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Ver la Versión Completa : Nacionalismo



agente t
12/12/2010, 10:36
Catalunya desde la distancia

¿Por qué cualquier crítica a los planteamientos del catalanismo es tildada de anticatalanismo?

Ya se celebraron las elecciones y los catalanes hablaron. Pero los que más están hablando de nuevo son los partidos políticos que operan en Catalunya. Por eso, el título que se refiere a Catalunya no sé si es correcto, porque Catalunya probablemente no solo es lo que aparece en la opinión de los partidos políticos que hablan de ella.

Desde la distancia: quiere decir la distancia que, en el caso de quien escribe, se ha ido acrecentando en los últimos años. Desde una sensación de cercanía y simpatía profundas, a una sensación que no significa lo contrario, sino fundamentalmente dificultad para entender lo que está sucediendo en Catalunya. O quizá mejor: no se trata de dificultad para entender lo que está ocurriendo en Catalunya, sino de dificultad para entender las reacciones que parecen mayoritarias en los partidos políticos y que articulan la reflexión sobre lo que está sucediendo en Catalunya.

La mejor manera de responder a esa creciente distancia, a esa creciente dificultad para entender la articulación de esas reacciones, podría ser, probablemente, la de callarse. La mejor manera de responder a esa creciente distancia podría ser la de aceptar el veredicto de la parte de la opinión catalana publicada que dice que quienes han sido críticos con la forma de plantear y llevar adelante todo lo referido al nuevo Estatut, incluido el discurso que se ha convertido en oficial al respecto, responden a un anticatalanismo profundo, que pertenecen a la caverna mesetaria, a un profundo nacionalismo español conservador y de derechas. Sea.

Uno se pregunta, además, qué sentido tiene preocuparse por otros vecinos de la casa común si no está seguro de que quieran seguir siendo vecinos suyos, si quieren seguir habitando en la misma casa o están esperando la mejor ocasión para salir de ella e independizarse como hacen los hijos en cuanto tienen esa oportunidad. Pese a todo, y desde la posición de compartir una lengua común, que no es ni la específica de Catalunya ni la lengua de familia de quien escribe, uno sigue aferrado a la idea de que aún compartimos algo. Desde esa idea, quizá ilusoria, uno se hace algunas preguntas.

¿Por qué cualquier crítica a los planteamientos que hace el nacionalismo catalán, o el catalanismo, es tildada de anticatalanismo? Uno se atreve a pensar que lo más democrático de las constituciones, la garantía de las libertades y derechos fundamentales, vale también y sobre todo para la libertad de no estar sometido a una ortodoxia dogmática que define lo que es ser buen catalán, buen vasco, buen español. Alguien escribió hace años -John Dewey- que lo que más se necesitaba en su tiempo era creatividad e innovación, pero que ni la una ni la otra eran posibles sin crítica, especialmente sin autocrítica. ¿Cómo es posible la crítica y la autocrítica si la opinión pública de una sociedad como la catalana se inmuniza frente a cualquier crítica?

¿Está prohibido pensar que el nuevo Estatut no plantea una federalización de España, sino que tiende a una confederalización del Estado? ¿No es posible, e incluso obligado, tratar de diferenciar el federalismo del confederalismo? Uno puede entender el argumento de que la política de inmersión lingüística en catalán es muy efectiva. Uno puede entender el argumento de que buena parte de la población catalana acepta dicha política. ¿Pero es tan difícil de entender que haya quienes no acepten el argumento de que la alternativa a la política de inmersión sea la segregación escolar en comunidades lingüísticas, como si la utilización en alguna medida pequeña del español como lengua vehicular forzara la segregación escolar en comunidades lingüísticas, que no lo hace?

Es perfectamente entendible que la solidaridad interregional deba tener límites, al igual que la solidaridad entre distintas comarcas de un mismo territorio. Es fácil de compartir que la financiación autonómica es un caos, que existen en el sistema parásitos, aunque los que habitualmente se nombran no sean los mayores. ¿Pero no se pueden plantear estos problemas de cara, sin poner permanentemente en cuestión el conjunto del sistema constitucional? El ganador de las elecciones ha dicho que su empeño estará dirigido a que Catalunya se haga respetar. De todos es sabido que el respeto se gana, no se exige. Se puede ser muy respetado si se sigue siendo miembro de una comunidad, aunque crítico, y dejar de ser respetado del todo abandonando la comunidad. Lo mismo vale para el reconocimiento.

Parece que para algunos la solución al problema del PSC pasa por conseguir mayor autonomía respecto del PSOE. Poco vale mi opinión al respecto. ¿Esa autonomía o independencia respecto del PSOE significa querer implicarse en el conjunto de España de una forma diferenciada, o significa desentenderse del conjunto y mirar exclusivamente por los intereses de Catalunya? Lo izquierdista y lo democristiano antaño resaltaba la unión más allá de las propias fronteras, superándolas, rebajando su valor y significación. Antaño se entendía la política como la fuerza de la unión. ¿Estamos tan seguros de que nada de eso vale ya?

Por Joseba Arregi, en El Periódico de Catalunya

agente t
26/12/2010, 17:39
Esta grieta de diciembre es un gran momento para releer a Renan y su emocionante ¿Qué es una nación? Sequitur ya ha publicado tres ediciones de su cuidado librito bilingüe. La grieta es idónea porque coinciden la Constitución y la Inmaculada y las dos fabricaron naciones. La pauta religiosa ya no sirve: «Cada uno cree y practica a su antojo, lo que puede y como quiere; ya no hay religión de Estado», escribía Renan en 1882, aunque sin imaginar hasta qué punto, un siglo después, las nuevas teocracias acecharían el pacto laico de Europa. Más interesante, y conflictivo, es saber si la Constitución, a sus 32 años, ha dado modo afirmativo a ese «plebiscito diario» que, al decir de Renan, y una vez liquidadas la etnia, la religión, la lengua, los intereses, el ejército y la geografía, constituiría el qué de una nación. No lo parece, desde luego, dada la permanente discusión española. Aunque esa discusión obvia algo esencial: y es que ese plebiscito diario está aún más lejos de dar el sí en Cataluña, Galicia o el País Vasco respecto a su propia condición nacional, es decir, independiente. Hay discusión en España, ciertamente; pero en el interior de las nacionalidades la discusión ni siquiera ha empezado a plantearse en serio. A nuestra Constitución, en su año 32, se le puede plantear algo más: si ha dado origen a un Estado económicamente sostenible y si tiene mecanismos para corregir la situación financiera que no pasen por su reforma. Pero ir por ese lado me apartaría de la celebración de Renan, y de la mención de un aspecto sustancial de su teoría que formuló así: «El olvido, diría incluso el error histórico, es un factor esencial en la creación de una nación, de ahí que el progreso de los estudios históricos resulte a menudo un peligro para la nacionalidad».

Toda constitución sanciona un olvido y la española de un modo claro y rotundo. Naturalmente, y contra lo que piensa el vulgo profesional, se trata de la representación de un olvido. El sujeto histórico olvida porque recuerda. La traición al pacto constitucional español por parte de los nacionalismos históricos (nunca mejor puesto ese adjetivo) ha sido la traición al olvido. En cuanto los nacionalismos empezaron a tener dinero y competencias los pusieron al servicio de la llamada memoria histórica, es decir, a la activación en clave política del recuerdo. Ni qué decir tiene que en ese relato ellos han gozado siempre del papel de víctima; es decir, de la razón y la legitimidad moral. Y sólo una política profunda y etimológicamente ignorante como la del primer Zapatero pudo poner al Gobierno del Estado al servicio de esta causa general contra el olvido. Y así ha sido como 32 años después España se enfrenta a diario a la perversión de Renan: a un plebiscito imposible sobre su pasado.

Por Arcadi Espada en El Mundo

agente t
27/12/2010, 18:49
La reacción de CiU y del PSC ante la sentencia del Tribunal Supremo sobre su modelo educativo es una prueba más de lo rancio de este nacionalismo etnolinguístico, imbuido de ese aire mesiánico impropio de una sociedad moderna. Ruboriza un poco el tener que recordar que la base de una democracia, tal y como se entiende desde mediados del siglo XX, es el Estado de derecho, el imperio de la ley, para el reconocimiento y garantía de los derechos individuales. Que la negativa a cumplir una sentencia, despreciando los mecanismos legales para su recurso, no es sólo una llamada a la rebelión sino una irresponsabilidad, que puede servir al propio ciudadano catalán frente a cualquier decisión de la Generalitat.

Lo más curioso de todo esto, no por sorprendente, sino por miope, es el considerar que existe una fijación del "nacionalismo español" por hundir Cataluña. Y es curioso porque la sentencia ha dictaminado contra una política concreta de un gobierno que forma parte del Estado español; es decir, una institución, en uso de sus facultades legales, corrige la actuación de otra en aras de la máxima de la democracia: la defensa de la libertad individual. El problema es que el nacionalista no entiende de entes individuales, sino colectivos, y que censurar al president o alguna de sus políticas es faltar a toda su nación.

Esta visión arcaica, y arcaizante, de la política, se ha visto en la repercusión que han tenido las palabras de Mario Vargas Llosa con ocasión del Premio Nobel. La reacción exaltada, y teatral, del catalanismo parte de la idea de que criticar el nacionalismo catalán es atacar Cataluña; una conclusión que sería impensable en cualquier democracia europea moderna.

Así, para esos nacionalistas, habría un "nacionalismo español" de "derechas, intransigente y anticatalanista", tal y como dice Joaquim Nadal en Avui. No lo dudo, pero es un grupúsculo marginal, sin poder ni repercusión social, ajeno a las instituciones y a los partidos políticos de ámbito estatal. Este recurso a la invención del enemigo exterior es una característica de los nacionalismos desde su creación en el siglo XIX. Por esto, Nadal, con su identidad líquida, entre nacionalista y socialista, encuentra que las "dificultades de entendimiento entre Cataluña y España" –como si la primera no formara parte de la segunda– proceden del "nacionalismo español", no del catalanismo que busca la diferencia y la ruptura para crear su Estado independiente. Y claro, termina como lo haría un nacionalista disimulado, de forma chusca: "Contra els nacionalismes? No! A favor de Catalunya".

La sensación es que el cambio de gobierno en Cataluña, la salida del PSC y la entrada de CiU, no ha significado nada. Es como si se tratara de una enorme familia política, como el justicialismo argentino, los peronistas, que se van alternando en el poder sin que haya un cambio significativo. A rey muerto, rey puesto, pero en este cuento resulta que era el mismo.

Por Jorge Vilches, en LD

agente t
02/01/2011, 18:23
"¿A qué demócrata le da miedo el derecho a decidir?", acaba de preguntarse Artur Mas justo antes de anunciar que, de grado o a la fuerza, todos los púberes catalanes irán derechitos a la inmersión preceptiva tal como acontecía con el difunto tripartito. A ese propósito, el del libre albedrío nacional, alguna otra vez se ha insistido aquí en lo errado de creer que el catalanismo canónico pretenda la independencia de Cataluña. Muy al contrario, lo que en verdad postula no es la independencia sino el independentismo, que, en el fondo, viene a ser la condición necesaria y suficiente con tal de que la efectiva secesión real no se llegue a consumar nunca.

A fin de cuentas, una Cataluña separada de España supondría, de entrada, la ruina económica cierta para sus filantrópicos promotores. Eventual quebranto metafísico del que la recua de Garibaldis de salón que rodea a Mas resulta ser perfectamente consciente. Pues, aunque en ocasiones semeje cosa distinta, la condición de probo nacionalista ni mucho menos lleva asociada la tara de la idiocia. Así las cosas, al catalanismo ortodoxo solo le resta continuar recitando ad aeternum la dichosa copla del derecho a decidir. De ahí, por cierto, la rutinaria solemnidad con que Mas se ha aprestado a seguir dándole vueltas a la noria de la "transición nacional" durante el discurso de investidura.

Tediosa tautología, ésa del derecho presunto a decidir, que, una vez desnuda de la quincalla retórica al uso, remite a un bucle semántico. A saber, el puro absurdo de que a Cataluña le asiste la prerrogativa de verse soberana porque es una nación. Y es que si posee tal derecho precisamente por tratarse ya de una nación antes de que nadie haya decidido nada, ¿qué valor tendría el resultado de un referéndum al respecto? ¿O acaso el etéreo espectro que responde por Cataluña dejaría de constituir una nación solo porque los vulgares mortales llamados a consulta optasen por mantenerla unida al resto de España, tal como hicieron al ratificar la Constitución de 1978? En fin, collonadas bizantinas al margen, sépase que a día de hoy el titular único del derecho a decidir no es otro que el Partido Popular, en cuyas manos reside la coronación del hereu. Poncio Pilatos, entonces, tiene la palabra.

Por José García Domínguez, en LD

agente t
14/01/2011, 20:14
A veces el torrente de análisis sobre acontecimientos tan preñados de sentimientos encontrados como el último comunicado de ETA nos impide ver con claridad lo evidente: la tregua que se anuncia es un acto fallido que niega en su puesta en escena lo que aparenta anunciar. Ocurre como aquel que quiso negar el lenguaje hablando. ETA hace lo mismo: pretende anunciar un alto el fuego armada hasta los dientes con sus condiciones políticas de siempre. No reparan los torpes que la violencia contra las instituciones democráticas no es sólo la acción física del tiro en la nuca o el coche bomba sino también y sobre todo la pretensión de sustituir las reglas políticas democráticas, por el chantaje político de la violencia. Y confundirla, como si habitaran la misma legitimidad.

Pues bien, el comunicado no es una tregua, sólo la representación en formato de negociación entre iguales de las condiciones políticas por las que han matado. Una desfachatez que desvela la nula voluntad democrática de la banda, pues no han entendido que el abandono de la violencia es, ante todo, el abandono de las condiciones de chantaje político que la generó. Y esas las mantienen intactas, empezando por "el derecho a decidir": "La ciudadanía vasca debe tener la palabra y la decisión sobre su futuro sin ningún tipo de injerencia ni limitación [por parte del Estado]".

Es precisamente este "derecho a decidir", una vez que ha perdido toda justificación romántica la lucha armada, el nuevo formato insurreccional para recuperar apoyo social y perseguir los mismos objetivos soberanistas; es la táctica catalanista. Carod Rovira o Artur Mas niegan la legitimidad de la violencia con la misma determinación que se niegan a cumplir las sentencias constitucionales. Pasan por personas civilizadas, pero agitan los peores instintos emocionales del pueblo. Saben que explotando el egoísmo de la masa y las expectativas frustradas (concierto económico) obtienen la adhesión que nunca alcanzarían a través de la violencia. He aquí la causa de tanto despropósito y desacato. Es el nuevo escenario de la violencia futura: una kale barroka institucional que quema sentencias del Tribunal Supremo en las consejerías y en los medios de comunicación y justifica la insurrección social futura para cuando no haya otra salida por parte del Estado que el procesamiento por desacato. Entonces volverán a salir las Ferrusolas y los Puyoles de antaño a la plaza San Jaume para envolverse en la autosuficiencia soberanista que ahora están amamantando. Acción/reacción.

En su comunicado ETA aparece vencida militarmente, pero ni ha asumido su error ni psicológicamente ha dejado de ser ETA. Sin este requisito la paz no llegará al País Vasco, porque la paz es el respeto a la ley. Con el nuevo escenario insurreccional del "derecho a decidir", los nacionalistas vascos, catalanes y gallegos compartirán los mismos fines políticos que ETA. Pero pasarán por gentes decentes. Ni matarán, ni dejarán de condenar la violencia, pero no acatarán la ley y forzarán pulsos al Estado fuera de la Constitución. Exactamente lo mismo que hace ETA en su comunicado.

Por Antonio Robles, en LD

agente t
20/01/2011, 18:04
El nacionalismo tiene razón cuando dice que los 350.000 euros anuales que cuesta la traducción simultánea en el Senado, un uno por ciento de su prepuesto, es un gasto «no excesivo». El exceso se calcula en relación al grado de necesidad. Y para los nacionalistas locales la lengua es su máximo rasgo identitario. ¿Cómo va a ser excesiva la identidad? El argumento lingüístico sustenta igualmente las decenas de canales autonómicos. Y es el que decide las políticas culturales nacionalistas, allí donde la propagación de la información y el conocimiento están subordinadas a la propagación de la identidad.

Cabe subrayar que, en el caso de la lengua, la política nacionalista no arraiga en el vacío. Es un lugar común contemporáneo que las lenguas merecen protección. Como la salud. Que son, también, un patrimonio cultural. Como las catedrales. Este mismo periódico se muestra justamente beligerante contra la ridícula decisión del Senado, y no sólo ridícula en términos económicos, sino también por lo que esa decisión supone de falacia: España no es un país multilingüe como Suiza o Bélgica, sino un país que dispone de una koiné eficaz: el español es nuestro pinganillo. Pero la beligerancia concreta y local de este periódico se esfuma cada dos por tres cuando publica dulces reportajes melancólicos sobre las lenguas que se pierden (ninguna lengua se pierde, sólo se transforma: de ahí que una inteligencia «identitaria» inteligente siempre prefiera, en la lengua y en la vida, el acento, la manera, la influencia, antes que la frontera y el volapuk); o cuando alude a la «riqueza lingüística» española: lo único que hace esa riqueza es costar dinero, y a manos llenas.

La diversidad lingüística peninsular, como los propios nacionalistas, son datos de la realidad, inesquivables en esta época pueril de España. Es inútil hacer como si no existieran. Pero la aceptación de la realidad no equivale a someterse a ella y, aún menos, a su acrítico ennoblecimiento. ¡Como si un noruego fuera a decir que sus inviernos son un patrimonio y una riqueza! Son. Y lo único sensato que puede hacerse ante ellos es abrigarse.

Es una curiosidad interesante, por último, que esta ceremonia multilingüe haya tenido lugar en el Senado. Las aportaciones del Senado a la democracia española son puramente inefables. Igual que nuestros nacionalismos, la llamada Cámara Alta tiene un grave problema de identidad. Siempre ha sido un lugar sin significado. Y nunca se vio más claro que en la orgía significante del pasado martes, pinganillo.

Por Arcadi Espada, en El Mundo

agente t
21/01/2011, 20:10
La utilización de las lenguas regionales en el Senado nos ofrece una oportunidad inmejorable para desvelar uno de los males que nos aquejan como nación: el trueque de la política como instrumento de racionalización de recursos y necesidades por la dramatización de emociones con fines identitarios.

Sólo a una mente ajena a esta superstición identitaria le puede pasar desapercibida la sutil diferencia entre lo que es un legítimo derecho a utilizar las lenguas regionales en el Senado y su función comunicativa. No parece lógico que teniendo una lengua común dominada por todos, se simule no conocer y se asuma la molesta traducción simultánea y su coste. Es evidente que no es la función comunicativa la que justifica tanta incomodidad, sino su función simbólica. La lengua para los nacionalistas no es un instrumento de comunicación sino de identidad. Con su utilización en el Senado no se gana en entendimiento, se marca territorio. Lo que el sistema constitucional no permite, o sea, convertir el Estado autonómico en Estado plurinacional, lo consigue de facto la traducción simultánea. Los nacionalistas han ganado todas sus batallas desde la restauración de la democracia adueñándose de las palabras, definiendo las cosas y ocupando los espacios culturales desde la escuela a los medios de comunicación (la hegemonía cultural de Gramsci). El resto, o sea, el poder y los cambios legislativos, serán consecuencia de una situación sociológica macerada, subvencionada y, si es preciso, forzada para convertir en inevitable lo que previamente ha sido normalizado. Llámese inmersión lingüística, exclusión de la bandera española de los edificios públicos o cesiones del IRPF asimétricos.

Dos son los fundamentos en que basan los nacionalistas el derecho a utilizar las lenguas regionales en el Senado: la pluralidad lingüística es una riqueza cultural y el coste de la traducción simultánea es rentable por su capacidad para reducir las tensiones territoriales. Hay un tercero que flota entre la utilización interesada y la añoranza del multilingüismo: las lenguas regionales, como españolas que son, no pueden ser excluidas de los organismos oficiales.

Por un lado, la diversidad lingüística no es una riqueza, es un estorbo. La proliferación de lenguas no aporta más comunicación, sino mayores dificultades para relacionarse. Precisamente por eso, uno de los méritos que hoy día se valoran más en el currículum es el dominio de idiomas; no porque añadan más conocimientos, sino porque ponen en comunicación conocimientos encriptados por culpa de la diversidad lingüística. Las lenguas son una barrera al intercambio de conocimientos, más que una fuente de ellos. Y en muchos casos se dedican más horas a descodificar esos códigos lingüísticos, es decir, a estudiar lenguas, que a ensanchar el conocimiento científico distinto del que ellas generan sobre sí mismas. El que el aislamiento ancestral de las comunidades humanas haya dado lugar a lenguas diferentes no significa que su consecuencia sea beneficiosa para el entendimiento humano. Deben ser respetadas, pero no sacralizadas como si fueran especies en extinción. Precisamente cuando el hombre ha tenido oportunidad de amoldar la naturaleza a sus intereses, ha universalizado códigos. El metro es una consecuencia y el STOP otra. ¿La diversidad de cargadores de móviles nos aporta más y mejor servicio que si tuviéramos uno idéntico para todos los teléfonos?

Por otro, los beneficios en paz social de la traducción simultánea son superiores al costo por garantizarla, dicen. Desde luego, 350.000 euros al año no sería coste excesivo si con ello se reducen las tensiones políticas, pero el problema es que ese precio servirá para agravar las tensiones, no para disolverlas. ¿Por qué? Porque la reivindicación nacionalista no busca mayor eficacia comunicativa, sino voluntad de borrar el estatus de lengua común de la española y evidenciar que todas las lenguas están al mismo nivel, para hacer visible e inevitable por contagio lógico que España es una confederación lingüística y por ende, un Estado plurinacional. Bilateralidad primero, Estados estancos después. Vuelta a la mentalidad feudal para imponer al Rey sus condiciones cada vez que les interese. No es una metáfora, Jordi Pujol en 1994 habló de reconvertir España en diversos Estados confederados, con la Corona como único nexo de unión.

En cualquier caso, si fuera útil el pinganillo en el Senado, ¿por qué no en cualquier otro estamento oficial y en todo momento? Si así fuera, los costos se dispararían. A modo de ejemplo: uno de los presupuestos más abultados del Parlamento de la Unión Europea es el dedicado al multilingüismo. 1.123 millones de euros al año, es decir, la friolera de 186.418 millones de pesetas para traducir 23 idiomas, y aún así dejan fuera a otras muchas lenguas: todas las lenguas regionales de España.

A la luz de esta torre de Babel y de euros derrochados de la UE, no es extraño añorar una lengua franca como lo fue el latín en el pasado. En España, sin embargo, la tenemos, pero no la valoramos.

La añoranza del multilingüismo, finalmente, es interesada. España no es un país multilingüe, como tampoco es confederado. Lo es por ejemplo Suiza, con el alemán, el francés, el italiano y el retorrománico, circunscritos cada uno mayoritariamente a su territorio. Pero en España tenemos un idioma común, hablado por todos y oficial a todos los efectos en todos los territorios de España. Es evidente que esta situación jurídica y de hecho no gusta a los nacionalistas, lo cual no justifica que se falsifique.

El precio que hemos de pagar por haber permitido que la dramatización de las emociones haya desplazado a la fuerza de la razón para gestionar los asuntos públicos, me temo que no sea su peor consecuencia.

Por Antonio Robles, en LD

agente t
28/01/2011, 18:09
Como éramos pocos, parió la abuela. Ahora es Pujol, el hombre de Estado, el catalán comedido y prudente quien advierte: si avanza la uniformización, "la alternativa tan solo podría ser la independencia". Lo dijo el martes, 25 de enero, bajo el título: Del Tribunal Constitucional a la independencia. Pasando por Quebec. Lectura recomendable para conocer de cerca el pensamiento íntimo del constructor sinuoso de la Cataluña soberanista basada en el rechazo al mito de una España caduca nacida del dominio de Castilla.

En Cataluña el derecho a decidir va por barrios y se predica de muchas formas. La manera de predicar el "dret a decidir" de CiU es el "el derecho a chantajear". La pela es la pela y las arcas del Gobierno de la Generalitat están vacías. Curiosamente, en las elecciones Artur Mas y el propio Pujol repitieron hasta la náusea que "ahora no toca hablar de independencia". Parece que ya sí. Puede que antes se alimentara el espacio electoral de ERC y ahora se necesita para chantajear al Estado y agitar a la clientela.

Llueve sobre mojado. Artur Mas en La Vanguardia advertía el pasado 9 de enero: "si España no se mueve, hay riesgo de ruptura". Y ayer mismo, añadía: "Desde Cataluña nos hemos de rearmar" frente al "intento de laminación y de disminución" del autogobierno. Su vicepresidenta, Joana Ortega, en Catalunya Radio, se sumaba al chantaje al relacionar las reivindicaciones económicas con la independencia: "Si a esto se le puede llamar [ser] independentista, pues quizá sí, [lo soy]". Y el cabeza de lista de CiU a la alcaldía de Barcelona, Xavier Trias enfatizaba: "Iré a votar a la consulta por la independencia del día 10 de abril, sin duda".

Seguramente los ciudadanos preferirían que el presidente de Cataluña se rearmase para asegurar empresas como Nissan o Yamaha, derrochase menos millones en sostener a Spanair por cuestiones identitarias en clara competencia desleal contra el resto de compañías (especialmente Vueling), pusiese límites a la deuda pública o acabase con la política internacional de embajaditas. Pero esas acciones son empíricas y verificables, el magreo de sentimientos no, y además crea "país".

La escusa de Pujol ha sido las sentencias del Tribunal Constitucional y del Tribunal Supremo. Cosas de la liturgia soberanista. La de Artur Mas es la administración de los "recursos propios" a través de un "pacto fiscal", o sea, el "concierto económico" o cupo vasco. Forma y fondo. A veces es la pasta, o sea, el fondo; a veces es el Volksgeist, el espíritu del pueblo, la nación, la bandera... la forma. Y siempre la advertencia, la bronca, el chantaje.

