Dios todavía las hay. Quizá en la próxima huelga española alguno ya se atreva a cantar esa cancioncilla que dice así:

De cara a cara con el porvenir,
qué meta puede hablar,
si no es la meta de vencer o morir.
En cada cuadra un comité,
en cada barrio revolución,
cuadra por barrio, barrio por pueblo,
país en lucha: revolución.

Desde las cuadras crece mi país,
se desarrolla y se proyecta así,
qué importa el reto, la respuesta es:
en cada cuadra un comité,
en cada barrio revolución,
cuadra por barrio, barrio por pueblo,
país en lucha: revolución.

Desde que el sol rompió su molde,
y el enemigo su consuelo,
ya desde entonces la respuesta fue:
en cada cuadra un comité,
en cada barrio revolución,
cuadra por barrio, barrio por pueblo,
país en lucha: revolución.

Desde la sierra a la ciudad,
tanto en el monte como en el mar,
cuadra por barrio, barrio por pueblo
a la vanguardia va el Comité

por Javier Somalo, en LD

http://www.libertaddigital.com/opinion/javier-somalo/el-sindicato-cdr-66371/

agente t
25/03/2013, 16:10
ERE ANDALUCIA: Comisiones por dar «información privilegiada»

La titular del Juzgado de Instrucción número 6 de Sevilla, Mercedes Alaya, sostiene que los sindicatos cobraban sus comisiones por la «información privilegiada» sobre empresas en crisis que aportaban a las mediadoras en los ERE, lo que abría a éstas oportunidades de negocio ante la posible formalización de pólizas de prejubilaciones.

Los últimos autos de la instructora del caso avanzan en el presunto beneficio que CCOO y UGT habrían obtenido con los Expedientes de Regulación de Empleo financiados por la Administración autonómica.

Alaya considera «peregrina» la justificación que esgrimen los sindicatos para defender dicho cobro, «la toma de datos», toda vez que la consultora tenía posteriormente que recabar la información de los trabajadores por ser «parcial e incompleta» la suministrada.

Federaciones sectoriales de los sindicatos mayoritarios cobraban un porcentaje de la prima de cada póliza por una supuesta labor de asesoramiento. Éste oscilaba entre el 0,5% y el 1% y lo abonaban las mediadoras cuando recibían el dinero de la aseguradora, una vez que a éstas les transfería el dinero la Junta.

En el auto con el que mandó a prisión a los directivos de Vitalia Eduardo Pascual y María Vaqué, la juez reprocha que las compañías aseguradoras facilitaran que las consultoras cobraran comisiones «por encima de la media de mercado» en lugar de oponerse a que se fijaran éstas al tener «dudas» sobre su legalidad.

De otro lado, frente a la versión de Pascual y Vaqué, que defienden que no conocían el día a día de la consultora, la instructora sostiene que éstos llevaban el «control personal de lo que acontecía en Vitalia» y que, sólo con el «conocimiento y la autorización» de éstos, se podrían haber adoptado decisiones como la fijación de sobrecomisiones, la inclusión de intrusos o la colocación de testaferros al frente de algunas sociedades.

Los imputados creen que las sobrecomisiones a las que alude la juez se ajustaban a la media ponderada de mercado y estaban reguladas por la Dirección General de Seguros.
De otro lado, la defensa de Pascual tiene prácticamente decidido solicitar la nulidad del auto por el que se mandó a prisión a su cliente al considerar que se dictó fuera del plazo máximo de detención (72 horas).

La defensa, además, juzga «absolutamente innecesario» el encarcelamiento, ya que Pascual «lleva más de dos años compareciendo regularmente ante la Policía por exigencia de la Audiencia Nacional».


ANTONIO SALVADOR y SEBASTIÁN TORRES, en El Mundo

agente t
26/03/2013, 17:24
«Tras los últimos escándalos que han zarandeado al PSOE con los eres andaluces; a CIU, con las suculentas mordidas del 4% y el espionaje; al PP, con los manejos de Bárcenas, se vislumbran ya nuevas revelaciones que colocarán a CCOO y UGT en la picota».

