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Ver la Versión Completa : Una fantasía propagada por Stiglitz



agente t
26/12/2011, 20:20
A quienes me señalan las tonterías económicas que repiten los políticos, los intelectuales, los empresarios o los periodistas, les suelo responder que sí, que en efecto, las bobadas económicas proliferan en esos ámbitos y en muchos otros, pero donde reinan, campan a sus anchas, se solazan y se reproducen como conejos es en el ámbito… de los economistas.

Esto es así indudablemente, y además lógicamente. Es razonable esperar que quienes se dedican a una cosa digan las mayores tonterías sobre esa cosa. Consuela también pensar que probablemente también protagonicen los mayores aciertos.

Joseph Stiglitz, destacado economista y Premio Nobel, sin ir más lejos, acuñó, o desde luego puso en amplia circulación en sus libros sobre la globalización, la expresión “fundamentalismo de mercado”, eficaz retórica que identifica al liberalismo con los asesinos más extremistas y transmite la idea de que la característica que predominó en las políticas económicas del planeta fue algo parecido a la anarquía…

Esta fantasía fue creída por multitud de personas cuando no tiene base empírica: en realidad los Estados no se redujeron, ni tampoco lo hicieron sus regulaciones, controles, multas, prohibiciones e intrusiones variopintas.

Se puede entender la lógica de la perdurabilidad de esta ficción: resulta política e intelectualmente cálida, no fuerza a nadie a cambiar de opinión. Pero es realmente notable que nada menos que un Premio Nobel de Economía como Stiglitz haya llegado a afirmar en serio que lo que ha caracterizado a España es “el reinado del libre mercado ilimitado”.

Carlos Rodríguez Braun, en LD

agente t
18/02/2013, 17:14
Los accionistas de Bankia están a punto de perder el 99% del desembolso que hicieron por sus títulos cuando salieron a Bolsa hace menos de dos años. Bankia fue valorada entonces por los auditores en 10.500 millones de euros. El Banco de España avaló esa estimación y Zapatero presentó la operación como un modelo.

Solamente nueve meses después, Bankia era intervenida y el Estado se veía obligado a pedir a la UE un préstamo para inyectar 20.000 millones de euros en la entidad, que, según los técnicos del Frob, estaba quebrada y tenía un valor negativo. Bankia perdió de enero a septiembre de 2012 más de 7.000 millones de euros. Quienes habían comprado acciones preferentes (ignorando la naturaleza del producto) y los 300.000 accionistas van a sufrir un importante quebranto sin que todavía nadie haya asumido la más mínima responsabilidad por lo sucedido o se haya dignado a dar una explicación coherente.

Estos días hemos visto al ex gobernador Ordóñez echar la culpa a Guindos y a éste acusar de inoperancia al Banco de España, que desde luego tuvo una actuación nefasta, rayana en lo delictivo. Pero el principal responsable de la quiebra de Bankia se llama Rodrigo Rato, que aceptó la lesiva fusión con Bancaja e inició una huida hacia adelante que sólo podía acabar en el desastre. En lugar de rodearse de un equipo competente, reprodujo en el consejo un Parlamento en miniatura, formado de políticos y enchufados, escandalosamente remunerados y sin ninguna aptitud para el cargo.
Su inconsciencia va a provocar ahora el despido de cerca de 5.000 empleados, el cierre de más de 1.000 oficinas y un brutal recorte salarial, además de arruinar a los accionistas y esquilmar al Estado.

Es verdad que Rato se tendrá que sentar seguramente en el banquillo, pero el daño ya está hecho. Y nadie ha pagado por las responsabilidades políticas, que son flagrantes en este caso. ¿Cómo es posible que el Banco de España dejara salir a Bolsa a una entidad que estaba en quiebra?

El affaire Bankia pone de relieve que estamos ante un capitalismo de amiguetes, en el que son mucho más importantes las conexiones con el poder que el mérito o el talento profesional. Bankia no sólo es un gran fiasco económico sino que además es la demostración de la corrupción del sistema. En este país, comporta muchas menos consecuencias gestionar de forma fraudulenta un gran banco o evadir una fortuna a través de paraísos fiscales que robar unos pañales para un bebé.

Pedro G. Cuartango, en El Mundo

agente t
12/04/2013, 17:30
El hércules de los ERE fraudulentos, el maciste del paro, el gigante de la corrupción al sur de Despeñaperros, o sea, José Antonio Griñán, ha echado mano de un latiguillo de la Teología de la Liberación (en su caso, Patología de la Apropiación) para justificar su asalto a la propiedad privada de los pisos en alquiler con inquilinos que no pagan.

El sucesor de Chaves como ministro de Trabajo y presidente de la Junta de Andalucía, o sea, archiheredero de la Pomada, ha dicho que la propiedad tiene un límite, que es su función social. ¡Ah, lo social! ¡Qué olvidado lo teníamos desde Solís! Le ha faltado añadir a Griñán que su Gobierno socialcomunista es el que decidirá qué función social le parece adecuada para la propiedad que no es suya. Porque seguro que la propiedad del presidente de la Junta tiene una función esencial: pertenecerle a él. No sé los pisos y propiedades que tiene el neoteólogo sevillano pero estoy seguro de que él está seguro de que tienen una sagrada razón de ser: la de ser suyos. A Griñán le ha faltado salir en plan Chávez, con zeta, ante las cámaras de Canal Sur y tronitonar: «¡exprópiese!». Aunque como lo suyo es suceder, puede trocar la boina golpista por el sombrero de paja con pajarito encima, como Maduro, el sucesor de Chávez, e irse al patio de Monipodio a tomar clases de ganzúa.

El sucesor de Chaves, con ese, otro fraile mendicante sin un chamizo donde caerse muerto, tiene un problema: que el dedo expropiador señale alguna de las 5.000 viviendas vacías de la propia Junta de Andalucía, tras deshauciar a los que no pagaban. La rojísima consejera de vivienda, aspirante al trono de los escraches, firmó el año pasado más de cien deshaucios, como ha demostrado Pedro de Tena en Libertad Digital. O sea, que lo de la función social de la propiedad, vulgo atraco, es fruto teológico reciente. Se les ha ocurrido a los comunistas y/o socialistas para tapar el escandalazo de los ERE fraudulentos, homenaje a la propiedad en forma de apropiación que han rendido al pueblo trabajador Alí Babá y los cuarenta mil ladrones de la juez Alaya.

La función social de la propiedad es que no esté al alcance de los déspotas. De ahí el «No hurtarás» de los Diez Mandamientos. Donde los políticos no respetan la propiedad, no hay libertad ni prosperidad. O sea, Cuba; o sea, Andalucía.

Federico Jiménez Losantos, en El Mundo