Mala cosa es para una nación que algunos de sus gobiernos regionales utilicen la amenaza de la ruptura institucional cada vez que la aritmética democrática no les es favorable. La estructura del Estado no puede depender de las disputas democráticas ordinarias.

Hay quien cree que a estas bravuconadas no hay que darles demasiado crédito. La autosuficiencia perdonavidas de buena parte de la intelectualidad política española afincada mentalmente en Madrid siempre las ha despreciado. Sin embargo, Pujol sabe lo que dice y por qué lo hace, Artur Mas achucha para conseguir beneficios, Joana Ortega se deja querer para estar en misa y repicando, y Trias dispara con escopeta de perdigones. Pero mientras estos profesionales del chantaje utilizan el tremendismo para conseguir ventajas hablando de independencia, una pléyade de adolescentes inadvertidos interpretan la chulería al pie de la letra. Así crecerán, nunca sabrán por qué piensan así. Sentirán. Eso es todo.

Esta misma mañana en RAC 1 Pujol insistía: "Somos diferentes [es decir, somos superiores], (...) La inmersión lingüística es un punto clave. Si nos dicen que la inmersión lingüística se ha acabado, esto es un casus belli". Inquietante pasividad del Gobierno de la nación y del fiscal general del Estado ante esta espiral de violencia en el lenguaje de altos representantes del Estado: "Tenemos que rearmarnos", dice Mas, y añade Pujol, "tumbar la inmersión es causa de guerra".

La ley les ha puesto frente al espejo. Quieren romper el espejo para incumplirla. Tómenles en serio, no para arrugarse, sino para hacerles cumplir la ley.

Antonio Robles, en LD

Sam7777
29/01/2011, 22:22
EL FUTURO DE LA HUMANIDAD
Es el mismo ritmo económico de las necesidades de la humanidad lo que va a determinar la pronta aniquilación de la Tierra. Como las personas son incorregibles no cambian las mentalidades ni el ritmo económico se puede detener. La deforestación no se puede detener, la basura no se puede detener, la contaminación no se puede detener; el efecto invernadero crece; el clima enloquece; la sobrepoblación vuelve cada vez más competitivas a unas sociedades cuya juventud ya no se puede dar el lujo de perder su nivel de vida sosteniendo una familia y tratando de adaptarse al ritmo disfuncional de un hogar y por lo tanto la geriatrización de la población avanza. Y como para el nacionalismo comunista es moralmente inaceptable la legalizaciób de la poligamia la migración que se viene con la apertura de las fronteras a veces salva el obstáculo de los choques culturales y la explosión del racismo y los linchamientos y otras veces pierde; pero la mezcla de las costumbres queda; ¡gracias a Dios! se pierde la odiosa identidad nacional en un dulce y variado y confuso y ya hasta una futurista visión cosmopolita de la vida. Pero el campo magnético de la Tierra sigue perdiendo fuerza y la luz solar avanza, entonces para las futuras generaciones ya la Tierra les quedará chica, ¿para entonces el nivel tecnológico tendrá un nivel tal en los sistemas de propulsión que le permita al menos a parte de la humanidad escapar a otro planeta compatible con la vida humana?

agente t
14/02/2011, 17:33
Demagogia proetarra

Diferencias Ulster-Vascongadas

Por Pío Moa, en LD

Dado el intenso y deliberado confusionismo sobre los dos casos, promovido por las organizaciones proetarras españolas y por la prensa británica con pretensiones de seriedad, mencionaré algunos puntos que no solo diferencian, sino que oponen la cuestión del Ulster y la del nacionalismo vasco.

1. Irlanda fue sometida a sangre y fuego por Inglaterra. Las Vascongadas siempre se consideraron parte de España desde que salieron de la protohistoria, y participaron como tal en todas las empresas hispanas.

2. El Ulster es la última parte de Irlanda retenida, con mejores o peores razones, por Inglaterra. En ella los irlandeses católicos han sufrido tradicionalmente discriminación y humillaciones. Las Vascongadas han pasado por los avatares comunes al resto del país, y desde finales del siglo XIX se convirtieron en una de las regiones más ricas.

3. El nacionalismo irlandés procede claramente de una situación de opresión secular, una de cuyas manifestaciones más brutales fue la Gran Hambruna de mediados del siglo XIX, un hecho no muy disímil del Holodomor sufrido por Ucrania a manos de Stalin. Nada remotamente semejante sucedió jamás en las Vasgongadas.

4. Los ingleses siempre se consideraron muy superiores a los irlandeses católicos. El nacionalismo vasco, surgido muy recientemente en la historia, se basa en un racismo extremo y perfectamente infundado, con la pretensión de ser los vascos una "raza superior", idea tomada en parte de Inglaterra y asentada parcialmente en la expansión industrial bilbaína, vista como signo de tal superioridad. La exhibición de racismo nacionalista desapareció después de la II Guerra Mundial, por razones obvias, pero continúa siendo el fundamento inconfesado de un nacionalismo que, sin tal idea, perdería su razón de ser.

5. En el Ulster se desarrolló un terrorismo mucho más sangriento que en España, y por parte de católicos y de protestantes. En las Vascongadas no ha habido un terrorismo de respuesta al de la ETA por parte de las víctimas, aunque sí algún terrorismo gubernamental, mucho menor comparativamente que el nacionalista.

6. Las negociaciones del Gobierno inglés con el brazo político del IRA tienen su fundamento en la eliminación de una antidemocrática opresión infligida a los católicos. Respecto a las Vascongadas, la llamada negociación no es otra cosa que colaboración con quienes quieren implantar en la región una situación de opresión y discriminación antidemocrática contra los no nacionalistas, y en parte lo han ido consiguiendo. En el caso del Ulster, el resultado favorece la democracia; en el de las Vascongadas va directamente contra ella.

Creo que estas diferencias (el tema podría ampliarse mucho) bastan para explicar por qué no pueden aplicarse las mismas recetas a situaciones en rigor opuestas. Pero hay que insistir en la evidencia contra el confusionismo deliberado de los asesinos, los recogenueces y un Gobierno de hecho proetarra.

etrusk
20/02/2011, 18:25
Sobre los catalanes sin barretina:
http://etrusk.blogspot.com/2009/01/sobre-los-catalnes-y-la-barretina.html

Sobre los catalanes con barretina:
http://etrusk.blogspot.com/2010/07/una-realidad-incomoda-del-catalanismo.html

agente t
13/03/2011, 18:05
Podemos definir el nacionalismo como la doctrina democrática según la cual la soberanía pasa del soberano, del monarca, a la nación, es decir, al pueblo. Y, por tanto, toda nación tendría derecho, y hasta obligación, de dotarse de su propio estado.

La doctrina suele venir acompañada –pero no siempre– de una patriotería exaltada o de ambiciones imperiales, pues los pueblos no son necesariamente tan pacíficos y desinteresados como los suponían los apóstoles del nacionalismo, para oponerlos al belicismo pretendidamente connatural a los monarcas.

El nacionalismo es, por tanto, un hecho históricamente muy reciente, y ha dado impulso a la creación de muchas naciones nuevas. De lo cual han deducido algunos que en realidad las naciones son producidas por el nacionalismo y no a la inversa. Idea tan extraña como pensar que la moda ha creado el vestido o que la medicina ha creado las enfermedades o que las teorías capitalistas han creado el capital. De ahí que oigamos decir que la nación española no existe hasta el siglo XIX (o hasta el XVIII o hasta el XVI, según los gustos de cada cual). Y que antes la palabra España solo designaba una realidad geográfica, como la palabra Gobi designa un desierto y Yucatán, una península americana.

En Nueva historia de España he abordado desde distintos ángulos este problema. Creo que una buena definición de nación puede ser esta: una sociedad de cultura fundamentalmente homogénea con un estado propio. Sin embargo, existen muchas sociedades de ese tipo que han permanecido sin estado a lo largo de siglos –a veces se las llama naciones culturales– y otras en que las dos cosas –estado y cultura– han ido juntas casi desde un principio: naciones políticas o naciones propiamente dichas.

En la historia de Europa ha habido y hay una multitud de sociedades cultural e idiomáticamente diferenciadas, que se han formado, que han desaparecido o se han transformado por incontables invasiones y cruces. Ha habido períodos homogeneizadores como el del Imperio Romano en la mitad sur del continente... aunque en él subsistieron diferencias profundas entre la parte oriental y la occidental, y, dentro de cada una de estas, otras algo más atenuadas. Y ha habido períodos de mayor dispersión y creación de nuevas culturas, lenguas, sociedades y estados diversos, como el que siguió a la caída del Imperio de occidente... aunque subsistió la idea de un imperio, muy ligado a la cultura cristiana, que salvó lo salvable de la civilización grecorromana y creó otra nueva, la europea propiamente dicha.

Ahora bien, el nuevo imperio, que se mantendría de una u otra forma hasta Napoleón, y más parcialmente hasta la I Guerra Mundial, nunca logró su ambición de poner bajo su cetro a toda la cristiandad, ni siquiera a la eurooccidental: en la amplia franja más al oeste, de Escandinavia a Iberia, se formaron desde muy pronto sociedades bastante homogéneas culturalmente que se dotaron de sus propios estados al margen del Imperio.

El caso español resulta paradigmático. Antes de Roma no existía en la Península Ibérica una homogeneidad de ningún tipo que pudiera dar lugar a una nación. Esa homogeneidad se la proporcionó la colonización romana. Dentro del Imperio, Hispania adquirió cierta personalidad propia (nación cultural), aunque no política. Roma fundó España en ese sentido, y la España actual proviene directamente de aquel hecho decisivo. Pero fue el reino hispanogótico de Toledo el que, partiendo de la sociedad hispano-romana, construyó un estado, con clara vocación, conseguida en lo esencial, de abarcar toda la península. España, Spania, aparece entonces como nación. Obviamente, sin la existencia de nacionalismo –aunque sí de patriotismo–, pues la soberanía residía en el monarca, como seguiría ocurriendo en toda Europa hasta la Revolución Francesa, incluso largo tiempo después. También va tomando forma la nación francesa, si bien con una tendencia dispersiva o centrífuga mucho más acentuada que la española. Contra una opinión muy extendida, la nación hispanogoda distó mucho de ser una anécdota o una época de escasa significación histórica: dejó tal impronta que permitió la reconstrucción de España. Fue este un proceso largo, pero tenaz y finalmente exitoso, después de que la misma noción de España estuviera muy cerca de ser borrada de la historia por la invasión islámica: un hecho único en su género.

Pero España también se reconstituyó frente a la ambición globalizadora del imperio de Carlomagno. La España cantábrica, por supuesto, mantuvo buenas relaciones con los carolingios desde una plena independencia; por el contrario, la España pirenaica fue producto de la intervención carolingia, pero siempre se sintió incómoda con ella, hasta el punto de que rompió esa dependencia, rápidamente en Navarra, de forma más lenta en Aragón y en Cataluña. La propia Francia se consolidaría en oposición al después llamado Sacro Imperio Romano Germánico, que en cambio englobaba en el centro de Europa a numerosas naciones culturales, y con tanto éxito que estas no se harían políticas, es decir, naciones propiamente hablando, hasta los siglos XIX y XX.

Había naciones, por tanto, antes del nacionalismo. Pero esta doctrina, una vez expuesta, ha impulsado muy fuertes movimientos políticos, que han desintegrado imperios y transformado naciones culturales en naciones políticas. Aunque el nacionalismo es democrático, en su desarrollo ha adquirido bastantes veces tintes dictatoriales o totalitarios; pero ese es otro asunto. Tampoco ha traído siempre más paz que antes, como esperaban los ingenuos: la sociedad humana es conflictiva, debido a la variedad de intereses en su seno, y por otra parte no siempre la paz constituye el bien supremo.

Pío Moa, en LD

agente t
20/03/2011, 11:04
El editor valenciano Eliseu Climent protagoniza el enésimo capítulo del caso Pretoria, la extensa trama de presunta corrupción urbanística en Cataluña. En esta ocasión, no se trata de adjudicaciones irregulares ni pelotazos inmobiliarios, sino del presunto uso fraudulento de las subvenciones con que diversos gobiernos han sustentado las campañas del militante catalanista.

Según un informe fechado el 10 de febrero que la Guardia Civil ha enviado a la Audiencia Nacional y la Fiscalía Anticorrupción, las cuatro empresas que administran Climent y su esposa, Rosa Raga, se beneficiaron del dinero público que recabó el complejo asociativo montado por el valenciano. La Unidad Central Operativa (UCO) del Instituto Armado ha rastreado los movimientos bancarios de las instituciones impulsadas por el librero a raíz de unos convenios nunca suscritos que afloraron en el Ayuntamiento de Santa Coloma de Gramanet (Barcelona).

Tirando del hilo de la operación Pretoria, los agentes han averiguado que las sociedades de Climent habrían obtenido 3.104.841,09 euros a través de gastos e inversiones de las organizaciones en las que el artífice de los repetidores de TV3 en la Comunidad Valenciana desempeña altas responsabilidades. La operación se fraguó a través de contrataciones y compras de Acció Cultural del País Valencià, Fundación Francesc Eiximenis, Fundación Ausiàs March, Institución Cívica de Pensamiento Joan Fuster, Institución Económica y Empresarial Ignasi Villalonga y Asociación Archivo Memoria Joan Baptista Basset, seis entidades dedicadas a difundir la cultura catalana y que controla el propio editor.

«Las fundaciones vinculadas a Eliseu Climent han realizado múltiples pagos a empresas del matrimonio Climent-Raga, así como traspasos entre fundaciones de su influencia», anotan los investigadores en el oficio que han trasladado al magistrado Pablo Ruz. En el documento se detalla que el 16% de los 19 millones que las instituciones catalanistas han desembolsado entre 2002 y 2008 han engrosado la cuenta corriente de la familia Climent.

Las empresas del agitador cultural que registraron los ingresos fueron la firma que publica el semanario El Temps, Edicions País Valencià SA (1,7 millones entre 2002 y 2008), la mercantil dedicada a la asesoría fiscal y montaje de eventos Octubre Gestió SL (313.286,80 euros en 2008) y la editorial Tres i Quatre SL (512.375,46 euros de 2002 a 2008).

A partir de datos de la Agencia Tributaria, la UCO reseña que en los 3,1 millones presuntamente desviados se incluye que Climent y su mujer cobraron 512.380,48 euros. Las fundaciones que han sido objeto de las pesquisas fueron quienes ordenaron dichas transferencias. En concreto, el promotor catalanista ingresó 399.516,42 euros entre 2002 y 2005 de la Fundación Eiximenis, Acció Cultural, Institución Villalonga e Institución Cívica Fuster. Por su parte, Rosa Raga ganó 112.864,06 euros en 2006 procedentes de Acció Cultural, aunque la mujer de Climent «no tiene una vinculación formal y aparente con las fundaciones», según acota la Guardia Civil.

Por JORDI RIBALAYGUE, en El Mundo

agente t
20/03/2011, 11:09
El editor valenciano Eliseu Climent protagoniza el enésimo capítulo del caso Pretoria, la extensa trama de presunta corrupción urbanística en Cataluña. En esta ocasión, no se trata de adjudicaciones irregulares ni pelotazos inmobiliarios, sino del presunto uso fraudulento de las subvenciones con que diversos gobiernos han sustentado las campañas del militante catalanista.

Según un informe fechado el 10 de febrero que la Guardia Civil ha enviado a la Audiencia Nacional y la Fiscalía Anticorrupción, las cuatro empresas que administran Climent y su esposa, Rosa Raga, se beneficiaron del dinero público que recabó el complejo asociativo montado por el valenciano. La Unidad Central Operativa (UCO) del Instituto Armado ha rastreado los movimientos bancarios de las instituciones impulsadas por el librero a raíz de unos convenios nunca suscritos que afloraron en el Ayuntamiento de Santa Coloma de Gramanet (Barcelona).

Tirando del hilo de la operación Pretoria, los agentes han averiguado que las sociedades de Climent habrían obtenido 3.104.841,09 euros a través de gastos e inversiones de las organizaciones en las que el artífice de los repetidores de TV3 en la Comunidad Valenciana desempeña altas responsabilidades. La operación se fraguó a través de contrataciones y compras de Acció Cultural del País Valencià, Fundación Francesc Eiximenis, Fundación Ausiàs March, Institución Cívica de Pensamiento Joan Fuster, Institución Económica y Empresarial Ignasi Villalonga y Asociación Archivo Memoria Joan Baptista Basset, seis entidades dedicadas a difundir la cultura catalana y que controla el propio editor.

«Las fundaciones vinculadas a Eliseu Climent han realizado múltiples pagos a empresas del matrimonio Climent-Raga, así como traspasos entre fundaciones de su influencia», anotan los investigadores en el oficio que han trasladado al magistrado Pablo Ruz. En el documento se detalla que el 16% de los 19 millones que las instituciones catalanistas han desembolsado entre 2002 y 2008 han engrosado la cuenta corriente de la familia Climent.

Las empresas del agitador cultural que registraron los ingresos fueron la firma que publica el semanario El Temps, Edicions País Valencià SA (1,7 millones entre 2002 y 2008), la mercantil dedicada a la asesoría fiscal y montaje de eventos Octubre Gestió SL (313.286,80 euros en 2008) y la editorial Tres i Quatre SL (512.375,46 euros de 2002 a 2008).

A partir de datos de la Agencia Tributaria, la UCO reseña que en los 3,1 millones presuntamente desviados se incluye que Climent y su mujer cobraron 512.380,48 euros. Las fundaciones que han sido objeto de las pesquisas fueron quienes ordenaron dichas transferencias. En concreto, el promotor catalanista ingresó 399.516,42 euros entre 2002 y 2005 de la Fundación Eiximenis, Acció Cultural, Institución Villalonga e Institución Cívica Fuster. Por su parte, Rosa Raga ganó 112.864,06 euros en 2006 procedentes de Acció Cultural, aunque la mujer de Climent «no tiene una vinculación formal y aparente con las fundaciones», según acota la Guardia Civil.

Por JORDI RIBALAYGUE, en El Mundo

Esperando el 'favor' de Artur Mas

Año 1984. Eliseu Climent (Llombai, Valencia, 1940) consigue, mediante cuestación popular, que 100.000 personas suscriban donaciones individuales de 1.000 pesetas (seis euros) para financiar parte de la instalación de repetidores de señal televisiva que permitieran la emisión de Televisió de Catalunya en la Comunidad Valenciana.

Dieciséis años después, Climent ha levantado la bandera de la «emergencia nacional» ante lo que él califica como el «mayor ataque a la lengua catalana» que se ha producido en lo que él denomina «territorio de los países catalanes», con el cierre de los repetidores decretado por el Gobierno de Francisco Camps. En esta batalla, éste exige al Ministerio de Industria la misma capacidad técnica (un múltiplex) para que la 9 Televisión Valenciana se pueda ver en Cataluña.

El próximo 20 de abril, Camps tiene previsto reunirse con su homólogo catalán, Artur Mas, para hablar del asunto. Climent, azote editorial del PP desde que Zaplana desembarcó en el poder, allá por 1995, quiere que el asunto se resuelva ese día para esquivar los 600.000 euros de multa que el Gobierno de Camps le ha impuesto por las emisiones ilegales de TV3.

El sostenimiento de las emisiones de TV3 ha sido el abono con el que Climent ha alimentado su holding de fundaciones culturales durante algo más de un cuarto de siglo. Sólo por esa tarea ha recibido 6,2 millones de euros entre 1999 y 2009 a través de la matriz de su organización, Acció Cultural del Pais Valencià, según una investigación documental que EL MUNDO publicó en su edición del 6 de junio de 2010.

Fue la gran oportunidad de Climent, que en 1984 había lanzado al mercado el semanario El Temps, otro de sus buques insignia, que sostiene gran parte de su tirada con ventas en bloque a instituciones gobernadas por los socialistas en Cataluña, la Comunidad Valenciana o Baleares.

Jordi Pujol, Pasqual Maragall y José Montilla han sido sus protectores. Con 70 años cumplidos, Climent no tiene un sucesor definido en la organización y mantiene la incógnita sobre la respuesta que -en términos monetarios, claro está- pueda tener el nuevo presidente de Cataluña, Artus Mas.

«La Convergencia de Mas no es la Convergencia de Pujol», apuntan fuentes de la Generalitat de Cataluña, que aluden no sólo a las dificultades presupuestarias de la Administración catalana -la orden de recortar incluye a la histórica asignación al entramado de Climent-, sino también a la más distante relación con Mas, teniendo en cuenta el calor que le dio Pujol.

Por XAVIER BORRÀS, en El Mundo

agente t
25/03/2011, 17:46
El viernes pasado, al salir del instituto a desayunar, me topé a dos metros de la puerta con una mesa electoral del referéndum por la independencia. Hablo de Barcelona. Plantada frente a la salida como un torero de rodillas frente al chiquero, llamaba la atención toda la simbología independentista. Los agitadores del referéndum "Barcelona decideix" no esperaban a un bravo, sino a inocentes alumnos menores de edad, indefensos ante el asalto. Justo media hora se quedaron. El tiempo del recreo. Suficiente para invitarles a votar con o sin carné, sin importarles la edad, y repartirles folletos de propaganda contra la maléfica España.

Debo confesarles que la primera impresión que me produjo al tropezarme de sopetón con los nacionalistas fue la visión del camello vendiendo droga a la puerta de los colegios. No sé por qué me asaltó tan nítida, ni acabo de decidir por qué me produjo tanto rechazo, si por la obscena impostura de iniciar en los menores el negocio de la droga regalándoles caramelos envenenados, o por el abuso de menores aprovechando las inmediaciones de un recinto escolar con altas dosis de odio irracional contra España.

Al llegar al bar, comenté el descaro a mis compañeras de café. A nadie pareció importarle. Había temas importantes de verdad ese viernes, 18 de marzo de 2011. Gadafi estaba a un paso de entrar en Bengasi y pasar a cuchillo a la primavera de Libia. Rompí el hielo: era una vergüenza que Occidente se inhibiese. Por una vez vi indignación unánime ante la pasividad de la comunidad internacional. El "No a la guerra" de Irak parecía que en esta ocasión no era tan guay como lo fue entonces. Misterio de los progres. Una de ellas hizo ademanes de sumarse a mi indignación, pero antes soltó uno de esos latiguillos al uso para demostrar limpieza de sangre: "Quiero aclarar que yo no soy del PP y nunca le he votado, pero...". La corté: "Y a nosotros qué nos importa si eres del PP o le has votado alguna vez. Evitar que Gadafi asesine a su pueblo es bueno o es malo, lo diga uno del PP o Cristóbal Colón; lo que importa es la naturaleza de las ideas que defiendas y las razones para sostenerlas. ¡Basta ya de pedir permiso para expresar según qué en este lugar sagrado en que hemos convertido a Cataluña! ¡Somos profesores, se supone que adultos, con criterio, trasmisores de cultura! ¿Ni siquiera nosotros somos capaces de librarnos de los estigmas con los que el establisman catalanista nos tiene amedrentados? ¿Acaso es un delito ser del PP?, ¿es necesario que empieces por demostrar limpieza de sangre para hablar de la guerra sin ser sospechosa de salida? ¿Si fueras de ERC o de CiU te disculparías?". Mi compañera trataba de intercalar su consentimiento sin éxito. Hasta que acabé. "Perdón", concluí, esbocé una sonrisa y distensión. Aceptadas las disculpas, con mi compañera aliviada y el resto asintiendo, la mañana parecía diferente. Algo se va consiguiendo.

Reflexionando más tarde, lo que aún no sé es por qué reaccioné con tanta ira, si por haber de soportar a diario la constatación de una sociedad acobardada por tics totalitarios o por la pasividad ingrávida del estamento educativo ante la manipulación de menores de edad en pleno recinto escolar (ya sé que ha habido colegios que han patrocinado dentro de sus paredes la consulta, pero eso no disculpa la pasividad de estos profesores, sólo evidencia la desmesura a la que hemos llegado).

Esta sociedad catalana incuba el mal con la misma dedicación que impide constatar su evidencia. No desprecien el escaso número de votos que seguramente cosecharán ni reparen demasiado en la calidad democrática de estos. En aquella puerta del colegio no sólo se votaba, se cultivaba la desafección y el rechazo contra España. Son marcos mentales que van incorporando a sus vidas. Hoy son adolescentes, mañana votantes; hoy carecen de criterio para discernir intereses, mañana sólo tendrán intereses fabricados a la medida de las patrañas inoculadas ahora. No importa que uno de los suyos les espete a los morros la impostura, (como acaba de hacer en artículo demoledor Salvador Sostres), el huevo de la serpiente sigue incubándose en la mente de miles de adolescentes. Jodemos nosotros, President, contesta Sostres al "van a jodernos" de Pujol. Pues sí, no han hecho "ustedes" otra cosa desde que cerraron España al libre mercado europeo a mitad del s. XIX a través de aranceles específicos para blindar el textil catalán. A cada cual lo suyo.

Ocioso es recordar que el "ustedes" no se refiere a Cataluña, sólo a su parte sectaria. Ya saben, nada se debe de dar por obvio en sociedad tan encantada de conocerse.

