Ver la Versión Completa : Liberalismo y neoliberalismo
Me permito opinar desde la óptica de los países subdesarrollados de Latinoamérica
En el momento histórico que nos sirve de marco, hay sólo dos sistemas de pensamiento para optar: el Liberalismo y el Socialismo
Estamos en un mundo en el que el capitalismo avanza como nunca lo había hecho antes; pero no estamos ante el avance de un capitalismo cualquiera, no señor
Estamos ante la emergencia del capital global
Se acerca el día en el que los izquierdistas tendrán que saber algo que parece extraño: todos tendremos que defendernos de las transnacionales
De este modo, en lugar de despotricar contra el “imperialismo yanqui” se dirá, por ejemplo, “Abajo el imperialismo de la IBM o “¡Abajo el imperialismo de la industria china!”
La lucha habrá de ser muy difícil, pues nadie puede combatir en igualdad de condiciones contra el tipo de cambio, la tasa de interés y la especulación
En vez de aprestarnos a librar batallas de cartón, alistémonos para competir en el mercado internacional; demostremos que podemos competir allí donde haya que competir
Incrementemos el grado de nuestra productividad
El Socialismo ya mostró que no tuvo ni la menor oportunidad de vencer al capital
Tres generaciones fueron sacrificadas en vano
Millones de seres fueron torturados, asesinados, masacrados, en vano
Por el otro lado, estemos seguros de que no será el Neoliberalismo la corriente que habrá de sacarnos del pantano en el que nos debatimos
No es el Neoliberalismo la fuerza volitiva que unirá a los países subdesarrollados
No puede serlo, porque el Neoliberalismo es la feroz deformación del pensamiento liberal; el Neoliberalismo es la radicalización del ala derecha del Liberalismo
El Liberalismo nació con filósofos y filósofos políticos como Locke, Hobbes, Montesquieu, Tocqueville, Voltaire
Nació anunciando que el ser humano tiene derechos
Luchó también contra la monarquía absoluta y la autocracia de los reyes
Fue la filosofía que habló de la libertad individual por primera vez en la historia y sirvió de aval a un sistema capitalista naciente
El liberalismo político dio lugar al liberalismo económico en cuyas primeras fases tuvo a A. Smith como su máximo representante; en realidad, como a su creador
Pero el liberalismo económico jamás podría haber surgido de no ser por la ideología del liberalismo sobre la libertad, por lo que, tratar de separar el Liberalismo Económico del Liberalismo Político es un despropósito.
También recordemos que un sistema de pensamiento tiene su ideología; es con ella que percibe al mundo y se diferencia de las otras
El intento de anular la ideología, por parte de los neoliberales, es un intento de convertir al hombre en un simple instrumento para la producción
El Neoliberalismo ya no apoya a un sistema capitalista energético y creativo, como era el que anuló la época feudal; más bien, representa a un capitalismo maduro y especualtivo
Liberalismo y Neoliberalismo no son lo mismo; inclusive, son antitéticos
El Neoliberalismo representa ahora los intereses de las grandes transnacionales
El Neoliberalismo reniega de su pasado liberal
El Neoliberalismo es la fase actual del Anarco-capitalismo, nacido el año 1950 y cuyo fundador fue Murray Rothbard; del cual hablaremos en mayor detalle
Así, nos enteramos que el Neoliberalismo es una rama del anarquismo individualista
Seguiremos.
Blacutt
Me da la impresion que tienes un embalado en la cabeza. Como decia el camarada Stalin "no hay que escuchar las palabras que tratan de ocultarnos la verdad, hay que mirar a los hechos que estan en la superficie". Pues dejate de escuchar a los esloganos de izquierda, mira a su alrededor.
agente t
18/04/2011, 16:43
La expresión neoliberalismo es la actual forma despectiva de referirse al liberalismo por parte de la izquierda, utilizando como referentes de crítica para tal propósito supuestas políticas liberales que en realidad son modernos ejemplos de mercantilismo, es decir, que se utiliza una forma antiliberal de desenvolvimiento económico, y sus pésimas consecuencias, para atacar al liberalismo, lo que no deja de ser una estrategia clásicamente fascista.
