dbayona
27/06/2007, 23:19
La Justificación Última de la Ética de Propiedad Privada
H.H. Hoppe
Ludwig von Mises, en su obra maestra La Acción Humana presenta y explica el cuerpo completo de teoría económica como implicada en, y deducible de, la comprensión conceptual del significado de acción (además de unos supuestos generales explícitamente introducidos sobre la realidad empírica en la que la acción se realiza). Él llama este conocimiento conceptual el "Axioma de Acción," y demuestra en qué sentido el significado de acción -valores, fines, medios, elección, preferencia, ganancia, pérdida, y costo- del cual la teoría económica se deduce debe ser considerado considerado conocimiento a priori: no es derivado de impresiones en nuestros sentidos sino por reflexiones mentales (uno no ve acciones, sino que interpreta ciertos fenómenos como acciones); y, más importante, no puede ser invalidado por ninguna experimentación, porque todo intento de hacerlo presupone ya la existencia de acción y la compresión del actor de las categorias de acción (hacer experimentos es, después de todo, una acción intencional en si misma).
Después de reconstruir la Economía como derivada de una proposición a priori verdadera, Mises dice haber alcanzado el fundamento último de la Economía. Él denominó a este tipo de Economía "Praxeología", La Lógica de La Acción, para enfatizar el hecho de que sus proposiciones -las leyes económicas- pueden definitivamente ser probadas en virtud del indisputable axioma de acción y las igualmente indisputables leyes de razonamiento lógico (como las leyes de indentidad y contradicción) -completamente independiente de cualquier tipo de prueba empírica (como se emplea, por ejemplo, en Física). Mises, sin embargo, a pesar de que su idea de Praxeología y la construcción de un cuerpo completo de pensamiento praxeológico -la Economía- le ubica entre los grandes de la tradicción occidental de racionalismo y su búsqueda de fundamentos ciertos, no cree que este tipo de proposiciones puedan ser hechas en asuntos éticos. De acuerdo a Mises, no existe justificación última en asuntos éticos en el mismo sentido que existe para proposiciones económicas. La Economía nos puede informar si ciertos medios son apropiados para alcanzar ciertos fienes, pero si los fines son justos no puede ser decidido por la Economía u otra ciencia. No hay justificación para elegir esta meta en lugar de esa otra meta. En última instancia, la meta elegida es arbitraria desde un punto de vista científico, un asunto subjetivo, incapaz de justificación alguna más allá del simple hecho de ser del gusto del que la propone.
Muchos libertarians (y ni que decir de los no-libertarians) han seguido a Mises en este punto. Como Mises, ellos han se han rendido a la posibilidad de un fundamento racional de la ética. Por supuesto, como él hace, ellos han hecho todo lo posible en Economía para demostrar que la propiedad privada produce un nivel de vida más alto que cualquier otro sistema. Pero al final, como Mises ciertamente entendía, tales consideraciones pueden sólo convencer a alguien que previamente ha aceptado la meta 'utilitarista' de maximización general del bienestar. Para esos que no comparten esa meta, ellos no pueden convencerlos de nada. Y por tanto, al final del análisis, el libertarianismo está basado en nada más que un arbitrario acto de fé (por muy popular que sea).
En el siguiente paper quiero delinear un argumento que demuestra por qué esa proposición es insostenible, y cómo, de hecho, la ética de propiedad privada del Libertarianismo -esencialmente lockeana- puede ser últimamente justificada. En efecto, este argumento apoya la posición de derechos naturales del libertarianismo como expuesta por el otro gran pensador del moderno movimiento libertario, Murray N. Rothbard - especialmente en su Ética de la Libertad. Aún así, el argumento que establece la justificación última de la propiedad privada es diferente al que típicamente ofrece la tradición de derechos naturales. En lugar de esta tradición, es Mises, y su idea de Praxeología y pruebas praxeológicas, quien provee el modelo.