Antonio Robles en LD

agente t
03/04/2011, 18:39
Elogio al disenso

Por Amando de Miguel en Libertad Digital

Agustín Fuentes comenta una tertulia de VEO7 en la que yo participé y en la que apareció un extraño "librepensador" con la peregrina tesis de que había que eliminar los símbolos religiosos de los lugares públicos. Sostiene don Agustín, con buen acuerdo, que no se puede presumir de pensamiento libre cuando se intenta eliminar la forma de pensar de los demás. Añado que, puestos a eliminar los símbolos religiosos de los lugares públicos, habría que empezar por desmochar todas las cruces de los cementerios, que son recintos municipales. No sé qué habría que hacer con las cruces que figuran en muchas banderas, escudos y condecoraciones. La Cruz Roja tendría que pasar a ser el Círculo Rojo, pero entonces protestarían los japoneses. Entiendo, con don Agustín, que el verdadero pensamiento libre es el que da libertad a todos para utilizar sus símbolos, mientras no sean amenazantes. La cruz de los cristianos es un estupendo símbolo de redención para toda la humanidad. Me encanta la bandera de las tropas de Regulares con su media luna. Por lo mismo, me enternecen las cadenas del escudo de Navarra; no son un símbolo de opresión sino de liberación. Dejemos que se exhiban los mil símbolos que ha ido acumulando la Historia. Siento que los socialistas españoles no utilicen más el yunque y el libro; ni siquiera ahora parecen conformes con el puño y la rosa. Siento mucho que los partidos de izquierda en España no exhiban en sus mítines la bandera española. Lo malo es que ese mal ejemplo empieza a cundir. La semana pasada he asistido a dos actos públicos del PP en mi comarca. En ninguno de ellos figuraba la bandera de España; tampoco la de Madrid o la de la Unión Europea. Qué sosería y qué complejo.

Las polémicas o disensos que aquí se estilan a veces son puramente léxicas, como indica el título de esta seccioncilla. Luis Cáceres opina que deberíamos decir "maremoto" y no "tsunami". Entiendo que no son la misma cosa, aparte de que las dos son palabras extranjeras; una italiana, japonesa la otra. El maremoto es un sismo o temblor de la Tierra que se manifiesta en el mar. El tsunami es una ola gigantesca y muy veloz (por tanto, muy potente) que es una consecuencia del maremoto.

Un tal Goliath Goliath sostiene que, para referirnos al nacionalismo de ciertas regiones españolas, sería mejor utilizar la voz "jingoísmo". Es un término un poco extraño. Proviene del inglés jingoism, que significa patrioterismo, una especie de patriotismo exaltado. En vascuence dicen abertzale para eso mismo. La palabra inglesa procede de la exclamación by jingo!, que es algo así como un ñoñismo para no tener que decir "¡por Dios santo!", algo que a los puritanos puede parecer una irreverencia. Hay un famoso versito popular en inglés en el que se emplea la exclamación dicha para animar a luchar de forma exaltada en defensa de la patria. No sé, me parece todo un rebuscamiento. El "nacionalismo" sin más expresa muy bien la idea de algunos españoles que no quieren serlo, niegan la nación española para afirmar la suya particular.

Por cierto, Ramón Horrach Aguilar (Mallorca) me dice que, si yo no me siento nacionalista español, es porque no amo a España. No es así. Yo me siento español por los cuatro costados, pero no nacionalista español o españolista. Para mí (diga lo que diga el DRAE), el nacionalismo es un sentimiento exaltado, normalmente contra alguien o álguienes, si se me permite el plural. Por eso soy español sin ser nacionalista; soy católico sin despreciar a los protestantes o a los judíos; soy europeo sin ser antinorteamericano; soy hombre sin ser machista. Es decir, no soy anti nada. En todo caso, me repugnan los nacionalistas de España precisamente porque abominan de lo español. Ya he dicho que soy español y no nacionalista porque me gustaría que España y Portugal formaran un Estado confederal, a ser posible con la capital política en Lisboa. De esa forma, Iberia sería una verdadera potencia económica en el mundo y podríamos aliarnos mejor con la América Latina o Hispana.

Ante mi crítica sobre el peligro de las centrales nucleares situadas en la costa japonesa, Tino Cezón me razona que esa localización es necesaria para refrigerarlas. Me convence el razonamiento, pero entonces, en previsión de los posibles tsunamis, habría que levantar ciclópeas barreras en la costa. No sé si eso es posible.

agente t
17/04/2011, 19:41
Se acumulan los disparates con consultas y simulacros de independencia en la calle y en el Parlamento de Cataluña. 10-A, 13-M. La primera alegal, la segunda posible fraude de ley, las dos una estafa al sistema democrático. Una corriente de optimismo independentista parece haber tomado el control de la política catalana. Oponerse a ella obliga a la disculpa. La superioridad moral del independentismo ha sido bendecida con el voto a favor de la independencia de Pujol y Artur Mas. ¡Y después llaman friki a María Lapiedra!

¿Cómo hemos llegado a esto? O si quieren, ¿quién es el responsable de esta quiebra emocional con España? Sin lugar a dudas, el Partido Socialista (PSC) y la izquierda nacional catalana (ICV-EiUA). Mientras los hijos del nacionalismo son adiestrados en la defensa de la identidad nacional de Cataluña, el ciudadano catalán sin adscripción catalanista y las nuevas generaciones nacidas en Cataluña hijas de la inmigración e identificadas con el PSOE, han sido avergonzados por su origen, por su lengua y su nacionalidad española y empujados a redimir ese pecado original cambiando de lengua, de cultura y de nacionalidad. En lugar de compartir y sumar, han disculpado la exclusión. En el camino también perdieron la ideología. Ahora sólo son comparsas de un guión nacionalista escrito por la clase social que detestan.

Josep Ramoneda describe el desmoronamiento del PSC en esta clave, pero redundando en el error por no haber ido más lejos en su vasallaje: "Los hijos y nietos de los inmigrantes que llegaron en los setenta tienen otra relación con el país. Y parte del descenso electoral del PSC tiene que ver con que no ha sabido captar ese cambio: los descendientes de los electores del PSOE de hace 20 años no tienen por qué votar como sus padres".

No es que el PSC no haya sabido captar ese cambio, es que se ha negado a transmitir a sus hijos los valores constitucionales de la nación española. En su lugar, la escuela, los medios y la atmósfera social de acoso moral a su origen hizo el resto. Y los electores se lo recuerdan en cada cita electoral.

Lo hemos comprobado en los posicionamientos del PSC e ICV-EiUA ante las consultas y ante la Proposición de Ley de Declaración de Independencia de Cataluña. Pocos dirigentes socialistas han abierto el pico, y quienes lo han hecho, caso de Jordi Hereu, se han centrado en señalar las contradicciones de CiU por votar a escondidas por la independencia en las consultas no vinculantes y abstenerse en el Parlamento. Meras justificaciones. Montserrat Tura ha evidenciado aún más su condición de comparsa del nacionalismo en RAC-1 al mostrar su disposición a hablar de independencia porque España "no acaba de entender el sentimiento que se está produciendo en Cataluña". Lo mismo ha hecho Dolors Camats de ICV-EiUA amparándose en la confederación de los pueblos de España. Otro modo de reivindicar el concierto económico y el monolingüismo institucional.

Si reparan, no se enfrentan a la naturaleza inconstitucional e insurreccional del separatismo, ni señalan la quiebra de la igualdad de derechos y deberes de todos los españoles, ni sopesan las consecuencias económicas que tal pleito traería aparejado para las partes; ni advierten de las consecuencias nefastas que provocaría un proceso traumático de independencia para el entramado de afectos que enlazan a millones de españoles dentro y fuera de Cataluña. Por no enfrentarse, ni siquiera tienen la dignidad de reclamar lealtad y respeto por una cultura española rica y próspera llena de pasado y preñada de futuro.

¿Por qué ha de extrañarnos la superioridad moral del independentismo si quienes habrían de reaccionar contra ella están dedicados a pedirles perdón por no ser lo suficientemente nacionalistas?

Antonio Robles en LD

agente t
22/04/2011, 18:59
El nacionalismo catalán (como el vasco), no es propiamente catalanista, sino antiespañol. Cataluña nunca ha sido una nación en el sentido propio de una comunidad cultural con un Estado, y no lo ha sido porque no ha querido serlo. Sólo a finales del siglo XIX apareció un nacionalismo que no podía basarse en la historia y que, por tanto, la inventó, tratando de crear mitos sugestivos basados en una mezcla de narcisismo y de victimismo. El narcisimo de ser "una raza superior" al resto de los españoles (ver el libro de Paco Caja), más "europea", más "culta" y más rica, y el victimismo de considerarse oprimidos, fuera por Castilla o por el "Estado español", como decidieron llamar a la nación española existente realmente desde Leovigildo y de la que siempre se habían sentido parte la inmensa mayoría de los catalanes.

Desde el primer momento, la táctica nacionalista, en Cataluña y en Vascongadas, consistió en provocar resentimientos y una literatura de odio y desprecio a España de la que he dado algunas muestras en Una historia chocante, pero que merecería por sí sola un buen estudio. El objetivo era doble: proclamarse los representantes genuinos de Cataluña y provocar, por reacción, un sentimiento de aversión en el resto de España, que, en círculo vicioso, empujara a muchos catalanes a identificarse con el nacionalismo. Hay que decir que en ello han tenido bastante éxito, debido a la ausencia de pensamiento político sobre el asunto en el resto de España, una carencia que, con pocas excepciones, pervive. Así, ha sido y sigue siendo muy frecuente en la prensa general referirse a los nacionalistas como "los catalanes" o aceptarlos como la auténtica encarnación de "Cataluña". La torpeza, como en relación con el PNV, ha sido increíble, y adquirió nuevas cotas en la Transición gracias a Suárez y a sectores de la UCD especialmente ineptos e ignorantes de la historia, que propiciaban esos nacionalismos con la creencia de que ellos eran propiamente la derecha en esas regiones (o que, con la misma naturalidad y en compañía del PSOE, proclamaban al orate Blas Infante "padre de la patria andaluza"). No debe olvidarse que fue sobre todo en Madrid donde los desmanes separatistas encontraron respaldo cuando Jiménez Losantos, Amando de Miguel y otros denunciaron los denunciaron.

La identificación de los nacionalistas y su demagogia con los catalanes en general está llevando a algunas personas en el resto de España a aceptar la secesión, e incluso animarla, pretendiendo que desde la Transición los males del país y los ataques a la libertad vienen inspirados por los Gobiernos autonómicos catalanes. Tal posición me parece irresponsable. Los males de Cataluña son los del conjunto del país, y no habrían llegado a tanto sin la colaboración o inhibición de los partidos "madrileños". En La Transiciónde cristal he explicado la generación de tales actitudes y no estaría de más un debate de cierta altura al respecto.

Pío Moa, en Libertad Digital

agente t
22/05/2011, 11:53
Tribu

Viajando por las Españas tengo observado que la infancia gusta de la camiseta del Barça en proporción claramente superior a la del Madrid. Igual en el norte que en el sur, en Galicia o en Andalucía, por todas partes, se repite similar preferencia cromática entre la chavalería. Un fenómeno, ése de la hegemonía blaugrana al otro lado del Ebro, que para alguien de Barcelona, como es mi caso, nunca deja de resultar sorprendente. Más que nada, por lo improbable de que suceso análogo pudiera acontecer entre nosotros. Esto es, que los dorsales de Cristiano Ronaldo, Pepe o Kaká configuraran una parte alícuota de la normalidad en el paisaje doméstico.

Al respecto, es sabido que el niño, dada su naturaleza amoral y esencialmente oportunista, tiende a colocarse siempre al lado del ganador. Pues dentro de cada uno de esos pequeños ventajistas sin escrúpulos habita un Fouché en potencia. He ahí la explicación a hecho tan contra intuitivo como el que se extiende a lo largo de la Península. Que por el contrario, aquí, en Casa Nostra, impere la obediencia monolítica a los colores únicos, responde solo a la preeminencia del impulso tribal. Así, un rapaz de Cartagena, pongamos por caso, puede permitirse ser del Barça porque en el trance no se verá apelada su identidad. Otro de Vic, en cambio, incurriría en delito de lesa patria al preferir a los de Mouriño por encima de la selección nacional de Catalunya, el lugar asignado al club dentro imaginario local.

El filósofo serbio Vujadin Boskov hizo célebre en su día el aforismo "fútbol es fútbol". Sin embargo, andaba el hombre muy errado. Fútbol no es fútbol. Fútbol es pertenencia. Nunca ha sido cosa distinta. Por eso su éxito ubicuo, planetario, universal. Por lo mismo que, ante la imposibilidad metafísica de poder ser catalanes de "socarrel", los charnegos de antes nos hacíamos o del PSUC o del Barça, de ambas iglesias los más. Un tránsito que venía a proveernos de algún sucedáneo de fraternidad ante el desarraigo. Como los inmigrantes de ahora, que proceden de modo idéntico. Aunque a ellos únicamente les quede el Barça a fin de intentar procurarse esa ilusión gregaria, la integración. Y es que sí es más que un club: es una aduana.

Por José García Domínguez,s uno de los autores del blog Heterodoxias.net. en LD

agente t
06/07/2011, 16:58
Diversos medios han destacado estos días que he sido el único eurodiputado catalán que no me he sumado a la enmienda presentada por el resto de mis paisanos en la Eurocámara para eliminar la palabra "oficiales" en el artículo del Reglamento sobre etiquetado de alimentos que establece que los Estados Miembros podrán estipular que la información en el envase de un producto se haga en "una o más lenguas oficiales de la Unión Europea".

El motivo de tan peregrina pretensión es mantener la posibilidad hoy en vigor en nuestro descabellado sistema autonómico de que en Cataluña se etiquete únicamente en catalán. Es decir, que lo que les molesta a mis queridos compañeros no es que se impida el etiquetado en catalán, cosa que la norma no hace, sino que se suministre la información al consumidor en castellano. Por tanto, su afán no se centra en la defensa de nuestra venerable lengua vernácula, empeño loable y comprensible, sino en la supresión del detestado idioma español de los recipientes y envoltorios en los que se comercializan embutidos, frutas, verduras, aceites, arroces, conservas variadas, cereales, lácteos y demás apetitosas ofertas de la potente industria agroalimentaria del Principado. He de reconocerles y agradecerles que ni siquiera me propusieran añadir mi nombre a tan gloriosa iniciativa, seguramente porque ya conocen cual habría sido mi respuesta.

Para mayor ridículo de esta tropilla tribal, la ocurrencia en cuestión ha sido declarada inadmisible por la Presidencia del Parlamento por no cumplir ninguno de los supuestos que deben satisfacer las enmiendas presentadas en segunda lectura. No sólo son excluyentes y fanáticos, además son incompetentes por desconocimiento del Reglamento. En fin, otra jornada para olvidar del comando identitario catalán en Bruselas, que no se cansa de deteriorar la imagen de una región europea que fue en otros tiempos ejemplo de creatividad, innovación y apertura, y que tras treinta años en manos de los nacionalistas malvive ahogada por el déficit, endeudada hasta las cejas y exhibiendo una de las tasas de paro más altas del continente.

Aleix Vidal-Quadras, en La Gaceta

agente t
15/07/2011, 17:30
La Asociación Nacional por la Libertad Lingüística considera que estas subvenciones demuestran la política de "despilfarro" de CiU, y de desacato a las sentencias judiciales, como la dictada sobre el Estatut, que impide la preferencia de una lengua cooficial sobre otra.

La Asociación Nacional por la Libertad Lingüística (ANLL) ha acusado este jueves a CiU y a la Consejería de Presidencia de la Generalitat de costear la "imposición" del catalán al destinar 6,8 millones de euros a diferentes subvenciones para medios de comunicación.

En un comunicado, la plataforma considera que estas subvenciones demuestran la política de "despilfarro" de CiU, y de desacato a las sentencias judiciales, como la dictada sobre el Estatut, que impide la preferencia de una lengua cooficial sobre otra, según un comunicado.

"El Gobierno catalán mantiene como su primera prioridad la imposición del catalán, se cierran quirófanos y hospitales enteros, y se reducen las partidas presupuestarias para temas esenciales, pero se sigue dilapidando el dinero público en este tipo de subvenciones", ha criticado la entidad.

En La Gaceta

agente t
21/07/2011, 16:28
Le dan homenaje a Carlos Sentís los jóvenes falangistas locales, el diario La Vanguardia y los profesores socialistas. De vivir, hasta Eugeni Xammar le habría dicho: «Abráceme... que no volveremos a vernos!». El triunfo es absoluto. Patriótico. Lo que ha muerto a los 99 años es un gran patriota catalán. Durante muchos años costó que lo vieran. Esta bobada de que Cataluña y el catalanismo eran de izquierdas. Del Sentís suavemente racista que describe a los murcianos que llegan a Cataluña, en su briosa serie de reportajes sobre el llamado Transmiseriano, hasta el que murió ayer en olor de santidad hay un hombre de una pieza. Durante muchos años se le reprochó a Sentís un artículo en La Vanguardia, de Guerra Civil, que tituló Finis Cataloniae? Y se le reprochó, para empezar, amputándole el interrogante. Quia! Se trataba de un artículo profundamente nacionalista, que tenía por guía y luz al muy nacionalista Charles Maurras. El apoyo del catalanismo a la dictadura de Franco fue un necesario movimiento estratégico, dotado de una profunda conciencia nacional. Al fin y al cabo, el franquismo hizo lo que ellos ni podían ni se atrevían a hacer, que era limpiar el país de la carroña frentepopulista. Y otra cosa importante: fue el franquismo el rígido aglutinante que puso en su sitio a las masas murcianas, andaluzas, españolas todas, que emigraban a Cataluña. El franquismo, y no esa cómica fábula integradora del PSUC, suc. La Vanguardia Española y La Vanguardia que ahora se escribe en vernáculo son, exactamente, lo mismo. Y si hubo alguien que fue Vanguardia hasta el tuétano mismo de sus huesecillos fue Carlos Sentís. Uno y otro unidad de destino en lo universal, ese regio eslogan que predica y practica desde su más tierna infancia el nacionalismo catalán.

Sentís escribió en los periódicos. Hay buenas series suyas de antes y de después de la guerra, desde los murcianos hasta los esqueletos vivos de Dachau, sobre los que proyectó una mirada iniciática y exclusiva. Pero Sentís fue uno de esos políticos que eligen el periodismo. Un merodeante, y entiéndase la palabra sin más aliño peyorativo. No fue, contra lo que se dice, el hombre que trajo a Tarradellas. Esa operación tuvo un cerebro, que fue Manuel Ortínez, y Sentís sólo hizo de primer mayordomo. Pero durante el franquismo y hasta 1980, el año del triunfo de Pujol, su vocación de insider brilló con oscuridad.

Ha muerto en la Cataluña que quiso. La que empieza a amanecer.

Arcadi Espada, en El Mundo

agente t
26/08/2011, 17:38
Josu Erkoreka, portavoz del PNV en el Congreso, ha anunciado que su partido apoyará la introducción del techo de gasto en la Constitución, pero no quiere que se quede en eso la reforma y está estudiando plantear una enmienda que recoja “el derecho a decidir”, uno de los eufemismos que utilizan para hablar de referéndum de independencia. Por su parte, el diputado de CiU en el Congreso, Pere Macias, afirma que Convergencia apoyará la reforma constitucional si “la soberanía sobre el límite de déficit público” recae en el Parlament catalán. Faltaban los nacionalistas en este imprevisto e improvisado debate con el que va a acabar el verano, la legislatura y el zapaterismo, todo a la vez. Por supuesto, ellos han hecho su aportación en el mismo sentido en el que llevan remando 30 años: el de la insolidaridad y el oportunismo político, siempre dispuestos a sacar provecho de cualquier circunstancia, incluidas catástrofes, crisis económicas o atentados terroristas. Da igual cuál sea el escenario o el guión, CiU y PNV siempre dicen las mismas frases, convencidos de ser los protagonistas y extrañados de que el resto del reparto –onubenses, madrileños o riojano– no se deshaga en aplausos y reverencias.

Los nacionalistas vascos y catalanes han sido los verdaderos niños mimados del sistema constitucional del 78[/B[B]], por eso no puede sorprender a nadie que pretendan perpetuar su condición privilegiada, y que por supuesto no admitan cesiones en la soberanía que han conquistado paso a paso, es decir, chantaje a chantaje. Entre el calamitoso legado del zapaterismo ocupa un destacado lugar la sumisión del Gobierno central a los nacionalismos periféricos, algo que ha desgastado al Estado políticamente –porque su autoridad se cuestiona en las autonomías y se pone en duda en Bruselas– y que lo ha arruinado económicamente, a través del permanente chantaje que han hecho PNV y CiU vía financiación autonómica: ya nadie duda de que una de las causas principales de la incapacidad de España para superar la crisis es el colapso de su sistema territorial, un esquema que se ha sacado de quicio por la fuerza desproporcionada e insaciable de las minorías nacionalistas.

Al final Zapatero ha conseguido su deseada Segunda Transición, aunque –como les suele suceder a los iluminados– no tendrá el cariz que él soñaba, sino otro bien distinto. La Constitución se cambia al dictado de las potencias europeas –entre las que nos encontrábamos hace apenas siete años–, y en contra de toda la política económica del propio ZP. Y también en esta ocasión, como en aquella de los setenta, estará presente la sombra del terrorismo. Entonces amenazaban con una continuidad de la violencia. Ahora advierten de que se puede romper el proceso de paz, y en cualquier caso siguen influyendo en las decisiones políticas. Por eso resulta siniestramente coherente que un líder independentista catalán –de Solidaridad– haya pedido a ETA que no se disuelva.Y por eso, también, hay quien se alegra de esta injerencia extranjera en nuestra Carta Magna, porque son muchos los que dan por imposible una derrota política del chantaje nacionalista y pretenden que París o Berlín quien meta en cintura a los niños consentidos de la Democracia española.

Es la hora de los insolidarios. Tiene gracia que en este momento crítico para la economía, cuando más urgente es hacer agujeros en el cinturón, salgan protestando quienes han vivido del parasitismo: como esos sindicatos absolutamente desprestigiados amenazando con una huelga o los nacionalistas tratando de sacar tajada.

Editorial de La Gaceta

agente t
06/09/2011, 16:43
Con pocos días de diferencia, el presidente de la Generalitat, Artur Mas, ha llorado como un nacionalista lo que ni él ni en general los catalanes hemos sabido defender nunca como hombres libres. Sobre la reforma constitucional pactada entre PP y PSOE, Mas dijo que distanciaría a Cataluña de España y consideró «un ataque» la sentencia del TSJC que pone en cuestión la inmersión lingüística.

La estrategia del nacionalismo de CiU, mayoritario entre los catalanes, es vivir «como si» fuéramos un Estado perfectamente soberano. Tener un sistema educativo con el catalán como única lengua vehicular «como si» el español no fuera una lengua oficial en Cataluña; o hablar de déficit o de balanzas fiscales «como si» Cataluña y España tuvieran un rango igual y una relación de bilateralidad. «Como si» fuéramos independientes, pero sin pagar el precio de serlo.

CiU se ha definido históricamente como un partido no independentista, pero sus aspiraciones han sido siempre las de una nación plenipotenciaria. Cualquier nacionalismo tiene, como final de trayecto, la meta más o menos utópica de la libertad. En Cataluña le tenemos tanto miedo al conflicto que el propio miedo al miedo nos acaba llevando siempre a las humillantes medias tintas, a la puntita nada más, y a hacer el ridículo.

Cada país libre ha hecho un esfuerzo para su libertad. Un esfuerzo que ha comportado riesgo, peligro, confrontación directa e insoslayable y, en algunas ocasiones, bastantes muertos. Los catalanes no sólo no han mostrado nunca ninguna disposición a tales circunstancias, sino que lo que han explicitado a lo largo de la Historia es una total aversión a cualquier tipo de situación que pudiera conllevar alteraciones y ya no digamos disturbios.

Ya sé que en esta era buenista queda mal hablar de esfuerzo, de entrega de honor y, sobre todo, de la última medida de honor. Pero así han actuado siempre los grandes hombres para servir a las grandes causas. Sin grandeza no hay futuro, sólo hay quejas. Hermann Hesse lo dice: «Sentimiento y destino son una sola cosa. Si no eres capaz de alzarte, vas a caer siempre, de tu cabeza a tus pies, de tus pies al fondo de ti mismo».

El presidente Mas puede decir lo que quiera, pero todo el mundo sabe que en Cataluña no va a pasar nada. Ni por causa de la reforma constitucional, ni a propósito de la sentencia sobre la inmersión lingüística. Sólo hace falta recordar la reacción catalanista a la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut. Después de tanto amenazar con puntos de inflexión y de no retorno, con plantes definitivos y desafíos de toda clase, lo único que sucedió es que volvió el circo de siempre a la ciudad con una mera manifestación de sábado por la tarde sin ninguna consecuencia más allá de aquellas calurosas horas de recreo.

En Cataluña el nacionalismo es cobarde y el independentismo no tiene ni ha tenido ninguna formulación política presentable. Los que podrían hacer algo no hacen nada y viven del farol y del amago eterno por ver qué rascan sin tener que arriesgar nada; y los que no pueden hacer nada se dedican a proclamar la independencia cada cinco minutos, precisamente porque no son nadie.

Soy de los que piensan que Cataluña tiene derecho a ser lo que los catalanes queramos que sea, y lo que luchemos por conseguir. También estoy convencido de que los catalanes queremos ser una región de España. Es lo que siempre hemos preferido, lo que siempre hemos votado, por nada más nos hemos alzado, por nada más hemos luchado.

Salvador Sostres, en El Mundo

liaignede
08/09/2011, 00:36
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agente t
26/09/2011, 18:35
Javier Barraycoa (profesor de Sociología nacido en Barcelona), deshace 222 mentiras y falacias sobre las que reposa la ideología nacionalista en su libro 'Historias ocultadas del nacionalismo catalán'. Es una entrevista de Carmelo López Arias. En La Gaceta.

Si el nacionalismo catalán aún gozaba de una presunción favorable a cierta razón de ser histórica, eso se acabó con la publicación de Historias ocultadas del nacionalismo catalán (LibrosLibres).

Javier Barraycoa, profesor de Sociología en la Universidad Abat Oliba CEU, en Barcelona, su ciudad natal, deshace 222 mentiras y falacias sobre las que reposa la ideología nacionalista. No queda nada en pie de ella, y surge así de su lectura, más auténtica y por ello más hermosa, Cataluña. A pesar de lo cual…

-¿No le acusarán de catalanofobia?
-Éste es un libro escrito por amor a lo catalán y para que se nos conozca mejor.