La expresión neoliberalismo es la actual forma despectiva de referirse al liberalismo por parte de la izquierda
Efectivamente. Carlos Rodríguez Braun ha analizado el empleo de la palabra neoliberalismo, determinando que se usa en dos sentidos:
- O bien significa exactamente lo mismo que liberalismo, con lo cual el prefijo neo- es innecesario.
- O bien significa cualquier cosa, pues se usa para calificar todo aquello que no le guste a la izquierda, sea lo que sea.
En cualquiera de los dos casos, resulta un término confuso y su uso poco aconsejable.
agente t
26/06/2011, 17:34
Socialdemócrata oprimida por los poderes financieros
Por Francisco Capella en LD
Según la escritora y periodista Irene Lozano "la socialdemocracia es, en sí misma, liberal por los cuatro costados". Pero resulta que ser liberal consiste en defender derechos individuales de propiedad, el principio de no agresión y el cumplimiento de los pactos voluntariamente contraídos, valores que los socialdemócratas no enfatizan precisamente. Mientras que el liberalismo se basa en la igualdad ante la ley, el socialismo pretende la igualdad mediante la coacción legal: al socialista no le gustan los resultados de los procesos espontáneos de interacción voluntaria y libre entre personas y se cree con derecho a alterarlos en nombre de una presunta justicia social. Unos socialistas son revolucionarios y pretenden corregirlos a lo bruto mediante revoluciones proletarias; otros entran en el juego político y tratan de hibridar socialismo y democracia.
Lozano asegura que la socialdemocracia aspira a corregir las injusticias del sistema liberal, pero no nos informa de cuáles son esas supuestas injusticias ni tampoco menciona si la socialdemocracia consigue corregirlas en algún grado y a qué coste. Está tan despistada esta escritora en su análisis del liberalismo que cree que las tres décadas de predominio de la socialdemocracia fueron una "edad de oro" de "simbiosis de socialismo y liberalismo" y "de un sentido común tan apabullante que hasta los conservadores británicos construían vivienda protegida".
Es difícil hacer simbiosis entre opuestos irreconciliables como el socialismo, la institucionalización de la coacción colectiva, y el liberalismo, la defensa del individuo frente la agresión ajena. Los conservadores, como su propio nombre indica, no son necesariamente liberales. Y construir vivienda protegida no es una muestra de sentido común sino la manifestación del deseo de captar votos de unos y la capacidad de organización como grupos de presión de otros.
Para Lozano las ideas liberales están sumidas en una grave crisis, "secuestradas por un fanatismo que amenaza con devolvernos a un capitalismo de tintes premodernos". Los secuestros, los fanatismos, las amenazas y lo premoderno son todos términos con connotaciones muy negativas: tal vez por eso los usa para ocultar su disgusto ante el auténtico liberalismo y su falta de argumentos rigurosos.
Lozano cree que los liberales pueden presumir de "su oposición a la concentración de poder". No parece capaz de distinguir entre el poder económico, que se agrega y consigue para servir a los demás, y el poder político, que se organiza para utilizar la fuerza contra otros.
Parece que los liberales sufren una "obcecación contra la supuesta opresión económica de los Estados": pobres de nosotros obsesos y cegados por un aparato intervencionista, regulatorio y fiscal que en realidad sólo es "supuesto". Los inermes Estados, según ella, están "acogotados por las exigencias de un poder financiero cuya felicidad requiere más dolor y menos derechos para el ciudadano".
