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Behind You
10/01/2007, 15:15
El resentido nacionalista español se siente maltratado por la sociedad catalana y por la Historia, y siente hostilidad hacia los que considera más afortunados, esto es, la mayoría que vive felizmente en Catalunya.

De seguro que compete a la psicología y/o psiquiatría observar y describir cómo este desorden afectivo se expresa en la vida real de los españoleitors. Porque el resentimiento no sólo deja entrever un morbo indeseable, sino que de hecho se constituye en la verdadera metafísica de determinadas actitudes y comportamientos que aparecen diariamente en nuestro alrededor.

En modo alguno, el resentimiento de los españoleitors es inofensivo, pues trae consecuencias que, de una u otra manera, se hacen notar. Los españoleitors - entre otras cosas - son dados a desplegar una particular sensibilidad hacia los que se sienten catalanes. Y más que eso: desarrollan una especial predilección por indagar subrepticiamente en la vida ajena (vease "Pronto", "Hola", “Salsa Rosa”, “Corazón-Corasón”, etc) El chismorreo - para ellos - hace las veces de un nutriente que alimenta su insano modo de vivir. Esto, principalmente, porque les resulta indispensable encontrar algo que denoste, disminuya o desprestigie al "catalán", sea la creación de Oficinas de Garantías Lingüísticas para defender nuestro idioma o hurgar en el desastre del Carmel para así, en una suerte de perverso sentido de la autoafirmación, obtener algún grado de complacencia.

En definitiva: parece que el españoleitor respira sólo cuando hace suya esta malsana actitud. Necesita, en consecuencia - cual vulgar vampiro transilvano - una especie de hemoglobina que extrae a los individuos que no tienen problema con ser catalanes, para así poder mantenerse en pie. De ahí que el éxito y el prestigio ajenos le sean circunstancias profundamente perturbadoras, en tanto las interpreta como una verdadera afrenta hacia su esmirriada autoestima. El españoleitor cree que haciendo uso de la maledicencia, el rumor y el comentario mal intencionado, logrará escaparse del desprecio que siente por sí mismo; sentimiento que le persigue como si fuera su propia sombra, y que por tanto le resulta muy costoso sobrellevar.

En realidad, todos los seres humanos están expuestos a comprometerse con alguna forma de resentimiento, especialmente los españoleitors. Y con mayor razón cuando hoy en día no se explican como su patético país tuvo 40 años de dictadura que no saben como justificar. Pero, una cosa significa reconocer aquel estado afectivo como una cuestión circunstancial; y otra - por supuesto muy distinta - es cuando el individuo lo incorpora con el carácter de una disposición psicológica permanente (como el Sr. Aznar, por ejemplo).

Al resentido españoleitor le nace, además, una preocupación vehemente por determinadas personas, símbolos o arquetipos sociales (Carod-Rovira, Pujol, Maragall, el Barça, la barretina o la butifarra...). Esto, sobre todo, porque los percibe como imágenes concretas de realización. Pero, debido a que su voluntad se encuentra dominada por un sentimiento de impotencia que le impide consumar sus anhelos, reacciona con odio hacia ellos.

El psicoanálisis plantea una tesis muy esclarecedora al respecto. Dice que la conciencia humana requiere siempre de justificaciones. En efecto, todo lo que emprendemos demanda una argumentación que "legitime" éticamente las acciones realizadas. Es el mecanismo de defensa psicológico llamado racionalización. Consecuentemente el resentido españoleitor se esforzará por maquillar su morbidez con un discurso exento de contradicciones formales, que suene presentable. Siéndole útil, para tal propósito, aferrarse a un esquema pseudo-racional que integre su sinrazón a un sistema lógico privado (coherente); y así escamotear, dentro de los límites de una realidad virtual antojadizamente concebida por él mismo, su propia miseria. Es lo que el los entendidos han conceptualizado como el mundo de la pseudoconcreción.

Curiosamente, lo que más irrita a un resentido españoleitor no es la injustícia en sí, sino la superioridad que ve o cree ver en quienes no comparten su ideología nacionalista española.

En cualquier caso, siempre será legítimo, ético y enaltecedor molestarse por las injustícias cometidas contra "otros", como por ejemplo al pueblo iraquí o afghano. Pero lo que en esencia caracteriza al españolator es cómo se vale de cualquier ignomínia para fundamentar "odontológicamente" el odio que siente hacia quienes han escogido como sus enemigos, los catalanes.

Ciertamente que para una persona equilibrada, o con una suficiente higiene mental, el españoleitor no puede sino suscitar una gran conmiseración. Su rostro, trufado con boina - habitualmente ajado, ojeroso y marcado claramente por la ignorancia -, acusa cuánto agotamiento le provoca el constante esfuerzo que realiza por mantener viva su farsa; y su aspecto desgalichado, sucio y calorro evoca la fisonomía de una especie de zombi, que pone de manifiesto, además, un envejecimiento prematuro.

Esa es, sin duda, la consecuencia patente de tanto odio acumulado; y de su queja desgarradora frente al presunto maltrato que los catalanes han hecho recaer sobre España.

El españoleitor deambula por la existencia sin mirar ni hablar de frente. Sin capacidad para ver ni encontrar bondad; y si la encuentra, simplemente huye de ella. Sólo simpatiza con lo feo y lo escabroso (como por ejemplo, las corridas de toros) ya que todo lo demás le significa recordar lo que interpreta como su propio fracaso (por ejemplo, le gustaría matar, no toros, sino catalanes y vascos…). Entiéndase en la família, en la profesión o en el trabajo mismo. No tiene voluntad de rectificación frente al error. Prefiere el camino más fácil: atribuir a terceros, los catalanes, la causa de sus desgracias, en vez de darse a la tarea de corregir el rumbo o intentar un nuevo derrotero. Sólo le mueve una potencialidad destructiva (violencia doméstica a destajo) que termina por surtir efecto en sí mismo. Puesto que el odio que destila contra la sociedad catalana, para él ¡tan perversa!, ¡tan injusta!; inevitablemente se expresará a través de formas autodestructivas de clara inspiración gilipollas.

Indudablemente que el nacionalismo resentido de los españoleitors es un fenómeno provocado por diversas causas. Pero, lo que en definitiva parece ser más evidente, es que éste tiene más relación con la personalidad del sujeto, que con el entorno en donde aquél vive.
Tal es la psicología del españoleitor: penosa por donde se mire. Por eso no sólo le ofende lo que quiere ver como grandes injustícias, sino que hasta las cosas más nimias; como por ejemplo: que Catalunya quiera ser una nación con Estado o que en Barcelona se celebre el Fòrum les resulta intolerable y reaccionan con burlas de todo tipo que no son más que un síntoma de su propia frustración.

En suma: si estas personas no se ponen en manos de un buen psicoterapeuta -lo que por cierto constituye una decisión estrictamente personal- nos queda sólo una esperanza: que la diñen rápido.