-¿Cómo nace el catalanismo?
-Los primeros catalanistas eran lingüistas e historiadores interesados en conocer mejor el catalán y la historia de Cataluña, como Milà i Fontanals y otros. Ni siquiera a la lengua catalana la llamaban así, la denominaban llemosí (limusín). Eran normalmente católicos, conservadores, escribían en castellano, se sentían españoles sin complejos y no tenían ningún interés en convertir ese movimiento en algo político.

-Y esto ¿cuándo sucede?
-Por un lado surge un catalanismo de izquierdas, republicano y federalista, liderado por Almirall, por la frustración ante la caída en 1874 de la Primera República, que fue liderada por catalanes. Almirall se enfadó con Pi i Margall porque un catalán impidió la proclamación del Estado Catalán.

-Pero no era aún nacionalista…
-Almirall siempre consideró que su nación era España, y Cataluña su Patria. Así pensaban todos los primeros catalanistas de izquierdas. El pendón federalista estaba escrito en castellano y no usaba las cuatro barras. Almirall acabó militando en el españolísimo Partido Radical de Lerroux.

-¿Y el catalanismo de derechas?
-Nació más tarde, y este sí acabó configurándose como nacionalismo, liderado por un conservador, Prat de la Riba. La inmensa mayoría de sus militantes eran católicos y moderadamente regionalistas, liderados por un pequeño grupo de jóvenes nacionalistas y una potente burguesía que necesitaba un instrumento político para defender sus intereses.

-Y empiezan a considerar a Cataluña una nación…
-Sí, pero los documentos medievales de la Diputación Catalana, casi siempre que se refieren a Cataluña, lo hacen como “Provincia” y escasamente como nación.

-¿Captaron mucha gente los nacionalistas?
-Eran tan escasos que su primer gran partido se llamó Lliga Regionalista. Las expresiones catalanista o nacionalista sonaban excesivamente fuertes incluso para ellos.

-¿Este catalanismo ya era antiespañol?
-Bueno, aquí empieza la complejidad del catalanismo. Prat de la Riba escribió y defendió la existencia de un Estado español compuesto por nacionalidades, lideradas por Cataluña. No tuvo ningún reparo en reclamar que se volviera a configurar un Imperio español. Otros nacionalistas tuvieron itinerarios curiosos.

-¿Por ejemplo?
-Ya hemos visto el caso de Almirall. Cambó, a pesar de su ambigüedad calculada en torno a su relación con lo español, acabó apoyando a Franco durante la Guerra Civil. Companys, “el presidente mártir”, de joven militó en el lerrouxismo y se dedicaba a disolver sardanas a bastonazos (la sardana se había convertido en el símbolo del catalanismo conservador). Maciá pasó de ser un entusiasta militar monárquico y españolista a liderar el nacionalismo, ya separatista, durante la Segunda República.

-¿Qué explica el nacionalismo?
-El paso del catalanismo al nacionalismo estuvo enmarcado por el romanticismo que inundaba Europa. Los nacionalistas no suelen hablar de historia, pero se reafirman en sentimientos. El romanticismo, por su propia naturaleza emotiva, deformaba la historia y creaba símbolos. Muchos de ellos nada tienen que ver con la historia real.

-Empezando por la Diada…
-Los catalanes derrotados en 1714 luchaban por un Rey de España, fue una guerra civil de sucesión, no de secesión. Las manifestaciones de españolismo fueron más que evidentes en todos los austracistas. También hubo muchos catalanes felipistas.

-¿Qué papel jugaron los Mossos d’Esquadra?
-Los entonces llamados “Mozos de Escuadra” fueron originalmente tropas de represión contra los catalanes austracistas, y tan borbónicas, que un catalán, Prim, suprimió el cuerpo ante la caída de Isabel II.

-¿Eran españolistas?
-Tan españolistas y eficaces que se tomaron como modelo para formar la Guardia Civil. Fueron reorganizados por los carlistas y mantenidos tras la Restauración. Paradójicamente, Prat de la Riba quiso suprimirlos: no se fiaba de ellos por su manifiesta devoción españolista. Los volvió a restaurar Franco en los años 50.

-¿Y el himno de Cataluña, Els segadors?
-Era una canción tabernaria que hacía referencia al Corpus de Sangre, una refriega en la Barcelona de 1640. Recuperada por Milà i Fontanals, escrita en métrica castellana, hacía referencias religiosas a la devoción del pueblo y su reconocimiento del liderazgo de Cristo.

-¿Lo aceptaba la izquierda con ese contenido?
-Catalanistas de izquierdas de principios del siglo XX, como Rovira i Virgili, desdeñaban la efemérides, pues consideraban que aquel pueblo catalán era fanáticamente religioso, con un “Ejército cristiano” a favor del rey de España.

-¿Quien cambió la letra de Els segadors?
-Emili Guanyabens, un anarquista y espiritista en relaciones con la masonería. Se convirtió en una canción que emanaba odio contra el “enemigo” en abstracto. La letra fue “impuesta” como himno de Cataluña por el catalanismo de izquierdas. Los primeros catalanistas conservadores no la aceptaban por su carácter revolucionario.

-¿Es la sardana el baile “nacional” de Cataluña?
-Apenas fue conocida hasta principios del siglo XX. Jacinto Verdaguer reconocía que solo había visto bailar una vez en su vida una sardana. Fue una imposición del primer catalanismo conservador, deseoso de un símbolo cultural común.

-¿Fue impuesto el castellano?
-Los documentos de la Diputación de Cataluña están en latín, castellano, catalán, árabe… La Corona de Aragón, Cataluña, Barcelona… eran plurilingües. Durante varios siglos, en buena parte de Cataluña se hablaba el mozárabe y los poetas catalanes escribían en occitano. El castellano ya se hablaba y escribía en Barcelona desde hace muchos siglos. En italiano se representaban las obras de teatro…

-¿No hay lengua “propia” de Cataluña?
-En el caso de Cataluña es bastante absurdo. ¿Qué es una lengua propia? ¿Sabe cuál es el origen etimológico de la palabra Cataluña?

-¿Cuál?
-Muy probablemente, castellanus, como se llamaba a los habitantes de los castillos catalanes. La palabra fue derivando en varias formas por influencia francesa: chatlar, chatelain, etc., hasta llegar a “catalán” y de ahí a “Cataluña”. Esencialmente, “Cataluña” y “Castilla” significan lo mismo: tierra de castellanos.

-Sorprendente…
-Tanto como recordar que el Real Madrid lo fundaron dos hermanos catalanes, o que uno de los primeros equipos de Barcelona fue el Madrid de Barcelona.

-¿Y el Barça?
-El suizo Gamper fundó el equipo prohibiendo que jugaran catalanes. Solo podían jugar extranjeros. El Español se creó justo para que pudieran jugar los catalanes. Toda la iconografía del Barça era suiza y protestante.

-¿Hay también un trasfondo religioso?
-El Español, a petición de un socio, cambió el color amarillo de su camiseta por el blanquiazul, color de las enseñas de los almogávares y de la Inmaculada. Era una respuesta catalana al Barça de los extranjeros.

Hablando de toros
Barcelona fue la única ciudad del mundo con tres plazas en activo. En la del Torín (inaugurada en 1834), obra de Josep Fontseré i Domenech, surgió la costumbre de acompañar con música los mejores momentos de la faena del maestro. En las Arenas (1900), de August Font i Carreras, se solicitó por primera vez una oreja agitando al aire un pañuelo blanco. La Monumental (1914), de Manel Joaquim Raspall Mayol, fue financiada por la familia Milà i Camps, propietaria de la famosa Pedrera de Gaudí.
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Impagable

agente t
04/10/2011, 18:45
Francisco Caja desmonta las mentiras de la inmersión en Cataluña

Los nacionalistas venden que los niños catalanes hablan bien el castellano. Francisco Caja demuestra las mentiras de la Generalidad.

Libertad Digital

Los nacionalistas han salido en tromba en las últimas semanas en defensa de la inmersión lingüística y para ello no han dudado en insultar, por ejemplo, a los andaluces y a los niños del resto de comunidades, tal y como hizo el mismo presidente de la Generalidad, Artur Mas. Entre sus argumentos aseguran que los alumnos catalanes manejan el castellano igual que el resto de alumnos y que sus notas son las mismas en esta lengua que en el resto de España.

Sin embargo, Francisco Caja demuestra en La Voz de Barcelona las mentiras esgrimidas por los nacionalistas y evidencia la realidad de los alumnos catalanes con respecto al castellano. Todo parte de los informes a los que se acogen las autoridades catalanas para defender la inmersión: el PISA y la Evaluación General de Diagnóstico. Mediante estos documentos que se adjuntan se demuestra lo escandaloso de la situación puesto que las pruebas que remite la Generalidad para defender que los niños hablan bien en castellano fueron realizadas por los alumnos única y exclusivamente en catalán. Es decir, evidenciaban el conocimiento del catalán y no del castellano, tal y como intentan vender los defensores de la inmersión.

En opinión de Caja, las autoridades catalanas mienten "y saben que mienten". En estos escritos de la misma Generalidad se puede ver claramente que en Cataluña no se evalúa el nivel de castellano y sí el de catalán por lo "es difícil, imposible, decir que los alumnos de Cataluña saben incluso más castellano que los niños del resto de España".


Para demostrar estas mentiras, la información de La Voz de Barcelona recoge una entrevista a la consejera de Educación, Irene Rigau en El Mundo. Ésta aseguraba que como había quedado demostrado "en el informe PISA, los alumnos llegan con un conocimiento correcto del catalán y del castellano al acabar el Bachillerato. El conocimiento del castellano de los alumnos catalanes es exactamente el mismo que el de los alumnos de las Comunidades Autónomas monolingües".

En este sentido, queda en evidencia mediante el escrito de la Generalidad que el informe PISA 2009 evaluó la comprensión lectora de los escolares exclusivamente en catalán, dejando de nuevo en muy mal lugar a la consejera de Cultura.

Del mismo modo, otro de los argumentos de los nacionalistas es el esgrimido por el portavoz de la Generalidad, Francesc Homs, que recientemente declaró que "en la prueba de competencias lingüísticas, el sistema educativo catalán ocupó la novena plaza de las 17 comunidades, con 503 puntos, ligeramente por encima de la media utilizado como nivel de suficiencia, una nota que demuestra, a su juicio, que los alumnos cuentan con un nivel suficiente de catalán y castellano".

Pero como demuestra el documento la puntuación a la que se refiere el portavoz del Ejecutivo de Artur Mas únicamente se refiere al nivel de catalán puesto que la prueba en Cataluña no evaluó en ningún momento el castellano. Y es que en el resto del país si se examinó en castellano pero no así en la comunidad gobernada ahora por CiU, que como detalla el documento de la Generalidad.


Lo cierto es que los últimos datos que muestran el conocimiento del castellano de todos los escolares de España se remontan a 2003 y en ellos los defensores de la inmersión en Cataluña no salen muy bien parados. Éstos son los informes del Instituto Nacional de Calidad y Evaluación (INCE) y el del Consejo Superior de Evaluación del Sistema Educativo de Cataluña (CSDA).

Las conclusiones que se sacaron ya en ese momento son las carencias de los alumnos catalanes en el conocimiento del castellano en expresión escrita, gramática y literatura, cuyo nivel global del dominio del castellano es inferior al de catalán en 7 puntos porcentuales. En Primaria los datos son peores y mientras la comprensión de un texto literario en catalán alcanza un 75,06 por ciento, en castellano tan sólo alcanza el 55,86 por ciento, 20 puntos por debajo.

agente t
11/10/2011, 17:04
Duran Lleida, frente a la cultura de la subvención sureña. Sus críticas. Absoluta-mente irrisorias. El objetivo inmediato (de tan obvio, casi pornográfico) es limitar los daños electorales que pueda sufrir Con-vergència a causa de los recortes del gasto decididos por la Generalitat. A Duran sólo pueden votarle los empadronados en Cataluña y las consecuencias negativas que pueda tener su discurso son, desde el punto de vista electoral, inexistentes. Pero en clave catalana el España, país de vagos, nos roba es una de las pocas mule-tillas que puede encelar a sus electores, en gran parte menestrales muy tocados por la crisis. La aspiración central de la irresponsabilidad convergente es acabar demostrando que la crisis es un asunto interno español. Como la Guerra Civil.

Las palabras de Duran son también irrisorias por venir de quien vienen. Todo nacionalismo es, ontológicamente, una subvención. El estado catalán trabajosamente construido en estos últimos treinta años se asienta sobre el principio de la subvención pública, que afecta por igual a escritores, empresarios y cantantes flamencos. Yo no dudo que el diputado Duran Lleida y el presidente Mas serían unos irreprochables liberales... si no tuvieran un pueblo cautivo que redimir y sobre el que proyectar todas las variantes de la discriminación positiva: al fin y al cabo los catalanes llevan mucho más tiempo oprimidos que los homosexuales, las mujeres o los borrachos andaluces. Cualquier institución catalana es siempre un algo más, se trate del Barça, TV3, La Caixa o La Vanguardia. Esa plusvalía del ser es, y muy precisamente, el puro efecto de la subvención. Ninguno de esos cuatro, como los cuarenta mil restantes que vienen luego, podría ser lo que es a la pura intemperie del mercado.

Sin embargo, lo peor de este tipo de declaraciones, como del éxito arrasador del nacionalismo catalán, no es su infracción del pudor y de la razón. Es su carácter imitativo. No en vano el Partido Socialista y el Partido Popular están conversando en Andalucía a fin de presentar en el Parla-mento una reprobación solemne de Duran. El proceso es, pues, patéticamente simétri-co: una opinión política se convierte en una opinión patriótica. Igualmente impudorosa. Igualmente barata. Las opiniones de Duran no son más que gossip político. Deben ser contestadas por la verdulera (mis respetos, señora), mientras se toma el cortado en el Bar Per, y ofú, ofú. Ennoblecerlas en solem-ne sesión plenaria es la demostración pal-mera de que el debate político español solo sobrevive por la subvención nacionalista.

Arcadi Espada, en El Mundo

agente t
26/10/2011, 18:07
Ramón Jáuregui, actual ministro de la Presidencia, tiene una personalidad política cuya dimensión va mucho más allá del cargo que hoy, circunstancialmente, ocupa. En el País Vasco, en Madrid e, incluso, durante su breve etapa como parlamentario europeo, ha dado innumerables muestras de inteligencia, capacidad de trabajo, honestidad personal y afán de concordia. Nadie que le conozca un poco puede ponerlo en duda.

Esta semana se han celebrado unas jornadas de reflexión política en Sant Benet del Bages con estrellas invitadas de alto nivel : Felipe González, Joaquín Almunia, Artur Mas, Jordi Pujol, Miquel Roca y Antonio Garrigues, entre otros. Clausuró Ramón Jáuregui. Según la crónica de La Vanguardia del miércoles, el ministro de la Presidencia se mostró desolado: "Ustedes –dijo a los políticos y empresarios catalanes allí congregados– también tienen que escuchar que quienes hemos querido construir (puentes) también nos sentimos decepcionados. No me siento correspondido cuando veo este sentimiento en Catalunya. Y me pregunto: ¿qué nos ha pasado?".

Jáuregui se refería a ciertas intervenciones anteriores, entre ellas las de Pujol y Roca, que alertaban sobre "la ruptura entre Catalunya y España" y la incomprensión de España ante las posiciones nacionalistas catalanas, entre ellas, naturalmente, la sentencia del Estatut y, supongo, otras resoluciones judiciales sobre la política lingüística de la Generalitat. Como ejemplo, Pujol había dicho el día anterior: "Algo se ha roto: se acabó la confianza. Muchos, ni yo ni otros, ya no confiamos en España. Llevo 65 años de trabajo basado en la confianza, pero todo esto en lo que algunos pusimos mucha ilusión no funciona. Ha fracasado la política de autoafirmación de Catalunya en el marco de España".

"¿Qué nos ha pasado?", se pregunta dolido Ramón Jáuregui. No ha pasado nada, Ramón, es la cantinela de siempre, llevamos treinta años escuchándola. Tú conoces bien el nacionalismo vasco: el catalán es parecido, no te engañes. Hacerse siempre la víctima frente al enemigo de toda la vida no es nada nuevo. Aquí no hay argumentos, hay simple manipulación de sentimientos; todo vale. Nada ha cambiado en los nacionalistas catalanes durante treinta años: no quieren puentes, quieren quejarse. Para ellos la autonomía no es una finalidad sino una etapa, un mero peldaño hacia la independencia. Pero no tienen prisa para llegar a la meta, prefieren ir acumulando poder y disfrutarlo sin que les molesten.

Ahora estamos en la fase de mostrar su "desconfianza hacia España" en la que hasta ahora, dicen, "tanto habían confiado". No les creas, pura hipocresía, es lo que ahora, por estrategia, les conviene decir. ¿Cuántas veces lo hemos escuchado ya en treinta años? Tú tiende puentes, es tu manera de ser, pero no esperes que te correspondan.

Por Francesc de Carreras, en La Vanguardia (exespañola)

agente t
16/11/2011, 12:40
Es sabido que el nuevo Gobierno presidido por Mariano Rajoy deberá impulsar un programa muy severo de recortes de gasto público adicionales y de reformas estructurales en los terrenos laboral, educativo, institucional y territorial de considerable ambición y alcance.

Esta agenda es imprescindible para salir de la crisis y las instancias europeas le han dado a España un breve respiro en la confianza de que a partir del próximo domingo se va a producir en nuestro país un drástico cambio de rumbo. También resulta claro que este enfoque regenerador chocará con numerosos intereses creados y exigirá considerables sacrificios a la sociedad. No será fácil convencer a los españoles, maleados por una larga etapa de igualitarismo indolente, de que ahora deben revisar sus esquemas mentales y estar dispuestos a trabajar más cobrando menos y a ver reducidos sus beneficios sociales. De la misma forma, la tarea de reestructurar las Administraciones, devolver al Estado competencias esenciales y adelgazar las Autonomías se enfrentará a una numerosa e instalada casta política que tendrá que aceptar una reducción significativa de su volumen, poder e influencia. Para una empresa de esta envergadura y tan plagada de obstáculos, Rajoy va a necesitar todo el apoyo que pueda reunir y más. En este contexto, sorprende que algunas voces autorizadas dentro del PP consideren aconsejable la incorporación de ministros nacionalistas catalanes y vascos al Ejecutivo con el fin de sumarlos al esfuerzo colectivo para ganar competitividad, practicar la austeridad y fortalecer la unidad nacional. Es como si estos bienintencionados partidarios de la integración de los secesionistas en el propósito común hubieran heredado el buenismo ingenuo de Zapatero, que tanto daño a hecho a nuestra economía, a nuestro prestigio internacional y a nuestro nivel ético. Los nacionalistas no son integrables y treinta años de experiencia sobre su deslealtad deberían ser suficientes para aceptar una evidencia que no por dolorosa es menos palpable. La insistencia de darles juego a pesar de que ha quedado probado que cualquier instrumento que se les confíe será utilizado contra la unidad constitucional y puesto al servicio de su particularismo divisivo corresponde casi al dominio de la psicología antes que al de la política. La extraña fascinación que siempre han ejercido sobre determinados sectores o figuras del centro-derecha nacional responde a oscuros complejos o inseguridades doctrinales que se supone que desde la dirección del PP alguien tendría que controlar. Por desgracia, no es así y estamos condenados a padecer el reiterado error de meter la zorra en el gallinero para que se sacie a costa del resto de una nación a la que detesta y niega. En momentos en los que se augura una aplastante mayoría absoluta para los populares, semejante propuesta es propia de infiltrados o de masoquistas.

Aleix Vidal-Quadras Roca, en La Gaceta

agente t
21/11/2011, 16:10
Javier Barraycoa, historiador del nacionalismo catalán: En ‘Historias ocultadas del nacionalismo catalán’ desmonta 222 mitos inventados. Es una región “profundamente hispana”, dice.

Barcelonés nacido en 1963, doctor en Filosofía y vicerrector de la Universidad CEU-Abat Oliva, desmonta en Historias ocultadas del nacionalismo catalán (Libros Libres) 222 mentiras cuyo origen ve en la codicia de la burguesía catalana.

-¿Cataluña es una sociedad poco democrática?
-Tras la pérdida de las últimas colonias, 400 familias han dominado la sociedad. Esta burguesía aprovecha el catalanismo como mecanismo de presión frente a los Gobiernos de Madrid.

-¿La relación con la ideología es accidental?
-Ellos mismos no se lo creen. Dan el nombre de regionalista a la Lliga porque catalanista o nacionalista les parecía excesivo. Con el tiempo, la ideología la retoman las izquierdas y el catalanismo desemboca en soberanismo o separatismo.

-¿Por qué critica a la burguesía más que a esa izquierda?
-Porque traiciona la esencia histórica de Cataluña, que es profundamente hispana. Su origen etimológico es la Marca Hispánica. El arzobispo de Tarragona conserva el título de Primado de las Españas. Todos los textos medievales hablan de los hispanos de Barcelona. Es la esquizofrenia del catalanismo, que por la izquierda tiene muchas características de españolismo. El nacionalismo conservador, en cambio, genera un catalanismo que se va haciendo nacionalista.

-¿Qué ha ocurrido para que Mohamed sea el nombre más frecuente en los recién nacidos?
-Detrás del catalanismo hubo un pensamiento racista. Pero Cataluña se hace rica gracias a la población emigrante. Pujol dijo que es catalán quien trabaja y habla en catalán. Se decidió favorecer la emigración musulmana para evitar la de países hispanoamericanos, pensando que sería más fácil asimilar a los musulmanes. Los que pedirán la independencia de Cataluña dentro de 60 años serán los musulmanes, pero como república islámica.

-¿Los catalanes que se sienten españoles son marginados?
-Sí, porque se ha creado un ambiente artificial. La edición de La Vanguardia en catalán no la compra nadie, pero la regalan en todas partes. Los medios escritos en catalán reciben 13 millones de euros al año. Eso crea ambiente a base de gasto público. A costa de hundir la Sanidad, etc.

-¿La independencia sería la ruina de Cataluña?
-Cualquier persona con sentido común lo sabe, porque vende el 80% de su producto al resto de España. Algunos ideólogos hablan de mantener la fuerza económica sobre el resto de España, pero una independencia sería tan traumática que se romperían todas las vinculaciones económicas. Cataluña naufragaría y España se opondría a su ingreso en la UE y en la zona euro.

-¿Y esto les da igual a los independentistas?
-Este catalanismo no se ha planteado en serio la independencia. Conozco a pocos, por no decir a nadie, que sea capaz de morir por Cataluña. El independentismo es sentimental.

Idioma artificial. El mejor catalán fue arrinconado
Para diferenciarse de lo español, dice Barraycoa, “se asumen modas extranjeras aunque nada tengan que ver con lo catalán. Por eso Pompeyo Fabra, que nunca se llamó Pompeu, inventa un catalán moderno para poder asimilar a todos los catalanes y se prefiere abandonar el catalán tradicional. Hoy en las escuelas no se enseña a Verdaguer, que es el mayor poeta español del siglo XIX, porque su catalán no se ajusta al de Fabra”.

Entrevista de Santiago Mata, en La Gaceta

agente t
24/11/2011, 17:07
Respecto de los recortes presupuestarios, hay unas líneas rojas que el presidente Mas no traspasará. Para traspasarlas debería poder reconocerlas como tales, y no es el caso. Hay un punto de la física catalana en que el rojo, de tan rojo, se funde, y ese punto es el de la construcción patriótica. Mas quita dinero a los médicos, a las universidades, a los funcionarios. Parecen medidas inevitables. Pero lo sorprendente es que esta inevitabilidad deje al margen algunas áreas. Este periódico citaba ayer algunas en su edito-rial: «embajadas», subvenciones al doblaje y a los periódicos... Podrían añadirse varias más: singularmente TV3 y su archipiélago mediático, el auténtico pozo sin fondo del sistema catalán. Pero todo eso, ya digo, no es ni siquiera intocable y ante su hipotética mención solo cabe invocar el tópico westinghouse y admitir que de lo que no se puede hablar se tiene que callar.

La decisión de darle dinero al catalán y quitárselo a los catalanes es poco sorprendente y sólo revela una vez más la textura de la patria nacionalista. Tampoco suponen mayor novedad las facilidades que encuentra el presidente Mas para imponer su política. En cualquier otro lugar la izquierda habría impugnado con suma beligerancia este planteamiento. Pero eso es ya imposible en un lugar donde la izquierda ha sido secuestrada, raptada, mejor, por el nacionalismo. La izquierda catalana no puede discutir ese reparto de las cosas sin atentar dramáticamente contra su natura-leza. De ahí que como mísera solución de compromiso prefiera aferrarse a la insufi-ciente financiación de la autonomía (mucho más ahora que el PP se apresta a gobernar), sin que le importe coincidir una vez más con el nacionalismo y las mentiras, pleonasmo.

Liquidada la izquierda e irrelevante en términos aritméticos, que no políticos, la oposición de Ciudadanos, la expectación de la nueva temporada se centra en lo que vaya a hacer el Partido Popular en la discusión de los próximos presupuestos catalanes. Digo expectación, sabiendo perfectamente hasta dónde puede llegar el rigor impugnatorio sobre el reparto del partido de Fernández Camacho. Pero también convencido de que parte del crédito político de Rajoy pasa por evitar discriminaciones entre españoles. No vaya a ser que los ciudadanos de Cataluña hayan de sufrir mayores y peores recortes, por tener que sufragar inexcusablemente los caprichos nacionalistas. Hay que meter a la nación en cintura, de acuerdo. Pero en ningún lugar eso es más exacto y urgente que en Cataluña.

Arcadi Espada, en El Mundo

agente t
06/12/2011, 15:25
El gran defecto del nacionalismo catalán es que no es patriótico, que no tiene ningún sentido patrimonial y que sólo quiere construir nacionalismo y nacionalistas, pero no una gran nación próspera y rica. Los grandes sentimientos, para que puedan dar grandes frutos, tienen que estar por encima de lo anecdótico y ocuparse sólo de la grandeza. El nacionalismo es uno de estos grandes sentimientos, pero concretamente el catalán ha carecido siempre de grandeza y lejos de pretender el resurgir de una patria se ha obsesionado en cerrarse en el club de los que estamos de acuerdo.