El poder financiero consiste en la posibilidad de negarse a seguir prestando dinero a quienes parece que no tienen la capacidad o la voluntad de devolverlo. No plantea exigencias categóricas o absolutas, sólo pone condiciones para que le demuestren una cierta solvencia ante las peticiones de fondos. Además el poder financiero no está concentrado en una única entidad, justo al revés que un Estado, que es un monopolio de la coacción: cualquiera puede comprar deuda del Reino de España o cualquier otra emisión soberana. Si no lo hacen, o si exigen tipos de interés más altos, o si plantean la necesidad de cierta disciplina fiscal, tal vez es que los ahorradores que se pretende que sean prestamistas tienen derecho a preocuparse por su propia felicidad tanto como esos ciudadanos que se nos presentan como pobres sufridores detentadores de múltiples derechos. Pero el dolor actual viene de excesos insostenibles anteriores, y esos presuntos derechos que ahora al parecer se coartan son siempre a costa del prójimo (esto que lo pague otro).
Para Lozano, los Estados muestran hacia el exterior una "impotencia clamorosa": claro, los Estados usan la fuerza de forma legal en su interior, en su territorio, sobre sus súbditos, los regulan y confiscan su riqueza a cambio de una amplia variedad de presuntos bienes públicos. Pero hacia el exterior carecen de soberanía, no pueden obligar a que los extranjeros les presten ni pueden manipular sus divisas. A Lozano esto le parece inaceptable y critica fallos en la "sensibilidad liberal" porque no denuncia "que la mayor amenaza a la autonomía del individuo y al autogobierno reside hoy en la nulidad de los poderes democráticos para someter al poder financiero". O sea que para ser autónomos y autogobernarnos tenemos que poder someter a los ahorradores extranjeros, que suponen una amenaza porque podrían cortarnos el grifo, lo cual sería una violentísima agresión e intromisión en nuestros asuntos. Es un signo claro de necedad e inmadurez pretender que la autonomía consiste en que los demás no pueden poner condiciones para las relaciones con nosotros y protestar amargamente si lo hacen.
Para esta torpe defensora de la socialdemocracia "el gran inconveniente de los mercados es que su poder no es democrático", que son despóticos, y es necesario "imprimir un giro social a la economía". Exige preocupación por "la hegemonía actual de esos entes fantasmagóricos llamados "mercados", que por no tener no tienen ni rostro, que no se presentan a las elecciones, ni rinden cuentas ante los ciudadanos, ni explican sus programas, pero ostentan la facultad de imponer la visión del mundo más beneficiosa para ellos".
Los mercados son sistemas y procesos descentralizados en los que participan ingentes cantidades de personas, por eso no tienen un solo rostro como parecen reclamar quienes, acostumbrados de forma instintiva a la relación personal propia de la tribu, no los comprenden y los ven como fantasmas hegemónicos. Cada productor en el mercado se presenta a las elecciones de los consumidores y clientes todos los días, rinde cuentas ante sus accionistas, explica sus proyectos empresariales, y sobre todo no impone por la fuerza nada a nadie. Sólo una mente pequeña y limitada como la de esta escritora puede pretender que los mercados se comporten como el jefe del colectivo.
Para Lozano "resulta inaceptable" que los acreedores "dicten políticas económicas al margen de los órganos de la soberanía popular", que eso es "extorsión". Como la inmensa mayoría de los presuntos intelectuales de la actualidad, no sabe decir "no me gusta" o "me opongo": pretende dar una lección ética sobre lo que puede o no aceptarse. Y resulta no ser precisamente competente tampoco en este ámbito, ya que asegura que "no aceptaríamos, a cambio de un préstamo, otorgar al director de la sucursal bancaria la capacidad de decidir si llevamos a nuestros hijos a un colegio más barato o vendemos las joyas familiares". ¿En nombre de quién habla con esa primera persona del plural? Tal vez haya individuos que sí entiendan las recomendaciones o condiciones de un banquero semejante, que simplemente le está diciendo que reduzca gastos o liquide patrimonio si quiere tener crédito y recibir un préstamo.