Publiqué este párrafo el pasado día 26 de febrero aquí mismo, en un artículo titulado Contra el chantaje de los sindicatos. La magistrada Alaya ha encarcelado a Juan Lanzas, exsecretario de la Federación Agroalimentaria de UGT en Andalucía, y ha afirmado que miembros de UGT y CCOO «buscaban empresas en crisis para incrementar el negocio» y que ambos sindicatos «cobraban comisiones aunque no hubiesen efectuado trabajo alguno».

Que nadie aproveche, sin embargo, el colosal escándalo de los eres para descalificar a los partidos políticos y a los sindicatos. Los partidos políticos son imprescindibles en la articulación de una democracia plena. No hay que destruirlos sino embridarlos. Es necesario que se democraticen internamente. La descalificación de los partidos políticos el siglo pasado condujo al estalinismo en Rusia, al nazismo en Alemania, al fascismo en Italia, al franquismo en España y al salazarismo en Portugal. Con todos sus defectos es mejor el actual sistema que el de partido único.

Los sindicatos constituyen una pieza clave para defender a los trabajadores de la voracidad empresarial y forman parte esencial de la democracia pluralista plena. No se trata de destruirlos sino de embridarlos. Se han convertido en un negocio y en agencias de colocación para enchufar a parientes, amiguetes y paniaguados. Gastan desaforadamente. Y el 90% del despilfarro sindical se paga con dinero público, con las subvenciones directas o indirectas de las cuatro Administraciones, la central, la autonómica, la provincial y la municipal.

Que presuntamente algunos sindicalistas y los propios sindicatos hayan hecho negocio con el dinero público destinado a los trabajadores sacudidos por los eres, clama al cielo en donde habita el incorruptible Marcelino Camacho. Si con motivo del caso Gürtel o del descalabro de Bankia, han tenido que declarar ante el Congreso de los Diputados, importantes políticos, empresarios de relieve y banqueros de excelencia, como el gobernador del Banco de España, parece obligado que Méndez y Toxo, dirigentes de UGT y CCOO, sindicatos señalados para la magistrada Alaya, comparezcan ante el Congreso de los Diputados, es decir ante la soberanía popular, para dar explicaciones de lo ocurrido en Andalucía. El escándalo producido por la implicación sindical en el latrocinio de los eres es de tal magnitud que los responsables de la tropelía no se pueden ir de rositas. Ha llegado la hora de que Toxo y Méndez comparezcan ante el Congreso de los Diputados y no escondan la cabeza y sus responsabilidades bajo el ala del chantaje sindical.

Afirmaba Lenin que la repetición es clave para hacer prosperar una idea. No le faltaba razón al gran teórico del comunismo. Así es que voy a reiterar lo que he afirmado en varias ocasiones. La regeneración democrática de los partidos políticos y los sindicatos pasa por una ley que, en resumen, diga lo siguiente: «Ningún partido político, ninguna central sindical, podrá gastar un euro más de lo que ingrese a través de las cuotas de sus afiliados».

Luis María Anson, miembro de la Real Academia Española, en El Mundo.

agente t
13/06/2013, 17:42
Perdí la inocencia hace años, una lejana noche de abril. Invitado a cenar en casa de una amiga, nos presentó a su cuñado. Alguien preguntó su profesión. Respondió sonriente: "Liberado sindical". Con sincera expresión de perplejidad, pregunté: "Pero… ¿eso es una profesión?". Prefiero no contarles lo que ocurrió después. Nada peor que una pregunta estúpida.

El imprescindible Pedro Tena ha desvelado en Libertad Digital que el secretario General de UGT de Andalucía falseó gastos sindicales para percibir un sobresueldo. No solo no me extraña: dudo de que sea una excepción. Y sospecho que no tiene conciencia de haber obrado mal, sino, al contrario, de estar mal pagado por defender sin descanso a los trabajadores.