Pienso en Albert Boadella, tal vez el mejor y más catalán de los dramaturgos que ha dado mi país. Si él me lo permite, diré también que el más catalanista porque su minuciosa, asombrosa, deliciosa trilogía sobre Cataluña -Pujol, Pla y Dalí- sólo puede hacerse desde el intenso y sincero amor a una tierra, desde el profundo conocimiento de su gente, por mucho que el sentido ideológico no coincida con el del partido mayoritario. Si Boadella no es catalanismo, ¿qué es catalanismo? ¿qué mayor y más brillante prenda de amor a Cataluña podríamos encontrar en nuestra era? Y todavía más: si Boadella no es Cataluña, hasta el punto de tener que marcharse a vivir a Madrid por el continuo desprecio de las instituciones públicas, ¿qué es Cataluña? ¿qué autor teatral tan extraordinario hemos conocido en nuestro tiempo? ¿qué otra compañía tan profesional y capaz como Els Joglars, con el magnífico, estratosférico Ramon Fontserè al frente?

El nacionalismo dice: «España nos roba», pero el principal ladrón es su sistema sectario que desposee a la patria de sus mejores genios.

Pienso también en Arcadi Espada, que todavía vive en Barcelona pero sólo porque Dios está en todas partes y vive donde le da la gana. Arcadi, que es tal vez el mejor articulista del mundo y que podría ser perfectamente un activo de Cataluña y parte de su patrimonio, pero al que el nacionalismo con su poca inteligencia considera extranjero. Discrepancias menores que trágicamente se imponen a la afinidad básica: también Arcadi demostró un conocimiento exacto de su lugar en Contra Cataluña, un libro fundamental sobre todo para los independentistas que quieran comprender los errores que hay que dejar de cometer para aspirar a más, los errores que Espada vaticinó en 1997 y que son los que nos han traído esta bancarrota económica y moral.

Es el mismo caso de Valentí Puig, de muy largo el mejor poeta catalán vivo. Su poesía, escrita en un catalán ultrapuro y bellísimo, concentra sin pretensiones todo lo que es grande y vital. En sus poemas esmeradamente llanos la desdicha del mundo parece un malentendido, un error fácil de enmendar. A pesar de que sin Valentí la poesía catalana actual carecería de cualquier importancia, interés y proyección, por causa de sus posiciones en ocasiones cercanas al PP, ha sido sistemáticamente marginado de la cultura oficial. Ni tan siquiera por respeto a la lengua catalana, piedra angular del nacionalismo mayoritario, el partidismo se deja a un lado. Así no hay patria.

También en otras disciplinas el nacionalismo es desleal con la patria. En la gastronómica de un modo muy especial. Si Londres es una de las ciudades donde mejor se come del mundo es porque, a falta de cocina lugareña exportable, ha sabido incorporar a su patrimonio nacional lo mejor de las cocinas exóticas. Cataluña tiene una excelente cocina popular, pero en Barcelona están los dos mejores restaurantes asiáticos del Occidente libre (Dos Palillos y Koy Shunka) y la más exquisita y culta tienda de jamón del mundo (Jamonísimo), donde esta joya gastronómica se vende con la delicadeza, la información y el ámbito que merece y no ese discurso rancio y porcino con el que en las provincias de solera jamonera se reduce el jamón a simplemente comida. A diferencia de los ingleses, los catalanes no hemos sabido incorporar a nuestro patrimonio ni el jamón, pese a tener a Pedro Hernández en Jamonísimo, ni el sushi, pese a Hireki Matsuhisha en Koy Shunka. Pero, eso sí, nos emborrachamos con cava, tan nuestro como ordinario.

España no nos roba nada en comparación con lo que nosotros mismos nos robamos e incluso el supuesto agravio fiscal es insignificante al lado de los agravios con que nosotros mismos nos mutilamos.

Salvador Sostres, en El Mundo

agente t
08/12/2011, 16:50
Se marcha, asqueado. No volveré a tropezármelo los sábados por la mañana en la librería Laie, ese pequeño rincón de la ciudad donde la concurrencia todavía recuerda la educación antigua y habla en voz baja. Anacrónica rémora de la civilización aún ajena al griterío tabernario y los modales rifeños tan caros a este rudo rincón del Mediterráneo. Como en su día Boadella, Félix de Azúa ha decidido poner fin al exilio interior. Se va a Madrid, confiesa, para que los nacional-sociolingüistas de las aulas patrióticas no conviertan a su hija en otro pequeño polpotista fanatizado. He ahí el gran triunfo, la más acreditada pericia del régimen durante los últimos treinta años: hacer de la pedagogía de la imbecilidad una doctrina de Estado (o de estadito, que tanto monta).

Leo hoy a Azúa e, inevitable, me vuelve a la mente aquella pregunta que tantas veces me formularan, curso tras curso, los alumnos en el instituto: "Profe, ¿usted por qué es facha?". Cómo no entenderlo, por lo demás. Cómo no comprender su aburrimiento, su hastío infinito ante el monólogo plúmbeo del nacionalismo. Cómo no sentir la tentación, tan intensa, de seguir sus pasos. Lo han denostado igual que antes hicieron con Pla, Dalí, D’Ors, Gaziel y tantos otros. Nada extraño si bien se mira. Gregarismo mostrenco en estado puro, si algo subleva al rebaño identitario es el talento individual, un salvoconducto que exonera a algunos elegidos de la condena a subsistir del favor del Artur Mas de turno.

Es esa humillación antidemocrática que de tarde en tarde les inflige la Naturaleza lo que los saca de quicio. La suprema afrenta que no concederán perdonar nunca. Ya en su día advirtió Pla que, para vivir en paz en Cataluña, hay que procurar pasar inadvertido. Porque la envidia, aquí deporte nacional, convierte al indígena en una criatura en extremo irritable y siempre alerta. Así prevenía a quien quisiese escucharle de lo perentorio de ahuyentar ese estado de ánimo latente. Tal era, a su sabio juicio, el gran secreto. "No hay demasiada gente que lo conozca. Los que lo saben viven tranquilamente. Los otros pierden", concluía mientras liaba con lenta parsimonia otro caliqueño. En fin, el último en salir que apague la luz.

José García Domínguez. Economista, sociólogo y graduado en Economía del Sector Público por la Universidad de Barcelona. Miembro del blog Heterodoxias.es
En LD

agente t
14/12/2011, 17:49
Es probable que haya palabras que matan, pero de lo que desde luego no queda alguna es de que muchas, por lo menos, malhieren. Palabras que el nacionalismo ha usado como mástil de la bandera de la exclusión y no de la integración como siempre debería ser usada una lengua. De ahí al «nazionalismo» solo hay un paso. Estas, y muchísimas más y de la misma enjundia, son las tesis de «Desde Santurce a Bizancio. El poder nacionalizador de las palabras» (Ed. Encuentro) del ensayista Jesús Laínz, un libro que sirve de hilo afilado del que tirar para la conferencia que Laínz ofrecerá este miércoles, bajo el título de «La manipulación lingüística del nacionalismo», en el Aula de Cultura de ABC, dentro del ciclo «España, una tradición y un proyecto», que organizan la propia Aula de Cultura ABC-Fundación Vocento y la Fundación Dos de Mayo, Nación y Libertad (Centro Cultural del Círculo de Lectores. O’Donnell, 10. A las 20 horas).

-Hagamos un poco de historia. ¿Ha existido algún país que haya destacado por este fenómeno de opresión lingüística? ¿Por ejemplo, la civilización romana no operaba con el latín en términos de manipulación?
-En el caso de Roma lo que sucedió fue la sustitución de las lenguas de los pueblos conquistados por una lengua de cultura muy desarrollada y extendida: el latín. Pero la opresión lingüística tal como la entendemos hoy comenzó con la Ilustración, paralelamente al desarrollo del nacionalismo y a los procesos de uniformización legal y administrativa. Aunque es cierto que se pueden encontrar casos bastante anteriores, sobre todo el inglés en Irlanda desde el siglo XIV. Pero el caso más sobresaliente quizá sea el francés: los revolucionarios proclamaron su intención de extirpar las lenguas regionales, a las que llamaban «jergas bárbaras». Y lo hicieron en nombre de la libertad y la igualdad. Con gran tenacidad e indudable éxito. Sin embargo, el país que ha cargado con la imagen de especialmente lingüicida ha sido España, lo cual es una injusticia histórica descomunal.

-¿Dónde está la frontera entre el poder civilizador de la lengua y la manipulación y la opresión a través de ella?

-En primer lugar, en el respeto a las personas y a la realidad, algo imposible de hacer penetrar en un cráneo nacionalista. Por ejemplo, es evidente que la lengua que han usado los vascos para escribir en el último milenio ha sido el castellano, desde, por ejemplo, el medieval García de Salazar hasta, no lo olvidemos, el mismísimo Sabino Arana. Y otro tanto se puede decir, aunque no de modo tan universal, de gallegos y catalanes, de fray Benito Feijoo a Cela y de Boscán a cientos de escritores catalanes actuales en castellano. Evidentemente también se han escrito grandes obras en gallego y catalán, como las «Cantigas» o las grandes crónicas catalanas medievales hasta Rosalía de Castro y la Renaixença, pero lo que eso demuestra es que esas sociedades, para mayor riqueza de España, son bilingües desde hace muchos siglos, algo inaceptable para los nacionalistas, que no en vano proclaman en sus pancartas que «Bilinguismo es Fascismo». Y en segundo lugar, en la consideración de las lenguas como medios de «construcción nacional» y de incomunicación, notable aportación de los nacionalistas a la historia universal de la estupidez.

(en abc.es)

agente t
14/12/2011, 17:54
-¿La supuesta «opresión» de una lengua a menudo no es más que una excusa para alentar otros fines?
-Sabino Arana, por ejemplo, no inventó una lengua. Sólo la adulteró. Pensemos tan solo en los neonombres, que tan disparatadamente han continuado desarrollando sus seguidores. Nunca nadie atacó, falseó, despreció y dañó tanto como él la aparentemente idolatrada identidad vasca. Arana es el Tolkien vasco puesto que la nación surgida de su fantasía tiene un nombre inventado, como muchas de sus localidades, y está simbolizada por una bandera absolutamente ajena a la historia. Una nación con un pasado inventado y con enemigos inventados. Con una guerra perpetua inventada, el famoso «conflicto» que nunca se les cae de la boca y que ningún político español, con sorprendente ceguera, se ha preocupado de desmentir y denunciar. Un mundo poblado por personas que se llaman con nombres inventados y que hablan una lengua escrita con una ortografía nueva, abarrotada de neologismos que la hacen incomprensible para un verdadero vascohablante. Y lo sorprendente es que Arana y sus seguidores han conseguido que una parte muy importante de los vascos hayan tomado toda este inmenso fraude por real.

-¿Por qué los nacionalismos convierten la lengua en algo excluyente y no integrador?
-Porque a nuestros románticos separatistas no hay quien les mueva de su decimonónica convicción de que la lengua es la prueba de que son una nación distinta. Por eso la agitan con fines exclusivamente políticos, ajenos a las necesidades de comunicación de la gente, que es para lo que sirven las lenguas. Ya Sabino escribió que si los maketos algún día aprendieran vascuence, los vascos tendrían que aprender ruso o noruego para hablar otra lengua y así evitar lo que el llamó «cruzamiento de razas». Y mosén Armengou, uno de los padrinos políticos de Jordi Pujol, explicó en 1958 que para ser catalán había que hablar siempre catalán, pues de lo contrario se sería un traidor. Textualmente escribió: «Los zorros y los sapos de nuestro país también han nacido en Cataluña y no decimos que sean catalanes. Pertenecen a la fauna mundial. Estos catalanes circunstanciales tampoco son catalanes. Pertenecen a la fauna española».

-En toda Europa hay dialectos, lenguas maternas, pero en general cualquier ciudadano europeo prefiere hablar y escribir en la lengua oficial que llega a más gente, y no le hace ascos a aprender inglés. ¿Por qué cree que aquí hay ese extraño «provincianismo»?
-Porque entre la Leyenda Negra que los españoles se han tragado sin rechistar, la hispanofobia característica del pensamiento progresista español (pensemos en Azaña declarando que la historia de España es un error) y el contagio separatista tras la Guerra Civil, España es el mal y cualquier otra cosa es el bien. Por eso cualquier disparate aldeanista es progresista y por eso ha tenido que salir José Bono diciendo hace unos días que la izquierda española tiene que sacudirse el complejo antiespañol. El tiempo dirá, pero el conocimiento y el razonamiento poco pueden contra ello.

agente t
14/12/2011, 17:59
-Hace pocos días un ciudadano catalán denunciaba el acoso que sufría en un dominio «.cat» porque no lo usaba en catalán.

-Sí, y después se quejan del Franquismo. La hipocresía de los separatistas es infinita: primero, en la Transición, se pidió la igualdad de las lenguas y para ello se apeló al lógico derecho a educarse en lengua materna. Luego llegó la discriminación positiva con la excusa de contrarrestar el imparable empuje de la segunda lengua mundial. Pero el fin es la extirpación. ¿Se necesita una prueba? Francesc Ferrer i Gironés, senador socialista y posteriormente diputado de Esquerra Republicana confesó en 1985 que no es el bilingüismo lo que desean establecer en Cataluña, sino la extirpación del castellano, a la que consideraba «lengua de nuestros amos» y «señal de dominación y superioridad de la nación vecina».

-Por otro lado, todo este apaño lingüístico viene acompañado de subvenciones, ayudas, componendas...
-Julio Camba ya se reía de todo esto cuando hace un siglo escribió que «ya saben lo que tienen que hacer los currinches que quieran tener éxito: escribir en gallego». Fijémonos en esta contradicción: el porcentaje de libros editados en castellano en España es del 79%, el 10 en catalán, valenciano y balear, el 2 en gallego, el 1 en vascuence y el resto en otras lenguas. Pero, como contraste, el castellano es la lengua de lectura para el 93% de las personas, el catalán para el 4, el vascuence para el 0,4 y el gallego para el 0,3. ¿Cómo se explica esto? Pues con la gente que, por deber «patriótico» o por moda, compra libros que luego no lee, y, sobre todo, con las administraciones autonómicas que derrochan riadas de dinero en subvenciones y en la compra de libros que pasan a pudrirse en almacenes

-Hay medios de comunicación nacionales que insisten en lo de Ourense, en lo de Girona, A Coruña, Lleida... ¿Los medios también tenemos responsabilidad en esta cuestión?
-Efectivamente. Se trata de otra faceta del fingimiento de que la lengua común no existe. España es el único país del mundo en el que se prohiben los exónimos, en concreto, y para colmo del absurdo, los exónimos en español. Es ridículo que en los medios de comunicación se usen sólo los topónimos en las lenguas regionales aunque el locutor esté hablando, evidentemente, en la lengua de Cervantes. Este asombroso comportamiento, paradójicamente, no se extiende a ninguna otra lengua del mundo. Nunca se perpetrará en televisión la cursilería de decir Deutschland, London, Den Haag o Köln, sino Alemania, Londres, La Haya y Colonia. Pero las únicas formas posibles de Gerona, Fuenterrabía y La Coruña han de ser, por miedo reverencial a los sacrosantos hechos diferenciales, Girona, Hondarribia y A Coruña. Y no sólo se han impuesto en la regiones respectivas, sino en todas las demás, en las que, evidentemente, no tienen competencia legislativa, lo que no tiene ninguna justificación. Pero los culpables de toda esta locura no han sido sólo los nacionalistas, sino que el PP y el PSOE comparten responsabilidad a partes iguales.

-Finalmente, ¿puede ofrecernos una pista sobre el camino a seguir?
-La receta es sencilla pero el camino es largo y tortuoso y, sobre todo, hace falta voluntad para recorrerlo: extirpar el totalitarismo lingüístico, educativo, político y mediático implantado en algunas regiones y dar la batalla ideológica a los nacionalismos, lo que no se ha hecho en cuatro décadas por complejos absurdos, debilidad, cobardía, ignorancia y falta de sentido de Estado.

Entrevista de Manuel de la Fuente, en abc.es

agente t
19/12/2011, 19:48
PSC El partido de una sola alma

Emilio Campmany en LD

Dicen las crónicas que Pere Navarro, primer secretario del PSC desde este sábado, representa al sector españolista. Añaden que su victoria, que de momento ha implicado arrinconar la propuesta de tener grupo propio en el Congreso, facilita las cosas a Carme Chacón en su proyecto de asaltar la secretaría general del PSOE. No lo veo tan claro.

El hecho de que el texto finalmente aprobado por los delegados renuncie a tener grupo propio transmite la impresión de que hay voluntad de mantenerse dentro del redil que marque Ferraz, pero ese mismo texto se reserva el derecho a tener un voto diferenciado en casos excepcionales en que se vean implicados asuntos de interés para Cataluña. Al principio de la Transición, el PSOE tenía tres grupos parlamentarios que, sin embargo, siempre votaban como si fueran uno solo. Si ahora, que tienen un único grupo, resulta que hay diputados de una región que pueden votar lo que les plazca en asuntos que afectan a su región, difícilmente podrá decirse que en el PSC ha triunfado el alma españolista. Más bien lo contrario. El hecho mismo de admitir que en el Congreso puedan discutirse asuntos en los que Cataluña tenga un interés diferenciado y distinto del resto de España y estar dispuestos a votar en el sentido de defender el primero en contra del segundo, no parece muy españolista.

Quizá el error consista en tratar de analizar lo que ha ocurrido en el PSC con las viejas herramientas de sexar socialistas catalanes para distinguir a los españolistas de los catalanistas. Lo que está ocurriendo en el PSC es lo que está pasando en todo el PSOE, que se está desintegrando. Creen que lo que les ha llevado a la debacle en las autonómicas y en las generales no es tanto lo que han hecho en Barcelona, como lo mal que han gobernado en Madrid, con lo que han decidido que lo mejor para recuperar la fuerza perdida es desengancharse cuanto se pueda de Ferraz. Desde luego, fue un error aliarse con la extrema izquierda catalanista (ERC) y la extrema izquierda catalana (ICV), pero la peor equivocación fue dejarse dirigir por Zapatero desde Madrid. Ha llegado el momento para ellos de marcar en lo posible las diferencias.

Es verdad que, en principio, los objetivos son modestos, prácticamente reducidos a conservar las alcaldías que lograron mantener tras las municipales. Pero es inequívoca la intención de tener una voz propia y diferenciada de la del PSOE. Cuanto más diferenciada, mejor. No sé cómo puede favorecer esto a Chacón en sus ambiciones de ámbito estatal, que dirían ellos. Ni tampoco sé cómo va a poder parar la hemorragia quien tenga la incómoda responsabilidad de dirigir el PSOE a partir de febrero, que parece que falta una eternidad. Y con éstos se supone que tiene que pactar Rajoy la profunda reforma institucional que España necesita. Me temo que va a ser que no.

agente t
27/12/2011, 17:10
La monarquía es la ficción más útil de la vida española contemporánea. La mejor verdad de nuestras mentiras, diría probablemente Vargas Llosa. Compárese su benéfico carácter con la ficción del nacionalismo. Una y otro se basan en imaginarios derechos históricos; pero los de la Monarquía se han utilizado para diseminar la estabilidad y la convivencia y los del nacionalismo para todo lo contrario. De ahí el efecto que causa en cualquier cuerpo racional el hecho de que un nacionalista critique a la Corona. El objetivo de la ficción nacionalista es la disgregación, mientras el de la Monarquía es el de la integración. Esto no es la descripción de un objetivo abstracto; es la descripción de la vida española en los últimos treinta años. Por lo demás la comparación entre esas dos ficciones no sólo es conceptualmente razonable. La bondadosa ficción monárquica es, además, la última garantía de que el reino del mal nacionalista no acabará destruyendo la convivencia española. Hasta tal punto es verdad eso que algunos nacionalistas incluso han tratado de engatusar a la Monarquía para que se preste a una suerte de sincretismo ficcional. Cuando Jordi Pujol sugirió en 1992 que la Monarquía debía regresar a los tiempos anteriores a 1714, y desempeñar un rol parecido al austrohúngaro, estaba reconociendo que el poder de la ficción monárquica sólo podía combatirse mediante alguna alianza. Política matrimonial, por así decirlo.

Sin embargo, el nacionalismo no es el peor enemigo de la ficción monárquica. Como digo, incluso es posible imaginar entre ellos algún tipo de alianza. El peor enemigo es lo real. Su embate. Escuchaba la otra noche al Rey. Intentaba conciliar su mirada oracular, elíptica sobre las cosas de este mundo con el barro que los periódicos llevan días amontonando a la puerta de su casa. El tratamiento lingüístico que debe darse a un rey es hablar siempre con la majestad y jamás con la persona. De ahí que se prohíba el tuteo, incluso a través del usted. El tratamiento simboliza mejor que nada la relación que un rey debe mantener con lo real: la imprescindible desaparición de la persona en el seno de la institución. Se quejaba el Rey amargamente de la erosión de las instituciones a propósito del tuteo que España está practicando con su yerno. Con más amargura aún, probablemente, por ser consciente de que el primero que había permitido el tuteo en la familia (una pelota, un micrófono y un paramecio) había sido él. Fue la suya una Nochebuena imposible.

No debe cundir la alarma, sin embargo. Nadie sensato quiere que se acabe el cuento. Dijo nuestro Rey: «La ley debe ser igual para todos» y España se abrió en un cálido y deslumbrado «¡Oh!». Y está muy bien así. Una Monarquía sólo debe convocar onomatopeyas.

Arcadi Espada, en El Mundo

agente t
11/01/2012, 18:22
Sòlo dos fuerzas políticas nacionales han nacido en estos últimos años: UPyD y Ciudadanos. Ciudadanos/Ciutadans, aunque fuerza regional, es nacional por vocación y por su demostrada voluntad de defender las libertades de todos los españoles en Cataluña, pero sus propios creadores confesaron que si el PP hubiera tenido al frente a Vidal Quadras no habría hecho falta crearlo. Sólo la tradicional, guadianesca y lamentable dependencia del PP con respecto a CiU obligó a un muy estimable grupo de intelectuales y profesionales catalanes a crear un partido que sigue siendo muy valioso en la defensa de las libertades cívicas, incompatibles con el nacionalismo catalán. En cuanto a UPyD, criatura de Rosa Díez, tiene dos padres: la liquidación del PSOE como partido nacional y la colonización del PSOE por el PSC. Sin la proclamación de España como «concepto discutido y discutible» por el indiscutiblemente lerdo Zapatero, UPyD no tendría la capacidad de crecimiento que, con menos de cuatro años de vida y pese al boicot mediático e institucional del PP y del PSOE, ha demostrado en las últimas elecciones. Y la mejor prueba del futuro de Rosa Díez y su partido se llama Carme Chacón.

Dejo para otro comentario el grotesco espectáculo de la nacionalista catalana disfrazada de andaluza en un pueblo almeriense para fingirse española, cuando su partido niega a los hijos y nietos de andaluces que han nacido en Cataluña -más de un millón- la posibilidad de escolarizarse en español; y que multa al comerciante, acaso de Almería, por el gravísimo delito de rotular su tienda «Autoservicio Pepe» y no «Autoservei Pep». Y aunque los responsables de ese liberticidio sean PSOE, PP e IU, los culpables son CiU, EU-V y, sobre todo, el PSC. Que hasta donde yo sé -lo recuerdan ellos- es un partido distinto del PSOE. Sin embargo, la fracasada candidata del PSC quiere desbancar al fracasado candidato del PSOE para mandar en un partido que no es el suyo y -desde ahí- gobernar una nación llamada España, a la que Chacón no considera suya -ahí está su Estatut proclamando la nación catalana frente a la española- pero a la que, desde el extranjero, pretende pastorear. Sólo hay algo peor que dirigir un partido desde otro y es no combatir la corrupción en ninguno de los dos. Es lo que hizo ayer en Andalucía Chacón, por si alguien pensaba en la regeneración. Del PSOE o del PSC.

Federico Jiménez Losantos, en El Mundo

agente t
20/01/2012, 19:33
Hubo un tiempo en que el nacionalismo catalán negaba la exclusión del castellano públicamente y descalificaba por indeseables a cuantas personas se quejaban de la limpieza lingüística que se estaba llevando a cabo con nocturnidad y alevosía. Ya nadie se acuerda, ni siquiera saben que lo que les sorprende ahora, ya pasó antes. Como la amenaza de los "Mozos de Escuadra" de usar el castellano para reivindicar sus derechos laborales. Fue una huelga de celo lingüístico que sólo recogió el ABC a principios de los 90. Entonces se tomó a chirigota, aún controlaban el poder social y al grueso de la prensa. Hoy la han publicado todos los medios y los nacionalistas ya no niegan la exclusión, se escandalizan de que nos resistamos a ella. Es de agradecer, por fin sabemos con quien nos hemos de jugar los cuartos: "No todo vale. Y amenazar con utilizar el castellano es patético. Es irresponsable. Algo ha fallado en la formación de este cuerpo policial nacional catalán". Quién lo escribe es Miquel Sellarès, presidente del Centre d’Estudis Estratègics de Catalunya, uno de los sujetos más subvencionados del nacionalismo catalán". Jordi Pujol calificó la decisión de los Mozos como "penosa" y el presidente Artur Más recordó que la lengua es "el núcleo duro" que más marca "la personalidad de Cataluña". Con el mismo tufillo a racismo cultural, el consejero de Interior, Felip Puig agradeció a los Mozos en su visita a Vilanova del Camí que le hubieran pitado en lugar de utilizar símbolos españoles. En protestas anteriores le habían cantado a Mas el "Viva España", en sintonía con los funcionarios de prisiones que utilizaron banderas españolas también como arma sindical. Todo un síntoma de la pedagogía del odio subterránea contra España que se practica desde que llegó Pujol al poder.