Quiero demostrar que sólo la ética libertarian de propiedad privada puede ser justificada argumentativamente porque es la pre-suposición praxeológica de argumentación en sí misma; y porque cualquier propuesta ética no libertarian que se desvía puede ser mostrada en violación de la preferencia revelada. Tal tipo de proposiciones pueden ser hechas, por supuesto, pero su contendio proposicional entraría en contradicción con la ética con que uno demuestra preferencia en virtud de su propio comportamiento, esto es, el acto de entrar en argumentación. En la misma forma en que uno puede decir "la gente es y siempre será indiferente para hacer las cosas," porque uno se contradice con el mismo hecho de hacer tal proposición, porque eso de hecho demuestra una preferencia subjetiva (de decir esto en lugar de decir algo diferente o de no decir nada), entonces las propuestas éticas no libertarias son falseadas por la hecho de ser propuestas.
Para alcanzar esa conclusión y para entender correctamente su importancia y fuerza lógica, dos observaciones son esenciales.
Primero, debe notarse que la cuestión de justo o injusto - o de forma más general, el asunto de qué es una proposición válida- sólo aparece porque soy capaz, y el resto también, de intercambiar proposiciones, es decir: soy capaz de argumentar. Tal pregunta no aparece en las piedras o los peces, porque esos seres son incapaces de entrar en tales intercambios proposicionales y más aún, son incapaces de producir ese tipo de proposiciones. Si ése es el caso -y nadie puede negar eso sin entrar en contradicción, de la misma forma que uno no puede argumentar que no puede argumentar- entonces debemos asumir que cualquier propuesta ética, como cualquier otra proposición, debe poder ser validada por medios argumentativos. De hecho, cuando uno piensa y crea proposiciones y/o argumenta externa o internamente, uno demuestra su preferencia por entrar en un debate argumentativo para convencer al resto sobre algo. Y entonces debe ser considerado el fracaso último de una propuesta ética si uno puede demostrar que el contenido de tal propuesta es lógicamente incompatible con lo que hace el que la propone.
H.H. Hoppe
Ludwig von Mises, en su obra maestra La Acción Humana presenta y explica el cuerpo completo de teoría económica como implicada en, y deducible de, la comprensión conceptual del significado de acción (además de unos supuestos generales explícitamente introducidos sobre la realidad empírica en la que la acción se realiza). Él llama este conocimiento conceptual el "Axioma de Acción," y demuestra en qué sentido el significado de acción -valores, fines, medios, elección, preferencia, ganancia, pérdida, y costo- del cual la teoría económica se deduce debe ser considerado considerado conocimiento a priori: no es derivado de impresiones en nuestros sentidos sino por reflexiones mentales (uno no ve acciones, sino que interpreta ciertos fenómenos como acciones); y, más importante, no puede ser invalidado por ninguna experimentación, porque todo intento de hacerlo presupone ya la existencia de acción y la compresión del actor de las categorias de acción (hacer experimentos es, después de todo, una acción intencional en si misma).
Después de reconstruir la Economía como derivada de una proposición a priori verdadera, Mises dice haber alcanzado el fundamento último de la Economía. Él denominó a este tipo de Economía "Praxeología", La Lógica de La Acción, para enfatizar el hecho de que sus proposiciones -las leyes económicas- pueden definitivamente ser probadas en virtud del indisputable axioma de acción y las igualmente indisputables leyes de razonamiento lógico (como las leyes de indentidad y contradicción) -completamente independiente de cualquier tipo de prueba empírica (como se emplea, por ejemplo, en Física). Mises, sin embargo, a pesar de que su idea de Praxeología y la construcción de un cuerpo completo de pensamiento praxeológico -la Economía- le ubica entre los grandes de la tradicción occidental de racionalismo y su búsqueda de fundamentos ciertos, no cree que este tipo de proposiciones puedan ser hechas en asuntos éticos. De acuerdo a Mises, no existe justificación última en asuntos éticos en el mismo sentido que existe para proposiciones económicas. La Economía nos puede informar si ciertos medios son apropiados para alcanzar ciertos fienes, pero si los fines son justos no puede ser decidido por la Economía u otra ciencia. No hay justificación para elegir esta meta en lugar de esa otra meta. En última instancia, la meta elegida es arbitraria desde un punto de vista científico, un asunto subjetivo, incapaz de justificación alguna más allá del simple hecho de ser del gusto del que la propone.