Cuando el sindicalismo es una profesión, se pierde la propia, y por tanto el vínculo que llevó a un trabajador a defender y mejorar en lo posible las condiciones de trabajo de sus compañeros. En todo sindicato –como en la vida– hay personas mejores y peores. Pero una estructura perversa de incentivos no solo promociona el ascenso de los peores, sino lo peor de cada uno. Es lo que tiene la corrupción: corrompe. Créanme: el falseamiento de facturas para cobrar sobresueldos no es la más perniciosa de las prácticas de los grandes sindicatos.

Es discutible qué modelo sindical –si alguno– es mejor para el interés de los trabajadores. Es incluso dudoso que exista un "interés de los trabajadores" distinto del de cada uno de ellos. Pero el sindicalismo español nada tiene que ver con eso, sino con un diseño político de los que tutelaron la Transición. Es un sindicalismo corporativo creado desde el comienzo a base de dinero, prebendas y privilegios. Los que disponían de poder real –a qué nombrarlos– no podían concebir que el único partido de izquierdas relevante fuese el Partido Comunista y el único sindicato digno de tal nombre, Comisiones Obreras. Por eso, el apoyo a un Partido Socialista liderado por un cómodo líder como González fue parejo a la creación de un sindicato, UGT, que era solo historia lejana. Todo regado con dinero. Mucho dinero.

El resto es conocido: devolución del patrimonio sindical, privilegios, subvenciones, horas sindicales sin control, miles de millones para formación inútil pero rentable, más devolución de patrimonio sindical… La mayor estafa inmobiliaria de nuestra historia se llamó PSV, empresa de UGT. En determinados ámbitos, la actividad sindical no es más que un tira y afloja en el que se compra paz social por mantener una casta privilegiada. ¿Les suena de algo? Esto es España.


Créanme: nadie sale moralmente indemne de un baño tan masivo de dinero y privilegios. Cuantos se han acercado a los grandes sindicatos o partidos políticos con auténtica vocación de servicio raramente no han salido escaldados. Sobresueldos ilegales –lo rechazable es la ilegalidad– como los del secretario general de la UGT de Andalucía eran práctica generalizada en amplios sectores. También de la Administración. Y con las mismas técnicas.

La hipocresía política resalta sobresueldos legales e ignora los ilegales según los protagonistas sean unos u otros. Poco les importa abogar por la moral pública y el cumplimiento de la ley. En lo más profundo de la peor de las crisis, la casta se aferra a sus privilegios. Hoy pretenden ignorar el falseamiento de facturas, los sobresueldos ilegales, en una entidad sindical que pretende defender a los trabajadores con dinero de todos los ciudadanos. Estos sindicalistas, como tantos políticos, no solo se libraron de su profesión: se liberaron del cumplimiento de la ley y de la justicia. El caso del secretario general de UGT en el corrupto feudo de una Andalucía enfangada en el más corrupto populismo es fundamental, porque habrá estremecido a muchos otros beneficiados. Es solo una de las puntas de tantos icebergs de corrupción.


Asís Timermans, en LD
vialibreblog.wordpress.com

agente t
30/09/2013, 16:31
La concentración verde de ayer en Palma para «gritar» por una enseñanza pública de calidad fue un fracaso. Nunca he visto tanta gente junta, pero por alguna razón no me impresionó. Está acreditado el pésimo gusto que tiene la gente para escoger qué hacer con su tiempo libre. Me impresiona (y deprime más) el gentío que sale a la calla a ver el aiguafoc en San Sebastián. Los manifestantes se acercaban ayer a la gran arteria verde de las Avenidas, como domingueros que se dirigen al centro del pueblo un día de feria. De hecho, a las dos horas de tambores, pitidos y apenas avance de esa marea, la mitad de la peña, decepcionada al no encontrar tenderetes de artesanía medieval ni puestos de venta de mermelada, se retiró a sus casas. La manifestación fue un fracaso porque la gente no le puso ganas. Muchos llevaron a sus bebés en mochilas, amados bultos. Pero nadie, ni uno, llevó a su perro, a su gato ni a mascota alguna debidamente embutida en un calcetín verde.