Como en el estudio del universo, donde la existencia de ciertos fenómenos sólo se puede inferir por referencia al comportamiento de la materia que los rodea, la actitud emprendida por los Mozos delata el catalibanismo lingüístico de sus superiores políticos. ¿Qué clase de integrismo fascistoide dirige los fines de ese cuerpo policial que lleva a sus miembros a considerar que utilizar el castellano es el arma sindical más eficaz para conseguir sus fines laborales...?

No se rompan la cabeza, es el mismo integrismo que se utiliza para convertir a los medios públicos y subvencionados en libelos, o a la escuela en instrumento de construcción nacional. El mismo que prioriza una sanidad monolingüe a una sanidad eficaz: el Gobierno autonómico ordena que, si en una conversación con un paciente este se muestra extrañado, el personal deberá preguntarle si entiende el catalán, pero tiene que seguir usándolo aunque constate que el interlocutor tenga "cierta dificultad" de comprensión. En ese caso, el facultativo habrá de "utilizar recursos no verbales y material gráfico de apoyo". Únicamente cuando la comunicación en catalán sea totalmente imposible, el empleado podrá utilizar el español, pero "debe repetir palabras o frases en catalán para ir introduciendo la lengua en el universo del recién llegado".

Importa menos el paciente que la identidad, menos los servicios sociales, que la lengua; como si el médico, antes que curar, tuviera la obligación de extirpar la lengua española de sus pacientes como si fuera un virus peligroso.

El nacionalismo ha pervertido los fines de las instituciones, todo ha de estar al servicio de la construcción nacional. Los Mozos, seguramente sin darse cuenta, han convertido al castellano en un símbolo de libertad. Los papeles se han invertido, ahora es el catalanismo el revés del franquismo, y su lengua, la opresora.

Antonio Robles, en LD

agente t
22/01/2012, 17:11
Una Casa del Libro de Barcelona ha decidido no acoger la presentación de la última obra de Jesús Laínz por considerar que entra en la categoría de libros "muy problemáticos" o "subversivos". El volumen con capacidad de perturbar el orden establecido es Desde Santurce a Bizancio. El poder nacionalizador de las palabras, un amplio estudio sobre la ingeniería sociolingüística que ha practicado el nacionalismo en Europa. El autor transita en su periplo por Francia, Alemania, Polonia, los países escandinavos, los bálticos, Irlanda, Rusia, Grecia, los Balcanes y Turquía, pero sospecho que la librería encontró la materia altamente sediciosa en los capítulos dedicados a España y, en concreto, a Cataluña.

A mí me ha sorprendido esta reaparición del término "subversivo", pues debió de ser allá por el año 1975, cuando la prensa española publicó, por última vez, noticias en las que figuraba esa palabra. Eran notas que daban cuenta de que tales personas habían sido "detenidas por actividades subversivas", que consistían en ser miembros de "una organización subversiva", como se designaba a los grupúsculos y partidos políticos ilegales. Todavía se confiscaba "propaganda subversiva", pero los libros subversivos, que los hubo, los teníamos todos y creo que en aquellas fechas ni siquiera era preciso bajar al sótano de la librería para echarles un ojo. Y hete aquí, tanto tiempo después, que resucita en Barcelona un vocablo de la jerga del franquismo y de cualquier dictadura, que allí donde hay alguna siempre florecen la subversión y los subversivos.

La librería podía haber rechazado la presentación sin dar explicaciones. Es libre de elegir los libros que presenta. Pero creo que, al enseñar las cartas, ha escogido el término correcto. Escribir sobre la política lingüística que rige en Cataluña de un modo que no sea la rendida apología, representa un desafío al régimen nacionalista y, dada esa circunstancia, una amenaza para cualquier vendedor de libros. No sólo para su status que, en tales condiciones, mucho depende de llevarse bien con el poder, también un peligro físico. Es que se le pueden presentar esos agentes del amedrentamiento que disuaden a la sociedad de entregarse a veleidades críticas. No hay como adelantarse a las consecuencias. En las dictaduras, nadie que no desee arriesgar su bienestar, se quiere meter en líos, es decir, en política.

Y pensar que yo presenté ese libro de Laínz en el Club Faro de Vigo. ¡Un libro subversivo! El nacionalismo no está ahí, obviamente, para rejuvenecernos, pero este episodio me retrotrae a la época de la clandestinidad bajo el franquismo. Otros profesionales de la subversión, como Francisco Caja, acompañarán a Laínz en Barcelona. Que haya suerte.

Cristina Losada, en LD

agente t
19/02/2012, 12:58
España tiene un problema en Cataluña. Complicación que conviene abordar lo antes posible y de manera clara, o terminará amargándonos en los próximos años. Y debería acometerse sin la falsificación de la Historia, que tan perversamente hacen los nacionalistas, y con los datos objetivos y fríos que se derivan de las balanzas fiscales. Cuanto antes se pinche el globo secesionista con racionalidad y la ley en la mano, mejor transitaremos por los duros años que nos quedan por delante. Comparto la preocupación de muchos españoles acerca de la inhibición del Partido Popular y la irresponsabilidad de los socialistas, al traicionar sus ideas y su historia en este asunto.

Los ciudadanos le dieron un mensaje claro a Mariano Rajoy: mayoría absoluta para enderezar España de nuevo y sin necesidad de pactos vergonzosos. Si no, ¿para qué quiere la mayoría el PP? El estado anímico de la sociedad española acepta ahora las reformas institucionales y los sacrificios que sean necesarios. Anhela un horizonte de esperanza. Y para ello prefiere que la mano tendida, que Rajoy anunció tantas veces, sea con la otra gran fuerza de este país, el PSOE. Así se evitará el error de volver a caer en el chantaje nacionalista, que no sólo no ha arriado ni una sola de sus banderas reivindicativas, sino que las ha aumentado. El techo de hoy es el suelo de mañana. Una espiral de desafíos separatistas viene acompañando todas las intervenciones de los dirigentes de CiU, junto con la tergiversación de la Historia y la manipulación de las estadísticas.

Populares y socialistas representan prácticamente el ochenta por ciento del electorado español. Y la democracia sigue siendo todavía el gobierno de la mayoría. Esas invocaciones emocionales y de sentimientos frente a la racionalidad son batallas superadas a lo largo de estadios históricos y perfectamente definidas como reaccionarias en todos los manuales de ideas políticas. ¿Podemos involucionar en esta materia? Podemos. Pero no nos conviene. Sería un retroceso histórico que nos convertiría en los peores antepasados. Es decir que les dejaríamos a nuestros hijos una España mucho peor que la que recibimos.

Dentro de la zozobra generalizada en la que todavía nos movemos, no podemos resignarnos a pensar que cualquier cosa puede pasar. Por el contrario, se demanda del actual Gobierno de España que no haya ni una duda acerca de lo que nos hace más fuertes: la suma de 47 millones de ciudadanos, todos iguales ante la ley, y sin privilegios ni diferencias en función del lugar de nacencia o residencia.

¿Es viable España? O, expresado de otro modo, ¿cuáles son las condiciones necesarias para su viabilidad? Reconozcámoslo: el actual sistema autonómico se ha mostrado muy ineficiente en muchos aspectos. No estoy abogando por su desaparición. Pero sí clamo por una redefinición del mismo y por un fortalecimiento del Gobierno central en aras de lograr una España más solidaria.

Las autonomías fueron buenas en muchos aspectos, pero, lejos de resultar un elemento integrador de la diversidad en todos los órdenes de España, han devenido en una insostenible e ineficiente plataforma para el medro de tendencias disolventes. Estas que, además, se han convertido en un obstáculo para el desarrollo del pueblo español, de los ciudadanos, como usted y yo. Todo ello agravado con la aparición de un caciquismo de nuevo cuño, alentado por redes clientelares y una oligarquía empresarial local a la que ya le va bien en ese ombliguismo, que financiamos con los impuestos de todos. Mientras, nuestras grandes multinacionales consideran que es mejor irse de España, porque la economía es global. Pobre España y pobres españoles. Si no te desprecian los malos, te desprecian los buenos.

Insisto, las autonomías fueron buenas y su redefinición todavía puede convertirlas en instrumentos eficaces. Pero su actual colapso sólo tiene solución en una España más fuerte y en un diseño nuevo del Estado autonómico. En este nuevo concepto debe abordarse, con valentía y sin complejos, la posibilidad de terminar con el café para todos. Incluso es probable una España autonómica de dos velocidades. Nos lo exigen el futuro y la angustiosa realidad presente. No es tolerable el actual fracaso escolar derivado de 17 sistemas educativos diferentes. O el mantenimiento de cien mil cargos políticos y asimilados, antesala de la disolución definitiva de los logros históricos alcanzados a través del Estado del bienestar.

Conviene en estos casos, siempre que se abordan cuestiones como la que hoy nos ocupa, volver a leer más historia o releer páginas tan lúcidas y luminosas como las que escribió el premio Nobel don Santiago Ramón y Cajal en el año 1934. Al abordar las ansias independentistas catalanas decía: «También los catalanes necesitan para fundamentar sus juicios situarse a espaldas de la Historia. Castilla no expolió nunca al Principado. Ella fue víctima como Cataluña de los funestos déspotas». Tampoco ahora se usurpa o se despoja a Cataluña de nada. Muy al contrario, su pertenencia histórica a España es la que ha hecho de ella su realidad actual, con sus luces y sus sombras,tras treinta años de autogobierno, aprovechados de manera irregular. Por eso, de nuevo, será en España donde encuentre el arreglo a sus problemas.

No fue España la que quebró Banca Catalana o Spanair. Ni siquiera la que jerarquizó determinadas inversiones frente a otras. Pero sí es España la que les da innumerables oportunidades de negocio a un buen número de empresarios catalanes. Sólo con una España fuerte le irá mejor a Cataluña, y para Cataluña siempre fue España su mejor negocio. Y así deberá seguir siendo.

Lejos de la confrontación simplista, el problema catalán, además de conllevarlo, como decía Ortega, habrá que abordarlo. Con valentía y con claridad; y entre otras muchas cosas, me atrevo a recordarles a los nacionalistas de cualquier signo que no hay nada que se parezca más a un hombre que otro hombre. Que venimos todos del mismo cansancio viejo y somos todos hijos del hambre, que suele cambiar de territorio con frecuencia. Y que la España actual tiene entre sus grandes virtudes el rico mestizaje histórico, que nos permite vivir lejos de donde nacimos, y la libertad como fuerza más fecunda y creadora.

por Bieito Rubido, director de ABC

agente t
23/02/2012, 19:00
El presidente de Ciudadanos de Cataluña, Albert Rivera, y el presidente del grupo parlamentario de ERC en el Parlamento catalán, Joan Puigcercós, han tenido un encontronazo durante el debate de una moción presentada por el subgrupo de Ciudadanos con que interpelaba al Gobierno sobre los recursos públicos empleados en Spanair.

Y es que, Rivera ha pedido que se investigara la responsabilidad de la Generalitat por el cierre Spanair. Una petición que no ha sentado nada bien a la izquierda radical del parlamento. Así, Rivera ha lamentado que no se haya podido crear la comisión de investigación después de pedir a ERC que deje de lado su "Madridfobia".

"Hay que estar loco para pensar que alguien que pide que se investigue cómo se gestionan los recursos públicos de los catalanes quiere que los aeropuertos y hospitales estén en Madrid", ha indicado, al tiempo que señala que "¿se pide a las escuelas limitar papel de water mientras se esconde a los ciudadanos xq se perdieron 135 millones de euros en Spanair?".

Además, añade que "parece que la crisis solo es para las clases medias y en cambio para delirios nacionalistas como Spanair sobra dinero", apunta el presidente.

Esa comparativa ha encendido al líder republicano, quien ha respondido a Rivera que es "maleducado y un prepotente" después de que éste, desde su escaño, le tratara de loco. Este gesto ha provocado que Luis M. Corominas, que presidía el pleno en ausencia de Núria de Gispert, le diera un toque de atención.

Por su parte, el diputado de SI, Uriel Bertran, ha criticado durante la sesión en el Parlamento, la actuación de España en el caso de Spanair. Aunque sin exigir responsabilidades a los creadores de la aerolínea, llamada comúnmente como el "suelo catalán".

Agencias/La Gaceta

agente t
08/03/2012, 15:54
Lo primero es pedir disculpas a los lectores. Como deben de saber escribo desde el extranjero y aquí los teclados tienen sus elementos diferenciales. La cuestión es que el expresidente Jordi Pujol acaba de publicar el tercer tomo de sus memorias y ha aprovechado el foco para decir que votaría sí en un referéndum por la independencia catalana. La declaración no tiene mayor importancia, y sólo refleja el carácter de los nacionalistas: Pujol tuvo más de dos décadas para darse el gusto de hacerse la pregunta, pero prefiere responderse sin pregunta, que trae menos problemas y además un bel morir tutta una vita onora. Sin embargo, este brindis al sol supone una lección ejemplar y final para aquella gente de Madrit que siempre consideró a Pujol un gran estadista y que cuenta, entre otras personalidades destacadas, con el actual presidente del Gobierno y con aquel otro que fue investido en un hotel de lujo. Es un momento más adecuado que cualquier otro para decirlo. Si éste es hoy un Estado inviable es, en gran medida, por la acción obstinada y duradera de Pujol y por la complacencia que todos los presidentes, salvo Adolfo Suárez, mantuvieron frente a él. En esta hora de déficit al gran estadista y a sus cómplices políticos y mediáticos hay que homenajearles por tres motivos. El primero por la instalación en la lógica de la duplicidad. A pesar de que su retórica maniobrera quisiera a veces desdecirlo, Pujol construyó un Estado catalán y no el Estado en catalán. Lo hizo con la tolerancia de las autoridades nacionales y, lo que es fundamental, con la emulación admirada del resto de líderes autonómicos. El segundo es por el tipo de negociación, paz por territorios, que se impuso en la construcción del Estado. Cualquier Gobierno central en dificultades a la hora de aprobar una ley supo siempre que podía hablar con Pujol. Era secundario el sesgo que tuviera la ley: Pujol se adaptaba. Lo importante para él era obtener concesiones estructurales a cambio de favores políticos circunstanciales. La política del gran estadista, por último, exhibió otra característica indeleble: nunca se vio obligado a vincular el ejercicio del poder con la responsabilidad fiscal. Él gastaba, pero los odiosos recaudadores siempre fueron, siempre son, los otros.

Así pues a nadie debe sorprender que Pujol anuncie hoy su voto favorable a la independencia. Sus amigos de Madrit ya la habían favorecido mucho antes mediante su tácita asunción de la destrucción del Estado a cambio de poder. Este deslumbrante poder que hoy ejercen sobre las ruinas.

Arcadi Espada, en El Mundo

agente t
09/03/2012, 17:15
En los últimos días, el nacionalismo catalán ha afirmado vivir con miedo a lo que ellos llamaban las "amenazas al sistema de inmersión lingüística". Esas amenazas no eran sino la posibilidad de que el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña se pronunciase sobre la necesidad de que se reconozca también al castellano como lengua vehicular en las aulas catalanas.

Ese miedo, que forma parte del continuo victimismo nacionalista, se ha manifestado a través de las llamadas al desacato de las sentencias judiciales, mediante presiones públicas a los miembros del tribunal así como desde el más absoluto desprecio al funcionamiento de la justicia al que tan acostumbrados nos tienen desde que el por entonces President Montilla se colocase tras la pancarta de la manifestación contra la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut de Cataluña.

Hoy conocíamos el auto y se desvelaba un episodio más de la serie de actuaciones judiciales que para tristeza de los nacionalistas, a nadie quepa duda, volverá a instalar el castellano en los centros educativos de Cataluña.

Con el fallo del TSJC, se viene a confirmar el derecho de las familias denunciantes a recibir la educación en castellano, o lo que es lo mismo, la obligación de la Generalitat de Cataluña a articular una respuesta eficaz a esa demanda.

Hoy, los insumisos del coche oficial se jactan de que con unas cuantas "atenciones individualizadas" conseguirán perpetuar un modelo educativo totalitario que impide a los padres elegir para la formación de sus hijos la lengua oficial del Estado en el que viven.
Pero nada más lejos de la realidad en la que nos encontramos. Ya existen sentencias del Tribunal Constitucional y del Tribunal Supremo que sitúan ese modelo monolingüe fuera de los límites que marca la legalidad. Ya hay obligación por parte de la Generalitat de Cataluña de adecuar la Ley de Educación Catalana a la sentencia del Constitucional sobre el Estatut. Y ya hay la demanda social de que ambas lenguas cooficiales puedan estar presentes en el camino educativo de los niños catalanes.

Lo que queda hoy en día son unos representantes políticos lanzados a una huída de la ley. Unos gobernantes que se enorgullecen públicamente de no acatar las sentencias de los Tribunales de justicia. Un Presidente de la Generalitat que se disfraza de insumiso para reírse del Estado del que es el máximo representante en aquella Comunidad Autónoma.

Contamos con los instrumentos judiciales para empezar a recuperar todo el terreno perdido en las últimas décadas por el avance de un nacionalismo cada vez más radical que en nombre del "proyecto nacional" no ha dudado en recortar derechos y aniquilar libertades individuales.

Necesitamos una labor de concienciación social que permita a la sociedad catalana y a la española en su conjunto ofrecer una "tolerancia cero" a quienes desde el despacho oficial afirman crecidos vivir de espaldas a la ley. Como Estado de Derecho debemos poner en valor la legalidad y la lealtad institucional y no permitir que los principales enemigos de nuestro sistema vivan y se favorezcan a su costa.

Esas familias tienen reconocido su derecho. Y la Generalitat debe hacerlo efectivo. El modelo educativo monolingüe catalán no se ajusta a la Constitución y por tanto debe ser cambiado. Y aquellos que desobedecen las leyes y desacatan las sentencias prevarican, y deberán, por tanto, responder ante la justicia si queremos que esta sea igual para todos los ciudadanos. Hoy los demócratas hemos avanzado un par de pasos más. Y sería un error retroceder ante los insumisos del nacionalismo catalán.

Pablo Yánez, en LD

agente t
11/03/2012, 10:27
Los únicos que muestran firmeza son los dinamitadores de la unidad.


La reciente sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña para teóricamente hacer ejecutar otra previa del Supremo sobre el derecho de las familias en esa comunidad a escolarizar a sus hijos en la lengua oficial del Estado ha puesto de nuevo en evidencia algunos hechos que sitúan a España a medio camino entre el surrealismo y la postración. Somos el único país del mundo en el que existen parcelas del mismo en las que no es posible recibir la enseñanza obligatoria en la lengua declarada constitucionalmente como común.

Y también somos una prodigiosa excepción en todo el orbe en la medida que partidos nacionales mayoritarios se someten a tan humillante imposición por parte de fuerzas secesionistas. De la misma forma que los nacionalistas han retorcido la Carta Magna y se saltan las resoluciones judiciales despojando a la lengua oficial de su condición de tal –porque oficial en todas partes sólo hay una, las otras son cooficiales en porciones de nuestra geografía–, el actual Gobierno, que tiene mayoría absoluta en las dos Cámaras que encarnan la soberanía nacional, podría perfectamente presentar y hacer aprobar una ley orgánica de utilización de las lenguas en el sistema educativo y en el espacio público que pondría orden de una vez en este asunto.

Al fin y al cabo, tan constitucional es por lo que se ve el modelo de eliminación del español de los separatistas como uno alternativo que estableciera la libertad de elección de lengua vehicular en las aulas. Es una simple cuestión de voluntad política y de claridad de ideas y parece que aquí los únicos que muestran firmeza y determinación son los dinamitadores de la unidad y de los derechos fundamentales, mientras que los que supuestamente deben garantizarlos flojean de remos y de convicciones. Simplemente patético.

Aleix Vidal-Quadras, en La Gaceta

agente t
16/03/2012, 17:35
La verdad escuece y más, cuando se responde desde el resentimiento cuando a uno le sacan las vergüenzas. El problema viene cuando la contestación es la misma de siempre, que si "España expolia", que si "España nos roba", como tanto predican los partidos independentistas y nacionalistas de Cataluña.

Amén de la "inmersión lingüística forzada", el incumplimiento reiterado de la ley de banderas, que insta a todos los ayuntamientos a poner la bandera de España, o incluso las amenazas sobre consultas populares, como preguntar por la independencia de la comunidad autónoma, eso sí, con el dinero del contribuyente.

El director de Intereconomía en Cataluña, Francisco Pou, señala que "los signos, el lenguaje, la música, las banderas, no hablan, pero nos traen significado". Así, destaca que en "los 'lipdubs' separatistas, movilizaciones en los pueblos para hacerse esa 'foto' de un pretendido 'todos' -término esencial en el totalitarismo- 'contra' -siempre hace falta un enemigo-, el lenguaje habla".

Asimismo, continúa "fuego. Armas. Banderas míticas de tiempos pretéritos de monarquías absolutistas o de promesas de 'estrella roja'". Al respecto se pregunta "¿qué comentario escucharíamos en un pueblo de España manifestándose 'todos' con banderas franquistas, con fervor entusiasmo "contra" la Constitución? ¿O por qué nos recuerda tanto a esas noches de antorchas de las juventudes "patrióticas" de "toda" Alemania en los años 30? ¿Por qué ese juicio es distinto si la bandera es estelada o de los Austrias?" De esta forma Pou apunta que "esa es la presión del Nacionalismo en los medios, en el ambiente, en su liturgia de signos "que ahora tocan" para no convertirse en "enemigo". Por último, el director de Intereconomía en Cataluña comenta que "las mentiras se construyen con errores. Y los errores, decía Chesterton, son "verdades que se han vuelto locas" Ahí, directamente hay un pueblo que, con mentiras se vuelve loco".

El portavoz de la Generalidad, Francesc Homs, afirma que no lee los diarios considerados de derechas. "Cuando desayuno no leo este tipo de diarios. Hay cosas que se hacen en Cataluña que son mucho mejores", señalaba ayer en una entrevista a BTV.

Homs preguntó "¿por qué les hacen tanta propaganda?". No obstante, parece olvidar que la gran mayoría de los medios que se editan y publican en Cataluña reciben subvenciones para poder continuar y que por el dinero público que reciben está al servicio del Gobierno de turno.

Así, afirma que los medios de 'Madrid' "desdibujan la realidad y están hechos desde una cierta amargura". Además critica que "deben necesitar aquellas cosas que se ponen en el estómago cuando tienes ardor". En este sentido, señala que este tipo de prensa "se excita en seguida. Cualquier cosa que viene de Cataluña hay unos sectores mediáticos que no es que tengan la piel fina, simplemente están desinformados".

La desinformación a la que debe referirse Homs, es que en Cataluña no se acatan cinco sentencias del Tribunal Supremo ni tampoco la sentencia del Tribunal Constitucional para que el español sea lengua vehicular, tanto en la escuela como en la vida cotidiana. Así, por ejemplo, no rotular al menos en catalán conlleva multa económica, cercana a los 1.800 euros, siendo la única CCAA que realiza este tipo de sanciones.

Por otro lado, los eufemismos que se utilizan en Cataluña para no utilizar la palabra recortes son varios. A pago de un euro por receta, o copago sanitario, se le llama 'ticket moderador'. La tasa se llama turística, aunque la pagarán todos, residentes y no residentes para pernoctar en cualquier hotel de Cataluña. Y por supuesto, se obvia la subida del canon del agua, donde el importe del consumo se duplica por los elevados impuestos que se pagan por este preciado bien.

Sobre la última de las prentensiones catalanistas, recaudar todos los impuestos que se pagan en Cataluña, el llamado déficit fiscal, que con tanto empeño saca a relucir la Generalidad cada vez que tiene ocasión. Se ha amenazado con el "cierre de cajas" e incluso con consultas populares, como la independencia.

Asimismo, se encargan informes a distintas entidades sobre lo beneficiosa que sería la independencia de Cataluña o afirmar que la culpa del cierre de Spanair es de España y no del despertar del sueño de los nacionalistas.

Para todo esto no hay recortes en subvenciones, más de 453 millones de euros para sus fines. Eso sí, recortes a los funcionarios siempre que se pueda, entre los que se encuentran los Mozos de Esquadra, prisiones, Educación y Sanidad, que han recibido una tijera entre 2011 y 2012 de más del 20% de su sueldo.

En cambio, para asociaciones y plataformas, como Omnium Cultural, que en sus 50 años de historia ha recibido millones de euros, la última partida alcanzó 1,4 millones, sobra el dinero mientras que para las víctimas del terrorismo en Cataluña, cero euros.

Incluso, la Generalidad sólo ayuda a los más necesitados si es en catalán. Entre los requisitos para recibir una subvención en Cataluña aparece el uso del catalán de forma forzada. Tras esta premisa, la causa social, dará igual la que sea, queda en un segundo plano. Así, para la lucha contra la pobreza, la Consejería de Bienestar Social y Familia de la Generalidad subvencionará a estas entidades, siempre y cuando estas lo divulguen en la lengua autonómica.

ÁLVARO J. MEDINA en La Gaceta.es

agente t
24/05/2012, 16:45
Es un claro síntoma de salud y juventud que aún me sobresalte la cara dura del nacionalismo, y la de sus compañeros de viaje socialdemócratas. Llevan 112 años haciendo política del fútbol, distribuyendo la plusvalía fundacional de la nación catalana («més que un club») e incurriendo incluso en descripciones de alto fuego semiótico como las del acharnegao Montalbán cuando dijo que el Barça era el ejército armado de Cataluña. Y ahora le reprochan a la presidenta Aguirre que mezcle la política con el fútbol, porque ésta ha declarado que el Estado debe actuar ante la injuria al himno de España que preparan los nacionalistas vascos y catalanes en un partido que hay el viernes. Pero si se soslaya el espectáculo de la cara dura hay algo de gran interés en este asunto.