Hay un pequeño detalle que brilla por su ausencia en la confusa exposición de esta señora: los mercados, precisamente por su carácter difuso, no imponen medidas políticas para seguir prestando, simplemente adaptan los tipos de interés a las circunstancias de riesgo de cada prestatario. Quienes están imponiendo conductas de austeridad a algunos países para seguir ayudándoles resultan ser, sorpresa... ¡los gobiernos de otros países!
La extrema incompetencia de Lozano en la comprensión y la aplicación de sus citas de Hayek y Smith se dejan como ejercicio para los lectores interesados.
agente t
29/06/2011, 17:18
Un grupo de presuntos intelectuales y artistas de izquierda tienen una ilusión compartida. Ellos quizás entienden la ilusión como "esperanza cuyo cumplimiento parece especialmente atractivo"; en realidad se trata de un "concepto, imagen o representación sin verdadera realidad, sugeridos por la imaginación o causados por engaño de los sentidos". Es decir, una alucinación.
Al parecer "los mercados financieros imponen el desmantelamiento del Estado del bienestar en busca de unos beneficios desmesurados"; "los poderes financieros cuentan con nuestra soledad y nuestro miedo. Sus amenazas intentan paralizarnos, privatizar nuestras conciencias y someternos a la ley del egoísmo y del sálvese quien pueda". Lo de la privatización de las conciencias es una memez de gran calibre que los retrata perfectamente. Se presentan en plan victimista como solos y asustados, cuando se los ve sistemáticamente como masas muy animadas.
No está claro cómo esos mercados, que no tienen ni armas ni ningún representante, pueden someter, amenazar o imponer nada a nadie: quizás lo que pasa es que hay ahorradores que se niegan a seguir prestando a derrochadores e insolventes, lo cual no es nada extraño ni escandaloso; más que buscar beneficios desmesurados, que la deuda pública no suele proporcionar, probablemente se conformen con no tener que asumir riesgos de pérdidas abultadas.
El mal llamado Estado del bienestar sigue vivito y coleando con mínimos cambios cosméticos, por mucho que algunos histéricos se empeñen en que está siendo desmantelado. El que estos activistas critiquen que el Gobierno socialista ha recurrido a "degradar los derechos públicos y las condiciones laborales" hace sospechar que hay muchos en la progresía que maman de esos presuntos derechos públicos (antes llamados "sociales"), y que disfrutan de condiciones laborales no acordes con su escasa productividad gracias a las múltiples prebendas sindicales. Tal vez defienden los servicios públicos porque están cómodamente instalados en ellos. Piden una economía sostenible, pero la sostenibilidad financiera no parece estar entre sus principales preocupaciones.
Critican "un sistema cada vez más avaricioso, que desprecia con una soberbia sin barreras la solidaridad internacional y la dignidad de la Naturaleza y de los seres humanos". Observen la desvergüenza de criticar rasgos morales del sistema, que no es un agente moral, en lugar de mencionar personas concretas con estas graves taras éticas. Y fíjense como la naturaleza se ennoblece con mayúsculas que no merecen los seres humanos.
Nadie prohíbe la solidaridad ni promueve el egoísmo del sálvese quien pueda: algunos nos limitamos a pedir que la cooperación no sea coactiva, que sea un acto libre. El que me obliga a ser solidario con sus problemas viola mi libertad y además quizás sea un parásito caradura que quiere vivir a costa de los demás. Estos ilusos ilusionados no aspiran a construir redes voluntarias de ayuda mutua: lo que pretenden es que nadie pueda negarse a participar en sus descabellados proyectos colectivistas.
Creen ser los únicos con principios y que luchan contra la injusticia. Y aseguran que "todo es posible": qué bonito e ilusionante. Pero va a ser que no, que hay cosas imposibles, y resulta que el socialismo es una de ellas: un engaño compartido.
Por Francisco Capella, director del área de Ciencia y Ética del Instituto Juan de Mariana, creador del proyecto Inteligencia y Libertad y escribe regularmente en su bitácora. En LD
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