La marea ofrecía resquicios y pude atravesarla, llevándome ya a la libreta algunos eslóganes de pancarta como estos: «Esto no es una marea, es un tsunami. Resistiremos». «Bauzá, la has cagado», era el lema de un cartel en el que el presidente autonómico salía de un váter. Otro enorme rezaba: «Niños de Baleares: Bauzá es el hombre del saco». Todo en este plan, iluminando el camino hacia una educación de calidad. «Dimite en trilingüe», decía otro. Me detuve a ver pasar la corriente y vi que dos personas que se cruzaban se miraban con resignación. «Ya ves, aquí», dijo una. «Qué remedio», respondió la otra. Era una mujer hermosa. Me volví ipso facto hacia ella y le dije: «¿Cómo que qué remedio?». «Es que llevamos muchas ya, esto cansa».

El TIL vi que no pintaba demasiado en el ambiente reivindicativo: en general, se pedían más recursos para la enseñanza pública. Lo del trilingüismo puede esperar. Me dije: entonces esta protesta no debería acabarse con la retirada del TIL. Esta guerra no se debe parar hasta que el Gobierno balear meta dinero a espuertas en la educación. 50.000 personas están en la calle, me dije, para que 900 profesores vuelvan a ser contratados. Qué solidarios. Qué buena es la gente.

La marea verde, en fin, fue tan abundante que se salió del frasco. En la famosa heladería C’an Joan de Saigo, dos profesores de universidad ingleses se preguntaron por el fenómeno de la clientela teñida, y tras charlar con los de verde sacaron sus propias conclusiones. Una fue que algo chirriaba con una protesta pro defensa de la enseñanza pública tan sonora, cuando no hubo demandas ni protestas por mejorar nada cuando empezamos a ser el culo y la cola de los informes Pisa. La otra fue que los de verde habían acudido a la convocatoria por cumplir con los maestros de sus hijos, por quedar bien. Por presión pura y dura.

Román Piña Valls en EL MUNDO

agente t
15/10/2013, 15:53
«La trampa de los liberados o el abuso de los eres son calderilla menor al lado del gran negocio de los cursos de formación», me decía un exdirigente sindical, avergonzado por la voracidad de UGT y CCOO para trincar dinero público. Los liberados forman parte de la camelancia de las centrales, que disponen, gracias a ellos, de gentes que nutren sus manifestaciones a las que los trabajadores cada vez acuden menos. El bocadillo, la dieta y el autobús gratis de Solís Ruiz han sido sustituidos por la trapisondería de que la empresa pague a los caraduras para que no den un palo al agua y, a cambio, acudan a las concentraciones sindicales. Esperanza Aguirre denunció con dos tacones la sinvergonzonería y en algunas Comunidades se ha empezado a restringir el número incontable de los liberados.

Los eres sangran en la conciencia de las centrales. A costa del dinero público destinado a aliviar la situación de los parados, algunos sindicalistas se han forrado los bolsillos y los sindicatos han pagado facturas de actividades tan ejemplares como viajes gratis total, banquetes suculentos o mariscadas en que no falte de nada. Pero el dinero de verdad no está ahí. El dinero incesante fluye de los cursos de formación que en gran parte se han convertido en una desmesurada camelancia para colmar los bolsillos sindicales del dinero que procede de unos contribuyentes sangrados hasta la hemorragia por los dirigentes políticos. Difícil contabilizar los miles de millones –¡miles de millones!– que en los últimos años se han derrochado en los llamados cursos de formación destinados en teoría a preparar a los desempleados para futuros trabajos. Sin negar que se han organizado cursos serios, los sindicatos se han mofado de la opinión pública, para justificar el dinero embolsado con otros cursos no tan serios como risoterapia, gimnasia mental, acoso moral, asilo presencial, globalización…

Cándido Méndez e Ignacio Fernández Toxo saben ya que, desde diversas instancias, se han puesto en marcha equipos de investigación para denunciar los abusos cometidos y denunciar ante la opinión pública y ante los jueces el destino de una parte de la colosal cantidad de dinero derramado sobre las centrales sindicales. Cándido e Ignacio han puesto sus barbas a remojar. No les llega la chupa al cuerpo. Si alguien tira de verdad de la manta de los cursos de formación, el escándalo puede fragilizar definitivamente la imagen de los sindicatos.