Cuando en 1989 el Tribunal Supremo norteamericano dictaminó por cinco votos a cuatro que quemar la bandera de EEUU no era ilegal, el juez William J. Brenan escribió en su explicación de voto, según la transcripción que hizo entonces el periodista Carlos Mendo: «Es irónico y a la vez fundamental que la bandera deba también proteger a aquellos que no la acatan.» Irónico, fundamental, maravilloso y conmovedor. Lo que la bandera de los EEUU está diciéndole a los cafres es que la libertad es ignífuga. Y aún más, mucho más: que el poder, el poder de la libertad, está por encima del textil y de los sentimientos. Esta apreciación tiene un valor grandioso; y señala un grado evolutivo en la historia de las naciones que han pasado de ser pozos de sentimentalidad a ámbitos de la ley.

La vida simbólica presenta en España muchas y desagradables asimetrías. Destaca que la bandera, el himno del Estado y la iconografía institucional estén sujetas al desprecio constante, y, muchas veces, a la nítida agresión de los nacionalistas. Por el contrario, y como todo el mundo sabe, los símbolos de los nacionalistas son intocables. La hipótesis de una pitada a Els Segadors o la quema de la ikurriña son hechos puramente inconcebibles. La razón es algo más sofisticada de lo que parece: ni ese himno ni esa bandera amparan nada más que sentimientos, convencionalmente textiles. La edad madura en que esos símbolos alcancen la posibilidad de amparar también la libertad y la disidencia está todavía lejana. De ahí que los insultos que hoy dirigen los nacionalistas a los símbolos del Estado español no sean más que expresión de su propio naturaleza faltona. De lo que les falta.

Arcadi Espada, en El Mundo

agente t
25/05/2012, 18:52
El populacho necesita goles, y cuando digo populacho no me refiero a la clase baja; muchos financieros, jueces, empresarios y diputados son más populacho, más chusma y turba que la masa. Miren los diputados del PNV gateando por uno de los leones de Ponzano (no sé si por el que pesa 3.474 kilos o por el que pesa 3.666). Han puesto la bandera del Athletic en el pórtico del Congreso. Podrían haber dado un paso más y haber colocado el careto de Sabino Arana en los leones fundidos con los cañones tomados al enemigo en la guerra de África.

Los diputados del PNV echan banderas y pólvora dialéctica a los fuegos artificiales de esta noche en el Manzanares para convertir la final en un acto de reivindicación nacionalista. Ya saben: España es el país de los separatistas, que dan la vara pero no se van y han hecho de la hostilidad a la nación una ideología. Aprovechan el fútbol, la confusión de masas, para transformar el juego en creencia. Animan a los gamberros y matoncitos para que abucheen y griten contra la bandera, el himno y los Príncipes de Asturias.

A mí me divierte que silben a los que mandan, sobre todo cuando los que mandan han consentido que se llegara a esta ruina y corrupción, pero me ofende que sigan abusando de nuestra paciencia los que durante tiempo han hecho una bandera del fanatismo, esa enfermedad del espíritu que se adquiere como el tifus. También resulta ofensivo y grotesco que un Estado, por muy menguado y arruinado que se encuentre, se estremezca porque unos miles de vandalitos vengan con banderitas y cohetes. Otras veces vinieron con coches bomba y no nos aplastaron. ¿Por qué reducen el himno a 27 segundos en vez de ponerlo más alto y más ruidoso? ¿Acaso vamos a restaurar por cuatro gamberros el delito de lesa majestad? ¿Madrid no vale una bronca?

Hubo un tiempo, cuando dábamos patadas a la pelota en los descampados, que nos sabíamos de memoria la alineación del Athletic de Bilbao que terminaba en Zarra-Gainza; adorábamos a los futbolistas como a santos milagrosos. Estamos bien acostumbrados a los ejercicios de la irrealidad y de los mitos, pero a estas alturas del partido aquellas simpatías y admiraciones se han convertido en recelo.

Claro que hay malos recuerdos de la Monarquía. En ese barrio, entre Toledo, Humilladero y la Arganzuela, está La Fuentecilla, un monumento dedicado al felón Fernando VII que no sé por qué el pueblo de Madrid nunca ha derribado. Claro que la Monarquía tuvo rasgos comunes con el despotismo asiático, pero hoy es parlamentaria. Además, éstos que vienen no son republicanos sino separatistas. Los Príncipes tienen que dar la cara. Ya les abuchearon en Alcalá cuando la entrega del Premio Cervantes y no pasó nada; si quieren ser reyes les quedan unas cuantas broncas.

Raúl del Pozo, en El Mundo

agente t
18/06/2012, 16:05
Los nuevos batasunos han descubierto otro modelo en el que inspirarse: la autodeterminación que van a ejercer los escoceses en otoño de 2014 después de la Ryder Cup de Golf. Nada hay que guste tanto a un abertzale como imitar a la madrastra de Blancanieves en su juego, especular y preguntar si el del cristal es tan autodeterminista como él mismo.

Ahora toca Escocia. En la edad de bronce, cuando Txema Montero era aún batasuno, tenía un modelo doble: «Albania por su conciencia nacional, y la RDA por su alto grado de desarrollo». Su colega Esnaola no lo veía así: «No aspiramos a una Albania del Cantábrico. Nuestras miras se dirigen más bien al modelo sueco».

Al hoy dirigente bildutarraJoseba Azkarraga le gustaban más las islas Åland, un archipiélago del Báltico, que tiene «sellos y correo postal». También tuvo su tirón la ex república soviética de Georgia: los georgianos eran los vascos de la URSS, el euskara y el georgiano tienen raíces semejantes, y habían hermanado a tres ciudades (Tiflis, Batumi y Kutaisi) con las tres capitales vascas: Bilbao, San Sebastián y Vitoria.
También nos hemos fijado en Irlanda, Quebec, Bosnia, Nueva Caledonia, Chequia y Eslovaquia, palestinos, tamiles, irlandeses o alemanes del Este. Allá donde se haya pronunciado alguna vez la palabra autodeterminación se ha ejercido el sortilegio. No importa que el resultado de Quebec haya terminado con las fantasías secesionistas por muchos años, ni que el referéndum alemán fuera para unir, no para separar. Mientras, en la lejana Sudáfrica, patria de Currin, el Partido Inthaka reclamaba para sus zulúes un estatuto de autonomía como el vasco.

También tuvo su momento Puerto Rico en la extravagante propuesta de Ibarretxe hace 10 años: un estado libre asociado. Aquel mismo año, el lehendakari hizo traer a un prestigioso catedrático de Historiade la Universidad de San Juan de Puerto Rico para deleitarse en los parecidos con Euskal Herria. Fue un fiasco. El historiador le dijo que aquel estatus había sido una buena salida para Puerto Rico, pero que no tenía conocimiento de que nunca, en ninguna parte del mundo, la ruptura de un estado unitario diera lugar a dos estados asociados.
Los nacionalistas escoceses andan pisando huevos para no molestar. No aspiran a emanciparse de la reina ni de la libra y no les va a venir bien la simpatía abertzale, tan aparatosa. Por otra parte, es posición que los comisarios europeos expresan cuando se les pregunta por ello, que si en Escocia ganara la independencia, quedaría fuera de la Unión Europea, debería solicitar el reingreso y todos los países miembros tendrían derecho a veto. España ya ha anunciado que lo ejercería.

Yo no sé si a los nuevos batasunos, nuestros nuevos caledonios, les irá este plan o les convendría ligarse a la autodeterminación de las Malvinas, que se producirá en 2013. Podrían ser un estado libre asociado a la Argentina de Kirchner. Después de lo de YPF, sería un modelo alternativo para joder a los españoles.

Santiago González, en El Mundo

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agente t
26/07/2012, 16:55
Los nacionalistas prometen a la gente todo tipo de venturas si la que consideran auténtica identidad cultural es homogénea en el territorio que seleccionan como su matriz y receptáculo, territorio destinado según ellos por ley natural a disponer de un Estado propio. Este paraíso al que conduce la independencia debe ser conseguido a cualquier precio, incluso el de la fragmentación de unidades políticas consagradas por siglos de historia en las que sus ciudadanos gozan de la panoplia completa de derechos y libertades que caracteriza a las sociedades abiertas. Por supuesto, una vez consumada la secesión, los nacionales de la nueva nación disfrutarán de prosperidad, justicia y libertad hasta extremos antes desconocidos.

Esta es la fantasía sobre la que trabajan los partidos separatistas de corte identitario, creando continuas tensiones centrífugas en Estados democráticos, exacerbando las diferencias, buscando el enfrentamiento con enemigos imaginarios y reinventando el pasado. Mediante semejante esquema de trabajo, los nacionalistas catalanes llevan más de cien años fastidiando a sus conciudadanos, atropellando derechos individuales, burlando a los tribunales y sometiendo a un pueblo muy creativo de vocación cosmopolita a un estéril aldeanismo que lo empobrece material y espiritualmente.

Pues bien, después de tres décadas de gobiernos de esta ideología regresiva y absurda, la Generalidad se ha declarado en quiebra y ha solicitado ser rescatada por el Tesoro estatal. La pregunta que sería oportuno que los habitantes del Principado se formulasen en esta hora triste de su trayectoria colectiva es la siguiente: ¿Cuáles son las ventajas de una doctrina que nos ha precipitado a la ruina, nos ha castigado con un nivel galopante de corrupción y nos ha aislado del resto de nuestros compatriotas españoles sin ofrecernos ningún beneficio tangible o intangible? El nacionalismo catalán es hoy el ejemplo patético del fracaso de una idea de Cataluña basada en el tribalismo, la introversión y la obsesión neurótica por el uniformismo totalitario. Si tras el derrumbe estrepitoso de un montaje artificial construido sobre una inmensa mentira y una descarada manipulación, los catalanes no reaccionan enviando a paseo a la caterva venal y fanática que les ha envenenado el alma y les ha vaciado los bolsillos, entonces quedará claro que se merecen lo que les ha pasado y que suerte tienen de formar parte de España para llegar a fin de mes.

Aleix Vida-Quadras Roca, en La Gaceta.es

agente t
02/08/2012, 17:27
Ahora imagine el agostado lector que una vez solicitado el préstamo y concedido España le dijera a Europa que acepta su dinero, pero no sus condiciones. ¡Gallarda España! Exactamente eso es lo que pretende decirle ahora la región catalana al Estado: págame las deudas y dame plena libertad para seguir contrayéndolas. Se trata, obviamente, del último capítulo de la alienación nacionalista, de ese vivir fuera del mundo, maceradamente ensimismado, que ha caracterizado su práctica política. Y define su fracaso fundamental: durante más de treinta años Cataluña se ha obsesionado en llegar a ser algo distinto a España. Pero por desgracia para sus intereses Cataluña es hoy mucho menos distinta de España de lo que lo fue en el alba nacionalista decimonónica. Ni en sus virtudes ni en sus calamidades. El hecho diferencial catalán no va más allá de la expansión vigorosamente subvencionada de una de las dos lenguas de sus ciudadanos, y de los domingos libres de los tenderos. Esto ha sido todo. Ni en la educación ni en la salud ni en su cohesión social ni en el sometimiento de su economía al sector público; ni en sus aeropuertos y estaciones desoladas ni en la corrupción de sus políticos ni en la protección del medio ni en sus cajas caciquiles, Cataluña es distinta. Hoy comparte con el resto de España graves problemas económicos. Y para desesperación del nacionalismo delirante (cada vez más un pleonasmo) la venerable sentencia sigue más activa y verificable que nunca: «Cuando España va bien Cataluña va bien», con todos sus viceversas.

El nacionalismo catalán se enfrenta a una evidencia desalentadora. Ha acumulado deudas que solo puede pagar Europa. Pero Europa no la reconoce ni siquiera como deudor. Los préstamos europeos irán al Estado español y él decidirá. Los ilusionados días de la Europa de las regiones, de la voz catalana en Europa, acabaron sin empezar apenas. Las cosas se han puesto definitivamente serias. Se comprende que en esta circunstancia el nacionalismo catalán acentúe su gesticulación, sus pactos fiscales, sus patéticas amenazas de reescribir la Historia, mientras niega dinero a sus viejos y a sus minusválidos. Una gesticulación, por supuesto, con una sola mano, como es ley en el autoerotismo, máxime si la otra es la mano de pedir.
Se trata de un momento decisivo para los nacionalistas catalanes. Amenazados por la ruina y la irrelevancia tienen que mantener prietas las filas y tratar de convencer a sus fieles de que el nacionalismo es algo más que un capricho burgués en tiempos de derroche.

Arcadi Espada, en El Mundo

agente t
06/09/2012, 17:40
Como para desmentir que los nacionalismos son propios de países que aún no tomaron el tren de la modernidad, heridos por tensiones seculares, paralizados por deficientes sistemas políticos, tenemos el caso de Quebec. Acaba de regresar a la actualidad por un atentado contra el Partido Quebequés, partidario de la secesión, que ha causado un muerto y un herido. Los datos de urgencia apuntan a que fue un solo individuo el que disparó contra los seguidores de Pauline Marois, la líder del PQ, cuando celebraban su victoria en los comicios. Se trataría, de confirmarse, del primer caso de terrorismo anglófono en la provincia canadiense. Del otro terror, el francófono y secesionista, hubo en los años sesenta y setenta. Su desaparición no condujo, sin embargo, a la decadencia del separatismo en Quebec. La mística nacionalista y sus fantasías comunitarias son plantas persistentes.

Canadá, una democracia asentada, un país rico y tranquilo, distante años luz de un escenario como el balcánico, se despertó, sorprendido, a la violencia nacionalista en 1963, cuando estalló una bomba en un barrio inglés de Montreal. Michael Ignatieff, intelectual y político canadiense, ha escrito que aquella explosión supuso "el principio del fin de una cierta idea de Canadá". Desarboló la feliz idea de que era una comunidad política que había conseguido elevarse por encima de los tribalismos y que representaba un ejemplo de convivencia. Los años posteriores vieron algo que en España conocemos bien: la imposibilidad de contentar a los que no quieren contentarse. Los esfuerzos para que Quebec se sintiera a gusto en Canadá no redujeron las ansias secesionistas. Ni las aplacaría el hecho, que nos resulta familiar, de que el Estado canadiense fuera el más descentralizado del mundo. Qué puede la racionalidad contra el sentimiento.

De Quebec se han ocupado, y mucho, nuestros nacionalistas, siempre en busca de modelos a imitar. Por ejemplo, el lingüístico. También allí hay policía que persigue y multa a los tenderos. Sí, en el avanzado Canadá se permite tal abuso. A los que no participamos de esa religión secular que es el nacionalismo, el arraigo del secesionismo quebequés viene a echarnos un jarro de agua fría. Estábamos equivocados al pensar que el cosmopolitismo, la democracia o la prosperidad eran antídotos eficaces contra el hechizo del imaginario nacionalista. Y erramos igualmente cuando, ofuscados por "el espejismo de la isla", por citar de nuevo a Julián Marías, creemos que la persistencia del secesionismo en España es una lacra exclusiva, sólo atribuible a nuestros muy singulares defectos.

Cristina Losada, en LibertadDigital

agente t
23/09/2012, 10:36
Querido J:

Entre las reacciones que ha provocado la turbia maniobra electoral del presidente Mas están las de aquellos que, aun rechazándola, se aprestan a decir que debe encontrarse un arreglo para la incomodidad catalana. Y que luego suelen pronunciar la palabra federalismo como la pócima que lubricará todos los encajes. Bien: se les debería advertir de que los primeros enemigos del federalismo han sido siempre los partidos nacionalistas. De ahí que los socialistas catalanes, los mayores especialistas mundiales en el uso del oxímoron, patrocinaran la expresión federalismo asimétrico. No sólo conocen el paño sino que muchos de ellos son del mismo paño. El desdén nacionalista por el federalismo tiene una explicación sencilla, que es el desdén por la igualdad. A los nacionalistas catalanes, germinados en la dialéctica del hecho diferencial, les importa menos la fisonomía propia que la de los otros.

De ahí parten, por ejemplo, los problemas que les han enfrentado sordamente con el nacionalismo vasco: durante mucho tiempo el nacionalismo catalán silabeó que el suyo era un nacionalismo civilizado. De ahí, también, que ahora no soporten el paisaje que se ofrece a sus ojos: una Cataluña al mismo nivel de ruina que el resto de España, con unos déficits parecidos, incluidos los morales. Y lo que ya resulta insoportable: el tener que acudir como un español cualquiera al fondo de rescate del Gobierno central.

Debe reconocerse, sin embargo, que su fracaso en el dominio de los hechos no se corresponde con su triunfo, prácticamente absoluto, en el manejo de las palabras. Ha sido mediante el uso obstinado de algunas palabras como sentimiento o hecho diferencial como muchos catalanes han logrado convencerse a sí mismos y convencer, incluso, a una parte del conjunto de los españoles de la legitimidad ética que ampara su punto de vista. Una legitimidad que se tambalearía si a todas esas cursiladas semánticas se le aplicara el nombre veraz que merecen, que es el de xenofobia. El motor de la llamada cuestión catalana (otro dulce eufemismo) es sencillo. Una parte, minoritaria pero poderosa, de los ciudadanos catalanes no quiere vivir con el resto de españoles, a los que considera extranjeros en su país, para darle la vuelta al título de aquel libro seminal con que el ex diputado y escritor Antonio Robles levantó la mano en Cataluña, hace ya bastantes años.

Se exhibe a veces, con equidistancia superficial, una supuesta analogía entre el nacionalismo catalán y el español. Bien. Admito que es posible que ambos nacionalismos existan. Pero si el nacionalismo español existe hay que reconocer que su resultado de hoy es la Constitución de 1978 (que ha dado a los catalanes la época más fértil y más libre de su historia) y que se trata de un nacionalismo que no le grita a nadie que no puede vivir con él. La xenofobia catalana ha disimulado su condición gracias a la interesante evidencia de que los catalanes no son distintos en nada aparente del resto de los españoles. En realidad, los catalanes son una suerte de españoles estándar: es llamativo que en Cataluña se escriba, por ejemplo, el castellano más gris y más de mi gusto que se escribe en España, libre de anfractuosidades y de los redondeles que deja el café con leche. Ni el corte racial, ni el religioso, ni el sociológico, ni siquiera el idioma (un castellano con virguerías y su poco de acento) subrayan ninguna diferencia sensacional con el resto de españoles. Pero esa homogeneidad no les ha desanimado jamás. Los nacionalistas catalanes ven a los españoles como el antisemita a los judíos: «¡Lo peor que tienen es que en apariencia son iguales a nosotros!».

Durante 30 años, la xenofobia nacionalista catalana ha sido tratada en España con gran delicadeza. Hasta el punto de llegar a ponerse como ejemplo de no sé exactamente qué virtudes. Es probable que las personas tengan incluso derecho a trabajar por sus odios. Pero es justo que se los nombre como tales. La emotiva carga de sentimentalidad que exhibe el nacionalista y para la que exige, cuando no implora (metido a víctima), comprensión sólo es la cara respetable del rechazo al otro. Naturalmente, y para los que manejan, la xenofobia no puede nunca presentarse a hez abierta. Siempre hacen faltan unos buenos protocolos. El de esta época es el expolio. Expolio es una palabra dura y terminante. Significa que el resto de los españoles son unos ladrones. Tiene también un adecuado pedigrí: el franquismo la utilizó con obstinada violencia para el oro de Moscú y las obras de arte que presuntamente se llevaron los republicanos. El odio xenófobo, en realidad, concierne sólo, en cualquier lugar y tiempo, a una minoría enferma. Para afianzarse y extenderse, el odio siempre necesita un vector. El dinero es un clásico. Cuando no hay olor ni color ni sabor, el dinero (non olet!) es el virus más eficaz. Al pueblo llano y sano le importa mucho el virus. El virus pantalla. Si luego sale mal, siempre puede decir que fue secuestrado por una banda de psicópatas, y a mí plim muellespuma.

Observa, amigo mío, que en sus simulacros sobre la Pregunta, y en sus proyecciones ensoñadas, el nacionalismo pone mucho cuidado en apoderarse del sí. Tipo ¿quiere usted que Cataluña sea un nuevo Estado? y en modo alguno ¿quiere usted que Cataluña siga siendo parte del Estado? Es natural. El nacionalismo siempre trata de presentarse en el modo afirmativo. Cuando su proyecto pertenece al más hosco, fúnebre y estéril de los noes.
Sigue con salud

A.

Arcadi Espada, en El Mundo

agente t
26/10/2012, 17:29
No lo entiendo. ¿Qué motivos llevan a pensar a algunos de mis conciudadanos que la independencia de Catalunya va a solucionar la crisis de nuestro Estado del bienestar? ¿Qué pistas siguen que indiquen que un Estado propio solucionaría nuestra insuficiencia política crónica? ¿Cómo es posible confiar ciegamente en una clase política que nos ha endeudado más allá de cualquier límite razonable? ¿Para ella todo el mando? De ninguna manera.


No comprendo nada. ¿Dónde están los indignados que zarandeaban a nuestros parlamentarios por haber tolerado el progresivo deterioro de nuestras instituciones? ¿Cómo es posible que aún haya quien crea que nuestros políticos son capaces de articular un proyecto de país con éxito cuando su solvencia y su credibilidad están por los suelos? ¿Cómo es posible pensar en la independencia sin un proceso de regeneración política e institucional previo?

Dos años después del inicio de la recesión, Catalunya ha sido incapaz de reestructurarse para afrontar las vacas flacas. Recortes y más recortes. Eso es todo. Ningún atisbo de cambio, de reforma. Ninguna propuesta de nuevos modelos universitarios, sanitarios, medioambientales, industriales. Nada. ¿Independencia? Cortina de humo. De nuevo, la culpa recae sobre Madrid y el expolio. La culpa es del centro y del sur. Como si Cristóbal Montoro, Luis de Guindos o Mariano Rajoy fuesen nuestro principal problema.

No lo entiendo. Dos años de crisis y solo oímos hablar del pacto fiscal y de los millones de euros que Catalunya ganaría con una hacienda propia. ¿Y qué? ¿Es que realmente hay quien piensa que Catalunya y su bienestar se salvarán por los dineros? ¿Es que hay aún quien cree que nuestro problema nuclear es la economía? Ni hablar. Nuestro problema esencial es la falta de liderazgo y competencia ante una situación adversa. Tanto Gobierno de los mejores para entonar de nuevo una vieja cantinela: la culpa es de los otros (en este caso el tripartito) y del Gobierno central. Para ese viaje no hacían falta alforjas.

Pero, ¿no os dais cuenta, lectores, de que nuestros impuestos se han ido a los aeropuertos sin aviones, a títulos universitarios sin estudiantes, a hospitales medio cerrados, a comisionistas desaprensivos, a miles de vacunas innecesarias, a embajadas de juguete y a no sé cuántos fuegos artificiales más, disipados en otras tantas ferias de vanidades? ¿No os dais cuenta de que nuestro tejido industrial ha sido destruido por la codicia y la deslocalización? Desengañaos: estas y no otras son las credenciales que aportan los que ahora reclaman para sí el control absoluto de nuestro país. Nada indica que detrás de tanta agitación y propaganda exista un proyecto creíble. Solo hemos oído hablar de Eurovegas como posible horizonte de salvación. ¡Vergüenza!

¿Qué puede hacernos pensar que la independencia supondrá el enderezamiento de tantos desaciertos? ¿De qué indicios disponemos para pensar que las profundas reformas –no por demoradas menos imprescindibles– de las instituciones políticas, sanitarias o universitarias, se llevarán a cabo en un marco de independencia? Más bien puede suceder lo contrario. Más cerrazón, más endogamia y más ombliguismo, cánceres crónicos de los nacionalismos cerriles. Lo que sí implicaría la independencia es más poder para los de siempre y, encima, más cercano. Mal. Cuanto más decidan los que han decidido hasta ahora, peor.

No entiendo ni la candidez ni la pusilanimidad de los abanderados de estelades: adolescentes veinteañeros enganchados a las Playstation y a Facebook –a los que es fácil venderles humo–, estetas de nuevo cuño y nostálgicos de la renaixença. Y, por supuesto, el Estado propio se ha convertido en un elegante tema de conversación para aquellos a quienes apenas ha rozado la crisis mientras degustan un gintónic en su segunda residencia.

Seamos serios: ¿quién puede a estas alturas enarbolar banderas identitarias sin sonrojarse? Cuando todo parecía indicar que por fin nos liberábamos de símbolos excluyentes y guerreros, aparecen nuevos adalides de una causa ochocentista enarbolando por enésima vez el orgullo patriótico. ¡Vivir para ver! ¿Qué quieren? ¿Balcanizarnos? Los independentistas son los que viven mejor y los que menos interés muestran por reconstruir Catalunya. Son los que han comprado bonos patrióticos garantizados por la Generalitat tripartita o convergente y esperan que el rescate solicitado a Madrid les devuelva su dinero con un nada despreciable interés del 5%. ¡Santa hipocresía! Endeudarnos con Madrid para devolver el préstamo con sus intereses a los patriotas y pagar las comisiones a los bancos emisores a expensas de recortar salarios y servicios sociales. Pan para hoy, hambre para mañana.

Seguro que la independencia no les quita el sueño a los parados, a los pacientes que están en las listas de espera, a los sometidos a un ERE o a los licenciados sin expectativas de trabajo; lo tienen claro: el remedio para tanta incertidumbre no llegará de la plaza de Sant Jaume. Hay que levantarse pronto, pero muy pronto, hacer ejercicio de autocrítica y... vista a Europa.


Antonio Sitges-Serra, en El Periódico de Catalunya

agente t
04/11/2012, 10:38
El desplante populista de Artur Mas ha servido de pretexto para evocar el concepto de democracia aclamativa que concibió Carl Schmitt en el embrión del nazismo. No vamos a incurrir estúpidamente en la ley de Godwin ni a mencionar a Hitler en vano, sino a recordar que el pensador germano tanto defendía la inercia plebiscitaria de un sentimiento como inculcaba en su manual político la estrategia del antagonismo.