Muchos libertarians (y ni que decir de los no-libertarians) han seguido a Mises en este punto. Como Mises, ellos han se han rendido a la posibilidad de un fundamento racional de la ética. Por supuesto, como él hace, ellos han hecho todo lo posible en Economía para demostrar que la propiedad privada produce un nivel de vida más alto que cualquier otro sistema. Pero al final, como Mises ciertamente entendía, tales consideraciones pueden sólo convencer a alguien que previamente ha aceptado la meta 'utilitarista' de maximización general del bienestar. Para esos que no comparten esa meta, ellos no pueden convencerlos de nada. Y por tanto, al final del análisis, el libertarianismo está basado en nada más que un arbitrario acto de fé (por muy popular que sea).
En el siguiente paper quiero delinear un argumento que demuestra por qué esa proposición es insostenible, y cómo, de hecho, la ética de propiedad privada del Libertarianismo -esencialmente lockeana- puede ser últimamente justificada. En efecto, este argumento apoya la posición de derechos naturales del libertarianismo como expuesta por el otro gran pensador del moderno movimiento libertario, Murray N. Rothbard - especialmente en su Ética de la Libertad. Aún así, el argumento que establece la justificación última de la propiedad privada es diferente al que típicamente ofrece la tradición de derechos naturales. En lugar de esta tradición, es Mises, y su idea de Praxeología y pruebas praxeológicas, quien provee el modelo.
Quiero demostrar que sólo la ética libertarian de propiedad privada puede ser justificada argumentativamente porque es la pre-suposición praxeológica de argumentación en sí misma; y porque cualquier propuesta ética no libertarian que se desvía puede ser mostrada en violación de la preferencia revelada. Tal tipo de proposiciones pueden ser hechas, por supuesto, pero su contendio proposicional entraría en contradicción con la ética con que uno demuestra preferencia en virtud de su propio comportamiento, esto es, el acto de entrar en argumentación. En la misma forma en que uno puede decir "la gente es y siempre será indiferente para hacer las cosas," porque uno se contradice con el mismo hecho de hacer tal proposición, porque eso de hecho demuestra una preferencia subjetiva (de decir esto en lugar de decir algo diferente o de no decir nada), entonces las propuestas éticas no libertarias son falseadas por la hecho de ser propuestas.
Para alcanzar esa conclusión y para entender correctamente su importancia y fuerza lógica, dos observaciones son esenciales.
Primero, debe notarse que la cuestión de justo o injusto - o de forma más general, el asunto de qué es una proposición válida- sólo aparece porque soy capaz, y el resto también, de intercambiar proposiciones, es decir: soy capaz de argumentar. Tal pregunta no aparece en las piedras o los peces, porque esos seres son incapaces de entrar en tales intercambios proposicionales y más aún, son incapaces de producir ese tipo de proposiciones. Si ése es el caso -y nadie puede negar eso sin entrar en contradicción, de la misma forma que uno no puede argumentar que no puede argumentar- entonces debemos asumir que cualquier propuesta ética, como cualquier otra proposición, debe poder ser validada por medios argumentativos. De hecho, cuando uno piensa y crea proposiciones y/o argumenta externa o internamente, uno demuestra su preferencia por entrar en un debate argumentativo para convencer al resto sobre algo. Y entonces debe ser considerado el fracaso último de una propuesta ética si uno puede demostrar que el contenido de tal propuesta es lógicamente incompatible con lo que hace el que la propone.