En la Comunidad de Madrid se manejan datos demoledores. Por lo pronto, Ignacio González ha dejado en 4 los 71 cursos de formación que los sindicatos impartían y ha reducido en un 90% el dinero público del que Méndez y Toxo se beneficiaban: de 2.600.000 euros se ha pasado a 196.000. Valencia ha emprendido el mismo camino. Otras Comunidades estudian la situación. Y también numerosos municipios, aparte la Administración central. Las denuncias de abusos han alcanzado tal volumen que en cualquier momento un juez, o una juez con los tacones tan bien puestos como Alaya, puede iniciar la investigación judicial, lo que convertiría al magistrado o magistrada en estrella rutilante de la judicatura. Me consta, por otra parte, que algunas investigaciones periodísticas están muy avanzadas.

Los sindicatos son piezas esenciales en una democracia pluralista. Por eso hay que andar con mucho cuidado con las denuncias. No se trata de destruir a los sindicatos. Se trata de regenerarlos y democratizarlos. Se han convertido en un suculento negocio y en agencias de colocación. Una lástima. Desempeñaron un papel esencial en la Transición. Y tanto Nicolás Redondo, el grande, como el inolvidado Marcelino Camacho, un hombre honrado, constructivo e inteligente, contribuyeron de forma decisiva al trasvase sin violencia de una dictadura atroz de 40 años a una democracia plena.

La tembladera sindical ante la investigación sobre los cursos de formación ha dejado sin aliento a Méndez y a Toxo. El incesante maná del gran negocio puede cesar de raíz. La espada de Damocles se balanceará sobre las cabezas de los sindicatos si se pone en marcha la maquinaria de la justicia. Los gansos sagrados del Capitolio sindical graznan ya sin cesar, advirtiendo a Toxo y a Méndez del asalto de jueces y periodistas.

Luis María Anson, miembro de la Real Academia Española, en El Mundo

agente t
13/11/2013, 19:17
UGT, SA

El negocio de los cursos de formación parece ser uno de los más boyantes aun en tiempos de crisis. Pero negocio para quien los imparte y eso, con toda seguridad, no sólo afecta a la UGT. Habría que averiguar cómo se lo han montado CCOO o la CEOE a cuenta de esta partida que al Estado le cuesta la friolera de casi 2.000 millones de euros todos los años, en la suma de todas las modalidades de formación.

Si los partidos políticos se han financiado ilegalmente a base de donaciones y de otras prácticas abusivas, lo que se publica hoy en estas páginas es un auténtico entramado legal, pero totalmente impresentable para convertir la formación a los trabajadores y parados en un suculento negocio en beneficio en este caso de UGT, sin que eso excluya prácticas parecidas en otras organizaciones.

A tenor de las cifras gastadas por el Estado, a las que hay que sumar las empleadas por las comunidades autónomas, los ayuntamientos, las diputaciones y la propia UE, los parados españoles debían ser los mejor formados no ya de Europa, sino del planeta entero. Lo que pasa es que esos cursos de formación son en su mayoría un auténtico timo destinado, por ejemplo, no a proporcionar una vía de acceso al mundo del trabajo a quien ha quedado fuera de él, sino a enmascarar una vía de financiación suplementaria y muy provechosa del sindicato. Están pensados para nutrir generosamente a quien los imparte.

De momento, habría que saber cuántos de los parados y empleados que se han inscrito en uno de esos cursos de formación lo han seguido en su totalidad. Y luego convendría saber cuántos parados han encontrado trabajo gracias a ese curso. Porque los famosos cursos, que llevan gastados miles de millones de euros del dinero público a lo largo del tiempo, son sobre todo la excusa para que las organizaciones hagan un auténtico negocio que lleva ya muchos años puesto en pie.

Todo a costa del bolsillo del contribuyente. Y eso es intolerable. Resulta que las organizaciones y los partidos están sangrando a los ciudadanos, que no saben que están financiando unas estructuras en las que un grupo muy nutrido de sujetos se han montado un estilo de vida a costa del Estado, que somos nosotros. Y que de eso viven.