Mas ha convertido a España en el enemigo necesario, de forma que la neoidentidad catalana no proviene tanto de la definición propia como de la resistencia a un Estado opresor y vampírico que sojuzga la libertad de decisión de un pueblo mejor o diferente.
Carl Schmitt propone utilizar sin restricciones los recursos de la polémica y de la propaganda. Incluso menciona que el éxito de un proyecto político inspirado en la dialéctica amigo-enemigo requiere el horizonte verosímil de un conflicto bélico.

Así se explica que ERC se haya apresurado a mencionar el peligro de los tanques hispánicos, del mismo modo que otros francotiradores nacionalistas han interpretado que el vuelo rasante de unos cazas respondía a una maniobra de intimidación militar.

Semejantes extremos redundan en la irracionalidad y la superstición de los fenómenos nacionalistas, pero al mismo tiempo retratan la angustiosa impotencia de la cordura y de la información.

No pueden conciliarse posturas entre Madrid y Barcelona porque el debate acontece en planos distintos. Artur Mas maneja como un chamán las ilusiones, la sugestión y la tierra prometida del Llobregat, mientras que Rajoy se explaya en la ortodoxia constitucional y en las repercusiones económicas, acaso con el ventilador de Aznar aireando la bandera española y retroalimentado el cainismo de Goya en la Riña a garrotazos.

Las recentísimas guerras balcánicas tendrían que haber sido un escarmiento definitivo al delirio identitario. La prueba está en que Europa apuesta por la cesión de soberanía de los estados y por la cuarentena al antagonismo de Schmitt, aunque Artur Mas acuadilla con impostura cosmopolita la política del instinto y de la magia, ignorando, como decía Erich Fromm, que el nacionalismo es la metáfora del incesto.

Rubén Amón, en El Mundo

agente t
15/11/2012, 18:18
Llevo tiempo advirtiendo mi agotamiento al respecto de lo que en mi tierra sucede. Pero vuelvo a caer. Una y otra vez. En mayor o menor medida. Con mayor o menor pasión. Pero ahí estoy. Sin aliento apenas, pero asomando la cabecilla a ver qué pasa.

Escribo estas líneas en pleno fragor de la batalla de la convocatoria de la Huelga General más irresponsable e insensata de nuestra corta historia democrática contemporánea. Así me lo confirmaba, además, un taxista que solicité para acudir a una temprana cita. Y cuánta sensatez desprendía aquel buen hombre.

Pero no quiero apartarme de lo que quiero contarles. Y lo quiero hacer al hilo de la figura heroica que se ha creado en Cataluña a raíz de la historia de un chaval –al que ya han bautizado como Braveheart– que en su día se dio a conocer por tener un blog desde el que instaba a los comercios a rotular en catalán.

Como lo de atacar a la libertad individual y a la libre elección parece ser de tendencia en los últimos tiempos, ya tenemos a Joel Joan, el actor, ahora director, más soberanista del panorama cinematográfico catalán, con un proyecto entre manos teniendo como protagonista a un mini William Wallace. Los Wallace de turno empiezan a proliferar.

Tan sólo que ni la historia, ni los motivos, ni el coraje, ni el trasfondo de la historia tienen nada que ver con el argumento de la película inspirada en el personaje heroico escocés.

No es ninguna novedad que los nacionalismos decimonónicos, al hilo, sobre todo, de las unificaciones alemana e italiana, significaron un movimiento romántico de primera magnitud. Se retornó a la novela histórica, se enarbolaban banderas ondeadas por pasiones difíciles de contener, se buscaban personajes a los que convertir en héroes y mitos de las Naciones-Estado que surgían en Europa como empresas poderosas.

Los del siglo XX, sin embargo, se caracterizaron por ser nacionalismos disgregadores y los motivos y objetivos de unos y otros eran de lo más variado.

Pero lo que une a todo nacionalismo, eso sí, es la dificultad de combatirlo de manera racional, dado el componente altísimo de pasión y emotividad. Ante una bandera, señores, o se siente algo o no. Y cada uno, como en el Amor, lo siente y vive a su manera. Ni mejor ni peor. Simplemente diferente.

Pero lo que realmente escapa a ello es la manipulación del sentimiento. El packaging por el que consigues, gracias a atractivos diseños, que el comprador fije la mirada en el maravilloso envoltorio y no se fije en el coste real de su contenido. Y si merece o no la pena.

Porque en épocas de crisis, amigos míos, no es complicado buscar nuevas ilusiones, estimulantes proyectos en los que creer y sobre todo, levantar muros falsos donde lanzar las piedras y así, mientras sueltas adrenalina, aparcar el problema real.

Aunque empiezo a tener serias dudas de que quienes al frente del proyecto se encuentran, estén teniendo en cuenta que todo William Wallace tiene delante a un Robert Bruce. Y no sé si están contemplando que, como en la película de Mel Gibson, habrá algún noble que pactará a sus espaldas.

Les diré, si me permiten, que se me ocurren ya varios candidatos. Y sepan que lo harán por mucho menos que unas tierras escocesas. Aunque no sean precisamente nobles quienes lleven a cabo la operación. Operación que mi olfato me va indicando que ya se ha puesto en marcha.

Y sí. Veo a más de uno mirándose al espejo con la cara cuatribarrada, con la pintura a medio desdibujar por el sudor de la batalla y lamentándose.

Ya ven. Así lo veo. Qué cosas.

Eva Miquel Subías, en LD

agente t
24/11/2012, 12:06
Querido J:

Estos días catalanes están permitiendo descubrimientos asombrosos. No alcanzo a ver un momento de Cataluña donde se haya puesto tan en evidencia el funcionamiento perverso de su comunidad política. Hasta el punto de que el día 25 va a decidirse algo de grueso calibre: si la democracia se somete al nacionalismo o el nacionalismo se somete a la democracia. No hay más. No es otro el sentido profundo del desafío que el presidente Mas ha lanzado, no ya a las instituciones del Estado, sino a sus propios ciudadanos, desde que dijo, en formato solemne, que ni leyes ni tribunales ni constituciones podrían parar al pueblo. Los ciudadanos catalanes tienen una papeleta difícil y algo paradójica. En realidad, van a decidir si ponen en manos de un jefe la conducción de los asuntos democráticos: si la soberanía de los ciudadanos cede ante la instancia mayor del pueblo. Si la democracia, te insisto, se convierte en una democracia vigilada por el nacionalismo.


Mientras llegamos a la noche del 25, en la más erizada vigilia electoral que hayamos vivido, deberíamos fijarnos en uno de esos descubrimientos asombrosos. La desocupación de CiU de alguno de los espacios centrales que había señoreado durante los últimos 30 años ha procurado insospechados efectos. Fíjate, por ejemplo, lo que ha pasado con la senyera. La súbita pasión estelada ha devuelto la bandera institucional a todos los catalanes, incluidos los ajenos al nacionalismo, que tantas veces habían denunciado su apropiación indebida. Y ha colocado, por cierto, el mito de los Països Catalans en el limbo de una divertida contradicción cromática: en Valencia el azul de la estelada es patrimonio del anticatalanismo blavero. Pero todos estos símbolos resultan insignificantes ante la renuncia fundamental del nacionalismo. Europa.

Es puramente recreativo denunciar la falacia de un hombre que convoca a la creación de un nuevo Estado europeo mientras Europa le dice que no lo aceptará como miembro. Sólo prueba el desequilibrio nacionalista. Respecto a Europa lo esencial es que la deriva de CiU ha atentado contra el pilar de la construcción europea post 45, contra el nunca jamás declamado sobre las ruinas de Alemania: la identificación mecánica, obligatoria, entre una etnia, una cultura o una religión, y un Estado. La Europa contemporánea es, antes que nada, la reivindicación de la libertad de los ciudadanos frente a la tiranía del ethos, de la guarida preilustrada donde los hombre habitan. Por mucho que un nacionalismo práctico, pretendidamente cool, quiera disimularlo, el gusano xenófobo sigue anidando en el fondo de sus reivindicaciones fiscales. Estas palabras de Pinker, de verdad ilustradas y modernas: «Uno de los peligros de la autodeterminación es que en realidad no existe tal cosa como una nación en el sentido de grupo étnico y cultural que coincida con un trozo de propiedad inmobiliaria. A diferencia de las características de un paisaje de árboles y montañas, las personas tienen pies. Se desplazan a sitios donde hay más oportunidades y pronto invitan a sus amigos y parientes a que se les unan. Esta mezcla demográfica transforma el paisaje en un fractal, con minorías dentro de minorías dentro de minorías».

Mientras el nacionalismo catalán no abandonó el perfil autonomista pudo seguir manteniendo su compatibilidad con la modernidad europeísta. Por decirlo de un modo rápido, seguía en brazos de la madura Reading, tan sensible a las identidades de las lenguas e identidades europeas, siempre y cuando no atraviesen la línea roja de los Estados. No es que ahora el nacionalismo catalán haya quedado al margen de Europa: es que actúa resueltamente contra ella.

Este inesperado acontecimiento ha provocado muchos efectos. Creo que el más singular es la nueva luz que proyecta sobre España. De pronto, y gracias a la hosca sombra nacionalista, se advierte un proyecto que ha pasado inadvertido entre los pliegues adiposos del larguísimo debate sobre el ser y la necesidad españolas: el proyecto, ¡europeo!, de que comunidades, lenguas y culturas distintas sean capaces de convivir. Probablemente no haya otro Estado europeo tan diverso y eso hace de la experiencia española una preciosa piedra de toque. Si España se rompe, se rompe Europa. Y su viceversa: esa obscena alegría con que muchos nacionalistas básicos, del tipo extraliberal brut, han observado la hipótesis de una crisis definitiva de la comunidad europea que habilitara la emergencia de un Estado catalán.

Este empeño español empezó a gestarse en la República. No creo que haya más lúcido y precioso testimonio que el de los diarios de Manuel Azaña para seguir el itinerario, primero confiado y luego cruelmente desalentado, del empeño. El itinerario permite constatar hasta qué punto los argumentos del nacionalismo, y su léxico, eran los mismos que en las primeras décadas del siglo. Aunque aquellos nacionalistas tenían una cierta disculpa: sólo habían visto una parte de los 70 millones de cadáveres europeos. Hay un segundo antecedente, muy relativo, porque es puro tiempo presente, y es el de la Constitución de 1978. Hoy casi todo el mundo quiere reformarla. Por el contrario, mi aprecio y admiración por ella crecen con el tiempo. Incluidas sus jorobas, sus parches, sus anacolutos y sus encomiendas al destino y a la buena fe, tantas veces traicionada, de los que tendrían que ser sus ejecutantes. No creo que haya mejor articulación de un empeño moral que zanja la metafísica para siempre. España era esto.
Sigue con salud.
A.

Arcadi Espada, en El Mundo

agente t
11/12/2012, 12:32
Por si fuera necesario, y pocas horas antes de la ceremonia de entrega del Nobel de la Paz a la UE, («yo estoy orgulloso de ser europeo» decía Van Rompuy en tres idiomas), Durao Barroso declaraba formalmente, a preguntas de los Lores británicos, que no hay vida europea fuera de los Estados. La respuesta se producía a propósito del referéndum que en 2014 decidirá si Escocia se separa del Reino Unido. Un referéndum que perderán los independentistas y que hará aún más difícil cualquier emulación continental. Solo una gran crisis de Europa permitiría mover las fronteras. Así pues, y con la salvedad de la ruina, los independentismos catalán y vasco pueden dar por concluido otro capítulo de su épica. Como en la guerra civil, como en la Transición, como en la caída del muro de Berlín, la gran recesión habrá supuesto otra oportunidad perdida para el secesionismo.

Esta circunstancia no va a suponer el restablecimiento de una vida simpática, al menos en Cataluña. Aún no se sabe la actitud que tomará el principal partido del nacionalismo vasco. Pero en Cataluña ya se ha hecho pública la intención del presidente Mas de gobernar con Esquerra. La vida política se agrietará a base de tensión y frustraciones, pero esto no va a suponer ningún progreso para el independentismo. En la más optimista de sus hipótesis, y cruzando los resultados de las elecciones con los sondeos más fiables, el número de partidarios de la independencia queda algo por debajo de la mitad de la población. Una cifra que se rebajaría fatalmente si la UE hiciera con Cataluña lo que acaba de hacer con Escocia. Es decir, indicarle el camino de salida. Esperar el porvenir (¡sentaíto en la escalera!) es lo más decisivo que puede hacerse con esas aritméticas.

El empecinamiento del presidente Mas (lógico hijo de su puerilidad congénita y de su fracaso circunstancial) en llevar el nacionalismo a un camino ciego deja un fértil espacio político en Cataluña para el que tenga por objetivo la salida solidaria de la crisis (solidaria entre españoles, vivan donde vivan), la reforma del Estado y la restauración de la trama de afectos desgarrada. Algo que está al alcance de los tres partidos de la oposición catalana, cuyo respectivo futuro va a jugarse muy rápidamente. Pero que, sobre todo, está en las manos de Duran Lleida. Pronto se verá si toda su reptilínea carrera política fue la paciente y concienzuda preparación de un fracaso de carácter.

Arcadi Espada, en El Mundo

agente t
27/12/2012, 16:36
El independentismo es para pobres, Sostres. Gente que poco tiene que hacer en la vida. No me refiero solo al dinero, aunque cuente. Es evidente que la crisis ha engrosado la militancia independentista, porque la gente tiende a creer, incluso con cierto fundamento, que una explosión colectiva puede aliviar la ruina personal. Pero aunque haya ese interés económico por abajo y también en la cima (que la usura sea para pobres no impide que algunos se hagan ricos con ella), el principal aglutinador del común es la falta de expectativas generales. Una pobreza de vida.

Nadie se embarca en la absurda tarea de intentar romper un Estado democrático, cuyos márgenes de libertades nacionales son, además, altos si tiene cosas que hacer, que leer, que investigar, que descubrir, un alegre Bandol que beber. El independentismo catalán opera sobre una sociedad muy deportiva, en esa peor versión de la palabra que incluye características emocionales, contemplativas y fanáticas. Ha conseguido darle a muchos espectadores (lo que antes se llamaba ciudadanos) una estricta, casi etimológica, razón de ser y de intervenir. No puede despreciarse el poder de una ideología, por maligna que sea, capaz de conferir identidad y de trazar un plan de vida.


Solo desde este punto de vista puede entenderse el carácter bravucón y acre, propio de la arenga, con que el presidente Mas actúa en su relación con el Estado. Las últimas muestras, su respuesta al conciliador discurso del Rey en Nochebuena: algo así como en Europa nos veremos, Borbón; y ese gesto, ¡indescriptible puerilidad batasuna!, de tapar con un cortinaje negro el retrato del Rey durante su toma de posesión. Es cierto que la generación de Mas, que es también la de los ex consejeros Pujals y Roma y la del portavoz Homs, e incluso la de algunos de los hijos de Pujol, fue descrita hace años por el efímero líder socialista, Josep Borrell, como «una generación de chulitos». Pero aunque en cualquier caso de la vida actúe el carácter, en la base de esta arenga sostenida está la necesidad de mantener aglutinados a los pobres mediante un discurso que ya no puede tener nada de racional. Los pobres. Destaca entre la grey el propio presidente Mas. Un hombre que se había dedicado a la política, pero que ahora, sus naves personales quemadas, tampoco tiene ya nada que perder

Arcadi Espada, en El Mundo

agente t
12/04/2013, 19:36
Hay que tener fe en la libertad. Esta batalla, un día u otro la ganaremos. El integrismo nacionalista empeñado en reducir Cataluña a una comunidad monolingüe vive de la mentira y la imposición, pero la primera cada día es más difícil de sostener, y la segunda comienza a ser erosionada por las sentencias de los tribunales, la representación parlamentaria cada vez mayor de C’s y la sociedad civil, que se despereza al ritmo de su miedo ante tanta imposición.

¿Por qué miente tanto el nacionalismo catalán? O, si quieren, ¿por qué mienten con tanta impunidad? Ayer, los titulares, las tertulias, las cabeceras de TV3, todo el tejido social catalanista coincidía en titular de la misma manera que su órgano oficioso, La Vanguardia: "El TSJC exige que la clase sea en castellano si un alumno lo pide". La indignación del establishment ha respondido como el perro de Pavlov al estímulo. ¿Para qué se van a leer la sentencia? Consideran intolerable que la voluntad de un solo niño obligue a toda una clase a cambiar de lengua vehicular. La indignación que tratan de transmitir estos titulares está basada en el supuesto abuso de que un solo niño obligue a estudiar en castellano a toda la clase. Aparte de su falsedad (enseguida me ocuparé de ella), resulta increíble que consideren intolerable la posibilidad de que un solo niño obligue a una clase a estudiar en su lengua, pero ven maravilloso imponer ellos el catalán como única lengua docente a todos los niños de Cataluña. Imposible ser más sectario.

Pero es que, encima, la aseveración en la que fundamentan su indignación es falsa. La sentencia no dice que el niño obligue al resto a estudiar sólo en castellano, sino también en castellano. Es decir, el auto del TSJC obliga a aplicar en el grupo donde estudia cada uno de los niños la conjunción lingüística, es decir, en catalán y castellano, en la proporción que la Generalidad considere oportuno, sin que ninguna de las dos lenguas sea exclusiva ni excluyente. Quedan excluidas, pues, tanto la atención individualizada, a la cual dedica un párrafo específico para denunciar su improcedencia, como la inmersión lingüística generalizada.

Si la sentencia es tan clara, ¿cómo se atreven a falsearla de modo tan obsceno? Por dos razones: por el grado de adoctrinamiento sistemático de la sociedad civil y porque saben que con ésta de su parte pueden ganar en los medios lo que pierden en los tribunales. De ahí su necesidad de controlar la escuela a través de la inmersión, de ahí su resistencia a recortar presupuestos sustanciales en TV3 o a eliminar las subvenciones destinadas a la construcción nacional.

Tener una sociedad civil ensimismada obsesivamente en la construcción nacional les permite todas estas arbitrariedades. Desde las mentiras hasta la insumisión. Por eso las mil y una obsesiones compulsivas colectivas nacidas del delirio nacional de una generación de profetas de la independencia no son, ni deben ser, objeto de ridículo o desprecio, sino referencia de lo que se debe combatir con la razón. Por ejemplo, la superstición de marcar con la cifra de 1714, año de la derrota de los partidarios del archiduque Carlos frente a los de Felipe de Anjou en la Guerra de Sucesión, todo tipo de acontecimientos, acciones o emblemas. ¿Se acuerdan de la campaña para interrumpir con gritos de independencia los partidos del Barça cada vez que el marcador señalara el minuto 17 con 14 segundos de cada tiempo? Pues ahora la idea se ha extendido a las dimensiones de la senyera que quieren instalar en el Borne con motivo del aniversario de fecha tan lamentada: 17 metros y 14 centímetros, ni uno más ni uno menos. Se hicieron verdaderas locuras para lograr el número de lotería de navidad 01714, el Museo Nacional de Cataluña dispone de rutas turísticas con dicha fecha, se han realizado todo tipo de prendas, hay restaurantes, monas de Pascua, infinitos amuletos a ella dedicadas. Me imagino que la lencería de lujo que damas y caballeros utilizarán para el aniversario de fecha tan señalada llevará la cifra sagrada; como me imagino que más de uno estará temblando por si su pene no está en consonancia con la medida nacional, 17 centímetros y 14 milímetros. Genialidades plagiadas de foros anónimos.

No me estoy choteando. De excitaciones y remansos obsesivos como estos nace la disolución de la razón y la crítica a las propias convicciones. Una sociedad obsesionada colectivamente con estas supersticiones es una sociedad acrítica. La misma que en 30 años nunca sospechó, indagó ni publicó la inmensa fortuna que la familia Pujol amasaba sospechosamente a la vista de todos; y ahora que está en ruinas repite como un autómata: "España nos roba".

Antonio Robles, en LD

agente t
08/05/2013, 18:00
Siempre he considerado fundamental entender cuál es el objetivo de nacionalistas vascos y catalanes, porque su ilegitimidad no solo viene de las herramientas que han empleado tradicionalmente, la mentira y el terrorismo (normalización lingüística, ETA, Terra Lliure, etc.), sino que éstas son el fruto de unos objetivos irracionales e ilegítimos, y por falta de razón han tenido que emplear el miedo para su imposición.

No hay que perder de vista los objetivos, ya que cuando estos son ilegítimos y nocivos la sociedad tiene toda la legitimidad para defenderse del mal que le acecha. La ausencia de terrorismo no legitima objetivo alguno, es más, me atrevo a decir que hay determinados objetivos que de por sí generan violencia, mentira e injusticia.

El objetivo que persigue el nacionalismo en sus diferentes manifestaciones (PNV, CiU, PSC, PSE, ETA-Sortu-Amaiur, etc.) es la ruptura de España, la secesión de Cataluña y de la Comunidad Autónoma Vasca. Intenta justificar esa ruptura con una historia que nunca sucedió, y con unos supuestos beneficios económicos que no resisten el más mínimo análisis. Es cierto que cada uno ha empleado herramientas diferentes, pero hoy estamos al borde de la secesión por la acción de todos ellos: cada uno ha desempeñado y desempeña su papel.

Ni Vascongadas ni Cataluña han sido jamás naciones, sus pueblos estuvieron integrados plenamente en los reinos de Castilla y Aragón, respectivamente, reinos que se formaron para reconquistar la España perdida, empresa en la que tanto vascos como catalanes destacaron por su ímpetu y empeño. No hay hechos históricos que avalen las pretensiones nacionalistas, salvo su voluntad de ser nación, que comenzó tímidamente a manifestarse a finales del siglo XIX.

Pero tampoco tienen argumentos de carácter material. Animo a que se lean los excepcionales trabajos de Convivencia Cívica Catalana (CCC) "Las trampas de la balanza fiscal de Cataluña" y "Las cuentas claras de Cataluña". La última balanza analizada (a 2009) fue positiva para Cataluña en 4.015 millones de euros; es decir, que había recibido más de lo que había pagado. Sin embargo, se ha impuesto la mentira, mil veces repetida por el nacionalismo catalán, y parece que efectivamente Cataluña es víctima, cuando se beneficia enormemente de ser España.

Pero es que, además, Cataluña disfruta de un superávit comercial con el resto de España de cerca de 22.000 millones de euros anuales, por lo que, en el caso de independencia, como se señala en "Las cuentas claras (...)", el PIB catalán podría caer, siendo conservadores, un 20% debido al efecto frontera –que en otros casos ha supuesto una disminución del 66% del comercio interior–. No se ha podido cuantificar el efecto que tendrían la salida de Cataluña de la UE y la salida de multinacionales de Cataluña.

Todo esto nos lleva a comprobar que no hay justificación histórica ni económica para las pretensiones nacionalistas; sólo hay un acto de voluntad mesiánica que, al carecer de razones, necesita del miedo para imponer el mito nacionalista.

Pero más sorprende descubrir que, incompresiblemente, los diferentes Gobiernos españoles no han hecho el más mínimo esfuerzo por aportar los datos reales y desenmascarar la mentira nacionalista.

No deja de sorprenderme que, mientras asociaciones civiles realizan estudios con gran esfuerzo, como CCC, el Gobierno español no ha hecho ni hace el más mínimo esfuerzo por desentrañar la mentira y denunciar con números que la secesión traería un empobrecimiento enorme a la población vasca, a la catalana y al resto de la sociedad española. Por el contrario, hemos ido financiando a aquellos que buscan nuestra ruina. Incomprensible.

No explican cómo la secesión de estas entrañables tierras españolas conllevaría también la ruptura del ser catalán y del ser vasco, ya que no se pueden explicar sin España, y conducirían a sociedades absolutamente uniformes, pues el nacionalismo no tolera la más mínima diversidad. El nacionalismo solo admite nacionalistas, el resto son traidores, enemigos a los que se ha de expulsar. España es el fruto y la garantía de la diversidad.

Es importante entender el objetivo del nacionalismo, su ilegitimidad, y las consecuencias que ha tenido: exclusión social, utilización de la lengua como herramienta de segregación y no de comunicación, terrorismo, insolidaridad, aislamiento... Pero también es importante entender la estrategia de secesión que se está llevando a cabo, en la que PNV, CiU, ETA, PSOE-PSE-PSC y Rajoy tienen una participación fundamental. Unos pecan de obra y otros de omisión.

Lo que hoy vivimos es el relevo en la iniciativa secesionista por parte de CiU, pero siguiendo exactamente el mismo objetivo y el mismo guión que marcó ETA, como muestran los párrafos que transcribo del libro ETA, las claves de la paz, donde el periodista del periódico El País Luis Rodríguez Aizpeolea, a quien se le relaciona con los servicios de información, da cuenta, tras entrevistarse con Jesús Eguiguren, miembro de la Ejecutiva del PSOE, de las negociaciones que se llevaron a cabo entre ETA y el Gobierno de Zapatero, así como de las conversaciones que se llevaban en paralelo en Loyola, en la mesa política, en la que estaban representados PSOE-PSE, PNV-EAJ y la llamada izquierda abertzale:

– El acuerdo resultante reconocerá la identidad nacional del Pueblo Vasco. Dicho reconocimiento recoge así el sentimiento de pertenencia a una nación ampliamente compartido en la sociedad vasca (p. 159)

– En un clima de entendimiento se acordó lo siguiente: Nos comprometemos a defender que las decisiones que sobre su futuro político adopte libre y democráticamente la ciudadanía vasca sean respetadas por las instituciones del Estado (pág. 160).


Como se puede ver, la estrategia es común a todos ellos, unas veces la iniciativa es de ETA, ahora es de CiU, el PSOE-PSC-PSE siempre promueve el federalismo, que permite lo que Eguiguren pactó con Otegui. Mientras, Rajoy y su Gobierno siguen incumpliendo su programa electoral, y España está indefensa. Sólo es defendida por un puñado de hombres leales, de hombres que siguen pensando que el bien puede reinar en este mundo y que creen que es garantía de futuro.

Por Juan de Dios Dávila, exconcejal del PP en Hernani, hermano del teniente coronel Fidel Dávila asesinado por ETA en 1993. Actualmente preside la Fundación Unidad + Diversidad. En Libertad Digital