Queremos saber qué cursos se han dado, cuántas personas han acudido a ellos y qué grado de aprovechamiento han tenido. Y, en cualquier caso, no es de recibo que a costa de los parados la UGT se monte dos empresas, una de las cuales obtenga unos beneficios del 24%, sin duda una de las empresas más rentables de España. Un sindicato.

Este tinglado es un fraude y no se puede consentir. UGT, y con seguridad no es el único, se ha convertido en un parásito de todos los españoles a cuenta del cuento de la defensa de los trabajadores. Y ahora resulta que UGT es una sociedad anónima como otra cualquiera, pero que se nutre del dinero público para su beneficio, su crecimiento y su supervivencia. Para eso no estaban los sindicatos. ¡Qué perversión y qué estafa!

Victoria Prego, en El Mundo

agente t
17/11/2013, 09:38
Finalmente, no ha podido evitarlo. Cándido, embravecido, considera que desenmarañar las entrañas de sus fondos de formación es atacar "al movimiento sindical". Así, en su conjunto. Porque él encarna los derechos de los trabajadores. Para eso lleva 24 años liderando la UGT. Para protegernos a todos.

Del mismo modo que publicar que los GAL se nutrían de los fondos de Interior era hacerle el juego a ETA, o que dar cuenta de los despistes fiscales de la familia Pujol era ofender al pueblo catalán, desvelar cómo UGT compensa su balance con las saneadísimas cuentas de su fundación de formación atenta contra la defensa del proletariado. Clarísimo.

En el comunicado adjunto pueden leer la extenso nota en la que UGT niega acusaciones que no ha recibido y rechaza aclarar las que sí. Además, califica las exclusivas de este periódico como «la campaña más feroz que se recuerda contra la UGT en toda la democracia». Es curioso que, antes de que EL MUNDO publicara sus "cerca de 15 portadas" sobre sus escándalos, los sindicatos mayoritarios figuraran ya entre las organizaciones más desprestigiadas para los españoles, según el CIS. Entremos en harina.

1. Dice la UGT que no "manipula los concursos para adjudicarle la formación a IFES" porque "no necesita convocarlos". El sindicato se aferra a que la ley que regula los gastos de subvenciones (38/2003, de 17 de noviembre) no cita la palabra "concursos". Pero la norma sí que dice que cuando el importe a subvencionar sea superior a 30.000 euros, como lo es en los cursos, "el beneficiario deberá solicitar como mínimo tres ofertas de diferentes proveedores". Lo que hacía el sindicato era conseguir ofertas más caras, para que triunfase la suya. ¿Qué sentido tiene, en otro caso, que un jefe territorial ordene por escrito a un subordinado que se asegure de lograr presupuestos más caros a los de IFES? ¿No tenía otra cosa que hacer?

2. Asegura el sindicato que IFES es "una fundación sin ánimo de lucro constituida por UGT, una de las entidades de formación para el empleo más reconocidas de nuestro país". Claro, y el Instituto Nóos de Urdangarin también era una fundación sin ánimo de lucro. No digo que se dediquen a lo mismo, sino que la fórmula jurídica no exculpa de nada. UGT pierde la oportunidad de explicar cómo es posible que en los años más duros de la crisis, donde las reservas de las empresas han criado telarañas, IFES registre incrementos patrimoniales cercanos al millón anual. Desde luego, sus gestores deben ser unos fenómenos. Dicho lo cual, ¿por qué no aprovecha el sindicato para desvelar sueldos y dietas? Si IFES no busca el lucro, ¿para qué gestiona dos filiales, una editorial y otra de alquileres, con resultados impropios de sus respectivos sectores?

3. "Es falso que la Confederación Sindical UGT se financie irregular o ilegalmente con fondos para la formación de los trabajadores", arguye el sindicato. Sangra por la herida. En ningún lugar de este periódico se dice que la financiación del sindicato tenga origen ilícito, sino que emplea la rutilante posición financiera que, sorprendentemente, atesora el balance de IFES para compensar sus deudas. El sindicato mantiene con su filial deudas multimillonarias permanentes y en ningún lugar se especifica qué criterios y con qué periodicidad se saldan. Tan sólo un portavoz de UGT nos ha dicho que "se terminan pagando". Eso se llama financiarse con un proveedor, con el agravante de que el deudor es el jefe.
De todas formas, la mejor manera de despejar toda duda es dejarse de insultos y publicar los flujos de caja y de crédito entre UGT y su filial. Así sabremos si es legal o ilegal. Pero de lo que estamos seguros es de que, si es legal, es un chollo contable.

4. "La formación se lleva a cabo a costes de mercado". Demuéstrenlo. EL MUNDO tiene en su poder escandallos de costes en los que el material fungible se coloca a precio muy superior al de mercado. Respecto a los libros, dice UGT, "en muchas ocasiones IFES ha conseguido precios inferiores a los de mercado". No puede ser de otra manera. Para eso es un comprador masivo y para eso tiene una empresa cuyas rentabilidades baten a las del resto del sector que se dedica a intermediar entre el mercado editorial. La pregunta es: si consigue los libros tan baratos, ¿por qué los factura después al precio de La Casa del Libro o de El Corte Inglés?

5. Buena parte del comunicado del sindicato se dedica a desmentir un detalle en el que muy poco ha incidido este periódico por considerarlo secundario: el fraccionamiento de las facturas. Argumenta UGT que "el objetivo es evitar facturas con importes muy elevados que dificultarían la supervisión de la justificación". Bueno, pues si es así, para usted la perra chica, don Cándido, pero la costumbre es hacer las facturas más pequeñas para que pasen desapercibidas. Y no al contrario.

Francisco Pascual, en El Mundo

agente t
20/02/2014, 17:02
Prefiero una Coca-Cola a un liberado sindical, los Estados Unidos a las hambrunas socialistas, la fuerza de la libertad a la corrupción intervencionista. Prefiero los 3.500 puestos de trabajo que después de la tormenta mantendrá Iberian Partners, la sociedad resultante de la integración de las siete embotelladoras de Coca-Cola en España, a los millones de empleos que se han perdido por culpa de los convenios colectivos, una estafa al trabajador honrado y un atraco al empresario, hasta que tiene que acabar cerrando.

Prefiero un ERE a un cierre definitivo, una reorganización empresarial a un piquete cínicamente llamado informativo y del que tendría que ocuparse la Policía. Prefiero el riesgo del empresario a la terrible maquinaria del Estado, la competitividad al igualitarismo, tan contrario a los intereses de la Humanidad.

Persiste el viejo estalinismo ya entrado el siglo XXI. Los siniestros permanecen anclados en el totalitarismo y la lección fundamental de la propiedad privada continúa siendo opaca para ellos. No han entendido todavía que los derechos emanan de los deberes, que su sueldo tiene que depender del beneficio que contribuyan a generar, y que sólo pueden cobrar una vez por su trabajo.

Nada, no han entendido nada. En su inaudita necedad, PSOE e Izquierda Unida han llamado al boicot contraCoca-Cola y han exigido al Gobierno que tome represalias contra una empresa privada que trata de reorganizarse para ser competitiva y viable, creando así una inseguridad jurídica ideal para que las grandes multinacionales huyan de nuestro país o desestimen instalarse aquí las que todavía no han llegado.

He vuelto a beber una Coca-Cola diaria. En agradecimiento, en homenaje. Por lo bien que me ha hecho sentir durante tantos años, por ser símbolo de la mejor América, por el vigor del capitalismo, por la magia de Santa Claus, por nuestro estilo de vida. Porque entre tanto resentimiento y tanto cretino, el ruido de una lata de Coca-Cola abriéndose es música de insurgencia.

Ayer salí a desayunar con mi hija y le dejé beber un sorbo de mi Coca-Cola. Sólo uno porque si no mami se va a enfadar. Luego, de vuelta a casa, le enseñé a decir: «Somos los buenos y os vamos a ganar».

Salvador Sostres, en El Mundo